Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 7 de noviembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 13



Washington DC…

Los lobos habían aparecido prácticamente de la nada y habían destrozado a Roice con la misma facilidad con la que habían aparecido ante nosotros. Habían aparecido de repente lanzándose sobre Roice, a este no le dio tiempo ni a reaccionar cuando un lobo cayó sobre el y comenzó a darle repetidos mordiscos en el cuello. Yo fui el primero en tratar de hacer algo, pero Mike me cogió del brazo y tiró de mí.
Estábamos corriendo hacia el observatorio con la jauría pisándonos los talones mientras llegábamos al edificio, el cual ya comenzábamos a ver un poco por encima de las copas de los arboles. Cuando llegamos hasta la puerta mi hermano y yo nos lanzamos contra ella con la esperanza de abrirla, pero no lo logramos, justamente en ese momento los lobos llegaron hasta nuestra posición, eran cinco en total, uno de ellos tenía el morro manchado de sangre, sangre que sin duda era la de Roice.
Mike alzó el  fusil con intención de disparar, pero entonces vi una escalera de caracol medio derribada, podríamos alcanzarla solo con auparnos y saltar un poco. Dicho y hecho comenzamos a correr hacia ellas mientras Mike y Juan nos cubrían disparando a los lobos que no dejaban de llegar, era una manada bastante grande.
Cuando por fin llegamos a las escaleras miré a Luci y a las demás chicas. –Damas primero.
—Hazme el favor de no tratarme como a una damisela indefensa— respondió Luci al tiempo que desenvainaba la katana y rebanaba a un lobo mientras saltaba hacia nosotros.
—Joder… después de tres meses no has perdido tu toque— dije totalmente asombrado, seguidamente comencé a ayudar a Yuriko a subir. Luego ayudé a Vanesa, si alguien no tenía que sufrir daños era ella. A decir verdad era la persona más importante del grupo.
Una vez Jill, Yuriko y Vanesa estaban arriba comenzamos a subir Luci, mi hermano y yo. Mientras, escuchábamos los disparos de Mike y Juan, aunque estos estaban en paradero desconocido. Tampoco veíamos ni a Manuel ni a Sid. Marlon apareció en ese momento y entre mi hermano y yo lo ayudamos a subir.
—¿Dónde están el iluminado y el grandullón?— preguntó Luci mirando al joven hawaiano, lo del iluminado iba claramente por Juan y sus palabras sobre los dioses, las cuales repetía una y otra vez.
—Los perdí de vista al igual que perdí de vista a Manuel y al informático. Espero que estén bien— respondió Marlon.
—No os preocupéis. Si el helicóptero esta allí arriba y espero que así sea. Sobrevolaré toda la zona y los recogeremos. Ahora tenemos que ir subiendo— dijo Vanesa mirándome. –Será mejor que recemos.
En ese momento nos dimos cuenta de que los disparos que esteban efectuando Mike y Juan ya no se escuchaban. Se habían esfumado, esperaba que estuvieran bien. Por otro lado estaba comenzando a nevar otra vez y aquello iba a ser un problema que podría dificultar el despegue de nuestro medio de transporte. No podríamos volar con ese temporal, y la verdad que después de hacer el descubrimiento que acabábamos de hacer no me apetecía nada quedarme allí por mucho más tiempo.
*****

Juan y Mike se habían logrado refugiar en el interior de una furgoneta de reparto abandonada semi enterrada en la nieve. Los lobos habían resultado ser mucho más numerosos de lo que habían creído en un principio y también los habían subestimado en cuanto a inteligencia, estos animales no atacaban la furgoneta, simplemente la habían rodeado o se habían puesto encima, quizás no intentaban entrar, pero habían ocupado posiciones que impedían que Juan o Mike pudieran salir de allí.
—¿Cómo vas de munición grandullón?— preguntó Juan revisándose los cargadores que le quedaban. Solo le quedaban dos enteros y uno casi gastado.
—Pues voy bien, me quedan tres enteros— respondió Mike mientras miraba por la ventanilla medio rota. Entonces vio a dos de los lobos sentados a unos diez metros sin perder de vista la furgoneta. –Mira esos dos cabrones de ahí esperando a que salgamos… ¡¡¡Pues os vais a quedar con las ganas sacos de pulgas!!!— gritó finalmente Mike haciéndoles un corte de manga.
—Escucha. Si no salimos de aquí podríamos acabar congelándonos. Tenemos que hacer algo para salir de aquí. ¿Crees que este trasto funcionará todavía?— preguntó Juan mientras miraba hacia la parte delantera de la furgoneta, las llaves estaban puestas.
—Si funciona o no da igual. Hay tanta nieve que no creo que hagamos que se mueva. Lleva demasiado tiempo parada. No creo que funcione— respondió Mike. Lo que debemos hacer es otra cosa para salir de aquí, sea lo que sea se nos tiene que ocurrir ya.
*****

Sid y Manuel habían vuelto a adentrarse en el bosque mientras eran perseguidos por los lobos, pero habían llegado a un lugar donde ya no los perseguían. Los habían perdido de vista por completo. Ahora volvían a estar rodeados de edificios y vehículos abandonados. Habían corrido tanto que se habían perdido.
—¿Has visto lo que han hecho con Roice? Había sangre por todas partes. Esos bichos lo han destrozado— decía Sid.
—A mi me preocupa más eso que descubrimos de las cruces, los crucificados y quemados. Me preocupa más eso que esos putos perros o los putos podridos. Eso esta hecho por la mano del hombre y el que lo ha hecho es un puto maniaco.
En ese momento Manuel se quedó mirando algo al final de la calle. Se trataba de un gran vehículo de color blanco que apenas se distinguía de la nieve, y no lo habría visto de no ser por las ventanas de color negra y las grandes ruedas negras que le permitían moverse por la nieve.
—Mira eso— dijo Manuel señalando al vehículo. Sid miró rápidamente y también lo vio. Manuel comenzó a correr hacia el y enseguida se asomó al interior. El interior estaba caliente y olio a algo que podría ser incienso.
—¿A que huele?— preguntó Sid arrugando la nariz. –Parece algo así como incienso.
—Eso es lo que es— respondió Manuel. –No parece que lleve mucho aquí, eso significa que podemos usarlo para volver a por los demás y luego largarnos de aquí. Voy a ver si puedo arrancarlo, tú vigila.
Sid hizo lo que Manuel le había dicho y comenzó a mirar a ambos lados de la calle. Fue en ese momento cuando comenzó a escuchar una especie de cantico. Un cantico que parecía que se iba acercando, y aunque no entendía lo que decía aquel cantico, le daba escalofríos. Quiso llamar a Manuel, pero este estaba ocupado tratando de hacer arrancar aquel vehículo, poco a poco el cantico se iba escuchando más cercano.

Ambulabo in valle tenebrae, non timebo mala quoniam tu mecum mortem Domine omnipotens et misericors. Da mihi virtutem purgandi omnia mala in hac caligine mundum. Da mihi virtutem contra magnum esse malum

El cantico se repetía una y otra vez. Y para Sid era totalmente tenebroso, lo peor de todo era la voz que lo recitaba una y otra vez. No le gustaba nada lo que estaba ocurriendo. De repente el motor arrancó y Manuel sonrió reprimiendo un grito de júbilo. Ya podía imaginarse las medallas que le iban a colgar cuando se supiese que el había rescatado al resto del grupo, fue en ese momento como al igual que había escuchado Sid, comenzó a escuchar aquel cantico. Enseguida reconoció la lengua en que lo recitaban, era latín.
*****

Habíamos logrado llegar a la terraza del observatorio y allí estaba esperándonos un flamante helicóptero de color verde con la marca del fénix. Habíamos tenido suerte de encontrarlo allí y de que este pareciese estar en buenas condiciones.
Mi hermano fue el primero en colarse dentro y no tardó en volver a asomarse para decirnos que este estaba en perfecto estado. Íbamos a poder salir de allí rápidamente, aunque para mí, lo importante era recoger a los demás antes de irnos. No podíamos dejarlos allí. Lo malo era que parecía ser demasiado pequeño para todos nosotros, y la cara de mi hermano me lo termino de confirmar.
—No se que estaban cargando, pero esto esta lleno de trastos. Habrá que descargar para que quepamos todos. Marlon, Juanma. Ayudadme.
Carlos, Marlon y yo comenzamos a descargar unas enormes cajas de plástico, todas tenían la marca del fénix, la marca de la ciudad donde vivíamos. Mientras, las chicas observaban desde el mirador tratando de encontrar al resto de nuestro equipo. En ese momento me fijé en Yuriko, esta estaba parada en el medio de la terraza tratando de abrir una de las cajas que habíamos dejado caer.
—¿Qué haces?— le pregunté.
—Los hombres de Ted transportaban un cargamento de comida. Ya que su siguiente parada era Portland, tenían que llevarles comida a una comunidad de mujeres que hay allí. Y yo tengo hambre, necesito comer algo— dijo Yuriko abriendo por fin la caja, seguidamente me pasó una pequeña caja de galletas.
—¿Y como lo sabes? Yo no tenía ni idea— dijo Carlos.
—¿Recuerdas a mi amigo Toshio? El estaba en el grupo. El me lo contó sobre esto. Graham había comenzado a tener tratos con la gente de Portland.
—Pues no lo sabía. Ahora que mencionas a Toshio. El no estaba entre los muertos… bueno, no estaban reconocibles, pero creo que ninguno de los cadáveres era el— respondió Carlos.
Yo estaba comiendo galletas y compartiéndola con Marlon y Jill. No era momento para estar comiendo y hablando, pero estábamos hambrientos y cansados. Fue en ese momento cuando noté un leve crujido que parecía venir del suelo. Rápidamente miré a Yuriko y noté que ella también se había dado cuenta. De repente vi como comenzaba a hundirse mientras dejaba escapar un grito. Sin pensármelo dos veces me lancé desde el helicóptero y me deslicé por la nieve, justo a tiempo de agarrarla antes de que desapareciera por el agujero que se había creado bajo sus pies y que parecía que la estaba absorbiendo… y a mí también.
Todos trataron de acercarse, pero entonces comencé a gritar al darme cuenta de donde estábamos tras ver los cristales que sobresalían por debajo de la nieve y de los cuales estaba tratando de mantener a Yuriko alejada. Estábamos sobre un techo de cristal que no habíamos visto al estar cubierto por la nieve y que este había comenzado a ceder por nuestra culpa.
—No os acerquéis o caeremos todos— dije mientras agarraba a Yuriko. –Agárrate fuerte.
Justo en ese momento comencé a escuchar más crujidos bajo nosotros. En ese momento el miedo se apoderó de mí y comencé a tirar con más fuerza. Ya casi tenía a Yuriko arriba cuando noté que yo también me hundía.
Ambos comenzamos a precipitarnos hacia el interior del edificio ante la atónita mirada de los demás que no podían hacer nada. Yuriko y yo comenzamos a caer entre nieve y cristales, pero fui yo el primero en sentir un fuerte impacto en mi pecho. Sentí un fuerte dolor en ese momento, estuve apunto de seguir cayendo, pero por suerte logré agarrarme a una barandilla y quedarme colgando pese al dolor. Rápidamente comencé a mirar a todos lados buscando a Yuriko, pero la joven japonesa había desaparecido de mi campo de visión. Poco a poco me fui recuperando y logré ponerme en posición para pasar al otro lado de la barandilla y dejar de estar suspendido en el aire. Me quedé un rato sentado y enseguida me incorporé. Miré hacia arriba y vi a los demás asomados.
—¿Dónde esta Yuri?— preguntó Vanesa.
—¿No podéis verla desde ahí?— pregunté.
—No— respondió Vanesa.
En ese momento escuchamos la voz de Yuriko desde más abajo. Parecía estar bien y en perfectas condiciones. –Estoy bien, he logrado agarrarme a algo mientras caía. Creo que es una pancarta.
—Voy a buscarte enseguida— dije, luego miré hacia arriba. –Esperad ahí arriba. Me reuniré con Yuriko y saldremos por la puerta principal o por la que podamos. Nos vemos enseguida.
Allí dentro hacia menos frio que en el exterior. Incluso se podía decir que estaba empezando a sentir calor con todo lo que llevaba por encima. Tenía que encontrar a Yuriko. La cual estaba en la parte más baja. Fue en ese momento cuando llegué a un callejón sin salida, el lugar donde debía haber una escalera había desaparecido, el desastre era tan grande que era imposible bajar o trepar sin tener un accidente. En ese momento vi a Yuriko aparecer a unos diez metros más abajo. El interior del edificio parecía una maldita zona de guerra, algo que me hacia difícil creer que la fachada hubiese aguantado tanto y siguiera intacta, sin embargo el interior era un desastre total, como si hubiese estallado una bomba.
Cuando miré a Yuriko vi que tenía un corte en la frente.
—¿Estas bien?— le pregunté.
—Si, esto es solo un corte que me hice al caer, pero estoy bien. ¿Y tu que tal estas?.
—Sobreviviré. Escucha, no puedo bajar por aquí. Busca alguna salida, debe haber algo. Yo voy a hacer lo mismo por aquí arriba.
—Muy bien. Te veo ahora— dijo Yuriko despareciendo de mi vista. Entonces volví a llamarla, esta se asomó. —¿Qué?...
—Ándate con ojo ahí abajo. Ya notas el olor ¿No?— le dije señalándome la nariz. –Ten el arma siempre apunto.
—Lo haré— respondió Yuriko quitándole el seguro a su arma y despareciendo nuevamente de mi vista. Seguidamente yo preparé la mía y comencé a caminar por un pasillo. Me imaginaba que en cualquier momento íbamos a vérnoslas con No Muertos. Los cuales ya había tratado de olvidar tras lo de la mansión.
*****
Manhattan…

Eva seguía caminando por las calles de Manhattan. Todavía le sorprendía el hecho de que había calles sin ocupar. Tanto casas como comercios, pero aun más le sorprendió a mujeres ejerciendo la prostitución en la calle. Estas vestían lencería e iban prácticamente desnudas mientras se insinuaban a los viandantes contoneándose o acercándose a ellos. Eva pensaba que tras el apocalipsis, cosas como esa se habían acabado, pero no era así, se quedó mirándolas mientras caminaba y de repente se chocó con alguien, cuando alzó la vista se encontró cara a cara con Gale.
—Oh perdona. No te había visto— dijo Eva mientras se apartaba al ver que Gale se inclinaba sobre si mismo por culpa del dolor.
Gale se levantó rápidamente y le lanzó una mirada a Eva. Una mirada penetrante y que podría ser la de un asesino. Al verla, Eva temió que Gale le montase un espectáculo allí en mitad de la calle, pero entonces se limitó a sonreír.
—No te preocupes— en ese momento Gale miró a las prostitutas. –Son de las ratas que viven bajo tierra. Cuando salen de ahí es para lo único que valen, para ser putas.
Justo en ese momento apareció un bebé por la calle acompañado de dos tipos enormes. El bebé movía los brazos como azuzando a las chicas a que se insinuaran más. Lo que más le llamó la atención a Eva fue las extrañas facciones del bebé, era rubio con una pequeña coleta y gran nariz, también le sorprendió  que este llevase ropa de etiqueta, fue entonces cuando se dio cuenta de que no era ningún bebé, si no un hombre con algún tipo de enanismo.
—¿Quién es ese?— preguntó Eva señalando al bebé hombre.
—Ese es Jonah Snyder. Más conocido como el bebé. Es el único y más grande proxeneta de la ciudad. Se dedica a obligar a prostituirse a las tías de los túneles.
“El bebé”… Eva no iba desencaminada en cuanto pensó que era un bebé. Lo que no entendía era el porque se permitía algo así, se suponía que la humanidad al haber sobrevivido estaba teniendo una segunda oportunidad y que por lo tanto vivir allí era una especie de avance… pero, al ver eso pensaba que no era ningún avance, si no unos pasos hacia atrás.
—¿Por qué el general Graham permite algo así? Se supone que no debería permitir esto. Es esclavitud…
—El bebé no se mete en nada. Y por eso Graham no se mete en los asuntos del bebé. Pero mira tú por donde… cuando tu hombre se haga con el mando de la ciudad tendrá en sus manos cambiar esto. Aunque eso me hace pensar que se ganará muchos enemigos. Aunque bueno… líder que no tiene enemigos no es un buen líder. Bueno rubia, ya nos veremos— dijo al final Gale. Luego se alejó cojeando y Eva se dio cuenta.
—¿Qué te ha pasado?
Gale se dio la vuelta con una sonrisa y miró a Eva. –No es nada. Solo fue que tuve un encontronazo con una zorra, pero pronto podré destriparla con mis propias manos. Es algo… personal.
Eso ultimo no había gustado a Eva, y lo de ver a Gale alejándose cojeando le hizo pensar varias cosas sobre lo ocurrido en su apartamento. Gale era más o menos tan grande como el tipo que le había atacado y cojeaba de la misma pierna donde ella le había disparado. Eran demasiadas coincidencias. Para ella todo indicaba que Gale y su agresor eran la misma persona.
*****
Washington DC…

Yuriko caminaba por los oscuros pasillos del observatorio. Estaba de los nervios y apuntaba hacia todas partes cada vez que escuchaba un ruido. El olor era más insoportable a cada paso que daba.
Desde que Yuriko había llegado a Manhattan y había superado la prueba en la mansión no había vuelto a ver un No Muerto, casi que los había olvidado, pero ahora era diferente. Estaba segura de que no tardaría en encontrarse cara a cara con uno de ellos.
De repente escuchó un ruido y volvió a apuntar, esta vez en ruido eran unos pies arrastrándose y que venían del final del pasillo. No tardó en ver salir una silueta tambaleante de detrás de una esquina. Yuriko apuntó rápidamente con el fusil y la linterna y alumbró a un No Muerto que vestía una bata de científico ensangrentada. Sin querer perder más tiempo le apuntó a la cabeza y apretó el gatillo.
La bala cruzó la oscuridad del pasillo y acabó atravesando la cabeza del No Muerto. Cuando el cuerpo se desplomó se sintió más segura, aunque tenía la total certeza de que habría más No Muertos en el edificio. Nunca había solo uno.

Disparé varias veces a los No Muertos que habían salido a mi encuentro desde una sala. Estos estaban en avanzado estado de descomposición y apenas se podía distinguir si eran hombres o mujeres. Tampoco tenía mucho interés en saberlo. Entonces escuché un ruido, en un principio pensé que era algún otro No Muerto, pero enseguida me di cuenta de que más bien parecía el trote de un caballo que se dejaba escuchar en el silencio sepulcral del lugar. Aquello no me daba buena espina.
*****

Sid escuchaba cada vez más cerca los canticos, rezos o lo que fuera aquello, pero se le estaba helando la sangre. Rápidamente miró a Manuel que seguía dentro del vehículo, iba a decirle que se largaran, pero entonces en la calle vio algo que lo dejó paralizado de miedo. Allí había una persona enfundada en un traje de color negro con una cruz de color rojo marcada en el pecho y mascara de gas. No podía distinguir si era hombre o mujer, lo que si distinguió fue el lanzallamas que aquel desconocido llevaba.
Manuel salió de un salto del vehículo y comenzó a disparar al desconocido, pero este no caía, Sid iba a disparar, pero entonces el desconocido alzó el lanzallamas y dejó ir una llamarada que envolvió a Manuel.
Sid no podía ayudarle, simplemente se dio la vuelta y quiso echar a correr, pero rápidamente una cuerda se cerró en torno a el y de un tirón lo hicieron caer al suelo. Seguidamente se vio arrastrado sobre la nieve mientras a unos metros veía a un caballo a la carrera.
Lo arrastraron a través de varias calles hasta que se detuvo. Una vez allí vio a varios tipos como el que había calcinado a Manuel. Mientras Sid estaba tumbado en el suelo notó el olor a incienso que había notado en el vehículo.
—Y los impuros seguían llegando desafiando los designios de dios. Desafiando al señor todo poderoso.
Sid alzó la cabeza y entonces vio a tres sacerdotes en cuyas togas había marcada la misma cruz de color rojo. Los tres avanzaban hacia el mientras rezaban algo extraño. Mientras estaba allí tumbado vio a otros tres tipos en caballo. Estos vestían armadura y ropas de color blanco con la misma cruz de color rojo. Fue en ese momento cuando recordó el significado de esa cruz.
—¿Templarios?— le dio tiempo a preguntar antes de que otros tres caballeros con armaduras lo agarraran y lo tumbaran sobre lo que parecía una cruz de madera.
Sid fue totalmente inmovilizado por tres caballeros con armadura mientras un cuarto se iba acercando con una maza y unos gruesos clavos, fue cuando Sid comenzó a gritar pidiendo ayuda cuando supo lo que estaba apunto de pasarle. Cuando el primer clavo se clavó en la palma de su mano dio un grito antes de perder por completo el sentido.
*****

—¿Eso ha sido un grito?— preguntó Juan mirando a Mike. –Bueno… eso es lo que me ha parecido.
En ese momento Mike miró por la ventanilla y vio que los lobos habían desparecido. Enseguida miró a Juan. –Salgamos de aquí y reunámonos con los demás.
Juan y Mike salieron del vehículo y se miraron el uno al otro. Entonces Juan sonrió. —¿Ves? Esto demuestra que los dioses están con nosotros una vez más.
—¿Siempre estas con ese royo? Dioses por aquí y dioses por allá. No te ofendas, pero si los dioses estuvieran con nosotros como tu dices. No estaríamos metidos en medio de este jodido apocalipsis. Creo que los dioses pasan de nuestro culo. Regresemos al observatorio y salgamos de aquí cuanto antes.
Ambos avanzaron mientras miraban en todas direcciones por si los lobos trataban de emboscarles, no era muy normal el como habían desaparecido. Quizás habían notado la presencia de algo mucho más peligroso que ellos, algo a lo que si temían, algo que ambos sospechaban que tenía que ver con la matanza del otro equipo.
Cuando Juan y Mike llegaron hasta la fachada del edificio vieron algo que les llamó mucho la atención, algo que no estaba antes, allí había marcas de herraduras de caballos.
—¿Qué coño es esto?— se preguntó Mike.
—No lo se, pero no hace mucho que ha pasado por aquí. Sea quien sea, algo me dice que no tardaremos en descubrirlo. Ahora subamos por la escalera que subieron los demás— dijo Juan señalando hacia la escalera por la que habían subido los demás hacía rato.
Los dos comenzaron a correr y cuando ya estaban apunto de alcanzarla vieron a un tipo vestido con una armadura que llevaba desenvainada una espada. En sus ropas de color blanco había marcada una cruz de color rojo. Una imagen que a ambos se le antojó surrealista.
—¿Un templario? No me jodas— exclamó Mike alzando el fusil para disparar.
Justo en ese momento vieron a un segundo tipo con armadura que iba unos metros más arriba por la escalera en dirección a los que estaban arriba. Todo aquello estaba rozando ya lo extraño.

El helicóptero estaba ya listo, solo faltaba que llegasen los demás para poder despegar. Luci se quedó atónita en esos momentos cuando vio a un tipo en armadura parecer ante ella en las escaleras.
—¿Pero de donde coño has salido tu?— preguntó ella, pero el tipo de la armadura no respondió, simplemente blandió la espada en el aire y trató de cortarle la cabeza a Luci.
Luci logró esquivarla dando unos pasos atrás, casi estuvo apunto de caerse por el agujero por donde habían caído Juanma y Yuriko.
—¡¡¡Quieto ahí!!! Ni se te ocurra moverte— gritó Carlos apuntando con su fusil.
Marlon, Jill y Vanesa hicieron lo mismo. Enseguida Carlos dio la orden de disparar y todos salvo Luci abrieron fuego, pero las balas rebotaban en la armadura. Luci aprovechó que aquel tipo se había quedado quieto para retirarse.
Las balas no penetraban en la armadura, pero aquello tenía que tener algún punto débil. Entonces Luci dio con la solución, alzó la katana y clavó la punta en la nuca desde abajo, eso hizo que aquel tipo tuviese un espasmo y comenzara a temblar. Cuando Luci sacó la espada, un chorro de sangre salió empapando toda la armadura. Rápidamente Luci empujó al tipo de la armadura y este se precipitó hacia el interior del agujero.
Cuando el cuerpo llegó al fondo provocó un gran estruendo.
—¿Quiénes son estos tipos que van de templarios?— preguntó Vanesa.
En ese momento aparecieron Mike y Juan por las escaleras. Mike llevaba a otro de los tipos con armadura al hombro, enseguida lo dejó caer.
—Veo que habéis logrado escapar de los lobos— dijo Carlos.
—Olvídate de los lobos. Estos son mucho más peligrosos. Van totalmente cubiertos con la armadura, su único punto débil es el cuello. Es lo único que no tienen protegido.
En ese momento el tipo de la armadura comenzó a moverse, braceaba rápidamente y emitía gritos salvajes. También vieron sangre chorrear por la parte donde estaba la boca.
—¿Aun esta vivo?— preguntó Jill.
Enseguida Mike le puso el pie encima del pecho e hizo presión para que no se pudiera levantar. –No, no creo que se mueva porque esta vivo. Más bien lo contrario— entonces Mike miró a Juan. —¿Puedes quitarle el casco? Pero ten cuidado.
Juan se agachó y poco a poco le fue quitando el casco, cuando por fin se lo quitó vieron el rostro del hombre. Era el rostro de un tipo de unos treinta años, pero ya no vivía, había muerto y revivido como un No Muerto. Enseguida Luci se acercó y le clavó la punta de su katana a través del ojo.
—¿Quiénes son estos tipos?— preguntó Luci mirando a Juan y a Mike.
—No lo se, pero no tardaremos en saberlo. Por cierto… ¿Dónde están Juanma y la japonesa?.
—Tuvieron un percance y ahora están dentro del edificio.
*****

Yuriko estaba caminando por un pasillo con cristales a un lado desde donde se podía ver el exterior. Entonces a sus espaldas sintió un fuerte ruido, cuando se dio la vuelta vio un caballo con alguien montado en el atravesando los cristales y entrando en el pasillo. Aquello dejó a Yuriko estupefacta, aquella imagen dantesca era la ultima que Yuriko esperaba encontrarse en un lugar como aquel. Por la forma de vestir se dio cuenta de que era un caballero templario. Algo totalmente imposible en la época en la que se encontraba.
—Impuros— susurró entonces el caballero templario antes de mandar al caballo que echase a correr hacia ella.
Cuando el caballo comenzó a correr, Yuriko alzó el arma, pero no disparó. No quería dañar al animal, solo se dio la vuelta y comenzó a correr mientras el caballero de la armadura iba alcanzándola y desenvainando su espada. El corazón de Yuriko palpitaba tan fuerte que sentía como si este fuera a estallarle en el pecho.
El caballo ya estaba casi detrás, incluso Yuriko podía sentir el aliento del animal en la espalda y si no se daba prisa, pronto sentiría el filo de la espada en su cuello, antes de que la cabeza quedara separada de su cuerpo por completo. Ya casi iba a darse por vencida cuando a unos seis metros por delante de ella apareció una silueta armada.
—¡¡¡Al suelo!!!
Yuriko se tiró al suelo y sintió como el caballo saltaba sobre ella, seguidamente comenzó a escuchar el impacto de las balas en la armadura. El que estaba disparando no estaba logrando frenar al templario.

Las balas que salían de mi fusil no estaban haciendo el efecto que esperaba. Cuando el caballo llegó hasta donde estaba tuve que apartarme para que no me arrollara. Cuando me pude fijar bien en el agresor vi que tenía su vista clavada en mí, podía ver sus ojos de asesino mirándome a través del yelmo. Nuevamente se lanzó al ataque y nuevamente lo esquivé. Ya no le disparaba, sabía que aquello no le haría efecto.
—¿Quién cojones eres?— le pregunté, pero no logré respuesta por su parte. Simplemente vigilaba todos mis movimientos con la espada siempre apunto. Yo también lo vigilaba. Esperaba que en cualquier momento llegara el ataque. Fue en ese momento cuando se bajó del caballo sin dejar de mirarme. Era como si esperase que yo me batiera en duelo con el.
—Impuro— susurró en ese momento. –Vas ha ser purgado.
—¿Qué?— pregunté.
Entonces se lanzó contra mí y yo logré esquivarlo con una voltereta en el suelo. Aquel tipo tenía un buen manejo de la espada. Varias veces estuvo apunto de acertarme. Traté de dispararle, pero con una patada me arrebató el fusil y luego me derribó a mí. Seguidamente me puso el pie encima y me apuntó con la espada. Entonces cerré los ojos y esperé mi fin. Entonces escuché un golpe y abrí los ojos justo a tiempo de ver al caballero templario caer a mi lado. Cuando alcé la vista vi a Yuriko con una piedra en las manos, con la misma que había golpeado al tipo en la cabeza. Entonces Yuriko me tendió la mano y me ayudó a levantarme, cuando estuve de pie miré a Yuriko.
—Gracias. Te debo una.
—No me la debes, acabo de saldar la que te debía a ti. Si no llegas a aparecer en aquel pasillo ahora estaría muerta.— entonces Yuriko señaló al tipo con la cabeza. —¿Quiénes crees que son?.
—Ni idea, pero vamos a averiguarlo— dije mientras me ponía en cuclillas y apartaba la espada para no llevarme ningún susto. Cuando le quité el casco me encontré con el rostro de un hombre que tendría mi edad más o menos. Entonces abrió los ojos y trató de agarrarme del cuello, pero yo fui más rápido y puse el cañón de mi fusil en su barbilla. –Yo en tu lugar no lo haría. ¿Quién eres?— pero contestó en un idioma que yo no entendí. Eso hizo que yo mirara a Yuriko y luego mirara de nuevo al desconocido. –Se que hablas mi idioma. Así que va a ser mejor que empieces a hablar o te mato. No sería la primera vez que lo hago.
Entonces la expresión de aquel chico cambio de golpe. Justo en ese momento aparecieron los demás a excepción de Vanesa, la cual se había quedado en el helicóptero preparándolo para nuestro despegue.
—Veo que has cogido a uno vivo— dijo Juan acercándose con una espada en la mano. –Así tendré oportunidad de cargarme a este cabrón.
Juan intentó clavarle la espada, pero Mike se lo impidió. –Espera. Aun no le hagas nada. Lo necesitamos vivo.
Todos miramos a nuestro prisionero. Era hora de que comenzara a contarnos que demonios hacían el y los suyos allí. Quería saber a que demonios se dedicaban yendo por ahí en armaduras de hacia siglos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario