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jueves, 10 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 9



Manhattan…
Madison Square Garden…

Carlos se encontraba frente al espejo del vestuario de los chicos limpiándose la sangre de la nariz. En ese mismo momento Gale apareció allí con los ojos fuera de sus orbitas y apunto de estallar de los nervios.
—¿Qué coño ocurre?— preguntó Carlos.
—Tu hermano acaba de robar mi helicóptero. Desde el momento que lo vi supe que nos traería problemas.
Ambos salieron corriendo de los vestuarios en dirección al hangar, pero allí no quedaba ningún helicóptero para salir en persecución del helicóptero robado. Carlos miró en la dirección que seguramente había tomado el helicóptero, se dirigían seguramente hacia la mansión y seguramente era Yuriko quien los guiaba. Carlos sabía perfectamente lo que pretendía su hermano y también conocía las consecuencias que eso traería. Rápidamente salió a la calle seguido por Gale y se subieron en uno de los jeeps que había allí, Carlos había pensado que si no alcanzaban el lugar por el aire, lo harían por el agua. Tenían que llegar al puerto para conseguir una zodiac para llegar rápidamente.
Carlos se puso al volante del jeep y comenzó a conducir a toda velocidad hacia el puerto, no llegarían antes que su hermano, pero al menos llegarían antes de que se organizara un desastre.
—Te juro que mataré a tu hermano— dijo Gale.
*****
112 de Ocean Avenue Amityville…

Graham se encontraba observando el helicóptero, el mismo que había sido robado, entonces en ese mismo instante, uno de los soldados allí presentes le pasó una foto del responsable del robo, eso hizo que Graham esbozara una sonrisa.
—¿Lo derribamos?— preguntó uno de los soldados.
—No— respondió Graham –Veamos que pretende y que hace. Todos atentos.
Ninguno de los militares comprendía aquello, pero todos obedecieron las órdenes de su general.

—Tenemos público— me dijo Vanesa, aunque yo ya lo estaba viendo desde la ventanilla. —¿Qué hago ahora?.
—Sobrevuela el tejado lo más cerca posible— respondí abriendo la compuerta mientras me ataba un arnés para aligerar la caída.
—¿Va a saltar?— preguntó Yuriko.
Vanesa se limitó a asentir y luego me miró. —¿Qué hacemos nosotras?
—Regresad a la ciudad, a partir de aquí sigo yo solo.
El helicóptero se quedó un rato parado en el aire y fue cuando aproveché para dejarme caer, no tardé en tocar el tejado, al cortar el arnés me resbalé y comencé a caer por las tejas, casi caí del tejado, pero me quedé agarrado a una de las tuberías, poco a poco me subí al tejado mientras veía como el helicóptero se alejaba y los militares presentes se quedaban alucinados mirándome.
Mi siguiente paso era introducirme en el interior, mientras buscaba una ventana podía escuchar los disparos que venían del interior, tenía que darme prisa. Llegué hasta una ventana y le pegué una patada, esta no se rompió y no tuve más remedio que echar mano de la pistola y disparar varias veces. Finalmente cuando conseguí reventar el cristal me colé dentro, una vez allí me vi en un desván lleno de muebles cogiendo polvo o cubiertos por sabanas. Allí no había nadie, pero las huellas recientes y el perfume de Eva me estaban dejando claro que hacía poco que el grupo de novatos había estado allí. Entonces escuché más disparos seguidos de un grito humano, alguien tenía problemas.

El No Muerto le había arrancado un trozo de carne del brazo de Ly cuando a este se le había acabado la munición. El asiático logró quitarse de encima al infectado y fue David quien remató al infectado, luego se agachó junto a un mal herido Ly.
—Me arde— dijo el asiático.
David no sabía que hacer, Ly no tenía ninguna posibilidad después de haber sido mordido, no habría nada que hacer por el, ni aunque pudiesen volver a vacunarle, no llegaría a tiempo. En los ojos de Ly, David podía ver el miedo de este. De repente escucharon más gritos, se estaban acercando más.
—Esto tiene que ser una broma ¿Es que quieren matarnos o que?— preguntó Butch observando como la vida de Ly se desvanecía y dejaba la cabeza colgando hacia un lado, acababa de morir y no tardarían en volver como uno más de los No Muertos.
—Destrúyele el cerebro— dijo Johana. – Antes de que lleguen más.
David puso el cañón del arma en la cabeza de Ly y cuando este abrió los ojos, David disparó.

Un único disparó me hizo volver a estar en alerta mientras caminaba por los pasillos vacios de la mansión, no había muebles, imaginaba que la mayoría estaban en el desván. Al fin y al cabo esa mansión llevaba mucho tiempo deshabitada, nadie se había atrevido a comprarla después de lo ocurrido hacía años. Y ahora, desde el fin del mundo, nadie iba a comprarla, comprendía muy bien que la usasen para lo que la usaban, al fin y al cabo estábamos en un lugar apartado y por el que apenas se acercaban caminantes.
Llegué a las escaleras y comencé a bajarlas rápidamente, fue entonces cuando por un acto reflejo me lancé al suelo y evite el disparo de milagro, rápidamente apunté al lugar desde donde me habían disparado y vi a un chico de cabello tintado apuntándome también.
—¿De donde cojones has salido tu? ¿Quién eres?.
—¡¡¡Juanma!!!— gritó Eva mientras se abría paso hasta mi y me abrazaba. —¿Qué haces tu aquí? ¿También te han traído por la fuerza?
—No… vine invitado para sacaros de aquí. Ahora tenemos que volver al desván y salir de aquí. He entrado rompiendo una ventana. Venga, salgamos de aquí, la prueba de supervivencia acaba de terminar…— me quedé mirando a una joven rubia que parecía muy asustada y que no se despegaba de otro chico rubio. –Para todos.
Comencé a dirigir al grupo por el mismo camino que había llegado yo, por el cual, solo nos topamos con pocos infectados a los que abatimos rápidamente. Nada más llegar al desván me asomé por la ventana rota y visualicé un saliente a unos dos metros por debajo de nosotros.
—Muy bien, vamos— dije mirando al grupo. –Id dejándoos caer, tu primero dije mirando a la chica rubia asustada, aunque ella no dijo nada, fue el chico el que se dirigió a mi.
—Gracias, yo pasaré primero y luego que pase mi hermana.
—Muy bien— respondí dándole una palmada en la espalda.
El chico se dio la vuelta y miró a su hermana. –Quédate con el, yo te espero abajo.
La chica asintió mientras su hermano se deslizaba a través de la ventana, luego esta me miró y me acarició la mejilla. –Gracias, du bist wie ein Engel retter.
—¿Qué significa eso?.
En ese momento apareció un No Muerto por la puerta del desván, pero fue abatido por Sandra. Hasta ese momento no me había percatado de la ropa que llevaban los infectados, eran claramente ropa de preso. Entonces miré a Eva y le dije. –Ayuda a la chica a bajar. David y tu…— dije mirando a la chica de pelo corto y de punta.
—Johana— respondió ella presentándose. –Johana Cage.
—Muy bien, Johana, bloquead la puerta, que no entren más mientras salimos— dije mirando a Sandra, la cual era la siguiente en salir. Tan solo quedábamos allí el chico de pelo tintado, Johana, David y yo. —¿Y tu como te llamas?— pregunté mirando al chico rubio.
—Yo soy Butch tío. Tu entrada ha sido una mierda y un autentico fantasmeo propio de un boina verde… pero coño, se nota que le has echado huevos.
—Bueno, ya hablaremos de eso— dije al tiempo que otro No Muerto entraba por la puerta.
Butch le disparó y abatió, luego Johana y David se apresuraron a cerrar y bloquear la puerta al mismo tiempo que otro trataba de entrar. Cuando la puerta estuvo cerrada comenzamos a escuchar como aporreaban la puerta.
—Venga, salgamos de aquí de una puta vez— dijo Butch pasando por mi lado y saliendo por la ventana, seguidamente David, Johana y por ultimo yo, salimos por la ventana. Unos segundos después ya estábamos en el jardín rodeados por los militares.
—Hijos de la gran puta— Butch alzó el arma apuntándoles, pero yo rápidamente me puse delante para que no hiciera nada, si Butch disparaba, aquello no podría acabar bien.
Enseguida me apuntaron a mí. –Ni te muevas, quedas detenido por robo y secuestro.
Yo iba a dejar que me detuvieran cuando el general Graham se abrió paso a través de los militares que nos rodeaban, este hizo que los demás bajaran las armas y luego me miró sonriendo. –Me ha impresionado mucho tu entrada y todo lo que has hecho para salvar a los tuyos. Demuestras una gran valentía… la valentía de alguien que ha estado entre esos seres tanto tiempo, no esperaba menos de ti.
—¿Por qué no se me informó de esto general? – pregunté finalmente. –Están haciendo una prueba brutal para unos novatos, metiéndolos aquí con infectados rápidos, en lugares cerrados como este… las posibilidades de supervivencia son reducidas— justo en ese momento miré a la chica asustadiza que me había hablado en Alemán y la cual no se despegaba del chico. –Esa chica no esta preparada para algo así.
En ese momento aparecieron mi hermano y Gale allí, enseguida Gale intentó atacarme, pero mi hermano le paró los pies. –No lo hagas Gale.
—Soy consciente de lo que acarrea esta prueba. De todos modos pensé que estaba informado de ella y de que sus amigos serian sometidos a ella— dijo el viejo general mirando a mi hermano.
—No le dije nada porque sabía que haría algo así— respondió mi hermano. –Incumplí esa orden por miedo a la reacción.
—Pues por eso, queda relegado. Ahora su hermano será el jefe del equipo en lugar de usted. Espero que eso le sirva de algo… como para darse cuenta de que las órdenes son órdenes— entonces Graham volvió a mirarme. –Si acepta el puesto claro.
Yo miré de reojo a mi hermano y luego volví a mirar al general. –Acepto… y a propósito. ¿Sigue en pie lo de la cena en su casa? Estaba pensando en ir esta noche.
—Será un placer para mí— respondió el general. –Le espero a usted y a su familia esta noche en mi casa.— el general miró a su alrededor y nos miró a todos. –Muy bien, es hora de volver a casa.
Todos comenzamos a movernos y cuando pasé junto a mi hermano ambos cruzamos una mirada, el trató de hablarme cogiéndome del brazo, pero yo me aparté rápidamente. –Será mejor para ti que de momento ni me toques— después de eso me alejé.

—Tu hermano es un poco problemático. Desde que lo vi la primera vez me pareció que no era una persona en la que se pueda confiar. Yo de ti me andaría con ojo. Es de los que se queda con lo de los demás.
—Mi hermano es solo asunto mío. ¿Vale? Volvamos a la puta zodiac.
*****
Manhattan…
21:45 horas…

Estaba en la ducha preparándome para la cena que tenía aquella noche junto a Eva y Vicky en casa del general Graham. Dentro de nada pasaría un vehículo a recogernos. Mientras me duchaba no dejaba de pensar en que podía haber perdido a Eva en aquella casa, en que habría pasado si yo no hubiese ido repentinamente, confiaba en que ella podría haber sobrevivido sin mi ayuda, pero después de lo que había hecho me sentía mejor, también pensaba en Vicky y en lo que había pasado en el colegio, Alicia me lo había contado todo.
Entonces sentí unas manos en mi espalda y luego sentí como me abrazaban desde detrás, luego noté la cabeza de Eva apoyándose en mi espalda.
—Has vuelto a salvarme la vida— me susurró Eva al oído.
—Solo hice lo que debía hacer. No quiero perderte, no quiero imaginarme lo que sería mi vida sin ti— dije mientras me daba la vuelta, luego la abracé y la besé mientras el agua nos caía a ambos por encima. –Llevo pensándolo mucho tiempo desde que llegamos aquí y estaba esperando el momento adecuado para decírtelo… ahora se que puedo.
—¿El que quieres decirme?.
—Eva… cásate conmigo.
Eva me miró con una sonrisa. –No hablas en serio.
—Nunca he hablado tan en serio como ahora. Te quiero y quiero pasar el resto de mi vida contigo. Quiero despertarme cada día de mi vida a tu lado y quiero que seas la madre de mis hijos. Si quieres te lo pregunto. ¿Quieres casarte conmigo?.
Eva sonrió nuevamente y me besó, luego me miró a los ojos. –Sabes que si… Si que me quiero casar contigo.
*****

David estaba sentado en el sillón de su casa delante del televisor, estaban repitiendo una película de Clint Eastwood titulada “El sargento de hierro” en ingles subtitulada. Alicia estaba haciendo la cena, entonces el bebé comenzó a llorar y fue David quien se levantó para ir a ver que le pasaba. Llegó hasta la cuna y lo cogió en brazos. Le encantaba esa sensación, una sensación que le hubiese gustado tener junto a Andrea, pero ella ya no estaba.
—¿Qué le pasa?— preguntó Alicia desde la cocina.
—Voy a cambiarle los pañales— respondió David saliendo de la habitación para cambiarle los pañales encima de la mesa para bebés que había en el salón.
David comenzó a cambiarle los pañales al bebé sin darse cuenta de que Alicia lo estaba observando, cuando terminó, esta no puedo evitar hablar.
—Desde que estamos aquí es la primera vez que te veo cambiarle los pañales a Cristian. No se, me hace verte con otros ojos. Creo que serías un buen padre— decía Alicia mientras se iba acercando.
Fue en ese preciso instante cuando los labios de David y Alicia se juntaron por primera vez. Cuando eso ocurrió, David sintió que por primera vez, desde la muerte de Andrea, ya no estaba solo. Ahora tenía una familia a la que cuidar.
*****
Carlos se encontraba en el bar de Ethan tomándose copas sin parar, se había tomado tantas que estaba terriblemente borracho. Desde la llegada de su hermano sentía que todo le salía mal, solo le quedaba Rose y últimamente a causa del embarazo parecía estar muy distante con el, y para colmo le habían quitado el rango de jefe de grupo para dárselo a su hermano. La rabia crecía en su interior.
—Joder… desde que llegué aquí he estado luchando por tener ese puesto y ahora se lo dan a mi hermano. ¡¡¡Mierda!!!— Carlos dio un golpe sobre la barra y Ethan tuvo que coger rápido la copa para que no la tirara.
—No te hagas mala sangre por eso. Ya sabes muy bien como es ese viejo cuando alguien le entra por los ojos, se ha fijado en tu hermano por su historia y por que luego lo salvó en aquel atentado.
—Ojala estuviera muerto. Ni puta falta me hacía encontrármelo otra vez. Siempre ha estado por encima de mi y ahora otra vez. Es como una maldita pesadilla que no deja de repetirse.
—No hablas tú. Habla el Alcohol— dijo Ethan apartándole la copa para que no bebiera más, pero Carlos se lo impidió.
—Deja esa copa ahí y limítate a servirme una cada vez que yo lo diga, para eso te estoy pagando ¿No?.
En ese momento entraron un grupo de chavales jóvenes que enseguida se pusieron a jugar al billar del fondo, eran cuatro en total. Estos estaban eufóricos y estaban haciendo que Carlos se pusiese de los nervios.
—Callaros de una jodida vez. Intento beber con tranquilidad. Si no os calláis os juro que os meteré el palo del billar por el culo.
—Cállate tú. ¿Te crees que por ser militar mandas aquí?. Si los tipos como tu hubieseis hecho bien vuestro trabajo no estaríamos viviendo así. Es más, por vuestra culpa nos toca vivir bajo tierra.
Carlos levantó la cabeza en ese momento y miró a los chavales. Se fijó en las ropas de estos y vio que eran ropas roídas, nada parecido a las ropas en buen estado que solían llevar los habitantes de la ciudad. Estaba muy clara su procedencia, y esa procedencia era lo que le faltaba a Carlos para que su rabia terminase de estallar. Se levantó y se fue acercando a los chavales.
—¿Qué coño hacéis aquí escoria? ¿Por qué no estáis en las alcantarillas alimentándoos de vuestra propia mierda? Largo de aquí antes de que os reviente. Las ratas como vosotros no merecen estar en el mismo lugar que yo, ni merecen respirar el mismo aire que yo. Solo de pensarlo me entran ganas de vomitar, y vuestro olor a mierda… eso si me da asco.
Uno de los chavales levantó el palo de billar. –Serás hijo de puta… voy a hacer que te tragues una por una todas tus palabras.
—Carlos, no quiero peleas en mi bar— dijo Ethan.
—Muy bien pedazos de mierda, vamos fuera al callejón— dijo Carlos mirando a los chavales.
Los chavales se envalentonaron y comenzaron a salir fuera, después Carlos los siguió pese a las advertencias de Ethan que le gritaba que no hiciese tonterías, pero Carlos hizo oídos sordos. Un rato después Ethan escuchó ruidos en el callejón y ya no volvió a ver a Carlos en lo que quedaba de noche.
*****

El vehículo que nos había recogido en el portal de nuestra casa nos dejó en el edificio donde vivía el general Graham. Fuimos escoltados hasta el ascensor y comenzamos a subir pisos hasta que llegamos al mismo pasillo lleno de cuadros que había visto en mi primera visita, pero en lugar de entrar al mismo despacho nos llevaron en la dirección contraria hasta que llegamos a un gran salón con una gran mesa llena de platos. El salón me recordaba al típico de los palacios, en las cuatro puntas había una armadura de la edad media con arma y escudo. También había varias esculturas pequeñas adornando muebles, también me quedé impresionado viendo una enorme estantería llena de libros. Algunos tenían años de antigüedad. Mientras Eva y yo observábamos todo aquello, Vicky se quedaba mirando la cabeza de un jabalí que había en la pared.
—Bienvenidos, bienvenidos. Me alegro de teneros en mi humilde casa— dijo el general Graham entrando en la estancia. Yo tuve que morderme la lengua para no decir nada de lo de la “humilde casa”, aquello de humilde tenía poco.
—Buenas noches general— dije estrechándole la mano. Enseguida le presenté a Eva y Vicky.
La pequeña se dio cuenta en ese momento de la cojera del viejo general y no pudo evitar preguntar. —¿Qué le pasa en la pierna señor?.
—¿Ves ese animal de la pared? Se comió mi pierna— dijo el general señalando la cabeza del jabalí.— después de eso volvió a mirarme. –Por favor, tomad asiento. Cuando llegue mi hermano comenzará la cena. Que las dos señoritas empiecen a picar algo mientras el hombre de la casa y yo hablamos mientras le enseño mi casa.
Eva y Vicky se sentaron mientras dos sirvientas entraban en la estancia llevando unos carritos con entrantes.

—Solo les he invitado a los tres porque me viene mejor hablarlo— me iba diciendo el viejo general mientras recorríamos un pasillo lleno de obras de arte.
—No habrían podido aunque les hubiese invitado, cada uno trata de rehacer su vida. Bueno, es lo que intentamos todos. Lo que usted ha logrado aquí me deja atónito. Ha conseguido que prácticamente la gente deje de pensar en lo que ocurre ahí fuera. Y ver esto me hace pensar que este año se podrá celebrar la navidad… será un gran avance y una alegría para los niños. No se. Creo que sería buena idea.
—Hace tiempo que estamos pensando en ello. El motivo de esta reunión privada es que quiero que sea el jefe de su grupo. Guiaras a los demás en las misiones. A decir verdad dentro de poco tu grupo tiene una, es en Whasington Dc. La misión consiste en recuperar medicamentos de la casa blanca. Teníamos allí a un grupo, pero hace unos días perdimos contacto con ellos, la misión consiste no solo en recuperar esos medicamentos, si no también en descubrir que ha ocurrido.
—¿Cómo accederíamos?— pregunté a medida que llegábamos a una gran puerta doble y Graham la abría. Cuando cruzamos la puerta vi que se trataba de un enorme salón con un gran acuario lleno de peces exóticos. También había dos sillones en el medio.
—Toma asiento y te diré todo lo que quieres saber.
Ambos tomamos asiento y Graham comenzó a explicarme los datos de la misión y quienes iríamos en ella. –Veras, tengo la corazonada que Dorian… mi hermano… sigue vivo, ya viste que intentaron matarme. Fue por orden suya con toda seguridad, siento que la perdida de contacto con los enviados a Whasington tiene que ver con el. Es la corazonada que tengo.
—Se suponía que usted sabia si vivía o no. Cuando nos conocimos casi que parecía apostar por su muerte y no hago más que escuchar el nombre de Dorian, al que señalan como una especie de monstruo sádico.
—Eso es precisamente lo que es. Un monstruo sádico— en ese momento me mostró su pierna artificial. –Esto es una firma suya. Lo hizo antes de que lo desterrara. Podría haberle matado, pero no lo hice. Ahora me arrepiento. Cada noche me despierto sudoroso recordando el día que me cortó la pierna. Me arrepiento mucho de no haber acabado con el, si estuviese muerto… yo no viviría en constante miedo a que regrese.
—¿Qué hizo exactamente?— pregunté yo cada vez más ansioso por conocer la historia de Dorian, si este era un peligro real necesitaba saberlo todo sobre el, ya que si la corazonada de Graham era cierta, podría ser que me viera las caras con el. También quería saber por que precisamente me había elegido a mí para encabezar el grupo cuando en teoría iba a hacerlo mi hermano.
—Dorian no es mi hermano de sangre en realidad, lo adoptó mi madre hace muchos años. Lo conoció en un hogar de acogida y se encariñó de el. Lo trajo a casa y nos lo presentó a Kaleb y a mi como nuestro hermano pequeño. No tenía problemas con el, aunque este pronto comenzó a mostrar un comportamiento extraño, algo que no se correspondía con los niños de su edad. Le encantaba hacer daño a otros seres vivos, primero eran animales o insectos, pero luego… comenzó a sentir placer haciendo daño a otras personas. Eso lo hizo pasar por un psicólogo que pareció curarle… y todo parecía ir bien… pasaron los años y luego… ocurrió esto. Poco a poco volvió a ser el de antaño, volvió a ser ese niño sádico. Lo peor es que no me di cuenta hasta que no fundamos este lugar. Para otros fue tarde… Dorian mandó a muchas personas a la muerte y ejecutó a otros tantos, lo peor de todo era que lo hacía en público para que lo vieran todos. La gente comenzó a asustarse y tanto Kaleb como yo tuvimos que actuar.
—Le entiendo, era su hermano al fin y al cabo. Aunque no fueran carnales.
—No lo hacía por eso. Le tenía miedo y todavía se lo tengo. ¿Sabes como me pasó lo de la pierna? Una noche me desperté con una fuerte jaqueca, no recordaba nada y sentía nauseas, estaba encima de una camilla y cuando me quise dar cuenta… me había cortado la pierna. Por eso muchas noches me despierto recordando ese día.
—Entonces… debo suponer que si me esta hablando de esto en privado es porque quiere que le mate si me encuentro con el. Es eso ¿No?— pregunté finalmente. –Muy bien, usted nos ha acogido aquí en su ciudad y comprendo que es una forma de devolverle el favor. ¿Cómo sabré quien es Dorian?.
En ese momento Graham me entregó una foto y por fin pude ponerle cara a Dorian. Era un hombre fornido de cabellos negros que estaría rozando los cincuenta años, aunque esa foto parecía tener por lo menos dos años. Perfectamente podría tener los cincuenta ya. En su cara a simple vista no se veía nada de maldad, pero en su sonrisa… eso si que me helaba la sangre. Ya había visto esa sonrisa, Álvaro sonreía igual. El mismo Álvaro que me arrebató a la mujer a la que había amado.
—Por otro lado…— continúo diciendo el general Graham. –Perdona la indiscreción… pero ¿Cuántos años tienes?.
—Veinticinco— respondí.
—Perfecto, otro de los motivos por los que te he invitado aquí es porque creo que un hombre como tu, es el más idóneo para ocupar mi lugar.
—¿Ocupar su lugar? ¿De que me está hablando?— lo que el general acababa de decirme me dejó estupefacto. No estaba seguro de haber entendido a que se refería.
—Yo ya soy viejo y cualquier día podría morir. Necesito un sucesor, un hombre valiente que siga con mi trabajo en esta ciudad. Un autentico líder. Y tu eres ese hombre.
—No… yo no, seguro que hay gente más indicada para el puesto. Están el sargento Cooper y el capitán Weaber. Ambos no solo tienen mayor rango militar que yo, cosa que por otro lado ya no soy ni militar. Ellos o gente como ellos son los más indicados para el puesto. Yo solo soy… yo.
—Ni Weaber ni Cooper han pasado por lo mismo que tu. Puede que no tengas su rango, pero como líder si estas capacitado. Has podido mantener a tu grupo a salvo ahí fuera. Eso es algo a tener muy en cuenta. Cuando yo no esté, quiero que seas tu quien este al mando en esta ciudad. Incluso es muy posible que te ceda ese honor antes. Confió en ti.
—Nadie me seguiría. Llegué hace nada. No puedo optar a ese puesto— respondí. No entendía como era posible que aquel hombre pensara que yo estaba capacitado para ser el líder de esa ciudad. –Sobreviví ahí fuera más de un año con los míos, pero también perdí a muchísimos amigos ahí fuera, la mayoría de veces por mi culpa.
—Te seguirán. Ellos necesitan a un hombre valiente y no a un viejo. Te seguirán por que soy yo quien te esta cediendo ese puesto. Tú eres el más indicado para eso.
—Si que lo eres. Confía en ello y confía en ti.
En ese momento alguien llamó a la puerta y el general Graham dio permiso para que fuese quien fuese el que estaba al otro lado pudiera entrar. Cuando la puerta se abrió vi a un hombre mayor, de pelo canoso y delgado con ropa de etiqueta, sin duda era el mayordomo.
—Señor… el señor Kaleb esta aquí y la cena ya esta lista.
—Gracias Edward, puedes retirarte— dijo el general mientras trataba de levantarse, yo tuve que ponerme de pie para cogerlo de la mano para ayudarle a levantarse. –Muchas gracias joven— el viejo general me miró. –Por favor… piénsatelo bien. Se que tu eres el más adecuado para ello.
—Le prometo que me lo pensaré— dije finalmente, aunque seguía sin estar muy seguro de ello. No me veía en ese papel.
*****

Rose estaba en el salón de su casa leyendo un libro cuando escuchó la puerta de casa. Era Carlos quien acababa de llegar, llegaba mucho más tarde que de costumbre. Rose escuchó los pasos rápidos de este, pero este no apareció en el salón, se había parado en el baño y había cerrado la puerta, luego a Rose le llegó el sonido del agua después de que escuchara como habían abierto el grifo.
—Cariño… ¿Qué pasa? ¿Va todo bien?— preguntó Rose, pero Carlos no respondió. Eso hizo que Rose llevara su mano hasta el pomo y comenzara a abrir poco a poco. Cuando por fin la abrió tuvo que ahogar un grito.
Carlos estaba allí en el medio cubierto de sangre de pies a cabeza, estaba como loco. Era la primera vez que Rose veía así a su marido, este se estaba frotando las manos rápidamente debajo del agua de la ducha, estaba como en un estado de nervios.
—¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho? ¿De donde es toda esta sangre?— preguntaba Rose mientras se iba acercando, finalmente lo agarró de los brazos para que parara de frotarse las manos. –Dime que ha pasado.
—No ha pasado nada ¿Vale? No ha pasado nada.
—¿Y de donde sale toda esta sangre? ¿Has visto a algún infectado? Voy a avisar a los de seguridad y…— respondió Rose mientras se alejaba hacia la puerta. Eso hizo que Carlos reaccionara y saliera de debajo del grifo de la ducha como una flecha. Entonces agarró a Rose del brazo y comenzó a apretar con fuerza.
—No llames a nadie. Todo esta bien. No ha pasado nada.
—Me haces daño, suelta— suplicó Rose. Pero Carlos no dejaba de apretar, al contrario, cada vez lo hacía con más fuerza.
—Tú no tienes nada que ver con esto. ¿Entiendes? Tú en esto no pintas nada. Esto es solo cosa mía y de nadie más. Ahora déjame en paz, lárgate— dijo Carlos empujando a Rose fuera del cuarto de baño, lo hizo con tanta fuerza que Rose acabó chocando contra la pared.
Seguidamente Rose se tocó la barriga tras el golpe, temía que el golpe hiciera daño al bebé que estaba esperando, también sentía un gran dolor. Poco a poco caminó hacia el teléfono, tenía que hacer una llamada lo antes posible. Necesitaba hablar con alguien.
Rose cogió el teléfono y comenzó a marcar el numero de casa de Juanma y Eva, si alguien podía hacer entrar en razón a Carlos y calmarle, ese era su hermano mayor. El teléfono dio varios tonos, pero nadie respondió.
—¿Qué coño estas haciendo?— la voz de Carlos sonó a sus espaldas, cuando eso ocurrió, Rose se dio la vuelta y vio a Carlos totalmente desnudo. —¿A quien estas llamando?— entonces Carlos se inclinó sobre el teléfono y vio el numero que Rose había marcado. —¿Qué haces tu llamando a mi hermano?.
—Estaba llamando a Eva, necesitaba hablar con ella porque estoy…
Carlos no la dejó terminar de hablar y le quitó el teléfono de las manos, luego la agarró de las muñecas y la levantó de un tirón. —¿Por qué todo lo que me pasa tiene que ver con mi hermano? ¿Por qué? Yo soy mejor que el, soy mejor líder que el y desde que llegó me he quedado en segundo plano. Incluso mi mujer confía en el más que en mí.
—Carlos, has bebido… tienes que…
En ese momento Carlos la golpeo con el puño cerrado en la cabeza. Rose cayó al suelo y se quedó inmóvil. Eso hizo que Carlos se quedara quieto, recapacitando sobre lo que había hecho, enseguida se inclinó sobre ella para intentar reanimarla, pero su cabeza estaba inclinada hacia un lado, Carlos le tomó el pulso y entonces sintió como que se le paraba el corazón. Rose no respiraba, intento reanimarla varias veces sin éxito.
—Dios mío… ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?.
En ese momento Rose abrió los ojos, al ver eso, Carlos intentó sonreír, pero entonces Rose intentó morderle. Carlos se retiró un poco y Rose comenzó a arrastrarse hacia el, Rose era en esos momentos una No Muerta, sin pensárselo dos veces, Carlos se llevó la mano a la cintura y cogió su arma, apuntó y apretó el gatillo. Las balas entraron por la frente de esta y seguidamente se desplomó totalmente muerta.
Carlos tenía que hacer algo, nadie podía enterarse que había asesinado a su mujer, había sido un accidente, pero aun así había sido un crimen y no había sido el único aquella noche, eso le costaría estar en prisión o ser ejecutado. En esos momentos, aunque no era la  primera vez en su vida, se sentía entre la espada y la pared. Ahora le quedaba saber que hacer con el cadáver de su mujer y como explicar lo que había pasado.
*****

Ethan acabó su trabajo en el bar y salió a tirar la basura al callejón. Una vez allí vio unas siluetas en el suelo entre las bolsas de basura, incluso una de ellas parecía estar moviéndose, Ethan se acercó más y vio a uno de los chavales que habían entrado antes a jugar al billar, este tenía la vista clavada en el, por los ojos de este, Ethan supo que ese chico estaba ya muerto y lo que tenía delante era ni más ni menos que un caminante.
—Dios mío…
Ethan se fijo en que era el único de los chicos que se había reanimado debido a que su cabeza no había sido machacada con suficiente fuerza y el cerebro no se había visto afectado, entró corriendo al bar a por la recortada y cuando salió de nuevo al callejón, acabó con el joven No Muerto, después se los quedó mirando. La última vez que había visto con vida a esos chicos había sido cuando Carlos se había parado a discutir con ellos. Era obvio que había sido el.

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