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jueves, 3 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 8



112 de Ocean Avenue Amityville  Nueva York

David comenzó a divagar sobre lo que acababa de ver, de algo le sonaba ese nombre: “112 de Ocean Avenue Amityville” ¿Dónde había visto antes ese nombre? ¿Dónde lo había escuchado? De repente vino a su mente como un flash donde encontraba respuesta a las preguntas que se estaba haciendo. Se encontraban en la mansión donde muchos años antes el joven Ronald Defeo jr asesinó a toda su familia a sangre fría disparándoles con una escopeta. Un hecho del que se habló en varios programas de misterio y que se llevó varias veces al cine en forma de sagas de películas de terror. Se encontraban ni más ni menos que en la casa maldita donde un joven asesinó a toda su familia porque unas voces se lo ordenaban, la misma casa donde una familia que la compró no aguanto ni treinta días.
Para David, encontrarse en aquella casa para una prueba de novatos, se le antojaba una broma de lo más macabra, algo que solo se les podía ocurrir a los mandos militares que estaban por encima de ellos.
—¿De que va todo esto?— se preguntaba Sandra.
Uno de los chicos, con el cual no habían cruzado palabra comenzó a dar vueltas por la habitación. Entonces se quedó mirando a Ly. –Soy Butch y esto es la prueba para los novatos, aquí nos prueban a ver si valemos para el combate con los No Muertos. Tenía a un amigo que lo mandaron a esto… no regresó.
Eva se quedó mirando al chico, este tenía el pelo tintado de rubio platino, de piel blanca y delgado. Butch se acercó a la ventana y luego miró a David. –Esos cabrones no están ahí para ayudarnos en caso de que tengamos problemas, están ahí para evitar que nos escapemos.
—¿Y que se supone que tenemos que hacer?— preguntó David.
En ese momento Sandra se dio cuenta que tenía algo en los bolsillos. Rebuscó y encontró un mapa de lo que parecía que era de la mansión, seguidamente todos hicieron lo mismo, todos llevaban encima el mismo mapa. En el mapa estaba dibujada y detallada toda la mansión con sus múltiples estancias, en algunas habitaciones había unas marcas en forma de cerrojo.
—¿Qué significa esto?— preguntó Eva.
Una chica de pelo corto, tintado de rojo y de punta que también estaba allí fue la primera en responder. —¿No es obvio? Nos están marcando donde debemos encontrar las llaves que nos sacaran de aquí. Soy Johana…— la chica se presentó y luego señaló a un armario. –Las armas deben estar ahí.
Eva corrió hacia el armario y lo abrió, allí dentro encontraron ocho pistolas desert Eagle y dos cargadores por arma. Había un arma por cada uno de ellos. David avanzó hacia el armario y cogió una.
—Muy bien gente. Ya que vamos a trabajar juntos en esta prueba será mejor que nos conozcamos todos. Yo soy David y ellas dos son Eva y Sandra— dijo David presentando a sus dos compañeras.
—Yo soy Butch y ella es Johana. A veces tocamos algo de rock en el club por las noches, al menos lo hacíamos, ahora que estamos alistados no haremos mucho más— dijo el chico de pelo rubio platino.
—Yo soy Ly— dijo el joven asiático presentándose a los que aun no le conocían.
Después miraron a un chico y a una chica que todavía no habían abierto la boca y que permanecían en un rincón aterrorizados por la situación, ellos dos tenían rasgos idénticos, lo que hacía pensar a los demás que eran gemelos. Ambos rubios de ojos verdes, ninguno de los dos tendrían los veinte años, puede que ni siquiera tuviesen la mayoría de edad. Eva se acercó a ellos y enseguida el chico se puso delante de su hermana para protegerla, eso hizo que Eva diese dos pasos hacia atrás con las manos en alto, no quería que ninguno de los dos se sintiera amenazado. —¿Cómo os llamáis preguntó la joven?.
El chico se dio la vuelta cuando su hermana lo agarró del brazo y este se acercó para que ella le hablara al oído, luego este miró a Eva. Cuando el chico comenzó a hablar, Eva se dio cuenta que apenas hablaban su idioma, ni español ni ingles. Debían ser alemanes. –Yo soy Paul y ella es mi hermana Diana.
Eva estaba sorprendida de que dos chicos tan jóvenes se hubiesen alistado allí, ellos dos debían estar disfrutando de la vida a la que estaban optando en lugar de estar allí arriesgando la vida. En ese preciso instante una luz roja que había en la pared comenzaba a parpadear, solo Butch supo de que se trataba.
—Empieza el juego— dijo el rubio teñido.
Justo en ese momento un chasquido alertó a los ocho. La puerta de la habitación acababa de desbloquearse y daba el inicio de la prueba.
*****

Manhattan…

Gale comenzó a aterrizar en el hospital de Manhattan, allí llevaba un cargamento secreto para todos los demás, pero que el sabía muy bien que estaba transportando en el contenedor que oscilaba debajo del helicóptero. Cuando llegó a la pista de aterrizaje dejó ir primero el conteiner y luego aterrizó el, firmó los papeles de entrega y volvió a subirse al helicóptero, su siguiente parada era el Madison Square Garden, allí dejaría el helicóptero antes de irse a casa. Antes de despegar volvió a mirar el conteiner, el cual transportaba una carga que para el era letal. No entendía para que querían allí a los No Muertos, eso era algo que no era la primera vez que hacía. Luego por fin despegó.

Richard Levine estaba siendo sometido a una de esas ya habituales pruebas. Lo hacían tumbarse en una camilla y lo anestesiaban, después no sabía exactamente que hacían con el, solo sabía que después de esas largas siestas se sentía como si hubiesen estado hurgándole el cerebro y cada milímetro de su cuerpo, se sentía violado. Ese día se tumbó como habitualmente hacia, una vez tumbado vio entrar a los médicos, entre ellos vio a la doctora Sheila.
—Volvemos a vernos— dijo Levine.
—Relájate… súbete la manga— dijo Sheila preparando la jeringuilla.
En ese momento Levine se dio cuenta de una carpeta que uno de los médicos había dejado en una mesa detrás de Sheila, en ella podía ver unos papeles con un titulo y la marca del fénix, en el titulo se podía leer: “Proyecto Renacimiento”.
—¿Qué es eso?— preguntó Levine señalando con la cabeza a los papeles.
Cuando Sheila se dio la vuelta también reparó en ello. No sabía exactamente que era, pero suponía que era alto secreto, de lo contrario sabría a que demonios se refería aquello. –Es un proyecto secreto, ni siquiera yo he sido informada— en ese momento Sheila inyectó el contenido de la jeringuilla en las venas de Levine. El cual no tardó en quedarse dormido.
—Muy bien. Empecemos— dijo un medico de mediana edad que respondía al nombre de Stuart Matterson. Un hombre al que Sheila admiraba desde que había llegado a Manhattan y había comenzado a trabajar en el hospital.
Justo cuando iban a comenzar escucharon un grito en la terraza del hospital. Enseguida las luces se apagaron y saltó la alarma en la sala. Eso hizo que Sheila se alterara, algo había pasado más arriba, algo que podría ser desastroso.
—¿Qué ocurre doctor?— preguntó Sheila.
—Problemas con el cargamento de infectados— respondió Matterson rápidamente. Solo Sheila se sorprendió ante la respuesta, los demás médicos de la sala ni se inmutaron.
—¿Infectados? ¿Aquí?— Sheila no podía creerse lo que estaba escuchando. ¿Qué pretendían hacer con esos seres trayéndolos allí?.
*****
112 de Ocean Avenue, Amityville Nueva York…

Butch seguido de David y Johana fueron los primeros en salir al pasillo seguidos por Ly, el cual iba cubriendo a los demás, especialmente a los dos adolescentes alemanes. Diana estaba temblando de pies a cabeza, sabía perfectamente lo que se les venía encima. A cada paso que daban por el pasillo el hedor era más fuerte. Iban a doblar una esquina cuando un No Muerto salió de un salto y casi se abalanzó sobre Butch, pero este logró inmovilizarlo estampándolo contra la pared mientras el infectado hacía movimientos rápidos y lanzaba gritos, el infectado presentaba un aspecto casi perfecto y el tipo de ropa que llevaba era prácticamente el de un preso, incluso llevaba un numero en la etiqueta.
—Ayudadme— pidió Butch mirando a David y Johana.
Ambos se lanzaron sobre el No Muerto y le dieron la vuelta, estampándolo finalmente contra la pared mientras el No Muerto trataba de morderles.
—Machácale la cabeza— dijo Johana en ese momento mirando a Butch.
Butch cogió el arma que llevaba por el cañón y luego le asestó un fuerte golpe al infectado en la cabeza, segundos después este se desplomó como un saco de patatas en el suelo.
—Ya esta… tranquilos— dijo David dándose la vuelta para mirar a los demás.
En ese momento escucharon más pasos a la carrera y vieron a otro infectado que venía corriendo por el pasillo por donde había llegado seguramente el primero, detrás vinieron más.
—¡¡¡Corred!!!— gritó Butch mientras abría fuego y derribaba al primero haciendo tropezar al segundo.
David pasó corriendo junto a Diana y rápidamente la agarró para correr, mientras huían escuchando los disparos de Butch, comenzaba a imaginarse el porque esos infectados eran rápidos y el porque iban vestidos así. Seguramente eran los reos del barco prisión. Así que para eso los utilizaban… para David, fuesen culpables de lo que fuesen, hacerles eso era un acto terrible, eso le hacía tener dudas de si donde estaban viviendo era un buen lugar, pero en esos momentos tenía que pensar solo en correr. Miró varias veces atrás y vio como Butch iba retrocediendo mientras disparaba a los No Muertos que iban llegando. La puntería del chico era envidiable.
Llegaron a unas escaleras y comenzaron a subirlas, cuando llegaron a lo que era el desván, Johana comenzó a dar golpes para abrir la trampilla, pero esta no se movía ni un ápice. Butch llegó al pie de las escaleras sudando a mares.
—¿Se abre?
—No— respondió David al tiempo que veía aparecer a otro de los reos infectados. David abrió fuego y la cabeza del infectado estalló. –Vuela el cerrojo— dijo David dándose la vuelta para mirar a Johana.
Johana se acercó a la puerta y disparó, el cerrojo saltó por los aires y la puerta quedó abierta. Rápidamente todos comenzaron a entrar y entre Butch y David bloquearon fuertemente la puerta. Por el momento parecía que habían logrado despistar a los No Muertos, pero volvían a estar encerrados y no tenían ni idea el tiempo que podrían estar allí. Podría ser que los dejaran allí días o quizás no los dejarían salir hasta que no consiguiesen las llaves que había marcadas en el mapa. En ese momento escucharon que llegaba un helicóptero.

El general Graham llegó al 112 de Ocean avenue montado en helicóptero. Hacía tiempo que habían recuperado esa parte de la ciudad, pero aun quedaba mucho para poder tenerla totalmente asegurada, de vez en cuando aparecia un caminante solitario. También los perros salvajes eran un problema, pero el 112 de Ocean Avenue era por el momento una zona segura, lugar que utilizaban para las prácticas. Por otro lado, en esas fechas, donde el frio afectaba al organismo de los No Muertos, la tranquilidad era mayor y las misiones eran más seguidas.
Cuando Graham se bajó del helicóptero fue rápidamente recibido por varios soldados, uno de ellos le entregó una chaqueta para que se la pusiese para protegerse del frio.
—Gracias Burt. Se nota que las nevadas están cerca. Cuando eso ocurra, las salidas deberían ser más frecuentes… ¿Cómo les va a nuestros chicos?.
—Llevan ahí un buen rato y todo marcha según lo previsto, les quedan dos horas de estar ahí sobreviviendo. Cuando pasen se les sacará— respondió Burt mientras caminaba al lado del viejo general.
—¿Han conseguido alguna de las llaves?— preguntó Graham.
—No que sepamos— respondió Burt entrando en una tienda de lona donde había monitores, los cuales mostraban estancias de la casa.
—No, nadie ha entrado en las habitaciones— respondió uno de los soldados.
—Bueno, las llaves están ahí para incitarles a ir a buscarlas, es una manera de forzar el enfrentamiento con los infectados. Casi nunca consiguen más de dos. Ahí dentro lo que cuenta es el ingenio para sobrevivir en un lugar cerrado, con No Muertos rápidos. Es lo más extremo… las llaves son lo de menos. Espero que no hayamos perdido a ninguno de ellos.
—No mi general, los ocho viven, se encuentran aquí. En el desván— dijo uno de los soldados señalando un monitor donde se podía ver a los ocho novatos. Al general Graham le llamó poderosamente la atención una adolescente rubia, la cual permanecía en un rincón mientras un chico de rasgos similares la abrazaba y otra chica joven y rubia trataba de tranquilizarla, justo en ese momento la chica rubia se percató de la cámara y se la quedó mirando con una mirada que indicaba el desafío.
—Me encanta la mirada de esa rubia— dijo uno de los soldados al tiempo que le daba un trago a su café. —¿No es una del grupo que vino de España?.
—Si, lo es— respondió Burt mientras ojeaba las fichas de los participantes de la prueba. –Si, aquí esta… su nombre es Eva… y si, es del grupo de España.

Eva se había percatado de las cámaras mientras trataba de tranquilizar a Diana. Al mirarla no pudo evitar pensar que los habían metido en una especie de Reality Show al más puro estilo “Gran Hermano” en el que tenían que luchar por sus vidas, también le vino a la mente la posibilidad de que en la ciudad los estuviesen viendo y que con su reality hubiesen inaugurado un nuevo canal.
—Nos están vigilando— dijo Eva.
Cuando Butch y David la escucharon se acercaron, Eva les señaló la cámara que permanecía fija en ellos, Paul también se dio cuenta de que la cámara estaba allí y casi entra en cólera al ver que estaban siendo observados. Entonces levantó un dedo.
—Espero que os estéis divirtiendo hijos de la grandísima puta.
Johana también se acercó y al ver la cámara se dio la vuelta y directamente se bajó los pantalones mostrando su trasero a la cámara, luego se dio la vuelta y escupió al objetivo de la cámara. Segundos después el grupo de novatos se reunió en corro y comenzaron a planificar el como salir de allí, lo que estaba claro era que tenían que salir todos de allí, absolutamente todos.
*****
Manhattan…
Madison Square Garden…

El día de entrenamiento había terminado, el mayor avance había sido que había conocido a grandes compañeros en los que podría confiar. Ellos eran Juan y Mike, por otro lado la ballesta se me seguía resistiéndoseme. Tras el entrenamiento nos encontrábamos en las duchas y la sauna donde nos estábamos relajando. Mike y Juan estaban bebiendo whisky mientras celebraban que el día de entrenamiento había terminado. Entonces Mike llenó un vaso y me lo ofreció.
—Tómatelo a mi salud.
—No suelo beber alcohol— respondí.
—Una copita no te va a matar— dijo Mike sentándose a mi lado.
—Ya, pero no me gusta— respondí sonriendo.
—Bueno, tú te lo pierdes. Más para mí— dijo Mike.
En ese momento apareció mi hermano junto a un tipo que ya había visto antes, era el mismo que había conocido en la isla, creía recordar que se llamaba Gale. Era piloto.
—Pues si, así están los novatos, espero que sean lo bastante buenos como para sobrevivir allí— decía entre risas, entonces entendí que por novatos se refería a David, Eva y Sandra, pero no entendía a que se refería con lo de sobrevivir, rápidamente me acerqué a el.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre con los novatos?— pregunté.
Entonces Gale me miró al mismo tiempo que lo hacía mi hermano. Aunque la expresión de mi hermano se había tornado seria, al contrario que la de Gale, este se limitaba a sonreír.
—Alégrate de no ser un novato. Ellos estarán teniendo una sorpresita que no es muy agradable.
—¿De que cojones estas hablando?— pregunté mirando a Gale.
—Joder, los meten en una casa llena de infectados rápidos, es ahí donde les hacen una prueba de supervivencia. Casi siempre lo superan, son muy pocas veces las que muere un novato. Yuriko la superó no hace mucho, no es tan mosquita muerta como parece— dijo Gale.
Al decirme eso de me heló la sangre, entonces miré a mi hermano. —¿Y tu lo sabias?.
—Si, pero…— replicó mi hermano, pero yo no lo dejé terminar, le asesté un fuerte puñetazo y salí corriendo por la puerta. Tenía que enterarme donde estaban y como llegar hasta ellos para sacarlos de esa situación. Tenía que hablar con Yuriko para que me pudiera explicar que estaba pasando.
Llegué hasta el vestuario de las chicas y abrí rápidamente la puerta metiéndome en el interior, donde estaban casi todas semi desnudas, Luci rápidamente se tapó.
—¿Qué coño haces tu aquí? Sal de aquí si no quieres que te saque los ojos— Sin embargo ignoré a Luci y me dirigí a Yuriko, esta se me quedó mirando.
—¿Qué pasa?.
—¿Tu sabes donde les hacen la prueba a los novatos? Se que la superaste.
—Si, en el  112 de Ocean Avenue de Amityville— respondió Yuriko. —¿Por qué?.
—¿Dónde queda eso? ¿Cómo llego?— pregunté, tenía los nervios a flor de piel.
—Desde aquí solo se puede llegar con helicóptero.
Cuando Yuriko me dijo lo del helicóptero miré rápidamente a Vanesa. –Tienes que llevarme rápido hasta un helicóptero— miré entonces a Yuriko. –A ti también te necesito para que me guíes hasta allí.
—Eso nos podría costar la vida— dijo Yuriko, por la expresión que acababa de poner sabía que hablaba en serio y que lo que estaba proponiendo implicaba que robáramos un helicóptero.
—No os preocupéis. Pase lo que pase, yo seré el único responsable— respondí.
—¿Cómo pretendes hacer eso?— preguntó Vanesa.
—Confía en mí— entonces saqué una pistola y apunté a Yuriko a la cara. –Andando.
Jill que también estaba allí y se me quedó mirando, estaba estupefacta, yo no le dije nada, me limité a llevarme el dedo a los labios y a hacerle el sonido para que se callara. –Tú no has visto nada ni has oído nada—  luego volví a mirar a Yuriko y a Vanesa. –No perdamos más tiempo. Nos vamos.
—Os acompaño— dijo Luci poniéndose la camiseta de tirantes negra.
—No— dije mientras me daba la vuelta rápidamente. –No… con que me la cargue yo solito es suficiente. Si vamos los dos no colara que las llevo de rehenes.
Rápidamente Yuriko, Vanesa y yo salimos de los vestuarios y le dije a Yuriko que nos llevara hasta donde estaban los helicópteros, esta obedeció sin rechistar y nos llevó hasta el lugar que habían adaptado como hangar. Allí solo había un único helicóptero y este estaba siendo vigilado por dos soldados, incluso había un tipo limpiándolo. Poco a poco avanzamos y nada más llegar encañoné de nuevo a Yuriko, cogiendo por sorpresa a los presentes, los dos soldados no tardaron en apuntarme, entonces cogí a Yuriko como escudo.
—Suelta a la chica— dijo uno de ellos, pero yo hice caso omiso. Me limité a decirle a Vanesa que subiera al aparato. –Si me disparáis la chica morirá— dije esperando que no lo hicieran. –Solo me llevo prestado el helicóptero. Os lo devolveré entero.
—Y una mierda— respondió otro de los militares.
Poco a poco fui subiendo al helicóptero y Vanesa lo puso en marcha. Mientras despegábamos vi la impotencia de los soldados. Estos temblaban de pies a cabeza, seguramente por el miedo de haber fallado en su trabajo.
Con el helicóptero ya en el aire dejé ir a Yuriko y me disculpé. –Lo siento… tenía que hacerlo si quería que todo saliera bien. No quiero que mis actos os salpiquen, si piensan que os he llevado obligadas no os pasará nada.
—Te entiendo perfectamente, pero te vas a meter en un buen lio, podrías acabar en prisión o peor… podrían ejecutarte en público— respondió Yuriko.
—Rápido Vanesa. Llévame hasta esa puta mansión.
*****

Sheila fue llevada hasta un lugar seguro junto a un inconsciente Richard Levine, se encontraban en una especie de sala insonorizada donde a través de los cristales de la puerta podía verse el pasillo. Este estaba volviendo poco a poco, se estaba recuperando de la anestesia. Cada dos por tres escuchaban disparos y gritos en las plantas superiores y los pasillos. Fue entonces cuando Levine volvió en si y se quedó mirando a todos lados, aun estaba atontado, pero estaba lo bastante despierto como para ver el miedo en los ojos de Sheila.
—¿Qué ocurre doctora?— pero Sheila no respondió. —¿Dónde estamos?.
—Estamos en una sala insonorizada— respondió Sheila. –Creo que hay infectados en el edificio.
Levine se levantó poco a poco y miró a Sheila. —¿Tiene algún arma?
—Si…— respondió Sheila con nerviosismo.
—Pues no se separe de ella en ningún momento— dijo Levine levantándose del todo.
Justo en ese momento vieron la cara de un No Muerto a través del cristal, nada más verlo Sheila gritó y el infectado comenzó a dar golpes contra la puerta, arremetía con tanta fuerza que no tardaría en atravesarla. Rápidamente Levine se acercó a la puerta y se giró hacia Sheila. –Escóndete en un lugar seguro y ten el arma siempre preparada. Voy a darle a esto una solución.
Levine abrió en ese momento la puerta y cuando el infectado iba a entrar a por Sheila, Levine lo inmovilizó fácilmente, lo agarró del brazo y comenzó a tirar de el por el largo pasillo del hospital mientras Sheila observaba con estupefacción lo que estaba ocurriendo. Lo de que ese hombre era invisible para los infectados ya no eran solo palabras o rumores, era real y estaba viendo como ocurría con sus propios ojos.

Rachel y su equipo entraron en el hospital armados. Acababan de recibir la llamada de que habían tenido un problema con infectados. Ella y los suyos siempre entraban en acción cuando algo de eso ocurría, pero desde hacía tiempo no intervenían en algo parecido. Rachel nunca había tenido miedo en una situación así, siempre había estado tranquila, pero en esos momentos había alguien que le importaba metido allí dentro, temía que a esa persona le ocurriese algo.
—Hagámoslo rápido y fácil chicos. Disparad contra todo aquello que no este vivo.
Los pasillos estaban a oscuras y de vez en cuando escuchaban gritos y disparos, era evidente que había habido bajas médicas. Fuera los demás soldados habían montado un cordón de seguridad rodeando el hospital. Pero allí dentro era muy diferente. De repente Rachel vio una silueta en el pasillo, esta estaba parada y tanto ella como sus compañeros levantaron las armas con intención de disparar, lo habrían hecho de no ser porque la silueta alzó los brazos y comenzó a hablar mientras caminaba para quedar a la vista y a la luz de las linternas, Rachel no tardó en darse cuenta de quien se trataba, era Richard Levine.
—Habeis tardado, pero ya no os preocupéis. Acabo de solucionarlo todo, la mayoría de los médicos están bien, aunque dos de ellos no lo han conseguido.
En ese momento una segunda figura apareció por allí y entonces la cara de Rachel se iluminó, era Sheila y estaba viva. Rápidamente corrió a abrazarla.
—¿Estas bien?— preguntó Rachel.
—Si, ha sido increíble. Lo que dicen de el es cierto. Lo he visto con mis propios ojos— explicó Sheila. –Cogió al infectado y se lo llevó como si fuera un cachorro.
—Gracias por las alabanzas, pero dejé a esas cosas en un lugar encerradas. Había ocho en total. ¿Dónde queréis que los deje?.
Entonces apareció Matterson, al que Sheila no veía desde hacía un rato. –Van al sótano.
Sheila había escuchado rumores de los sótanos del hospital, algunos decían que allí estaba el llamado museo de los horrores, allí donde experimentaban con los No Muertos. Los pilares sobre los que se desarrollaba el proyecto renacer. Sheila estaba descubriendo en esos momentos muchos secretos y su curiosidad iba en aumento. ¿Qué habría realmente allí abajo? En ese momento se juró a si misma que lo iba a investigar, aunque fuera por si misma.
*****
112 Ocean Avenue Amityville Nueva York…

Sandra ya estaba preparada para salir siguiendo el plan que Butch, Johana, David y Eva habían ideado. Esos dos roqueros o lo que fueran  la habían sorprendido, no encajaban con el perfil que ella esperaba, eran muy valientes y casi que eran unos temerarios, querían avanzar hasta la puerta principal y salir, disparando contra todo lo que se pusiera por delante. Lo que más le preocupaba era la chica Alemana, estaba derrumbándose poco a poco, ella no estaba preparada para tanta tensión, su hermano estaba totalmente volcado en su protección y cuidados. Era evidente que la chica no estaba muy bien, incluso Sandra juraría que podría tener alguna especie de retraso, eso le hacía pensar por que demonios estaba esa chica allí, se suponía que el tener una discapacidad no la hacía apta para estar allí.
—Sandra, ya estamos listos— dijo Eva acercándose a su compañera. –Quiero que te quedes al lado de ella en todo momento— en esos momentos se refería a Diana.
—Cuenta con ello, no dejaré que le pase nada a esa chiquilla— respondió Sandra mientras veía como Paul se levantaba y ayudaba a la joven a levantarse.
—Tenéis que ayudarme con mi hermana, se que os habéis dado cuenta de que no esta bien. Padece síndrome de Asperger, esta aquí por que no se quería separar de mi y porque es muy inteligente en realidad, por eso la alistaron, pero no tenía ni idea de que nos fuesen a meter aquí, esperaba que la dejaran ocupándose del puerto.
—Bueno, yo también iba para ese trabajo y aquí estoy. Creo que es una prueba para todos los novatos que vayan a manejar un arma. En fin, es una putada… no os preocupéis ¿Vale? Me ocuparé personalmente que a tu hermana no le pase nada.— entonces Sandra vio una pequeña sonrisa en la cara de la joven alemana, era la primera vez que la veía tan bien y le pareció increíblemente guapa.
—Muy bien gente. Hora de ponernos en marcha— dijo Butch acercándose a la puerta. El plan no podía fallar, haría lo que fuera para salir con vida de allí, demostraría que era el más apto, quizás con esa demostración de valía le dieran un pelotón a el solo para salir a hacer misiones, ese era su objetivo desde que había entrado a formar parte de los militares.
—¿Listo?— preguntó Johana mirando a David. –Será mejor que te cuides una vez ahí fuera, si murieras sería una pena.
—Listo… tu también… cuídate— contestó David.
En ese momento, sin esperar más, Butch abrió la puerta y el grupo se lanzó hacia los pasillos de la mansión maldita otra vez.

—Tenemos movimiento— dijo uno de los soldados que observaba a los novatos a través de las cámaras. –Tenemos al punky y al de España encabezando al grupo, luego tenemos a la tía esa roquera cubriéndoles la espalda. Por otro lado me preocupa la autista, no se yo si saldrá de esta entera. Miradla, parece que vaya a morir en cualquier momento.
—La metimos ahí por que no se quería separar de su hermanito. Alucinarías si vieras la puntuación que sacó en los test de inteligencia cuando llegó— dijo otro militar.
El general Graham estaba tomándose un café mientras observaba lo que ocurría en las pantallas. Tenía especialmente interés en la chica rubia, la pareja del chico que lo había salvado el día que trataron de matarle, suponía que ella también sería un hueso duro de roer, al fin y al cabo había estado sobreviviendo durante más de un año en medio de miles de aquellos seres. El general iba a decir algo cuando un joven militar apareció allí, este iba alterado.
—¿Qué ocurre Sean?.
—Acaban de informar que nos han robado un helicóptero— respondió Sean.
—¡¡¡Mierda!!! Seguro que han sido los de la guerrilla, putas ratas.— dijo un militar con un negro y poblado bigote. –Siempre dando por culo.
—No os preocupéis. Lo importante es lo que estamos viendo. Es de aquí de donde salen las promesas, con ellos no habrá nadie que pueda con nosotros. Sea quien sea quien nos ataque. Nosotros debemos ser la única potencia mundial, que nuestros enemigos sepan que no somos unos cualquiera y que estaremos preparados para lo que sea. Al fin y al cabo somos el fénix. Los que resurgen de sus cenizas.
Ninguno de los presentes dijo nada, pero todos sabían que Graham decía eso por el miedo atroz que le tenía a Dorian. Muchos creían que este había muerto, pero eran más los que creían que vivía, escondido en algún lado esperando su momento. Otros lo relacionaban directamente con los actos de la guerrilla, aunque nadie se la jugaba.
Todos volvieron a fijar su atención en los monitores justo en el momento que habían comenzado los disparos, ahí se estaba desarrollando una escena tremenda, el grupo se había visto sorprendido por la aparición repentina de infectados.
—Creo que esta vez nos pasamos un poco. Hemos metido demasiados caminantes— dijo uno de los militares con una sonrisa.

Los No Muertos habían aparecido de repente cuando el grupo encabezado por Butch y David habían llegado a un salón con la intención de salir por las ventanas, mientras Sandra cubría a Diana y Paul. David y Butch abrían fuego a bocajarro contra los infectados que los rodeaban, en pocos minutos había unos nueve cadáveres a su alrededor. Habían disparado tantas veces que la munición había comenzado a escasear en todas las armas. Precisamente en ese momento escucharon un fuerte ruido que parecía venir del piso de abajo, después comenzaron a escuchar multitud de pies a la carrera que avanzaban por el pasillo hacia ellos.
David se asomó por la puerta del salón después de que Butch encontrase una de las llaves, lo que vio lo dejó aterrorizado, una multitud enorme de infectados corría hacia ellos y apenas les quedaba munición para acabar con todos, iban a morir.

Estábamos llegando, desde el helicóptero veía las calles vacías que había bajo nosotros. No podía creerme el lugar al que íbamos, íbamos a la casa de la que tanta información había buscado en el pasado, la casa escenario de uno de los crímenes más atroces que podía llevar a cabo el ser humano, la mansión de Amityville.
—Estamos llegando— dijo Vanesa señalando uno de los tejados que había cerca de un embarcadero.  Yo vi entonces el lugar, la mansión era más grande de lo que me esperaba.
—La zona esta muy vigilada, espero que tengas una historia convincente o te mataran— dijo Yuriko mirándome.
—Lo importante es sacar a los demás de ahí. Ya pensaré después en mí.
Lo cierto era que no sabía muy bien como llevar a cabo mi plan, mientras me preparaba el arma que antes de salir había cogido pensaba en el puñetazo que le había pegado a mi hermano y en el hecho de que este no me hubiese dicho nada de lo que les esperaba a los novatos, sobre todo pensaba en Eva. Ella estaba allí dentro y yo temía por su vida. No quería perderla a ella, en mis manos estaba el ayudarla a ella y a los demás, sin importarme las consecuencias que lo que iba a hacer podían traerme. En esos momentos me fijé en que allí había militares, los cuales se habían quedado mirando el helicóptero. Allí también estaba el general Graham, observando atónito la llegada imprevista del helicóptero, el mismo aparato que acababa de robar.

1 comentario:

  1. hola que tal solo queria preguntarte si pudieras seguir mi blog tambien es de zombies se llama undead por siacaso este es mi link http://undeadmihistoriadezombies.blogspot.com/ a haber si tambien si emocionas a tus miembros a leer mi blog si!!!
    gracias si lo hiciste y si no ya que

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