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jueves, 31 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 12



Manhattan…

Cuando Eva salió al salón de su casa enseguida notó la corriente de aire frio que entraba por la ventana. Ver esta abierta era la señal clara que alguien que no debería estar ahí había entrado en su casa, pero en el salón no había nadie. Estuvo apunto de comenzar a gritar, pero aunque lo hiciera la ayuda tardaría en llegar, tampoco quería despertar a la pequeña. Entonces miró al suelo y casi se le paró el corazón, en el suelo había huellas recientes de una bota que podría ser de un cuarenta y ocho, enseguida vio más huellas, estas iban por el pasillo en dirección a la habitación de Vicky. Sin perder más tiempo corrió por el pasillo hasta la habitación de Vicky y entró de golpe apuntando con la pistola, pero una vez estaba abierta no vio a nadie junto a la cama de Vicky.
De repente a su derecha sintió un fuerte golpe que la lanzó contra la pared al otro lado de la habitación al mismo tiempo que el arma se le disparaba. El golpe fue tan fuerte que estuvo apunto de perder el sentido, solo los recientes gritos de Vicky que acababa de despertarse la hicieron permanecer en pie y girarse hacia su agresor, del que solo vio una figura oscura que se abalanzaba nuevamente sobre ella. Eva intento disparar, pero aquella mole fue más rápido que ella y de un manotazo le quitó el arma de las manos, luego agarró a Eva por el cuello y la lanzó al pasillo. Aquel tipo fuese quien fuese era muy fuerte, Eva trato de alejarse a rastras con la única intención de que aquel tipo se alejara de Vicky, era obvio que la quería a ella. No tardó en verlo salir al pasillo detrás de ella, este la agarró de la pierna y comenzó a tirar, Eva solo podía defenderse dando patadas que no parecían hacer el efecto deseado. Seguidamente aquel tipo tuvo a Eva debajo de el y este se puso sobre ella cerrando sus manos alrededor de su cuello intentando estrangularla.
La vista de Eva se nublaba al tiempo que se quedaba sin aire, aquel tipo la estaba matando, fue en ese momento cuando se escuchó un disparo y las manos de aquel tipo perdieron fuerza soltando a Eva en el acto. Por fin pudo abrir los ojos y recuperar aire al tiempo de ver como aquel tipo huía agarrándose el hombro herido mientras dejaba manchas de sangre por el pasillo, pero rápidamente la atención de Eva cambio hacia Vicky, el retroceso del arma la había lanzado contra el marco de la puerta y la pequeña yacía en el suelo hecha un ovillo llorando y con las manos detrás de la cabeza. Rápidamente Eva cogió la pistola y salió hacia el salón en persecución del hombre que había intentado matarla, cuando salió al salón se encontró con que aquel tipo enorme que vestía totalmente de negro y llevaba un pasamontañas trataba de huir por la escalera de incendios. Eva volvió a abrir fuego acertándole en una pierna, aquel tipo atravesó el cristal y comenzó a caer por las escaleras. Eva no podía permitir que escapara, justo iba a salir detrás de el cuando la puerta de su casa se abrió de golpe y David entró de repente totalmente alterado.
—¿Qué pasa?— preguntó David.
—Un cabrón ha intentado matarme— respondió Eva al tiempo que veía como Alicia entraba por la puerta y centraba toda su atención en Vicky que seguía llorando en el suelo. Seguidamente Eva y David salieron a la escalera de incendios, pero allí no había nadie.
—¿Dónde esta? ¿Dónde ha ido?— preguntó David mirando a su alrededor.
—No lo se, pero ya no creo que vuelva, ahora tengo que ver como esta mi hija. Las fuerzas de seguridad ya deben estar al tanto y no tardaran en llegar— dijo Eva volviendo hacia su vivienda.
Cuando Eva y David volvieron a entrar en la casa se encontraron a Vicky en los brazos de Alicia. Esta ya estaba más calmada y Eva se acercó para ver que tal estaba. Lo cierto es que si no hubiese sido por la pequeña, en esos momentos ella estaría muerta. Aquella niña había demostrado ser muy valiente. Cuando Eva comenzó a acariciarle el pelo, Vicky la miró y luego soltó el cuello de Alicia para abrazar a Eva, entonces la pequeña nuevamente comenzó a llorar.
—Tranquila cariño, tranquila. Todo está bien y tú has sido muy valiente.
Justamente en esos momentos entraron por la puerta un par de militares con las manos en alto, el más joven de ellos vio el destrozo y comenzó a hacer preguntas. Fue David quien les explicó todo lo que había visto y Eva terminó de contar su versión de los hechos, la única versión que había. Los militares tomaron nota y también recogieron las muestras de sangre que había en el suelo para analizarlas y dar con el culpable.
—¿Eso servirá para algo?— preguntó David.
—Si, tenemos sangre de todos y cada uno de los habitantes de la ciudad. Nos será fácil dar con el sujeto. En dos días como mucho ya sabremos quien es— respondió el soldado. –Por lo pronto pueden estar tranquilos. Si va herido dudo que vuelva a intentarlo.
Cuando los militares se fueron, David, Alicia, Eva y Vicky se quedaron en el salón, enseguida David sugirió que pasaran la noche en su casa. No era bueno que se quedaran allí con la ventana rota pasando frio. Dicho y hecho hicieron lo que David sugirió y se fueron a su casa, cuando iban a entrar se cruzaron con la doctora Sheila.
—Buenas noches— dijo la doctora.
—Buenas noches— respondió Eva antes de desaparecer por la puerta del apartamento.

Sheila entró en su apartamento y volvió a sonreír. El beso que le había dado Rachel la había dejado trastocada y no podía dejar de pensar en ello. Lo cierto era que desde que la conoció se había sentido atraída por ella, nunca supo si debía decirle algo, pero finalmente había sido Rachel quien había dado aquel paso y eso la hacía muy feliz, era la primera vez que se sentía completamente feliz. Había sobrevivido al Apocalipsis y había llegado a aquella ciudad, pero aun así no era feliz del todo, pero ahora, tras el beso de Rachel se sentía amada y también sentía que a partir de ese momento, pasase lo que pasase, las cosas iban a ser diferentes.

Gale se paró en un callejón lejos del apartamento del hermano de Carlos  y se quitó el pasamontañas mientras hacía una mueca de dolor. La maldita cría y aquella zorra entrometida le habían jodido bien, ni más ni menos que le habían disparado dos veces.
Las cosas no debían haber salido así, el tenía que haber logrado acabar con ella. Había tomado esa decisión después de verla salir del apartamento de Carlos. La había seguido hasta su apartamento y había esperado el momento oportuno, pero no había tenido suerte. Ahora su tiempo se acababa y tenía que hacer algo, tenía por seguro que los militares ya habían tomado muestras de sangre, las que iban a analizar y a comparar hasta que dieran con el. En dos días, tres como mucho, estaría en búsqueda y captura. Habría carteles con su cara por toda la ciudad, podía hacer varias cosas, podía esconderse o huir, tratar de dar el cambiazo con lo de su sangre o simplemente dejarse coger, por su crimen solo se pasaría toda su vida en prisión… pero eso para el no era factible. De todos modos, pasase lo que pasase, primero debía deshacerse de las pruebas que inculpaban a Carlos directamente por asesinato. Gale sabía que si se lo montaba bien podría impedir que culparan a Carlos. Era cierto que había cometido un crimen, pero había sido un accidente y este merecía al menos la oportunidad de redimirse.
Gale decidió ir a casa y cambiarse de ropa, también tenía que curarse las heridas, luego haría lo que fuese para ayudar a su amigo.
*****

Washington DC…
Nos habíamos refugiado en una gran biblioteca, fuera se había desatado una tormenta de nieve tremenda. En el interior de la biblioteca habíamos tenido que montar una pila de libros a los que les prendimos fuego para no congelarnos. Entre los libros a los que habíamos prendido fuego había autenticas obras maestras que en una situación normal nos habría costado una buena denuncia o incluso la cárcel.
Poco a poco me fue entrando sueño y me senté en el suelo apoyado en una de las estanterías, a mi lado estaba Yuriko, la cual seguía temblando. Esta vez suponía que era por el frio.
—Me da vergüenza estar así en medio de una misión… me hace parecer débil— decía Yuriko mientras tiritaba.
—No eres débil. Todos tenemos frio— respondí con una sonrisa. Entonces vi que Yuriko no me miraba a mí, esta tenía la mirada clavada en una silueta que miraba por la ventana al exterior. Miraba la tormenta de nieve.
—Se está manteniendo fuerte para no fracasar en la misión.— explicó Yuriko mirándome. –Se lo que es perder familia, son seres amados, pero perder al amor de tu vida… debe ser muy duro. Conozco a Rose desde que ella y tu hermano se conocieron. Se lo mucho que se querían y me imagino lo mal que lo estará pasando.
—Le entiendo perfectamente. Yo también perdí a alguien muy importante para mí. La asesinaron delante de mis propios ojos— respondí nuevamente pensando en Lidia.
—No lo sabía— respondió Yuriko.
—Yo estuve presente— dijo Vanesa mientras tiritaba al lado de Yuriko. –Nunca tuve la oportunidad de conocerla, pero se que era una gran chica.

Carlos miraba por la ventana hacia la calle, las calles de Washington eran fantasmagóricas, pero con la nieve, estas adquirían un aspecto más macabro. Era como ver otro mundo al otro lado de los cristales. Al menos no había No Muertos a la vista, Carlos se los podía imaginar sepultados por la nieve y totalmente congelados. Sin embargo Carlos tenía otras preocupaciones, por un lado, Rose no se le iba de la cabeza y muchas veces le parecía verla en cada esquina levantando un dedo señalándole de forma acusadora, eso le estaba pasando una enorme factura emocional y temía venirse abajo. Por otro lado estaba todo ese asunto del equipo masacrado, los medicamentos calcinados y la perdida del helicóptero, demasiadas cosas en tan poco tiempo.
De vez en cuando, Carlos miraba a Jill para ver si esta había logrado establecer contacto con Cooper y los demás que había en el barco, pero no había tenido suerte, la tormenta complicaba mucho las cosas, miró a los demás y vio sus caras congestionadas por el frio, esperaba poder pasar la noche sin demasiados problemas, al día siguiente tratarían de regresar al barco por sus propios medios.

Día 2 de Noviembre de 2009
Día 508 del Apocalipsis…
Washington DC…

Con la llegada del amanecer nos despertamos, fuera todavía nevaba, pero la tormenta había pasado por completo. Fue justo cuando Jill logró ponerse en contacto con Cooper y le había explicado la situación. Cooper le había dicho que tardarían en mandar otro helicóptero y que mientras esperaban la llegada de este, nosotros investigáramos las causas de lo ocurrido con el anterior equipo. Lo cierto era que yo también estaba deseando saber que demonios había pasado con nuestros compañeros y quien o quienes los había masacrado.
Nos estábamos preparando para salir cuando aparecieron Luci y Manuel cargados con un montón de mantas que al verlas más de cerca vi que no eran mantas, si no chaquetas de piel, especiales para el frio. Las íbamos a necesitar, ya que la temperatura había bajado muchísimo.
—¿De donde las habéis sacado?— preguntó Roice.
—Del otro lado de la calle. Hay una tienda, salir ahí fuera sin esto es una locura. No os imagináis el frio que hace ahí fuera— explicó Manuel.
—Hace un frio que pela— añadió Luci
—¿No hay ninguna de mi talla?— preguntó Mike mientras observaba los conjuntos.
—No… no existe la talla xxOso— respondió Marlon con una sonrisa mientras se ponía su chaqueta. –Para ir bien pertrechado deberías ponerte dos por lo menos.
—Muy gracioso— respondió Mike. –Creo que voy a tener que hacer un apaño con esto.
Cuando terminé de ponerme la mía y prepararme bien, cogí un conjunto y se lo acerqué a mi hermano para que se lo pusiera. Este seguía mirando hacia la calle desde la ventana, tenía la sensación de que no se había movido de ahí en toda la noche. Lo cual me preocupaba bastante, seguramente su mente estaba en otra parte. No creía que en ese estado y tras la muerte de Rose, el tuviese que estar allí.
—¿Cómo estas?— le pregunté mientras le pasaba su conjunto.
—Estoy bien. Nuestro avance no será fácil con tanta nieve. Las cosas serían más fáciles si tuviéramos motos de nieve— respondió Carlos.
—Ya, pero no me refería a eso. Me refiero a tus ánimos. En mi más sincera opinión creo que deberías haberte quedado en Manhattan. Deberías haberte dado tiempo.
—¿Y quedarme en casa lamentando la muerte de Rose? No. El pensar esta noche me ha venido bien para darme cuenta de que este es el mundo en el que vivimos, donde si algo puede salir mal, saldrá peor. Nada de lo que hagamos ahora nos traerá de vuelta a los que hemos perdido. Las cosas son así y ya esta. Ellos están muertos, nosotros no.
Carlos se puso la chaqueta y la demás ropa, luego me miró y me dio una palmada en el brazo al tiempo que sonreía. Una expresión que me pareció de todo menos normal. Había perdido a su mujer y parecía que ya lo había asumido en tan poco tiempo. Algo que a mi me costó muchísimo tras la muerte de Lidia, a decir verdad aun no me sentía que lo había superado.
Después de hablar con mi hermano me dirigí a Sid. Necesitaba saber cual era el plan a seguir y sabía que eso lo sabríamos gracias a su ordenador.
—Muy bien Sid. Tu diras.
—El otro grupo comenzó su misión desde United States Naval Observatory. Así que supongo que para tratar de averiguar que les pasó deberíamos empezar desde allí— respondió Sid.
—¿Cómo llegamos?— preguntó en ese momento Carlos.
—Deberíamos tomar la Massachusetts Avenue Northwest. Desde ahí llegaremos enseguida y fácilmente.
—Muy bien. Pues vamos. Pongámonos en marcha— dije preparando mi arma. –Salgamos de aquí.
Unos minutos después cuando ya nos habíamos equipado correctamente comenzamos a salir a la calle. No había más remedio que ir a pie, ya que no disponíamos de ningún tipo de vehículo para desplazarnos. Nuestros pies se hundían en la nieve y eso nos hacía ir muy lentos. Íbamos en formación de abanico siempre con las armas en alto, siempre preparados para lo que pudiera pasar o lo que pudiera surgir de cualquier rincón. Al fin y al cabo aunque no hubiese No Muertos por allí… sabíamos que no estábamos solos en aquel lugar, sabíamos que había alguien más y que probablemente nos estaría observando en aquel momento.
*****
Día 2 de Noviembre de 2009
Día 508 del Apocalipsis…
Manhattan…08:00

David acababa de levantarse y se había marchado para asistir al entrenamiento. Ese día, Eva lo había pedido libre por motivos personales y se estaba preparando para despertar a Vicky para que se fuera al colegio con Alicia.
Alicia estaba en la cocina preparando el café cuando Eva se acercó a ella, momento que Alicia aprovechó para preguntarle porque había llegado tarde el día anterior. Entonces fue cuando Eva se aseguró de que nadie las escuchara y comenzó a hablar a su compañera.
—La noche que murió Rose alguien llamó desde su casa. Lo que pasa es que la hora de llamada desde su casa es la misma que Carlos dijo en su informe que llegó. Con lo cual no me cuadra porque si dice que llegó y la vio así, es imposible que nadie llamara. Así que solo se me ocurre que Carlos mintió. Eso me hizo ir a su casa a investigar y me encontré con la ropa de este manchada de sangre, también vi una pisada marcada en la sangre, el pie estaba descalzo.
—¿Qué estas insinuando Eva?— preguntó Alicia. —¿Crees que Carlos podría haber matado a Rose? ¿Por qué haría el eso?.
—No lo se. Solo te digo lo que no me cuadra de todo esto y lo que descubrí. Creo que pasó algo y la mató, no se si de forma premeditada o por accidente, pero pienso que lo hizo… puede que luego se reanimara y entonces el acabara con ella otra vez. Es lo que pienso… además… justo después de eso intentaron matarme… no puede ser casualidad.
—Pero ese tipo que te atacó… no podría ser Carlos. Uno por que su cuerpo era más grande que el de Carlos… y dos por que Carlos no está aquí en Manhattan. Carlos esta con Juanma y el resto de su grupo en Washington. Es imposible que haya sido el o alguien mandado por…
La frase de Alicia se cortó cuando escuchó el sonido de una sirena que pasaba a toda velocidad por la calle. Ambas chicas se asomaron y vieron pasar el camino de bomberos. Al final de las calles se veía una columna de humo. Había pasado algo, entonces Eva miró a Alicia.
—¿Puedes llevarte tu a la niña al colegio? Tengo la sensación de que se donde es ese fuego.
—Eva, creo que te estas obsesionando con el tema en base a unas pruebas que no demuestran nada en absoluto…— pero Alicia no terminó la frase. Eva ya se había puesto la chaqueta y había salido a la calle en dirección a donde quiera que fuese donde se había originado el incendio.

Eva recorrió rápidamente las calles siguiendo a la gente que movida por la curiosidad también se dirigía hacia el lugar. Incluso a cada paso que daba se iba dando cuenta que se dirigía al único lugar que se había imaginado al ver el humo. Cuando llegó a la calle vio el camión de bomberos y a una multitud de curiosos. Cuando Eva miró hacia arriba y vio el apartamento de donde salía el fuego sintió más que nunca que su corazonada era cierta. El apartamento donde vivían Carlos y Rose estaba ardiendo.
Eva sintió como una punzada en el corazón, no podía ser una casualidad que aquella noche intentaran matarla y que en esos momentos la casa de Carlos se estuviese quemando. Todo olía demasiado raro en aquel asunto y sentía que estaba todo relacionado.
*****

Washington DC…

Nos encontrábamos en Massachusetts Avenue Northwest y la nieve nos llegaba hasta las rodillas. Teníamos que llegar hasta el United States Naval Observatory. Según el ordenador de Sid, era allí donde el otro equipo había comenzado la misión. Así que creí que lo más obvio para descubrir más o menos que les había pasado, teníamos que empezar a investigar por allí. Carlos y yo íbamos a la cabeza siempre cubiertos por Juan y Mike. Detrás de nosotros iba Luci junto a Jill. Vanesa y Yuriko iban las últimas, muchas veces yo me daba la vuelta para ver como le iba a la joven japonesa.
—¿Todo bien ahí atrás Yuri?— pregunté.
—Si— respondió ella tiritando.
Yuriko era muy friolera y en esos momentos lo estaba demostrando. Tampoco podía culparla, lo cierto es que allí hacía mucho frio y la nieve nos dificultaba mucho el paso, teníamos que conseguir algún vehículo para poder avanzar más rápido, la cuestión era donde encontrarlo. Mientras caminábamos comenzamos a notar que nos estábamos adentrando en una zona boscosa.
—¿Qué es este lugar?— pregunté.
—Estamos entrando en Dumbarton oaks park. Debemos atravesarlo para llegar hasta el observatorio— respondió Mike.
—Muy bien, pero tengamos los ojos bien abiertos— dije al mismo tiempo que daba la orden de adentrarnos en la zona boscosa.
Mientras caminábamos por el bosque asediados por el frio escuchamos un sonido, era algo así como un aullido. Todos nos paramos de golpe y comenzamos a mirarnos. Ya que todos sabíamos a que pertenecía el aullido. Primero pensamos que podrían ser perros salvajes, pero enseguida llegamos a la conclusión de que eran lobos.
—¿Cómo es posible? Que yo sepa en Washington no hay lobos.
—El mundo ha cambiado y el ser humano ya no es una amenaza. La naturaleza esta reconquistando territorios. Habrá manadas de animales que se están desplazando debido a que la raza humana esta ausente— expliqué. –Dentro de unos años habrá selvas y bosques en lugar de ciudades.
—Me encantan los lobos, los encuentro preciosos— dijo en ese momento Yuriko.
—Pues espero que te sigan gustando aunque nos ataquen queriendo destriparnos. La comida debe escasear también para ellos. Nosotros somos ahora mismo como el plato fuerte del día— dijo Manuel mirando a Yuriko con una sonrisa.
De nuevo escuchamos los aullidos y también escuchamos otros de respuesta. Sentíamos que los lobos nos estaban rodeando para darnos caza. Aunque íbamos muy armados y seguramente en cuanto nos vieran disparar se lo pensarían dos veces antes de atacarnos una segunda vez, era obvio que pretendían atacarnos, pero solo lo iban a hacer una vez, no les daríamos más oportunidades.
Ya estábamos metidos en medio del bosque, era una vista bonita para nuestros ojos, todo estaba blanco. Fue entonces cuando vimos lo que parecía una cabaña con chimenea.
—Si las cosas se complicasen y tuviéramos que pasar la noche en algún lugar. Ya sabemos donde. ¿No os parece?— preguntó Manuel mirándonos a todos.
—Claro. También podríamos cantar alrededor de una hoguera… no te jode. Estamos en medio de una misión que bien podría costarnos la vida en cualquier momento y tu estas pensando en como divertirte en medio del bosque. Se un poco más serio o serás de los que mueran— dijo Juan.
—Pero tío… ¿Tu de que vas?— preguntó en ese momento Manuel
—No voy de nada, pero los tíos como tu que no se concentran en la misión son los que nos ponen en peligro a los demás. Y yo no quiero morir por culpa de ningún gilipollas. ¿Te queda claro? En las misiones no hay tiempo para hacer el imbécil. Eso es lo que parece que no entiendes.
Más aullidos llamaron nuestra atención, fue en ese momento cuando vi algo a unos metros más allá de donde estábamos, algo que llamó por completo mi atención. Seguidamente ignorando a mis compañeros comencé a correr. Corrí tanto como pude hasta que llegué a un lugar donde me vi rodeado de cruces donde había cuerpos crucificados y calcinados, a algunos incluso se los estaban comiendo los cuervos. Mi hermano no tardó en llegar a donde estaba yo, iba a decirme algo, pero entonces se quedó boquiabierto con lo que yo había acabado de descubrir.
—¿Qué cojones es esto?— preguntó Carlos. —¿Quién ha hecho esto?.
—Supongo que el mismo o los mismos que acabaron con el otro equipo, pero no tengo ni idea de quien puede hacer una cosa así.
Todos los demás llegaron hasta nosotros y al igual que mi hermano y yo se quedaron estupefactos. Ninguno comprendíamos el significado de todo aquello. Lo único que teníamos claro era que todo eso había sido hecho por la mano del hombre.
—Mirad ahí arriba— dijo en ese momento Mike señalando hacia arriba en los arboles.
Todos miramos y nos encontramos con muchísimos crucifijos con la imagen de Jesucristo en ellos. Eso comenzó a darme muy mala espina.
—Volvamos al barco— dije en ese momento.
—Esas no son las ordenes, tenemos que investigar que ha pasado con los otros y quien les ha hecho lo mismo que ha estos— dijo Roice.
—A la mierda las ordenes. Aquí estamos en peligro de muerte. Venga, nos vamos.
—Si echas a perder la misión harás que todos paguemos las consecuencias. No pienso dejar que nos jodas— dijo Roice agarrándome por las solapas de la camisa. –No entiendo como a un tipo como tu. Un cobarde de mierda que seguramente se inventó lo de haber sobrevivido más de un año ahí fuera haya sido elegido por el viejo para ser su sucesor al mando de la ciudad.
—¿Qué?— preguntó en ese momento mi hermano mirándome. —¿Es verdad eso?.
—Si, pero aun no di una respuesta clara— respondí.
Carlos en ese momento se puso entre mi y Roice empujándolo. –No vuelvas a tocar a mi hermano. Si vuelves a ponerle la mano encima te mato. Escuchad, si el dice que debemos irnos, pues nos vamos. No hay nada más que hablar.
—Yo estoy con el— dijo Mike mirándome. –La misión es la misión, pero siempre en los entrenamientos nos han dicho que una retirada a tiempo es una victoria y que no nos arriesgáramos más de la cuenta. Además, este asunto pinta demasiado feo como para seguir con el. Así que nos vamos.
Todos estuvieron de acuerdo pero entonces Vanesa nos recordó que al igual que nosotros, el otro equipo también había llegado a Washington en helicóptero. Así que este debía estar ni más ni menos que en el observatorio. Con lo cual debíamos seguir adelante, aunque la misión ya la habíamos dado por finalizada y por fracasada.
Mientras caminábamos a través del bosque escuchando los aullidos amenazantes de los lobos, yo me preguntaba si ese helicóptero seguía en su sitio o también lo habrían destruido.
*****

Manhattan…
Túneles subterráneos…

Con toda la información que ya tenía, Mouse fue a ver a papá Angelito a su ermita subterráneo, pero justo antes de llegar a las puertas se encontró cara a cara con Zero. A Mouse no le gustaba nada ese tipo, le ponía de los nervios su acento y cada vez que este se ajustaba las gafas, tampoco le cuadraba que un nazi como Zero estuviese a las ordenes de un Haitiano, y menos un tipejo como Zero.
—¿Qué haces tu aquí pequeña rata?— preguntó Zero ajustándose las gafas.
—He venido a hablar con el jefazo, no contigo, piérdete— respondió Mouse quitándole el seguro a su arma. –Y me llamo Mouse. No pequeña rata… pero vamos, que si vamos a empezar a poner motos espero que no te importe que yo te apode a ti gran hijo de puta nazi.
Zero dio unos pasos atrás al escuchar el chasquido del arma, luego alzó las manos y se las puso delante. –Papá Angelito no está aquí. Ha tenido que salir. Dime a mi lo que quieres y yo se lo diré.
—No… mejor se lo diré cuando regrese. No quiero intercambiar información con tipos como tu. Hasta luego.
Mouse se dio la vuelta y se alejó mientras pensaba donde se había podido ir papá Angelito. No era normal que este abandonara los túneles subterráneos, ya que arriba era un blanco fácil para todos aquellos que querían darle caza, pero… ¿Y si era cierto que el jefe Haitiano había abandonado la protección de los túneles para ir a hacer algo allí arriba? Y de ser así… ¿Qué narices hacía allí arriba?.

Manhattan…
Superficie…

Eva seguía dándole vueltas a lo sucedido con el apartamento de Carlos. Era demasiado obvio al menos para ella que el incendio en este había sido para destruir las pruebas. Ahora ya no tenía nada para demostrar que Carlos había matado a su mujer.
Eva se encontraba en una cafetería, más concretamente en las mesas de la calle de esta, una cafetería que se encontraba a unas dos manzanas de su casa tomándose un café, lo cierto era que lo necesitaba. Aunque coger una buena borrachera tampoco le vendría mal para olvidarse de todos sus malditos problemas, unos problemas que pensaba que ya no tendría, pensaba que desde que llegó a Manhattan iba a tener una vida feliz y que no volvería a tener miedo de nada, pero todo había resultado ser diferente a como había imaginado.
La camarera le sirvió el café y ella enseguida le dio un trago. Se tomó unos segundos para saborearlo con detenimiento, pero entonces vio una limusina de color blanco que se detuvo junto a ella, eso la sorprendió hasta que vio como el general Graham se asomaba por la ventanilla.
—Buenos días. Acabo de enterarme de lo que le pasó anoche y me preguntaba si le apetecería dar una vuelta conmigo. Para mi sería un enorme placer disfrutar de su compañía y de su belleza— dijo el general Graham con una sonrisa.
Eva se tomó el café, dejó el dinero en la mesa y se metió dentro de la limusina. Cuando entró se dio cuanta de que los asientos eran de cuero marrón y allí olía a lavanda. Era un olor agradable. Fue en ese momento cuando el general Graham sacó una botella de Whisky y dos vasos, pronto llenó uno para el y otro para Eva.
—Como le decía. Me he sentido muy impresionado con lo que le ocurrió ayer por la noche y debo decirle que lamento eso. Como alto mando aquí no debería permitir que esas cosas ocurriesen. Esta en mis manos prevenirlo.
—Usted no tiene el porque disculparse. Al fin y al cabo no tiene ojos en todas partes— respondió Eva dándole un trago a su vaso y disfrutando del Whisky. Quizás al final si que cogería la borrachera. –Tratar de controlar toda la ciudad es del todo imposible.
—No solo trato de controlar la ciudad, si no también el perímetro exterior, pero soy ya viejo y se que no valgo para esto, por eso se lo propuse a su futuro marido.
—¿Qué le propuso?— preguntó Eva,
—¿No se ha enterado? Le propuse que ocupara mi lugar y el fuera el líder al mando de la ciudad. Es el más adecuado para el puesto, es joven y valiente. Dos virtudes de las que yo carezco.
—Pues el no me dijo nada— respondió Eva.
—No me dio una respuesta clara y concreta. Supongo que se lo estará pensando todavía, pero temo la negativa. Por eso al verla la he recogido. Quiero… necesito que le convenza para ello.
Eva dejó el vaso y miró al general Graham. –Yo no puedo convencerle de eso, ya que es decisión propia suya. Si quiere hacerlo lo hará. Yo no puedo… lo siento.
—Prométame que al menos lo intentará. Se que el es el más adecuado, no me cabe la menor duda.
Eva se quedó un rato pensativa y se dio la vuelta para avisar al chofer. –Me bajo aquí.
El chofer obedeció y detuvo el vehículo, entonces Eva miró al general. –Hablare con el cuando vuelva, pero tanto el como yo. Como el resto de nosotros hemos sufrido mucho y lo único que queremos es vivir en paz. Nada más, se lo diré, pero la decisión final será suya.
El general Graham asintió y Eva salió de la limusina. Cuando comenzó a caminar alejándose del vehículo escuchó a sus espaldas la voz del general. –Dígale que venga a verme cuando regrese, ardo en deseos de hablar con el.
Eva se dio la vuelta y miró al anciano general, luego asintió, pero para sus adentros solo pensaba. –Claro… si vuelve.

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