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jueves, 24 de octubre de 2013

NECROWORLD Capitulo 11



Manhattan…

Sheila llegó a su apartamento y lo primero que hizo fue ir al baño a vomitar, aun se estaba recuperando de la impresión de ver lo que había visto en los laboratorios subterráneos del hospital. No solo había infectados, había seguido avanzando por los pasillos hasta que llegó a una sala con tubos criogénicos, dentro de ellos había personas, personas con las que estaban experimentando desde hacía bastante tiempo, personas a las que infectaban y luego con ellas probaban la cura experimental que habían estado creando antes de la llegada de los de España. Lo que más impresionó y horrorizó a Sheila no fue ese hecho en si, lo que de verdad la horrorizó fue que todas aquellas personas eran de los habitantes de los túneles a los que los de arriba consideraban de la guerrilla. Sheila vomitó nuevamente al recordar sus caras, había incluso niños.
Después de echar todo lo que podía echar, Sheila se fue metiendo en un rincón del cuarto de baño, entre la bañera y el lavamanos, allí comenzó a llorar amargamente, arrepintiéndose de haber visto todo aquello, se había metido allí por propia voluntad y había visto el peor de los horrores, definitivamente la humanidad se había perdido para siempre.
En ese momento llamaron al timbre de su casa y Sheila se levantó para ir a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró con Rachel, nada más verla no pudo evitar contener las lágrimas y se echó a los brazos de su amiga a llorar.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?— preguntó Rachel sorprendida por aquella reacción. —¿Qué ha pasado?.
—Bajé allí abajo. Quería saber que significaba realmente el “Proyecto renacer”— respondió Sheila tratando de explicarse pese al llanto.
—¿Bajaste? ¿Dónde?— preguntó Rachel sin saber a que se refería Sheila. –Si no te explicas más claro no te entiendo.
—Me colé en los laboratorios subterráneos del hospital. Aquellos a los que solo unos pocos tienen acceso. Allí hay muchos No Muertos en cámaras de cristal, pero también tienen personas criogenizadas, son gente de los túneles dados por desaparecidos. Hay incluso niños, allí han estado experimentando con ellos. Fue una visión terrible.
—¿Cómo sabes que eran miembros de los habitantes de los túneles? Es decir, de la guerrilla.
—Porque los habían marcado como al ganado— respondió Sheila justo antes de romper a llorar.
Rachel apretó los dientes con fuerza y se llevó una mano al bolsillo, del cual sacó un teléfono móvil, marcó un número y luego le hizo una señal a Sheila para que no hablara en ese momento. Rachel esperó unos segundos hasta que por fin pudo comenzar a hablar.
—Mouse. Soy Rachel. Uno de nuestros contactos de arriba acaba de dar con un descubrimiento importante. Podría explicártelo por aquí, pero prefiero hacerlo en persona. Reúnete conmigo y con nuestro contacto en nuestro punto de encuentro habitual. Allí hablaremos del tema, ya sabemos donde están los desaparecidos. Informa ya de esto a Papá Angelito, dile que pronto le traerás más información. Si, vale, nos vemos.— Rachel cerró el teléfono móvil y miró a Sheila. –Cámbiate de ropa. Nos vamos.
*****

Manhattan…
Túneles…

Mouse cerró su teléfono y volvió a metérselo en el bolsillo de la chaqueta que llevaba puesta. Estaba estupefacto con la llamada de Rachel, de la cual hacía tiempo que no sabía nada y acababa de llamarle soltándole una autentica bomba de información, estaba tan absorto en lo que acababa de escuchar que le llevó un rato escuchar las llamadas de su compañera de patrulla.
—¿Quién era?
—Oh, perdona— Mouse miró a su compañera. Una joven llamada Kimberly de larga cabellera negra rizada y ojos marrones con la que cada día desde hacía una semana habían comenzado a patrullar los túneles para evitar posibles muertes y reanimaciones. Lo que venía a ser una especie de protocolo de contención. –Era Rachel, una de los nuestros que esta ahí arriba entre las filas de los militares. Tiene información y quiere que me reúna con ella.
—¿Es una de esos pijos que primero son de los nuestros y luego cuando se acomodan hacen la vista gorda cuando nos están dando una paliza en las calles por robar una barra de pan? ¿De los que olvidan la causa por la que luchamos después de comerse un buen solomillo?— preguntó Kimberly mientras ella y Mouse regresaban a los túneles más poblados.
—No por dios. Rachel es de los nuestros, ella siempre lucha por nuestra causa… por muchos solomillos y… fiestas a las que acuda. Ella siempre estará de nuestro lado.
Mouse y Kimberly llegaron a un túnel lleno de gente a ambos lados y que se cruzaban con ellos. Había gente en sus pequeños comercios y gente calentándose las manos en bidones en llamas, una visión que para aquellos que vieran aquel lugar por primera vez, le recordaría a los guetos de judíos.
—Bueno vale. Es de fiar ¿Pero por que te llama a ti?
—Por que soy uno de los mandos aquí abajo…¡¡¡cuidado!!!— exclamó Mouse cuando dos niños de ocho años pasaron corriendo entre ellos. Los niños estaban jugando al infectado. Un juego que se habían inventado los niños de allí abajo. –En fin, que tengo que ir, primero debo darle ese adelanto a papá Angelito.
—¿Sabes? Nunca he visto a papá Angelito. No sale de su palacio de mugre. Es como dios, que todos hablan de el y nadie sabe si existe realmente. ¿Tu lo has visto alguna vez?.
—No, pero he hablado con el. Creo que no le gusta ser visto por los demás. Solo lo ha visto su guardia personal— contestó Mouse dándose cuenta de que en parte Kimberly tenía razón. Papá Angelito siempre hablaba desde detrás de una cortina.
Ambos llegaron a un punto donde Mouse se paró, luego miró a Kimberly. –Bueno, a partir de aquí sigo yo solo. Vete a dormir ya y se buena, no vuelvas a jugar al poker o perderás lo que te queda.
—El poker es lo único que me queda que me haga sentir que de alguna manera viví en un mundo de verdad, antes de que llegara toda esta mierda.
Mouse le dio en ese momento un beso en la frente y luego siguió su camino cruzando por el túnel de metro donde había dos vagones parados con luz en el interior. Mientras caminaba hacia donde vivía papá Angelito se cruzó con el grupo de los pescadores, el grupo que se dedicaba a fichar infectados con joyas a los que cazaban para luego intercambiarlo por armas, munición y comida. Estos venían de la vivienda de papá Angelito, pasó por su lado y solo uno de ellos lo miró.
—¿Cómo va eso Mouse?— le preguntó un hombre de mediana edad y pelo largo, llamado Grayson. —¿Vas a ver a nuestro jefe?.
—A eso voy Gray. ¿Cómo os ha ido a vosotros? – preguntó Mouse mientras miraba a los demás miembros del grupo, allí faltaba uno. —¿Dónde esta Little Johnny?.
—Lo perdimos en la ciudad. Nos confiamos demasiado… bueno, se confió… no pudimos hacer nada para salvarle. Mañana celebraremos su funeral. ¿Estarás?.
—No lo se. Bueno Gray. Nos vemos— dijo Mouse dándole una palmada en el brazo.
Mouse siguió caminando hasta donde vivía papá Angelito. El vivía en una especie de ermita que se encontraba bajo tierra, algo que pertenecía al Manhattan antiguo y que había permanecido allí en perfectas condiciones, nada más llegar un par de hombres haitianos con rastas salieron a su encuentro.
—¿Qué quieres?— preguntó uno de ellos.
—He venido a hablar con papá Angelito, tengo información que podría interesarle sobre nuestra causa— respondió Mouse, para el, si había algo que odiaba, era tener que cruzarse con aquellos dos gorilas.
—Que pase— dijo el otro tipo abriéndole la puerta para que Mouse pasara.
Una vez dentro, Mouse vio a varios hombres en un rincón, estos estaban contando fajos de billetes, los cuales no servirían para nada nunca más. Entre las sombras vio a Zero, un tipo alemán de pelo corto rubio y con gafas. Se rumoreaba allí abajo que había sido un importante líder de Skin heads, pero ahora gozaba de un importante puesto a las ordenes de papá Angelito, estando allí tenía ciertos privilegios.
—¿Qué te trae por aquí pequeño ratoncito?— preguntó Zero acercándose a el con intención de cachearlo. Zero comenzó a cachear a Mouse y cuando terminó se alejó con una sonrisa. –No lleva nada, que siga.
Mouse siguió caminando al frente y cruzó una segunda puerta doble, llegando a una habitación con una luz roja. Allí era donde vivía papá Angelito la mayor parte del tiempo, allí también había cuatro chicas, estas estaban desnudas y pegándose el lote entre ellas. Mouse solo podía ignorarlas, no quería posar sus ojos en sus cuerpos desnudos. También se dio cuenta de que era allí donde hacía más calor.
—¿Eres tu Mouse?— preguntó una voz saliendo desde detrás de una cortina de color rojo.
—Si, soy yo. Vengo para informarle de que voy a salir a recoger información sobre el “Proyecto renacer”, según un contacto de la superficie allí tienen a gente de los nuestros, aquellos a los que dimos por desaparecidos. Cuando regrese le traeré más información— dijo Mouse.
—Muy bien. Ve. – respondió la voz desde detrás de la cortina.
Mouse asintió y se dio la vuelta para salir de allí. Su siguiente paso era salir a la superficie para encontrarse con Rachel en el puerto. Mientras caminaba no podía evitar pensar en que había hecho aquel hombre conocido como papá Angelito para ganar tal status de poder allí abajo. Todos los de allí abajo lo seguían como si de Moisés se tratara.
*****

Washington DC…

Era la primera vez que sentía tanto frio en mi vida. Acabábamos de llegar a Washington y ya estaba helado. Al menos eso era una garantía de que los No Muertos no nos darían demasiado la lata, esa era la ventaja que teníamos.
Todo el grupo con Yuriko y Vanesa incluidas comenzamos a avanzar hacia el interior de la casa blanca, según los datos del ordenador de Sid, nuestro informático, en el despacho donde los presidentes daban sus discursos, allí encontraríamos una entrada que nos llevaría directos a un bunker bajo tierra. Luci iba a mi lado y noté que estaba temblando tanto como yo.
—No os preocupéis. No tardareis en acostumbraros al clima— dijo Marlon mirándonos. El joven hawaiano pese a venir de un lugar con el clima cálido parecía estar ya muy acostumbrado a aquellas temperaturas. –De donde yo soy el calor es muy alto. Lo echo de menos… eso y las olas que montaba con mi tabla de surf. Quizás un día pueda llevaros. ¿Qué os parece?.
—Que no es el momento de hablar de gilipolleces— dijo Roice interrumpiéndonos justo cuando llegábamos a la entrada de la casa blanca. –Callaros, vamos a entrar.
—Se supone que esa orden debe darla Juanma, al fin y al cabo es el quien dirige esta misión— respondió Manuel mirando a Roice. –Nosotros solo nos limitamos a obedecer.
Era cierto, por un momento se me había olvidado que era yo el jefe de la misión y que tenía que dirigir al grupo yendo yo a la cabeza. Dicho y hecho caminé hacia el frente cuando todos se pararon y me situé delante de la puerta principal junto a Mike y Juan.
—Voy a abrir— dije al tiempo que ponía mi mano en el pomo. Al tratar de girarlo me encontré con que estaba cerrado a cal y canto.
—Esto no debería estar cerrado. Debería estar abierto según el informe— decía Sid mientras miraba su ordenador portátil.
—Es posible que la cerrara el otro grupo cuando llegó— dijo Juan sin dejar de mirar hacia la calle. Me sorprendía que tuviese todos los sentidos tan alerta. Entonces me lanzó una mirada. –Si no puedes abrirla por las buenas… hazlo por las malas.
—Muy bien. Retiraros un poco. Voy a abrirla de una patada.
Juan y Mike se apartaron y yo cogí carrerilla para lanzarme contra la puerta. Cuando choqué contra esta sentí un fuerte dolor en el hombro y caí de espaldas. Enseguida Mike me ayudó a ponerme en pie mientras escuchaba las risas de los demás.
—Cuando dije por las malas me refería a que le pegaras un tiro al cerrojo. Esa puerta no la echas abajo a menos que tengas el tamaño del aquí presente hulk de ébano— dijo Juan mientras miraba a Mike.
Fue en ese momento cuando Mike se puso delante de mí, justo antes de lanzarse contra la puerta me miro guiñándome un ojo. Cuando su enorme cuerpo chocó contra la puerta, esta se abrió con un crujido, seguidamente entramos todos, siempre con las armas en alto. El interior de la casa blanca estaba oscuro y desordenado, nada comparado con lo que me había imaginado en un principio, siempre había creído que podría visitarla en otras condiciones cuando mi vida era normal, pero hacía más de un año que mi vida y la de mis compañeros había dejado de ser normal.
—¿Dónde esta el despacho Sid?— preguntó Jill.
—Según el mapa basta con que sigamos rectos— indicó Sid. –Por aquí.
Avanzamos por el pasillo hasta que llegamos al despacho, el mismo despacho que había visto miles de veces tanto en televisión como en internet. Nos encontrábamos en el despacho Oval. La estancia estaba totalmente desordenada, las ventanas estaban cerradas y estaba también la bandera de los estados unidos clavada en la cabeza de un cadáver que descansaba sobre el escritorio. Un cadáver que por cierto, no llevaba mucho muerto.
—Es Ted— dijo en ese Roice al acercarse al cadáver. Yo no lo conocía de nada al tal Ted.
—La entrada esta aquí— dijo Luci desde detrás del escritorio.
Todos caminamos hacia ella y vimos la trampilla que daba a una escalera de mano, seguidamente comenzamos a bajarla de uno en uno hasta que llegamos a un oscuro pasillo donde enseguida nos llegó el olor a putrefacción. Una vez allí encendimos las linternas al máximo. Nos encontrábamos en un túnel de hormigón.
—Si seguimos por este pasillo llegaremos a un ascensor que nos llevará hasta el bunker.— dijo Sid mostrándome la pantalla del ordenador, en la cual se veía como una especie de pirámide invertida que estaba debajo de la casa blanca.
—¿Cómo has conseguido esta información y estos planos?— estaba bastante sorprendido con lo preparados que íbamos.
—Lo cierto es que lo conseguí hace tiempo hackeando la web de la casa blanca— en ese momento Sid se sonrojó. –Si… era un hacker y estuve en prisión por eso, pero ya pagué mi deuda con la sociedad. Fíjate tú que gracias a mi trabajo de hacker me he ganado este privilegio y la libertad. No quisiera estar en ese barco prisión siendo sodomizado por unos y otros.
Algunos comenzaron a reír ante lo que acababa de contarnos Sid. Incluso yo esbocé una sonrisa. Después de eso seguimos avanzando y llegamos hasta el ascensor. Este estaba abierto de par en par y el elevador se había detenido más abajo. Como no había luz íbamos a tener que descender por los cables. Algo que no era la primera vez que hacía, y suponía que tampoco era la primera vez para los demás. Seguramente lo habrían hecho en más de una ocasión.
Comenzamos a descender, el primero en hacerlo fue Mike. Yo me estaba quedando para el último lugar. Cuando solo quedábamos arriba, Vanesa, Yuriko y yo me fijé en que la joven japonesa estaba temblando.
—¿Tienes frio?.
—No, lo que estoy es acojonada. Podría pasar cualquier cosa aquí.
—No te preocupes. No dejaré que os pase nada ¿Vale?. Id bajando.
Las dos chicas iban a bajar cuando escuchamos un grito abajo, me asomé por el montacargas y vi a Mike abajo del todo. —¿Qué ocurre?— pregunté.
—Acabamos de encontrar al resto del equipo de Ted. Esto… es una masacre.
Yuriko, Vanesa y yo nos quedamos mirándonos y entonces comenzamos a descender rápidamente para ver que ocurría ahí abajo que había dejado tan impresionado a Mike.
*****

Manhattan…

Eva llegó a casa y cuando iba abrir la puerta vio en ella una nota de Alicia donde le decía que la niña estaba en su casa. En esos momentos Eva dio un puñetazo en la puerta. Lo de recoger a la niña del colegio se le había ido por completo. Había estado demasiado obsesionada con descubrir si Carlos decía la verdad, y aunque ya había descubierto más o menos algo, nadie la iba a creer, todos en la ciudad sabían que Carlos amaba a su mujer ante todo, nadie creería que este pudiese hacerle algún daño a Rose. Todos lo habían visto hundido en el funeral, Juanma tampoco estaba allí para contárselo, pero ella pensaba que si nadie de la ciudad la iba a creer, mucho menos la creería el hermano.
Eva bajó a casa de Alicia y llamó al timbre, cuando esta abrió la recibió con una sonrisa.
—Creí que te podía haber pasado algo. ¿Dónde estabas?
—He ido a dar una vuelta. Necesitaba pensar.
—Adelante, pasa— le invitó Alicia.
Cuando Eva entró en la casa de Alicia y David avanzó hasta el salón y cuando llegó a el vio a Vicky dibujando en una hoja de papel y a David sentado en el sofá dándole una papilla al bebé. Cuando Vicky vio a Eva ni siquiera sonrió, rápidamente agachó la cabeza y siguió dibujando. Al ver esa reacción, Eva se sintió culpable y quiso arreglarlo acercándose, cuando estuvo junto a la niña se sentó a su lado y le dio un beso en la mejilla, luego le preguntó. –¿Que dibujas?.
La niña no respondió, pero Eva vio el dibujo que estaba haciendo, en el dibujo aparecían tres personas. Un hombre, una niña y una mujer. Los tres estaban cogidos de la mano con la niña en el medio mientras paseaban por un prado soleado.
—¿Somos papá, tu y yo?— preguntó Eva en ese momento.
Vicky no contestó, solo se limitó a asentir repetidas veces. Eso le hizo comprender a Eva que la pequeña estaba enfadada con ella por olvidarse de recogerla, tampoco ayudaba la ausencia del padre.
—Lo siento cariño… las cosas se me complicaron un poco y no pude ir a recogerte al colegio— mientras Eva decía eso se daba cuenta de que llegaría el día en que tanto ella como Juanma estarían fuera en misiones. Cuando eso pasase ¿Quién se ocuparía de la niña? Algo así sería difícil de hacérselo entender a la pequeña. ¿Qué niño pequeño alcanza a comprender que sus padres salgan a un mundo hostil jugándose la vida?. —¿Volvemos a casa?— preguntó finalmente Eva.
En ese momento Vicky asintió y Eva la cogió en brazos, justo antes de salir por la puerta, Alicia le dijo que Vicky ya había cenado. Después de eso, Eva les dio las gracias a Alicia y David y luego salió por la puerta.
Mientras Eva caminaba por el pasillo del bloque se sentía observada. De vez en cuando se daba la vuelta para ver si la seguía alguien, pero el pasillo estaba totalmente vacio. Allí no había ni un alma, tampoco escuchaba ni un murmullo, era como si estuviese ella sola en el edificio. Entonces se paró y Vicky se la quedó mirando.
—¿Qué pasa mami?— preguntó la niña.
—No lo se— respondió Eva. –Bueno, no te preocupes. Seguro que son imaginaciones mías.
Eva llegó hasta la puerta de su casa y la abrió. Una vez dentro cerró la puerta con llave. No le gustaba nada esa sensación que había tenido. Después acostó a Vicky, iba a leerle un cuento, pero la pequeña se quedó rápidamente dormida. Eva se quedó un rato observándola, luego Eva decidió relajarse tomándose una ducha.
Eva comenzó a desnudarse mientras llenaba la bañera hasta arriba, no había mejor manera de relajarse que una ducha de agua caliente y mucha espuma, aunque le hubiese gustado estar acompañada en esos momentos.
Durante el baño, Eva estuvo apunto de dormirse varias veces, pero finalmente se despejó. No le agradaba la idea de quedarse dormida en la bañera. Cuando ya estaba totalmente relajada salió de la ducha y se puso el albornoz por encima, luego caminó hacia el dormitorio y se tumbó en la cama de matrimonio. Olio las sabanas y sintió entonces el olor de Juanma, pensó en el y en como estaría en medio de aquella misión en Washington, desde que habían llegado a Manhattan era la primera vez que se separaba de el, lo peor de todo era que no sabía cuando iba a volver a verle. Sentía ganas de coger un vehículo o algo e ir a Washington. Otra vez sintió el peso del sueño y decidió dejarse llevar, justo cuando estaba cerrando los parpados del todo, escuchó un ruido como si estuviesen abriendo una ventana del salón.
El corazón de Eva comenzó a latir muy deprisa mientras se ponía de pie y comenzaba a vestirse con el primer conjunto de ropa que había encontrado dentro de un cajón, después rápidamente abrió otro cajón del que sacó una pistola de 9 mm, una de las únicas que se habían quedado de las que llevaban en un principio.
De nuevo escuchó un ruido. Eva no sabía quien o que estaba entrando en su casa, pero no iba a dejar que fuese quien fuese les hiciese daño a ella o a la niña. Con el arma en la mano se acercó a la puerta, cogió el pomo y comenzó a girarlo.
*****

Washington DC…

Cuando llegué al piso inferior tras descender por los cables del ascensor me encontré con la masacre a la que se refería Mike. Lo primero que noté al tocar el suelo fue el olor a quemado, luego vi los cadáveres calcinados de los miembros de aquel grupo. Todos estaban quemados y lo más extraño era que no había señales de que hubiese habido ningún incendio en la zona. Solo las marcas en las paredes.
—¿Qué cojones ha pasado aquí?— preguntó Luci mirando a uno de los cadáveres quemados, el cual se había quedado en una extraña postura. –Mirad esto, parecen cortes hechos con una espada.
—Los hombres de Dorian. Seguro— dijo Marlon. –Joder… seguro.
Yo no sabía si el causante de esas muertes había sido Dorian o no, solo sabía que eso no hacía mucho que había ocurrido. Más bien no hacía mucho de ello.
Dejamos atrás la macabra escena y seguimos por el pasillo para llegar al lugar donde estaban los medicamentos a por los que nos habían enviado, a por los mismos que aquel grupo había ido a buscar y habían fracasado.
Cuando llegamos a la habitación de los medicamentos vimos con horror que estos habían sido totalmente calcinados, ya no había duda de que esos actos habían sido intencionados. De ninguna manera podría haber sido un accidente.
—Que alguien informe a Cooper de esto. Decidle que hemos encontrado al otro grupo y que los medicamentos están quemados. La misión acaba de terminar. Regresamos a casa— dije mientras miraba a Jill.
—Muy bien— respondió la muchacha cogiendo su walkie talkie. Iba a llamar justo cuando notamos un estruendo y el polvo cayó sobre nosotros. No tardamos en mirarnos los unos a los otros.
—¿Qué coño ha sido eso?— preguntó Mike. –Ha sonado como una explosión y venía de arriba.
—Oh no, oh no. El helicóptero— dijo Vanesa de repente mientras pasaba corriendo a mi lado. Justo iba a seguirla cuando vi algo escrito en la pared. Eran caracteres que conocía, pero en un idioma que no había visto nunca.
—¿Qué significa eso?— pregunté a la vez que señalaba al escrito.
—Es latín— dijo en ese momento Manuel mientras alumbraba con su linterna todas las letras de la pared.
—¿Qué es lo que pone exactamente? ¿Puedes traducir?— pregunté mirando a Manuel, el cual parecía estar muy puesto en ello.
—Pone: “Los que no son puros no merecen la salvación, los puros purgaran el mal que todavía reside en los seres humanos. Dios nos espera en su sagrado templo”.
—Tócate los cojones…— murmuró Luci en esos momentos.

Vanesa seguida por Yuriko había trepado por los cables del ascensor y había recorrido los oscuros y desolados pasillos de la casa blanca hasta que habían llegado al exterior. Una vez bajo la fría noche vieron el lugar donde debía estar el helicóptero, pero en su lugar había una enorme bola de hierro en llamas, sin duda era el mismo helicóptero en el que habían llegado y alguien lo había hecho explotar de forma deliberada, como si quisiese impedirles que escaparan.
—¿Quién ha hecho esto?— preguntó Yuriko mirando a su compañera.
—No lo se, pero esta hecho por la mano del hombre— respondió Vanesa.
*****

Manhattan…

Rachel y Sheila estaban en el puerto de Manhattan, ambas estaban esperando la llegada de Mouse, el cual no podía tardar mucho en llegar. Sheila estaba nerviosa porque sabía que lo que hiciese a partir de ese momento podría ser lo más peligroso que había hecho nunca, iba a decirle algo a Rachel cuando de repente vio aparecer una silueta vestida con un traje de neopreno, este acababa de surgir del agua. Enseguida Rachel corrió hacia la silueta y lo cogió de la mano para ayudarle a incorporarse, seguidamente se quitó la mascara dejando al descubierto el rostro de un hombre.
—Soy Mouse…— dijo el chico presentándose cordialmente. —…Y tu debes ser Sheila, un placer el conocerte. Eres mucho más guapa de lo que me imaginaba en un principio. Quizás tú y yo podamos tomar algo cuando…
—Corta el rollo Mouse. Aquí hemos venido para lo que hemos venido— le interrumpió Rachel. Seguidamente la soldado miró a Sheila. –Ahora cuéntale todo lo que has visto, se que será duro, pero debes hacerlo.
Sheila se armó de valor y comenzó a recordar punto por punto todo lo que había visto allí abajo, incluso lo más duro, tuvo que contenerse para no romper a llorar recordando las imágenes de los niños a los que habían sometido a terribles experimentos buscando dios sabe que. A cada palabra de Sheila, tanto Rachel como Mouse se imaginaban los horrores que había visto la doctora allí abajo, cosas que hasta ese momento desconocía por completo porque ella al igual que tantos otros tenían la entrada vetada allí. En muchos momentos se arrepentía de haber visto aquello.
—Muy bien. Entonces hay que volver a entrar allí. ¿Podrías conseguir más tarjetas?— preguntó Mouse.
—No creo que debamos entrar de ese modo. Pienso que deberíamos hacerlo de otra forma. Quizás desde los túneles, podríamos abrirnos paso desde ahí… pero hacerlo implicaría muchas cosas. Una de ellas es que pondríamos en peligro a todos los de abajo, tendríamos que entrar y salir en un tiempo record. Además… si los nuestros que están allí abajo están todos infectados… no podremos hacer nada por ayudarles. Nuestra prioridad debe ser otra… Richard Levine por ejemplo. Al fin y al cabo, el siempre ha sido nuestro objetivo.
—Sea cual sea el motivo por el que entremos. Debemos hacerlo a través de los túneles, solo se que una vez lo hagamos ya no habla vuelta atrás. Por otro lado nos llevará tiempo abrir un túnel que nos lleve hasta la zona exacta. Contando que empecemos desde ya. También hay que esperar a que papá Angelito de la orden y se que el no se arriesgará tanto. Creo que preferirá esperar a ver como se desarrollan los acontecimientos, lo cual es también un problema porque tipos como Zero están ansiosos por armas follón— explicó Mouse. –Lo que esta haciendo papá Angelito es aplacarlos, pero no sabe cuanto tiempo podrá hacerlo. Tengo entendido que quería reunirse con Graham en secreto para llegar a un acuerdo.
—Pues he escuchado que Graham quiere retirarse y pasarle el testigo a otro. Al cual creo que ya han encontrado al tipo— dijo Rachel mirando enseguida a Sheila. –Las noticias vuelan tanto aquí arriba como ahí abajo. Los rumores apuntan a que el elegido por el general es ni más ni menos que el líder del grupo que vino de España.
—No lo se. No me ha dicho nada, no es que tenga mucha relación con ninguno de ellos— respondió Sheila.
—Se suponía que también tenías que conseguir información sobre ellos… y seguimos sin saber nada concreto. Deberías acercarte más, es tu trabajo— dijo Mouse mientras se acercaba a Sheila.
—Ya lo intento, pero no es fácil.
—Pues deberás esforzarte más. Eres de los nuestros y los nuestros se mueren de hambre ahí abajo. Necesitamos surgir al exterior en nuestra totalidad para que nuestro pueblo no mueran como ratas.
En ese momento escucharon una sirena que pertenecía a las fuerzas del orden. Eso hizo que los tres se pusieran en tensión. Mouse rápidamente se dirigió a las dos chicas.
—Nos veremos dentro de dos días en el perímetro exterior. Allí estaremos fuera de peligro, para entonces espero tener resultados y deciros que podemos hacer. Yo mientras informaré a papá Angelito. Ahora marcharos— dijo Mouse mientras se ponía la mascara de buzo.— cuando se la puso miró a las dos chicas. –Nos vemos dentro de dos días.— seguidamente se lanzó al agua y desapareció en las profundidades.
Justo después de que Mouse se marchara, Sheila y Rachel se alejaron de la zona y se ocultaron cuando apareció el furgón de color verde. Era la patrulla del puerto sin duda, pasaban por allí cada dos horas para evitarse posibles apariciones de infectados que surgían de vez en cuando del mar o simplemente asegurarse de que no había nadie sospechoso por allí. Ambas chicas lo observaban desde detrás de unos conteiner.
—Será mejor que vuelvas a casa. Pasaré a verte nada más pueda.
—De acuerdo, ve con cuidado— respondió Sheila con una sonrisa.
Rachel también sonrió y seguidamente se acercó a Sheila plantándole un beso en los labios, eso hizo que Sheila se quedara quieta, pero no se retiró, se limitó a sonreír al mismo tiempo que Rachel se alejaba corriendo. Luego Sheila se tocó los labios y volvió a sonreír.
*****
Washington DC…

Cuando vi nuestro medio de transporte envuelto en llamas no pude evitar sentir rabia. Fuese quien fuese nos acababa de dejar atrapados en medio de una ciudad que por lo menos yo no conocía y para colmo, Jill no lograba establecer contacto con el barco.
—¿Lo consigues o no?— pregunté poniéndome cada vez más nervioso. El frio cada vez era más insoportable. Entonces noté algo frio que me caía sobre la nariz. Eso me hizo mirar al cielo, entonces vi que comenzaban a caer copos de nieve. Estaba comenzando a nevar. Eso nos dificultaba las cosas.
—Creo que nos han elegido un mal día para nuestra primera misión. Pronto comenzará a nevar con más fuerza— dijo Roice mirándome, luego miró a Vanesa. –Y ese pájaro era el único que teníamos a bordo. Propongo que esperemos hasta el amanecer y vemos si deja de nevar. De todos modos no podrán venir a recogernos. Mejor buscamos un lugar donde pasar la noche. Al fin y al cabo dudo que con este temporal los infectados nos den mucho la brasa.
—Muy bien. Hagámoslo. Sid, busca un hotel acogedor.
Mientras Sid buscaba algún lugar donde pasar la noche yo miraba al cielo, pensaba en Vicky y en Eva y en que estarían haciendo en esos momentos. También miré a mi hermano, el cual estaba como ausente, seguramente pensaba en Rose. Me podía imaginar lo mal que lo estaba pasando y el fuerte dolor que sentía por dentro, no solo había perdido a la mujer a la que amaba, también había perdido al bebé que ambos esperaban.

6 comentarios:

  1. Uff, se abren nuevos misterios, ¿quién es papá Angelito?¿como ha llegado a ser el líder? Y sobre todo,¿habrá rollito entre Rachel y Sheila?

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  2. se prendio el asunto!!! buena entrada hermano.

    atte: yosef ben barouk

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  3. ¡Hola!, me encanta tu historia *O*, está genial =33, espero el próximo capítulo ^^

    Una pregunta.

    ¿Te molestaría si lo adapto y subo en otra página?, es que en serio me gustó ='3, te mandaré dónde lo subiré y eso... C= Bay

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    1. Prefiero que se quede en el blog este. La verdad, gracias el ofrecimiento.

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  4. Esta bien, gracias. Aun así me encanta ^^

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    1. Gracias a ti por tus palabras. Espero que sigas disfrutando por que aun queda mucha historia por contar, más de la ya contada.

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