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jueves, 19 de septiembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 6



Día 30 de Julio de 2009
Día 413 del Apocalipsis.
Manhattan…

Los rascacielos de la ciudad desfilaban a mí alrededor, desde la ventana no perdía detalle de la ciudad, había gente por todas partes. La mayoría de los transportes y vehículos que veía eran carros tirados por caballos y bicicletas. Había muy pocos vehículos a motor. También me estaba fijando en lo que parecían ser los edificios más importantes tenían ondeando una bandera, la bandera del fénix.
—¿En que piensas?— preguntó mi hermano, eso hizo que lo mirara rápidamente.
—Pienso en lo que hay ahí fuera y hay aquí. Es como si aquí no hubiese pasado nunca nada. Esas personas… parecen felices.
—Son las apariencias. Todos tienen miedo, es un miedo visceral a lo que hay ahí fuera, es un mundo hostil, es tierra de nadie. Todos quieren aparentar felicidad y quieren tratar de volver a la normalidad, recuperar sus trabajos y al menos parte de su vida.
—Supongo que tienes razón. Tras varios meses ahí fuera comencé a pensar que no había esperanza para ninguno de nosotros. Valencia era una zona infestada y los pocos supervivientes que quedaban no eran precisamente amistosos. Perdí a mucha gente, a veces por culpa mía, de mi exceso de confianza y mis decisiones… erróneas en su mayoría. Me eligieron como líder y no se porque.
—La gente siempre necesita una figura en la que apoyarse. Tu estabas ahí y te eligieron, pero ahora puedes estar tranquilo, ya no eres el líder y no tienes el porque ejercer ese papel. Ahora empieza una nueva vida para ti y para los tuyos.
—Lo se. ¿Y donde me llevas exactamente?— pregunté mirando de nuevo por la ventana.
—Te llevo a casa del que esta al mando en la ciudad, se trata del general Graham Roberts, siempre que llega alguien nuevo a la ciudad, su portavoz debe pasar por casa del general. Veras, hace tiempo que no sacamos a nadie con vida después de tanto tiempo y estas noticias corren como la pólvora. La gente admira ese instinto de supervivencia, incluso se esta preparando un programa especial de televisión— dijo mi hermano sonriendo en esa ultima frase.
—¿Programa de televisión? ¿Estas de coña?
—No. Es un programa donde os harán entrevistas sobre vuestras vivencias en el exterior. Algo así como el de la tal Opra, la cual creo que esta muerta… bueno, no se.
En ese momento entramos en una zona donde habían varios militares.
—Esta es la zona residencial de los militares de alto rango y donde viven los que mandan… bueno, vamos a aparcar.
Carlos detuvo el vehículo y ambos bajamos, nada más tocar el asfalto se nos acercó un hombre ante el cual mi hermano se cuadro, yo iba a hacerlo también, pero aquel soldado hizo un gesto para que no lo hiciera, directamente me tendió la mano para que se la estrechara.
—Soy el sargento Cooper, siento no haber podido atenderos en el barco después de convocaros, pero tenía cosas que hacer. El general le esta esperando, espero que nosotros podamos hablar en algún momento.
—Mi nombre es Juanma y será un placer para mi— respondí mientras le estrechaba la mano.
Cuando Cooper se despidió de nosotros, mi hermano y yo entramos en el edificio, seguidamente nos subimos al ascensor más cercano y mi hermano pulsó el botón de la última planta. Mientras el ascensor subía me preguntaba como sería el tal Roberts, me preguntaba la clase de hombre que sería y me estaba volviendo a plantear lo de confiar en los desconocidos, de hecho, si no fuera por la presencia de mi hermano, quizás no me fiaría de esa gente. Cuando el ascensor se detuvo salimos a un pasillo totalmente iluminado y lleno de obras de arte.
—El general Graham es un fanático de las obras de arte. Incluso tiene aquí la Mona Lisa original que logramos salvar.
—¿De donde sacáis la luz? Supongo que eso es algo que también cuesta aquí.
—Bueno, tenemos luz eléctrica y paneles solares. Es así como vivimos día a día en Manhattan. Aunque no te lo parezca… tampoco se vive tan mal aquí. No al menos si tienes una clase social alta, aunque los que no la tienen es porque no quieren. Como en todos los gobiernos hay leyes que deben cumplirse, si no las cumples tienes tres opciones. El destierro, la prisión o los suburbios con la demás escoria, la mayoría eligen vivir como las ratas debajo de la ciudad.
Iba a responder a mi hermano, pero entonces llegamos a una puerta grande doble de madera marrón, bastante lujosa. Junto cuando mi hermano iba a llamar, esta se abrió y salió un hombre vestido de sacerdote, se trataba de un hombre de mediana edad, al vernos sonrió y se nos acercó. El sacerdote le estrechó la mano a mi hermano y luego a mí, luego volvió a mirar a mi hermano.
—Dios te ha guiado hacia tu familia otra vez. Es una muestra más de que dios siempre esta con nosotros— el sacerdote me miró a mí. –Soy el padre Kaleb Roberts, me encantará verte en misa a ti y a los tuyos, las palabras de unos supervivientes que han estado tanto tiempo en el exterior siempre anima y trae la tranquilidad a los habitantes de la ciudad. Que sepan que las hordas del diablo no son invencibles.
—Le prometo que pensaré en ello padre— respondí casi muy bien lo que responder, veía estúpido acudir a algo en lo que no creía.
El padre Kaleb sonrió otra vez y se alejó por el pasillo. Entonces mi hermano me miró. –El padre Kaleb es el mismo que me casó y también es hermano del general, a su vez es también uno de los tres fundadores de la ciudad, bueno… fundadores del Fénix.
Seguidamente cruzamos la puerta al mismo tiempo que una música sinfónica salía de un viejo toca discos. Enseguida tras un escritorio vi a un hombre con los ojos cerrados dejándose llevar por la música, la música me sonaba muchísimo.
—Es la sinfonía del nuevo mundo de Antonín Dvorák. Es la más idónea para estos tiempos— el hombre le subió el volumen. –Me gusta compartirla con los habitantes de la ciudad al menos una vez al día.
El hombre que había allí sentado tendría casi unos sesenta años. Cuando este se levantó avanzó cojeando hacia mí mientras se sostenía con un bastón. Al acercarse vi que tenía los ojos azules, vestía un traje de etiqueta, lo que me hizo dudar por unos momentos si era el general, pero mi hermano me reveló el rango de este al cuadrarse y saludar.
—Por favor soldado, descanse. No hace falta que me salude.
—Lo siento mi general, aquí le traigo a mi hermano y líder del grupo que rescatamos.
—Si, es indudable que son hermanos, son ustedes muy parecidos— el general me miró. –Juanma…¿Verdad?
—Si mi general— respondí saludándole como un militar.
—¿Podría dejarnos solos soldado? Vuelva a su casa con su mujer y su sobrina.
—A sus ordenes mi general— mi hermano saludó y luego se dirigió a mi. –Me voy a casa a recoger a Rose y a Vicky e iré a tu casa a llevarla. Cuando acabes tendrás un vehículo esperando en la puerta para llevarte a casa.
—Bien— respondí.
Unos segundos después mi hermano se marchaba y yo me quedaba a solas con el anciano general al que acompañé llevándolo del brazo hasta su escritorio. Una vez allí se sentó en la silla y apagó el tocadiscos. Luego abrió un cajón y sacó una botella de Bourbon y dos vasos. Iba a decirle que no bebía alcohol, pero aquel hombre ya estaba sirviéndome.
—Debo admitir que me sorprendió mucho su historia desde que me informaron que habían encontrado supervivientes— comenzó a decir el viejo general. –Francamente, teníamos España como un lugar infestado y donde solo habían sobrevivido maleantes. Si le digo la verdad nadie es capaz de sobrevivir fuera tanto tiempo a pesar de que tengan provisiones o armamento. Yo he vivido de primera mano el infierno que hay ahí fuera… vivía en Chicago cuando todo comenzó a ocurrir. Como bien sabe todo comenzó en la televisión, se hablaba de un virus y enseguida vino todo esto, ya no solo lo veías en televisión, lo veías en las calles, en el jardín de tu casa… e incluso en tu propia casa— Graham dio un trago a su copa. –Una mañana llegó mi hijo después de una noche entera fuera, decía que le había atacado un vagabundo y que este le había mordido. Nunca creí que todo estuviese relacionado, pero el murió delante de mi y luego regresó, pero ya no era el. Yo sabía lo que tenía que hacer y lo hice, logré salir con vida de Chicago, traté de ir a Los Ángeles, pero la ciudad era una zona de guerra, al igual que lo eran los demás países. La esperanza se estaba desvaneciendo.
—Lo mismo pensé yo. Ni siquiera creí que sobreviviera tanto tiempo— respondí después de dar un trago a mi copa.
—¿Sabe? Washington fue una de las primeras ciudades en caer, allí no queda nadie. Se supone que la mayor parte de lo que queda de la población del planeta esta aquí en Manhattan… se estima que se ha extinguido un noventa por ciento de la población mundial.
—¿Cómo levantaron este lugar?— pregunté por fin.
El general se puso en pie y fue cojeando hacia un mueble y cogió una foto enmarcada, me fije en la foto cuando me la acercó. En la foto aparecían dos hombres, uno era el general y el otro era el sacerdote que había visto salir de allí un rato antes, también me fijé en que la foto estaba rota por un lado, aunque aun se apreciaba que ahí había una tercera persona a juzgar por el brazo que se veía por encima del viejo general.
—Lo funde junto a mis dos hermanos. Kaleb al que me imagino que ya conoces y mi hermano menor Dorian. Nosotros tres fundamos este lugar cuando llegamos dos meses después de que todo ocurriese, limpiamos la ciudad y comenzamos a traer gente. Volamos los puentes de acceso a la ciudad para impedir el paso de los No Muertos. También levantamos una enorme valla pasado central park, aquí estamos seguros.
—¿Dónde esta Dorian? No se le ve en la foto.
—Yo mismo la rompí… Dorian tenía unas ideas diferentes a las nuestras. Lo desterramos de la ciudad. No se si vive o esta muerto. Desde que fue desterrado no hemos vuelto a saber nada de el.
—Entiendo— respondí.
—Pero bueno. Aquí vivimos bien, en cuanto a suministros vamos bien y tenemos a gente trabajando en el hospital elaborando medicamentos y vacunas. También vivimos de la pesca y de la caza. De vez en cuando hacemos comercio con pequeñas comunidades que han sobrevivido ahí fuera… el único problema que tenemos es la guerrilla, pero mientras no se rompa el pacto no ocurrirá nada. Ellos decidieron vivir allí abajo por que no querían aceptar nuestras leyes. Aunque de vez en cuando cometen algún acto terrorista y ellos o los que les ayudan acaban en la cárcel o muertos.
—Esto parece como una especie de dictadura— respondí sin cortarme un pelo. –Pero supongo que ya que nos han acogido, no podemos quejarnos. Al fin y al cabo hemos vuelto a una vida casi normal, al menos eso es lo que vi en las calles… pero yo no hablo por mi grupo, soy el líder, pero hay cosas que me gusta hablarlas con ellos. A lo que voy es… si alguna vez quisiésemos marcharnos… ¿Habría algún problema con ello?.
—¿Por qué querrían marcharse?— preguntó el general mirándome.
—Solo es una pregunta y quisiera saber esa respuesta.
—No, no habría ningún problema— respondió el general. –Entiendo que quizás han estado mucho tiempo sin leyes y puede que las nuestras les parezcan extrañas, pero a todo se acostumbra uno. Por otro lado, este es el lugar más seguro de todos los estados unidos, fuera no hay probabilidades de supervivencia. Esto no es España, los estados unidos son mucho más grandes y los peligros más grandes todavía. Les vamos a dar un mes de adaptación antes de comenzar a trabajar en sus respectivos puestos.
En ese momento la puerta se abrió de golpe y vi entrar al sargento Cooper.
—¿Qué ocurre Cooper?
—Mi general, tenemos problemas junto a la valla.
El general se levantó de golpe y comenzó a caminar hacia la puerta mientras yo me quedaba sentado, antes de salir por la puerta junto a Cooper, se dio la vuelta para mirarme. –Seguiremos con nuestra charla después, aun hay cosas de las que…
Yo no dejé que el general terminara de hablar, me levanté de repente y caminé hacia ellos. –Les acompaño.
*****

Eva se acercó a la ventana del apartamento y miró a la calle. Desde allí podía ver a la gente paseando por la calle o gente saliendo y entrando de los comercios. Era como si el fin del mundo no hubiese afectado a esa ciudad, como si nadie de allí estuviese al tanto de lo ocurrido, aunque la realidad era totalmente diferente, si que había pasado algo, el mundo entero se había convertido en una versión del infierno donde los muertos caminaban alimentándose de los vivos. Todo eso ocurría fuera de la ciudad, en el interior de la ciudad ocurría todo como antes de que pasara nada.
El timbre sonó de repente y Eva fue corriendo a abrir, nada más hacerlo la pequeña silueta de la niña se abalanzo sobre ella.
—Hola cariño, tenía muchas ganas de verte— dijo Eva con una sonrisa mientras abrazaba a la niña. Justo detrás de ella entraban Carlos y una chica que Eva dedujo que sería Rose.
—Me han estado sacando sangre, estaba mareada, pero ya estoy bien— dijo la pequeña.
—¿No ha llegado mi hermano todavía? Pensé que ya estaría aquí— preguntó Carlos.
—No, aun no ha vuelto. Pasad, no os quedéis en la puerta— dijo Eva invitándoles a pasar. –Los demás están viendo sus apartamentos, se que David y Alicia van a vivir juntos, este le ofreció su apartamento a Sandra para el mudarse al de Alicia y ayudarla con el bebé, Vanesa se ha ido a vivir con su amiga Yuriko y Luci vive sola, la llamé… pero no responde, creo que ha salido. Esta noche se van a reunir aquí con nosotros para cenar y celebrar este cambio de vida.
—Aquí se vive estupendamente. Al principio cuesta acostumbrarse, pero al final se te olvida todo lo vivido ahí fuera. Esto es nuestro futuro— Rose se pasó la mano por la barriga. –Y el de nuestros hijos.
En ese momento se escuchó un pitido y Carlos se levantó de golpe. Eva, Rose y la pequeña se lo quedaron mirando.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Rose.
—Es mi busca. Al parecer hay problemas, seguro que son esas putas ratas de la guerrilla. Esa escoria no sabe cuando dejar de tocar los cojones. Me tengo que ir, no se lo que tardaré. Rose quédate aquí si quieres o ya me esperaras en casa.
Después de decir eso, Carlos se marchó. Ambas chicas se quedaron estupefactas un rato. —¿Siempre es así cuando ocurre algo? Se supone que aquí se vive con tranquilidad, son las normas de aquí, esto forma parte del trabajo de los equipos.— Rose sonrió. –Bueno, cambiando de tema, aun no conozco a Juanma. ¿Qué tal es?.

Sandra hacía tiempo que no se sentía también, volvía a tener una casa, una bañera, ropa y una habitación con una cama donde podría dormir a pierna suelta sin hacerlo con un ojo abierto. Nada más cruzar la puerta se había dado cuenta de la alarma, en todos los apartamentos había una, la cual se activaría si alguien entraba en la casa. Para ella había sido como entrar en un mundo nuevo, diferente al que había conocido hacía un año más o menos, desde que el apocalipsis estalló y ella se vio metida en el casi de golpe, no recordaba haber tenido tanta tranquilidad como la que tenía en esos momentos. También Yako su perro estaba tranquilo y correteaba de un lado a otro de la casa inspeccionando cada rincón.
Sandra caminó hacia la habitación y se dejó caer en la cama, poco después se quedó dormida esperando soñar con algo que no fueran sueños de muerte y destrucción con sangre y vísceras por todas partes.

Yuriko le había mostrado todo el apartamento a Vanesa, después le contó todo lo que había padecido desde que todo había comenzado a suceder. También le contó que antes de ser rescatada había establecido contacto con alguien de España a través de una radio, para ella había sido una enorme casualidad contactar con alguien de un lugar tan alejado de Japón. Para Vanesa había sido también una sorpresa reencontrarse con su amiga después de tanto tiempo, cuando daba por hecho que nunca más la volvería a ver.
—Mañana debo ir a ver el helicóptero que se me asignara— dijo Vanesa sentándose en un sillón. –Me encantaría familiarizarme cuanto antes con ese pequeñín.
—Yo seré tu copiloto como en los viejos tiempos. Ya he pedido ese traslado, estaré allí donde estés tu.
—Ya contaba con ello. Por cierto, ponte guapa, esta noche nos reunimos con Juanma en su casa, la suerte que tenemos es que los tenemos cerca.
—¿Yo también puedo ir? No se si debo… yo no formo parte del grupo.
—Si que formas parte del grupo. Formas parte del grupo desde el momento en que te cruzaste con nosotros, además, si eres mi amiga los demás te aceptaran.
—Gracias, me siento feliz al volver a verte, para mí siempre has sido como una hermana.
—Tu también para mi— respondió Vanesa abrazando a su amiga.

El bebé se había quedado dormido plácidamente en la cuna que les habían facilitado en el apartamento. Alicia no dejaba de observarlo, desde que se había hecho cargo de el sentía como si fuera hijo suyo. No lo era, pero la promesa que había hecho no le permitía dejarlo. Durante la falsa cuarentena tras los análisis de sangre supieron que no era su madre biológica y le dieron la posibilidad de que el bebé fuera a un hogar de acogida como muchos niños de la ciudad que no tenían a nadie y que estos Vivian en un colegio. Alicia podría haber dicho que si y librase de la carga que suponía tener un bebé que no era suyo a su cargo, pero ahora tenía más comodidades que antes y no estaba sola. Había decidido adoptar al bebé tras un corto papeleo. Poco después se enteró de que también plantearon la misma posibilidad con Vicky, pero la negativa había sido rotunda.
—¿Qué haces?
La voz de David hizo que Alicia se diera la vuelta de repente. –Solo observo como duerme. Me doy cuenta de la enorme diferencia que hay ahora que vivimos aquí. Fuera lo observaba con miedo, temía que su llanto nos pusiera en peligro a todos y a el… pero ahora… por mucho que llore… ni su vida ni la nuestra correrá peligro. Lo hemos logrado, lo que tanto buscábamos, esto es una nueva vida.
—Estaba pensando en que cuando se despierte podríamos ir a dar una vuelta por la ciudad y conocer a nuestros vecinos.
—Me parece bien. Yo también estoy deseando ver las posibilidades que la ciudad nos ofrece. Creo que después de un año y pico viviendo en el infierno esto es algo que nos merecemos. También estoy deseando empezar como profesora.
—Y yo con la instrucción militar— respondió David. –Lamento que Andrea no esté aquí para ver esto, creo que le gustaría. Podríamos formar una familia.
Alicia se dio la vuelta y miró a David. –Nosotros ya somos una familia. Entiendo que la echas de menos, pero ya pasó, ella no esta aquí ya. Nosotros vivimos por ella.
—Lo se. La recordaremos como vivió, a ella y a los demás que no pueden estar aquí como nosotros. Voy a proponer que les hagamos un homenaje.
—Me parece buena idea— respondió Alicia. –Es una forma de mostrarles nuestros respetos.

Luci dejó el vaso de nuevo sobre la barra del bar en el que se encontraba bebiendo, era su quinta copa y el alcohol ya le estaba haciendo efecto.
—Otra más por favor— pidió Luci.
—Creo que ya ha bebido demasiado— dijo el dueño del bar, se trataba de un chico joven con la cabeza rapada, con piercings y tatuajes allí donde el ojo podía ver. No tendría más de treinta años.
—Ponme otra chaval. Estoy celebrando que estoy viva a estas alturas. Hace tiempo que me juré que si sobrevivía me emborracharía y luego echaría un polvo salvaje. Ahora mismo lo que quiero es ponerme ciega a … ¿Qué coño es lo que me estoy bebiendo?.
—Es cerveza, cerveza normal— respondió el chico del bar.
—O si, perdona. Ya me hace mella el alcohol. Pues eso, que me pongas más.
—¿Y como me piensas pagar? Eres de los recién llegados, creo que no estas al tanto de como funciona aquí el sistema de pago.
—Pues no tengo un puto centavo, tendrás que confiar en mí y fiarme hasta que te pueda pagar. Te tendré que decir donde vivo para que me recuerdes lo que te debo.
—Yo pagaré lo suyo— dijo alguien situándose a su lado. Luci alzó la vista y vio a un hombre de unos cuarenta años lleno de manchas de aceite. Su olor corporal indicaba que su trabajo tenía que ver con la cocina, además de su peso. –Soy Morris, te invito a todas las que quieras. He escuchado que estas celebrando algo y me encantaría unirme a la fiesta si me lo permites.
—Yo soy Luci— respondió ella estrechándole la mano.
—¿Desde donde habéis venido tú y los tuyos?— preguntó Morris.
—Desde España. En el puto culo del mundo, pero ahora estamos aquí felices y comiendo perdices… ¿Y tu de donde vienes?
—Yo viví aquí toda mi vida. Hacia tiempo que nadie nuevo llegaba por aquí y menos jovencitas tan guapas como tu— respondió Morris situando su mano derecha sobre la rodilla de Luci. –No quiero ni imaginarme lo mal que lo habrás pasado ahí fuera. Se te ve muy sola… bueno, es lo que parece viéndote aquí a ti sola bebiendo sin parar— la mano de Morris se fue deslizando hacia el pubis de Luci. –Si quieres yo te hago compañía y te ayudo con lo de echar el polvo.
De repente Luci le agarró la mano y se la retiró rápidamente estampándosela encima de la barra del bar. –No vuelvas a tocarme o te quedaras sin mano. ¿Queda claro?
—Joder tía. No seas estrecha, dices que quieres echar un polvo y yo me ofrezco encantado a echarte uno y más.
—Y pensaste que invitándome a las copas ibas a conseguir meterme tu minúscula polla ¿No? Piérdete.
—¡¡¡Serás puta!!!— gritó Morris levantándose de golpe y empujando a Luci. La cual cayó de bruces al suelo pegajoso del bar.
Seguidamente Morris trató de echarse encima de ella, pero Luci fue más rápida y aquel tipo se dio un fuerte golpe contra el suelo. Mientras escuchaba los gritos inentendibles del barman, Luci se ponía en guardia esperando a que Morris se pusiera en pie.
—Otra cosa que buscaba además de una cogorza y un polvo… era la pelea con algún gilipollas, venga, en pie bola de grasa apestosa.
Cuando Morris se puso en pie sacó una afilada navaja. –Voy a rajarte puta y cuando estés muerta me follare tu cadáver antes de que se reanime.
En ese momento ambos escucharon un chasquido y se giraron, Luci pudo ver al dueño del bar apuntando a Morris a la cabeza con una escopeta.
—No te lo diré más veces Morris. Sal de mi bar o te llenaré de plomo. Deja a la chica en paz salido asqueroso.
Morris miró a ambos lados y antes de marcharse miró a Luci. –Yo de ti vigilaría tus espaldas a partir de ahora. Puede ser que algún día me encuentres a mí detrás y a mi polla dentro de tu culo.
—Hazlo y el siguiente lugar donde estará tu polla será tu boca. Agradece que hoy no llevase mi katana— dijo Luci apoyándose de nuevo en la barra.
Segundos después Morris desapareció por la puerta del bar y el barman guardó la escopeta. –Siempre esta igual, le encanta meter mano a las mujeres. Es lo que tiene la soledad.
—Todos estamos solos en este mundo de mierda. Eso no lo hace la soledad… eso lo hace ser un puto degenerado, no se como dejan vivir a tipos como este aquí.
El barman rió. –Justo lo que pienso muchas veces. Por cierto, me llamo Ethan— dijo tendiendo la mano.
—Luci— respondió echa estrechándole la mano. –Aunque eso ya lo sabes… sobre las copas, ya te las pagaré.
—No te preocupes. A estas invita la casa.
Luci hizo una mueca y sonrió al tiempo que cogía la última copa que habían llegado a servirle. —¿Sabes? Creo que esto es el comienzo de una bonita amistad.
*****

Cuando el vehículo en el que iba llegó a la valla pude darme cuenta de la enorme seguridad que había allí. Todo tipo de vehículos militares, nido de ametralladoras, tiradores expertos y más de cuarenta soldados, todos vigilando y con los cinco sentidos alerta. Todos custodiaban una enorme valla de color negro con señales de alta tensión y una entrada a modo de túnel de hierro, algo que me recordaba a las alambradas de Jurassic Park. Me sorprendió muchísimo los kilómetros que abarcaba y la altura de esta. Estaba en línea recta y separaba la zona segura de la ciudad de la zona de peligro, ambos lados de la valla cruzaba de lado a lado, ambos extremos de la valla tocaban el agua, una zona vigilada por barcos las veinticuatro horas del día. Al otro lado de la valla se podían ver las ruinas de la ciudad y la vegetación que había avanzado, dando muestras de abandono. La zona donde nos encontrábamos en ese momento era central park y detrás de nosotros quedaba la inmensidad de la ciudad que Graham Roberts había recuperado.
Bajamos del vehículo y de repente me encontré con mi hermano, este venia vestido con un traje de keblar y armado con un fusil de asalto.
—¿Qué cojones pasa?— pregunté mirando a mi hermano que se había parado a hablar con el general.
—Acabo de llegar, pero los vigilantes dicen que al otro lado de la valla hay unos tipos que insisten en hablar con el que esta al mando— explicó mi hermano.
—Lléveme con ellos soldado— pidió el general.
Mi hermano nos guió al sargento Cooper, al general y a mí hasta la parte de la valla donde se había concentrado la mayor parte de militares. Una vez allí me fijé en un grupo de hombres que estaba al otro lado de la valla subidos en varios vehículos, uno de sus vehículos me llamó la atención, era como una especie de remolque lleno de No Muertos, pero estos estaban quietos, me llevó un rato ver que no se trataban de No Muertos, si no que eran personas vivas.
—¿Qué desean señores?— preguntó el general acercándose a uno de los vehículos cerca de la valla, pero siempre escoltado por militares, yo fui detrás, quería saber que demonios se cocía en todo aquel asunto.
—Somos viajeros que están de paso. Solo queremos alimentos y medicamentos. Como no hay dinero les ofrecemos un trueque, aquí tenemos gente a la que hemos estado cazando, son buenos en trabajos de campo— dijo el que parecía ser el portavoz de aquel grupo de unas veinte personas.
El tipo que hablaba tenía unos cincuenta años y lucía una cabellera blanca, su cara estaba limpia al igual que su ropa, ahí había algo raro.
—No hacemos ese tipo de cambios, lo siento. Y aunque los hiciésemos… ahora mismo vamos algo justos— respondió el general.
Mientras el general Graham hablaba vi que los soldados, incluido mi hermano no bajaban ni las armas ni la guardia en ningún momento. Estaban preparados por si era necesario un tiroteo.
—¿Entonces nos dejan pasar para que podamos pasar la noche? Hemos visto demasiada actividad de caminantes a unos kilómetros de aquí. Estamos hambrientos y cansados— seguía diciendo el extraño que había al otro lado de la valla mientras ponía los brazos a los lados en forma de cruz para que viéramos que estaba desarmado, a decir verdad todos estaban desarmados, pero había algo en aquella puesta en escena que no me convencía en absoluto. No parecían tan cansados y hambrientos como ellos decían.
Iba a hablar justo cuando me percaté de algo, en ese momento me lancé sobre el general y lo tiré al suelo ocultándolo detrás de un vehículo justo cuando un disparo sonaba en el silencio sepulcral y una bala abría un agujero en el vehículo donde el general había estado segundos antes.
—¡¡¡¡Francotiradores!!!!— gritó uno de los militares.
Rápidamente los nidos de ametralladoras comenzaron a abrir fuego contra los visitantes que rápidamente emprendían la huida.
—Quédese aquí— le dije al general mientras me escurría por el suelo hacia el cadáver de uno de los soldados que acababa de caer.
Cuando alcancé el cuerpo me di cuenta de que le habían apuntado a la cabeza expresamente, pero no perdí demasiado tiempo con eso, cogí su fusil y busque el lugar de donde habían disparado al general, no era un lugar demasiado lejano. Con cautela busqué y entonces vi la silueta del francotirador en árbol que estaba a menos de treinta metros de nosotros. Rápidamente abrí fuego y abatí al tipo.
Los demás soldados acabaron rápidamente con los otros y decidieron salir a sacar de la jaula a los presos, pero estos salieron huyendo en cuanto les abrieron la puerta, yo no entendía nada. Pude ver también como habían abatido a otros francotiradores que se habían ocultado en edificios y arboles.
—¿¡¡¡Como coño se han colado!!!? Quiero una puta explicación— decía el general Graham desde el suelo, entonces me di cuenta de que una de sus piernas era ortopédica. Entonces el general me miró a mí y lo ayudé a ponerse en pie. –Si no llega a ser por el estaría a estas horas muerto.
—No hay de que general— respondí aun en shock después de lo ocurrido.
—Quemad los cuerpos de los muertos y si se reaniman pegadles un tiro. Que alguien me lleve a casa— pidió finalmente el viejo general.
Ayudaron al general Graham a subir a un vehículo y justamente antes de irse me pidió que me acercara. –Quiero agradecerte lo que has hecho. ¿Qué te parecería cenar tu y tu familia en mi casa?.
—Será un honor mi general, pero somos ocho personas.
—No es problema, estáis invitados— respondió el general dándome unas palmadas en el brazo, justo después el vehículo se marchó. Nada más irse me encontré con la mirada de mi hermano.
—¿Tienes complejo de guarda espaldas o que? ese salto tuyo para salvar al viejo parecía más propio de un portero… encima te has ganado una cena con uno de los fundadores de el fénix. Eso es algo que no todos consiguen… y tú lo logras el primer día.
—Si bueno… me siento muy especial. Lo que pasa es que no pillo este rollo ni de que iba esto. ¿Por qué porras querían matar a ese hombre? Iban claramente a por el, todo eso del trafico de esclavos era una pantomima. Si voy a vivir aquí con los míos quiero saber todo lo que se cuece en este lugar.
—Te lo explicaré esta noche en tu casa si quieres. Vamos a cenar todos allí, eso es lo que decía tu chica. Muy guapa por cierto.
—Lo se, bueno, volvamos a mi casa.
Mi hermano y yo abandonamos el lugar. Mientras íbamos hacia mi casa, en la que iba a vivir de ahora en adelante me seguía preguntando que demonios pasaba allí exactamente. No era un lugar como el que me había imaginado en un principio.

6 comentarios:

  1. Ya decía yo que esto era muy normal, ahora empieza la fiesta

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  2. muy buena historia amigo,de echo me tope de pura casualidad con este blog y vaya sorpresa esta super genial 2 dias y ya lei todo,tengo ganas de mas asi que esperar

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  3. muy buena historia amigo,de echo me tope de pura casualidad con este blog y vaya sorpresa esta super genial 2 dias y ya lei todo,tengo ganas de mas asi que esperar

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  4. Buenisima historia... Ya estoy esperando el jueves... Sigue asi esta emocionante...!!!

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  5. Gracias a todos, pronto llegarán más sorpresas.

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