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jueves, 12 de septiembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 5



Día 30 de Julio de 2009
Día 413 del Apocalipsis
Manhattan…

Rose estaba en el salón de su casa cuando escuchó las llaves en la cerradura. Rápidamente se levantó y corrió al encuentro de Carlos. Este entró por la puerta y Rose saltó sobre el fundiéndose en un abrazo, luego lo besó.
—Oye… ¿Estas segura que se pueden dar estos saltos en tu estado?
—Solo estoy embarazada, nada más. Bueno, cuenta ¿Cómo estas?— dijo Rose con una sonrisa.
Carlos acompañó a Rose hasta el salón y ambos se sentaron en el sofá. Entonces Carlos comenzó a hablar. –No te lo vas a creer, hace dos días cuando veníamos hacia aquí, pasamos por la isla de los pescadores.
—Según cuentan en la ciudad… se extendió la infección y están todos muertos— le interrumpió Rose.
—Si, pero no es eso lo que te quiero contar. Es mi hermano mayor… Juanma… esta vivo y lo encontré en aquella isla. No estaba solo, hay seis personas más con el, una niña a la que a acogido como su hija, un bebé y un perro.
—Eso es increíble…¿ Y donde están ahora?
—En el barco, siguen en cuarentena, les quedan treinta y siete días. Seguramente traiga a la niña a casa mientras pasan la cuarentena, voy a pedir ese permiso.
—¿Ella no pasa la cuarentena? No lo entiendo— respondió Rose extrañada por la decisión de Carlos.
—Es por que ella no esta infectada. No se el porque, pero le han hecho varios análisis de sangre y no hay ni rastro del virus en su organismo. Lo mismo ocurre con una de las chicas. A la chica le están haciendo preguntas del por que, pero no dice nada. Voy a darme una ducha e iré a buscarla al hospital, la han llevado allí.
—Me parece bien, voy a prepararle la habitación entonces y le compraré algo. Somos sus tíos al fin y al cabo— dijo Rose levantándose con una sonrisa. –De verdad que me alegro que hayas encontrado a tu hermano, es un milagro.
—Si, lo es— respondió Carlos.
*****

Sheila estaba en el hospital, le habían dado turno en el laboratorio, ese era el momento que había estado esperando para comenzar a trabajar, podría hacerlo sin levantar sospechas. Estaba inspeccionando unas muestras de sangre cuando vio llegar a un hombre y a una niña que no había visto nunca, estos estaban siendo escoltados por los soldados. Entonces se imaginó que ese hombre eran el paquete del que hablaban y por el que Wendy, Jesús, Marco y los otros habían arriesgado la vida. Pero… ¿Y la niña? ¿De donde había salido? ¿Quién era?
Sheila salió con cautela y caminó en dirección a los soldados, entre los que vio a Rachel, no la había visto hasta ese momento, en su rostro pudo ver que sus sospechas sobre el hombre estaban en lo cierto. Ese era el hombre.
—¿Qué ocurre?
—Doctora, llévelos a la sala acondicionada. Allí hágales un análisis completo— dijo uno de los soldados.
—¿No les habéis hecho análisis en el barco?— preguntó Sheila mientras no dejaba de mirar a Rachel, la cual no perdía detalle de la conversación.
—Llévelos y no pregunte, espere con ellos hasta que llegue el doctor Marsh. Es extremadamente importante que los tenga vigilados, especialmente a el— dijo el soldado mirando al hombre de origen americano.
—Muy bien— dijo Sheila agachándose a la altura de la pequeña. —¿Cómo te llamas guapa?
—Vicky…— respondió la niña con cierta timidez, entonces preguntó. —¿Dónde esta mi papa?
—¿No es su padre?— preguntó Sheila refiriéndose al hombre que estaba junto a la pequeña.
—Sus verdaderos padres están muertos, ella se refiere a su padre adoptivo, el cual sigue en el barco en cuarentena— respondió Rachel.
Sheila se puso en pie e invitó a la niña y al hombre a pasar a la consulta mientras los soldados salvo Rachel que entró detrás, se quedaron fuera. Sheila le dijo al hombre que se sentara en un taburete mientras ella inspeccionaba a la niña, iba a sacarle una muestra más de sangre y cuando le subió la manga vio las marcas de dientes en el brazo.
—Dios mío… esto es…— Sheila miró a Rachel que permanecía vigilando al hombre.
—Si, son marcas de un mordisco. Mordieron a esta niña— respondió Rachel.
Rápidamente Sheila miró a la pequeña y la cogió de los hombros. –Vicky cariño ¿Te mordió uno de los monstruos?
La pequeña asintió y dijo. –Pero mi papa me pinchó y me curó.
—¿Tu papa?
—Si, mi papa esta en el barco— respondió la pequeña.
Sheila miró a Rachel y la soldado enseguida supo lo que estaba planeando. Enseguida Rachel asintió. –Trataré de que puedas hablar con el cuanto antes— seguidamente Rachel salió por la puerta.
*****
Día 30 de Julio de 2009
Día 413 del Apocalipsis
Barco… día 3 de cuarentena.

Luci al no estar infectada era la única que no estaba en una de las habitaciones de aislamiento. Como no podía ver a sus amigos se pasaba casi el día entero haciendo ejercicio. Hacía pesas, corría por la cubierta del barco, hacía flexiones, pero siempre vigilada por varios soldados. En las veces que había estado corriendo por la cubierta se había fijado en varios detalles. Había visto la ciudad de Manhattan, pero los grandes puentes habían desaparecido. Se imaginaba que habían hecho desaparecer estos para evitar que los No Muertos cruzaran. Con lo cual Luci se imaginó que los únicos accesos posibles a la ciudad eran por mar y por aire.
No se escuchaba ningún bullicio, era como si no hubiese trafico. También se fijó en que había varios barcos en el puerto y en todos ellos ondeaba una misma bandera. La bandera tenía el pájaro de fuego que habían identificado como el fénix, la misma bandera ondeaba también en algunos edificios, esa visión representaba para ella que estaba entrando en una especie de nuevo mundo, un mundo donde había gente que hacia vida normal, como si todo el asunto del apocalipsis no hubiese pasado. Lo que Luci veía fuera del barco era una ciudad llena de personas que habían sobrevivido a la pandemia, entonces Luci vio algo que le llamó la atención, había un grupo de tres barcos de casco negro, estos estaban más apartados. Luci sintió curiosidad y se dio la vuelta para mirar a uno de los soldados.
—¿Qué es eso?
—¿Eso? Son barcos prisión, allí llevamos a los criminales, allí esperan a la muerte. Los tenemos ahí a la vista de los de la guerrilla, nos gusta que vean lo que les espera si los pillamos.— el soldado caminó hacia Luci y le tendió unos prismáticos. –Si miras entre los barcos veras unos mástiles.
Luci hizo lo que el soldado le dijo y miró. Entre los barcos vio varios mástiles y de ellos vio colgadas varias figuras que se movían, por un momento Luci pensó que eran muñecos a los que mecía el viento, pero no había viento y aquello no eran muñecos. Eran No Muertos. Entonces Luci entendió varias cosas.
—A los de la guerrilla los colgamos ahí y dejamos que se reanimen, eso les sirve a esa escoria como aviso. La verdad es que se merecen eso y más.
—¿De que va todo eso de la guerrilla?— preguntó Luci, no entendía nada de lo que estaba pasando.
—Ya te informaran a su debido tiempo— le respondió el soldado quitándole los prismáticos.
En ese momento vieron como una zodiac surcaba el agua en dirección a ellos. La zodiac se detuvo junto al barco y vio como subían varias personas, una de esas personas era una chica que llevaba bata de medico, su mirada se cruzó con la de Luci después de que uno de los soldados le susurrara algo al oído, seguidamente la condujeron al interior del barco.

Llevaba tres días sin ver a los mío, me habían informado que se habían llevado a Vicky a la ciudad y que la pequeña se quedaría en casa de mi hermano. En un principio no me pareció bien, pero al menos se quedaría con mi hermano, aunque al principio no me lo creí mi hermano me lo confirmo. Pasaba el rato en mi celda leyendo libros o haciendo ejercicios, solo interrumpía mi rutina cada vez que comía, me daba un baño o me visitaban los médicos para sacarme sangre y muestras de orina.
Estaba haciendo flexiones cuando escuché como la puerta de mi habitación se abría. Al levantarme vi entrar a una chica latina que se me quedó mirando.
—Soy Sheila, soy medico— dijo tendiéndome la mano.
—Eso ya lo había supuesto por la bata medica, pero esta mañana ya me sacaron sangre y me hicieron mear en un tubito.
—Vengo a hablarle de su hija señor…
—Mi nombre es Juan Manuel— dije estrechándole la mano.
—¿Pueden dejarnos solos?— preguntó la doctora mirando a los soldados que la escoltaban.
Estuve apunto de decirles algo irónico, pero salieron antes de que pudiera abrir la boca, dejándome a solas con la doctora. Esta me miró de arriba abajo.
—Me gustaría ofrecerle un te o un refresco, pero lamentablemente no tengo esos privilegios, solo un par de libros.
—Estoy aquí por Vicky. Su hija… bueno, su hija adoptiva.
—Es mi hija y punto, nada de hija adoptiva, a sus ojos yo ahora soy su padre y a los míos ella es mi hija, es como si fuera sangre de mi sangre.
—Precisamente de la sangre vengo a hablarle. Al igual que a ustedes le hemos sacado sangre y no hemos encontrado nada del virus en su organismo. Creímos que era inmune como el señor Levine al que ya sabemos que conoce, pero era solo una teoría, una teoría que se desvaneció al ver el mordisco de su brazo. Luego me han hablado que una chica del grupo… Luci… — Sheila comenzó a revisar unos papeles y me tendió unas fotos de Luci, especialmente fotos de su mano donde le habían mordido en Madrid –Esta chica también tiene mordisco. Estamos convencidos de que tanto la pequeña como Luci estuvieron infectadas… lo que nos lleva a pensar…¿De donde sacaron la cura?
La pregunta de la doctora no me pillo por sorpresa, sabía que era algo que ocurriría tarde o temprano.
—Si, teníamos una cura. Pero por circunstancias un tanto especiales nos quedamos solo con una ampolla, la cual inyecté a mi hija para salvarle la vida. De lo contrario habría muerto. Supongo que entiende que no podía permitirlo.
—Si, yo le entiendo, pero ahora entienda usted que a partir de la sangre que se le ha sacado al señor Levine, a la pequeña y la señorita Luci se podrían sacar vacunas, lo cual implica que cada cierto tiempo se les saqué sangre.
—¿Han venido a pedir mi autorización para que le saquen sangre a mi hija? Olvídenlo, no pienso hacerlo. Es solo una niña, no un conejillo de indias. Ya tienen a ese tal Levine, exprímanlo a el y dejen a mi gente en paz, solo queremos vivir tranquilos y recuperar algo de nuestras vidas.
—Si es lo que le estamos pidiendo, la niña es una mina de oro al igual que los otros dos, ya sabe cuantos más haya más vacunas habrá.
—Déjeme que le diga algo de las vacunas. Estas no son perfectas, se pueden inyectar, pero no da inmunidad, si ahora una persona se curara y luego la volviesen a morder sería fatal porque el virus atacaría con más fuerza.
—Bueno, por eso no se preocupe, porque en la ciudad no pueden pasar No Muertos. Manhattan es una ciudad libre de ellos. Escuche, cuando acabe la cuarentena serán trasladados a la ciudad donde se les facilitara una vivienda y un trabajo. Lo de la sangre no es un impedimento para esto, pero aceptarlo les colocará en una clase social más alta. Su decisión sin aponer resistencia les facilitara las cosas a sus compañeros. Solo diga que si y ya estará todo solucionado.
Me quedé un rato pensativo y entonces miré a la doctora de nuevo. –Muy bien, pero antes quiero hablarlo con mi pequeña. No quiero que la asusten.
—Muy bien, se la traeremos— dijo la doctora levantándose. Antes de salir por la puerta se dio la vuelta y me miró. –Se esta habilitando una habitación para todos ustedes, para que puedan verse, tengo entendido que su pareja sentimental esta también aquí, somos conscientes de que estará deseando verla.
—Nos tienen aquí como rehenes, deberían dejar que estuviésemos juntos en la misma habitación desde el principio. Además, si ustedes también están infectados no entiendo el por que no están en cuarentena.
—No estamos en cuarentena porque no venimos desde fuera. Parece que no entiende lo que ha pasado en el mundo, las cosas han cambiado.
—¿Qué no se lo que ha pasado en el mundo? No me jodas. He estado junto a mi gente un año entre esos putos seres, se de sobra lo que ha pasado. Ellos han ganado, nosotros hemos perdido.
—No me refiero a eso. Me refiero a que tanto tiempo entre esos seres y demás cosas, podrían haber cogido alguna enfermedad. Si son portadores de algo podrían hacer que se extendiera, lo cual sería fatal para nosotros. Imagínese por un momento que uno de ustedes tiene una enfermedad y que esta se extiende por la ciudad, echaría por tierra todo lo que hemos construido.
—Eso mismo puede ocurrir si alguien muere y este se reanima. La gente comenzaría a morir. Esto es un sinsentido.
—Siempre hay patrullas para evitar eso. Bueno, aquí tiene unos papeles que debe firmar para que puedan extraerle sangre a su hija.— dijo Sheila separando unos papeles del resto y dándomelos, también me dio un bolígrafo. Cuando me lo dio escuché el chasquido de varias armas detrás de un cristal. Lo que significaba que estábamos siendo vigilados, tenían tanto control sobre nosotros que ni se molestaban en pasar desapercibidos. Me imaginaba que querían prevenir que yo usara el bolígrafo como arma, pero no lo iba a hacer obviamente.
Comencé a firmar los papeles y luego Sheila me pasó otros que enseguida supe que eran permisos de residencia. Todos tenían nuestros datos y una foto nuestra. No recordaba exactamente el momento que nos habían tomado las fotos y los datos. Seguramente justo antes de que me sedaran. Los días que habían pasado desde que nos llevaron a bordo del barco habían sido muy confusos y apenas tenía recuerdos claros, más bien eran lagunas mentales.
Terminé de firmar los papeles y se los devolví a la doctora que antes de guardarlos en la carpeta los ojeó un poco, después de mirarlos me miró a mí levantando la mirada. –Muy bien, ha tomado la decisión correcta, esto será lo mejor para usted y los otros. Vendré a verles habitualmente. Solo les quedan treinta y siete días de cuarentena.
Después de decirme eso la doctora salió por la puerta y yo volví a quedarme solo.
Aquella misma tarde trajeron a Vicky, la pequeña venía acompañada de mi hermano y por su mujer a la que me presentó y me contaron cosas, aunque no mencionó nada de lo que les había pasado a nuestros padres y era lo que más ganas tenía de saber, después se marcharon llevándose a la pequeña con ellos, volvía a estar solo y sin contacto con los demás, esa espera se me estaba haciendo interminable.

Día 20 de Agosto de 2009
Día 424 del Apocalipsis
Barco… día 24 de cuarentena.

Habían pasado ya veinte cuatro días desde que empezó la cuarentena. Vicky seguía viviendo con mi hermano y Rose mientras que a nosotros nos habíamos reunido en una habitación lo bastante grande para que pudiéramos estar los seis y el bebé. En el reencuentro me había enterado que Luci no estaba en la cuarentena y que Yako tampoco estaba, había cosas demasiado raras en todo aquel asunto. Aquel día recibí la visita de mi hermano, este pidió un permiso para que me sacaran de aquella habitación bajo su responsabilidad y me llevó hasta la cubierta del barco, desde donde pude ver la ciudad.
—¿Cómo lo ves? Supongo que estarás contento, se que siempre quisiste venir aquí.
Me apoyé en la barandilla y miré hacia la ciudad, luego miré a mi hermano. –Si, pero en esta situación no, aunque  no me has traído aquí para hablarme de esto ni mostrarme las vistas.
Carlos negó con la cabeza. –No, he venido a contarte todo lo que ocurrió con nuestros padres. Se que lo quieres saber.
—Hay otras cosas que quiero saber. Si estamos en cuarentena… ¿Cómo te han permitido sacarme de la habitación? Se supone que si tengo algo puedo contagiártelo a ti. No tiene sentido. ¿Qué ocurre en realidad?
—Temen que alguno muera y se extienda el virus demasiado rápido, por otro lado están preparando ya la vacuna, la tendrán preparada en diez días, cuando esté comenzara a distribuirse por toda la ciudad y se comenzará a vacunar a la gente.
—¿Cómo esta Vicky?— pregunté.
—Le han estado sacando sangre para elaborar la vacuna, también a Luci. Por eso no las ves en el barco, se quedan muy débiles.
—Por eso no nos dejan salir… es una cuarentena encubierta— respondí.
—Si, lo siento. Supusimos que no dejaríais que se hiciera así, pero Luci y Vicky están bien y…
Carlos no terminó la frese, me di la vuelta y le asesté un fuerte puñetazo en la cara, este cayó de espaldas, se llevó la mano a la boca, observó su sangre y me miró —Sabía que reaccionarias así. Al fin y al cabo me lo merezco— Carlos se puso de pie y volvió a mirarme.  –Creo que va siendo hora de que sepas toda la verdad de lo que pasó con papa y mama, pero no te va a gustar. También te informaré de donde estáis a punto de entrar.
—Empieza a hablar y déjate de tonterías— le espeté.
Carlos se sentó sobre unas cajas de hierro que habían en un rincón y levantó la mirada para mirarme, entonces comenzó a contármelo todo.

Yuriko y Vanesa se habían quedado a solas en la habitación, allí Yuriko le había contado a su amiga que la cuarentena no era real y que los tenían allí para distraerlos mientras a la niña le sacaban sangre para elaborar una cura que por o menos hiciera desaparecer el virus latente de su organismo, sin embargo Vanesa sabía muy bien los contras de eso. De la sangre de Luci o Vicky no podría sacarse nada mejor que la vacuna que se les inyecto. Si de repente alguien era mordido después de ser vacunado, el virus entraría de nuevo en su organismo y las consecuencias serian devastadoras.
—El remedio puede ser peor que la enfermedad Yuri. Si elaboran la vacuna, la gente la pedirá y comenzaran a repartirla, no podrán negarse si no quieren que la gente se revele.
—Eso ya lo saben, por eso comenzaran a vacunar enseguida a la gente, vosotros incluidos. Desde que la gente descubrió lo de la mutación del virus y que todos lo habían contraído, vive con miedo, temen que algún familiar muera por la noche y los mate mientras duermen, ese es el mayor terror que tienen los habitantes de Manhattan, con esa vacuna… la gente se tranquilizaría— decía Yuriko tratando de hacerle entender a Vanesa los motivos. –Además, Manhattan es una ciudad fortificada y bien protegida, los puentes han sido derribados, los túneles están vigilados y después de central park hay una gran valla electrificada que impide la entrada de esos monstruos u otros maleantes.
—Con maleantes te refieres a saqueadores— respondió Vanesa.
—Trataron de atacarnos hace unos meses desde fuera, pero las fuerzas de seguridad acabaron con ellos. No se que pensaras que es Manhattan en estos momentos, pero te puedo asegurar que es la ciudad más segura del planeta.
—¿La más segura del planeta? ¿Significa eso que no hay más ciudades así?.
—Yo no he dicho eso, sabemos que hay pequeñas comunidades en varios puntos del planeta o cerca de nosotros, también hay grupos errantes como el vuestro o los saqueadores a los que abatimos, pero no nos juntamos con ellos ni confiamos en ellos, tampoco ellos confían en nosotros, se podría decir que son autosuficientes.
—Como nosotros, si no llegáis a aparecer nos habríamos quedado a vivir en esa isla.
En ese momento se abrió la puerta de la habitación y apareció David.
—¿Qué ocurre?— preguntó Vanesa mirando a su compañero.
—Me han informado de que un tal Cooper quiere que nos reunamos con el Juanma, Eva, Alicia, Sandra, tu y yo— respondió David.
Rápidamente Vanesa miró a Yuriko. —¿Quién es Cooper exactamente?.
—Es quien manda aquí— respondió Yuriko.
—¿En toda la ciudad?
—No… en el barco, el esta al mando aquí. Si quiere veros es que es algo importante— respondió Yuriko.

La historia que mi hermano me había contado me había dejado atónito. Me acababa de relatar como murieron nuestros padres y nuestro hermano menor. Según el, mi padre no había llegado a salir ni siquiera de Puzol, lo que se me clavó como un puñal fue que me dijera que desapareció porque me andaba buscando. Eso me hizo sentirme culpable. Si yo hubiese estado con mi familia desde el principio quizás no habrían muerto o podría haber hecho algo por ellos. Mi hermano había omitido los detalles de las muertes, tampoco quería imaginarme el momento exacto ni la forma, aunque de todas formas el hecho de saber que habían muerto me estaba comiendo por dentro. Estaba apunto de decirle algo a mi hermano cuando aparecieron varios soldados en cubierta, acto seguido mi hermano y yo nos secamos las lagrimas de los ojos, eso era algo que ninguno de los dos habíamos podido reprimir.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó mi hermano.
—Cooper quiere verle— dijo uno de los soldados señalándome. –Sus compañeros ya están reunidos, todos salvo la que no tiene el virus.
—¿Se refiere a Luci? ¿Dónde esta?— pregunté mirando a mi hermano y a los soldados.
—Ella esta en la ciudad ya— respondió uno de los soldados, uno que era totalmente rubio.
Los soldados me condujeron de nuevo hacia el interior del barco y me llevaron hasta lo que parecía una sala de reuniones. Allí estaban mis demás compañeros y un monitor enorme mostraba un mapa del mundo donde se podían ver varios puntos rojos. Al entrar fui directo a sentarme junto a Eva mientras mi hermano se iba al final de la sala para observar, este se puso al lado de la chica japonesa amiga de Vanesa, la cual se había presentado como Yuriko.
—¿Dónde estabas?— preguntó David.
—Estaba hablando con mi hermano. Teníamos cosas que contarnos sobre que había pasado con nuestros padres… están muertos— concluí.
En ese momento entró un hombre ante el que los demás soldados de la sala se cuadraron, lo que identificaba al individuo como el tal sargento Cooper, este llevaba una carpeta debajo del brazo, la cual dejó caer encima de un escritorio. Pude fijarme en el, se trataba de un hombre que parecía curtido, tendría unos cuarenta años, tenía una barba de unos cuatro o cinco días, ocultaba su cabello rubio canoso debajo de una gorra militar y su cabello terminaba en una pequeña coleta.
—Soy el capitán Nick Weaber. El sargento Cooper ha tenido que salir en una misión— se presentó el hombre, seguidamente este miró a mi hermano a Yuriko y a los soldados, luego les hizo un gesto con la cabeza para que salieran. Estos obedecieron dejándonos a solas con el militar.
—Muy bien— dijo abriendo la carpeta, enseguida supimos que eran nuestros historiales lo que había dentro de esta. –Antes de partir, Cooper me pidió que me disculpara por el. Me dio vuestros historiales para que viera quienes sois cada uno, según esto faltan dos personas de vuestro grupo… son Lucia y Victoria, ellas ahora mismo están en la ciudad. Vosotros os reuniréis pronto con ellas y se os asignara un apartamento donde podréis vivir tranquilamente. Debo deciros también que las pruebas con la vacuna están resultando favorables y que en unos meses, dos como mucho, la tendremos lista y apunto. Por otro lado… se os asignara un trabajo— la mirada de Weaber se clavó en mi en ese momento. –Usted tiene formación militar ¿No?.
Yo asentí con la cabeza. –Así es.
—Nos faltan efectivos en misiones de recolección, rescate y reconocimiento. Usted será trasladado a un equipo de esos.
Eso hizo que Eva se levantara de golpe. –Ni hablar. No pueden salvar a la gente y luego meterlos en misiones prácticamente suicidas.
—Siéntese señorita. No se en que mundo vive, pero las cosas han cambiado por completo, la muerte nos rodea y solo podemos imponernos a ella si luchamos contra ella. La única manera de imponernos es luchar por sobrevivir y para sobrevivir mandamos a equipos fuera a distintas partes del mundo. La estancia en Manhattan no es gratuita, ese es el lema de “El Fénix”. Resurgimos de nuestras cenizas— respondió Weaber.
—Entonces yo también quiero formar parte de ese equipo. Yo también quiero ser útil y no quiero dejarle solo— dijo Eva mirándome.
—Dígame su nombre— le espetó Weaber.
—Eva.
—Yo también quiero formar parte de esos equipos, quiero recibir instrucción militar— dijo David levantando la mano. –Mi nombre es David.
Weaber tomó nota y nos miró a todos hasta que detuvo la mirada en Vanesa. –Tengo entendido que es una piloto excepcional. Supongo que no tendrá inconveniente en seguir ejerciendo como piloto para nosotros.
—Estoy de acuerdo— dijo Vanesa asintiendo. –Si algo se me dará bien es ser piloto.
—Eso esta bien, la verdad es que no tenemos muchos pilotos.— Weaber miró entonces a Sandra y Alicia. —¿Y vosotras?. No podemos dejaros paradas, todos los habitantes de la ciudad aportan algo a la comunidad.
—Yo tengo a un bebé a mi cargo y no se yo si me vendría bien trabajar, no se con quien podría dejarlo si todos mis amigos están trabajando o haciendo algo.
—No se preocupe por eso Alicia. En la ciudad hay colegios y guarderías, lo que nos lleva a que la niña podría asistir a clases. Tenemos escasez de profesores también, después del incidente perdimos varios.
—¿Qué incidente?— pregunté en ese momento.
—Hace un mes un profesor sufrió un ataque al corazón y murió en la clase. Cuando se reanimó mato a cinco profesores y a cinco niños— respondió Weaber agachando la cabeza.
—Yo puedo ejercer de profesora— respondió Alicia levantando la mano.
—Muy bien… nos queda usted. Me interesa saber a que se dedicaba antes— preguntó Weaber mirando a Sandra.
—Era camarera en una cafetería…
—Mmmmm… no, de eso vamos ahora mismo sobrados. Sin embargo necesitamos gente en el puerto, también nos hace falta personal de hospital, si no también puede unirse a sus compañeros en instrucción. Si me deja hacerle una sugerencia, creo que su trabajo ideal sería el puerto. Ayudaría a descargar suministros de los barcos.
—Muy bien, me quedo en el puerto— respondió Sandra.
—Muy bien, ahora las normas. En Manhattan existe la ley y el que la incumple es rápidamente juzgado, solo tenemos dos penas, delitos mayores se pagan con la muerte y los menores con la prisión. Los delitos mayores son casos como asesinato y violación… o pertenecer a la guerrilla. Los menores son para hurtos y ayuda a la guerrilla, aunque en ciertos casos el hecho de ayudar a la guerrilla puede ser también condenado a muerte.
—¿Quiénes son la guerrilla? Lo he escuchado varias veces por aquí y por allá… ¿pero que significa?— preguntó Eva.
—La guerrilla son algo así como terroristas. Viven bajo la ciudad, les permitimos vivir allí porque no somos animales y hace tiempo que no actúan. Dentro de unos días hay una reunión con los lideres de la guerrilla para tratar de llegar a un acuerdo, pero las cosas no están fáciles. Bueno, después de haberles dado todas estas explicaciones, recojan sus cosas, van a ir a la ciudad para instalarse— concluyó Weaber.
Todos nos quedamos mirando y me di cuenta de que todos estábamos felices, no era lo que nos esperábamos, pero habíamos logrado alcanzar la civilización, la nueva civilización compuesta por supervivientes de todo el planeta. Aun así seguía sin gustarme la idea de que utilizasen a Vicky y a Luci para elaborar vacunas, pero al fin y al cabo no podía hacer nada para evitarlo, esas personas estaban desesperadas por encontrar una salvación.

*****
Luci había sido llevada hasta su apartamento, este se situaba en la planta veinticuatro, allí iba a vivir seguramente para siempre. Durante el trayecto en coche militar se había dado cuenta del ambiente del lugar. Había muy pocos vehículos a gasolina y la mayoría eran vehículos militares. Lo que más había eran bicicletas y carruajes tirados por caballos. También vio varios autobuses, quizás eran los únicos transportes de la ciudad.
El apartamento era lo bastante grande como para más de una persona, ese era el mismo edificio donde seguramente vivirían también el resto de sus compañeros. A Luci también le habían devuelto sus armas, incluida su katana, la misma que Hanzo le cedió en Madrid antes de morir. Justamente en ese momento llamaron al timbre y Luci se apresuró a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró con una chica de origen latino.
—¿Quién eres?— preguntó Luci.
—Me llamo Sheila, soy la encargada de mostraros a ti y a los demás miembros de tu grupo. También soy medico, así que si necesitáis algo, estoy en la planta doce.
—Gracias— respondió Luci.
La chica sonrió y se marchó de allí, seguidamente Luci cerró la puerta y fue a ver el apartamento, este constaba de una cocina, un salón, un baño y dos habitaciones, una de ellas era grande con una enorme cama de matrimonio, lo cual parecía un chiste de mal gusto para alguien que iba a vivir sola. Fue al baño y vio la ducha de hidromasaje al lado de una gran bañera. Dejó ir el agua y vio que había agua caliente. Decidió que iba a celebrar su regreso a la civilización dándose un buen baño de agua caliente. Luci llenó la bañera hasta arriba y se metió dentro, estaba tan relajada que finalmente se quedó dormida.

*****
Habíamos abandonado el barco por fin, mi hermano y Yuriko estaban con nosotros, ellos eran los encargados de mostrárnoslo todo. Weaber se había despedido de nosotros momentos antes. Poco después de bajar al puerto vimos la bandera del Fénix emblemática de la ciudad, segundos más tarde aparecieron tres vehículos militares, estos eran los que nos llevarían hasta nuestras nuevas viviendas.
—¿Vienes conmigo Juanma? Me gustaría hablar contigo en privado— dijo Carlos mirándome.
Yo miré a los demás y a Eva. –Ve y espérame en nuestra casa, yo iré pronto y llevaré a Vicky conmigo— entonces miré a mi hermano. –Tu sabes donde están los apartamentos ¿No?.
—Si, están a un par de manzanas del mío. Quiero mostrarte la ciudad.
—Muy bien— respondí, después me acerqué a Eva y la besé. –Luego nos vemos.
Yo me subí al vehículo con mi hermano y nos alejamos de allí. Finalmente habíamos logrado lo que tanto buscábamos y yo más que nadie del grupo, había encontrado a parte de mi familia.

3 comentarios:

  1. Huy, que bien, ya han llegado a un lugar en el que descansar después de tanto luchar...
    ¿Cuanto durarán la paz y la tranquilidad?
    Espero que muy poco

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    1. Bueno, ya lo irás viendo. Llegarán sorpresas varias. Tranquilidad, lucha, tranquilidad, lucha.... Muertes

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  2. Estoy empezando a leer la segunda parte..la primera me gustó mucho quitando algunas parte que se me hicieron pesadas,pero muy buen relato espero que la segunda esté a la altura de la primera

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