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jueves, 26 de septiembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 7



Día 31 de Julio de 2009
Día 414 del Apocalipsis.
Manhattan 00:30 de la noche.

Mi hermano y Rose se acababan de marchar después de cenar y que Carlos me contara todo sobre las cosas de la ciudad, la valla y sobre todo de todo el asunto de Dorian. El asunto de Dorian era lo que más me llamaba la atención, según mi hermano no creía que este hombre hubiese muerto y que la aparición de aquellos tipos en las vallas y el intento de asesinato del general Graham tenían mucho que ver con el tal Dorian.
Por lo que me había contado el tal Dorian era un autentico maniaco, un tipo que había hecho cosas terribles en la ciudad, desde el asesinato a la violación, incluso me contó que el que el general no tuviera pierna tenía que ver con Dorian. Según Carlos, para el, Dorian seguía vivo en algún lugar del país con hombres a su mando, y aunque era una teoría de Carlos… el creía que los de la guerrilla tenían algo que ver con Dorian.
Dorian, Dorian, Dorian… incluso el nombre me daba escalofríos, mi hermano lo había descrito como un monstruo, el tipo de monstruo en el que se habían convertido personas de mi pasado.
Tras la marcha de mi hermano y con los niños ya dormidos, a pesar de que Luci no estaba todavía, pero íbamos a comenzar la reunión. Quería saber que pensaban mis compañeros del lugar en cuestión y ya que podíamos irnos si queríamos, tenía que saber que querían hacer ellos.
—Bien… ya sabéis para lo que estamos aquí reunidos, aunque haya alguien más de lo esperado— dije mirando a Yuriko. –Supongo que esto también te lo puedo decir a ti. Bien, las cosas en la ciudad están así, hay una especie de pequeña revuelta y hay maleantes intentando abordarla y cargarse a uno de los fundadores. No es la clase de ciudad pacifica que esperábamos y eso en mi opinión complica un poco las cosas para quedarnos. Tenemos opciones de marcharnos, pero eso nos acarrea ciertos contras.
—¿Irnos? ¿A dónde?— preguntó David.
—No lo se, esta claro que no nos conocemos este país. Podríamos desplazarnos, pero en caso de hacer eso no podríamos bajar la guardia en ningún momento. No sabemos la clase de gente que vive en este país ni como son. Solo conocemos lo que hemos visto, lo cual nos hace hacernos una idea de lo que nos podemos encontrar.
—A ver si lo entiendo, nos propones marcharnos de la ciudad a sabiendas de que las podemos pasar ahí fuera… esto no es como España, aquí la población de No Muertos es mayor y…
—Y el número de saqueadores y grupos armados es mayor que es España. Además, ahí fuera esta Dorian.— añadió Yuriko.
—Por eso lo digo, lo que estoy exponiendo aquí es, quedarnos sabiendo que es lo que pasa y que en cualquier momento puede estallar una guerra o salir ahí fuera y arriesgarnos a un viaje hacia lo desconocido. Así que haremos lo que votéis. ¿Nos vamos o nos quedamos?— concluí.
Justo cuando iban a votar, alguien llamó al timbre, fui a abrir y me encontré con Luci. La cual apenas se tenía en pie debido a la borrachera que llevaba.
—Llegas tarde a la reunión— dije agarrándola para que no se cayera.
—Lo se, lo se, pero tenía que celebrar que estoy viva.
—Te has perdido toda la reunión, ahora toca votar.— respondí.
—Bueno, yo me voy a la cama, espero que no te importe que me quede esta noche aquí. No encuentro las llaves de mi casa… por cierto, votéis lo que votéis… yo voto que si. Buenas noches.
Después de acostar a Luci volví al salón con los demás y volví a formular la pregunta. –Muy bien, ¿Qué hacemos? ¿Nos vamos o nos quedamos?.
—Nos ha costado mucho llegar hasta aquí y aunque aquí ocurra lo que ocurre no es lo mismo que ahí fuera. Por los niños y porque tengan una vida lo más parecido a una vida normal que podrían tener en una situación normal. Voto por quedarme— dijo Eva levantando la mano.
—Yo también voto por quedarme. Esto no puede ser peor que estar ahí fuera— David levantó la mano.
—Me quiero quedar—dijo Alicia. –Ahora tengo que pensar en mi hijo.
—Yo solo me iría si os marchaseis todos, pero aquí esta también mi mejor amiga— Vanesa miró a Yuriko. –Me quedo.
—Yo no quiero arriesgarme más. Me quiero quedar y tratar de recuperar mi vida— dijo Sandra. –Aquí, pese a que no sea perfecto… viviré mejor que por ahí fuera y no estaré temiendo constantemente por mi vida.
—Muy bien, pues nos quedamos. Luci estará de acuerdo en quedarse— respondí.
Así decidimos pasar a vivir nuestra nueva vida en lo que quedaba de Manhattan, por fin habíamos decidido que era allí donde íbamos a echar raíces y a tratar de recuperar nuestras vidas. Y a decir verdad, pese a todo… yo tampoco quería marcharme.

3 meses después.
Día 1 de Noviembre de 2009
Día 507 del Apocalipsis.

Habían pasado tres meses desde que habíamos llegado a Manhattan. Durante ese periodo habíamos disfrutado de lo más parecido a unas vacaciones. Cada uno tenía su casa y estábamos teniendo lo más parecido a una vida normal. Ya no habían vuelto a sacarle sangre ni a Vicky ni a Luci. Ya tenían más que suficiente para sacar vacunas a partir de esa sangre. Los científicos de la ciudad habían logrado sacar una vacuna idéntica a la que crearon los científicos de Madrid y ya habían empezado a distribuirlas. Nuestro grupo fue de los primeros en ser vacunado. Solo aquellos que tenían alguna enfermedad o las mujeres embarazadas no habían sido vacunados, eso podría traerles complicaciones. Durante ese tiempo no había vuelto a saber nada de aquel tipo que había conocido durante la falsa cuarentena. Y justamente el 1 de Noviembre Vicky empezaba el colegio y la mayoría de nosotros comenzaba en sus respectivos trabajos. Lo más importante era que en esos tres meses no habíamos vuelto a ver ni un solo No Muerto, estábamos recuperando nuestras vidas.

Estaba esperando a Vicky que estaba lavándose los dientes, ya llegábamos tarde a su primer día de clase. Nos habíamos enterado de que Alicia iba a ser su profesora y la pequeña estaba contentísima, Eva y yo también lo estábamos, ya que nuestra pequeña a la que al entrar en la ciudad habíamos adoptado legalmente iba a estar con alguien de confianza.
—Vicky cariño. Es hora de irnos— dije desde el salón.
La pequeña no tardó en salir del baño y acercarse corriendo al salón donde se nos quedó mirando a Eva y a mi.
—Estoy nerviosa papi— dijo la pequeña poniéndome muecas buscando una especie de compasión por mi parte para no llevarla al colegio, pero el colegio para los niños era allí una obligación. No podíamos perder más tiempo, también Eva empezaba su instrucción junto a David.
Cuando Vicky ya estuvo lista, los tres salimos de casa y nos cruzamos con la doctora Sheila, con la cual habíamos hecho bastante amistad desde que habíamos llegado.
—¿Dónde va esta niña tan guapa?— preguntó Sheila acariciándole la cabeza.
—Es mi primer día de colegio— respondió la pequeña con una sonrisa.
—Ya veras como haces muchos amigos— luego Sheila me miró. –A ti se te espera en el Madison Square Garden para la asignación de la misión de mañana y para que conozcas a tu equipo.
—Allí estaré cuando deje a mi hija en el colegio— respondí.
Realmente no recordaba que me tocaba ese día y la ropa que llevaba no era la más adecuada para ello, llevaba ropa que me hacía parecer un abogado o algo parecido. Pasaría por casa para cambiarme.
Después de despedirnos de Sheila bajamos a la calle y comenzamos a caminar hacia el colegio, el cual quedaba a solo unas tres manzanas de donde vivíamos, cuando llegamos pude ver multitud de niños de todas las edades, hacía tiempo que no veía nada así y me parecía increíble, desde ese punto de vista me sentía tranquilo y libre, el mundo infernal que habíamos conocido antes de nuestra llegada había sido solo un mal recuerdo.
Cuando pasamos al interior del edificio pude cruzar la mirada con varios padres, estos nos miraban como si fuésemos la novedad… aunque después de las entrevistas que nos hicieron para la televisión tampoco me sorprendía tanto. Hacía dos meses que tras situarnos en la ciudad y arreglar papeleo, habíamos sido invitados a un programa de entrevistas, el cual formaba parte de la parrilla del único canal en emisión donde la mayoría del tiempo emitían reposiciones de series y películas y algún que otro programa, algo que según los altos mandos de la ciudad servía para devolver la normalidad a los habitantes. Tras nuestro paso por el programa éramos conocidos como los supervivientes de España, aunque eso no nos libraba de las miradas recelosas de los demás.
Llegamos a la clase que nos habían indicado y enseguida nos recibió Alicia, la cual era un manojo de nervios y temblaba como un flan.
—Estoy nerviosísima. Por un lado por esto y porque es la primera vez que desde que tengo al niño me separo tanto tiempo de el— dijo Alicia mirándonos a Eva y a mi.
—¿Con quien lo dejaste?— preguntó Eva.
—Lo dejé en la guardería de este mismo edificio, pero no podre verlo en un buen rato.
En ese momento sonó la campana que indicaba que todos los niños tenían que entrar a clase, así que me agaché junto a Vicky y le di un beso en la frente. –Pórtate bien ¿Vale?.
Vicky asintió y entró en clase, Alicia nos dedicó una sonrisa y entró justo detrás, luego cerró la puerta.
Eva y yo comenzamos a caminar por el pasillo en dirección al exterior. Cuando salimos a la calle fue el momento de despedirnos, ella tenía que coger un autobús que la llevaría al mismo lugar donde comenzaría su instrucción.
—Bueno cariño, te veo por la noche— dijo Eva agarrándome por las manos. –Espero que lo que tengas hoy sea leve.
—Tu también— la besé. –Te quiero.
—Yo también te quiero.
Después de eso nos despedimos y yo comencé a caminar por la calle de regreso a mi casa. A cada paso que daba miraba a mi alrededor, veía que era como una ciudad normal, la misma que hace años. Ahora estaba viviendo en ella después de que el mundo se fuera al infierno. La única diferencia con lo que había sido la ciudad anterior era el tráfico, el cual se había visto reducido drásticamente.
Nuestro apartamento se encontraba cerca de China Town, lugar donde se concentraba la máxima población de habitantes de la ciudad. Cuando llegué a casa me cambié de ropa y volví a bajar a la calle donde pedí un taxi. Este paró cerca y me subí rápidamente, el hombre que estaba al volante era Afro Americano, se parecía mucho a Wesley Snipes, algo que hizo que me lo quedara mirando.
—Si, ya se que me parezco. ¿Dónde le llevo?
—Al Madison Square Garden, me están esperando.
—Muy bien, allá vamos. Como no hay trafico estaremos allí en un momento— entonces este me miró. –Un momento… ¿No le conozco? ¿No es de los supervivientes que llegaron de España?.
—Si, me llamo Juan Manuel— respondí.
—Su historia en televisión me dejó flipado— el conductor se dio la vuelta y tendió la mano para que se la estrechara. –Un placer tenerle en mi taxi, soy Benjamín Douglass, pero puede llamarme Ben.
—Un placer— respondí estrechándole la mano a mi nuevo amigo. Poco después nos pusimos en marcha.
*****

Sheila seguía con la misión que le habían encomendado y se pasaba las veinticuatro horas del día observando y vigilando a Levine. Podría haber facilitado las vacunas, pero el objetivo de la guerrilla no era la vacuna, era ese hombre, al que tenía que sacar de allí a la menor oportunidad, pero no sería fácil, había demasiada vigilancia en este y no podría dar más de dos pasos, además de que los otros que custodiaban a Levine eran amigos suyos.
La estancia donde estaba Levine estaba completamente iluminada y era muy parecida a una habitación de lujo con todas las comodidades que una persona podría necesitar, incluso se rumoreaba que de vez en cuando le traían mujeres, algo que Sheila no había visto ni podía asegurar. En ese momento Sheila observaba como Levine estaba sentado delante del televisor de plasma viendo “Tom y Jerry”, justo en ese momento en la pantalla Jerry le estaba prendiendo fuego a la cola de Tom y esta salía corriendo, algo que hacía retorcerse de la risa a Levine.
—Parece que se divierte.
La voz de Rachel sorprendió a Sheila y esta se dio rápidamente la vuelta. —¿Qué haces tu aquí?.
—Me han asignado la vigilancia de este.— decía Rachel mientras miraba a los dos guardas a los que les hizo una señal. –Cambio de turno.
Los dos soldados se marcharon y Rachel y Sheila se quedaron solas, fue entonces cuando Rachel comenzó a hablar. –Seré breve. Se esta elaborando un plan para sacarlo de aquí, pero les llevará tiempo ahí abajo. Por lo tanto nos toca esperar.
—¿Qué pasa con mi misión entonces?— preguntó Sheila.
—Te seguirás ocupando de ello, este no saldrá de aquí mientras siga la investigación con su sangre, sin embargo se han añadido misiones nuevas para ti.
—¿De que tipo?— preguntó Sheila en voz baja y mirando de reojo a las cámaras de seguridad, temía que las escucharan.
—No te preocupes. Nadie nos escucha, al menos nadie que pueda causarnos problemas. Veras… tu misión ahora es también vigilar a los nuevos que llegaron hace tres meses. Papa Angelito esta muy intrigado con ellos. Especialmente en el líder, ellos son los únicos que saben como están las cosas fuera de aquí.
—No creo que sepan demasiado, pero lo haré.
—También quieren que averigües de que bando están. Perfectamente podrían estar mintiendo sobre lo que han vivido y ser enviados de Dorian. Lo cual también sería un problema.
—Creo que no mienten. Yo misma tuve una charla con el líder de ese grupo y no parecen enviados por nadie, es más… uno de ellos es hermano de uno de los hombres del general. Por no hablar de que tanto la niña como una de las chicas no llevaban el virus, su historia a mi me cuadra— respondió Sheila.
—Bueno, lo de Dorian era una idea mía. De todos modos aprovecha que vives en su mismo bloque para averiguar cosas sobre ellos.
—Muy bien— respondió Sheila.
Ambas chicas volvieron a mirar al interior de la habitación a través de los cristales y vieron que Levine estaba de pie mirando hacia ellas, aunque los cristales para Levine no eran más que espejos y no podía ver quien o que había al otro lado, sin embargo estaba parado de pie mirando como si las estuviese viendo.
*****

Luci se bajó de la moto y se quitó el casco justo en frente del Madison Square Garden. Había venido en la moto con Ethan, el mismo Barman que había conocido unos meses antes y con el que había comenzado una relación hacía casi dos meses. Ethan era de los pocos habitantes de la ciudad que tenía un vehículo a gasolina propio, en este caso una moto de gran cilindrada de color negro. Unos segundos después de que Luci se bajara, también el se quitó el casco.
—¿Paso a buscarte cuando termines?— preguntó Ethan.
—Mmmm… no, mejor no. Ya volveré yo sola a casa. Además, no se el tiempo que estaremos aquí.
—Muy bien, pues nos vemos esta noche— respondió Ethan, justo después, el y Luci se besaron. Después de eso, Ethan se volvió a poner el casco y se marchó.

Justo acababa de bajar del taxi y despedirme de Ben con un apretón de manos cuando vi la moto alejarse, lo siguiente que vi fue a Luci sonriéndome de oreja a oreja, la verdad era que desde que estaba con Ethan apenas la veíamos, aunque ella ya nos lo había presentado al poco de estar saliendo con el.
—Se te ve feliz. Tanto que apenas se te ve el pelo— le dije a Luci mientras le pasaba una mano por encima del hombro y caminábamos hacia el interior del estadio.
—Perdona… pero vivo en tu mismo bloque. Vosotros apenas os pasáis, a la que más veo es a Sandra… que por cierto empezaba hoy en el puerto, allí también les hacen la instrucción a David y Eva.
—Lo que no entiendo es porque nos hacen entrenar en sitios distintos en lugar de todos juntos— dije al tiempo que cruzábamos las puertas abiertas, enseguida una voz a nuestras espaldas hizo que nos paráramos de golpe y nos diéramos la vuelta. Allí estaba Weaber.
—Bienvenidos a la instrucción de combate avanzada. Síganme, les presentare a su equipo… ustedes son… Juanma y Luci.
Ambos asentimos y luego seguimos a Weaber hasta el interior del lugar, allí vimos un campo de entrenamiento con todo tipo de maquinas de gimnasia, también había dianas para practicar el tiro. También había como unos maniquíes en movimiento. También había estantes con todo tipo de armas de fuego, también me sorprendió ver armas de tipo medieval.
Mientras avanzábamos vi a varias personas allí, eran nuestro equipo, entre los que se encontraban mi hermano, Vanesa y Yuriko. Al ver a mi hermano me acerqué corriendo a el.
—¿Qué narices haces tu aquí?.
—Yuriko y yo hemos pedido el traslado a vuestra unidad. Me encantara ver que tal te desenvuelves en combate.  Y bueno… Vanesa será la piloto de nuestro equipo y Yuriko la copiloto. A los demás apenas los conozco pero te los presentaré.
Mi hermano comenzó a presentarme uno por uno a los miembros del equipo. Allí estaba Juan, un chico joven de unos treinta y cinco años, castaño  y de ojos verdes, de aspecto fuerte, aunque lo que más me sorprendió fue su procedencia, venía de Sagunto, un pueblo que estaba al lado de Puzol, este se estaba incorporando después de resultar herido en su última misión. También nos presentó a Manuel, un joven de unos veinte años también español, delgado y pelo rapado, también era su primer día y no tenía ninguna experiencia en combate. Mike era un tipo enorme que me recordaba a Abel en ciertos aspectos, la única diferencia era que el era un poco más joven, afro americano y no llevaba ningún tatuaje a la vista, sus brazos eran enormes y sus ojos eran de un penetrante color negro, me recordaba muchísimo al actor Michael Clarke Duncan que interpretó a John Koffey en la película “La milla verde”, luego estaba Roice, el cual había sido escogido como el capitán del grupo, un joven de más o menos mi edad de pelo corto, delgado y ojos marrones, me sonaba de haberlo visto en las patrullas que se veían desde que habíamos llegado. También estaba Marlon, un joven de piel morena y pelo negro de aspecto fuerte que venía de Hawai. Jill era la chica experta en comunicaciones y electrónica del grupo, apenas tendría los veinte y tenía una larga cabellera castaña y ojos azules. Finalmente estaba Sid, un hombre de unos treinta años delgado y con bigote que había sido policía de Manhattan. Éramos un equipo de doce personas.
Luci y yo nos presentamos enseguida, pero realmente ya éramos conocidos por todos ellos y por toda la ciudad.
—Muy bien. Las presentaciones ya están hechas, es hora de demostrarme lo que valéis— dijo Weaber de repente, enseguida miró a Luci. –Tengo entendido que eres buena con el cuerpo a cuerpo y la katana, elije una del estante y ponte en lo de los maniquíes. Ese ejercicio es el más indicado para ti, los maniquíes simulan que te están rodeando esos cabrones, cada vez que uno te toque emitirá un sonido, debes evitar eso y acabar con ellos.
Luci se agachó y se descolgó la bolsa de deporte del hombro, la abrió y sacó de ella su katana, la que había heredado de Hanzo. –Prefiero la mía— luego se encaminó hacia la zona indicada y se puso en el medio, una vez allí se fijó en que aquellos maniquíes se movían por raíles. Era fácil entender el funcionamiento de esa prueba. –Encendedlo— dijo Luci.
Weaber no tardó en poner a prueba a Luci y en encender aquella prueba, pronto los maniquíes comenzaron a moverse y Luci se preparó.
—¿Qué tal lo hace?— me preguntó Carlos.
—Es una maquina, quizás yo no estaría aquí de no ser por ella. Me ha salvado el culo más de una vez.
Luci no tardó en comenzar a mostrar sus habilidades con la espada, esquivaba a los maniquíes y les asestaba patadas a los que se acercaban. En pocos segundos, Luci había superado la prueba, dejando impresionados a todos los que no la conocían, especialmente a Weaber que observaba atónito a los maniquíes rebanados.
—No exagerabas con lo de que es hábil— dijo mi hermano.
—Ya te lo dije— respondí.
—Muy bien, ahora todos los demás, quiero practicas de tiro y cuerpo a cuerpo. Venga, esta tarde se os hará una prueba real— dijo de pronto Weaber.
Todos salvo los que habían pedido el traslado y ya llevaban tiempo ahí, comenzamos a entrenar.
*****

Eva, David y Sandra se habían encontrado en el puerto de Manhattan, habían coincidido con otros tantos novatos que habían empezado ese mismo día, las tareas de entrenamiento eran correr y pruebas bajo el agua, además de prácticas de tiro. La mañana se les estaba pasando rápidamente y había llegado el momento del descanso, momento que aprovecharon para conocer a unos cuantos, uno de ellos era un joven asiático llamado Ly y otra chica llamada Pamela de ojos marrones y larga cabellera negra.
—Yo siempre viví aquí en China Town. Al menos hasta que se armó todo este jaleo, sobreviví hasta que los fundadores del Fénix llegaron. Pudieron recuperar la ciudad, pero quieren ampliarla más y reconquistar otros lugares.— explicó Ly.
En ese momento el militar que estaba al mando los sorprendió y les pidió que se acercaran, cuando lo hicieron les sirvieron unas botellas de agua. Todos los que estaban allí comenzaron a beber con ansia, estaban muertos de sed.
David se bebió prácticamente la botella de un trago, justo después sintió como que le fallaban las piernas, rápidamente se derrumbó ante la mirada atónita de Eva. Ella quiso socorrerlo y avisar a los mandos, pero entonces se sintió mareada y cayó también al suelo, ni siquiera le dio tiempo a preguntarse que demonios estaba ocurriendo, poco a poco vio como los demás novatos iban cayendo, finalmente, Eva perdió el conocimiento.
*****

Era la hora del recreo y todos los niños del colegio habían salido a jugar. Para Vicky era la primera vez desde hacía mucho tiempo que tenía la oportunidad de jugar con otros niños de su edad, pero sin embargo se sentía apartada del resto. La pequeña se apartó y se sentó ella sola sobre el césped de un jardín a comer de la fiambrera que Eva le había preparado. No pasó mucho tiempo allí sola cuando un grupo de tres niños de unos doce años se acercaron a ella. Al verlos, Vicky se sintió amenazada y se puso de pie con los puños apretados, esos tres niños no le inspiraban confianza, uno de ellos al que le faltaban un par de dientes, era el que menos confianza le inspiraba.
—Tu niña… danos tu almuerzo.
—No— respondió Vicky tajantemente mirando directamente al niño al que le faltaban dientes, los otros dos estaban allí solo de espectadores.
—Tú eres la nueva ¿No? La que llegó con el grupo de ese país de mierda que se llama Ispaña. He oído muchas cosas de ti y tu papá, ese no es tu papá.
—Si que es mi papá— respondió Vicky clavándole la mirada.
—No lo es, tus padres de verdad se han muerto y ya no volverán. Ese papá que tienes es falso y nunca te va a querer.
—Tus padres si que no te quieren a ti porque eres muy feo— dijo Vicky empujando al niño. Entonces los otros dos se pusieron en guardia. Pronto, más niños comenzaron a acudir al lugar para ver que estaba pasando, eso hizo que Vicky se pusiera nerviosa.
—Mis padres están muertos— respondió el niño devolviéndole el empujón a Vicky. –Ahora dame tu almuerzo.
Los otros dos en ese momento se abalanzaron sobre ella y trataron de quitarle la fiambrera, pero Vicky se revolvió para evitar que se la quitaran, mientras forcejeaba alzó las manos y golpeó a ciegas mientras recordaba como se había defendido de algunos No Muertos antes de ser encontrada. Entonces vio como el niño sin dientes se lanzaba sobre ella. Vicky lo recibió con un golpe en plena cara con el puño cerrado, eso hizo que el niño sin dientes cayera al suelo de espaldas mientras se quejaba y se tocaba la nariz mientras la sangre comenzaba a salir.
—Me ha mordido, esta loca… me voy a morir— gritaba aquel niño mientras todos los demás se iban alejando de la escena entre gritos y acusaciones que tachaban a Vicky de ser uno de los monstruos.
Rápidamente acudieron varios profesores al lugar, entre los que se encontraba Alicia. Esta se apresuró a acercarse a Vicky y cogerla rápidamente de la mano para llevarla a otro lugar. Alicia se llevó a Vicky a un aula y allí la hizo sentarse mientras buscaba el botiquín para curarle los nudillos.
—¿Qué ha pasado Vicky?.
—Esos niños son gilipollas, se metieron conmigo y me dijeron que papá no me quería. Le di un puñetazo a ese capullo— respondió Vicky, esa forma de hablar casi hizo que Alicia rompiera a reír, pero no lo hizo.
—Escucha, no puedes pelearte así el primer día de colegio. Si tienes algún problema solo tienes que llamarme y yo vendré corriendo.
—Es que ese niño…
Alicia la interrumpió y se puso en cuclillas en frente de la pequeña para curarle los nudillos. –Escucha, los papas de ese niño se murieron y no tiene a nadie que cuide de el como de ti. Es probable que te tenga celos. No tienes que hacerles caso.
—Pero papá si me quiere.
—Claro que te quiere. Todos te queremos mucho— aclaró Alicia mientras le acariciaba el cabello. –Yo te quiero mucho también. Ahora vuelve al patio y busca amiguitos con los que jugar, se que en principio no es fácil, pero con lo alegre, simpática y divertida que eres, no tardaras en hacer amigos.
—¿Y que hago si ese niño feo se vuelve a meter conmigo?— preguntó Vicky.
—No le hagas caso— respondió Alicia, aunque suponía que después de que Vicky le hubiese pegado, este tardaría en volver a buscarle las cosquillas a la pequeña.
—Tía Alicia… ¿Dónde están los testículos? Es que tía Luci me dijo que si alguien me tocaba los cojones le pegara una patada en los testículos, pero como no sabía donde estaban le pegué un puñetazo en la nariz.
En ese momento Alicia rompió a reír. Ese tipo de consejos eran propios de Luci y no le sorprendía que hubiese aconsejado así a la pequeña.
—Venga cariño, ve al patio y luego a clase otra vez.
*****

Nuestro entrenamiento estaba dando sus frutos, yo me había apartado a practicar el tiro con ballesta junto a Juan y Mike. El gigantón afro americano me estaba dejando impresionado con su manejo de las armas, este se había dedicado a ser guarda espaldas de actores famosos de Hollywood, entre los que figuraban Brad Pitt y Denzel Whasington. Este agarró la ballesta y dio en el blanco cada vez que disparó.
—Es más fácil de lo que parece y también es un arma silenciosa.
Yo probé a disparar y la flecha salió por encima de la diana clavándose después en la pared. Juan se puso a mi lado y me pidió la ballesta. –Déjame a mí.
Juan disparó y dio justo en el centro de la diana, lo que hizo que sintiera vergüenza de mi mismo por haber fallado el tiro cuando mis dos compañeros habían acertado de pleno.
—No te apures vecino. Es cuestión de práctica— me dijo Juan. –Pronto le cogerás el truco.
—Si bueno, solo espero no tener estos fallos cuando este rodeado de caminantes… por cierto, me ha sorprendido mucho encontrarme a alguien de Sagunto aquí… era lo que menos me esperaba después de reencontrarme con mi hermano. ¿Cómo lograste salir de Sagunto?— pregunté finalmente.
—Durante la primera evacuación. Se puede decir que tuve suerte.
—¿Y a que te dedicabas antes del desastre?— volví a preguntar. Lo cierto es que ese nuevo compañero despertaba toda mi curiosidad.
—Antes de esto… bueno, no es algo que se pueda ir contando por ahí, pero eso ya pasó.—Tanto misterio me tenía en ascuas, pero dejé que Juan continuara. –Yo antes era asesino a sueldo, era así como me ganaba la vida.
—Te estas quedando conmigo— respondí con una sonrisa.
—No, no me estoy quedando contigo. Ese día que todo se fue a la mierda… yo acababa de hacer un trabajito y esperaba cobrar por mis servicios. Nunca cobré, así que me cargué a aquel pobre desgraciado para nada, aunque viendo el panorama… casi que le hice un favor.
—La muerte no es un favor para nadie— replicó Mike en ese momento.
—Comparado con ser uno de esos monstruos y deambular por ahí… es algo que yo preferiría. Además, fue rápido y no sufrió. Puede que sea un cabrón, pero no soy un puto cabrón. Nunca es nada personal… ahora aquí… se que estoy vivo porque los dioses están conmigo y me están dando la oportunidad de redimirme.
—Todos estamos aquí para buscar la redención a nuestros pecados del pasado. Estamos vivos por que se nos ha dado esta segunda oportunidad— replicó Mike rápidamente.
Me sentía cómodo entre ellos dos, tenía la sensación de que ellos dos y Luci iban a ser mis mejores apoyos ahí fuera. También estaba mi hermano, pero el parecía estar más a otra cosa.
*****

En algún lugar desconocido…
17:56 de la tarde…

David se despertó poco a poco y se vio tumbado en el suelo de madera de lo que parecía una habitación, nada más abrir los ojos se encontró con la mirada de Eva. Se fue levantando poco a poco y también vio a Sandra y a Ly, al igual que a sus otros compañeros novatos.
—¿Dónde cojones estamos?— preguntó David mirando a su alrededor mientras se tapaba la boca para no toser a causa del polvo.
—Joder… es real. La jodida prueba es real— dijo en ese momento Ly.
—¿De que estas hablando?— preguntó Sandra.
—Hablo de la maldita prueba de supervivencia de los novatos. Se trata de meter a los novatos en una gran mansión llena de podridos con un mínimo de armas y munición. Lo que viene a ser también un jodido juego de busca y consigue llaves.
David se acercó a la ventana con barrotes y miró al exterior, allí había varios militares preparados por si algo salía mal, también se fijó en un cartelito donde podía leerse: “Amityville 112 Ocean avenue”.

jueves, 19 de septiembre de 2013

NECROWORLD Capitulo 6



Día 30 de Julio de 2009
Día 413 del Apocalipsis.
Manhattan…

Los rascacielos de la ciudad desfilaban a mí alrededor, desde la ventana no perdía detalle de la ciudad, había gente por todas partes. La mayoría de los transportes y vehículos que veía eran carros tirados por caballos y bicicletas. Había muy pocos vehículos a motor. También me estaba fijando en lo que parecían ser los edificios más importantes tenían ondeando una bandera, la bandera del fénix.
—¿En que piensas?— preguntó mi hermano, eso hizo que lo mirara rápidamente.
—Pienso en lo que hay ahí fuera y hay aquí. Es como si aquí no hubiese pasado nunca nada. Esas personas… parecen felices.
—Son las apariencias. Todos tienen miedo, es un miedo visceral a lo que hay ahí fuera, es un mundo hostil, es tierra de nadie. Todos quieren aparentar felicidad y quieren tratar de volver a la normalidad, recuperar sus trabajos y al menos parte de su vida.
—Supongo que tienes razón. Tras varios meses ahí fuera comencé a pensar que no había esperanza para ninguno de nosotros. Valencia era una zona infestada y los pocos supervivientes que quedaban no eran precisamente amistosos. Perdí a mucha gente, a veces por culpa mía, de mi exceso de confianza y mis decisiones… erróneas en su mayoría. Me eligieron como líder y no se porque.
—La gente siempre necesita una figura en la que apoyarse. Tu estabas ahí y te eligieron, pero ahora puedes estar tranquilo, ya no eres el líder y no tienes el porque ejercer ese papel. Ahora empieza una nueva vida para ti y para los tuyos.
—Lo se. ¿Y donde me llevas exactamente?— pregunté mirando de nuevo por la ventana.
—Te llevo a casa del que esta al mando en la ciudad, se trata del general Graham Roberts, siempre que llega alguien nuevo a la ciudad, su portavoz debe pasar por casa del general. Veras, hace tiempo que no sacamos a nadie con vida después de tanto tiempo y estas noticias corren como la pólvora. La gente admira ese instinto de supervivencia, incluso se esta preparando un programa especial de televisión— dijo mi hermano sonriendo en esa ultima frase.
—¿Programa de televisión? ¿Estas de coña?
—No. Es un programa donde os harán entrevistas sobre vuestras vivencias en el exterior. Algo así como el de la tal Opra, la cual creo que esta muerta… bueno, no se.
En ese momento entramos en una zona donde habían varios militares.
—Esta es la zona residencial de los militares de alto rango y donde viven los que mandan… bueno, vamos a aparcar.
Carlos detuvo el vehículo y ambos bajamos, nada más tocar el asfalto se nos acercó un hombre ante el cual mi hermano se cuadro, yo iba a hacerlo también, pero aquel soldado hizo un gesto para que no lo hiciera, directamente me tendió la mano para que se la estrechara.
—Soy el sargento Cooper, siento no haber podido atenderos en el barco después de convocaros, pero tenía cosas que hacer. El general le esta esperando, espero que nosotros podamos hablar en algún momento.
—Mi nombre es Juanma y será un placer para mi— respondí mientras le estrechaba la mano.
Cuando Cooper se despidió de nosotros, mi hermano y yo entramos en el edificio, seguidamente nos subimos al ascensor más cercano y mi hermano pulsó el botón de la última planta. Mientras el ascensor subía me preguntaba como sería el tal Roberts, me preguntaba la clase de hombre que sería y me estaba volviendo a plantear lo de confiar en los desconocidos, de hecho, si no fuera por la presencia de mi hermano, quizás no me fiaría de esa gente. Cuando el ascensor se detuvo salimos a un pasillo totalmente iluminado y lleno de obras de arte.
—El general Graham es un fanático de las obras de arte. Incluso tiene aquí la Mona Lisa original que logramos salvar.
—¿De donde sacáis la luz? Supongo que eso es algo que también cuesta aquí.
—Bueno, tenemos luz eléctrica y paneles solares. Es así como vivimos día a día en Manhattan. Aunque no te lo parezca… tampoco se vive tan mal aquí. No al menos si tienes una clase social alta, aunque los que no la tienen es porque no quieren. Como en todos los gobiernos hay leyes que deben cumplirse, si no las cumples tienes tres opciones. El destierro, la prisión o los suburbios con la demás escoria, la mayoría eligen vivir como las ratas debajo de la ciudad.
Iba a responder a mi hermano, pero entonces llegamos a una puerta grande doble de madera marrón, bastante lujosa. Junto cuando mi hermano iba a llamar, esta se abrió y salió un hombre vestido de sacerdote, se trataba de un hombre de mediana edad, al vernos sonrió y se nos acercó. El sacerdote le estrechó la mano a mi hermano y luego a mí, luego volvió a mirar a mi hermano.
—Dios te ha guiado hacia tu familia otra vez. Es una muestra más de que dios siempre esta con nosotros— el sacerdote me miró a mí. –Soy el padre Kaleb Roberts, me encantará verte en misa a ti y a los tuyos, las palabras de unos supervivientes que han estado tanto tiempo en el exterior siempre anima y trae la tranquilidad a los habitantes de la ciudad. Que sepan que las hordas del diablo no son invencibles.
—Le prometo que pensaré en ello padre— respondí casi muy bien lo que responder, veía estúpido acudir a algo en lo que no creía.
El padre Kaleb sonrió otra vez y se alejó por el pasillo. Entonces mi hermano me miró. –El padre Kaleb es el mismo que me casó y también es hermano del general, a su vez es también uno de los tres fundadores de la ciudad, bueno… fundadores del Fénix.
Seguidamente cruzamos la puerta al mismo tiempo que una música sinfónica salía de un viejo toca discos. Enseguida tras un escritorio vi a un hombre con los ojos cerrados dejándose llevar por la música, la música me sonaba muchísimo.
—Es la sinfonía del nuevo mundo de Antonín Dvorák. Es la más idónea para estos tiempos— el hombre le subió el volumen. –Me gusta compartirla con los habitantes de la ciudad al menos una vez al día.
El hombre que había allí sentado tendría casi unos sesenta años. Cuando este se levantó avanzó cojeando hacia mí mientras se sostenía con un bastón. Al acercarse vi que tenía los ojos azules, vestía un traje de etiqueta, lo que me hizo dudar por unos momentos si era el general, pero mi hermano me reveló el rango de este al cuadrarse y saludar.
—Por favor soldado, descanse. No hace falta que me salude.
—Lo siento mi general, aquí le traigo a mi hermano y líder del grupo que rescatamos.
—Si, es indudable que son hermanos, son ustedes muy parecidos— el general me miró. –Juanma…¿Verdad?
—Si mi general— respondí saludándole como un militar.
—¿Podría dejarnos solos soldado? Vuelva a su casa con su mujer y su sobrina.
—A sus ordenes mi general— mi hermano saludó y luego se dirigió a mi. –Me voy a casa a recoger a Rose y a Vicky e iré a tu casa a llevarla. Cuando acabes tendrás un vehículo esperando en la puerta para llevarte a casa.
—Bien— respondí.
Unos segundos después mi hermano se marchaba y yo me quedaba a solas con el anciano general al que acompañé llevándolo del brazo hasta su escritorio. Una vez allí se sentó en la silla y apagó el tocadiscos. Luego abrió un cajón y sacó una botella de Bourbon y dos vasos. Iba a decirle que no bebía alcohol, pero aquel hombre ya estaba sirviéndome.
—Debo admitir que me sorprendió mucho su historia desde que me informaron que habían encontrado supervivientes— comenzó a decir el viejo general. –Francamente, teníamos España como un lugar infestado y donde solo habían sobrevivido maleantes. Si le digo la verdad nadie es capaz de sobrevivir fuera tanto tiempo a pesar de que tengan provisiones o armamento. Yo he vivido de primera mano el infierno que hay ahí fuera… vivía en Chicago cuando todo comenzó a ocurrir. Como bien sabe todo comenzó en la televisión, se hablaba de un virus y enseguida vino todo esto, ya no solo lo veías en televisión, lo veías en las calles, en el jardín de tu casa… e incluso en tu propia casa— Graham dio un trago a su copa. –Una mañana llegó mi hijo después de una noche entera fuera, decía que le había atacado un vagabundo y que este le había mordido. Nunca creí que todo estuviese relacionado, pero el murió delante de mi y luego regresó, pero ya no era el. Yo sabía lo que tenía que hacer y lo hice, logré salir con vida de Chicago, traté de ir a Los Ángeles, pero la ciudad era una zona de guerra, al igual que lo eran los demás países. La esperanza se estaba desvaneciendo.
—Lo mismo pensé yo. Ni siquiera creí que sobreviviera tanto tiempo— respondí después de dar un trago a mi copa.
—¿Sabe? Washington fue una de las primeras ciudades en caer, allí no queda nadie. Se supone que la mayor parte de lo que queda de la población del planeta esta aquí en Manhattan… se estima que se ha extinguido un noventa por ciento de la población mundial.
—¿Cómo levantaron este lugar?— pregunté por fin.
El general se puso en pie y fue cojeando hacia un mueble y cogió una foto enmarcada, me fije en la foto cuando me la acercó. En la foto aparecían dos hombres, uno era el general y el otro era el sacerdote que había visto salir de allí un rato antes, también me fijé en que la foto estaba rota por un lado, aunque aun se apreciaba que ahí había una tercera persona a juzgar por el brazo que se veía por encima del viejo general.
—Lo funde junto a mis dos hermanos. Kaleb al que me imagino que ya conoces y mi hermano menor Dorian. Nosotros tres fundamos este lugar cuando llegamos dos meses después de que todo ocurriese, limpiamos la ciudad y comenzamos a traer gente. Volamos los puentes de acceso a la ciudad para impedir el paso de los No Muertos. También levantamos una enorme valla pasado central park, aquí estamos seguros.
—¿Dónde esta Dorian? No se le ve en la foto.
—Yo mismo la rompí… Dorian tenía unas ideas diferentes a las nuestras. Lo desterramos de la ciudad. No se si vive o esta muerto. Desde que fue desterrado no hemos vuelto a saber nada de el.
—Entiendo— respondí.
—Pero bueno. Aquí vivimos bien, en cuanto a suministros vamos bien y tenemos a gente trabajando en el hospital elaborando medicamentos y vacunas. También vivimos de la pesca y de la caza. De vez en cuando hacemos comercio con pequeñas comunidades que han sobrevivido ahí fuera… el único problema que tenemos es la guerrilla, pero mientras no se rompa el pacto no ocurrirá nada. Ellos decidieron vivir allí abajo por que no querían aceptar nuestras leyes. Aunque de vez en cuando cometen algún acto terrorista y ellos o los que les ayudan acaban en la cárcel o muertos.
—Esto parece como una especie de dictadura— respondí sin cortarme un pelo. –Pero supongo que ya que nos han acogido, no podemos quejarnos. Al fin y al cabo hemos vuelto a una vida casi normal, al menos eso es lo que vi en las calles… pero yo no hablo por mi grupo, soy el líder, pero hay cosas que me gusta hablarlas con ellos. A lo que voy es… si alguna vez quisiésemos marcharnos… ¿Habría algún problema con ello?.
—¿Por qué querrían marcharse?— preguntó el general mirándome.
—Solo es una pregunta y quisiera saber esa respuesta.
—No, no habría ningún problema— respondió el general. –Entiendo que quizás han estado mucho tiempo sin leyes y puede que las nuestras les parezcan extrañas, pero a todo se acostumbra uno. Por otro lado, este es el lugar más seguro de todos los estados unidos, fuera no hay probabilidades de supervivencia. Esto no es España, los estados unidos son mucho más grandes y los peligros más grandes todavía. Les vamos a dar un mes de adaptación antes de comenzar a trabajar en sus respectivos puestos.
En ese momento la puerta se abrió de golpe y vi entrar al sargento Cooper.
—¿Qué ocurre Cooper?
—Mi general, tenemos problemas junto a la valla.
El general se levantó de golpe y comenzó a caminar hacia la puerta mientras yo me quedaba sentado, antes de salir por la puerta junto a Cooper, se dio la vuelta para mirarme. –Seguiremos con nuestra charla después, aun hay cosas de las que…
Yo no dejé que el general terminara de hablar, me levanté de repente y caminé hacia ellos. –Les acompaño.
*****

Eva se acercó a la ventana del apartamento y miró a la calle. Desde allí podía ver a la gente paseando por la calle o gente saliendo y entrando de los comercios. Era como si el fin del mundo no hubiese afectado a esa ciudad, como si nadie de allí estuviese al tanto de lo ocurrido, aunque la realidad era totalmente diferente, si que había pasado algo, el mundo entero se había convertido en una versión del infierno donde los muertos caminaban alimentándose de los vivos. Todo eso ocurría fuera de la ciudad, en el interior de la ciudad ocurría todo como antes de que pasara nada.
El timbre sonó de repente y Eva fue corriendo a abrir, nada más hacerlo la pequeña silueta de la niña se abalanzo sobre ella.
—Hola cariño, tenía muchas ganas de verte— dijo Eva con una sonrisa mientras abrazaba a la niña. Justo detrás de ella entraban Carlos y una chica que Eva dedujo que sería Rose.
—Me han estado sacando sangre, estaba mareada, pero ya estoy bien— dijo la pequeña.
—¿No ha llegado mi hermano todavía? Pensé que ya estaría aquí— preguntó Carlos.
—No, aun no ha vuelto. Pasad, no os quedéis en la puerta— dijo Eva invitándoles a pasar. –Los demás están viendo sus apartamentos, se que David y Alicia van a vivir juntos, este le ofreció su apartamento a Sandra para el mudarse al de Alicia y ayudarla con el bebé, Vanesa se ha ido a vivir con su amiga Yuriko y Luci vive sola, la llamé… pero no responde, creo que ha salido. Esta noche se van a reunir aquí con nosotros para cenar y celebrar este cambio de vida.
—Aquí se vive estupendamente. Al principio cuesta acostumbrarse, pero al final se te olvida todo lo vivido ahí fuera. Esto es nuestro futuro— Rose se pasó la mano por la barriga. –Y el de nuestros hijos.
En ese momento se escuchó un pitido y Carlos se levantó de golpe. Eva, Rose y la pequeña se lo quedaron mirando.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Rose.
—Es mi busca. Al parecer hay problemas, seguro que son esas putas ratas de la guerrilla. Esa escoria no sabe cuando dejar de tocar los cojones. Me tengo que ir, no se lo que tardaré. Rose quédate aquí si quieres o ya me esperaras en casa.
Después de decir eso, Carlos se marchó. Ambas chicas se quedaron estupefactas un rato. —¿Siempre es así cuando ocurre algo? Se supone que aquí se vive con tranquilidad, son las normas de aquí, esto forma parte del trabajo de los equipos.— Rose sonrió. –Bueno, cambiando de tema, aun no conozco a Juanma. ¿Qué tal es?.

Sandra hacía tiempo que no se sentía también, volvía a tener una casa, una bañera, ropa y una habitación con una cama donde podría dormir a pierna suelta sin hacerlo con un ojo abierto. Nada más cruzar la puerta se había dado cuenta de la alarma, en todos los apartamentos había una, la cual se activaría si alguien entraba en la casa. Para ella había sido como entrar en un mundo nuevo, diferente al que había conocido hacía un año más o menos, desde que el apocalipsis estalló y ella se vio metida en el casi de golpe, no recordaba haber tenido tanta tranquilidad como la que tenía en esos momentos. También Yako su perro estaba tranquilo y correteaba de un lado a otro de la casa inspeccionando cada rincón.
Sandra caminó hacia la habitación y se dejó caer en la cama, poco después se quedó dormida esperando soñar con algo que no fueran sueños de muerte y destrucción con sangre y vísceras por todas partes.

Yuriko le había mostrado todo el apartamento a Vanesa, después le contó todo lo que había padecido desde que todo había comenzado a suceder. También le contó que antes de ser rescatada había establecido contacto con alguien de España a través de una radio, para ella había sido una enorme casualidad contactar con alguien de un lugar tan alejado de Japón. Para Vanesa había sido también una sorpresa reencontrarse con su amiga después de tanto tiempo, cuando daba por hecho que nunca más la volvería a ver.
—Mañana debo ir a ver el helicóptero que se me asignara— dijo Vanesa sentándose en un sillón. –Me encantaría familiarizarme cuanto antes con ese pequeñín.
—Yo seré tu copiloto como en los viejos tiempos. Ya he pedido ese traslado, estaré allí donde estés tu.
—Ya contaba con ello. Por cierto, ponte guapa, esta noche nos reunimos con Juanma en su casa, la suerte que tenemos es que los tenemos cerca.
—¿Yo también puedo ir? No se si debo… yo no formo parte del grupo.
—Si que formas parte del grupo. Formas parte del grupo desde el momento en que te cruzaste con nosotros, además, si eres mi amiga los demás te aceptaran.
—Gracias, me siento feliz al volver a verte, para mí siempre has sido como una hermana.
—Tu también para mi— respondió Vanesa abrazando a su amiga.

El bebé se había quedado dormido plácidamente en la cuna que les habían facilitado en el apartamento. Alicia no dejaba de observarlo, desde que se había hecho cargo de el sentía como si fuera hijo suyo. No lo era, pero la promesa que había hecho no le permitía dejarlo. Durante la falsa cuarentena tras los análisis de sangre supieron que no era su madre biológica y le dieron la posibilidad de que el bebé fuera a un hogar de acogida como muchos niños de la ciudad que no tenían a nadie y que estos Vivian en un colegio. Alicia podría haber dicho que si y librase de la carga que suponía tener un bebé que no era suyo a su cargo, pero ahora tenía más comodidades que antes y no estaba sola. Había decidido adoptar al bebé tras un corto papeleo. Poco después se enteró de que también plantearon la misma posibilidad con Vicky, pero la negativa había sido rotunda.
—¿Qué haces?
La voz de David hizo que Alicia se diera la vuelta de repente. –Solo observo como duerme. Me doy cuenta de la enorme diferencia que hay ahora que vivimos aquí. Fuera lo observaba con miedo, temía que su llanto nos pusiera en peligro a todos y a el… pero ahora… por mucho que llore… ni su vida ni la nuestra correrá peligro. Lo hemos logrado, lo que tanto buscábamos, esto es una nueva vida.
—Estaba pensando en que cuando se despierte podríamos ir a dar una vuelta por la ciudad y conocer a nuestros vecinos.
—Me parece bien. Yo también estoy deseando ver las posibilidades que la ciudad nos ofrece. Creo que después de un año y pico viviendo en el infierno esto es algo que nos merecemos. También estoy deseando empezar como profesora.
—Y yo con la instrucción militar— respondió David. –Lamento que Andrea no esté aquí para ver esto, creo que le gustaría. Podríamos formar una familia.
Alicia se dio la vuelta y miró a David. –Nosotros ya somos una familia. Entiendo que la echas de menos, pero ya pasó, ella no esta aquí ya. Nosotros vivimos por ella.
—Lo se. La recordaremos como vivió, a ella y a los demás que no pueden estar aquí como nosotros. Voy a proponer que les hagamos un homenaje.
—Me parece buena idea— respondió Alicia. –Es una forma de mostrarles nuestros respetos.

Luci dejó el vaso de nuevo sobre la barra del bar en el que se encontraba bebiendo, era su quinta copa y el alcohol ya le estaba haciendo efecto.
—Otra más por favor— pidió Luci.
—Creo que ya ha bebido demasiado— dijo el dueño del bar, se trataba de un chico joven con la cabeza rapada, con piercings y tatuajes allí donde el ojo podía ver. No tendría más de treinta años.
—Ponme otra chaval. Estoy celebrando que estoy viva a estas alturas. Hace tiempo que me juré que si sobrevivía me emborracharía y luego echaría un polvo salvaje. Ahora mismo lo que quiero es ponerme ciega a … ¿Qué coño es lo que me estoy bebiendo?.
—Es cerveza, cerveza normal— respondió el chico del bar.
—O si, perdona. Ya me hace mella el alcohol. Pues eso, que me pongas más.
—¿Y como me piensas pagar? Eres de los recién llegados, creo que no estas al tanto de como funciona aquí el sistema de pago.
—Pues no tengo un puto centavo, tendrás que confiar en mí y fiarme hasta que te pueda pagar. Te tendré que decir donde vivo para que me recuerdes lo que te debo.
—Yo pagaré lo suyo— dijo alguien situándose a su lado. Luci alzó la vista y vio a un hombre de unos cuarenta años lleno de manchas de aceite. Su olor corporal indicaba que su trabajo tenía que ver con la cocina, además de su peso. –Soy Morris, te invito a todas las que quieras. He escuchado que estas celebrando algo y me encantaría unirme a la fiesta si me lo permites.
—Yo soy Luci— respondió ella estrechándole la mano.
—¿Desde donde habéis venido tú y los tuyos?— preguntó Morris.
—Desde España. En el puto culo del mundo, pero ahora estamos aquí felices y comiendo perdices… ¿Y tu de donde vienes?
—Yo viví aquí toda mi vida. Hacia tiempo que nadie nuevo llegaba por aquí y menos jovencitas tan guapas como tu— respondió Morris situando su mano derecha sobre la rodilla de Luci. –No quiero ni imaginarme lo mal que lo habrás pasado ahí fuera. Se te ve muy sola… bueno, es lo que parece viéndote aquí a ti sola bebiendo sin parar— la mano de Morris se fue deslizando hacia el pubis de Luci. –Si quieres yo te hago compañía y te ayudo con lo de echar el polvo.
De repente Luci le agarró la mano y se la retiró rápidamente estampándosela encima de la barra del bar. –No vuelvas a tocarme o te quedaras sin mano. ¿Queda claro?
—Joder tía. No seas estrecha, dices que quieres echar un polvo y yo me ofrezco encantado a echarte uno y más.
—Y pensaste que invitándome a las copas ibas a conseguir meterme tu minúscula polla ¿No? Piérdete.
—¡¡¡Serás puta!!!— gritó Morris levantándose de golpe y empujando a Luci. La cual cayó de bruces al suelo pegajoso del bar.
Seguidamente Morris trató de echarse encima de ella, pero Luci fue más rápida y aquel tipo se dio un fuerte golpe contra el suelo. Mientras escuchaba los gritos inentendibles del barman, Luci se ponía en guardia esperando a que Morris se pusiera en pie.
—Otra cosa que buscaba además de una cogorza y un polvo… era la pelea con algún gilipollas, venga, en pie bola de grasa apestosa.
Cuando Morris se puso en pie sacó una afilada navaja. –Voy a rajarte puta y cuando estés muerta me follare tu cadáver antes de que se reanime.
En ese momento ambos escucharon un chasquido y se giraron, Luci pudo ver al dueño del bar apuntando a Morris a la cabeza con una escopeta.
—No te lo diré más veces Morris. Sal de mi bar o te llenaré de plomo. Deja a la chica en paz salido asqueroso.
Morris miró a ambos lados y antes de marcharse miró a Luci. –Yo de ti vigilaría tus espaldas a partir de ahora. Puede ser que algún día me encuentres a mí detrás y a mi polla dentro de tu culo.
—Hazlo y el siguiente lugar donde estará tu polla será tu boca. Agradece que hoy no llevase mi katana— dijo Luci apoyándose de nuevo en la barra.
Segundos después Morris desapareció por la puerta del bar y el barman guardó la escopeta. –Siempre esta igual, le encanta meter mano a las mujeres. Es lo que tiene la soledad.
—Todos estamos solos en este mundo de mierda. Eso no lo hace la soledad… eso lo hace ser un puto degenerado, no se como dejan vivir a tipos como este aquí.
El barman rió. –Justo lo que pienso muchas veces. Por cierto, me llamo Ethan— dijo tendiendo la mano.
—Luci— respondió echa estrechándole la mano. –Aunque eso ya lo sabes… sobre las copas, ya te las pagaré.
—No te preocupes. A estas invita la casa.
Luci hizo una mueca y sonrió al tiempo que cogía la última copa que habían llegado a servirle. —¿Sabes? Creo que esto es el comienzo de una bonita amistad.
*****

Cuando el vehículo en el que iba llegó a la valla pude darme cuenta de la enorme seguridad que había allí. Todo tipo de vehículos militares, nido de ametralladoras, tiradores expertos y más de cuarenta soldados, todos vigilando y con los cinco sentidos alerta. Todos custodiaban una enorme valla de color negro con señales de alta tensión y una entrada a modo de túnel de hierro, algo que me recordaba a las alambradas de Jurassic Park. Me sorprendió muchísimo los kilómetros que abarcaba y la altura de esta. Estaba en línea recta y separaba la zona segura de la ciudad de la zona de peligro, ambos lados de la valla cruzaba de lado a lado, ambos extremos de la valla tocaban el agua, una zona vigilada por barcos las veinticuatro horas del día. Al otro lado de la valla se podían ver las ruinas de la ciudad y la vegetación que había avanzado, dando muestras de abandono. La zona donde nos encontrábamos en ese momento era central park y detrás de nosotros quedaba la inmensidad de la ciudad que Graham Roberts había recuperado.
Bajamos del vehículo y de repente me encontré con mi hermano, este venia vestido con un traje de keblar y armado con un fusil de asalto.
—¿Qué cojones pasa?— pregunté mirando a mi hermano que se había parado a hablar con el general.
—Acabo de llegar, pero los vigilantes dicen que al otro lado de la valla hay unos tipos que insisten en hablar con el que esta al mando— explicó mi hermano.
—Lléveme con ellos soldado— pidió el general.
Mi hermano nos guió al sargento Cooper, al general y a mí hasta la parte de la valla donde se había concentrado la mayor parte de militares. Una vez allí me fijé en un grupo de hombres que estaba al otro lado de la valla subidos en varios vehículos, uno de sus vehículos me llamó la atención, era como una especie de remolque lleno de No Muertos, pero estos estaban quietos, me llevó un rato ver que no se trataban de No Muertos, si no que eran personas vivas.
—¿Qué desean señores?— preguntó el general acercándose a uno de los vehículos cerca de la valla, pero siempre escoltado por militares, yo fui detrás, quería saber que demonios se cocía en todo aquel asunto.
—Somos viajeros que están de paso. Solo queremos alimentos y medicamentos. Como no hay dinero les ofrecemos un trueque, aquí tenemos gente a la que hemos estado cazando, son buenos en trabajos de campo— dijo el que parecía ser el portavoz de aquel grupo de unas veinte personas.
El tipo que hablaba tenía unos cincuenta años y lucía una cabellera blanca, su cara estaba limpia al igual que su ropa, ahí había algo raro.
—No hacemos ese tipo de cambios, lo siento. Y aunque los hiciésemos… ahora mismo vamos algo justos— respondió el general.
Mientras el general Graham hablaba vi que los soldados, incluido mi hermano no bajaban ni las armas ni la guardia en ningún momento. Estaban preparados por si era necesario un tiroteo.
—¿Entonces nos dejan pasar para que podamos pasar la noche? Hemos visto demasiada actividad de caminantes a unos kilómetros de aquí. Estamos hambrientos y cansados— seguía diciendo el extraño que había al otro lado de la valla mientras ponía los brazos a los lados en forma de cruz para que viéramos que estaba desarmado, a decir verdad todos estaban desarmados, pero había algo en aquella puesta en escena que no me convencía en absoluto. No parecían tan cansados y hambrientos como ellos decían.
Iba a hablar justo cuando me percaté de algo, en ese momento me lancé sobre el general y lo tiré al suelo ocultándolo detrás de un vehículo justo cuando un disparo sonaba en el silencio sepulcral y una bala abría un agujero en el vehículo donde el general había estado segundos antes.
—¡¡¡¡Francotiradores!!!!— gritó uno de los militares.
Rápidamente los nidos de ametralladoras comenzaron a abrir fuego contra los visitantes que rápidamente emprendían la huida.
—Quédese aquí— le dije al general mientras me escurría por el suelo hacia el cadáver de uno de los soldados que acababa de caer.
Cuando alcancé el cuerpo me di cuenta de que le habían apuntado a la cabeza expresamente, pero no perdí demasiado tiempo con eso, cogí su fusil y busque el lugar de donde habían disparado al general, no era un lugar demasiado lejano. Con cautela busqué y entonces vi la silueta del francotirador en árbol que estaba a menos de treinta metros de nosotros. Rápidamente abrí fuego y abatí al tipo.
Los demás soldados acabaron rápidamente con los otros y decidieron salir a sacar de la jaula a los presos, pero estos salieron huyendo en cuanto les abrieron la puerta, yo no entendía nada. Pude ver también como habían abatido a otros francotiradores que se habían ocultado en edificios y arboles.
—¿¡¡¡Como coño se han colado!!!? Quiero una puta explicación— decía el general Graham desde el suelo, entonces me di cuenta de que una de sus piernas era ortopédica. Entonces el general me miró a mí y lo ayudé a ponerse en pie. –Si no llega a ser por el estaría a estas horas muerto.
—No hay de que general— respondí aun en shock después de lo ocurrido.
—Quemad los cuerpos de los muertos y si se reaniman pegadles un tiro. Que alguien me lleve a casa— pidió finalmente el viejo general.
Ayudaron al general Graham a subir a un vehículo y justamente antes de irse me pidió que me acercara. –Quiero agradecerte lo que has hecho. ¿Qué te parecería cenar tu y tu familia en mi casa?.
—Será un honor mi general, pero somos ocho personas.
—No es problema, estáis invitados— respondió el general dándome unas palmadas en el brazo, justo después el vehículo se marchó. Nada más irse me encontré con la mirada de mi hermano.
—¿Tienes complejo de guarda espaldas o que? ese salto tuyo para salvar al viejo parecía más propio de un portero… encima te has ganado una cena con uno de los fundadores de el fénix. Eso es algo que no todos consiguen… y tú lo logras el primer día.
—Si bueno… me siento muy especial. Lo que pasa es que no pillo este rollo ni de que iba esto. ¿Por qué porras querían matar a ese hombre? Iban claramente a por el, todo eso del trafico de esclavos era una pantomima. Si voy a vivir aquí con los míos quiero saber todo lo que se cuece en este lugar.
—Te lo explicaré esta noche en tu casa si quieres. Vamos a cenar todos allí, eso es lo que decía tu chica. Muy guapa por cierto.
—Lo se, bueno, volvamos a mi casa.
Mi hermano y yo abandonamos el lugar. Mientras íbamos hacia mi casa, en la que iba a vivir de ahora en adelante me seguía preguntando que demonios pasaba allí exactamente. No era un lugar como el que me había imaginado en un principio.