Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 17 de agosto de 2013

NECROWORLD Capitulo 1



Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis

Carlos Martínez observaba la ciudad que quedaba a varios metros por debajo del helicóptero en el que viajaba. Se trataba de Esplugas de Llobregat, cerca de Barcelona. Hacía poco más de media hora que habían despegado de la cubierta del barco en el que se encontraba a unas millas de las playas de Barcelona. Habían captado una señal de radio y habían decidido ir a investigar la zona. Hacía meses que no encontraban supervivientes, esa era su misión, encontrar supervivientes que no hubiesen sucumbido a la pandemia que se desató hacía ya más de un año.
En el helicóptero, además de Carlos iban otras tres personas además del piloto y el copiloto. Ellos eran el equipo que se encargaba del rescate de supervivientes.
El piloto era un tipo Alemán formido y Pablo el copiloto había sobrevivido en Barcelona, era el que mejor se conocía aquella zona. Los otros tres compañeros de Carlos ni siquiera habían visto uno de aquellos seres de cerca, ni siquiera en el pabellón de entrenamiento donde los preparaban para el combate y las incursiones, tanto en campo abierto como en zonas urbanas. Eran jóvenes y muy novatos. Carlos era el que más experiencia tenía, al primer infectado al que mató fue su padre.
—La ciudad parece desierta. ¿No os parece?— preguntó Carlos mirando a uno de los novatos llamado Sergio. Este le recordaba a su hermano pequeño que falleció a los pocos días de que la epidemia se descontrolara en su pueblo. Incluso se llamaba igual.
Sergio no respondió. Simplemente se limitaba a temblar de pies a cabeza mientras los otros parecían estar deseando bajarse del aparato.
—¡¡¡Sergio!!!— dijo Carlos alzando la voz mientras le empujaba con una mano.
Sergio sacudió la cabeza y miró a Carlos. –Perdón, perdón, aun no me hice a la idea de que es más que probable que aterricemos.
—No os preocupéis… si me hacéis caso y seguís mis ordenes saldréis de una pieza de ahí— Los novatos asintieron y Carlos se adelantó en su asiento para poder hablar con Pablo. –Si hay alguien dudo que se atreva a salir solo con escuchar el motor de este trasto. Lo mejor será aterrizar.
—Gale— dijo Pablo mirando al piloto Alemán. –Tendrás que aterrizar, usaremos el megáfono.
Gale se quitó los cascos y miró a Carlos. —¿Acaso no ves lo que hay bajo nuestros pies? Esta ciudad esta muerta, como todas las demás. No merece la pena aterrizar.
—Yo estoy al mando y te ordeno que aterrices, ya conoces el protocolo— dijo Carlos señalando por la ventana.
—El protocolo también dice no arriesgarse más de la cuenta— respondió Gale.
—Pues entonces mantén el motor encendido mientras los novatos y yo avanzamos. Ahora esos seres no están a la vista. Puede que se hayan desplazado. Ya sabes como actúan los rebaños. Y la señal por aquí es más fuerte— dijo Carlos señalando la pantalla que indicaba que estaban sobre el punto exacto.
—Muy bien, como ordenes. Espero que no tengamos que lamentarlo— dijo Gale poniéndose otra vez los cascos. Seguidamente comenzó a pilotar el helicóptero con intención de aterrizar.

El helicóptero comenzó a posarse sobre el césped artificial de un parque. Nada más posarse, Carlos, Sergio y los otros dos novatos saltaron al exterior, nada más hacerlo comenzaron a preparar sus armas. Tenían que estar preparados para lo que pudiera pasar.
—Que nadie se separe. Sergio encargarte del megáfono— dijo Carlos comenzando a dar ordenes.
Carlos se conocía perfectamente ese procedimiento, primero hablarían por el megáfono mientras avanzaban por la calle principal, al hacer eso llamaban la atención de los supervivientes, aunque no todos salían a su encuentro, solo lo hacían los más osados. También habían tenido algunos problemas con ese procedimiento. Una vez en Paris comenzaron a llamar y les asaltó un grupo armado que había descubierto como pasar desapercibido con los caminantes. Así los llamaba Carlos. Aquello terminó con dos bajas en su grupo y las bajas totales en el grupo de asaltantes.
En esa ocasión la misión era algo más que buscar supervivientes. Obviamente los buscaban, pero esa vez había uno con una particularidad que les había revelado la señal de radio, se trataba de un hombre hablando español, pero que tenía un marcado acento extranjero, quizás americano. En ningún momento se identifico, pero lo que había dicho les llamaba poderosamente la atención, especialmente a Carlos. El solo había conocido un caso de esos y se trataba de una anciana, la cual murió hacía semanas y su cuerpo fue destruido.
Sergio comenzó en esos momentos con su trabajo. —¡¡¡Atención!!! ¿Hay alguien aquí? Recibimos la señal.
Los cuatro siguieron avanzando por la calle principal, esta llena de vehículos abandonados, basura y barricadas derrumbadas, pero vacio de movimiento tanto vivo como muerto. Carlos iba en cabeza mientras miraba el aparato que llevaba en las manos, el cual le mostraba que se estaban acercando al punto de donde surgía la señal. El que la mandaba tendría que ser muy bueno en electrónica como para hacer que una radio funcionase después del apocalipsis.
Sergio seguía tratando de atraer la atención de aquel que hubiese mandado la señal, pero no había señales de vida de nadie, lo único que llegó hasta ellos fue el sonido de varios gemidos, los muertos se acercaban, debían darse prisa en dar con el superviviente. Por fin llegaron a un edificio enorme donde desde abajo se podía ver lo que parecía ser una torre de radio.
—Es aquí— dijo Carlos mirando a sus compañeros, pero estos tenían la mirada clavada en otro lugar. Todos miraban a la horda de No Muertos que comenzaba a surgir de las calles atraídos por la voz de Sergio. Eso hizo que Carlos tuviera que comenzar a impartir órdenes rápidamente. –Todos adentro— los cuatro entraron en el interior y por orden de Carlos cerraron las puertas. –Muy bien, impedid su entrada. Sergio conmigo, sea quien sea esta en el último piso—
Dos de los novatos se quedaron bloqueando las puertas mientras Carlos y Sergio subían corriendo los escalones mientras Carlos sacaba su walkie talkie.
*****
Pablo y Gale llevaban un rato escuchando los gemidos, estos estaban cerca de ellos y Gale comenzaba a ponerse nervioso, tanto que tuvo que sacar una petaca para darle un trago. Siempre hacía eso cuando se ponía nervioso y aquella situación no era para menos, en pocos momentos estarían rodeados de aquellos seres. De repente escucharon la voz de Carlos a través del walkie talkie. Gale se apresuró a cogerlo. –Dime Carlos.
—Estamos en el punto exacto. Es un edificio con una gran torre de radio que podréis ver desde vuestra posición. ¿Podéis verla?.
Gale alzó la vista y vio la torre que Carlos les describía. –Si, la veo.
—Pues despega ya y ven a recogernos. Esas cosas no tardaran en entrar.
Gale cortó la comunicación y el y Pablo tomaron los mandos del helicóptero. Poco a poco fueron despegando mientras observaban como algunas calles anteriormente vacías se habían llenado de cadáveres andantes que cada vez estaban más excitados con los sonidos.
*****
Los dos novatos ya estaban sintiendo como los muertos aporreaban las puertas. Les habían hablado sobre ello en los entrenamientos, pero para ello era mucho peor de lo que les habían dicho… y el olor… eso era lo más insoportable. Uno de ellos, llamado Clay estaba hecho un manojo de nervios mientras aguantaba las puertas para evitar que estas se abrieran, por otro lado, Nick estaba más entero.
—Tenemos que apuntalar esto y …
Nick no acabó la frase. Sin avisar, Clay comenzó a correr, dejándolo solo sin avisar. Le había entrado el pánico. Con el abandono de Clay, Nick se distrajo y la puerta cedió dejando paso a los infectados que entraron por la puerta como si fueran una avalancha. En cuestión de segundos había cientos de brazos arañándole y tirando de el, seguido de multitud de mordiscos por todo el cuerpo. Poco a poco Nick desapareció entre la horda y solo se escucharon los gritos de dolor de este.
Clay escuchó los gritos de su compañero, todo había sido culpa suya, lo había dejado tirado, pensó en regresar, pero ya no serviría de nada. Recorrió varios pasillos sin saber a donde iba, justo en ese momento reventó un cristal y unos brazos lo agarraron tirando de el hacia afuera. Cuando lo sacaron no volvió a ver nada más salvo una avalancha de cuerpos putrefactos que se lanzaban sobre el.

Carlos y Sergio llegaron al último piso y ya estaban escuchando el sonido de las aspas del helicóptero que había ido a recogerlos. Solo les quedaba encontrar al tipo que había mandado la señal. Esta venía de una habitación que tenían unos metros más adelante. Cuando Carlos la vio aceleró el paso y cuando llegó a la puerta la abrió de una patada. Cuando esta estuvo abierta apuntó con su fusil y enseguida vio una silueta que se cubría con las manos.
—¿Eres tu quien mandaba la señal? Responde rápido— dijo Carlos mientras miraba a sus espaldas al escuchar que los muertos estaban dentro del edificio y caminaban hacia ellos siguiendo su rastro.
—Si, soy yo… me llamo.
Pero al hombre no le dio tiempo a presentarse, rápidamente Carlos lo cogió del cuello de la camisa y tiró de el hacia fuera de la habitación. El siguiente paso era llegar hasta la terraza donde Pablo les dejaría caer la escalerilla del helicóptero.
—Sergio, deprisa.
—Pero… ¿Qué ocurre con Clay y Nick?— preguntó Sergio mirando por el pasillo por el que comenzaban a aparecer los primeros infectados.
Carlos lo cogió del cuello de la camisa y lo empujó por delante de el en dirección a la terraza. –Han caído. Ya no podemos hacer nada por ellos.
Carlos y Sergio llegaron hasta la puerta de la terraza junto al superviviente. Cuando la cruzaron se encontraron al aire libre y sobre ellos el helicóptero esperándoles. Enseguida vieron la escalerilla descender.
—Tu primero— dijo Carlos empujando al superviviente que rápidamente comenzó a ascender por la escalera. Cuando este ya estaba llegando, los muertos cruzaron la puerta de la terraza y comenzaron a caminar hacia ellos. Lo peor de todo era que no podían subir muchos a la vez para no desestabilizar el aparato.
La repentina aparición de los infectados hizo que a Sergio le entrara el pánico y comenzara a disparar mientras comenzaba a correr en dirección contraria a la escalerilla de mano.
—¡¡¡¡Vuelve!!!!— gritó Carlos mientras abría fuego contra los infectados. Trato de seguir a Sergio, pero los infectados ya habían cerrado un circulo en torno a el. Entonces escuchó los gritos de Pablo.
—¡¡¡Sube!!!.
Carlos no tuvo más remedio que darse la vuelta y comenzar a subir por la escalera. No tardó en escuchar los gritos de Sergio. Se dio la vuelta y vio como Sergio había perdido el arma y corría hacia la cornisa agarrándose el brazo que no dejaba de sangrar. El muchacho llegó hasta el borde y sin pensárselo dos veces se lanzó al vacio mientras Carlos llegaba al interior del helicóptero. Una vez dentro sintió ganas de darle una paliza al tipo que acababan de rescatar a costa de perder a tres chavales muy jóvenes. Lo único que hizo fue empujarle y luego señalarle con el dedo.
—Espero que seas capaz de hacer lo que decías por la radio. Eso de que puedes caminar entre esas cosas.

Habían pasado diez días desde el incidente en Esplugas de Llobregat. Cuando llegaron al carguero les dieron un buen funeral a los caídos mientras el rescatado era llevado a los laboratorios del barco que pronto comenzaría su viaje de regreso. Aunque aun tardarían en llegar, el combustible no era mucho y tenían que ahorrar.

Día 17 de Julio de 2009
Día 399 del Apocalipsis
En algún lugar del Mediterráneo.

Carlos se encontraba en la cubierta del carguero mirando al mar mientras el y otros controlaban las cañas de pescar. En aquel nuevo mundo donde los muertos caminaban, uno debía saber apañárselas o bien solo o bien acompañado y conseguir comida era a veces difícil y lo único que se podía hacer para poder comer era cazar, pescar y cultivar.
Había habido grandes avances desde que comenzaron a hacerle las pruebas a aquel tipo que se había presentado como Richard Levine, un hombre de treinta años que se encontraba viviendo en España. Los análisis demostraban que realmente tenía el don que muchos codiciaban, el de poder caminar entre los muertos. Por lo poco que Carlos conocía sobre el asunto era que había algo en la sangre de algunas personas que eran inmunes al virus y que además de eso pasaban desapercibidos para los caminantes, eran como invisibles.
Levine lo demostró con un par de aquellos seres que habían sido dos soldados del barco que se habían suicidado una noche. Carlos fue testigo de como aquel hombre entró en la habitación donde se habían matado y era como si allí no hubiese nadie, ni siquiera gruñían. Era algo increíble, algo a lo que Carlos no daba crédito. Gracias a eso, quizás la humanidad tuviera alguna oportunidad, sobretodo después de que descubrieran en los laboratorios que el virus había mutado nuevamente. Y si algo necesitaba lo poco que quedaba de humanidad, era esperanza.
El poder caminar entre los muertos y ser inmune al virus podría ser una ventaja y organizar así una reconquista a escala mundial. Los lideres que estaban por encima de Carlos estaban tratando de negociar con otras potencias mundiales que habían sobrevivido, pero estas no parecían estar muy dispuestas a cooperar con otros países, temerían seguramente la traición. Eso era algo que Carlos no entendía muy bien, debían estar unidos en aquellos momentos tan difíciles.
En ese momento Carlos notó como una de las cañas se tensaba, señal de que había picado algo, rápidamente la cogió y comenzó a tirar hasta que logró sacar un gran pez del agua. Enseguida acudieron otros allí para ver la pieza, entre ellos el sargento Cooper, el hombre que estaba al mando de aquel regimiento.
—Buena pesca… soldado Martínez, tiene una video llamada. Desde Manhattan.
Carlos saludó a su superior y se dio la vuelta para correr hacia su camarote donde respondería a la video llamada de su mujer. Ella se llamaba Rose, la había conocido al poco tiempo de llegar a Manhattan, una de las ultimas ciudades habitables del planeta.
Las video llamadas eran posibles debido a que habían logrado recuperar los satélites. Lo habían conseguido tras un asalto en las instalaciones de la NASA, allí habían perdido a varios hombres, pero finalmente lograron hacerse con el control del lugar. Luego poco a poco habían asegurado el lugar poniendo minas anti persona y poniendo grandes vallas electrificadas, algo que les llevo meses conseguir.
Cuando Carlos llegó a su camarote se sentó en una silla y encendió el ordenador, segundos más tarde vio el rostro sonriente de su mujer.
—Hola mi amor. Te echaba de menos— dijo Carlos con una gran sonrisa. –Pero me sorprende que te hayan dejado llamarme aquí. Se supone que solo os dejan llamarnos por motivos de causa mayor.
—Lo que tengo que decirte es de causa mayor. Por eso me han dejado llamarte. Tenía que decirte algo que no podía esperar, se lo expliqué y me dejaron.
—Bien dime— dijo Carlos rascándose la cabeza.
—Estoy embarazada de tres meses. Me dejaste preñada justamente antes de irte con el barco— dijo Rose con una gran sonrisa y con lagrimas en los ojos.
En ese momento Carlos sonrió y también comenzó a llorar de alegría. Esa era la mejor noticia que podían darle en medio de ese mundo apocalíptico. No pudo evitar comenzar a hacer preguntas. —¿Y ya sabes lo que es? ¿Sientes dolores? ¿Necesitas algo? Puedo pedir que me lleven en el helicóptero y…
Rose le cortó. –Tranquilo cariño, tranquilo. Aun no se lo que es, pero lo sabré pronto. Y salvo por las nauseas matutinas estoy bien. Necesitar no necesito nada, y sobre lo de venir no te preocupes, estarás aquí dentro de diez días. Nos veremos entonces. Pero ya que estamos… ¿Qué te parece si comenzamos a pensar nombres? Si es niña me gustaría llamarla Caroline, Roxanne o Kate, como a mi madre. Y si es niño me gustaría llamarle Michael o John.
—A mi si es niño me gustaría llamarlo como a mi hermano mayor. No volví a saber nada de el desde que pasó lo que pasó en Puzol. El día que ocurrió todo, desapareció. Es por respeto a el, seguramente lo llamaron para luchar y caería en la batalla. Quiero que nuestro hijo lleve el nombre de mi hermano mayor.
—Juan Manuel ¿Verdad? Me gusta y creo que tienes razón. Fue uno de los valientes caídos que dieron su vida por los demás. Pues así será, su nuestro primer hijo es un niño lo llamaremos como a tu hermano.
—Gracias. ¿Y como esta la situación por allí? ¿Siguen sin encontrar vacuna?
—Si, aun necesitan estudiar mucho para ello, además, están teniendo problemas con algunos de los rebeldes de la guerrilla. Por el momento los tienen vigilados y han apresado a los líderes, pero no pueden hacer mucho contra los demás. Tengo miedo de que se monte una bien gorda. No quiero revivirlo todo otra vez.
—No harán nada, son solo escoria. La basura de la sociedad, que se queden donde están y que no se mezclen con los demás. La humanidad debe resurgir de sus cenizas y ellos no son más que un lastre. Espero poder tener pronto la oportunidad de exterminarlos. Ellos son más basura que los podridos. Que asco.
—Sabes que no me gusta que hables así. Son personas como nosotros.
—No, no son personas. Son ratas, la basura sobrante de la sociedad. Y es en la nueva sociedad donde esas personas no tienen cabida.— Carlos miró el tiempo. –Bueno preciosa, el tiempo se me acaba, tenemos que colgar, te veo en diez días. Te quiero.
—Yo también te quiero— respondió Rose mandándole un beso, pero Carlos desconectó antes de poder verlo.
A Carlos le ponía de mal humor hablar de la guerrilla. Se trataba de un grupo de personas que no se habían querido ajustar a las nuevas leyes y que eligieron el exilio bajo las calles de Manhattan donde habían montado una especie de sociedad nueva. Estos de cuando en cuando provocaban algún ataque. Aunque los altos mandos no los consideraban una amenaza y por eso no les hacían caso, pero para Carlos era diferente, esas personas eran lacras que debían ser exterminadas, para el aquellos presos no eran más que peones que se habían dejado coger para proteger al verdadero líder de aquella facción terrorista, no eran más que eso, terroristas.

Día 20 de Julio de 2009
Día 402 del Apocalipsis.
En algún lugar cerca de Portugal.

Carlos escuchó la alarma y enseguida supo que había pasado algo. Salió de su camarote y se encontró con Rex corriendo por los pasillos del barco. Este iba como un loco, seguramente parte de su estado se debía a la consumición de cocaína. Rápidamente Carlos lo paró.
—¿Qué ocurre Rex?
—Acaban de informarnos que ha habido una explosión nuclear en Madrid hace escasos minutos. No sabemos que ha pasado, pero nos vamos a alejar para evitar que nos alcance la radiación.
—¿Puede llegar hasta nosotros?— preguntó Carlos con preocupación.
—No lo se, pero es mejor no arriesgarse, van a ir a toda maquina para llegar antes.
Carlos se quedó estupefacto y apoyado en la pared. No entendía que había ocurrido. ¿Qué habría pasado? ¿Significaba eso que todavía quedaban supervivientes en España? Hacia tiempo que no se detectaba vida humana.
                                                                      ******
Ocho adultos, dos niños y un perro habíamos logrado salir con vida de Madrid, justo antes de la explosión. Jorge seguramente había muerto mientras que Luci, Eva, Sandra, David, Cesar, Vanesa, Alicia y yo habíamos sobrevivido. Hacía poco más de media hora que habíamos dejado atrás Madrid.
Todos los pueblos y ciudades que estábamos sobrevolando parecían fotocopias unos de otros, todos presentaban un aspecto similar, calles abandonadas y en ruinas o llenas de muertos vivientes. Era la primera vez que teníamos una perspectiva de ese tipo, desde el cielo era mucho más apreciable la destrucción que habían traído aquellos seres.
Solo se veían muertos, ninguna señal de vida humana, eso nos hacía sentir como los únicos supervivientes de España, aunque ciertamente, probablemente lo éramos. Desde que todo comenzó para nosotros el 15 de Junio de 2008 habíamos pasado muchas penurias y habíamos perdido a grandes amigos y compañeros.
Por otro lado Vicky había mejorado mucho, le habíamos vendado la herida del mordisco y no parecía que le quedara nada del virus, según Luci estaba curada del todo al igual que ella, al contrario que todos los demás, que seguíamos llevando el virus en nosotros y que este se activaría cuando muriéramos por mordisco o muerte natural, aunque eso no ocurriría si de alguna manera se dañaba el cerebro.
Desde mi ventana observaba las calles del pueblo que teníamos a unos metros por debajo. Veía docenas de aquellos seres que alzaban los brazos cuando veían sobrevolarles la avioneta.
—Es increíble ¿Verdad? Aun no me hago a la idea de que haya ocurrido todo esto y de que esos seres fueran antes personas como nosotros— dijo Eva mirando también por la ventana.
—Si que lo es— respondió Luci desde detrás de nosotros. Ella y Alicia también estaban mirando por la ventana, en los brazos de Alicia, el bebé dormía tranquilamente. A el especialmente me lo quedé mirando. El nunca sabría como había sido el mundo antes del desastre, salvo por lo que nosotros le contáramos, siempre conocería el mundo que teníamos bajo los pies. En el caso de Vicky sería diferente, ella había dejado atrás el mismo mundo que nosotros y sabía todo lo que habíamos perdido.
En esos momentos Vanesa comenzó a hablar. –Chicos, acabamos de entrar en el espacio aéreo de Portugal y vamos a tomar tierra para repostar.
Después del mensaje de Vanesa me volví a asomar por la ventana y me fijé en que en algunas azoteas había mensajes de S.O.S. También veía lo que parecían cadáveres resecos, lo que me hacía pensar que murieron allí esperando una ayuda que nunca llegó. No podía dejar de pensar que si no hubiésemos empezado a movernos y apañárnoslas solos, podríamos haber acabado igual.
Vanesa pretendía aterrizar en una pista de aterrizaje que el ejército usaba para prácticas de vuelo. El lugar estaba vacío e iba a ser fácil tomar tierra. Eso nos vendría bien también para estirar un poco las piernas, aunque no demasiado, porque el ruido del avión estaría atrayendo hacia nosotros a todos los No Muertos de la zona y quizás también a algunos maleantes, aunque estábamos preparados para ambos casos.
Nada más la avioneta tocó tierra y se detuvo, Luci y yo fuimos los primeros en bajar mientras Alicia, David y los niños se quedaban dentro. Enseguida nos siguieron Sandra, Vanesa y Eva. Mientras Vanesa preparaba el bidón que había sacado de la avioneta, los demás tomábamos posiciones por allí cerca del avión. Llevábamos a Yako, ya que si algo ocurría, el sería el primero en darse cuenta.
El sol abrasador de la tarde caía sobre nosotros mientras observábamos las instalaciones donde nos encontrábamos. Se trataba de una larga pista que me recordaba a la del aeródromo de Cuatro Vientos, justo al lado de la pista habían varios edificios que usaban los militares durante las pruebas de vuelo.
Todos íbamos armados con los rifles de asalto, eran de las pocas armas que nos habíamos llevado, no queríamos parecer hostiles frente a los que nos podían ayudar, en este mundo la desconfianza estaba a la orden del día.
—Luci, mira por allí— dije mirando a Luci y señalando hacia donde quería que fuera.
Luci obedeció y se alejó corriendo hacia unos cobertizos. Yo pensaba que allí podría haber piezas para el avión e incluso combustible. Cualquier cosa que nos sirviera. Mientras Eva y yo nos íbamos alejando en solitario seguidos de cerca por Sandra y su perro, nuestro objetivo se encontraba en el edificio principal.
—Creo que deberíamos hablar— dijo Eva en ese momento sacándome de mis pensamientos.
—¿Hablar? ¿Sobre que?
—Sobre nosotros. Lo que hicimos anoche fue precioso, pero creo que lo hiciste más por mí que por amor. A lo que me refiero que…
No dejé que Eva terminara la frase, me giré hacia ella y la besé en los labios, luego comencé a hablarle. –Lo hice por que te quiero y en esos momentos junto a ti fui inmensamente feliz.
—Pero sigues pensando en Lidia— Eva hizo en ese momento un gesto con las manos. –No me malinterpretes, no es que me moleste, es lo más normal, pero quiero que sepas que lo se.
—Pienso en ella muchas veces, claro que si, pero ahora tengo que rehacer mi vida por mi hija y por mi, no puedo quedarme en el pasado. Ahora mismo es a ti a quien tengo ante mis ojos y es contigo con quien quiero estar.
Eva sonrió y nos volvimos a besar. Entonces pensé en algo. –Eva, te quiero y cuando podamos, me gustaría pedirte que…— no pude terminar la frase, el gruñido de Yako me hizo mirarlo rápidamente.
El pelo del lomo de Yako se había erizado y había escondido el rabo entre las patas, este gruñía en dirección hacia donde nos dirigíamos. Había visto algo. Eso hizo que nos quedáramos quietos otra vez y fuésemos disimulando un poco, era obvio que no se trataba de infectados, si no de personas vivas. Rápidamente miré hacia donde estaba Luci y la vi apoyada en la pared de uno de los cobertizos, cuando nuestras miradas se cruzaron comenzó a hacerme señas con las manos, un dedo, dos, tres, hasta cuatro. Me estaba indicando la presencia de cuatro individuos.
Me giré hacia Eva y comencé a hablarle en voz baja. –Vamos a ir volviendo poco a poco al avión, seguramente pretenden quitarnos el avión, así que no dispararan si estamos cerca de este, imagino que pretenderán asaltarnos por sorpresa, no saben quien de nosotros es el piloto y seguramente ninguno de ellos sepa pilotar.
—¿Cómo estas tan seguro?— preguntó Eva mirando de reojo al lugar que miraba Yako.
—Por que si no ya estaríamos muertos. Ahora vamos— dije mientras caminaba, suponía que los que nos observaban se habrían dado cuenta de que nos habíamos percatado de su presencia.
Mientras Eva, Sandra y yo regresábamos al avión también lo hacia Luci. Cuando estuvimos junto a este le hice unas señas a Vanesa y a Cesar. Ella con señas me respondió que ya había llenado el depósito.
—Muy bien, todos arriba— les dije.
Rápidamente comenzamos a subir al avión y a sentarnos mientras miraba por la ventana, enseguida comencé a ver movimiento. Primero apareció un hombre con ropas raídas y armado con una escopeta que enseguida comenzó a dispararnos. Seguidamente aparecieron tres hombres más subidos en un coche totalmente transformado, que tenía más pinta de monstruo que de vehículo.
Vanesa y Cesar pusieron en marcha el motor en esos momentos mientras nos disparaban, aunque las balas no parecían estar alcanzándonos. Segundos después levantamos el vuelo dejando a los asaltantes atrás. Ni siquiera llegamos a ver de quienes se trataba, seguramente eran personas como nosotros que al ver aterrizar el avión vieron una oportunidad de escapar y lo intentaron de la única manera que vieron loable, sinceramente creo que no podría odiarles ni reprocharles su comportamiento, el mundo había cambiado y solo imperaba la ley del más fuerte. En un principio me negué a creerlo, pero el tiempo y la cantidad de cosas que nos habían pasado desde que el Apocalipsis llegó me habían hecho cambiar de opinión.

Una media  hora después de dejar atrás el aeródromo de Portugal nos encontrábamos ya sobrevolando el mar. Nos estábamos acercando a las coordenadas que Silverio nos dio en su momento. Yo miraba por la ventana y solo veía mar por todas partes.
—Es la primera vez que veo tanta agua— dijo Vicky mirando por la ventana y sorprendida por que nunca había visto el mar en toda su inmensidad.
—Eso es por que estamos en el océano. Salvo pequeños trozos de tierra es todo mar— respondí dándome cuenta que la niña iba a tener que retomar tarde o temprano unos estudios que la ayudaran a aprender un poco más. Quizás en la nueva civilización aun siguieran educando a los niños en unos estudios que no significasen aprender a manejar un arma.
En ese momento vi como Vanesa me hacía una señal para que me levantara. No tardé ni unos segundos en avanzar hacia ella, nada más llegar fui testigo de la mueca de preocupación que tenía, la cara de Cesar era similar.
—¿Qué ocurre?— pregunté tratando de que los demás no notaran la preocupación.
—Juanma, estamos en el lugar indicado y aquí no hay nada, ni barcos ni nada, solo agua y más agua— dijo Vanesa sin mirarme.
—¿Estas segura? Quizás no sean estas las coordenadas y te hayas equivocado.
Vanesa me miró de reojo. –No me tomes por estúpida ¿Quieres? Te digo que estas son las coordenadas y aquí no hay nada. Solo mar por todas partes, lo cual es un problema.
—Sigue adelante, puede que estén por aquí.
—Si estuviesen por aquí veríamos el barco. Es un petrolero por el amor de dios, deberíamos verlo aunque estuviese lejos. No están— respondió Vanesa dando un golpe en su asiento.
En ese momento vimos como la luz que marcaba el combustible que teníamos comenzaba a parpadear, eso hizo que Vanesa se volviera a preocupar. –Mierda, esto no.
—¿Qué pasa?— pregunté notando la preocupación de Cesar que estaba a mi lado.
—Estamos perdiendo combustible. Seguramente nos dieron cuando despegábamos— respondió Vanesa mientras pulsaba unos botones.
—Eso no es bueno ¿Verdad?— pregunté con más ironía que incomprensión.
—Es una putada— respondió Vanesa. –No nos queda ni para volver…
—Eso si que es malo.
—Juanma, perderemos los motores en unos minutos. Ni el barco esta aquí ni tenemos la tierra cerca para un aterrizaje. Nos vamos a pique.
—¿Y que podemos hacer?— pregunté mientras miraba a Eva, esta se dio cuenta de que pasaba algo y se levantó rápidamente para acercarse.
—Lo único que podemos hacer es ir saltando. Ahí atrás tenemos un bote salva vidas, todos cabemos en el— dijo Vanesa.
—Pero con la poca comida que tenemos y yendo a la deriva… no duraremos mucho— dijo Eva metiéndose en la conversación al descubrir que no teníamos demasiadas opciones.
—La otra opción es estrellarnos y morir al instante ¿Prefieres esa? Venga, no hay tiempo que perder— dijo Vanesa mirándome y esperando que tomara la misma decisión que ella. Obviamente iba a hacerlo.
Salí corriendo de la cabina y llegué a la parte trasera, justo después llegó Luci, esta comenzó a ayudarme a sacar el bote salva vidas. También ella se había dado cuenta de que algo no marchaba bien.
—Tu saltaras primero con Alicia y los niños. Mantente cerca de ellos y no los pierdas— en ese momento miré a Vanesa y le grité. –¡¡¡¡Vuela bajo para que vayan saltando!!!!.
Al escucharme, los que aun no se habían enterado comenzaron a alarmarse, todos comenzaron a hacer preguntas, pero no había tiempo para contestarlas todas.
—Escuchadme, nos vamos a estrellar. Vamos a ir saltando y nos vamos a ir reuniendo en el bote salva vidas, no quiero preguntas. ¡¡¡Vamos!!!.
Caminé hacia la puerta del avión y la abrí. Nada más abrirla me golpeo un brisa de aire fresco. Seguidamente me encontré con Luci detrás de mí junto a Alicia con el bebé en brazos. Detrás estaba Vicky a la que miré y me acerqué a ella.
—¿Qué ocurre papa?.
—Vamos a darnos un chapuzón, vas a saltar con tía Luci— vi que la niña se preocupaba. –No te preocupes, ella cuidara de ti— le di un abrazo y luego miré a Luci. –Saltad.
Luci, Alicia y los niños saltaron desde una altura de seis metros. Vanesa no podía perder más altura. Seguidamente miré a David y a Sandra.
—Sandra, salta con el y ayúdale, no podrá nadar con el brazo así— dije mirando el brazo de David mientras la avioneta pilotada por Vanesa comenzaba a volar en círculos para que al saltar no quedáramos demasiado divididos.
—¿Y que pasa con Yako?— preguntó Sandra mirando a su perro que permanecía sentado en un rincón.
Por unos momentos me había olvidado del pobre animal, enseguida miré a Sandra. –Yo saltaré con el, pero ahora vais vosotros.
Sandra y David saltaron en esos momentos. Tan solo quedábamos Eva, Vanesa, Cesar, el perro y yo. Le tocaba saltar a Eva, yo me negaba a saltar todavía.
—¿Qué harás tu?.
—Vanesa y Cesar están aquí aun. Salta, yo te sigo. ¡¡¡Vamos!!!
En ese momento Eva me besó. –Te quiero.
—Y yo a ti— respondí.
Eva saltó en ese momento.
Rápidamente me volví y regresé a la cabina para que Vanesa y Cesar se levantaran, pero enseguida me tope con una negativa por parte de Vanesa. –Si soltamos los mandos nos matamos, así de claro, salid tu y Cesar— en ese momento Yako comenzó a ladrar como esperándome para saltar juntos. –Y llevaros al puto perro.
—¿Y tu?
—¿Nunca has oído eso de que el capitán es el ultimo en abandonar el barco? Pues esto es lo mismo.
—Me suena a mentira— respondí.
—Puede, pero nunca lo sabrás, ahora vete.
Miré en ese momento a Cesar y le espeté que me siguiera mientras el avión daba otra vuelta, pero este también se negó. –No podrá pilotarlo sola, me necesita aquí para poder estabilizar este trasto y aterrizar con la mayor suavidad posible— iba a hablar, pero Cesar no me dejó. –No cambiaré de opinión.
Como ya no podía convencerles me di la vuelta y cogí a Yako en brazos, este pesaba lo suyo, luego caminé hacia la puerta y me asomé, apreté al perro contra mi pecho. –Allá vamos amigo.
Salté de la avioneta y no tardé en llegar al agua y zambullirme, cuando salí a flote vi a Yako nadando a mi lado y la balsa a unos veinte metros de mi. Ya estaba abierta y en esos momentos estaba subiendo Eva, allí la estaba esperando Vicky. Enseguida Sandra comenzó a llamar a su perro para que este no se desorientara y nadara en otra dirección.
En ese momento, mientras nadábamos en dirección al bote salvavidas, cuando Yako y yo habíamos llegado vi como la avioneta nos sobrevolaba y a unos diez metros de distancia de nosotros, vi como se estrellaba contra el agua.

3 comentarios:

  1. Hubiera jurado que había leído que hasta el uno de septiembre no empezaba Necroworld. Me alegro que hayas empezado antes de tiempo

    ResponderEliminar
  2. Me gusta este primer capitulo y buen argumento buena combinacion de los ultimos libros dw zombie de los ultimos 7anos y buen titulo ya ire leyendo los proximos capitulos

    ResponderEliminar