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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
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jueves, 29 de agosto de 2013

NECROWORLD Capitulo 3



Día 21 de Julio de 2009
Día 403 del Apocalipsis.
Isla en algún lugar del océano Atlántico…
Amanecer…

No sabíamos la hora que era exactamente y se nos antojaba que había amanecido antes de lo esperado. Eso significaba que estábamos en alguna zona de diferencia horaria. Gracias a Vanesa supimos que estábamos en algún lugar del Atlántico. Tal como había planeado, era momento de explorar el lugar donde nos encontrábamos.
A la luz del día podíamos ver mejor donde estábamos, nos encontrábamos en una playa bastante larga y detrás de nosotros se extendía una selva, era obvio que era una isla, pero quería asegurarme.
David, Luci, Vanesa y yo nos habíamos comenzado a preparar para explorar el lugar, esperaba que acabáramos antes del anochecer, en cualquiera de los casos íbamos a dejar el faro para el final. Mientras Eva, Alicia y Sandra se quedaban en la playa con los niños construyendo una cabaña con cañas, nosotros acompañados por Yako nos adentrábamos en la selva. Nosotros nos habíamos preparado munición para los fusiles. Antes de irnos les pedí a Eva y a las demás que no hicieran demasiado ruido y que estuvieran alerta en todo momento, no sabíamos todavía con seguridad donde estábamos y ni si estábamos solos. Aunque era probable que no.
Llegamos hasta un riachuelo donde rellenamos las botellas de agua que llevábamos, el calor allí era sofocante y si no controlábamos nuestra hidratación lo pasaríamos mal.
—Así que en el Atlántico ¿No? Esto es cojonudo, estamos entre Portugal y América, es normal este calor.— preguntó David mirando a Vanesa.
—Seguiremos por ahí— dije señalando una senda.
—¿Qué haremos si nos encontramos con hostiles y nos atacan? Eso no nos daría tiempo a parlamentar— dijo Luci mirándome. –Tenemos que estar bien preparados y dispuestos a todo. David y yo aun estamos convalecientes, yo cojeo y el apenas puede usar el brazo herido. Nosotros dos somos propensos a caer en combate o a ser hechos prisioneros. Si eso pasa no hablaremos, es probable que acaben con nosotros, en cualquiera de los casos no intentéis salvarnos.
—No puedo decir que este de acuerdo— respondió David mirando a Luci.
—Pues es una realidad que debemos aceptar los dos, Juanma y Vanesa están en mejores condiciones que nosotros y conociendo a Juanma, se que vendría a por nosotros en caso de que nos capturaran, por eso lo estoy advirtiendo desde ya.
—Muy bien, como tú quieras— respondí.
—Genial, eso me deja mucho más tranquila.
Los cuatro nos pusimos en pie y seguimos por la senda tal como había indicado. Mientras avanzábamos me daba cuenta de que estábamos en una selva de aspecto tropical, incluso podíamos ver pequeños primates saltando entre las ramas de los arboles. Esa naturaleza me llenaba de paz, era como si nada de lo ocurrido en el mundo hubiese afectado a aquel lugar, y así lo habría pensado de no ser por la escena que vimos en el faro. Seguramente habría No Muertos en aquel lugar.
Pasaron un par de horas hasta que llegamos a un lugar desde el que divisamos lo que parecía una pequeña aldea, habíamos cruzado casi toda la isla, esta no era demasiado grande. Había un total de veinte casas, también había lo que parecía un campamento destrozado.
—No imaginaba que hubiese una aldea— dijo David poniéndose la mano a modo de visera para ver mejor y cubrirse la vista del sol.
—Es una aldea de pescadores, en grandes océanos hay lugares como este, donde gente que vive de la pesca se muda para vivir y trabajar. Por eso esta el faro ahí. Puede que tras la aldea encontremos algún barco— explicó Vanesa.
—Eso no estaría nada mal— respondió David. –Un momento… mirad— David señaló hacia la aldea, precisamente a una silueta que avanzaba tambaleante entre las casas.
Efectivamente la infección había llegado hasta allí, ni aquella isla se había librado.
—Solo se ve uno, pero habrá más seguramente. Bajaremos a explorar el lugar y veremos si podemos conseguir algo que nos sirva, quizás tengan también campos de cultivo— dije a los demás.
Segundos después comenzamos a descender por un pequeño barranco en dirección a la aldea.
Entramos en lo que venía a ser la calle, a ambos lados teníamos chozas, estaban construidas con maderas y ladrillos. Quizás no sirvieran para vivir mucho tiempo, quizás solo un corto periodo de tiempo. Entre las chozas me llamó la atención una construcción en la que ondeaba una bandera donde había una cruz roja, eso me indicaba que se trataba de una casa hospital.
—Vamos hacia allí— dije señalando al edificio de la bandera.
Todos avanzamos y vimos que era un edificio de dos plantas de color azul al que había comenzado a devorar la maleza. Los cuatro manteníamos los cinco sentidos en alerta, los ataques podrían venirnos por cualquier lado, pero hasta ahora no habíamos visto más que un infectado, el cual no sabíamos donde estaba en esos momentos. Solo sabíamos que no estaba solo.
Entramos en el edificio azul y vimos que había cosas por el suelo, sillas, cristales, papeles, los restos de alguien al que no podíamos distinguirle el sexo debido al destrozo. La cabeza no estaba pegada al cuerpo. También había estanterías con los cristales intactos, tras estos había cantidad de medicamentos, no los habían tocado. Ver todos esos medicamentos ahí me tocó la moral, de haberlos encontrado antes quizás podríamos haber salvado a Cesar.
—Deberíamos cogerlos todos, para lo que pueda pasar. No sabemos el tiempo que vamos a estar aquí— dijo Luci mirándome.
Iba a responder, entonces escuchamos un ruido en el piso de arriba. Rápidamente levantamos las armas y permanecimos quietos apuntando escaleras arriba, seguidamente escuchamos un gemido y luego el arrastrar de pies. No tardamos en ver al No Muerto en lo alto de la escalera, también pudimos ver la herida que lo llevó a la muerte y a la reanimación, esta estaba en la pierna derecha y era enorme, era como si más de un No Muerto hubiese estado comiéndosela, le faltaba un buen pedazo de carne, incluso podíamos ver el hueso amarillento. El cadáver estaba casi en perfectas condiciones salvo por lo de la pierna, se trataba de un hombre de unos cincuenta y tantos. Enseguida supimos que se trataba del medico de la isla a juzgar por la bata ensangrentada que llevaba.
—Yo me encargo— dijo Luci poniéndose delante de mi.
No tuvimos que esperar mucho, ya que el No Muerto perdió pie en el escalón más alto y se cayó rodando por las escaleras. Cuando intentó levantarse, Luci le clavó la katana en la cabeza y el No Muerto se quedó definitivamente muerto.
Después de que Luci acabara con el infectado, los cuatro subimos por las escaleras y vimos el piso de arriba. Ahí estaba todo igual que abajo, los estantes de medicamentos estaban intactos, pero el suelo era lo más parecido a un vertedero. Había sangre por todas partes y restos de cristales por todas partes, incluso había goteros por el suelo todavía cargados de suero.
El piso de arriba constaba de una especie de sala de espera donde estaba organizado el desastre y tres habitaciones que habían quedado abiertas, en su interior podíamos ver las camillas destrozadas y con manchas de sangre. Vanesa entró en una de ellas con el arma por delante y cuando salió nos anunció que había un cadáver ahí dentro, el de una mujer joven, probablemente el de una enfermera.
—¿Qué hacemos? Aquí no hay nada— dijo David mirándome a mí y por la ventana, entonces me hizo un gesto con la mano, luego se acercó a la ventana que teníamos a nuestras espaldas y se asomó, luego se dio la vuelta para mirarnos. –Desde aquí veo el muelle.
Los cuatro salimos corriendo de la casa hospital y comenzamos a recorrer una senda. Cuando llegamos al muelle vimos que no había ningún barco a la vista, no al menos alguno que flotara. Solo podíamos ver los mástiles de los barcos hundidos. Ver aquello me llenó de rabia.
—Joder, así nunca saldremos de aquí— dijo David sentándose en el muelle de madera.
Yo también me senté mientras pensaba en que hacer. Estábamos atrapados en aquel lugar y no parecía que pudiésemos salir de allí a corto plazo. Nuestras opciones se habían reducido. Entonces Luci se sentó a mi lado.
—¿En que piensas?
—Fíjate en este lugar, se trata de una isla. Es un lugar donde el numero de No Muertos es reducido, fíjate en aquellos arboles de ahí, dan frutos. Y también debe haber campos de cultivo, además de varios animales a los que podríamos cazar. Estamos solo nosotros. Estoy pensando en quedarnos a vivir aquí. Aquí podríamos encontrar lo que andamos buscando.
—¿Hablas en serio?— preguntó David.
—Si, totalmente. Aun así, antes de instalarnos debemos explorar la isla al completo y si es necesario, limpiarla de infectados. Una vez no quede ninguno podremos vivir aquí tranquilos.
—Entonces deberíamos apagar la luz del faro. Eso podría atraer a indeseables a la isla— dijo Vanesa. Entonces ella divisó algo a unos cien metros de nosotros, algo que se elevaba sobre las copas de los arboles. Era un edificio. –Mirad eso, vayamos a investigar ese lugar.
Los cuatro nos pusimos en marcha hacia el lugar que Vanesa había indicado, cuando estuvimos cerca vimos que había varios vehículos abandonados, eran camiones. Miramos el edificio y nos dimos cuenta que se trataba de una especie de fabrica.
—Esto debe ser el lugar donde empaquetaban el pescado para los envíos, luego lo metían en estos camiones para llevarlo hasta los barcos que lo llevaban a tierra firme para la distribución. Supongo que lo hacían así— expliqué mirando a mis compañeros.
—Esto esta abandonado, no parece que haya nadie dentro— dijo David acercándose a una de las ventanas con barrotes. –Aquí dentro esta muy oscuro.
En ese momento un pálido brazo descarnado se deslizó entre los barrotes y agarró a David por el cuello de la camisa, el brazo tiró de David y este se dio un fuerte golpe contra los barrotes mientras gritaba. Rápidamente los demás nos lanzamos sobre el y comenzamos a tirar de el hacia nosotros.
—Luci, usa la katana— le dije mirándola.
Luci dio unos pasos atrás y desenvainó la katana, con un rápido movimiento le cortó los brazos al No Muerto, el cual perder el agarré de su presa lanzó un gruñido que parecía de frustración.
David cayó al suelo y comenzó a buscarse alguna mordedura con cierto frenesí. Estaba nerviosísimo y repetía sin parar que creía que le había mordido, pero al final descubrimos que no le habían mordido.
Después del susto inicial preparamos las armas y nos preparamos para entrar. Si íbamos a limpiar la isla, íbamos a empezar por ahí, seguramente era donde más No Muertos habría y aunque no nos íbamos a quedar allí dentro, no quería tener cerca un lugar atestado de esas cosas.
—Escuchad, avanzamos juntos por los pasillos y eliminamos a todo lo que se nos ponga por delante. No debe haber demasiados, aunque tampoco nos confiemos. Muy bien, hagámoslo— dije mientras cogía el pomo de una de las puertas.
Cuando la abrí, todos apuntamos al interior, pero ese pasillo estaba vacio. Ni siquiera había una figura tambaleante.
El interior del lugar era oscuro y la única luz que se filtraba en el interior era la luz natural del exterior. Doblamos una esquina y la oscuridad nos envolvió, era momento de encender nuestras linternas. Nada más encenderlas vimos a un grupo de No Muertos al final del pasillo, estos al ser alumbrados por la luz de las linternas se dieron la vuelta y comenzaron a correr hacia nosotros. Vanesa y yo comenzamos a disparar mientras retrocedíamos, nuestros disparos no lograban dar en el blanco, solo nos quedaba retroceder.
—Debemos atraerlos hacia fuera, ahí tendremos más espacio para movernos y dar en el blanco— decía mientras retrocedía a la vez que les disparaba a las piernas para frenarlos un poco.
Cuando llegamos al exterior nos abrimos en abanico y esperamos a que los No Muertos asomaran por la puerta, fue entonces cuando pudimos apuntar mejor y disparar con precisión. Las cabezas no tardaron en estallar al ser alcanzadas por nuestras balas, en menos de dos minutos había quince cadáveres en el suelo.
—No recordaba que recién muertos son más rápidos, lo siento, no calculé bien las horas que hace que se han reanimado— dije a los demás disculpándome.
—Rápidos o lentos siguen siendo tontos del culo, propongo que entremos ahí dentro y acabemos con los que puedan quedar— dijo Luci encaminándose de nuevo hacia la puerta por la que habíamos salido, justo antes de entrar se dio la vuelta para mirarme. —¿Me sigues o no?.
Volvimos a entrar en el interior de aquel lugar y recorrimos varios pasillos, mientras avanzábamos, el olor a pescado iba haciéndose más intenso. Pasamos junto a cámaras frigoríficas que todavía estaban funcionando, seguramente lo hacían gracias a algún generador. Luci se acercó a una y abrió la puerta, enseguida notamos el fresco, seguidamente entramos. La estancia estaba llena de peces espada colgados del techo mediante ganchos.
—¿A alguien le apetece pez espada para cenar?— preguntó David tocando uno de los peces.
—Esto nos vendrá bien para comer durante días, siempre y cuando podamos mantener el generador funcionando— dije, justo en ese momento me pareció ver una figura humana tumbada en el suelo detrás de un montón de corchos con peces en el interior, me acerqué poco a poco y efectivamente encontré el cuerpo de un hombre en el suelo, este estaba congelado.
—¿Crees que murió congelado?— preguntó David a mis espaldas.
—Seguramente. Al menos el quedarse congelado no le permitió volver. Aunque en el momento que se descongele… bueno, seguramente se reanime.
En ese momento Luci le cortó la cabeza, seguidamente me miró. –Ya no lo hará.
—Sigamos buscando por el interior— dije caminando hacia la puerta.
Teníamos que seguir buscando infectados a los que eliminar. En ese momento caí en la cuenta de que Yako había desaparecido. En medio de toda la confusión de la persecución en el pasillo me había olvidado por completo del animal, algo que a Sandra no le haría mucha gracia.
*****

Playa…

Eva y las demás habían escuchado los disparos, minutos después, Yako el perro de Sandra surgió corriendo de la selva hacia los brazos de su dueña. La presencia del perro allí no hacía más que hacer que Eva se temiese lo peor, rápidamente comenzó a preparar las armas, seguidamente salió corriendo hacia la espesura dejando a Vicky al cuidado de Alicia y Sandra.
Eva corrió a toda velocidad entre los arboles y los matorrales, tenía más o menos claro el lugar donde se encontraban Juanma y los demás, tenía que encontrarles y ayudarles si era necesario. Eva saltó el riachuelo y siguió corriendo por una senda, a su paso salían huyendo animales de todo tipo.
Cuando Eva llegó al borde de una pendiente pudo divisar la aldea, y detrás de esta pudo ver un muelle, puede que los demás estuviesen por allí, bajó a toda velocidad la pendiente y se adentró en la aldea. Las casas que la rodeaban eran más bien chozas que en algún momento habían albergado a gente, vio el campamento destrozado y vio una furgoneta de color blanco tumbada sobre su lado izquierdo, los cristales de esta estaban rotos y manchados de sangre, Eva se quedó mirando el parachoques y vio que este estaba hundido como a consecuencia de un fuerte choque. Eva se asomó al interior de la furgoneta, pero no vio rastro de vida humana ni rastro de ningún No Muerto.
De nuevo Eva escuchó más disparos que venían de algún punto cercano. Rápidamente corrió hacia el muelle y no vio a nadie, ni ningún barco, había pensado que quizás, si había algún barco, podrían usarlo para salir de allí. Tras tres disparos más, se volvió a adentrar en la selva, corrió bajo los arboles y salió a un claro donde había varios campos de cultivo, entre ellos pudo ver al menos un No Muerto alimentándose de un cadáver, al verla pasar, el No Muerto alzó la cabeza, pero Eva lo abatió rápidamente.
Más disparos…
Todo apuntaba que había un edificio cerca y que los demás estaban allí. No tardó en ver la torreta del edificio, cuando estuvo más cerca vio que se trataba de una gran almacén donde seguramente limpiaban y empaquetaban el pescado que pescaban. Eva miró a su alrededor y vio que las luces de los focos estaban encendidos todavía, lo que significaba que había luz en la isla, o al menos en aquel lugar.
Corrió más todavía y al doblar una esquina casi se dio de bruces contra una No Muerta sin brazos. Aquel ser trató de abalanzarse sobre ella, pero el hecho de que no tuviese brazos le ponía las cosas difíciles. Eva lanzó una patada hacia delante y golpea a la No Muerta en el esternón, haciendo que esta cayera de espaldas, luego se situó sobre ella y le pisó la cabeza. Un nuevo disparo hizo que Eva se adentrara en el edificio. No tardaría en encontrarse con los demás.

Habíamos avanzado a través de varios pasillos disparando contra todos los No Muertos que nos cruzábamos, esa vez estábamos siendo más cuidadosos, ya que sabíamos que eran rápidos todavía. Llegamos a un lugar donde había varias cintas transportadoras, lugar que suponíamos que usaban para separar los peces. Algunas aun se movían, aunque estas estaban vacías.
—Parece que no hay más— dijo David mirando a su alrededor.
—Eso no lo se, pero saldremos de dudas enseguida— dijo Luci mirando hacia arriba, yo seguí su mirada y vi un cuarto alto y acristalado que tenía dos megáfonos a ambos lados, lo que nos revelaba que desde ahí se daban los anuncios a los trabajadores.
—¿En que estas pensando?— pregunté.
—Ahora lo veras— respondió Luci echando a correr hacia una escalera de mano.
Cuando Luci llegó a lo más alto se acercó a un micro y comenzó a hablar. –Voy a hacer ruido, eso debería atraer a todos los No Muertos del lugar.
Luci comenzó a mirar por la sala en la que estaba y vio varias cintas de casete. Si ponía una haría sonar la música y sería el reclamo perfecto. El lugar en el que estaban los demás era un buen lugar para irlos esperando.
Cuando Luci puso la cinta de casete en el reproductor empezó a sonar una orquesta, luego subió el volumen para que se escuchara por todo el lugar.

La música sobresaltó a Eva que seguía avanzando por los pasillos oscuros de aquella enorme edificación. De repente le llegó el olor y el sonido desde unos metros más adelante, entonces de la oscuridad comenzaron a surgir figuras que iban corriendo. Otras solo se movían tambaleantes, eran No Muertos.
Eva se dio la vuelta rápidamente y comenzó a correr con una multitud cada vez más creciente detrás, si se encontraba en un callejón sin salida de repente, estaría perdida.
Corrió y corrió hasta que vio la luz del sol, eso significaba que se dirigía a un lugar grande, detrás de ella debía haber más de dos docenas.
Llegó a la zona iluminada y de repente se vio sorprendida por varias armas apuntándole. Se lanzó al suelo cuando alguien le gritó que se hiciese a un lado, seguidamente mientras se ocultaba detrás de un montón de cajas, comenzó a escuchar los disparos.

Avancé al lugar donde se había ocultado Eva sin dejar de disparar, mis disparos estaban siendo precisos al igual que los de los demás. Entre todos estábamos dejando muchos cadáveres.
—¿Qué haces aquí? Se supone que debías estar en la playa— dije al llegar junto a Eva.
—Escuché los disparos y…
Eva no terminó la frase, un infectado la agarró por detrás y estuvo apunto de morderla, pero yo fui más rápido que el ser y le aticé con la culata de mi fusil, este se desplomó al instante como si fuera un saco de patatas.
—Salgamos de aquí— dije al tiempo que agarraba a Eva de la mano.
Ambos salimos de nuestro escondite y comenzamos a disparar para ayudar a los nuestros. En pocos minutos habíamos acabado con todos los de la zona, Luci dejó puesta la música, pero ya no aparecieron más.
Al atardecer nos reunimos con los demás en la playa con la intención de contarles la idea que había tenido de quedarnos a vivir en aquella isla, se lo había contado ya a Eva y ella había estado de acuerdo, ahora solo faltaba que lo supieran Alicia, Sandra y mi hija.
—Muy bien. Eva ya lo sabe, pero os lo contaré a vosotras también. Esta isla esta muy bien para vivir, tenemos un almacén de pescado que todavía tiene luz. Al parecer ya no quedan No Muertos, pero para asegurarnos haremos patrullas. Para empezar nos mudamos hacia la pequeña aldea, pero lo haremos mañana a primera hora. Mientras vosotras os acomodáis, los demás quemaremos a los cadáveres en la playa. ¿Estáis de acuerdo?.
Todos asintieron estando de acuerdo y cuando llegó la noche nos quedamos durmiendo en la playa. Al día siguiente empezábamos una nueva vida, parecía mentira, pero habíamos dejado atrás toda la pesadilla.
Día 22 de Julio de 2009
Día 404 del Apocalipsis.
En algún lugar del Atlántico…

En el casco del barco estaba semi borrado el nombre de este. Anteriormente había sido llamado Queen algo, pero ahora solo había el dibujo de un pájaro de fuego, el emblema de la nueva civilización, o al menos lo que quedaba de ella, los supervivientes de la pandemia. Un grupo de siete hombres comenzó a trepar por el casco del barco con un único objetivo. Se habían acercado al barco sin ser vistos porque su contacto en el interior de este había inutilizado los radares.

Carlos Martínez apenas tenía conversación con su compañero de celda, se pasaban el día entero cada uno en un rincón de la estancia. La mayor parte del tiempo, Carlos se lo pasaba leyendo algún libro de los que le habían dado al invitado. Hacía tiempo que no leia nada y estaba deseando llegar a tierra para seguir con algunas lecturas que había dejado a medias y sobre todo, tenía ganas de volver a ver a Rose. Fue en ese momento cuando se abrió la puerta de la celda y Carlos se vio sorprendido por la aparición de Rex.
—¿Qué haces tú aquí?— preguntó Carlos.
—Relevándote, además  tienes una llamada de Rose— respondió Rex con una sonrisa.
—Nadie me ha informado de ello.
—Te estoy informando yo— respondió Rex acariciando la empuñadura de su arma.
—¿Qué te pasa? Pareces nervioso.
—Sal de aquí Carlos.
En ese momento se escuchó un tiroteo en las zonas superiores del navío, entonces la mirada de Carlos se volvió a cruzar con la de Rex. Este sudaba a mares y seguía acariciando la empuñadura.
—Tu eres el topo— dijo Carlos sacando el arma y apuntando a Rex.
Rex hizo lo mismo y apuntó a Carlos a la cabeza. –Ponnos la cosa fácil Carlos, las cosas se te complicarían.
Levine se quedó quieto justo a su cama contemplando la escena que se desarrollaba delante de el, no entendía nada de lo que estaba pasando, solo podía quedarse quieto y callado esperando a que aquello acabara de la forma posible, entonces se escucharon más disparos.
Carlos continuó apuntando a su antiguo compañero. –Sabía que eras tu desde el principio, solo había que hacerte salir. Debo decir que ha sido más fácil de lo que pensaba.
—Entréganos a ese tipo— dijo Rex señalando a Levine. –Si nos lo entregas no te ocurrirá nada. La guerrilla sabrá recompensar tu ayuda.
—La guerrilla… Querrás decir las escorias, no quiero recompensa de todo ese atajo de basuras. Solo son montones de mierda infecta que no se han querido adaptar a la realidad del mundo en el que vivimos. Hay una nueva civilización en Manhattan, una que resurge de sus cenizas y que pronto reconquistara este mundo. Este mundo es nuestro y vosotros que no estáis de nuestro lado, también sois el enemigo. No sois más que terroristas.
—Y vosotros no sois más que una sombra de la verdadera civilización. Lo vuestro es una maldita dictadura. No me hagas repetírtelo ¡¡¡Entrégamelo!!!
—No tienes ni idea de lo que hablas— justamente en ese momento Carlos apretó el gatillo varias veces hasta que Rex quedó completamente abatido.
Rápidamente Carlos cogió su walkie y se puso en contacto con los de arriba. –Aquí Martínez. ¿Cómo va todo por ahí?.
Enseguida obtuvo la respuesta del sargento Cooper. –Aquí todo bien, los ocho intrusos han sido abatidos. ¿Y usted soldado? Hemos escuchado disparos.
—El topo personalmente vino a recoger el paquete, pero ya me he ocupado de el. Era Rex el infiltrado.
—Coja a Levine y venga al puente— le ordenó Cooper.
—A sus órdenes mi sargento— respondió Carlos. –Corto y cierro.
Carlos cortó la comunicación y miró a Levine. –Bueno, creo que llegó el momento de que sepas ciertas cosas sobre tu futuro y el por que tipos como este mierda… —Carlos señaló el cuerpo de Rex que en esos momentos comenzaba a moverse. –Te quieren para ellos… oh… espera.— Justamente en ese momento, Carlos le disparó a Rex a la cabeza antes de que se reanimara.
—¿Quiénes sois vosotros en realidad?— preguntó Levine.
—Somos los que ganaremos— respondió Carlos mientras disparaba dos veces más a la cabeza de Rex.

7 días después…
Día 29 de Julio de 2009
Día 411 del Apocalipsis…
Isla…

Habían pasado siete días desde que habíamos asegurado la isla y habíamos llegado a la conclusión de que ya no quedaba un solo No Muerto en ella. Habíamos hecho del lugar un buen sitio para vivir. También habíamos inspeccionado el faro de arriba abajo, solo encontramos al guardia del faro ahorcado. Este se tambaleaba en el aire tratando de liberarse, rápidamente acabamos con su sufrimiento. Seguidamente quemamos todos los cadáveres.
La mañana del séptimo día en la isla había amanecido lluvioso y como cada mañana, yo había salido a dar una vuelta por la playa, me gustaba contemplar la tranquilidad del mar, pero ese día el mar estaba picado. En esos momentos estaba sentado en un tronco cerca de la orilla, de vez en cuando hasta la orilla llegaban trozos de algún naufragio, lo ultimo que nos habían llegado algunos cadáveres, seguramente se habían caído de algún barco, nosotros nos ocupábamos de acabar con ellos para siempre, estos llegaban hinchados. Ese día que estaba sentado vi un cuerpo que llegaba flotando hasta la orilla, me acerqué a el y comprobé que lo habían cosido a balazos y que le habían disparado más de una vez en la cabeza, este vestía un uniforme militar con el dibujo de un pájaro en el bolsillo de la camisa. No llevaba mucho tiempo muerto. Como mucho unos días.
Mientras inspeccionaba el cadáver vi aparecer a Eva, cuando ella se acercó se puso a mirar el cadáver.
—Es el noveno en tres días. ¿Qué crees que ha pasado?.
—Esta en plena descomposición y le dispararon en la cabeza varias veces. A saber cuanto tiempo ha estado a la deriva— dije sin levantar la vista del cadáver, entonces me volví a fijar en el emblema del pájaro. —¿Qué crees que significa esto? Es la primera vez que lo veo.
—Yo también… pero fíjate. Se ven llamas a su alrededor. ¿Cuántos pájaros de fuego conoces tú?
—Ninguno, a menos que te refieras al ave fénix— puntualicé.
—Coño… es cierto. Es un ave fénix… ¿Pero que crees que quiere decir?.
—El ave fénix es un símbolo de resurrección, un ave que muere y que resurge de sus cenizas. Quizás tenga algo que ver con los No Muertos… no se. De todos modos vamos a dejar que se seque un poco y luego lo quemaremos como a los otros.
—¿Lleva algún tipo de identificación?— preguntó Eva.
—No, igual que los otros— respondí.
En ese momento noté la mano de Eva sobre mi hombro, esta había comenzado a apretar y yo me levanté rápidamente para ver como señalaba hacia el horizonte. Cuando miré, divisé rápidamente un barco que me hizo recordar el de los rusos. Algo que no me gustaba nada.
—Rápido, volvamos a la aldea con los demás. No se que ocurre, pero parece que viene directo hacia aquí. Deprisa. ¡¡¡Corre!!!.
Eva y yo echamos a correr a través de la selva, tardaríamos como unos siete minutos en llegar a la aldea a través de la senda.

Barco…

Carlos se estaba preparando para subir al helicóptero que lo llevaría hacia la isla. Cuando estaban cerca habían querido contactar con ellos, pero nadie contestó. Era una isla de pescadores que usaban para conseguir suministros, pero hacia más de siete días que allí no había señales de vida. Su misión consistía en averiguar que demonios había pasado, aunque más o menos se lo podía imaginar. Cooper había ordenado que buscaran supervivientes.
En el helicóptero ya estaban Pablo, Gale y Yuriko, solo faltaba el. Cuando llegó se subió de un salto y se quedó mirando a Yuriko.
—Bienvenida a la expedición, supongo que te hartaste de quedarte quieta. Solo te lo diré una vez, no quiero que trates de hacerte la heroína ni nada, no quiero que corras riesgos, si te digo que corras lo harás.
—Se cuidar de mi misma, gracias.
—No lo dudo, pero será mejor si no te arriesgas, mantente pegada a mi en todo momento.
—Dejad de hablar ya. Despegamos— dijo Gale interrumpiendo la conversación y haciendo despegar el helicóptero bajo la lluvia. Lo estaba haciendo a regañadientes, no era seguro volar en esas condiciones. Quería haber cogido la zodiac, pero el mar estaba demasiado revuelto como para navegar, realmente el cielo estaba demasiado mal como para volar, pero las órdenes de Cooper eran claras.
El helicóptero rápidamente comenzó a volar en dirección a la isla.

—Vamos corre. Ya estamos cerca— dije mirando hacia Eva mientras corríamos. Entonces escuché el sonido de un motor por encima de nosotros. Rápidamente me paré, me di la vuelta y agarré a Eva del brazo, empujándola rápidamente para ocultarnos detrás de un árbol, una vez ocultos vimos pasar un helicóptero de color blanco, este iba en dirección a la aldea.
—¿Quiénes son?— preguntó Eva.
Al hacerme esa pregunta la miré a la cara, estaba empapada y los mechones de pelo rubio casi le tapaban sus ojos azules. –He visto el símbolo del pájaro en el fuselaje. Sean quienes sean, van directos a la aldea. Van a coger a los demás, no nos dará tiempo a llegar.

miércoles, 21 de agosto de 2013

NECROWORLD Capitulo 2



No tardé ni un microsegundo en lanzarme a nadar en dirección a la avioneta que se acababa de estrellar contra el agua. El impacto había sido brutal y me imaginaba que la parte delantera había quedado destrozada y muy probablemente, Cesar y Vanesa habían quedado heridos o habían muerto. Enseguida escuché como alguien más se lanzaba al agua para seguirme, miré por el rabillo del ojo y descubrí a Eva nadando detrás de mí.
Seguidamente ambos nos zambullimos cuando estábamos cerca de la avioneta mientras esta se hundía, teníamos que darnos prisa en sacar a nuestros amigos de ahí.
Los buscaba bajo el agua y no los veía, intenté meterme dentro de la avioneta para buscarles, pero rápidamente Eva tiró de mi y me lo impidió, seguidamente me arrastró hacia la superficie.
—¿Qué coño haces?— pregunté tratando de sumergirme de nuevo, pero ella de nuevo me lo impidió.
—Si te metes dentro del avión podrías quedar atrapado tú también. ¿No te das cuenta? ¿Cuántas veces vas a comportarte como un suicida que no piensa las cosas antes de hacerlas?
—Soy el líder y debo protegeros. Si me mato yo solo es asunto mío.
Eva me agarró del brazo y tiró de mí. –No dejaré que lo hagas.
—Suéltame— dije dando un tirón para soltarme de su agarre.
En ese momento vi surgir a la superficie dos siluetas a dos metros de nosotros. Se trataba de Cesar y de Vanesa, podía ver como a diferencia de Vanesa, Cesar estaba inconsciente. Rápidamente nadé hacia ellos y ayude a Vanesa con el joven bombero.
—¿Qué ha pasado?.
—Tratamos de salir, pero no nos dio tiempo— respondió Vanesa.
Miré el cuerpo magullado de Cesar, seguía vivo, pero tenía un hierro clavado en el abdomen y comenzaba a sangrar abundantemente. Rápidamente comencé a hacer señas al bote salvavidas para que se acercara a recogernos. Una vez lo tuvimos cerca subimos a Cesar con cuidado. Una vez sobre el bote salvavidas traté de ver bien la herida de Cesar. Este tenía el hierro debajo del esternón y con toda probabilidad le había atravesado el pulmón. La cosa pintaba mal, si se lo sacábamos corríamos peligro de provocarle más daños.
Me levanté y miré a mi alrededor, solo había mar por todas partes, nada de tierra. Estábamos en medio del océano, sin apenas comida, con algunas armas y munición. Podríamos estar días, semanas o incluso meses a la deriva. Éramos muchos allí como para tener comida y agua para todos, no duraríamos mucho en esa situación.
Me sentía totalmente abatido y derrotado, habíamos logrado salir de Madrid después de pasar un autentico infierno, y cuando parecía que todo parecía ir mejor, nos habíamos vuelto a meter de lleno en el averno, esta vez rodeados de agua. Miraba a todos lados buscando un indicio de salvación para nosotros, pero no encontraba nada, me dejé caer de nuevo y me quedé quieto, alcé la vista y me encontré con la mirada de todos salvo la de Vanesa, la cual se estaba ocupando de mantener vivo a Cesar.
—¿Qué hacemos?— preguntó Alicia.
—No lo se— respondí pasándome la mano por la cabeza.
—Pero debe haber algo que puedas hacer, se supone que eres el líder y deberías…
—¡¡¡¡Pues no se que hacer!!!! ¿Vale? No tengo ni puta idea de que hacer— contesté cortando la frase de Alicia. Esta se quedó totalmente callada y no volvió a hablar.
Todos nos quedamos allí sin movernos, flotando a la deriva mientras las horas pasaban y la noche nos caía encima. En esos momentos ya lo daba todo por perdido, íbamos a morir irremediablemente.
******
Día 21 de Julio de 2009
Día 403 del Apocalipsis.

Yuriko se encontraba en la cubierta del barco escribiendo en su diario como hacia habitualmente desde que el mundo había caído en el infierno. Su historia, como la de tantos otros había sido de terror y supervivencia. En esos días, cuatrocientos tres días después desde que comenzó todo, aun se sorprendía de que hubiese sobrevivido a todo ese desastre. Había perdido a toda su familia y amigos.
Yuriko estaba viviendo en España cuando todo comenzó a suceder, allí era copiloto y mecánico de helicóptero junto a su compañera Vanesa, la cual ya no había vuelto a ver desde que ella decidió volver a Japón. Un viaje que consiguió casi de milagro. Llegó a Japón, paso unos días normales y finalmente todo se fue al infierno, los Yatshura como allí los llamaban se habían impuesto a la raza humana.
Los Yatshura parecían salidos de una película de terror, mataban y despedazaban a las personas como animales salvajes. Primero lo comenzó a ver por televisión y realmente no se lo creyó hasta que lo vio desde la ventana de su habitación, cuando lo vio por primera vez, su mundo se vino abajo, sobrevivió como perfectamente pudo hasta que fue rescatada y llevada a Manhattan, donde más tarde comenzó a formar parte del grupo de rescate que iba a bordo del barco, ella se encargaba de mantener los helicópteros apunto.
En esos momentos sintió como una punzada en el corazón. Tenía la sensación de que iba a pasar algo, y no sabía si era bueno o malo. Solo estaba inquieta.
—Bonita noche.— La voz de Carlos Martínez sonó a sus espaldas. Yuriko se dio la vuelta y se encontró con su compañero.
—Hola— dijo ella apartándose el pelo del rostro. —¿Qué tal?
—Venía a buscarte porque hay reunión. Es por lo del tipo ese que recogimos en Esplugas, las pruebas han dado positivo.
—¿En serio? Eso nos hace estar más cerca de la cura. Nos vamos a salvar— dijo Yuriko con una sonrisa.
—Si, vamos— dijo Carlos haciéndolo un gesto para que lo siguiera.
Ambos entraron en el interior del barco y caminaron hacia la sala donde se celebraban todas las reuniones. Allí estaban los altos cargos del barco y los que tenían mayor rango o una función especial dentro del equipo, en ese momento el de Yuriko era el de copiloto reserva y mecánico.
—Bueno, estamos todos. Ya podemos comenzar la reunión— dijo Cooper dejando unos papeles sobre la mesa.
—¿Son las pruebas?— preguntó Carlos mientras se sentaba, Yuriko también se sentó. Cuando estuvieron sentados, Carlos alargó la mano y cogió los papeles para ojearlos. Cuando los leyó un poco se los devolvió a Cooper.
—Vale, es invisible para ellos. Eso esta confirmado… pero ¿Nos garantiza eso que gracias a su sangre podamos sintetizar una vacuna?
—Aun no lo sabemos, pero es un paso importante para el “Proyecto Renacimiento”. Los científicos están deseando ponerle las manos encima.
—¿Van a experimentar con un ser humano? Eso no podemos hacerlo, no nos diferenciaría mucho de esos monstruos— dijo Yuriko mostrando indignación. Estuvo apunto de mencionar el trato que se les daba a los que habitaban bajo la ciudad, pero hacerlo le costaría caro. Las cosas estaban tan caldeadas con ese asunto que cualquier muestra de apoyo a los que ellos llamaban escorias, sería considerado traición y podría acabar con la horca o el encarcelamiento.
—El se ha prestado. Hará lo que nosotros le digamos— respondió Cooper. –Esta por surgir un nuevo orden mundial y no podemos dejar que otras naciones nos invadan.
—El solo hecho de que tengamos en nuestro poder a este hombre nos convierte en blancos para otros, incluidos los escorias que viven bajo nuestros pies. Deberíamos mantenerlo en secreto, al menos de momento.
—Es muy probable que ya lo sepan— dijo Rex metiéndose en la conversación. –Sabemos que hay infiltrados en nuestras filas. Cualquier cosa que hablamos llega hasta sus oídos, esos cabrones podrían vender esa información. Podrían estar preparando ya su ataque.
—Si nos atacan estamos preparados. Ahora lo importante es que el paquete este bien vigilado las veinticuatro horas del día hasta que lleguemos a Manhattan. La reunión es para eso.
—¿Y como se supone que vamos ha decidir quienes son los que se encargan de la vigilancia? Si nos equivocamos podríamos hacer que uno de los infiltrados lo vigilara, con lo cual se lo pondríamos en bandeja de plata— preguntó uno de los presentes, se trataba de un hombre mayor de unos sesenta años que había sido sargento mayor hacia años y que debido a su experiencia militar había sido reclutado de nuevo. –Incluso alguno de esos traidores podría estar sentado en esta mesa en estos momentos.
—Contábamos con eso, pero tenemos la completa certeza de que aquí en la reunión no hay traidores— afirmó Cooper quitándose la gorra para rascarse la cabeza.
—¿Y como estamos tan seguros? ¿Hubiese sonado una alarma si uno de ellos entra aquí? Si están infiltrados no podemos confiar en nadie, podrían surgir de repente y pillarnos a todos, disculpe sargento, pero no comparto su opinión. Lo que llevamos a bordo quizás sea el arma más codiciada del mundo, y esta servida en bandeja de plata para todos y cada uno de los que están en este navío. Si van a ir a por el, es solo cuestión de tiempo— dijo Carlos mirando a todos los miembros del consejo de abordo que estaban presentes. El confiaba en todos, especialmente en Yuriko, por la cual pondría siempre la mano en el fuego. –Yo propongo que dejemos que se acerquen a el y cuando estén ahí atraparles, les interrogaremos y les sacaremos información.
—Carlos eso…— murmuró Cooper, pero rápidamente Carlos le cortó.
—Es completamente cierto sargento. Ahora mismo aquí yo mismo podría ser uno de esos infiltrados y estar enterándome de todo, con lo cual la vigilancia de veinticuatro horas no serviría de nada, si yo fuera un infiltrado y me ponen a vigilar al objetivo… ese sería el momento perfecto para largarme con el, coger un helicóptero y salir de aquí rumbo a Manhattan con mis demás escorias.
—El helicóptero sería derribado antes de que…— dijo otro militar de alto rango, pero Carlos volvió a cortar la frase para hablar el.
—Obviamente no sería tan estúpido de largarme de buenas a primeras sabiendo que me pueden derribar. Me ocuparía antes de crear una distracción, quizás me cargara a unos cuantos sin dañarles el cerebro, así se reanimarían y sembrarían el caos aquí dentro, en menos de tres minutos esto se llenaría de infectados mientras los demás tratan de mantenerlos a raya yo escaparía en helicóptero. Nadie daría el aviso de lo que ha pasado.
Todos contemplaban a Carlos por la forma que había tenido de exponer el caso al que se podían enfrentar si un infiltrado actuaba, era obvio que actuaria así. Escaparía mientras el caos estallaba en el barco. Para los allí presentes, Carlos era inteligente y calculador, había desmontado la idea de la vigilancia enseguida.
—¿Qué propones entonces?— preguntó Cooper mirando a Carlos.
—La vigilancia sería una buena opción, pero tendríamos el problema que he dicho. Propongo no hacer nada, que lo intenten si quieren. Para llegar a la zona donde esta el paquete deben recorrer el carguero entero, tenemos cámaras.
—A menos que las anulen— respondió Rex.
—Eso solo podría hacerse si hubiese más de un infiltrado, ya sabemos que no trabajan solos. Haremos lo siguiente, yo me voy a su celda, allí los esperaré si deciden aparecer— dijo Carlos poniéndose de pie.
—Muy bien, idea aceptada. Te vas a su celda— dijo Cooper mirando a Carlos.
Carlos se puso en pie y miró a Rex, el cual parecía que se había puesto tenso. Era lo que buscaba.
*****

Manhattan…
Bajo sus calles…

Mouse era un hombre de baja estatura y delgado, cosa que le había servido para ser apodado como Mouse. Su verdadero nombre era John Villalva, era de origen Mexicano y había llegado a Manhattan tras el apocalipsis y al llegar vio como eran las cosas, trató de conseguir cosas, pero por circunstancias fue obligado a unirse a la guerrilla y vivir o al menos tratar de vivir bajo las calles de la ciudad con los demás miembros de la guerrilla a los que los de arriba llamaban escorias.
A todos los miembros de la guerrilla los condenaban a la horca o al encarcelamiento. Lo peor de todo era que allí abajo se estaban muriendo de hambre. Los que peor lo estaban pasando allí abajo eran las mujeres y los niños, había enfermedades y muchas veces cuando alguien moría debían actuar deprisa para que este no se reanimara. Eso había llevado a que muchas veces, hombres y mujeres de la guerrilla tuvieran que salir de la seguridad de los túneles de metro y alcantarillas, cruzar las vallas y dejar atrás la ciudad para ir a otros lugares a cazar o recolectar comida.
Allí abajo había mandos que llevaban la convivencia y las leyes de allí abajo a raja tabla, muchos opinaban que la vida allí era mucho mejor que la de la superficie. Sobre los mandos de allí abajo había un hombre que mandaba sobre todos, un Haitiano que se hacía llamar Papa Angelito, cuya existencia no era conocida por los de arriba.
Otro punto a favor que tenían los habitantes de ese inframundo eran los infiltrados que tenían arriba y los cuales les pasaban información y les daban, comida, armas y munición. También habían logrado comprar a varios de los soldados de la superficie que les intercambiaban armas y munición por joyas, era una especie de mercado negro.
Las joyas se conseguían fácilmente gracias al equipo de saqueadores conocidos como “Arponeros”, estos se dedicaban a entrar en barrios ricos, como no podían saquear las casas tenían que arriesgarse más. Su procedimiento consistía en una jaula para tiburones con un cebo dentro que atraía la atención de los No Muertos del lugar mientras los demás lo controlaban con la ayuda de una grúa que haría subir la jaula cuando el trabajo estuviese hecho. Cuando los No Muertos cargados de joyas se acercaban en busca de carne, el cebo identificaba  a los más cargados y entonces entraban en acción los arponeros, los cuales lanzaban los arpones y cazaban al elegido por el cebo, tiraban de el y cuando acababan con el lo desvalijaban. Ese modo de conseguir joyas era arriesgado y habían perdido a varios, pero era la mejor manera que tenían para vivir, no siempre los infiltrados podían conseguirles víveres ni información.
Mouse llegó hasta la zona donde tenían las radios, eso les había llevado mucho tiempo conseguirlo, no era fácil que los de arriba no detectaran sus transmisiones, pero lo habían conseguido. En realidad habían conseguido muchas cosas allí abajo.
—¿Qué tenemos?— preguntó Mouse.
—Nos transmiten desde el barco de rescate, tienen el paquete, pero se imaginan que pretendemos conseguirlo, estará fuertemente vigilado— dijo uno de los chicos que había allí. Un chico pelirrojo llamado Ralph.
—No nos será fácil sacarlo de allí, ahora están a nueve días de nosotros. Tomaran la misma ruta marina de siempre, que nuestros hombres los esperen donde siempre. Allí les asaltaran y sacaran a ese hombre de allí. La existencia de ese tipo es todo un descubrimiento desde hace tiempo— dijo Mouse.
—Podríamos perder a muchos— dijo Ralph mirando a Mouse.
—Esto es una guerra y en las guerras hay bajas.
Mouse dejó las radios y decidió volver a donde vivía. En aquellos túneles abandonados había múltiples vagones de metro abandonados y múltiples estancias antiguas que ellos mismos habían remodelado para poder vivir. Quizás no era la vida que merecían, pero era al menos una vida sin las leyes que los de arriba tenían.

*****
En algún lugar del mar…

Seguíamos a la deriva en el bote salvavidas. Cesar seguía inconsciente y no parecía que fuera a volver en si por el momento. El bebé dormía en los brazos de Alicia, también ella se había dormido. En ocasiones Yako se paseaba por la balsa y yo no podía dormirme, todos dormían salvo Luci, David y yo. La noche estaba sobre nosotros y solo escuchábamos el sonido del mar y algún que otro sonido de alguna ballena lejana.
—¿No os parece increíble?— preguntó en ese momento David. Aunque no podía verlo sabia que era el, era el único chico además de mi en el bote salvavidas que no estaba inconsciente.
—¿El que es increíble? ¿El que estemos aquí apunto de morir? Hemos sobrevivido a hordas de putos cadáveres andantes y tipos cabrones. Ahora moriremos de hambre y deshidratación a la deriva— dijo Luci.
—Lo siento— comencé a decir. –Logré sacaros de Madrid aun perdiendo a unos cuantos y os arrastré conmigo para tratar de salvarnos, pero solo he conseguido complicar las cosas.
—No es culpa tuya— dijo Luci –Has hecho ya demasiado, no se te puede pedir más.
—Pero aun así… siento que no he hecho más que joderlo todo.
En ese momento vi algo que parecía una luz, pero esta era tenue. Me incorporé un poco y espere mientras les pedía silencio a David y a Luci.
—¿Qué ocurre?— preguntó David.
—Me ha parecido ver una luz— dije poniéndome de pie.
—Te lo habrás imaginado— respondió Luci. – Es imposible que aquí haya una luz y…
—Ahí esta otra vez— dije señalando hacia delante, aunque nadie podía verme.
—Yo también la he visto— dijo David.
De nuevo vi la luz, esta parecía estar detrás de una montaña y parecía estar dando vueltas, y solo se me ocurría un origen para esa luz, había un faro cerca, y los faros siempre están en islas.
—Debe ser un faro. Eso es que estamos cerca de una isla o algo. No puede ser otra cosa— dije mientras miraba a Luci que encendía una bengala de las que llevábamos.
Luci lanzó la bengala y vimos una silueta, realmente teníamos algo delante, y a decir verdad estábamos escuchando el romper de las olas.
—¡¡¡Todo el mundo en pie!!!— grité.
Todos se fueron levantando sobresaltados, poco a poco comenzamos a ver la isla, si no nos hubiésemos dado cuenta a tiempo podríamos haber muerto al chocar contra las rocas de la isla. Rápidamente cogimos los remos y Luci y yo comenzamos a remar rápidamente mientras David alumbraba por delante.
—Tenemos una playa justo en frente— dije al tiempo que me lanzaba al agua y notaba como mis pies tocaban el fondo. Eso significaba que estábamos cerca de la orilla, solo nos quedaba dirigir el bote salvavidas. Luci y Eva también saltaron al agua.
Finalmente tras avanzar hacia delante unos diez metros, llegamos a la playa. Nada más llegar cogimos a Cesar y lo tumbamos sobre la arena, era el momento de practicarle unos primeros auxilios, aunque en mi opinión no tenía buena pinta la herida, tampoco teníamos demasiada luz.
—No podemos hacer nada con la poca luz que tenemos— dijo Vanesa señalándome las linternas y el farolillo que habíamos usado para guiarnos mejor.
—En el faro hay luz, quizás haya alguien— dijo Alicia haciendo que todos nos giráramos para mirarla. La idea que acababa de tener era la más acertada, debíamos avanzar por la playa hasta el faro que estaba emitiendo la luz y que desde nuestra posición parecía estar lejos.
—Puede que no sobreviva al traslado. Ya sabéis que pasara si se muere— dijo David dando a entender que se reanimaría y tendríamos que acabar con el.
—No pienso perder a uno de mis hombres— dije poniéndome de pie. –Necesito que alguien me ayude con el.
Enseguida Luci se prestó y se puso a uno de los lados de Cesar. –Démonos prisa antes de que pase algo.
Luci y yo comenzamos a caminar con Cesar a cuestas hacia el faro, Vanesa nos seguía, ella era quien iba a tratar de salvarle la vida. No solo llevábamos a nuestro compañero herido, también llevábamos las armas preparadas. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, tampoco sabíamos donde nos encontrábamos exactamente.
Pronto, antes de lo esperado llegamos a los pies de un acantilado sobre el que estaba situado el faro.
La luz del faro estaba encendida y era necesario que hubiese alguien controlándola. Rápidamente enfoqué con mi linterna hacia mi izquierda y vi una senda que nos llevaría hasta el faro, aunque el ascenso no sería fácil con un cuerpo a cuestas, pero teníamos que intentarlo, en ello iba la vida de nuestro amigo.
Sin pensárnoslo demasiado comenzamos el ascenso, íbamos con cuidado, si Cesar se nos caía, podría ser fatal.
Con muchos problemas logramos llegar a lo alto de la senda, luego comenzamos a avanzar hacia las puertas del faro. Estas estaban abiertas y el viento las hacia abrirse y cerrarse dando golpes.
—Esta abierto— murmuré mirando a Luci que en esos momentos desenvainaba la katana.
—Por si acaso— respondió ella mirándome.
Con una mano empujé la puerta y esta se abrió chirriando. Una vez la puerta quedó abierta nos encontramos ante unas oscuras escaleras que nos llevaban hacia los pisos superiores. También nos llegó el olor, el mismo olor que estaba esforzándome por olvidar, era el aroma de la muerte.
En ese momento, Vanesa que siempre había ido detrás se adelantó a nosotros y preparó el fusil. –Con Cesar a cuestas no podréis defenderos bien de un ataque. Dejad que yo os cubra.
Entramos en el interior del faro y cerré la puerta. Luego comenzamos a subir las escaleras de caracol que nos llevarían hasta lo más alto, aunque entre nosotros y el último piso aun habían otros dos. Llegamos al primer piso y vimos un montón de muebles a modo de barricada bloqueando el acceso a las escaleras. El suelo estaba sembrado de cadáveres que enseguida nos imaginamos que eran No Muertos, o mejor dicho, habían sido. Ahora estaban muertos del todo.
—Tenemos que quitar todo eso de ahí si queremos avanzar— dijo Vanesa mirándome a mi.
El olor allí era insoportable y mientras Luci vigilaba a Cesar. Vanesa y yo apartábamos muebles provocando un ruido casi atronador, eso nos estaba sirviendo también para averiguar que no había infectados en el interior del faro, de haberlos ya los tendríamos encima. También nos estábamos dando cuenta de que no había nadie más salvo nosotros en aquel lugar. Eso me llevaba a pensar que la escena que teníamos a nuestro alrededor no haría ni un día que había ocurrido, quizás unas horas antes de que llegáramos.
Cuando Vanesa y yo abrimos camino me dirigi hacia Luci y Cesar, pero antes de llegar Luci me miró con una expresión que no me gustó nada. Aceleré el paso y tomé el pulso de Cesar, nada.
—A muerto— dijo Luci.
Como con un arrebato de rabia me levanté de golpe y comencé a dar puñetazos y patadas a las paredes y a los muebles que me encontraba a mi paso, finalmente me centré en uno de los cuerpos que había allí, comencé a propinarle violentas patadas y pisotones, haciéndole crujir todos los huesos. Siempre había odiado a esos seres, pero en esos momentos el odio había alcanzado un nivel casi enfermizo.
—Todo nos sale mal, no he hecho nada que sirviera para algo. Solo he cometido errores, uno detrás de otro, os saqué de Madrid y mirad donde os he metido. No tenemos ni puta idea de donde estamos, no sabemos si estamos en una isla o en las costas de algún país, no sabemos cuanto nos arrastró la corriente.
—Todos formamos parte de esto. No eres el único en esto. Si alguien tiene culpa de algo somos nosotros, no podemos dejar que seas tu siempre quien nos saque las castañas del fuego en todo— dijo Vanesa poniéndome la mano en el hombro.
—Tiene razón— dijo Luci.
En ese momento escuchamos un gemido y enseguida los tres miramos a Cesar. Luci se retiró unos metros y se quedó contemplando como Cesar regresaba de la muerte.
*****

Yako parecía inquieto, no hacía más que ladrar a la frondosa selva que había detrás de ellos, podría estar viendo cualquier cosa. Podría ser cualquier tipo de animal o estaba notando la presencia de algún No Muerto. Ninguno sabía muy bien donde estaban, lo único que tenían claro era que estaban en una playa con una selva detrás de ellos, y que también había un faro. Con la oscuridad de la noche no podían saber nada seguro, tendrían que explorar el lugar al amanecer, quizás así lograrían saber donde estaban.
—Yako por favor, cállate— decía Sandra dando tirones de la correa de su perro.
—Déjame una de las linternas, me gustaría saber donde estamos— dijo David poniéndose de pie. Rápidamente Alicia le pasó una linterna de la bolsa y un arma.
—Eva. ¿Te puedes quedar con el bebé? Acompañaré a David. Estoy harta de estar parada— dijo Alicia.
—Muy bien, pero tened cuidado— respondió Eva.

David y Alicia se adentraron en la selva alumbrando con sus linternas en todas direcciones. Estaban alerta por si ocurría algo de repente, aunque fuese lo que fuese lo oirían llegar y les daría tiempo a actuar. Una vez se alejaron de la playa, Alicia no pudo evitar comenzar a hacer preguntas.
—¿Cómo llevas lo de Andrea? Te conozco desde hace tiempo y no has sido el mismo desde que murió.
—Lo llevo de la única manera que se puede llevar. Llorar no me la devolverá. La echo de menos, pero ambos sabemos ya como es este mundo, cuando menos te lo esperas. Algún ser querido o tu mismo, acabas muerto— respondió David parándose de golpe y dándose la vuelta. —¿Cómo llevas tu lo de Toni?.
—Es distinto, el y yo ya no estábamos juntos cuando murió, pero le echo de menos, el cariño seguía ahí. Solo que estaba muy pendiente del bebé, hundirme tras su muerte no sería bueno para Cristian. Soy lo único que le queda, además, le hice esa promesa a Ana. Puede que no sea mi hijo, pero pienso criarlo como tal. Aunque hay veces que me siento sola.
—No estas sola. Nos tienes a nosotros.
En ese momento escucharon un disparo, este parecía venir del faro hacia el que se habían ido los demás.
—¿Qué crees que ha pasado?— preguntó Alicia.
—Infectados… o que Cesar ha muerto— respondió David mirando a Alicia. —¿Volvemos y dejamos esto para el día siguiente? No se ve nada y las linternas no son suficiente para alumbrar aquí. Regresemos, no me gusta caminar a ciegas. También quiero saber que ha ocurrido.
Ambos decidieron regresar a la playa.
*****  

Acababa de matar a Cesar, aunque realmente ya estaba muerto cuando me miró y trató de levantarse para abalanzarse sobre mí. Apunté directamente a su cabeza y apreté el gatillo, haciendo que la bala que salía del arma le atravesara la cabeza. Después de eso me dejé caer sentado sobre una de las sillas que Vanesa y yo habíamos apartado.
—Perdimos a uno más— dije mirando a mis compañeras mientras hacia descansar mis codos sobre mis pantorrillas.
Allí en medio de la oscuridad estábamos los tres, tratando de decidir si seguíamos subiendo o regresábamos a la playa junto a los demás, no parecía haber nadie en el faro, si lo hubiese ya lo habríamos visto u oído. Estábamos realmente solos.
—Deberíamos volver a la playa y descansar mientras montamos guardia. Mañana deberíamos ir a explorar este lugar, no sabemos si es una isla o que. Eso es lo primero de lo que debemos asegurarnos. También debemos ver si hay más habitantes en la isla, saber si hay supervivientes y saber si son hostiles o amistosos— explicó Luci paseándose por toda la estancia. –Además, debemos enterrar a Cesar.
—¿Y si no hay supervivientes? ¿Y si resulta que solo hay caminantes?— preguntó Vanesa señalando a los cuerpos inmóviles y putrefactos que había en el suelo.
—Si los hay debemos conocer su número y peinar la zona, si resulta que es una isla, el número no puede ser demasiado grande. No sabemos el tiempo que estaremos aquí. Por otro lado, si hay supervivientes y estos resulta que son hostiles deberíamos parlamentar y llegar a algún pacto de no agresión.
—¿En serio crees que aceptarían un pacto? Ya conoces cual es la forma de actuar de esa gentuza. Te la clavan por detrás a la primera ocasión, debemos ser cautos y estar preparados para lo que sea— dijo Luci. –Mañana veremos que ocurre. Ahora debemos reunirnos con los demás, regresaremos aquí y también inspeccionaremos el faro de arriba abajo.
—¿Y si dormimos aquí hoy?— preguntó Vanesa.
—No podemos. No sabemos cual es la situación exacta. Y además, están los cadáveres también, el olor es insoportable. Lo que deberíamos hacer es ni más ni menos que dormir al aire libre y mañana si es necesario hacer limpieza. También es importante conseguir comida, cazando, pescando o recogiendo fruta, no nos queda casi nada de lo que llevábamos— respondió Luci mirando a la piloto.
—Luci tiene razón. Este es un buen lugar para vivir, pero antes debemos limpiar y explorarlo a fondo. Lo haremos mañana, ahora regresemos a la playa— dije poniéndome de pie.
Los tres salimos del faro y regresamos a la playa con el cadáver de Cesar. Les contamos todo lo ocurrido y lo que habíamos descubierto, después enterramos a Cesar y por fin pudimos descansar. Aquella noche, Luci, Vanesa y yo nos turnamos para las guardias.
*****

En algún lugar del mar…

Carlos entró en la celda— habitación de aquel hombre que poseía aquel don tan codiciado y extraño. Carlos no podía evitar mirarle con cierta fascinación, ese hombre era capaz de caminar entre los muertos como si fuera uno de ellos, algo que les vendría a todos genial en aquella situación donde los muertos eran la especie dominante del planeta. Un vivo no podía adentrarse en una ciudad infestada sin ser visto y atacado por una horda de No Muertos, pero ese hombre… ese hombre era un caso especial, un verdadero tesoro.
Carlos avanzó hacia la mesa que le habían preparado para que se sentara a leer los libros que le habían facilitado o que simplemente comiera lo que le preparaban. Cuando Carlos se sentó, el hombre se lo quedó mirando.
—No he pedido compañía… y menos la de un tío— dijo con su acento americano.
—No es una opción, estoy aquí porque tienes que estar vigilado. La gente como tu sois muy codiciados. La guerrilla debe saber de tu existencia y deben estar deseosos de ponerte sus apestosas manos encima— dijo Carlos mientras ponía los pies sobre la mesa y se recostaba en la cómoda silla.
—¿Guerrilla?
—Así se les llama. Son una comunidad de inadaptados que no quieren seguir las normas y que se han metido bajo tierra llevando su propia sociedad, pero yo prefiero llamarles escorias.
—¿Por qué soy tan importante?
—¿Qué por que?... por tu don. Eso que tienes es un jodido don. Puedes caminar entre ellos sin ser visto, eso no es muy habitual ¿Sabes? A muchos nos gustaría ser como tu. Quizás tu sangre pueda ayudarnos con ello.
—Me queréis desangrar como a un cerdo, por eso me sacasteis de aquella pocilga.
—Te sacamos de aquella pocilga porque es nuestro trabajo. Aunque ese don tuyo fue un aliciente, digamos que un plus.
—Entonces no esperes que te de las gracias. Solo habéis actuado por interés, creía que estaba mal, pero ahora veo que estaba en el paraíso. Es ahora cuando he caído en el infierno.
En ese momento Carlos sacó una cartera y se la quedó mirando, se trataba de la cartera de aquel hombre. Allí estaba su pasaporte y un par de fotos.
—Richard Levine, treinta años. Eres el hombre del don. Una pieza valiosísima en esta guerra.
—¿Llamas a esto guerra? Esto es un puto apocalipsis.
—Esto es una guerra entre nosotros y los muertos. Y te diré algo, solo uno de los dos bandos saldrá victorioso, y te aseguro que ahora que te tenemos a ti, no serán ellos quienes ganen.
Richard Levine se dio cuenta desde ese preciso instante de que deseaba no haber sido rescatado.