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jueves, 30 de mayo de 2013

Capitulo 198: Fuego salvaje, part 4



Vanesa conducía como una profesional, esa forma de conducir le estaba facilitando los blancos a Cesar, el cual estaba abatiendo a todos los tiradores que surgían a su paso en las copas de los arboles. Mientras Vanesa conducía divisó dos siluetas que conocía muy bien, estas estaban tratando de entrar al palacio en llamas, quiso ir directa hacia ellos, pero un grupo de soldados salió a su paso y comenzó a dispararles sin descanso, de no ser por que el Ume era blindado los habrían abatido, la lluvia de balas fue tan repentina que Cesar tuvo que agacharse.
-¿Qué coño haces?- preguntó Cesar cuando vio que se alejaban de David y Luci. –Se supone que tenemos que recogerles-
-Si vamos hacia ellos los descubrirán, ellos quieren entrar ahí por algo. Hemos venido a ayudar, no ha complicarles las cosas- dijo Vanesa metiéndose en otro camino para atraer toda la atención de los soldados.
-¿Y donde están Félix, Sole y Patricia?- preguntó Sandra, aunque ni Vanesa ni Cesar respondieron, enseguida Sandra supo también la respuesta, tuvo que reprimir las ganas de llorar, también Sole había caído.
-Agarraros fuerte- les dijo Vanesa. –Cesar, prepárate para volver a abrir fuego, se nos están juntando ahí delante- Vanesa señaló al frente y allí vieron un montón de militares  tomando posiciones. –Cesar, será mejor que cambies a lanzagranadas-
-De acuerdo- respondió Cesar cambiando de arma, luego se asomó y apuntó. Por la mira telescópica del lanzagranadas pudo ver las expresiones de los soldados, eran de mirada firme, no parecían tenerles miedo, pero el les haría sentir terror.
Cesar apuntó mejor y disparó.
*****
-¿Es que no me has oído? Suelta a la niña, traidor- le dijo Eva a Jorge mientras le apuntaba a la cabeza. –No me hagas repetírtelo-
-No es lo que piensas, estoy de vuestro lado, yo traje aquí a Beltrán para mantenerlo alejado de cuatro vientos y que vosotros pudieseis escapar. Pero no tenía ni idea de que estabais aquí, vamos, tenéis que seguirme, os voy a sacar de aquí ahora mismo. Tenéis que volver cuanto antes al aeródromo-
-¿Por qué debería confiar en ti? ¿Qué me impide no pegarte un tiro ahora mismo?- preguntó Eva.
En ese momento Jorge dejó caer el arma y luego le dio una patada que hizo que el arma se deslizaba  hasta los pies de Eva. –Acabo de darte un motivo, ahora estoy desarmado-
En ese momento más escombros cayeron, Jorge tuvo que echarse sobre Vicky para evitar que la aplastaran. –Vamos, no hay tiempo que perder-
Eva decidió confiar en Jorge, caminó hacia el, le devolvió el arma y luego cogió en brazos a Vicky, luego comenzaron a correr hacia la salida.
-¿Dónde esta Juanma?- preguntó Jorge.
-Debe seguir en los pisos superiores peleando con Roache- respondió Eva. –Creo que tiene a ese cabrón cogido por los huevos y no lo soltará hasta que se lo cargue-
-Puto colgado- contestó Jorge.
Pronto llegaron a una ventana cerrada. Rápidamente Jorge cogió una silla que había tirada en un rincón y la lanzó contra el cristal haciéndola añicos. –Salid por ahí, vamos-
Primero salió Eva con Vicky y luego las siguió Jorge de un salto, aunque nada más salir al exterior se encontró con el negro cañón de una pistola apuntando a su cara, cuando miró al que le apuntaba vio a David.
-No le dispares, esta con nosotros. Esta de verdad con nosotros, siempre lo ha estado- dijo Luci antes de abrazar a Eva y a la pequeña. -¿Dónde esta Juanma?-
-Sigue dentro- respondió Jorge.
-Muy bien, vosotros dos sacadlas de aquí. Los soldados están ocupados con otros asuntos, tendréis una huida fácil. Yo voy a por Juanma- dijo Luci.
-¿Estas segura?- pregunto David.
-Si, lo estoy. Ahora iros de aquí, venga- dijo Luci mientras empujaba a Eva para que emprendiera la huida.
-Beltrán tiene vehículos a unas calles de aquí esperando, no hay nadie en ellos, podemos coger uno y salir perdiendo el culo de aquí. Seguidme- dijo Jorge adelantándose.
En ese momento escucharon una explosión a unos quinientos metros de su posición, luego escucharon un frenazo. Alguien estaba pilotando un vehículo y parecía que les estaba ayudando, solo podían ser unas personas en concreto.
*****
Vanesa pisó el acelerador  justo después de que los soldados que les bloqueaban el paso saltaran en pedazos. Ahora solo les quedaba reencontrarse con los demás, los cuales no podían estar muy lejos de allí, Vanesa tenía la corazonada de que se encontraban en el edificio en llamas. Algo le decía que estaban allí, así que sin pensárselo dos veces pusieron rumbo hacia allí mientras Cesar iba asegurándose que nada ni nadie los seguía, los infectados que había por allí habían comenzado a dispersarse después de que la mayoría de soldados murieran, la otra mayoría había huido presa del miedo.
Quizás ellos eran menos, pero les habían dado una buena paliza con su llegada, algo de lo que los soldados no habían sido avisados, aunque era cuestión de tiempo de que pronto les llegaran refuerzos.
*****
Luci se había adentrado ella sola en el interior del palacio. Había fuego por todas partes y el calor era abrasador, si no encontraba a Juanma pronto no habría más opciones que abandonar el lugar sin el, solo podía gritar su nombre esperando que la escuchara.
-¡¡¡¡Juanma!!!!!-

El grito de Luci me llegó mientras me incorporaba después de haber caído por las escaleras junto a Roache. El humo nos estaba pasando factura a los dos, no duraríamos mucho más. Más escombros cayeron a nuestro alrededor justo cuando Roache pretendía escapar dejándome allí tirado.
-Ríndete Roache. Esto se acabó- le dije.
-¿Se acabo? No se acabó nada. Mira a tu alrededor- Roache se lanzó contra mi con tanta fuerza que atravesamos una puerta de madera que había a mi espalda.
Detrás de la puerta había una escalera que nos llevaba directos a lo que parecía un sótano. Allí parecía que estaba más fresco, aunque no tardaría en subir la temperatura.
Nuevamente me lancé contra Roache y comencé a darle rodillazos en el estomago, cuando este cayó de rodillas le asesté un gancho de derecha en la cara y este cayó de espaldas mientras sangraba por la nariz. Ya no me interesaba seguir allí, ya había ganado y el tiempo de estaba agotando. Comencé a subir las escaleras y entonces unos escombros me bloquearon el camino dejándome atrapado junto a Roache.
Roache comenzó a reírse mientras me observaba. –Tú también morirás aquí conmigo. Nunca estuviste destinado a sobrevivir al apocalipsis-
-Olvídate de toda esa mierda del destino de una vez. Todos estamos en esta misma mierda y en lugar de estar unidos nos estamos matando entre nosotros, así no salvaremos la jodida humanidad. Podríamos habernos ayudado, unir esfuerzos, las cosas irían mejor-
-Nada iría mejor, parece que no quieres entenderlo. Hemos perdido este mundo para siempre. Dará igual donde te vayas con los tuyos, porque siempre estaréis huyendo y viendo lo mismo- las palabras de Roache se estaban clavando en lo mas hondo de mi corazón, además algo me hacia darle la razón en ello, pero no estaba dispuesto a rendirme. Otra parte de mi creía en poder encontrar esa paz que andábamos buscando, era algo que les había prometido a los míos.
-Yo si creo que algún día daremos con la solución a esto. Un lugar donde encontrar la paz que tanto buscamos- le dije a Roache mientras me iba acercando a el.
-Entonces mátame ahora y márchate- dijo Roache.
Por un momento pensé que ese hombre se estaba redimiendo de todo lo que había hecho, pero yo no podía perdonarle así como así. Me acerqué un poco más con intención de romperle el cuello. No tenía ningún arma y la única manera que tenía para acabar con el era esa. Justamente en ese momento escuché un sonido más arriba y en la parte más alta de las escaleras estaba Luci intentando llegar hasta a mí, pero la columna de fuego no se lo permitía.
En ese momento Roache me sorprendió saltando sobre mí y tirándome al suelo mientras cerraba sus manos en torno a mi cuello con la intención de asfixiarme mientras Luci pugnaba por alcanzarme. Golpeé repetidas veces a Roache, pero este no me soltaba, justo cuando ya iba a darme por vencido vi como algo brillante caía a mi lado, miré rápidamente y vi la katana de Luci a mi derecha, alargué la mano para cogerla. Cuando la tuve cogida lancé un mandoble.
Los brazos de Roache se separaron de su cuerpo y yo me deslicé fuera de su alcance mientras tosía tratando de recuperar aire. También miré a Roache, este gritaba y se miraba los dos muñones que habían quedado allí donde deberían estar sus brazos. Rápidamente me miró a mí con lágrimas en los ojos, quiso decir algo, pero yo alcé la katana en alto.
-Hasta nunca cabronazo-
Entonces lancé un corte hacia su cuello, fue un corte limpio. La cabeza de Roache salió volando y el cuerpo se desplomó hacia delante.
Alphonse Roache había muerto a mis manos justo en ese momento.

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