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jueves, 30 de mayo de 2013

Capitulo 198: Fuego salvaje, part 2



David iba buceando hacia los dos cuerpos que flotaban bajo el agua, estaban inmóviles espalda contra espalda mientras mantenían sus manos entrelazadas, pero ninguno de los dos se movía, simplemente se mecían, debajo de ellos estaban las bombas que en su primer momento no pudo desconectar.
Llegó hasta ellos y vio que no había nada que hacer, ninguno de los dos respiraba, Félix y Sole habían muerto, aun así David que se negaba a creerlo comenzó a tratar de encontrar su pulso, entonces Félix abrió la boca y tiro hacia delante tratando de morder a David, este nada hacia atrás mientras Félix abría y cerraba la boca mientras se movía frenéticamente arrastrando detrás a una también reanimada Sole. Ambos se habían quedado agarrados de las manos y el rigor mortis había hecho el resto.
Félix seguía tirando hasta que David vio que la hebilla que lo mantenía conectado a la bomba se soltaba, seguidamente se encendieron unas luces rojas, fue cuando David tomó impulso en el pecho de Félix y comenzó a nadar hacia atrás tratando de alejarse todo lo posible de ahí.

Luci se encontraba descansando con tranquilidad cerca del agua cuando notó una vibración seguida de una explosión que hizo que el agua se elevara por la zona donde la bomba había explotado, justo después aquella zona se llenó de un intenso color rojo que enseguida Luci asoció con el color de la sangre.
-Joder- Luci se quedó un rato mirando hacia allí pensando en lanzarse al agua, entonces una mano surgió del agua y un cuerpo se arrastro fuera del agua, cuando el cuerpo se dio la vuelta y comenzó a respirar agitadamente vio que era David.
-¿Estas bien?- preguntó Luci. -…Félix y Sole…-
David se relajó un poco y miró a Luci con los ojos bañados en lágrimas. –No he podido hacer nada, cuando llegué hasta ellos ya habían muerto y reanimado, Félix… o mejor dicho esa cosa que había sido Félix trató de alcanzarme. Sus movimientos hicieron detonar la bomba, me libré por los pelos-
-Vamos, tenemos que salir de aquí- respondió Luci. –No hay tiempo para llorar sus muertes- Luci trataba de mostrarse dura, pero por dentro estaba destrozada.
Ambos se levantaron y siguieron su camino, el palacio de Velázquez ya estaba cerca. Cuando ya estaban llegando tuvieron que ocultarse detrás de unos setos que habían estado creciendo sin control. Todas las salidas posibles del palacio estaban vigiladas por hombres de Beltrán. Nadie lograría entrar ni salir sin ser visto por ellos.
-Juanma sigue dentro, con Eva, Vicky y Roache. Tenemos que llegar hasta ellos como sea- dijo David mirando por encima del seto, aquellos hombres estaban demasiado centrados en la vigilancia del lugar como para fijarse en ellos.
-Tengo una idea. ¿Te quedan granadas de mano en tu mochila?- preguntó Luci mirándole.
-No lo se, nos las quitaron cuando nos cogieron, solo tengo lo que ves- dijo David mostrándole el arma que llevaba en las manos.
-Yo tuve suerte de conservar la katana- respondió Luci.
-Bueno, al menos eso es sigiloso. Será fácil acabar con ellos, basta con que uno de los dos llegue allí para sacar a Juanma, otro deberá ser el cebo-
-Tú no podrás correr. Así que no puedes ser el cebo, yo lo haré, atraeré su atención para que traten de cazarme, no les será fácil ignorarme si les estoy disparando, lo jodido es que apenas me queda munición. Cuando se me acabe estaré vendido, aunque espero que eso sirva para que tu puedas entrar-
-Ten cuidado entonces- dijo Luci.
Ambos se abrazaron en ese momento, se estrecharon la mano y se separaron, cada uno hacia un lugar, David llamaría la atención de los soldados mientras Luci iba por detrás y entraba allí dentro, donde el fuego avanzaba salvajemente consumiéndolo todo.
*****
-Iros preparando. No tardaremos en llegar a las puertas del parque del retiro, una vez las crucemos no habrá tregua para ninguno de nosotros- decía Vanesa mientras conducía a toda velocidad, en unos minutos estarían allí.
-Yo he tenido suerte, pensé que me había roto algunas costillas, pero me alegro que no haya sido así- dijo Cesar mientras cargaba su arma.
Sandra que iba en el asiento del copiloto iba rezando, necesitaría toda la suerte del mundo para sobrevivir a ese encontronazo.
-Escucha- dijo en ese momento Vanesa sin mirarla. –Ahora más que nunca debes ser valiente, nuestros amigos cuentan con nosotros. El plan es sencillo, los recogemos y volvemos a toda velocidad a cuatro vientos, una vez estemos allí despegaremos-
-Tú procura no ponerte en peligro. Sin ti no habrá despegue que valga- dijo Cesar adelantándose y poniendo su cabeza entre las dos chicas. –Si tu mueres morimos todos, es así de sencillo. Tu debes sobrevivir a cualquier precio, eres la más importante, si tu mueres los que han muerto lo habrán hecho para nada-
Cesar tenía razón y Vanesa lo sabía, pero para ella era impensable quedarse de brazos cruzados mientras los demás se jugaban la vida en aquella batalla que concernía a todos. Desde luego no se iba a quedar quieta y lo iba a dar todo en aquella batalla final.
Enseguida visualizaron las puertas de la entrada y Vanesa pisó el acelerador. El ume atravesó rápidamente la puerta atropellando a algunos infectados que estaban por el medio, no tardaron en comenzar a recibir los primeros impactos de bala sobre la carrocería del vehículo. Tras el choque Vanesa se había quedado un poco aturdida, pero enseguida volvió a pisar el acelerador mientras Cesar iba localizando a los tiradores.
Los tiradores disparaban desde las copas de los arboles donde habían montado una especie de plataforma, lo cierto era que se lo habían organizado todo muy bien, lo bastante como para que su plan tuviera éxito y nadie les molestara.
-Acaba con ellos Cesar- dijo Vanesa.
Cesar sacó su fusil y se asomó por la ventana del techo del Ume, seguidamente comenzó a disparar a los hombres que había sobre los arboles, aunque con el Ume en movimiento no era fácil darles, aunque ellos afortunadamente tampoco serian capaces de acertarles a ellos.
*****
Beltrán estaba sobre el tejado de un cuarto de contadores mientras observaba como un reanimado Lujan paseaba dando tumbos mientras estaba atado como un perro. Fue Beltrán el primero en ver aproximarse al vehículo mientras los que se habían asentado en los arboles abrían fuego, ellos no lograrían nada. Por otro lado no había contado con esa amenaza ni sabía de que se trataba, solo sabía que debían detenerla cuanto antes. Se llevó la mano al la oreja y encendió el pinganillo que usaba para mandar ordenes.
-Todos hacia la zona principal, tenemos un intruso. No sabemos quienes son, solo quiero que los neutralicéis, algo me dice que pueden sernos de utilidad, abandonad lo que estéis haciendo e id directos hacia la zona principal-
Beltrán hizo una pausa y se dirigió directo a Jorge, pero este no contestaba sus llamadas, Beltrán intuía que los que iban a bordo de aquel ume eran ni más ni menos que del grupo de Valencia, si eran ellos podrían llevarlos directos a la bomba, si alguien podía servirles para ello eran ellos. Y eso era algo que no podían dejar pasar, pero Jorge no respondía a ninguna de sus llamadas. ¿Qué estaría haciendo?

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