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jueves, 9 de mayo de 2013

Capitulo 195: Aliados, part 3



Jorge hacía horas que se había marchado de su casa, probablemente ya estaría en Madrid y Adalberto había decidido enterrar a Herminia, lo había hecho junto a su querido hijo. Hasta la llegada de Jorge solo ella sabía el oscuro secreto que había tras la muerte de su hijo, tras cuya muerte había decidido no hablar más del asunto, la pregunta de Jorge la cogió por sorpresa y dijo lo primero y más convincente que le vino a la mente, no querían que el recién llegado descubriese la verdad y pensara que Adalberto era un asesino. Ella quería permanecer allí contra viento y marea, cuando Adalberto le planteó la idea de marcharse a un lugar más seguro, ella se negó tajantemente, no quería dejar los restos mortales de su hijo allí, eso hizo que tuviese una discusión con Adalberto, la cual acabaría con el suicidio de Herminia sin saber que nada más morir volvería como uno de esos seres de los que tanto se esforzaban en huir. Todos esos hechos habían acabado desequilibrando a Adalberto de tal manera que tras la marcha de Jorge y el entierro de Herminia no encontró más argumentos para querer seguir viviendo.
Adalberto se había quedado solo, lo primero que hizo fue dejar libres a todos los animales de la granja y luego fue al granero con el rifle con una única idea, quería hacer que fuera rápido, en primer lugar había pensado en un bote de pastillas, pero tenía que dejar el cerebro inservible, de lo contrario volvería, una bala era la mejor opción en esos momentos, a decir verdad era lo único que podía hacer. Una vez dentro del granero se sentó encima de un fajo de paja, observó durante un momento la última foto de familia que se tomó, se metió el rifle en la boca y apretó el gatillo. Nadie escuchó el disparo en muchos kilómetros a la redonda.
*****
Jorge ya había llegado a Madrid, había dejado la camioneta en las afueras de la ciudad y se había adentrado en la ciudad con todas las armas y explosivos de las que disponía, los cuales se los había cedido Adalberto, el anciano los tenía ocultos en el sótano de la casa, tenían muchos años, pero aun funcionaban. Durante el trayecto de regreso a Madrid había repasado varios planes y solo había dado con el único factible posible, necesitaba encontrar aliados, aliados que no fueran ni sus compañeros ni Roache, solo le quedaban dos opciones, los asalta caminos y Beltrán. Con ambos grupos lo tendría complicado, pero quizás Beltrán fuese más fácil de convencer. Aunque ya había pensado en como lo haría, quería que Beltrán y sus hombres lo siguieran hasta donde estaban Roache y sus hombres, ese encontronazo acabaría en una guerra que daría tiempo a sus compañeros a escapar, ellos ya debían estar en cuatro vientos listos para irse, solo una distracción les daría una oportunidad de escapar.
Jorge avanzó por las calles ocultándose de los No Muertos, podría utilizar el truco de untarse con su carne y sangre, pero no era buena idea en esos momentos. Una por la lluvia y otra por las enfermedades que podría coger al contacto con la piel, o peor, podría volver a contraer el virus y esa vez no habría vacuna que lo salvara. Estaría condenado del todo, aunque de todos modos no creía que fuera a sobrevivir, por otro lado no dejaba de pensar en Adalberto, ese hombre al que en poco tiempo había comenzado a apreciar, probablemente ya habría dejado ese mundo.
Jorge llegó al centro comercial donde se había encontrado con Françoise antes de su caída, allí debía haber algo que le indicara el paradero de Roache y sus hombres, buscaba una simple información que venderles a Beltrán y a los suyos. Jorge fue a la parte donde habían caído y allí encontró el cuerpo de Françoise sin cabeza, se acercó a el y sintió el olor a descomposición que lo golpeó fuertemente, aun así comenzó a rebuscar entre sus ropas, hasta que dio con un papel mojado, cuando lo cogió se lo llevó a un sitio cubierto y comenzó a ojearlo con detenimiento, se trataba de un mapa normal y corriente, no parecía tener nada especial, entonces se fijó en un punto rojo que se había corrido con el agua, este punto estaba situado sobre el parque del retiro. Roache y los suyos debían estar allí. Ya sabía donde estaban, ahora solo le quedaba ir a por Beltrán. Esperaba que este no le disparara a la primera de cambio. Se estaba jugando mucho.
*****
David y Cesar habían estado siguiendo a los soldados españoles hasta que estos decidieron volver al bunker. Ellos se quedaron fuera ocultos en lo alto de un árbol del Parque del Moro. Desde su posición vieron a Beltrán en el patio recibiendo a sus hombres recién llegados. Suponían que ese era Beltrán porque Jorge les había hablado de el y se lo había descrito con pelos y señales, aquel mastodonte encajaba con la descripción totalmente. Estuvieron allí un buen rato hasta que vieron como los hombres empezaban a correr, algo estaba pasando, segundos después apareció Jorge con las manos en alto.
-¿Ese no es Jorge?- preguntó David mirándolo a través de los prismáticos.
Cesar los cogió rápidamente y comprobó que ciertamente se trataba de Jorge, parecía estar hablando de forma amistosa con Beltrán, como si fueran amigos de toda la vida. –Que hijo de puta, seguramente esta diciéndoles lo de cuatro vientos, el también lo sabe-
Cesar sacó el rifle dispuesto a disparar pero David le puso la mano delante. –Espera, no parece que les esté señalando a cuatro vientos, señala en la dirección de… parece que señala hacia donde queremos ir-

Beltrán se sorprendió con la aparición de Jorge, este había aparecido allí diciendo que traía información interesante, el sabía donde estaba Roache.
-¿Ahora que es lo que me impide matarte?- preguntó Beltrán.
-Nada, puedes hacerlo tranquilamente, pero quiero cargarme a ese cabrón, no me quites ese privilegio, luego haz conmigo lo que te de la gana- respondió Jorge.
-Muy bien, así lo haremos, quedas reclutado en mi ejército. Vamos entonces, primero acabaremos con el y luego buscaremos la bomba, si el no esta, todo será mucho más fácil-

Desde su escondite, Cesar y David vieron como el grupo al completo de Beltrán se movilizaba, todos se dirigían hacia el parque del retiro, iban a por Roache. No sabían que pretendía Jorge, pero iban directos a un enfrentamiento con Roache sin tener ni idea lo mucho que complicaría eso a la misión de Juanma y Luci.
-Debemos llegar antes que ellos, las cosas se van a poner muy feas allí- dijo David saltando del árbol seguido por Cesar. Justo en ese momento se escuchó el primer trueno, la tormenta estaba volviendo.
*****
Félix y Sole fueron llevados ante Roache, los obligaron a arrodillarse delante de el con las manos atadas a la espalda. Roache parecía que solo tenía ojos para Sole y patadas para Félix, el cual yacía de lado en el suelo. De vez en cuando Roache le propinaba una patada en la cara y Félix acababa escupiendo sangre.
-Deja de pegarle, el no tiene nada que ver, yo soy la única responsable- dijo Sole poniéndose entre Roache y Félix. –Si quieres matar a alguien mátame a mí-
-Claro que voy a mataros, pero no lo haré ahora, quiero disfrutar del momento. Se suponía que teníamos un trato, la bomba y la vacuna por la niña y la rubia. Vuestra presencia aquí no hace más que complicar las cosas. Así que pretendíais jugármela. ¿No?- Roache miró a uno de sus hombres. –Traed a la cría y a la otra-
El soldado de Roache se marchó y minutos después apareció empujando a Eva y Vicky, a las cuales obligó a plantarse delante de ellos.
-Déjalas, ellas no tienen nada que ver en esto. Estamos por nuestra cuenta- dijo Sole tratando de apartar a Vicky y a Eva del jaleo. Al fin y al cabo ella era la responsable, si no se hubiese empeñado en querer matar a Roache ella sola yendo a la suya, nada de eso habría pasado. –Te juro que yo estaba por mi cuenta, solo yo. Juanma no sabe que he venido, seguramente el viene hacia aquí con la bomba-
-¿Cómo se que dices la verdad?- preguntó Roache arrodillándose delante de ella y agarrándola del pelo. -¿Cómo se que no me mientes?-
-Te lo puede decir el- dijo Sole señalando a Félix con la cabeza. –Yo me fui sola antes que Juanma y el me siguió para que no cometiera una locura. Díselo Félix, dile la verdad, que no mezclen a gente que nada tiene que ver con mis actos-
Félix se incorporó todo lo que pudo y miró a Roache. –Esta diciendo la verdad, nosotros vinimos por nuestra cuenta, pero si vas a matar a alguien que sea a mí. A ella no le hagas daño por dios, esta embarazada-
Roache miró en ese momento a Sole con una sonrisa y se le acercó. -¿Es eso cierto? Y dime, ¿es de este o de alguno de mis hombres? Quizás sea hijo de Lazarevick-
-Es suyo, solo suyo- respondió Sole.
-Muy bien. Pues entonces será más divertido, llevadles al embarcadero y a la rubia y a la niña llevadlas a su habitación-
Cuando se llevaron a Eva y a Vicky, Roache se dirigió a uno de sus soldados. –Seguramente mienten, cubrid todas las zonas y desplegaros. A partir de ahora podría pasar cualquier cosa-
-Si señor- respondió el soldado.
Roache no se fiaba de lo que había dicho Sole, se imaginaba que el líder de aquel grupo no le daría la bomba por las buenas y que trataría de luchar. Iba a esperar a ver lo que ocurría, pero se iba a preparar bien, aquello iba a ser extremadamente divertido. Se avecinaba una buena batalla y tenían una tormenta para acompañarles.

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