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jueves, 2 de mayo de 2013

Capitulo 194: Todos morimos, part 3



Herminia tiró de Jorge hacia ella y trató de morderle, pero Jorge fue más rápido y la golpeó, eso hizo que Herminia le soltara, momento que Jorge aprovechó para rodar sobre si mismo y alejarse de ella. Lanzó una mirada a Adalberto buscando su ayuda, pero el anciano permanecía sentado en el suelo con la mirada clavada en su mujer, el pobre hombre estaba en estado de shock.
Mientras Herminia se iba poniendo en pie con la mirada fija en Jorge, este comenzó a retroceder hacia el fregadero mientras buscaba a tientas un arma con la que defenderse, Adalberto no iba a servirle de ayuda en esos momentos, estaba demasiado ido.
Jorge agarró una silla y la blandió rápidamente en el aire en dirección a Herminia, la silla se rompió cuando chocó contra la mujer, seguidamente esta perdió el equilibrio y cayó de lado, aunque no tardó en comenzar a levantarse nuevamente. Por fin Jorge llegó hasta el fregadero y comenzó a registrar los cajones mientras Herminia se iba a cercando a paso lento, lo cierto es que la lentitud con la que se movía la anciana le estaba dando unos segundos de los más valiosos, finalmente encontró un cuchillo de cocina en uno de los cajones y lo alzó en dirección a Herminia, seguidamente se lanzó contra ella y se lo clavó repetidas veces por toda la cara, ambos cayeron al suelo y Jorge siguió apuñalándole la cara con rabia. Allí se quedó un rato encima de Herminia observando las facciones de la cara de la mujer con la que había hablado hacía apenas unas horas, no entendía que le había llevado a suicidarse, porque estaba claro que se había cortado las venas.
Jorge se fue levantando y miró a Adalberto que seguía quieto y con la mirada fija hacia delante, entonces empezó a cantar algo que Jorge no entendía, aunque este se imaginaba que era algo que el le había cantado en algún momento a su difunta mujer, Jorge se acercó a el y lo miró fijamente mientras se arrodillaba delante de el.
-¿Adalberto? Contéstame-
Pero Adalberto no respondió, seguía ausente. Jorge le dio un par de palmadas en las mejillas y entonces Adalberto pareció reaccionar, miró a Jorge y entonces rompió a llorar mientras balbuceaba. –Fue culpa mía, si no hubiese tratado de convencerla de marcharnos de aquí dejando atrás nuestros recuerdos, a nuestro hijo y a nuestra nuera, no habría hecho esto-
-Herminia hizo una mala elección, nadie es el culpable de esto. Ni tu ni nadie, en todo caso el responsable sería yo por haberte metido esa idea en la cabeza, pro te lo dije con sinceridad, continuar aquí es muy peligroso, ahora levántate. Yo te ayudo-
Jorge ayudó a Adalberto a ponerse en pie cogiéndolo por el brazo y cuando estuvo de pie lo condujo hasta el salón donde lo ayudó a sentarse, luego Jorge volvió a la cocina para tapar el cuerpo y coger un vaso y una garrafa de agua para que Adalberto bebiera algo de agua. Mientras cogía lo que había ido a buscar y cubría el cuerpo de Herminia escuchó a Adalberto sollozar. Después de hacer todo lo que había ido a hacer volvió junto a Adalberto.
-Toma, bebe algo, te vendrá bien-
-Me he quedado solo- respondió Adalberto mientras se limpiaba las lagrimas. -¿Qué haré ahora sin ella, llevábamos casados cuarenta años y ahora todos esos años han desaparecido de un plumazo con ella-
-Escúchame. Puedo entender como te sientes, pero no puedes hundirte ahora, tienes que irte de aquí mientras yo este fuera, luego me reuniré contigo allí donde estés, no estarás solo- Jorge comenzó a notar que las lagrimas querían salir de sus ojos. –No quiero que tú también mueras-
-Escúchame tú a mí. Estoy harto de vivir, lo estaba desde el día en que tuve que acabar con la vida de mi hijo, seguía vivo por Herminia, pero ahora que ella no esta me doy cuenta que mi camino en este mundo ha llegado a su final, quiero irme y reunirme con ella- respondió Adalberto.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Jorge.
-Quiero decir que no quiero seguir viviendo y que mañana tras tu marcha me meteré una bala en la cabeza, así no regresaré de entre los muertos. Se que no apruebas esa decisión, pero no quiero esperar a reunirme con mis seres queridos, ya ha pasado demasiado tiempo, ahora tengo la oportunidad-
-No puedes…- replicó Jorge, pero Adalberto lo interrumpió.
-No lograras convencerme de lo contrario, pero te animo a que hagas lo que has decidido hacer, busca la redención, ayuda a tus amigos y huid de aquí. De todos modos yo ya soy viejo y no pinto nada en el futuro, vosotros, tu grupo y tu sois jóvenes todavía, si algo queda en pie en el futuro, tendréis que ser vosotros los que lo vean, además, yo solo sería una carga. No temas nada, yo estaré bien allá a donde vaya-
Jorge sabía que esa sería prácticamente la última conversación que tendría con Adalberto, así que le tendió la mano.
-Bueno, en ese caso… ha sido un placer conocerte, eres un hombre de honor al que le debo la vida y que nunca podre agradecérselo lo suficiente-
-Volveremos a vernos algún día en la otra vida- respondió Adalberto estrechándole la mano a Jorge.
*****
La tormenta se había tornado tan fuerte que Vanesa temía que esta dañase la avioneta, ya casi estaba lista y si le caía algún rayo perdería todos los avances que había hecho. Corrió hacia la tienda donde estaban Alicia y Sandra y le pidió a Sandra que abriera la puerta de uno de los hangares, allí ocultaría la avioneta hasta que la reparara y estuviera lista para despegar.
Sandra abrió la puerta del hangar y Vanesa condujo la avioneta hacia el interior, al menos esta funcionaba, pero según Vanesa aun necesitaba unos cuantos retoques para que esta pudiera levantar el vuelo.
-¿Qué tal estas?- aprovechó para preguntarle Vanesa.
-La verdad es que no muy bien, ya le hecho de menos… y los demás me tienen en un sin vivir. No se si siguen vivos o si los volveremos a ver-
-Lo lograran, no te preocupes, confía en ellos- respondió Vanesa.
Ambas volvieron a la tienda para dormir, Vanesa necesitaba dormir y recuperar horas de sueño, cuando se tumbó se quedó dormida al instante. Solo Alicia y Sandra permanecieron despiertas junto a Yako, el cual estaba haciendo el papel de perro guardián delante de la puerta, si alguien trataba de entrar se darían cuenta al instante gracias a los ladridos del animal. Sandra y Alicia estaban tranquilas, confiaban en que nadie podría sorprenderlas, de vez en cuando escuchaban como Vanesa murmuraba algo en sueños, ella era la que más conocía a Abel, al fin y al cabo era el único de su equipo que quedaba, todos los demás habían muerto y Vanesa confiaba en que podría salvarle, pero no había sido así, probablemente era la que más destrozada emocionalmente estaba, aunque ella se mantendría fuerte por los demás, la piloto no podía venirse abajo.
-Lo lograremos, mañana como muy tarde estaremos poniendo rumbo a un lugar mejor, tenemos que confiar en ello- dijo Alicia mirando al bebé que dormía en sus brazos.
-Decir que mañana estaremos volando es muy precipitado, no sabemos cuando volverán Juanma y los demás, ni si volverán, supongo que Vanesa les dará cierto margen de tiempo antes de tomar una decisión. Lo mejor que podemos hacer es permanecer ocultas hasta que regresen, así nos libraremos de posibles problemas-
-Tienes razón, solo nos queda esperar, siento haber parecido egoísta, pero estoy pensando en el niño y en su futuro-

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