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jueves, 2 de mayo de 2013

Capitulo 194: Todos morimos, part 2



Félix se despertó atado a la cama, cuando abrió los ojos y miró a su alrededor se encontró custodiado por David y Cesar, los cuales no se habían movido de su lado en ningún momento. La mirada de Félix buscaba a alguien más, buscaba a Sole, pero ella no estaba allí.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde esta Sole?-
-¿No te acuerdas de nada? Sole te golpeó y se marchó, suponemos que para cargarse a Roache por si sola, tú trataste de ir tras ella después y te pusiste imposible, tuve que golpearte para que te calmaras- confesó David.
-¿Y donde estamos?-
-En el apartamento de la urbanización. Juanma y Luci se han adelantado para coger a tu chica antes de que haga una locura y complique las cosas- respondió David. –Te suelto si prometes quedarte quietecito-
Félix asintió y David lo desató, luego le pasó una de las latas que llevaban para que comiera un poco. Félix en ese momento se percató de la fuerte tormenta del exterior, los rayos y los truenos eran constantes.
-Menuda tormenta, espero que Juanma, Luci y Sole estén bien. ¿Cuándo los seguimos nosotros?-
-Mañana al amanecer partiremos. Descansaremos esta noche y mañana cuando se haga de día saldremos hacia el punto acordado. Se supone que allí mientras Juanma va de frente a por ese cabrón francés, nosotros atacaremos por detrás- explicó Cesar.
-Una vez hayamos rescatado a Eva y a la niña volveremos al aeródromo perdiendo el culo, esperemos que Vane lo tenga todo listo para irnos- añadió David.
Los tres se quedaron comiendo mientras observaban la tormenta, cada uno hacía sus propios cálculos sobre que pasaría al día siguiente, lo cierto era que ninguno tenía ni idea de lo que podría pasar una vez que comenzara el enfrentamiento contra los demás grupos.
*****
El grupo de avanzadilla enviado por Beltrán se había detenido cuando había empezado a llover, se habían adentrado en una parada de metro. Eran unos cuantos, todos chicos jóvenes con una única misión, la de encontrar el escondite de Roache y volver para informar, justo después atacarían.
Para Beltrán, la única amenaza era Roache, ya habían arrasado a los asalta caminos y el grupo de los que habían llegado de Valencia no eran una amenaza, solo eran unos pobres desgraciados que habían sobrevivido por casualidad y que solo se dedicaban a huir, aunque ellos tenían algo que Beltrán deseaba, aparte de eso no eran una verdadera amenaza y por ahora no merecían importancia, por ellos podían pudrirse en lo más profundo del infierno, tampoco eran muchos y la mayoría eran chicas, al menos era lo que aquel chico había contado durante el interrogatorio bajo los efectos del pentotal sódico y también los habían visto durante su huida en la urbanización, si realmente fuesen una amenaza les habrían plantado cara, pero aquella forma de huir como ratas no era propia de gente potencialmente amenazadora en el campo de batalla, podían pasar de ellos fácilmente y por el momento hacer como si no existieran, en esos momentos, el único objetivo y el más importante era Roache, el si que tenía hombres competentes bajo su mando, ya los habían visto en acción anteriormente cuando ocurrió lo de el aeropuerto de Barajas y casi acabaron con ellos.
Para la mayoría de los soldados de Beltrán aquella era su primera guerra propiamente dicha y estaban todos nerviosos, se miraban los unos a los otros pensando que en cualquier momento el compañero que tenían al lado o ellos mismos estarían muertos, eso era algo inevitable.
*****
Eva y Vicky estaban acostadas en un colchón que los hombres de Roache les habían traído. Solo la pequeña dormía, Eva se limitaba a abrazarla, ofreciéndole una protección temporal, no podría hacer mucho si de repente aparecían allí un grupo de soldados para matarlas, pero ese abrazo maternal tranquilizaba a la niña que ya no hablaba en sueños ni era perseguida en sus pesadillas. Eva sabía que había dos soldados custodiando la puerta, esos dos no permitirían que nadie entrara allí sin autorización.
Los ojos de Eva se cerraban, pero ella se negaba a dormir, temía que ocurriera algo terrible si se dormía, al fin y al cabo estaban custodiadas por un autentico monstruo, así lo habían descrito Juanma, Sole, Félix y Jorge, un autentico monstruo desalmado, y aunque les había dado su palabra de no hacerles daño, Eva no se fiaba, tenía la sensación de que en cualquier momento irrumpirían por la puerta y las asesinarían a sangre fría, pero no ocurrió. Poco a poco Eva fue cerrando los ojos, hasta que finalmente Morpheo acabó abrazándola, fue cuando se quedó profundamente abrazada a la niña que empezaba a ver como a su hija.

Roache observaba la tormenta desde la ventana del palacio de Velázquez. Había dejado de esperar a Françoise, era evidente que no iba a regresar, seguramente estaría muerto, Françoise era su hombre de confianza, pero no le importaba que hubiera muerto, a Roache no le importaba nada salvo el y sus objetivos, tampoco le importaba si hubiese muerto tras ocuparse del asunto del que le había dejado que se ocupara, esperaba que hubiese acabado con Jorge, el era un estorbo y deseaba que ya estuviera fuera de juego.
*****
Jorge se despertó escuchando una discusión entre Herminia y Adalberto, parecía muy acalorada y de vez en cuando se escuchaban los gritos de ella. Sobresaltado, Jorge se levantó de la cama de un salto y salió de la habitación que le habían cedido, se quedó oculto tras la puerta y escuchó con atención la discusión que parecía que se había calmado un poco.
-Estoy de acuerdo con el con que tenemos que irnos de aquí, tenemos que irnos lejos, aquí no estamos seguros, yo no quiero marcharme, pero esto es lo que hay. Por favor Herminia, hazme caso- decía Adalberto.
-Tenemos demasiados recuerdos en esta casa como para dejarlos atrás, no quiero irme ¡¡¡Nuestro hijo y nuestra nuera están enterrados aquí!!! No podemos irnos así como así-
-No digas eso en voz alta, no quiero que se entere- respondió Adalberto dando un golpe en la mesa.
Jorge se quedó totalmente quieto, no podía creerse lo que acababa de escuchar, según le habían contado, su hijo y la novia de este habían muerto en Atlanta, pero por lo que acababa de escuchar parecía que lo cierto era que sus cuerpos estaban allí enterrados, Jorge se apartó de la puerta y caminó lentamente hacia la salida de la casa, salió al exterior bajo la lluvia y dio la vuelta a la casa, pasó junto al granero y unos metros más alejados de la casa encontró dos cruces semi ocultas por la maleza, se acercó a ellas y descubrió que eran dos tumbas. Sin duda se trataba de las dos personas que había visto en las fotos y sobre las que Adalberto le había mentido, con aquello comprobado se dio la vuelta para volver a la casa y entonces se encontró a Adalberto detrás de el bajo la lluvia.
-Si, están ahí enterrados, tuve que hacerlo, regresaron infectados, cogieron la primera cepa en el CDC cuando la investigaban, regresaron antes de que cerraran las fronteras y no empeoraron hasta semanas después, no tuve más remedio que matarles. No me siento bien conmigo mismo desde entonces, no te lo conté antes porque no quería que me miraras como a un monstruo que mata a su propio hijo y a su nuera antes de ver como se vuelven como esos seres-
-Jamás pensaría eso de el hombre que me ha salvado la vida- Jorge miró las tumbas y luego miró a Adalberto. –Hiciste lo correcto-
-Herminia al principio no lo entendió, estuvo un tiempo sin ni siquiera hablarme hasta que aceptó lo que le dije- dijo Adalberto avanzando hasta las tumbas y poniéndose frente a ellas. –No quería ver a mi hijo como una de esas cosas, fue el mismo quien me dijo que los matara antes de que murieran, los llevé hasta el granero y allí les disparé en la cabeza, finalmente los enterré aquí… hace mucho que no venía a visitarlos-
-¿Cuánto?- preguntó Jorge.
-Desde que los enterré…- Adalberto se dio la vuelta para mirar a Jorge. – Mi mujer no quiere irse, trataré de convencerla, pero no creo que ceda-
-Venga- Jorge le puso las manos en los hombros. –Volvamos a la casa y hablemos los dos juntos con ella-
Los dos comenzaron a caminar hacia la casa bajo la lluvia, traspasaron el umbral de la puerta y la cerraron.
-Herminia, tenemos que hablar- dijo Adalberto, pero no hubo respuesta de ningún tipo. –Seguramente esta todavía enfadada, debe estar en la cocina-
Ambos fueron hacia la cocina y cuando ya estaban llegando vieron algo rojo en el suelo junto a un brazo extendido, al que le seguía el cuerpo de Herminia. Jorge y Adalberto entraron en la cocina a la carrera y vieron a Herminia en el suelo inmóvil, la mujer tenía varios cortes en los brazos.
-Joder- murmuró Jorge lanzándose sobre ella mientras Adalberto se dejaba caer en un rincón con las manos en la boca mientras contenía un grito. No podía creerse lo que acababa de pasar. –Adalberto, ayúdame- Pero Adalberto no se movió, entonces de repente, Herminia abrió los ojos y agarró a Jorge.

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