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jueves, 2 de mayo de 2013

Capitulo 194: Todos morimos, part 1



Con la llegada de la noche prendieron fuego al cuerpo de Abel en un punto alejado de la pista de aterrizaje del aeródromo de cuatro vientos, no querían que el humo alertara a grupos como el de Roache, aunque Cesar había incinerado a Gorka y Daniela en el interior de un hangar a plena luz del día. Cuando el cuerpo ya estuvo completamente incinerado, Vanesa y Sandra volvieron al aeródromo donde estaba Alicia esperándoles.
-¿Ya esta?- preguntó Alicia.
-Ya esta- respondió Sandra, en su cara aun se notaba la pesadumbre.
De repente escucharon el sonido de un trueno y seguidamente el cielo se iluminó con un relámpago, en las horas anteriores se había estado nublando amenazando con una fuerte tormenta.
-Se acerca una buena, es como si esa tormenta acompañase al final de todo- dijo Vanesa mirando al cielo. –Vosotras descansad, voy a dar los últimos retoques a la avioneta-
Alicia y Sandra volvieron al interior de la tienda donde Abel había muerto, mientras Vanesa volvía a trabajar para tenerlo todo a punto al día siguiente.
-¿Cómo crees que les irá a los demás?- preguntó Alicia.
-No lo se- respondió Sandra. –Espero que bien, estamos tan cerca de conseguirlo esta vez que no quiero ni pensar en lo malo que puede pasar-
-Yo no se si lo lograremos, los demás están demasiado lejos y arriesgándose demasiado. Empiezo a pensar que no los veremos nunca más, y me da palo la posibilidad de irnos sin ellos después de todo lo que han hecho por nosotras, quiero que salgamos todos juntos de aquí-
-Ten fe en ello Ali, ten fe-
En ese momento el bebé rompió a llorar, Alicia lo cogió en brazos y lo acunó un buen rato, pero el bebé no dejaba de llorar, algo que estaba haciendo que Alicia se pusiera nerviosa por momentos, sin duda ese llanto tan repentino e incesante no auguraba nada bueno.
*****
Adalberto y Jorge regresaron a la casa con un jabalí y un par de liebres en la parte trasera de la camioneta, durante el trayecto de regreso a la casa, Jorge había estado pensando en las palabras de Adalberto sobre la posibilidad de quedarse con ellos para siempre, era evidente que se sentían solos y con su llegada al parecer habían visto en el a un hijo, aunque Jorge no tenía claro si después de todo lo que había hecho merecía tal oportunidad. Aquella casa rural era perfecta y estaba en un lugar tranquilo donde se veían pocos infectados o ninguno, sus últimos días podrían ser los más felices allí.
Se bajaron de la camioneta y mientras Jorge cargaba con el jabalí, Adalberto cogía las dos liebres, entraron en el interior y Herminia fue a recibirles.
-Ya era hora de que volvierais, parece que va a haber tormenta y temía que os cogiera en medio del monte-
-Ya me di cuenta, será una buena, podría tirarse horas así- respondió Adalberto abrazando a su mujer.
Jorge dejó el jabalí en la mesa de la cocina y regresó al salón donde acabó asomándose por la ventana para ver como se empezaban a ver los primeros relámpagos tras los truenos, pronto comenzaron a caer las primeras gotas. Unos segundos después se dio la vuelta y miró a la pareja de ancianos.
-Se que queréis que me quede… pero ahora no puedo hacerlo… veréis, he hecho cosas bastante malas por mi y por los míos, cosas de las que no estoy orgulloso. Por eso no puedo quedarme con vosotros, gracias por la oferta… bueno, no puedo quedarme por el momento, antes quiero regresar a Madrid y remendar todo lo que he hecho, si sobrevivo volveré-
-¿Buscas la redención?- preguntó Adalberto.
-Algo así- respondió Jorge. –Si logro sobrevivir volveré con vosotros, pero antes debo ayudar a mis amigos, siento que debo hacerlo así-
-Bien, no podemos retenerte, quédate aquí esta noche y mañana te prepararé la camioneta para que puedas regresar. Además, si es necesario te acompañaré- dijo Adalberto, enseguida la mirada de su mujer se clavó en el.
-No, es muy peligroso, la ciudad es un campo de batalla donde no hay amigos, iré yo solo- respondió Jorge tratando de quitarle a Adalberto esa idea de la cabeza, no quería que aquel hombre arriesgara la vida, confiaba en que sabría desenvolverse allí, pero no iba a separar al matrimonio. –Es mejor que te quedes a esperar a mi regreso-
-Bueno, pues no importa, te esperaremos aquí- Adalberto miró a su mujer. –Cariño, prepara una buena cena, que sea algo así como una de despedida-
Herminia asintió, sonrió a Jorge y se dio la vuelta directa a la cocina.
Adalberto se acercó en ese momento a Jorge. -¿Estas seguro que no quieres que te acompañe? Seré viejo, pero todavía me puedo desenvolver bien, te sería de gran ayuda-
-No es necesario. Tu mujer te necesita y jamás me lo perdonaría si te ocurriese algo, me iré yo solo, aunque me gustaría pedirte un favor. En la ciudad hay una bomba nuclear que muchos codician y por la que están luchando, si esta explota será un desastre, quiero que os alejéis de aquí, haced las maletas y marcharos todo lo lejos que podáis, decidid donde queréis ir y dejad una nota por si sobrevivo, una nota donde pueda encontraros después, pero tenéis que iros de aquí mañana mismo-
Adalberto se quedó un rato pensativo y luego miró a Jorge. –Esta bien, no me queda otra que confiar en ti-
En ese momento se escuchó un fuerte trueno y seguidamente el agua comenzó a caer de forma torrencial, la tormenta había comenzado, era la tormenta que precedía al Armagedón, el fin parecía estar cerca, al menos así lo parecía.
*****
La lluvia torrencial llegó de repente y Sole no tuvo más remedio que refugiarse dentro de una casa que había encontrado abierta y vacía, no estaba muy lejos del parque del retiro, el mismo lugar donde estaba Roache. Mientras permanecía refugiada podía pensar en como actuar, no quería hacerlo a lo loco, hacerlo así significaría la muerte, y eso era algo que no podía permitirse, ni por ella, ni por Félix ni por la vida que estaba creciendo en su interior. Tenía muy claro como lo haría, había estado practicando tiro desde las ventanas sobre los infectados y era así como lo iba a hacer, buscaría un lugar cercano y oculto donde esperaría a ver a Roache, entonces apretaría el gatillo y arrebataría la vida de aquel ser despreciable. Pensó en los demás, en como los había dejado y en que probablemente la estarían buscando, jamás se lo perdonarían, al menos era eso lo que pensaba.
Sole rebuscó en su mochila y sacó una lata de conservas de calamares y comenzó a comer con ansia, no había comido nada desde que había salido huyendo tras golpear a Félix, realmente estaba hambrienta, fuera se seguía desatando la tormenta, estaba junto a la ventana y allí veía el agua chorrear por el cristal.
Sole decidió que se quedaría a dormir allí y seguiría al día siguiente, confiaba entonces en alcanzar su objetivo, Roache moriría, Miguel descansaría en paz y ella haría las paces consigo misma, todo acabaría al día siguiente, luego solo quedaría escapar de allí y buscar un lugar mejor en el que vivir alejados de todo.
Sole evitaba pensar en Eva y la niña, sabía que estaban en manos de Roache y que un fallo suyo podría suponer la muerte de estas, pero estaba convencida de que si mataba a Roache podrían salvarlas sin necesidad de hacer el intercambio, aun así, sus sentimientos de venganza eran demasiado fuertes y no podía controlarlos.

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