Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 25 de abril de 2013

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 4



Adalberto había conducido hasta que llegó al final del camino, allí detuvo la camioneta. Se encontraban en medio del monte rodeados de arboles, durante el trayecto, ni el ni Jorge habían cruzado una palabra, lo que hacía que Jorge estuviera con la mosca detrás de la oreja, aquel hombre tramaba algo, no habían ido solamente a comprobar las trampas que el anciano le había comentado, allí había algo más.
Jorge y el anciano se bajaron de la camioneta y mientras Jorge se quedaba junto a la puerta del copiloto observando el bosque, Adalberto sacaba dos rifles de caza de la parte trasera de la camioneta y seguidamente le entregaba uno a Jorge.
-Esto es solo por seguridad o por rematar a la presa- dijo Adalberto.
Ambos salieron del camino y se adentraron campo a través, Jorge seguía a Adalberto, aunque no podía evitar hacerlo con cautela, tanto secretismo le hacía pensar en posibles traiciones por parte de aquel anciano que le parecía tan afable, aunque en esos mismos momentos se podía decir que temía que el anciano lo matara allí en el medio del bosque, aunque no entendía el por que podría hacer eso, entonces Jorge decidió que debía romper el silencio.
-¿Qué tipo de trampa es?-
-No se el nombre exacto, pero es una de esas de las que te quedas colgado de los pies boca abajo, como una soga… están por aquí cerca- respondió Adalberto sin girarse.
-¿No hay caminantes por aquí? No me gustaría que nos sorprendieran- siguió preguntando Jorge.
-De vez en cuando hay alguno, por eso te pasé el rifle. Seguro que sabrás utilizarlo con cabeza- respondió Adalberto todavía sin darse la vuelta. Eso hacia que Jorge se pusiera nervioso.
-¿De que querías hablarme?- preguntó entonces Jorge.
Eso hizo que Adalberto se parara de golpe y se girara para mirar a Jorge, el cual casi se puso en guardia cuando Adalberto clavó su mirada en el. –Seré claro joven, no quiero que le digas la verdad a mi mujer, la verdad sobre el virus… tú ya me entiendes-
-¿Cuánto hace que lo sabes?- preguntó Jorge.
-Un par de semanas aproximadamente, cuando vi que uno de esos seres no tenía mordiscos, saqué mis propias hipótesis y di con que de alguna manera no hacía falta que te mordieran para convertirte en uno de ellos, bastaba con morir-
-Eso es información muy importante como para ocultársela a tu mujer, tiene derecho a saberlo, imagínate que uno de los dos muere mientras dormís, os ponéis en peligro mutuamente-
-Si mi mujer se entera de eso se volvería loca, perdería la fe, creería que ella entra también dentro del castigo de dios, eso la destrozaría-
-¿Prefieres que por algún casual mueras y te reanimes con ella dormida a tu lado? Entonces serás tu quien la destroce a ella. Pienso que no deberías ocultárselo- respondió Jorge. –Si no quieres no diré nada, pero hazlo tu, sincérate con ella y dile la verdad, esto no es para callárselo-
-Tú también podrías haber muerto, pero sin embargo te salvamos, si hubieses muerto ahora serias como ellos- dijo Adalberto.
-No exactamente- respondió Jorge. Entonces se señaló una de las heridas por mordisco.
-¿Eso son mordiscos? Al principio lo pensé, pero pareces tan sano que lo descarté enseguida, se que el mordisco acelera la muerte y la reanimación-
-Yo estuve infectado, casi me convertí en uno de ellos, pero existe una cura que elimina el virus del organismo, aunque esto no nos hace inmunes porque no es perfecta, aunque es un avance importante- dijo Jorge con una sonrisa. –Escúchame Adalberto, en Madrid están los que eran mis amigos, ellos planean marcharse despegando desde cuatro vientos en dirección a un barco que debe estar esperándoles cerca de las costas de Portugal. Ellos llevan la última de esas vacunas, su plan es llevarlo a la civilización y conseguir una mejora de la vacuna. Puedo llevaros con ellos y así tendréis una oportunidad-
Entonces Adalberto negó con la cabeza. –No, nosotros somos muy viejos como para marcharnos de aquí, lo que tenga que ser, será-
-Pero podrían empezar una nueva vida, si lo hace por los recuerdos de la casa puede llevárselo todo detrás, seguro que allí donde vayan no tendrán inconveniente de dejarle tenerlo-
-Hay recuerdos que no puedo llevar conmigo, como ya te he dicho mi mujer y yo moriremos aquí, lo decidimos hace tiempo, este lugar es lo único que nos da la felicidad, solo seremos felices aquí, puede que si esto termina algún día ya no estemos aquí, pero no abandonaremos nuestra casa-
-Creo que se esta equivocando- respondió Jorge mirando a Adalberto que se dio la vuelta y siguió caminando. Jorge no tuvo más remedio que seguirle, aunque no cesó en su empeño de querer hacerle ver las cosas del mismo modo que el, para Jorge, lo mejor era que aquellos dos ancianos que le habían salvado la vida tuvieran una oportunidad en un lugar mejor y no tan aislado, un lugar donde pudieran cuidar de ellos cuando ellos no pudiesen valerse por si mismos.
Después de un rato caminando se encontraron en el lugar indicado por Adalberto, donde vieron que la trampa puesta por el anciano había saltado atrapando a un jabalí. El animal al verlos comenzó a moverse presa del miedo, de haber podido se habría largado a toda velocidad.
-Tenemos aquí a una buena pieza- dijo el anciano alzando el rifle dispuesto a disparar.
-Eso podría atraer caminantes- respondió Jorge.
-No estaremos aquí para cuando lleguen- dijo Adalberto, justamente después disparó varias veces al animal hasta que comprobó que estaba bien muerto.
Cuando bajaron al jabalí de la trampa entre los dos lo llevaron de vuelta a la camioneta, justo después se montaron de nuevo en el vehículo y Adalberto puso rumbo a otra trampa, parecía ser que iban a tener suerte ese día, aun así Jorge trató de hacerle entrar en razón.
-No dudo que aquí sean felices, pero en la ciudad hay demasiados maleantes y demasiados infectados, su casa es grande, pero ante una invasión de cualquiera de los grupos, tanto de No Muertos o de humanos, no resistirían ni una hora-
-Nos ha ido bien hasta ahora, ellos prometieron no hacernos nada, no habíamos vuelto a ver a otro ser humano hasta que tu apareciste en el porche de mi casa-
-Con los humanos aun se puede razonar y hacer tratos, con los infectados solo se puede servir de alimento si pretendes dialogar con ellos, yo solo les estoy dando la opción de encontrar una nueva vida junto a otras buenas personas, quedarse aquí no es una opción-
-Escucha Jorge, tanto a mi mujer como a mi nos caes bien, eres buena gente, lo has demostrado, por eso te voy a pedir que aceptes mis decisiones, puedo ser viejo pero aun no estoy senil. Mi mujer y yo nos quedaremos en esta casa hasta el fin de nuestros días, venga lo que venga, te pido que me respetes eso-
-Muy bien, supongo que no podré hacerle entrar en razón- respondió Jorge dando un suspiro.
-Escucha, se que te dije que cuando te recuperaras te marcharas, pero antes de eso hablé con mi mujer, ella echa mucho de menos a nuestro hijo y al tenerte en casa fue como tenerlo a el otra vez allí-
-No lo entiendo- respondió Jorge.
-Sencillamente la misma noche que te curamos, ella planteó la posibilidad de que te quedaras con nosotros para siempre-

No hay comentarios:

Publicar un comentario