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jueves, 25 de abril de 2013

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 3



El estado de Abel había empeorado durante la noche después de que la morfina se acabase, era tanto el deterioro que habían tenido que trasladarlo hasta una de las tiendas del aeródromo donde lo habían tumbado encima de un montón de mantas, mientras Vanesa trabajaba en tener lista la avioneta y Alicia se ocupaba enteramente del bebé, era Sandra acompañada de Yako quien se encargaba de vigilar al moribundo Abel. Cada vez que Sandra le cambiaba las vendas de los brazos podía comprobar el mal estado de esas heridas y del olor que desprendían, la infección había avanzado de forma vertiginosa y había mermado al grandullón, hasta el punto de que parecía una sombra de lo que había sido anteriormente.
En ocasiones Abel deliraba y gritaba en sueños el nombre de su hermano muerto tiempo atrás, eso hacía que Sandra se sobresaltara y seguidamente corriera a tranquilizarle, lo lograba a duras penas, en otras ocasiones Abel parecía recuperar la lucidez lo bastante como para pedirle a Sandra que acabara con su sufrimiento, el sabía muy bien que no iba a salir de esa con vida, se lo notaba, no habría forma de salvarlo.
Sandra había logrado disuadirlo hasta que de repente se quedaba dormido y permanecía tranquilo hasta que comenzaban las pesadillas producto de los delirios, Sandra no podía evitar sentirse en deuda con el y muchas veces para tranquilizarlo leía en voz alta unas paginas de un libro que había encontrado en uno de los cajones de la tienda, era un libro de Isaac Asimov titulado “Fundación”, libro que en momentos de lucidez le había confesado que era el favorito de su madre, Sandra había decidido que si Abel moría, lo haría escuchándola a ella leer.
Mientras Abel dormía tranquilo en esos momentos, Sandra se acercó al lugar donde había dejado el libro y lo cogió, luego se sentó en la silla que había al lado de la cama improvisada de Abel y comenzó a leer a partir de la pagina donde se había quedado la ultima vez, nada más comenzó a leer el rostro de Abel se relajó, algo que hizo que Sandra continuara leyendo de forma animada mientras de vez en cuando observaba a Yako por el rabillo del ojo, el cual se mantenía tumbado delante de la puerta donde de vez en cuando levantaba la cabeza y se quedaba observando como Vanesa trabajaba.
El calor se estaba haciendo sofocante cuando Sandra se levantó de la silla para beber agua y humedecer un trapo para ponérselo en la frente a Abel. Cuando volvió junto a Abel con el trapo, cuando lo puso sobre su frente notó algo extraño, enseguida notó que su pecho no se movía nada, estaba indudablemente muerto, eso hizo que Sandra se pusiera totalmente tensa porque ya sabía lo que tenía que hacer en ese mismo momento, sacó su arma y la puso en la frente de Abel, no sabía cuanto haría que había muerto, pero no quedaba mucho para que volviera.
-Venga… tienes que hacerlo- se decía a si misma. –No puedes dejar que vuelva como uno de esos seres-
De repenté sintió como su corazón se desbocaba y su pulso comenzaba a temblar, le temblaba tanto que el arma se le cayó de las manos, cuando se agachó a recogerla sintió un fuerte golpe y cayó hacia atrás, cuando intento levantarse se vio apresado por un gran peso. Abel había regresado y se le había echado encima pese a faltarle una pierna, en esos momentos estaba acercando su boca peligrosamente a su cuello, Sandra estaba luchando por su vida tratando de alejarlo, pero Abel era demasiado fuerte, no lo iba a conseguir, Abel iba a matarla, Sandra gritó, pataleó y le suplicó que parara, pero Abel ya no era Abel, era un animal salvaje que solo quería arrancarle la carne a mordiscos.
Mientras trataba de alejarlo con las pocas fuerzas que le quedaban con una sola mano, con la otra trataba de alcanzar la pistola que estaba casi al lado de sus pies, pero eso la dejaría muy desprotegida.
-¡¡¡¡¡Socorro!!!!!- gritó con todas sus fuerzas, pero nadie acudía en su ayuda. Nadie salvo Yako que apareció de repente lanzándose sobre Abel y comenzando a morderle en la nuca para proteger a su dueña.
Yako mordía con fuerza desgarrando la piel y la carne del cuello de Abel que no parecía darse cuenta de que le estaban arrancando la cabeza a mordiscos. Abel seguía tratando de morder a Sandra, la cual luchaba por su vida casi ahogándose en sus lágrimas.
*****
Alicia con el bebé en brazos se acercó a Vanesa que seguía trabajando en el motor de la avioneta, ya casi lo tenía, en cualquier momento acabaría y estaría lista para hacerla despegar, eso era algo que sobretodo deseaba por Alicia y por el bebé, si alguien tenía que salir rápidamente de esa pesadilla eran ellos dos, si alguien debía llegar a la civilización y vivir tranquilo era ese niño que jamás conocería a sus verdaderos padres, sería Alicia quien le hablaría de ellos y le contaría como era el mundo que había antes de que todo se fuera al infierno, se imaginaba que el niño se lo tomaría como una broma, algo difícil de creer, pero al final acabaría creyendo lo que le contaban porque aunque la humanidad estaba al borde de la extinción aun quedaban huellas del paso de ellos por el mundo. Cuando Vanesa tuvo al lado a Alicia le dedicó una sonrisa.
-Esto ya esta, mañana como muy tarde podríamos estar en el aire-
-Esperemos que sea con todos nosotros a bordo- respondió Alicia. –Oye, ¿Crees que lo conseguirán?-
Vanesa paró de trabajar y miró a Alicia con una mueca de incertidumbre, aunque al final sonrió. –Si, tengo la total certeza de que lo lograran, estoy segura de que mañana estaremos volando hacia la salvación. ¿Es que tu no lo crees?-
-No es eso… pero tengo un presentimiento… uno de tantos… y tengo la sensación de que algo no va bien con ellos y…-
De repente escucharon un grito acompañado de unos ladridos, ambas se giraron en la dirección en que venía todo el follón.
-¿Qué pasa?- preguntó Alicia.
Vanesa sacó su pistola y miró a Alicia. –Metete en la avioneta y quédate ahí hasta que regrese- seguidamente comenzó a correr hacia la tienda donde estaba Sandra cuidando de Abel.
Vanesa llegó a toda velocidad a la puerta y la abrió de una patada, entró en el interior de un salto y se encontró con toda la escena, Abel, Yako y Sandra estaban forcejeando sobre un charco de sangre que manaba de la boca de Yako y del cuello de Abel, cuya cabeza casi que estaba colgando del resto de cuerpo. Vanesa sin pensárselo corrió y apartó a Yako de un empujón, rápidamente con ambas manos cogió la cabeza de Abel y tiró de ella, haciendo que la cabeza quedara totalmente separada del cuerpo, rápidamente lanzó la cabeza por los aires y ayudó a Sandra a levantarse.
-¿Te ha mordido?- preguntó Vanesa.
-No, no, no me ha mordido- respondió Sandra entre sollozos. Enseguida llamó a Yako para acariciarlo, tanto el perro como ella estaban cubiertos de sangre.
Mientras Sandra se tranquilizaba abrazando a Yako, Vanesa se acercó a la cabeza de Abel, que seguía gruñendo y gimiendo en un rincón de la tienda, sin pensárselo dos veces abrió fuego y la cabeza de Abel estalló tras recibir el impacto de bala.
Vanesa se dio la vuelta y miró a Sandra, iba a preguntarle que había pasado, pero pensó que no era necesario, ya que era muy evidente, ahora solo quedaba incinerar el cuerpo de Abel. Vanesa se sintió mal por Abel, para ella era un gran amigo al que durante las misiones había visto como a un hermano, aunque nunca se lo había dicho, ahora nunca lo sabría, el destino se había cobrado una nueva vida, la de Abel.

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