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jueves, 25 de abril de 2013

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 2



Sole no se sentía bien con lo que acababa de hacer, no solo había acabado desobedeciendo ordenes por llevar a cabo una venganza personal que hacía tiempo que rondaba por su cabeza, también había golpeado a Félix, el hombre que tanto la quería y que tanto confiaba en ella. Sole se había parado a descansar en el interior de una casa, quería parar y repasar su plan, mientras estaba allí los demás no la encontrarían, se imaginaba que después de lo ocurrido la estarían buscando como locos, pensaba en Félix y esperaba no haberle provocado grandes daños, de vez en cuando miraba por la ventana y veía pasear a infectados solitarios deambulando por allí distraídos con algún roedor o gato callejero.
Sole preparó un rifle de francotirador que se había llevado del campamento formado en los túneles de metro, le puso un silenciador y se asomó a la ventana, apuntó al No Muerto y lo observó a través de la mirilla, observo sus facciones y vio que se trataba de un chico joven, este vestía de etiqueta, aunque tenía la ropa manchada de sangre, enseguida se dio cuenta de que era un traje de novio, lo que enseguida le trajo recuerdos de su boda, de como todo se truncó por culpa de la aparición de los No Muertos, si nada de eso hubiese pasado, en esos momentos sería una mujer felizmente casada y quizás tendría algún hijo, seguidamente se tocó la barriga y pensó en Félix, quizás se lo debería haber contado ya, pero no lo hizo, sabía que si se lo decía a alguien no la dejarían hacer nada, al fin y al cabo no hacía mucho que lo sabía, realmente había estado apunto de decirlo, pero entonces Roache volvió a cruzarse en su camino.
Sin pensárselo más apretó el gatillo y disparó, el infectado fue abatido al instante, le había acertado de lleno en la cabeza. Después de probar su habilidad con el arma de fuego y comprobar el retroceso del arma decidió que ya estaba preparada para acabar con Roache, lo haría desde la distancia, le gustaría hacerlo con sus propias manos como hizo con Lazarevick, pero acercarse a el mientras era escoltado por todos sus hombres era arriesgado, demasiado, no podría dar ni dos pasos antes de que la mataran, y ella no deseaba morir, quería quitarse esa espina, regresar junto a Félix y criar juntos a su hijo o hija.
*****
Jorge observaba a Adalberto desde la ventana del salón, era increíble la tranquilidad que había en aquel lugar, sin el olor a muerte ni los sonidos de los infectados, allí lo que reinaba era el olor del campo y el alegre cantar de los pájaros, los cuales parecían ajenos al desastre que se había desatado en todo el mundo, no podía evitar envidiarles. El anciano estaba trabajando en el campo y aunque el había querido ayudarle como pago por permitirle quedarse hasta que se recuperara, aquel hombre se había negado.
En ese momento apareció Herminia por el salón cargando con un cubo lleno de huevos de gallina, cuando vio a Jorge le sonrió.
-¿Cómo te encuentras?-
-Mucho mejor, gracias, aunque me gustaría poder hacer algo para pagarles por permitir que me quede- dijo Jorge. –Es un lugar bonito y tranquilo-
-Bueno, voy a hacer la comida, si quieres puedes ayudarme con ello- dijo Herminia dejando el cubo de los huevos en la mesa.
-Me gustaría, la verdad, cuando era militar me encantaba estar en cocina- respondió Jorge poniéndose de pie para acercarse a Herminia. Realmente se sentía mejor desde que lo habían curado, ayudar a Herminia en la cocina no era gran cosa, pero era un comienzo.
Ambos fueron a la cocina y Jorge se fijó en las fotos que estaban pegadas a la nevera mediante imanes, allí se veía a Herminia y a Adalberto junto a un chico y a una chica jóvenes, los cuatro estaban sonrientes y parecían felices, esas fotos eran una muestra de los tiempos felices que habían vivido y que seguramente ya no volverían, entonces Herminia se percató de que Jorge estaba mirando las fotos.
-Son mi hijo y su novia. El se llama Tomás y ella Karen-
Jorge se imaginaba que si no estaban allí ya no estarían vivos, no quiso preguntar, pero aun así, Herminia comenzó a hablar de ellos.
-Mi hijo era un gran chico, bueno, es un gran chico, no me gusta hablar de el en pasado porque aunque ya no esté entre nosotros, para mi sigue en nuestros corazones al igual que ella-
El hecho de que Herminia hablara así daba por hecho de que era lo que Jorge había pensado, estaban muertos, aunque realmente era muy difícil que siguieran vivos a esas alturas.
-¿A que se dedicaban?- preguntó Jorge mientras sacaba un par de huevos del cubo y los rompía sobre una sartén tal cual le había indicado Herminia.
-Ambos trabajaban en el CDC de Atlanta, perdimos la comunicación con ellos cuando todo comenzó a suceder, luego nos enteramos que el CDC había caído y perdimos toda esperanza de que siguieran con vida, justo después mi marido y yo huimos de Madrid y nos quedamos aquí-
-¿Buscaban una cura?- preguntó Jorge.
-Si, pero no creo que su investigación diera sus frutos, esa infección se extendió demasiado rápido y no nos dejó muchas opciones. Aunque creo que es un castigo de dios, Adalberto no lo cree así, pero yo estoy casi convencida de que es un castigo divino por todos los pecados de la humanidad- Herminia miró a Jorge y sonrió. –Vaya, seguramente pensaras que estoy chalada-
-Para nada, yo a veces también lo he pensado así, pero con el paso del tiempo he dejado de buscarle una explicación, porque tenga la que tenga ya es imposible volver atrás. La humanidad se ha quedado muy tocada y dudo que pueda volver a ser lo que era porque la verdad es que ese virus ya…- Jorge estuvo apunto de decirle que realmente tanto ella como Adalberto habían contraído el virus y que este se activaría cuando murieran, por lo tanto siempre que existiera la muerte existiría la reanimación, pero Adalberto entró en la cocina en ese preciso instante.
-¿Puedo robarte a Jorge un momento?- preguntó.
Herminia sonrió y luego miró a Jorge. –Claro, puedo seguir yo sola… si tu no tienes inconveniente-
-Para nada. ¿Dónde vamos?- preguntó Jorge.
-Quiero mostrarte esto un poco más- respondió Adalberto.
Jorge asintió y ambos salieron de la casa, en el exterior vio la camioneta que Adalberto había estado preparando, por un momento sintió cierta desconfianza con el anciano, pero se fue tranquilizando poco a poco. Aunque era evidente que aquel hombre le estaba mintiendo. Ambos se montaron en la camioneta y Adalberto pisó el acelerador y se alejaron en la dirección contraria a Madrid, por lo tanto Jorge sabía que no lo llevaba a la ciudad.
-¿Dónde vamos?- preguntó Jorge mirando a Adalberto.
-Quería hablar contigo de un asunto y también que me ayudaras, dejé una trampa en el monte y si algo a caído en ellas necesitaré ayuda- respondió Adalberto, entonces volvió a mirar a Jorge. –No te preocupes, no es algo que exija esfuerzos-
-¿Y cual es el otro asunto?- preguntó Jorge mientras notaba que se iba poniendo nervioso.
-Te lo contaré cuando lleguemos- respondió Adalberto.

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