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jueves, 18 de abril de 2013

Capitulo 192: Expedicion, part 4



Día 17 de Julio de 2009
Día 399 del Apocalipsis

Jorge se despertó tumbado en la cama en medio de una habitación bañada por la luz del sol que se colaba a través de las ventanas. Estaba tapado hasta la cintura y se dio cuenta de que tenía el torso y parte de la espalda vendados, también se dio cuenta de que las demás heridas estaban curadas, no sabía cuanto tiempo había pasado, ni siquiera que hacía allí, justo en ese momento se abrió la puerta de la habitación y entró una mujer mayor con una bandeja donde había lo que parecía un vaso de zumo de naranja y un par de bollos, su mirada se cruzó con la de la mujer y enseguida esta llamó a alguien por el nombre de Adalberto, justo unos segundos después apareció un hombre mayor, cuyo recuerdo vino enseguida a la mente de Jorge, se trataba del mismo hombre que se había encontrado en el porche de la casa, ahora los recuerdos eran más fluidos. Jorge trató de ponerse en pie, pero una punzada de dolor se lo impidió.
-Herminia baja abajo, yo me quedo con el- dijo el hombre tomando la bandeja que llevaba la mujer, justo después la mujer se marchó y el hombre dejó la bandeja en una mesita de noche que había al lado de la cama. Luego se sentó en una silla junto a la cama donde Jorge le observaba estupefacto. –Veo que ya te has despertado, mi mujer te ha sacado trozos de cristal que permanecían incrustados, te hemos dado antibióticos para la infección, será mejor que de momento te quedes quieto-
-Gracias- respondió Jorge. –Me llamo Jorge-
-Yo soy Adalberto y mi mujer se llama Herminia. Me gustaría hacerte unas preguntas para asegurarme de que no eres mala persona, te lo preguntaría directamente, pero de serlo no creo que me lo dijeras así como así. Antes de nada quiero hacerte una advertencia, estuve en Vietnam y tengo una puntería envidiable-
-Soy buena persona, bueno, al menos eso creo- respondió Jorge con sinceridad. –Lo cierto es que he hecho cosas bastante malas, aunque por motivos realmente importantes, como por ejemplo salvar a mis amigos-
-¿Y donde están tus amigos?- preguntó Adalberto pasándole el vaso de zumo para que bebiera.
-Siguen en Madrid, la verdad es que ya no son amigos propiamente dichos, me odian por haberles traicionado, pero los traicioné para salvarles-
-La traición es un asunto muy feo-
-Toda la razón. Por eso al no tener ya amigos y estar solo decidí largarme lejos donde ellos no me encuentren y por lo menos vivir hasta que pudiera, pero no he llegado muy lejos-
-Así que estas tu solo…- Adalberto hizo una pausa mientras Jorge bebía y luego continuó. –Pareces sincero, no me parece que mientas, lo habría notado al instante-
-No tengo motivos para mentirle- respondió Jorge cogiendo uno de los bollos y dándole un mordisco. Lo saboreó y tragó. –Esta bueno-
-Los hace mi mujer, es una verdadera virtuosa de la hostelería. Yo era veterinario-
-¿Fue usted quien me curó? Gracias, me hice una cura en un restaurante en Madrid, pero…-
-Estaba mal hecha, de haber seguido igual podrías haber muerto, tuviste suerte de aparecer por aquí-
-Bueno, creo que merezco morir- respondió Jorge.
-Nadie merece morir así… dices que vienes de Madrid ¿No? ¿Cómo esta todo por allí?-
-Supongo que se puede hacer una idea. Las cosas allí están calientes, hay muchos infectados y además hay grupos de gente que no son precisamente hermanitas de la caridad. Son auténticos psicópatas- Jorge se fue sentando poco a poco en la cama.
-Hace unos meses aparecieron por aquí un grupo de soldados españoles, querían solo comida, aunque los que les mandaban no me gustaban nada. Hace tiempo que no pasan por aquí- respondió el anciano ayudando a Jorge a ponerse en pie.
Poco a poco se fue levantando y ambos comenzaron a bajar los escalones hasta lo que parecía el salón, donde la mujer estaba cosiendo ropa para en invierno, el cual según ellos se presentaba frio, aunque Jorge se alegraba de que fuera duro, eso congelaría durante meses a los No Muertos. Jorge se sentó a la mesa y Adalberto comenzó a hablar.
-La verdad es que esos seres no suelen acercarse mucho por aquí, estamos demasiado aislados de la ciudad, aunque eso no quita que de vez en cuando pase un rebaño por aquí o aparezca algún rezagado comiéndose a una de mis cabras-
-¿Han visto rebaños?- preguntó Jorge.
-Si, pero no nos encuentran porque permanecemos en silencio, es entonces cuando pasan de largo, es una ventaja en realidad, no me gusta tener que dispararles. Me recuerdan demasiado a lo que fueron en vida-
-Si estuvo en Vietnam  no será la primera vez que mata a alguien-
-Tenía los treinta cuando me mandaron allí, maté a varios jóvenes, aunque ahora es muy diferente a lo de aquellos años, realmente no mato a gente viva, son solo autómatas sin alma- respondió Adalberto. –Pero a  mi mujer no le gusta que mate a otras personas, así que normalmente negociamos, como ocurrió con aquellos soldados-
-Esos soldados no son buenas personas, créame- respondió Jorge.
-Bueno, supongo que tu los conoces más que yo y sabrás muy bien de que pie cojean. Bueno, te seré sincero, aunque me pareces buen chico tengo que decirte que no te acostumbres a estar aquí, en dos o tres días estarás mejor, entonces te pediré que te vayas y olvides este lugar- Adalberto hizo una pausa y miró a su mujer, la cual permanecía atenta a lo que hablaban. –Como entenderás, somos personas mayores y no nos queda mucha vida, queremos mantenernos al margen de todo lo demás. No quiero sonar egoísta, pero todos tenemos un camino que seguir y espero que tú sigas el tuyo sin poner objeciones de ningún tipo. Lo entiendes ¿Verdad?-
Jorge asintió y luego añadió. –Realmente no pretendía quedarme tampoco, iba a marcharme cuanto antes, no quisiera arrastrarles conmigo ni crearles problemas de ningún tipo-
-Me gusta que digas eso, se nota que eres buena gente, otro habría puesto pegas- dijo el anciano con una sonrisa. –Mientras pasa el tiempo quédate aquí, cuando te vayas a ir te prestaré un vehículo y te daremos comida-
-Muchas gracias- respondió Jorge. –Aun así les recomendaría que se pensaran lo de quedarse aquí, las cosas en la ciudad se pondrán muy feas y es posible que eso afecte a esta zona, deberían marcharse también-
-No, yo crecí en esta casa y aquí es donde quiero morir, no me importa lo que pase, moriré feliz y junto a mi mujer, es todo cuanto quiero-
Jorge asintió y decidió que se quedaría allí hasta que pudiera marcharse.
*****
Habíamos estado corriendo toda la noche con los infectados pisándonos los talones, habíamos acabado llegando hasta la urbanización el Pizarral. Una vez allí nos adentramos en el edificio que tomamos la primera vez y tumbamos a Félix en una cama, cuando se despertó nos contó lo que había pasado.
-Sole me golpeó, yo perdí el conocimiento y no se donde puede estar-
-Yo creo que si- respondió Luci. –Sole ha ido a cobrarse la venganza con Roache… esa idiota lo echara todo a perder- Luci me miró. –Coge la bomba, nos vamos cuanto antes. No vaya a ser que esa zorra lo estropee todo-

1 comentario:

  1. Buen capítulo. Además de "guay", que es como lo he valorado, lo he pasado bien porque los nombres de los personajes me son muy cercanos.

    Saludos.

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