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jueves, 18 de abril de 2013

Capitulo 192: Expedicion, part 2



Jorge había logrado hacerse con un vehículo, pero este le había dejado tirado a las afueras de Madrid, casi llegando a la sierra, era como si el destino no quisiese que se marchase de la ciudad, como si aun tuviera algo que hacer. Salió del vehículo, lanzó un juramento y pateó las ruedas de este hasta que no pudo más. Se encontraba en medio de ninguna parte, sin apenas comida y un solo arma limitada en quince balas, eso era lo único con lo que contaba. Seguramente no habría llegado muy lejos tampoco, una horda lo habría atrapado o seguramente algún grupo de desalmados de los que tanto abundaban en esos días, quizás debería seguir a pie y llegar hasta donde pudiera.
Jorge caminó durante horas hasta que llegó a una casa de aspecto rural, era grande y tenía un gran granero, ese lugar estaba muy alejado de la ciudad y no parecía haber infectados por allí. Jorge dio varios pasos para entrar dentro de aquella casa con pintas de granja, no parecía haber nadie, en ese momento una gallina pasó corriendo por su lado, Jorge dio un respingo sin entender como podía haber sobrevivido tanto tiempo ese animal por allí, aunque después de darle varias vueltas pensó que no era tan extraño. Decidió dar una vuelta por alrededor de la casa y vio un corral con gallinas, patos y cabras, todas en perfecto estado, como si las hubiesen estado cuidando todo el tiempo. Jorge dio la vuelta por completo a la casa hasta que volvió a estar ante el porche, allí no parecía haber nadie, en ese momento sintió un mareo y cayó de rodillas mientras se llevaba las manos a la cabeza, no se encontraba bien y sentía como la fiebre le iba subiendo otra vez, aun así se puso en pie y comenzó a subir los escalones del porche, llegó hasta la puerta y agarró el pomo, entonces una voz áspera le sobresaltó.
-¿Has visto algo que te interese joven?-
Jorge miró rápidamente en la dirección que venía la voz y allí vio a un hombre mayor de unos setenta años sentado en una mecedora apuntándole con un rifle de caza.
-Yo solo estaba…- respondió Jorge tambaleándose, pero sin levantar su arma.
-Pareces enfermo- respondió el anciano. -¿Hacia donde te diriges?-
Jorge se tambaleo y se apoyó en la pared, luego se fue dejando caer hasta quedar sentado. –En realidad no lo se, no se si llegaré muy lejos de todos modos, tengo una fiebre del quince jefe- respondió mirando al anciano que no dejaba de apuntarle.
-Puedo ayudarte si prometes no causarme problemas, pareces de fiar, pero solo lo pareces… Así que la pregunta es: ¿Eres de fiar muchacho?-
-Últimamente ni yo mismo lo se- Jorge miró al anciano y sonrió. –Usted hace bien en no fiarse de nadie a la primera de cambio, hay mucho maleante por ahí, como si no tuviéramos bastante con los infectados-
-Por esta zona hace mucho que no vemos ninguno, todos permanecen en la ciudad, aunque a veces si que vemos algún grupo numeroso que avanza hacia algún punto especifico, solemos evitarlos-
-¿Solemos?- preguntó Jorge.
-Mi mujer y yo, no vivo solo muchacho. Ahora responde. ¿Eres de fiar?- volvió a preguntar el anciano.
-Si, si que lo soy- respondió Jorge. –Dudo que sirva de algo, pero antes era militar, antes de que empezara todo este jaleo, supongo que esta al corriente de lo mucho que el mundo se fue a la mierda, quedan muy pocos seres humanos en el mundo, y los pocos que quedan son unos malditos psicópatas, créame, hablo por experiencia-
En ese momento Jorge sintió que la vista se le nublaba y seguidamente perdió la consciencia.
*****
Lujan había montado su refugio en un garaje de la urbanización el Pizarral, allí todo estaba tranquilo y ninguno de los demás grupos estaban por allí, así que no habría problemas de ningún tipo. Aunque tuviera armas de sobra, el estaba solo, si quería ganar,  tenía que atacar de forma discreta. Aunque aun tenía mucho tiempo para prepararse. En el garaje había pesas y una cinta para correr, haría ejercicio y luego atacaría, primero se ocuparía de los soldados españoles, se adentraría en el bunker sin ser visto y los desalojaría de allí a bombazos. Sería una justa venganza por lo que le habían hecho, también se reservaba un privilegio real, el privilegio de matar a Beltrán el mismo y lo haría poco a poco para disfrutarlo.
Después de estar seguro en el garaje decidió echar un vistazo a toda la casa, se trataba de una casa de dos pisos, bastante grande, seguramente había pertenecido a algún ricachón, de lo primero que se percató fue de que se habían llevado todos los objetos de valor, como si eso les fuese a servir de algo. Fue hasta la cocina y allí encontró solo comida podrida, no había nada que le sirviera para nada, solo tenía la poca comida que había en la furgoneta.
Lujan terminó de asegurar la casa y el jardín y luego decidió que era buen momento para irse a dormir, necesitaba descansar y planear bien sus siguientes pasos, estos ya serían definitivos.
*****
La noche había llegado tan deprisa que ni nos dimos cuenta, aun estábamos lejos de la urbanización y era momento de pararnos a descansar, ya habíamos parado varias veces y esa era nuestra ultima parada, al día siguiente llegaríamos a la urbanización, cogeríamos la bomba y nos pondríamos rumbo hacia el parque del retiro donde estaba esperándome Roache.
-Encenderé una hoguera para cocinar un poco- dijo David mientras preparaba trozos de madera y papeles.
Mientras los demás nos buscábamos un sitio donde dormir seguros y tranquilos, nos encontrábamos en la estación de metro de Sol. Mientras bebía agua se me acercó Patricia y yo le cedí mi cantimplora.
-Gracias- respondió ella.
-Siento que las cosas no hayan salido como te dije, ahora podríamos estar disfrutando de un merecido descanso, pero sin embargo, aquí estamos sin saber que pasara mañana y en adelante, siento que de algún modo te he fallado, deberías haberte quedado en Cuatro Vientos en lugar de estar aquí arriesgando la vida-
-Bueno, tu la arriesgaste por mi una vez, supongo que es buen momento para devolverte el favor- respondió Patricia, luego dio un largo trago al agua. –Bueno, si me disculpas, voy a empolvarme la nariz-
-Muy bien, pero estate alerta- le dije.
-Voy a ir a los servicios, no me va eso de agacharme en cualquier sitio- después se dio media vuelta y corrió escaleras arriba.
Cuando Patricia se marchó se me acercó Luci.
-¿Qué rollito te traes con miss Ucrania?-
-Solo somos amigos, digamos que después de pasar por lo que pasamos hay confianza, lo mismo que contigo- le respondí mientras nos sentábamos en el borde del andén mientras observábamos como David y Cesar encendían el fuego con lo que habían traído, habían pensado en todo.
-Escucha, antes de entrar en combate debemos estar fuertes o no sobreviviremos a un enfrentamiento, ellos son más que nosotros, necesitaremos toda la suerte del mundo para salir de una pieza de este lio- dijo Luci.
-Ya lo se, no dejo de pensar en ello, como pienso que vosotros no deberíais haber venido, pero no puedo hacerlo solo. También se suponía que era yo quien debía cuidar de todos vosotros y fíjate como estamos- hice una pausa. –Lo siento mucho-
-Tú no podías hacer nada de todos modos. Estamos todos metidos en esto lo queramos o no-
En ese preciso momento David y Cesar encendieron la hoguera y seguidamente comenzaron a calentar unas albóndigas que habían cogido antes de partir.

Patricia entró en los servicios de la parada de metro, estos estaban sucios, pero no tanto como los túneles, en esos servicios uno podía sentarse a orinar tranquilamente. Nada más entrar en ellos encendió la linterna y comenzó a alumbrar en varias direcciones cuando sintió el olor a descomposición que flotaba en el ambiente, era evidente que allí había un cadáver, aunque tampoco notaba ni movimiento ni ningún sonido, pensó en darse media vuelta y volver con los demás, aunque la vieran mear, ese era el menor de los problemas, por lo menos allí abajo estaría con los demás y no sola como estaba en aquellos oscuros servicios de la parada de metro. Patricia siguió alumbrando sin ver nada que resultara peligroso, recorrió las diferentes puertas que daban al inodoro y allí no había nada, siempre las abría con cautela. Harta de buscar más se metió en un compartimento, cerró la puerta, se bajó los pantalones y comenzó a orinar tan deprisa como podía mientras se pasaba una de sus manos por su sudorosa frente. En ese mismo momento escuchó como si una puerta se abriese, después escuchó como un arrastrar de pies acompañados de un gruñido leve, no estaba sola, allí había alguien más, o mejor dicho, algo más, no entendía de donde había salido ni porque no lo había visto antes, solo sabía que aquel ser estaba allí en esos momentos y la estaba buscando, pensó en salir de repente y dispararle, pero sabía que eso podría atraer a más hacia el interior de la estación.

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