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jueves, 11 de abril de 2013

Capitulo 191: Desesperacion, part 3



Vicky y Eva estaban cenando cuando comenzaron a escuchar las explosiones y los disparos, vio como los hombres de Roache las escoltaban rápidamente a un lugar seguro y vigilado mientras los otros soldados se encargaban de asegurar la zona y comprobar que no era a ellos a quienes atacaban. Una vez estuvieron encerradas, Eva se encaramó sobre unas mesas apiladas para ver si desde la ventana de la habitación podía ver algo, pero solo veía un resplandor naranja, probablemente se trataba de fuego.
-¿Es papa?- preguntó Vicky en ese momento.
-No lo creo.- respondió Eva. –Viene de otro lugar, no, no es tu padre, puedes estar tranquila- Aun así Eva sabía que aunque no se tratara de sus compañeros, eso implicaba que los otros dos grupos estaban enfrentándose o alguno de esos grupos estaba siendo asediado por los infectados.
Eva bajó de un salto de las mesas y se acercó a Vicky, luego le puso las manos en los brazos. –No se que pasa, pero seguro que tu padre esta bien, pronto vendrá a buscarnos. Nosotras debemos ser valientes y aguantar, estos hombres son malvados, pero no nos harán nada por temor a que tu padre haga una locura-
-Pero si papa viene solo le matarán- respondió Vicky.
-No te preocupes, no lo harán porque tu padre no vendrá aquí sin un plan, podemos estar tranquilas, se que lo vamos a conseguir, pero necesito que no tengas miedo y estés tranquila-
Vicky asintió y se abrazó a Eva, ella le devolvió el abrazo a la pequeña y deseó con todas sus fuerzas no haberse equivocado con lo que acababa de decir.

-Coronel, esas explosiones vienen de la zona donde están ubicadas las torres Kio, no sabemos de quienes se trata- dijo uno de los soldados dirigiéndose a Roache.
-Muy probablemente sean los soldados españoles y ese grupo de piojosos, esos malditos asalta caminos- dijo otro soldado observando el resplandor naranja en la noche.
-Muy bien, quiero que un equipo se desplace hasta allí y verifique lo que esta pasando, quiero un informe mañana a primera hora- dijo Roache, se le notaba ligeramente inquieto por lo que estaban presenciando, temía que sus rivales se volvieran más fuertes antes de que el pudiera hacerse con la bomba. La bomba le daría un status de poder mucho más grande que el de los otros, aquello se estaba convirtiendo en una maldita campaña de guerra.
Minutos más tarde un grupo de seis hombres se ponía en marcha hasta el lugar indicado con la misión de dar con el origen de aquello y luego informar sobre el lugar y los implicados.
*****
Jorge estaba en un estado febril, la fiebre le había subido hacía nada a consecuencia de los cortes y no sabía si las explosiones que estaba escuchando formaban parte de la realidad o de el mundo loco y febril en el que se encontraba inmerso, un mundo donde hasta las mismas cucarachas que paseaban por allí parecían saludarle. En multitud de ocasiones alzó la pistola apuntando a una presencia invisible que a el se le antojaba un infectado que amenazaba su vida, en algunos momentos sentía ganas de gritar, en otros de pegarse un tiro y acabar con todos sus problemas de un plumazo, o más bien de una bala, pero cuando se metía la pistola en la boca queriendo disparar acababa soltando unas lagrimas y dejando caer la pistola a un lado.
-¿Cómo he llegado a esto? – se preguntaba Jorge una y otra vez mientras recordaba uno por uno los días que había vivido desde que el Apocalipsis empezó y los muertos habían comenzado a caminar de nuevo, había habido momentos felices durante ese tiempo, pero la gran mayoría eran momentos terribles y que quería olvidar, pero estos siempre volvían con frecuencia y con la contundencia de un fuerte puñetazo, dejando los buenos recuerdos por los suelos. Las visiones también lo asaltaban continuamente, en ocasiones se veía como en una especie de teatro, sentado en una silla desnudo, delante de el, todos sus compañeros sentados en las butacas, observándolo y murmurando, luego, uno a uno se iban levantando y acercándose para clavarle un cuchillo en el estomago, entre ellos estaban también los que habían muerto, como Paco, este en especial retorcía el puñal en su estomago mientras sonreía complacido. Otra de las alucinaciones consistía en las ruinas del parque de bomberos de Valencia, lo que quedaba de ella, allí estaba Roache sentado en la orilla de la playa comiéndose un helado, Jorge se acercaba a el y entonces Roache le ofrecia un poco, Jorge victima de un deseo irrefrenable de comer, comenzaba a dar mordiscos al helado, el cual al final acababa convirtiendo en un pedazo de carne putrefacta con gusanos blancos que se deslizaban por su garganta y lengua, Jorge quería parar mientras sentía arcadas, pero entonces comenzaba a comer con más frenesí, se miraba las manos y las veía del mismo color que las de los muertos, luego alzaba la vista y se encontraba con el negro cañón de una pistola apuntando a su frente, el que le apuntaba cambiaba continuamente, pero esa visión acababa siempre igual… oscuridad tras el sonido del disparo.

Día 16 de Julio de 2009
Día 398 del Apocalipsis.

Jorge se despertó con la luz del sol, seguía teniendo fiebre, aunque comparada con la de la noche, esta había bajado y el podía pensar con claridad. Se notó empapado en sudor y sucio por el polvo acumulado sobre el, en ese momento vio una cucaracha corretear sobre sus piernas, el la apartó de un manotazo. Miró a su alrededor y vio la pistola a unos dos metros de el, no recordaba muy bien como había llegado hasta ahí, pero en sus vagos recuerdos creía que la habría lanzado durante las paranoias. Jorge se arrastró para cogerla y comprobó que todo siguiera en su sitio, luego se puso en pie poco a poco y se lavó la cara con el agua del lavamanos, se miró al espejo y se vio que estaba totalmente pálido.
-Maldita sea, estoy peor de lo que pensaba-
Jorge dejó de mirarse en el espejo y comenzó a preparar el equipaje, asaltó una tienda de ropa y llenó una bolsa de varias prendas. Jorge pretendía abandonar la ciudad y llegar hasta donde pudiera, estaba solo al fin y al cabo y seguramente moriría solo en algún lugar del camino, volvió a salir a la calle y vio una columna de humo elevarse sobre los edificios, quizás los disparos y las explosiones no habían sido una alucinación.
-¿Qué cojones habrá pasado?- se preguntó.
Jorge se miró el reloj y vio que eran las ocho de la mañana justas, no hacía mucho que había amanecido, aunque a el la noche se le había hecho casi eterna, al menos hasta donde recordaba. Comenzó a caminar mientras decidía que dirección tomar, podía volver a Valencia o simplemente ir hacia Asturias, un lugar que siempre había querido visitar, ahora quizás, si duraba lo sufrientemente vivo, podría conseguir su sueño, aunque a cada paso que daba se sentía más cansado, aunque lo que más le sorprendía era no ver a ningún infectado por esas calles en esos momentos, ni siquiera uno solitario. ¿Dónde estaban?
Jorge siguió caminando siguiendo la columna de humo, conforme iba acercándose al lugar iba notando el olor a quemado, el olor a polvo y el hedor de la muerte, acompañado de los gemidos de los caminantes. Cuando ya estaba cerca vio las primeras siluetas en la lejanía y decidió pararse detrás de un coche, el miró al interior y vio que el vehículo aun conservaba las llaves, quizás le sirviera para algo, desde luego le vendría mejor que ir a pie, y además sería más seguro, sobre la comida, ya cazaría algo. Se iba.

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