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jueves, 25 de abril de 2013

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 4



Adalberto había conducido hasta que llegó al final del camino, allí detuvo la camioneta. Se encontraban en medio del monte rodeados de arboles, durante el trayecto, ni el ni Jorge habían cruzado una palabra, lo que hacía que Jorge estuviera con la mosca detrás de la oreja, aquel hombre tramaba algo, no habían ido solamente a comprobar las trampas que el anciano le había comentado, allí había algo más.
Jorge y el anciano se bajaron de la camioneta y mientras Jorge se quedaba junto a la puerta del copiloto observando el bosque, Adalberto sacaba dos rifles de caza de la parte trasera de la camioneta y seguidamente le entregaba uno a Jorge.
-Esto es solo por seguridad o por rematar a la presa- dijo Adalberto.
Ambos salieron del camino y se adentraron campo a través, Jorge seguía a Adalberto, aunque no podía evitar hacerlo con cautela, tanto secretismo le hacía pensar en posibles traiciones por parte de aquel anciano que le parecía tan afable, aunque en esos mismos momentos se podía decir que temía que el anciano lo matara allí en el medio del bosque, aunque no entendía el por que podría hacer eso, entonces Jorge decidió que debía romper el silencio.
-¿Qué tipo de trampa es?-
-No se el nombre exacto, pero es una de esas de las que te quedas colgado de los pies boca abajo, como una soga… están por aquí cerca- respondió Adalberto sin girarse.
-¿No hay caminantes por aquí? No me gustaría que nos sorprendieran- siguió preguntando Jorge.
-De vez en cuando hay alguno, por eso te pasé el rifle. Seguro que sabrás utilizarlo con cabeza- respondió Adalberto todavía sin darse la vuelta. Eso hacia que Jorge se pusiera nervioso.
-¿De que querías hablarme?- preguntó entonces Jorge.
Eso hizo que Adalberto se parara de golpe y se girara para mirar a Jorge, el cual casi se puso en guardia cuando Adalberto clavó su mirada en el. –Seré claro joven, no quiero que le digas la verdad a mi mujer, la verdad sobre el virus… tú ya me entiendes-
-¿Cuánto hace que lo sabes?- preguntó Jorge.
-Un par de semanas aproximadamente, cuando vi que uno de esos seres no tenía mordiscos, saqué mis propias hipótesis y di con que de alguna manera no hacía falta que te mordieran para convertirte en uno de ellos, bastaba con morir-
-Eso es información muy importante como para ocultársela a tu mujer, tiene derecho a saberlo, imagínate que uno de los dos muere mientras dormís, os ponéis en peligro mutuamente-
-Si mi mujer se entera de eso se volvería loca, perdería la fe, creería que ella entra también dentro del castigo de dios, eso la destrozaría-
-¿Prefieres que por algún casual mueras y te reanimes con ella dormida a tu lado? Entonces serás tu quien la destroce a ella. Pienso que no deberías ocultárselo- respondió Jorge. –Si no quieres no diré nada, pero hazlo tu, sincérate con ella y dile la verdad, esto no es para callárselo-
-Tú también podrías haber muerto, pero sin embargo te salvamos, si hubieses muerto ahora serias como ellos- dijo Adalberto.
-No exactamente- respondió Jorge. Entonces se señaló una de las heridas por mordisco.
-¿Eso son mordiscos? Al principio lo pensé, pero pareces tan sano que lo descarté enseguida, se que el mordisco acelera la muerte y la reanimación-
-Yo estuve infectado, casi me convertí en uno de ellos, pero existe una cura que elimina el virus del organismo, aunque esto no nos hace inmunes porque no es perfecta, aunque es un avance importante- dijo Jorge con una sonrisa. –Escúchame Adalberto, en Madrid están los que eran mis amigos, ellos planean marcharse despegando desde cuatro vientos en dirección a un barco que debe estar esperándoles cerca de las costas de Portugal. Ellos llevan la última de esas vacunas, su plan es llevarlo a la civilización y conseguir una mejora de la vacuna. Puedo llevaros con ellos y así tendréis una oportunidad-
Entonces Adalberto negó con la cabeza. –No, nosotros somos muy viejos como para marcharnos de aquí, lo que tenga que ser, será-
-Pero podrían empezar una nueva vida, si lo hace por los recuerdos de la casa puede llevárselo todo detrás, seguro que allí donde vayan no tendrán inconveniente de dejarle tenerlo-
-Hay recuerdos que no puedo llevar conmigo, como ya te he dicho mi mujer y yo moriremos aquí, lo decidimos hace tiempo, este lugar es lo único que nos da la felicidad, solo seremos felices aquí, puede que si esto termina algún día ya no estemos aquí, pero no abandonaremos nuestra casa-
-Creo que se esta equivocando- respondió Jorge mirando a Adalberto que se dio la vuelta y siguió caminando. Jorge no tuvo más remedio que seguirle, aunque no cesó en su empeño de querer hacerle ver las cosas del mismo modo que el, para Jorge, lo mejor era que aquellos dos ancianos que le habían salvado la vida tuvieran una oportunidad en un lugar mejor y no tan aislado, un lugar donde pudieran cuidar de ellos cuando ellos no pudiesen valerse por si mismos.
Después de un rato caminando se encontraron en el lugar indicado por Adalberto, donde vieron que la trampa puesta por el anciano había saltado atrapando a un jabalí. El animal al verlos comenzó a moverse presa del miedo, de haber podido se habría largado a toda velocidad.
-Tenemos aquí a una buena pieza- dijo el anciano alzando el rifle dispuesto a disparar.
-Eso podría atraer caminantes- respondió Jorge.
-No estaremos aquí para cuando lleguen- dijo Adalberto, justamente después disparó varias veces al animal hasta que comprobó que estaba bien muerto.
Cuando bajaron al jabalí de la trampa entre los dos lo llevaron de vuelta a la camioneta, justo después se montaron de nuevo en el vehículo y Adalberto puso rumbo a otra trampa, parecía ser que iban a tener suerte ese día, aun así Jorge trató de hacerle entrar en razón.
-No dudo que aquí sean felices, pero en la ciudad hay demasiados maleantes y demasiados infectados, su casa es grande, pero ante una invasión de cualquiera de los grupos, tanto de No Muertos o de humanos, no resistirían ni una hora-
-Nos ha ido bien hasta ahora, ellos prometieron no hacernos nada, no habíamos vuelto a ver a otro ser humano hasta que tu apareciste en el porche de mi casa-
-Con los humanos aun se puede razonar y hacer tratos, con los infectados solo se puede servir de alimento si pretendes dialogar con ellos, yo solo les estoy dando la opción de encontrar una nueva vida junto a otras buenas personas, quedarse aquí no es una opción-
-Escucha Jorge, tanto a mi mujer como a mi nos caes bien, eres buena gente, lo has demostrado, por eso te voy a pedir que aceptes mis decisiones, puedo ser viejo pero aun no estoy senil. Mi mujer y yo nos quedaremos en esta casa hasta el fin de nuestros días, venga lo que venga, te pido que me respetes eso-
-Muy bien, supongo que no podré hacerle entrar en razón- respondió Jorge dando un suspiro.
-Escucha, se que te dije que cuando te recuperaras te marcharas, pero antes de eso hablé con mi mujer, ella echa mucho de menos a nuestro hijo y al tenerte en casa fue como tenerlo a el otra vez allí-
-No lo entiendo- respondió Jorge.
-Sencillamente la misma noche que te curamos, ella planteó la posibilidad de que te quedaras con nosotros para siempre-

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 3



El estado de Abel había empeorado durante la noche después de que la morfina se acabase, era tanto el deterioro que habían tenido que trasladarlo hasta una de las tiendas del aeródromo donde lo habían tumbado encima de un montón de mantas, mientras Vanesa trabajaba en tener lista la avioneta y Alicia se ocupaba enteramente del bebé, era Sandra acompañada de Yako quien se encargaba de vigilar al moribundo Abel. Cada vez que Sandra le cambiaba las vendas de los brazos podía comprobar el mal estado de esas heridas y del olor que desprendían, la infección había avanzado de forma vertiginosa y había mermado al grandullón, hasta el punto de que parecía una sombra de lo que había sido anteriormente.
En ocasiones Abel deliraba y gritaba en sueños el nombre de su hermano muerto tiempo atrás, eso hacía que Sandra se sobresaltara y seguidamente corriera a tranquilizarle, lo lograba a duras penas, en otras ocasiones Abel parecía recuperar la lucidez lo bastante como para pedirle a Sandra que acabara con su sufrimiento, el sabía muy bien que no iba a salir de esa con vida, se lo notaba, no habría forma de salvarlo.
Sandra había logrado disuadirlo hasta que de repente se quedaba dormido y permanecía tranquilo hasta que comenzaban las pesadillas producto de los delirios, Sandra no podía evitar sentirse en deuda con el y muchas veces para tranquilizarlo leía en voz alta unas paginas de un libro que había encontrado en uno de los cajones de la tienda, era un libro de Isaac Asimov titulado “Fundación”, libro que en momentos de lucidez le había confesado que era el favorito de su madre, Sandra había decidido que si Abel moría, lo haría escuchándola a ella leer.
Mientras Abel dormía tranquilo en esos momentos, Sandra se acercó al lugar donde había dejado el libro y lo cogió, luego se sentó en la silla que había al lado de la cama improvisada de Abel y comenzó a leer a partir de la pagina donde se había quedado la ultima vez, nada más comenzó a leer el rostro de Abel se relajó, algo que hizo que Sandra continuara leyendo de forma animada mientras de vez en cuando observaba a Yako por el rabillo del ojo, el cual se mantenía tumbado delante de la puerta donde de vez en cuando levantaba la cabeza y se quedaba observando como Vanesa trabajaba.
El calor se estaba haciendo sofocante cuando Sandra se levantó de la silla para beber agua y humedecer un trapo para ponérselo en la frente a Abel. Cuando volvió junto a Abel con el trapo, cuando lo puso sobre su frente notó algo extraño, enseguida notó que su pecho no se movía nada, estaba indudablemente muerto, eso hizo que Sandra se pusiera totalmente tensa porque ya sabía lo que tenía que hacer en ese mismo momento, sacó su arma y la puso en la frente de Abel, no sabía cuanto haría que había muerto, pero no quedaba mucho para que volviera.
-Venga… tienes que hacerlo- se decía a si misma. –No puedes dejar que vuelva como uno de esos seres-
De repenté sintió como su corazón se desbocaba y su pulso comenzaba a temblar, le temblaba tanto que el arma se le cayó de las manos, cuando se agachó a recogerla sintió un fuerte golpe y cayó hacia atrás, cuando intento levantarse se vio apresado por un gran peso. Abel había regresado y se le había echado encima pese a faltarle una pierna, en esos momentos estaba acercando su boca peligrosamente a su cuello, Sandra estaba luchando por su vida tratando de alejarlo, pero Abel era demasiado fuerte, no lo iba a conseguir, Abel iba a matarla, Sandra gritó, pataleó y le suplicó que parara, pero Abel ya no era Abel, era un animal salvaje que solo quería arrancarle la carne a mordiscos.
Mientras trataba de alejarlo con las pocas fuerzas que le quedaban con una sola mano, con la otra trataba de alcanzar la pistola que estaba casi al lado de sus pies, pero eso la dejaría muy desprotegida.
-¡¡¡¡¡Socorro!!!!!- gritó con todas sus fuerzas, pero nadie acudía en su ayuda. Nadie salvo Yako que apareció de repente lanzándose sobre Abel y comenzando a morderle en la nuca para proteger a su dueña.
Yako mordía con fuerza desgarrando la piel y la carne del cuello de Abel que no parecía darse cuenta de que le estaban arrancando la cabeza a mordiscos. Abel seguía tratando de morder a Sandra, la cual luchaba por su vida casi ahogándose en sus lágrimas.
*****
Alicia con el bebé en brazos se acercó a Vanesa que seguía trabajando en el motor de la avioneta, ya casi lo tenía, en cualquier momento acabaría y estaría lista para hacerla despegar, eso era algo que sobretodo deseaba por Alicia y por el bebé, si alguien tenía que salir rápidamente de esa pesadilla eran ellos dos, si alguien debía llegar a la civilización y vivir tranquilo era ese niño que jamás conocería a sus verdaderos padres, sería Alicia quien le hablaría de ellos y le contaría como era el mundo que había antes de que todo se fuera al infierno, se imaginaba que el niño se lo tomaría como una broma, algo difícil de creer, pero al final acabaría creyendo lo que le contaban porque aunque la humanidad estaba al borde de la extinción aun quedaban huellas del paso de ellos por el mundo. Cuando Vanesa tuvo al lado a Alicia le dedicó una sonrisa.
-Esto ya esta, mañana como muy tarde podríamos estar en el aire-
-Esperemos que sea con todos nosotros a bordo- respondió Alicia. –Oye, ¿Crees que lo conseguirán?-
Vanesa paró de trabajar y miró a Alicia con una mueca de incertidumbre, aunque al final sonrió. –Si, tengo la total certeza de que lo lograran, estoy segura de que mañana estaremos volando hacia la salvación. ¿Es que tu no lo crees?-
-No es eso… pero tengo un presentimiento… uno de tantos… y tengo la sensación de que algo no va bien con ellos y…-
De repente escucharon un grito acompañado de unos ladridos, ambas se giraron en la dirección en que venía todo el follón.
-¿Qué pasa?- preguntó Alicia.
Vanesa sacó su pistola y miró a Alicia. –Metete en la avioneta y quédate ahí hasta que regrese- seguidamente comenzó a correr hacia la tienda donde estaba Sandra cuidando de Abel.
Vanesa llegó a toda velocidad a la puerta y la abrió de una patada, entró en el interior de un salto y se encontró con toda la escena, Abel, Yako y Sandra estaban forcejeando sobre un charco de sangre que manaba de la boca de Yako y del cuello de Abel, cuya cabeza casi que estaba colgando del resto de cuerpo. Vanesa sin pensárselo corrió y apartó a Yako de un empujón, rápidamente con ambas manos cogió la cabeza de Abel y tiró de ella, haciendo que la cabeza quedara totalmente separada del cuerpo, rápidamente lanzó la cabeza por los aires y ayudó a Sandra a levantarse.
-¿Te ha mordido?- preguntó Vanesa.
-No, no, no me ha mordido- respondió Sandra entre sollozos. Enseguida llamó a Yako para acariciarlo, tanto el perro como ella estaban cubiertos de sangre.
Mientras Sandra se tranquilizaba abrazando a Yako, Vanesa se acercó a la cabeza de Abel, que seguía gruñendo y gimiendo en un rincón de la tienda, sin pensárselo dos veces abrió fuego y la cabeza de Abel estalló tras recibir el impacto de bala.
Vanesa se dio la vuelta y miró a Sandra, iba a preguntarle que había pasado, pero pensó que no era necesario, ya que era muy evidente, ahora solo quedaba incinerar el cuerpo de Abel. Vanesa se sintió mal por Abel, para ella era un gran amigo al que durante las misiones había visto como a un hermano, aunque nunca se lo había dicho, ahora nunca lo sabría, el destino se había cobrado una nueva vida, la de Abel.

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 2



Sole no se sentía bien con lo que acababa de hacer, no solo había acabado desobedeciendo ordenes por llevar a cabo una venganza personal que hacía tiempo que rondaba por su cabeza, también había golpeado a Félix, el hombre que tanto la quería y que tanto confiaba en ella. Sole se había parado a descansar en el interior de una casa, quería parar y repasar su plan, mientras estaba allí los demás no la encontrarían, se imaginaba que después de lo ocurrido la estarían buscando como locos, pensaba en Félix y esperaba no haberle provocado grandes daños, de vez en cuando miraba por la ventana y veía pasear a infectados solitarios deambulando por allí distraídos con algún roedor o gato callejero.
Sole preparó un rifle de francotirador que se había llevado del campamento formado en los túneles de metro, le puso un silenciador y se asomó a la ventana, apuntó al No Muerto y lo observó a través de la mirilla, observo sus facciones y vio que se trataba de un chico joven, este vestía de etiqueta, aunque tenía la ropa manchada de sangre, enseguida se dio cuenta de que era un traje de novio, lo que enseguida le trajo recuerdos de su boda, de como todo se truncó por culpa de la aparición de los No Muertos, si nada de eso hubiese pasado, en esos momentos sería una mujer felizmente casada y quizás tendría algún hijo, seguidamente se tocó la barriga y pensó en Félix, quizás se lo debería haber contado ya, pero no lo hizo, sabía que si se lo decía a alguien no la dejarían hacer nada, al fin y al cabo no hacía mucho que lo sabía, realmente había estado apunto de decirlo, pero entonces Roache volvió a cruzarse en su camino.
Sin pensárselo más apretó el gatillo y disparó, el infectado fue abatido al instante, le había acertado de lleno en la cabeza. Después de probar su habilidad con el arma de fuego y comprobar el retroceso del arma decidió que ya estaba preparada para acabar con Roache, lo haría desde la distancia, le gustaría hacerlo con sus propias manos como hizo con Lazarevick, pero acercarse a el mientras era escoltado por todos sus hombres era arriesgado, demasiado, no podría dar ni dos pasos antes de que la mataran, y ella no deseaba morir, quería quitarse esa espina, regresar junto a Félix y criar juntos a su hijo o hija.
*****
Jorge observaba a Adalberto desde la ventana del salón, era increíble la tranquilidad que había en aquel lugar, sin el olor a muerte ni los sonidos de los infectados, allí lo que reinaba era el olor del campo y el alegre cantar de los pájaros, los cuales parecían ajenos al desastre que se había desatado en todo el mundo, no podía evitar envidiarles. El anciano estaba trabajando en el campo y aunque el había querido ayudarle como pago por permitirle quedarse hasta que se recuperara, aquel hombre se había negado.
En ese momento apareció Herminia por el salón cargando con un cubo lleno de huevos de gallina, cuando vio a Jorge le sonrió.
-¿Cómo te encuentras?-
-Mucho mejor, gracias, aunque me gustaría poder hacer algo para pagarles por permitir que me quede- dijo Jorge. –Es un lugar bonito y tranquilo-
-Bueno, voy a hacer la comida, si quieres puedes ayudarme con ello- dijo Herminia dejando el cubo de los huevos en la mesa.
-Me gustaría, la verdad, cuando era militar me encantaba estar en cocina- respondió Jorge poniéndose de pie para acercarse a Herminia. Realmente se sentía mejor desde que lo habían curado, ayudar a Herminia en la cocina no era gran cosa, pero era un comienzo.
Ambos fueron a la cocina y Jorge se fijó en las fotos que estaban pegadas a la nevera mediante imanes, allí se veía a Herminia y a Adalberto junto a un chico y a una chica jóvenes, los cuatro estaban sonrientes y parecían felices, esas fotos eran una muestra de los tiempos felices que habían vivido y que seguramente ya no volverían, entonces Herminia se percató de que Jorge estaba mirando las fotos.
-Son mi hijo y su novia. El se llama Tomás y ella Karen-
Jorge se imaginaba que si no estaban allí ya no estarían vivos, no quiso preguntar, pero aun así, Herminia comenzó a hablar de ellos.
-Mi hijo era un gran chico, bueno, es un gran chico, no me gusta hablar de el en pasado porque aunque ya no esté entre nosotros, para mi sigue en nuestros corazones al igual que ella-
El hecho de que Herminia hablara así daba por hecho de que era lo que Jorge había pensado, estaban muertos, aunque realmente era muy difícil que siguieran vivos a esas alturas.
-¿A que se dedicaban?- preguntó Jorge mientras sacaba un par de huevos del cubo y los rompía sobre una sartén tal cual le había indicado Herminia.
-Ambos trabajaban en el CDC de Atlanta, perdimos la comunicación con ellos cuando todo comenzó a suceder, luego nos enteramos que el CDC había caído y perdimos toda esperanza de que siguieran con vida, justo después mi marido y yo huimos de Madrid y nos quedamos aquí-
-¿Buscaban una cura?- preguntó Jorge.
-Si, pero no creo que su investigación diera sus frutos, esa infección se extendió demasiado rápido y no nos dejó muchas opciones. Aunque creo que es un castigo de dios, Adalberto no lo cree así, pero yo estoy casi convencida de que es un castigo divino por todos los pecados de la humanidad- Herminia miró a Jorge y sonrió. –Vaya, seguramente pensaras que estoy chalada-
-Para nada, yo a veces también lo he pensado así, pero con el paso del tiempo he dejado de buscarle una explicación, porque tenga la que tenga ya es imposible volver atrás. La humanidad se ha quedado muy tocada y dudo que pueda volver a ser lo que era porque la verdad es que ese virus ya…- Jorge estuvo apunto de decirle que realmente tanto ella como Adalberto habían contraído el virus y que este se activaría cuando murieran, por lo tanto siempre que existiera la muerte existiría la reanimación, pero Adalberto entró en la cocina en ese preciso instante.
-¿Puedo robarte a Jorge un momento?- preguntó.
Herminia sonrió y luego miró a Jorge. –Claro, puedo seguir yo sola… si tu no tienes inconveniente-
-Para nada. ¿Dónde vamos?- preguntó Jorge.
-Quiero mostrarte esto un poco más- respondió Adalberto.
Jorge asintió y ambos salieron de la casa, en el exterior vio la camioneta que Adalberto había estado preparando, por un momento sintió cierta desconfianza con el anciano, pero se fue tranquilizando poco a poco. Aunque era evidente que aquel hombre le estaba mintiendo. Ambos se montaron en la camioneta y Adalberto pisó el acelerador y se alejaron en la dirección contraria a Madrid, por lo tanto Jorge sabía que no lo llevaba a la ciudad.
-¿Dónde vamos?- preguntó Jorge mirando a Adalberto.
-Quería hablar contigo de un asunto y también que me ayudaras, dejé una trampa en el monte y si algo a caído en ellas necesitaré ayuda- respondió Adalberto, entonces volvió a mirar a Jorge. –No te preocupes, no es algo que exija esfuerzos-
-¿Y cual es el otro asunto?- preguntó Jorge mientras notaba que se iba poniendo nervioso.
-Te lo contaré cuando lleguemos- respondió Adalberto.

Capitulo 193: Punto de ruptura, part 1



No sabíamos la ventaja que Sole nos llevaba, pero no era mucha, mientras yo iba a recoger la bomba, Luci se preparaba para salir detrás cuanto antes. No podíamos permitir que ella llegase antes que nosotros, eso podía estropearlo todo.
Sole estaba tan obsesionada con la venganza que aprovechando nuestra ausencia había golpeado a Félix por la espalda, había cogido armamento y munición y se había marchado, no sabíamos que dirección había tomado, si había seguido los túneles o si había decidido salir al exterior, lo único que teníamos claro era su destino, se dirigía al parque del retiro donde pretendía matar a Roache. Si ella llegaba antes podían pasar varias cosas, que muriese o que estropeara todo el plan.
Volví al apartamento cargado con la bomba a la espalda, nada más llegar me encontré con Luci.
-¿Esta todo listo?-
-Si- en ese momento miré a los demás. –Luci y yo nos adelantamos para ver si logramos interceptarla. Vosotros será mejor que descanséis y durmáis. No iniciaremos el plan hasta que no nos encontremos con vosotros-
-Vamos, estoy deseando ponerle las manos encima a esa capulla- dijo Luci.
-No le hagas nada- pidió Félix. –Ella no tiene la culpa-
-Te golpea y aun así sigues queriendo protegerla… eres todo un caballero, a la próxima sigue mi consejo y búscate una chica que no tenga vendettas personales con nadie. Te irá mejor chaval-
-De todos modos la culpa la tengo yo. No tuve que haberle permitido venir. Si le pasa algo yo seré el responsable- dije mirándoles a todos.
-¿Eso también cuenta cuando le rompa la cara?- preguntó Luci. –Bueno, salgamos de aquí cagando leches-
Luci y yo salimos del apartamento y bajamos rápidamente las escaleras, pronto salimos al exterior y comenzamos a correr por las calles de la urbanización.
Sole no era tonta y seguramente se había parado a descansar o a esconderse, suponía que no atacaría a Roache abiertamente, ella quería vengarse y no morir, pero si se vengaba antes de que llegáramos, todo el plan se iría al traste. Luci y yo estábamos tan cegados en conseguir alcanzarla que no nos percatamos de que alguien nos había descubierto y que en esos momentos nos observaba.

Lujan estaba en la cocina de una de las casas bebiendo agua cuando vio pasar a dos personas por la calle, se quedó sorprendido cuando vio de quienes se trataba. No pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio también lo que llevaban, no podía tratarse de otra cosa que no fuera la bomba nuclear que tantos codiciaban. Ahora estaba allí, pasando ante sus ojos. Rápidamente corrió hacia el garaje para prepararse y seguirles, salió de la casa y los vio alejarse doblando una esquina. Les iba a seguir hasta donde el pensara que ya había suficiente y luego les quitaría la bomba después de matarles, seguidamente se iría al bunker de Beltrán para desalojarles de allí con una razón de peso, les lanzaría la bomba y luego que fuera lo que dios quisiera, probablemente moriría, pero ya no le importaba, porque se llevaría a todos los demás por delante de un plumazo.
Lujan aceleró el paso, siempre manteniendo las distancias, lo cierto era que podía disparar desde donde estaba y matarlos a los dos, aunque había probabilidades de fallar y entonces todo ser iría al infierno. Mejor los seguía para ver donde se dirigían, no quería hacer las cosas a lo loco. Aunque realmente tenía ganas de apretar el gatillo y cargárselos a los dos, pero se iba a aguantar las ganas.
*****
Félix se levantó de la cama sin que nadie le dijera nada, entonces Cesar lo agarró para que volviera a tumbarse, acababan de coserle la herida de la cabeza y algún movimiento brusco podría hacer que se abriera la herida.
-¿Qué haces? Quédate quieto- dijo Cesar.
-Déjame, tengo que encontrar a Sole- respondió Félix apartando a un lado a Cesar. Justo cuando iba a salir por la puerta se encontró con David. –Déjame pasar-
-Escucha, si quieres ir a buscar a Sole no te lo puedo impedir, pero recupérate un poco antes, no es buena idea pasear por ahí con esa herida, si se te infecta acabaras peor-
-Me importa una mierda, solo quiero encontrar a Sole y llevármela conmigo, quiero que se olvide de esa venganza que quiere tomarse, no logrará nada salvo amargarse la vida- respondió Félix intentando apartar a David, aunque este no cedía.
-Ya han ido Juanma y Luci, nosotros iremos después. ¿No puedes esperar?-
Félix apartó a David de un empujón y seguidamente comenzó a correr por el pasillo del edificio. Salió al exterior y la luz del sol lo desoriento y cegó, tanto que casi se cayó al suelo, comenzó a avanzar por el patio y no tardó en notar como lo agarraban, se giró y se encontró con Cesar.
-No te dejaré ir, quédate aquí. Entiendo lo que sientes, pero así solo lograras matarte. Estas desesperado y herido, no hay nada peor que esa mezcla- le dijo Cesar mientras David también salía del edificio con el arma en alto. Algo que Félix se quedó mirando.
-¿Vas a dispararme?- preguntó Félix.
-Si, si es necesario, ya tenemos bastantes problemas como para que tú lo compliques más. Te aviso que no dudaré en dispararte en un pie-
-Si vas a dispararme, mejor mátame- dijo Félix mirando a David. –De lo contrario déjame marcharme a buscar a mi novia. No dejaré que muera, yo por lo menos cuido de ella como le prometí-
Esa ultima frase sentó tan mal a David que no pudo evitar golpear a Félix con la mano desarmada, cuando Félix cayó al suelo, Cesar se arrodilló junto a el para levantarlo y comprobar que la herida no se le había abierto, luego miró a David.
-Lo has dejado K.O-
-Llevémoslo al interior, esta vez lo atamos a la cama- dijo David cogiendo a Félix por las piernas.
Una vez dentro del apartamento tumbaron a Félix en la cama y le ataron muñecas y tobillos para que no se moviera mientras Cesar volvía a coserle la herida que se le había abierto tras caer al suelo.
-No lo dijo con malicia, lo dijo sin pensar. Esta desesperado-
-Realmente le golpeé pensando en mí, por que es lo que yo merezco, no fui capaz de proteger a Andrea. Ella murió por mi culpa y yo fui demasiado cabezota y estúpido como para no admitirlo y cargar contra Juanma-
-Yo tampoco pude proteger a Alexia- respondió Cesar. –Pero estas cosas pasan, y no siempre podemos hacer algo. También Juanma perdió a Lidia, todos hemos perdido demasiado, pero creo que pronto todo acabara, para bien o para mal, pero todo acabará. Ahora más que nunca estoy viendo el final de todo esto, tengo la corazonada de que pronto estaremos volando en esa avioneta rumbo a esa nueva vida, quizás lejos de todo esto, donde estos seres sean solo un mal recuerdo-
-Espero que tengas razón, esto ya esta acabando conmigo- respondió David.
Ambos se quedaron allí hablando y vigilando a Félix para que este no hiciera ninguna locura cuando despertara, solo les quedaba esperar allí a la recuperación de Félix y luego reunirse con los demás para continuar con el plan.