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jueves, 28 de marzo de 2013

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 4



Día 15 de Julio de 2009
Día 397 del Apocalipsis.

Jorge fue recobrando la conciencia poco a poco, no recordaba mucho que era lo que había pasado, debajo de el notaba un escozor en varios puntos de la espalda, como si varios cristales estuvieran clavados en ella, se pasó la mano por la espalda a pesar de que le dolía todo y efectivamente tocó los trozos vidrio clavados en su espalda, luego se miró la mano y vio que estaba manchada de sangre.
-Joder…-
En ese momento cayó en la cuenta de que era de noche, aunque le era imposible ver la hora en su reloj por culpa de tener la visión todavía borrosa, se movió un poco y notó que estaba sobre una superficie blanda, como si fuesen bolsas de basura, las cuales identificó con el tacto, eso había amortiguado el golpe y le había salvado la vida, entonces un recuerdo en forma de flash vino a su mente y volvió a revivir lo que había pasado, recordó como estando apunto de cruzar la puerta un enloquecido Françoise se lanzó contra el y ambos atravesaron el ventanal. Justamente en ese momento se interrumpieron sus pensamientos cuando escuchó un jadeo en algún lugar a su lado, seguido de un movimiento sobre las bolsas de plástico que lo rodeaban, era incapaz de saber el sitio exacto, estaba muy desorientado. Jorge tenía que moverse rápido, sabía que significaba ese jadeo, de pronto sintió como una mano se cerraba en torno a su cuello y apretaba, la cara de Françoise apareció de repente y trató de morderle, Jorge se fijó y vio que el cuello del francés estaba doblado hacia un lado, lo que le impedía lograr clavar los dientes. Jorge lo golpeó repetidas veces y cuando se lo quitó de encima rodo sobre si mismo para alejarse del No Muerto, a tientas avanzó entre las bolsas hasta que llegó al limité y se cayó, chocando enseguida contra el suelo. Jorge alzó la vista aturdido y vio el tráiler que había ante el, justo después el maltrecho cuerpo de Françoise cayó en el asfalto y comenzó a arrastrarse hacia el. Jorge comenzó a recular mientras miraba a los lados para evitar ser sorprendido por más de aquellos seres, luego pudo fijarse bien en el estado de aquel ser, era imposible que se alzara, no solo tenía el cuello roto, si no que ambas piernas estaban dobladas en un ángulo imposible y un enorme trozo de cristal sobresalía de su espalda, no era fácil averiguar como había muerto.
El francés agarró a Jorge de la bota y clavó los dientes en esta, Jorge comenzó a darle continuas patadas, pero el No Muerto no sentía ningún dolor, finalmente logró ponerse sobre Jorge, solo los brazos de este impedían que clavase los dientes en su cuello, no lo iba a tener fácil, Jorge decidió jugársela y reunió las fuerzas que le quedaban, puso una de sus manos en la barbilla del ser, lo impulsó hacia arriba, flexionó una rodilla para crear un obstáculo más, alargó la mano hacia el trozo de cristal, lo agarró y tiró hacia arriba sacándolo, seguidamente lo blandió como un arma y separó la cabeza del cuerpo, seguidamente agarró la cabeza por el pelo y lo lanzó por los aires alejándola de el. Cuando el cuerpo se quedó inmóvil pudo respirar tranquilo antes de perder el conocimiento otra vez.

Jorge recobró el conocimiento justo cuando amanecía, su vista tardó un rato en acostumbrarse, sobre el todavía seguía el cuerpo decapitado de Françoise, el cual había comenzado a oler. Jorge miró a su alrededor y vio el tráiler con bolsas de basura hasta arriba que le había salvado la vida, también se dio cuenta de que estaba en un callejón bloqueado por ambas partes, eso no permitía la entrada de ningún infectado más allí, lo cual Jorge agradecía. Se quitó de encima el cuerpo y se fue poniendo en pie poco a poco, se sentía como si le hubiesen dado una paliza y el calor comenzaba a hacerlo sudar muchísimo, no estaba en condiciones nada favorables, nuevamente alzó la vista para ver el ventanal por el que había caído y vio que era un sexto piso, realmente había tenido mucha suerte, entonces escuchó el chasquido de unos dientes que chocaban entre si, era una mandíbula que se abría y cerraba, no había duda de que se trataba, Jorge se acercó tambaleante a la cabeza que horas antes había separado del cuerpo.
-Que hijos de perra que sois, pero juro que os las voy a hacer pagar todas juntas… y a tu jefe, a ese le sacaré las entrañas con mis propias manos-
Seguidamente alzó el pie y lo dejó caer sobre la cabeza, acabando definitivamente con aquel ser. Cuando levantó el pie se fue alejando hacia una puerta que había visto en el callejón en el que se encontraba, era una puerta de hierro plateada, Jorge agarró el pomo y lo giró poco a poco. La puerta resultó estar abierta, cuando Jorge la cruzó se encontró en lo que parecía el pasillo de una cocina, ya sabía donde estaba, en un restaurante. Allí dentro hacía mucho calor y las cucarachas campaban a sus anchas por los restos de comida podrida, Jorge tuvo que taparse la nariz con la camisa para no seguir respirando aquel aire enrarecido y corrupto. Lo primero que Jorge debía hacer era curarse las heridas y descansar, no se encontraba demasiado bien.
Jorge comenzó a pasear entre las mesas y sillas abandonadas, se acabó sentando en una de las sillas que había junto a un espejo, necesitaba comprobar la gravedad de sus heridas, cuando se miró en el espejo descubrió los cristales que tenía clavados, eran nueve en total, también se fijo que la camisa se le había acartonado y formado una gran mancha oscura a causa de la sangre que había emanado de los cortes, aunque de momento parecía que la hemorragia se había detenido, tenía que curarse cuanto antes.
*****
Patricia y yo nos habíamos ocultado en el interior de una vivienda después del encontronazo, ambos nos habíamos quedado dormidos al instante bajo la seguridad de nuestro camuflaje. Yo me desperté primero y después desperté a Patricia poco a poco, esta abrió los ojos y se me quedó mirando.
-Ya es de día- le dije.
-¿Qué hora?-
-Las 7:30 de la mañana, debemos seguir nuestro camino, llegaremos hoy a cuatro vientos, ya nos queda menos para escapar de esta pesadilla- le dije con voz tranquilizadora. –Venga vamos-
Patricia se puso en pie y rebuscó en su mochila sacando una botella de agua a la que le dio un largo trago, luego me miró. -¿Has dormido algo?-
-La verdad es que si, lo necesitaba- sonreí en ese momento. –Hacía tiempo que no dormía así de bien-
Poco después ambos salimos de la casa con el impermeable sobre nosotros, había muy pocos infectados en la calle, estos no reparaban en nosotros, aunque Beltrán nos había visto ya y probablemente nos estaría buscando para vengarse de mi por haberle disparado, temía que eso ocurriera, pero las ganas de llegar a Cuatro Vientos me podían más, pronto íbamos a escapar, y estábamos a unas dos horas como mucho de conseguirlo.
*****
-Por fin hemos llegado- exclamó Vanesa cuando llegaron a la parada de metro que señalaba que estaban en Cuatro Vientos. Todos estaban contentos, lo habían conseguido, Félix y Sole se besaron, Eva y Vicky se abrazaron y la pequeña fue cogida en brazos, incluso Abel que seguía bajo los efectos de la morfina esbozó una sonrisa.
-Lo hemos conseguido, ojala tengan una pierna para mi allá donde vayamos-
Todos comenzaron a subir las escaleras hasta el exterior, una vez fuera comenzaron a caminar bajo el sol en dirección a la pista, todos sonrieron cuando vieron a ambos lados del lugar avionetas de varios tamaños.
-Lo hemos logrado, lo hemos logrado- repetía Alicia con lagrimas en los ojos mientras mecía en sus brazos al bebé.
Sandra también lloraba, pero de tristeza, iba a escapar de aquella pesadilla, pero dejaba demasiado atrás, su perro no estaba allí tampoco.
Vanesa parecía flotar mientras observaba todas las avionetas que había por allí, todas estaban en perfecto estado, en ese momento apareció Gorka por su lado y este le sonrió.
-Lo hemos conseguido, es hora de poner nuestros bonitos culos rumbo a la libertad y la salvación-
Vanesa asintió con una sonrisa mientras veía alejarse a Gorka, el cual parecía un niño al que le habían regalado el juguete que más quería, entonces se giró hacia los demás, los cuales se habían quedado parados debajo de una especie de caseta de guardas. –Quedaron ahí a descansar mientras veo el estado en que se encuentran las avionetas y ver si cabemos todos ahí-
-Muy bien- dijo Luci mientras ella y David ayudaban a Abel a sentarse en un banco que había junto a la puerta.
-Lo hemos logrado, todo ha terminado- dijo David con una sonrisa.
Luci iba a responder justo cuando un disparo se escuchó.

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