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jueves, 28 de marzo de 2013

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 3



Envueltos por la oscuridad de la noche, Patricia y yo comenzamos a caminar por fin hacia la horda de No Muertos que se encontraba ocupando la calle por delante de la catedral de la Almudena. Nada más llegar comenzamos a avanzar entre los cuerpos putrefactos que se tambaleaban a nuestro alrededor, yo tenía la mirada fija hacia delante y llevaba a Patricia de la mano, podía notar el miedo que tenía, aunque en ese momento no podía hacer nada para que dejara de tener miedo. Chocamos contra uno de los infectados y este cayó de espaldas, cuando chocó contra el asfalto dejó escapar un gemido, eso hizo que Patricia estuviera apunto de salir corriendo, pero yo la agarré fuerte de la mano.
-Tranquilízate- le susurré en voz baja. –No nos ven, no nos atacaran, pero si sales corriendo solo llamaras la atención, sigue caminando-
Mientras caminábamos ponía la mano sobre el fusil que colgaba por la correa de mi hombro, lo tenía listo para disparar por si pasaba algo, aunque si pasaba algo no me daría tiempo a abrir fuego. Para ser sinceros, yo también tenía miedo y el corazón me latía rápidamente. Lancé una mirada hacia las ventanas y balcones de la catedral y allí vi las siluetas que se paseaban vigilando la multitud de No Muertos, esperaba que mi plan sirviera de algo y pasáramos desapercibidos, entonces vi algo con lo que no contaba, no solo vi focos de luz, si no que dos de los guardias llevaban gafas de visión nocturna. Entonces sentí una punzada en el corazón cuando uno de los focos se encendió y nos alumbró instantáneamente precisamente a nosotros. Justamente en ese momento Patricia dejó ir un grito, se escuchó un disparo y un infectado que había delante de mi fue abatido de un tiro en la cabeza, la sangre me salpicó un poco y rápidamente me tiré al suelo seguido de Patricia, justo en ese momento más balas comenzaron a derribar a más No Muertos.
-Nos han visto, nos han visto- comenzó a repetir Patricia una y otra vez, algo que me quedó claro enseguida.

Ezequiel era un soldado normal a las ordenes de Beltrán, el y otro compañero estaban de vigilancia en uno de los balcones, los demás soldados estaban en pisos inferiores para mantener la vigilancia, enseguida vio algo que le llamó la atención entre los caminantes, dos siluetas extrañas caminaban entre ellos a un paso relativamente normal, como personas, a través de las gafas de visión nocturna veía que llevaban algo reluciente sobre ellos, aunque estaba algo manchado y veía algo sobre los hombros de la figura de detrás, algo que parecían tripas, entonces le pareció ver que esas dos siluetas conversaban, lo que le pareció extraño, se fijó mejor en el que iba primero, entonces bajo la capucha vio una cara que le resultaba familiar. Lo miró fijamente y entonces vio que era el mismo tipo al que Beltrán había interrogado con el pentotal, encendió entonces el foco y los alumbró, confirmando lo que había pensado en un principio.
-Es el objetivo- le dijo a su compañero.
-¿Qué? ¿Qué objetivo?- preguntó el otro soldado.
-El hijo de puta que sabe lo de la bomba-
El soldado se quedó parado y de repente, como movido por una mano invisible cargó el arma, apuntó y disparó, abatió a uno de los No Muertos cercanos a las dos siluetas, lo que hizo que el objetivo diera un respingo de sorpresa. Eso hizo que todos comenzaran a disparar.

Patricia y yo nos tiramos rápidamente al suelo mientras veíamos que los infectados de nuestro alrededor caían abatidos por la lluvia de balas, estos nos caían encima y nos ocultaban, pero no podíamos seguir ahí, teníamos que ocultarnos, mi plan para pasar a través de los muertos sin que estos nos vieran, pero había fracasado en cuanto a que los hombres de Beltrán no nos vieran. Ahora estaban acribillándonos. Rápidamente Patricia y yo comenzamos a arrastrarnos por el suelo mientras sentíamos los golpes de los cuerpos que se iban amontonando sobre nosotros, vi como el cuerpo putrefacto de una mujer a la que le habían desaparecido los labios caía delante de mi con la cabeza reventada por un tiro. De repente noté como un impacto en la mochila y supe que una bala  la había atravesado, justo después noté como el agua se salía de esta. Me levanté de golpe con el fusil en alto y devolví el fuego mientras empujaba a Patricia detrás de una furgoneta abandonada.
-Corre, no te quedes ahí- dije mientras disparaba tratando de acertar a los soldados que nos atacaban.
El fuego cruzado había excitado a los No Muertos que nos rodeaban, aunque al oler como ellos se mostraban totalmente confusos. Rápidamente me di la vuelta para acudir junto a Patricia detrás de la furgoneta, justo cuando iba a ocultarme una bala pasó rozándome la mejilla derecha.
-¿Estas bien?- preguntó Patricia viéndome el corte.
-Si, no es nada- respondí mirando al frente donde había una calle despejada por la que podíamos huir. Justo en ese momento la calle se llenó de luz, señal de que habían encendido todos los focos, eso hizo que los infectados se pusieran frenéticos.

-Acabad con ellos, que no escapen- decía Ezequiel mientras disparaba, en ese momento sintió como una mano lo agarraba del hombro y tiraba de el, entonces se encontró con Beltrán que acababa de volver de la misión.
-¡¡¡¿Qué cojones esta pasando aquí?!!!- le gritó Beltrán a Ezequiel en la cara.
-Es el objetivo, el tipo ese… y la tía Ucraniana, los que capturamos esa vez…-
-¿Y les estáis disparando? Solo el sabe…- Beltrán no acabó la frase, agarró a Ezequiel y lo levanto por encima del balcón, lanzándolo a la calle.
Ezequiel cayó sobre el asfalto de la calle con un fuerte golpe, emitiendo un quejido ahogado, aunque no tardó en gritar cuando vio como la multitud enfurecida de infectados se le echaba encima y comenzaba a devorarlo vivo.
De repente una bala pasó cerca de Beltrán, casi le dio, con todo el odio del mundo, Beltrán dirigió su mirada a la calle y vio a Martínez apuntándole directamente mientras abría fuego.

El ver a Beltrán allí me hizo reaccionar con rabia, tanta que sin pensarlo salí de mi escondite ignorando los gritos de Patricia. Apunté alto y disparé más veces, aunque no pude acertarle un solo disparo. Esperaba que me dispararan, pero no ocurrió, lo único que recibía eran los gritos de Beltrán desde algún escondite, este ordenaba que no me dispararan, que bajo ningún concepto me mataran, entonces comprendí el porque. Yo era el único que podía decirle donde estaba la bomba y la vacuna, me necesitaba vivo.
-¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡Vuelve!!!- me gritó Patricia.
Me di rápidamente la vuelta y vi a la chica que corría hacia mi empujando a los infectados que se habían puesto a mi alrededor, me agarró del brazo y comenzó a tirar de mi hacia la calle que habíamos visto antes de que yo saliera disparando a Beltrán.
Me dejé llevar por ella hasta que pudimos descansar, yo aproveché para calmarme un poco.
-Ya lo tenía, maldita sea, podría haber acabado con el-
-Ya no importa, lo que importa es que estamos vivos, debemos reunirnos con los tuyos- respondió Patricia, yo asentí y comenzamos a caminar alejándonos del lugar mientras me imaginaba la cara enrojecida de ira de Beltrán. Yo pensaba que ya tendría otra oportunidad, esperaba que no fuera muy tarde, porque tenía ganas de matarle.

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