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jueves, 28 de marzo de 2013

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 2



Jorge había cometido errores a lo largo de su vida, como todos, no era un ser perfecto, pero desde luego, el error más grande que había cometido era el de creer que podría volver a engañar a Roache, creer que el francés iba a confiar plenamente en el. Ahora estaba entre la espada y la pared sintiendo que su suerte había acabado, Roache había oído la conversación a través del collar y en esos momentos se dirigía hacia el aeródromo de cuatro vientos, cuando llegara provocaría una masacre y mataría a todos los que habían sido sus amigos hasta la fecha, los menos afortunados serían hechos prisioneros y los torturarían de forma cruel hasta que dijeran lo que Roache quería saber, el paradero de la bomba y la vacuna.
Jorge tomó en esos momentos la determinación de salir pitando de allí y poner en sobre aviso a los demás, al menos intentar evitar la catástrofe, pero nuevamente, Françoise se interpuso en su camino apuntándole con la pistola.
-¿Dónde crees que vas?-
-Dejame pasar- dijo Jorge mirándolo fijamente.
-Tu no iras a ninguna parte, arrodíllate en el suelo y pon las manos detrás de la espalda- le ordenó Françoise. Jorge trató de evitarle, pero el francés le golpeó en la rodilla y Jorge acabó cediendo. –No nos hemos conocido mucho, pero lo bastante para decidir que no me gustas-
-Si me vas a matar… que sea de un balazo, no de aburrimiento, tu verborrea me provoca nauseas-
-Te crees muy gracioso ¿Verdad? Lastima que ya no existan los circos para pedir trabajo allí como payaso-
-No creas, ya quise ser payaso y pedí trabajo, pero tu puta madre me eclipsó completamente, ella tenía una habilidad que yo no habría podido desarrollar nunca-
Françoise sonrió y se inclinó sobre Jorge poniéndole el oído para que Jorge pudiera decirle lo que estaba pensando, entonces Jorge sonrió y prosiguió. –Yo no se disparar pelotas de tenis por el coño-
Françoise se levantó de golpe y se quedó mirando a Jorge con una media sonrisa. –Debo admitir que me esperaba mucho más de ti, no me has hecho reír de verdad, mala suerte. ¿Ultimas palabras?- Françoise le quitó el seguro al arma.
Jorge no respondió, se levantó rápidamente ante el asombro de Françoise al que no le dio tiempo a disparar, Jorge golpeó al francés en la mano y la pistola salió volando fuera de su alcance, seguidamente comenzaron a intercambiar golpes, aunque era Jorge quien iba ganando terreno. Jorge agarró a Françoise por las solapas de su uniforme y lo lanzó por encima de uno de los mostradores de las cajas registradoras, seguidamente saltó el y cayó sobre el francés, al que siguió golpeando con fiereza y odio. De repente Françoise agarró uno de los cristales que había por el suelo y lo alzó para clavárselo a Jorge, aunque en el ultimo momento logró evitarlo, aunque no del todo, porque el cristal le provocó un corte en el brazo. Eso hizo que toda la rabia y rencor acumulados de Jorge estallaran totalmente, agarró la cabeza de Françoise y la estampó con todas sus fuerzas contra el suelo.
Françoise parecía que no respiraba, Jorge se levantó y comenzó a alejarse de allí, tenía que llegar a Cuatro Vientos cuanto antes y evitar el mayor daño posible, llegó hasta la puerta que había junto a los grandes cristales desde los que se podía ver un callejón. Cogió el pomo de la puerta y en ese momento sintió un fuerte golpe, lo último que vio antes del golpe fue una silueta, el golpe lo precipitó hacia la ventana y ambos atravesaron el cristal, varios trozos de vidrio se clavaron en su cuerpo, mientras caía veía el rostro enloquecido de Françoise, no sabía si estaba vivo o no, pero después de sentir el golpe nada importó.
*****
Patricia y yo decidimos parar cuando teníamos cerca la catedral de la Almudena, era momento de tratar de no ser vistos por los hombres de Beltrán que pudieran estar vigilando, el problema era que con los impermeables llamaríamos mucho la atención, aunque tampoco podíamos deshacernos de ellos, entonces cuando llegábamos al punto exacto vi la horda que se concentraba en la zona, seguramente atraídos por la vida humana del interior, había miles allí. Fue en esos momentos cuando pensé que nuestro plan podría ser más eficiente que nunca, hasta ese momento no nos habíamos topado con ninguna horda considerable, no más de cuarenta individuos, esos encuentros habían servido para que la joven ucraniana cogiera confianza.
-Muy bien, haremos algo que no te va a gustar- le dije a Patricia en nuestro escondite mientras miraba la horda que se extendía desde donde nosotros estábamos hasta las puertas de la Almudena, y seguramente un poco más allá.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó Patricia, aunque por su expresión más o menos se imaginaba por donde iban a ir los tiros.
-No quiero dar más rodeos. Debemos seguir rectos, caminaremos entre toda esa multitud y pasaremos desapercibidos, hay muchos, aunque haya vigilantes dudo mucho que se fijen en nosotros entre tantos-
-No se, tengo miedo de que nos cojan ellos… los infectados-
-No te preocupes, ya has visto que mientras olamos como ellos seremos como invisibles, la cantidad no es problema- le dije, después le cogí de las manos. –No dejaré que te pase nada-
Patricia sonrió al tiempo que la agarraba de las manos y comenzábamos a caminar en dirección a la enorme horda que se concentraba ante la catedral de la Almudena, esperaba no equivocarme en mis cálculos, ya que si fallaba, Patricia y yo no lo contaríamos. Entonces me paré y ambos nos metimos detrás de unos contenedores, Patricia me miró en ese momento muy confusa.
-¿Qué ocurre?-
Le señalé al cielo y entonces comencé a hablarle. –Cuando se haga de noche lo haremos, no queda mucho para el anochecer. Será más fácil para nosotros-
Patricia asintió y ambos nos quedamos quietos, esperando que la oscuridad de la noche nos envolviera.
*****
Beltrán había vuelto a reunir a sus hombres para un nuevo asalto más preparado, si los asalta caminos seguían allí se iban a arrepentir de forma inmediata, Beltrán no tendría piedad, los arrasaría.
Beltrán no había participado en ninguna guerra propiamente dicha, pero sabía como llevar a cabo una, las guerras no se decidían en batallas como la que acababan de librar, aunque para Beltrán la habían perdido al no saber que los asalta caminos estaban allí también. “Hemos perdido una batalla, pero no la guerra” se repetía Beltrán continuamente ya que no podía permitirse el perder de nuevo, sabía que la batalla final estaba cerca y que todo iba a dar un giro de 180 grados en su favor, esos asalta caminos no eran nadie.
Beltrán iba en uno de los vehículos blindados volviendo a la urbanización el Pizarral, una vez allí, si todavía seguían allí, rastrearía el lugar en busca de supervivientes y sus preciados tesoros. Llegaron a las puertas del lugar indicado y pararon los vehículos, no había infectados allí, todos estaban delante de la Almudena, y si no todos, la mayoría de ellos.
Los primeros en salir del vehículo fueron dos jóvenes soldados que formaban parte del equipo de reconocimiento, los simples peones de Beltrán que no le importaba si morían. Ambos soldados se adentraron en la urbanización y salieron casi al instante, se encontraron con Beltrán justo cuando se ponía el chaleco antibalas sobre su torso desnudo.
-Novedades- ordenó Beltrán.
-Parece vacio, no se aprecia ninguna señal de vida ahí dentro mi comandante- dijo uno de los soldados.
-Ni de No Muertos- añadió el otro. –Esta despejado… creo-
-Pero no estáis seguros- respondió Beltrán volviendo a ponerse la camisa, cuando terminó comenzó a formar a los hombres que estaban a su mando, aunque no eran muchos los consideraba de los más competentes. –Comenzaremos el asalto ahora mismo, quiero que revolváis a conciencia los tres bloques de viviendas, buscad hasta debajo de las piedras, buscad alguna señal que nos de alguna pista-
Los hombres de Beltrán comenzaron a desplegarse por toda la zona residencial en la que se encontraban. Beltrán esperaba conseguir información de la dirección que podrían haber tomado los que allí se habían instalado, ya que se había dado cuenta que Martínez había vuelto, de ser así, la bomba y la vacuna ya no seguían en el mismo lugar, este se las habría llevado con el.
*****
El grupo dirigido por Eva se había parado a descansar justo después de que Abel volviera en si y necesitara urgentemente otra dosis de morfina, de la cual no les quedaba mucha, solo para cuatro inyecciones más, cuando se les acabaran, Abel iba a rabiar de dolor, eso les pondría en serios aprietos de cara a pasar desapercibidos.
Luci decidió permanecer apartada de los demás, necesitaba asimilar que había matado a dos chicos, de ser adultos no le habría importado tanto, ni siquiera pensó en ello mientras los mataba a los dos, pero luego, el sentimiento de culpa le estalló en la cara.
Félix estaba con Sole cuando se dio cuenta de que algo no andaba bien con Luci, también Sole se percató de algo cuando la vio sentarse sola en la oscuridad del túnel, ambos permanecieron callados y hasta ellos llegó lo que parecían sollozos.
-¿Qué crees que le pasa?- preguntó Sole.
-Esta rayada por algo, iré a ver que le pasa. ¿Te parece bien?- dijo Félix mirando a Sole a los ojos.
-Me parece bien, no te preocupes-
Félix se puso en pie y avanzó hacia donde estaba Luci. -¿Te importa si te acompaño?-
-No… aunque me aparté para estar sola-
-¿Qué es lo que te pasa? Nunca antes, después de acabar con la vida de alguien te había visto así de derrumbada. Eres fuerte-
-Se lo que soy y dejo de ser. Se en que se ha convertido el mundo y que hay que hacer cosas como estas para sobrevivir, pero hoy he matado a dos chavales que aunque eran nuestros enemigos no dejaban de ser chavales que no debían tener la mayoría de edad todavía, estaban solos y asustados-
-Temes estar convirtiéndote en un monstruo- respondió Félix con tono sombrío. –Eso es lo que nos preocupa a todos, pero lo hacemos para sobrevivir, nos hemos visto obligados a cambiar de forma de ser, si de algo te sirve… no has hecho nada malo, has hecho lo correcto, aunque estos fueran adolescentes. No te rayes, pronto llegaremos a Cuatro Vientos y saldremos de aquí, lleguemos donde lleguemos, haremos borrón y cuenta nueva, entonces podremos olvidar todo esto-
-Solo se que nada de lo que venga después, por bueno que sea, traerá de vuelta a nuestro antiguo yo- respondió Luci apoyando la cabeza en sus brazos, los cuales estaban apoyados y cruzados sobre sus rodillas flexionadas. –Estamos todos muertos en realidad y ya nada será como antes-
Félix supo enseguida que Luci tenía razón, todo había cambiado y nunca serian los mismos que eran antes de que empezara todo. Apenas les quedaba humanidad, una humanidad que antes no les hubiera permitido arrebatar vidas como el nuevo mundo les estaba obligando a hacer.

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