Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 21 de marzo de 2013

Capitulo 188: Cazador cazado, part 4



Patricia y yo regresamos a la tienda de móviles y una vez allí dejé el cuerpo en el suelo. Hacía más de un cuarto de hora que nos habíamos alejado de Jorge y de los No Muertos que estaban apareciendo por aquella calle, en ningún momento Patricia me preguntó nada. Sin mediar palabra me incliné sobre el cuerpo y comencé a abrirlo, de vez en cuando veía a Patricia poner cara de asco.
-Ponte el impermeable y te iré poniendo los pedazos por encima- le dije al tiempo que sacaba los intestinos del infectado, fue en ese momento cuando Patricia se inclinó hacia un lado para vomitar, luego me miró mientras se limpiaba los restos de bilis.
-Eso es asqueroso-
-Lo se, pero es lo único que podemos hacer para pasar desapercibidos entre esos seres- le dije mientras se ponía el chubasquero, después de ponérselo comencé a untarle los intestinos de aquel ser, procurando que ninguno de los fluidos entrase en contacto con los suyos, puede que ya llevásemos dentro el virus, pero ese contacto tan directo podría hacerla enfermar al instante, cuando acabé con ella me puse el mío e hice lo propio  hasta que ambos olíamos como ellos.
-¿De verdad esto servirá de algo?- preguntó Patricia acercándose a mi. –Es que tengo mucho miedo, tengo un mal presentimiento-
-No te preocupes, funcionará- respondí.
Cuando los dos estuvimos listos comenzamos a recorrer las calles. El primer encuentro con una horda vino cuando doblamos una esquina y nos adentramos en un pequeño atasco que incluía vehículos de todo tipo y todos los tamaños. Los infectados estaban caminando entre ellos y debía haber unas dos docenas, muchos eran soldados, uno de ellos me llamó especialmente la atención, cuando caminaba arrastraba un fusil que permanecía agarrado a su fusil mediante la correa, también llevaba una mochila en la que intuía que debía tener la munición del arma.
Cuando Patricia vio el panorama se encogió detrás de un contenedor tumbado, me acerqué a ella y noté que estaba temblando, era obvio que no confiaba en mi plan, por lo que decidí demostrarle que mi plan no podía fallar.
-Escucha…- dije agachándome a su lado. –Voy a coger el fusil de aquel y la mochila, obsérvame y veras como parece no verme-
Patricia hizo un leve movimiento con la cabeza y yo lo tomé como que asentía, finalmente me puse de pie de nuevo y comencé a caminar en dirección a mi objetivo. Mientras caminaba pasé junto a un anciano que se quedó mirándome, pero que ni siquiera hizo amago de atacar, seguí caminando a medida que iba preparando el cuchillo, llegué hasta el objetivo y con un rápido movimiento lo hice caer de espaldas, la expresión de este llegó a ser graciosa porque parecía sorprendido por no saber que demonios le había golpeado, incluso le dio tiempo a hacer una mueca con la mandíbula inferior antes de que le clavara el cuchillo entre los ojos, el cual penetró con cierta facilidad, luego lo giré para extraerlo fácilmente.
Cuando acabé con el No Muerto levanté la vista para mirar a Patricia y asegurarme de que había visto toda la escena, y así había sido, no había perdido detalle.
Tiré del fusil y le quité rápidamente la mochila, nada más quitársela noté el peso de esta, seguidamente me alejé corriendo y volví junto a Patricia.
-¿Lo viste? Mi plan funciona- dije mientras dejaba el fusil y la mochila en el suelo, era hora de ver que había dentro de la mochila.
Nada más abrirla me encontré con unos cuantos cargadores para el fusil, los cogí y conté, había seis totalmente llenos, aparte de los cargadores me encontré dos raciones militares, una linterna, un paquete de pilas, un walkie talkie que enseguida deseché, una cantimplora casi vacía y un mapa de Madrid, mi sonrisa no podía ser más amplia, había conseguido un autentico botín, todo eso nos vendría genial.
-Parece que estamos de suerte- dijo Patricia.
-Si, te cedo la pistola, me quedo con el fusil, ya que se manejarlo mejor… ¿o lo quieres tu?- pregunté mirando a mi compañera.
-Prefiero la pistola- respondió Patricia.
-Muy bien, eso esta hecho, el fusil para mi…- volví a mirar a Patricia que volvía a ponerse nerviosa, como si el tacto del metal del arma incitase a un enfrentamiento seguro contra varios no muertos, cuando vi que temblaba puse la mano sobre las suyas que sostenían la pistola. –No te preocupes, el hecho de llevarla es solo por precaución, ya has visto la reacción de aquel- dije señalando al anciano. –Pasó por mi lado y fue como si no estuviera yo ahí, con todo esto por encima será como si no existiésemos para ellos-
Patricia asintió nuevamente y me miró con una sonrisa. –Perdóname, todo esto es nuevo para mi y no puedo evitar tener miedo y estar insegura, a cada paso que doy siento que me van a atrapar-
-No tengo nada que perdonarte, no has hecho nada malo, eso que sientes es normal. Escucha, recorreremos un poco más y pararemos a dormir, además, estamos cerca de la catedral de la Almudena, el lugar donde esta el bunker de Beltrán, vamos a tener que evitar pasar cerca a toda costa, lo cual nos llevará más rato, estos impermeables llamarán mucho la atención-
-¿Tu no tienes miedo? No lo parece- me dijo Patricia, yo no pude evitar sonreír.
-De hecho si lo tengo, pero por los míos no me dejo vencer por el. Simplemente no me lo puedo permitir- me llevé la mano al bolsillo de la mochila y saqué la foto de Lidia, la cual no había sacado desde hacía tiempo y había podido recuperar cuando volvimos a los apartamentos. –Sobretodo… no puedo dejarme vencer por el miedo por ella-
Patricia cogió la foto y la contempló, luego me miró fijamente. –Es muy guapa. ¿Quién es?-
-Es Lidia, era mi…- hice una pausa para limpiarme las lagrimas que habían brotado de mis ojos. –Era el amor de mi vida-
Por como hablaba en esos momentos, me di cuenta de que Patricia comenzaba a imaginarse cual había sido el final.
-Murió…- dijo Patricia con tono de pesadumbre.
-Murió en mis brazos, justo después de salvarme la vida. Se interpuso ante mi cuando un tipo me disparó, no pude salvarla. Le prometí que sobreviviría y que salvaría a los demás, que sería un buen líder, eso implica no dejarse vencer por el miedo, por eso me juré a mi mismo que saldríamos de aquí-
-Ahora comprendo muchas cosas- respondió Patricia.
Me puse de pie y di por finalizada la conversación, no teníamos tiempo que perder, enseguida le tendí la mano a Patricia para ayudarla a levantarse. Yo quería recorrer el mayor trayecto posible antes de que anocheciera. La noche la aprovecharíamos para descansar.
Reanudamos la marcha mientras las horas pasaban y el calor iba aumentando, estábamos sudando muchísimo y temía que eso nos delatara a los ojos y el olfato de los infectados. Mientras caminábamos me preguntaba si mis otros compañeros ya habrían llegado a Cuatro Vientos, esperaba que si, porque era lo que más quería. Seguramente me esperaban allí ya, sobretodo Vicky y Eva, con las que esperaba encontrarme pronto, aun así me preguntaba si podríamos irnos nada más llegar, también me preguntaba que se traían realmente Roache y los otros entre manos, solo sabía que no sería la ultima vez que sabríamos de ellos. Pensaba también en Jorge y en el trato que habría hecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario