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jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 187: La ley del más fuerte, part 4



Día 14 de Julio de 2009
Día 396 del Apocalipsis.
Madrid…

Jorge había sido liberado al amanecer, iba armado y tenía comida para una semana, el plazo de tiempo que le habían dado para hacer lo que Roache le había ordenado, volver con sus compañeros y sacarles información de hacia donde iban, también le habían ordenado que les llevara la bomba y la ultima de las vacunas. Jorge se sentía entre la espada y la pared, esa vez si que iba a traicionar realmente a sus compañeros, Roache había sido muy claro con el: “Traicióname y acabaremos con todos vosotros lentamente, si haces lo que digo os dejaremos marchar y ninguno morirá”. Jorge no tenía otra opción que hacer lo que le habían dicho, quizás la culpa era suya por saber tanto, pero ahora ya no podía hacer nada, los acontecimientos habían dado un giro inesperado y dramático.
Jorge estaba en esos momentos caminando bajo el caliente sol de la mañana, su piel se abrasaba bajo el sol y el olor a muerte invadía sus fosas nasales. Se estaba asegurando de caminar por calles vacías y cuando veía un grupo de No Muertos daba media vuelta y se dirigía por otra calle. Hacía tanto calor que se paró en la entrada de un edificio para beber algo de agua, sacó la pistola que llevaba y comprobó el cargador, solo le habían dado quince balas.
-Cabrones…-
Seguramente no querían arriesgarse a que les traicionara otra vez o simplemente querían hacérselo más difícil a el y más divertido para ellos, con quince balas no podría defenderse de una horda entera de No Muertos, con lo cual tendría que huir o acabar muerto.
Jorge salió del portal y miró al cielo observando como el sol iba poniéndose en lo alto, sospechaba que el final estaba cerca y que solo los más fuertes llegarían al final, era la ley del más fuerte.
*****
Revisé por ultima vez las mochilas, tanto la de Patricia como la mía, también cogí varios cuchillos de la cocina, no eran armas de fuego ni mucho menos, pero en combates cuerpo a cuerpo nos vendrían de maravilla, y sería un método silencioso de acabar con los No Muertos. Después de comprobar que lo teníamos todo listo decidí que era momento de volver a donde había dejado la bomba nuclear y la vacuna, no iba a irme de allí sin al menos llevarme detrás la vacuna. Cuando iba a salir por la puerta me di cuenta de que Patricia se alarmaba.
-No te preocupes, no te dejaré aquí, voy a coger unas cosas-
-¿Te refieres a la bomba y  a la vacuna?-
-Si- afirmé con la cabeza.
Salí del apartamento y fui al lugar donde las había escondido, temí que se lo hubiesen llevado, pero cuando llegué al lugar donde estaban me di cuenta de que todo seguía en orden, Beltrán se había quedado muy ocupado con los hombres de Lujan y no se había acordado o no se había querido acordar de la ubicación que les había dado mientras estaba bajo los efectos de las drogas, algo que me aliviaba a decir verdad. Cogí la ampolla de la vacuna y me la guardé en el bolsillo del pantalón, me quedé mirando la bomba, estuve pensando en dejarla ahí, pero si Beltrán volvía se haría con ella, así que decidí cambiarla de sitio para evitar posibles quebraderos de cabeza, metí la bomba en una bolsa que llevaba y me dirigí hacia el lugar donde había conocido a Patricia, una vez allí oculté la bomba debajo de un montón de mantas, no creía que allí la encontraran, dudaba incluso que encontrasen el zulo, ya que Beltrán no conocía la existencia de ese lugar.
Con la ampolla bien guardada volví al apartamento para encontrarme con Patricia, la cual me recibió con una sonrisa al comprobar que no me había marchado.
-¿Ya esta?-
-Ya esta, podemos irnos y encontrarnos con los demás en cuatro vientos, espero que no se vayan sin nosotros- dije mientras recordaba que en el sueño había visto la avioneta desde las calles, aunque esperaba que si algo de lo soñado se cumplía, no fuera de ese modo, ya que esa forma de cumplirse significaba que me quedaría en tierra, aunque lo que de verdad me importaba en esos momentos era que los demás si consiguieran escapar, sobretodo deseaba que Vicky se salvase.
Pocos minutos después Patricia y yo abandonamos la urbanización el Pizarral, quería llegar a cuatro vientos cuanto antes, había pensado en coger las alcantarillas y los túneles de metro, pero allí abajo estaba oscuro y nosotros no llevábamos nada para alumbrar el camino. Iríamos por la superficie buscando el camino, según Patricia, ella se conocía mejor el camino de esa manera, aunque la superficie entrañaba peligros que muy probablemente también encontraríamos en los subterráneos.
-No te preocupes ¿Vale?- dije mirando a Patricia que iba  a mi lado. –Cuando lleguemos allí podremos marcharnos tranquilamente, ya me estoy imaginando una playa paradisiaca donde podremos bañarnos en pelotas todo el día- estaba tratando de hacerme el gracioso para que bajara un poco la tensión de la Ucraniana, ella respondió con una risita nerviosa, aunque aun tenía miedo.
Realmente le había ocultado varias cosas a la chica, una de ellas era que mientras daba una cabezada durante la noche yo había bajado para reconocer los cadáveres apilados fuera, en uno de ellos reconocí la ropa del tal Scott, su cara estaba totalmente irreconocible. No le había querido decir nada por no perturbarla, aunque suponía que tampoco les guardaba ningún tipo de afecto a aquellos tipos, por otro lado pensé que era lo mejor.
Era ya medio día cuando habíamos dejado atrás la urbanización por completo, el calor era sofocante, debíamos estar a más de cuarenta grados y me daba la impresión de que el calor subiría en las próximas horas, según Patricia aun tardaríamos en llegar a el aeródromo, estábamos a un día de camino por lo menos, contando las paradas que hiciéramos para descansar, dormir o rodear obstáculos. Tenía que planear bien mis pasos y racionar nuestras reservas de agua y comida, especialmente el agua que debido al calor consumíamos rápidamente.
-Con el calor que hace nos deshidrataremos muy rápido, eso debemos controlarlo- le dije a Patricia. –Si nos deshidratásemos tendríamos problemas serios-
-Entiendo-
-Debemos descansar cada vez que podamos y no exigirle demasiado al cuerpo, al fin y al cabo los demás no nos llevan mucho camino de ventaja. Como mucho unas horas-
Ambos seguimos caminando ocultándonos donde teníamos oportunidad, momentos que aprovechábamos para descansar y recuperar fuerzas comiendo y bebiendo agua. De vez n cuando tenía que abatir a algún infectado que se acercaba demasiado para curiosear el lugar, el método que empleaba era derribarlo con una patada en las rodillas y una vez en el suelo le clavaba el cuchillo por los ojos, la barbilla, la nuca o las sienes, los lugares más débiles, era una forma que parecía que impresionaba a Patricia y la dejaba perpleja.
-Creo que no sería capaz de hacerlo así, dispararles es una cosa, pero el cuerpo a cuerpo otra muy distinta-
-Solo es aconsejable si hay uno y este no esta muy fresco- respondí. –Te enseñaré, no te preocupes, al fin y al cabo lo necesitaras si quieres sobrevivir-
Ambos nos quedamos mirando y unos minutos después decidimos que ya era hora de ponernos en marcha. Mientras caminaba me imaginaba que Beltrán ya se habría dado cuenta de que no estábamos, lo cual le habría provocado un estado de rabia incontrolable, tanta que nos lo haría pagar si daba con nosotros, yo esperaba que eso no ocurriera, más por la seguridad de los demás que la mía propia, porque si algo conocía de Beltrán era que antes de acabar conmigo me haría sufrir haciéndoles daño  a los míos, por otro lado estaba Jorge, no sabía que podía haber sido de el y en que estaba pensando.
*****
Jorge había llegado a la urbanización y de lo primero que se percató fue que allí no había nadie ya, salvo una pila de cadáveres putrefactos. El sol estaba haciendo su trabajo y el olor empezaba a ser insoportable. Después de ver los cadáveres se dirigió al lugar donde debían estar la bomba y la vacuna, las recogería y se las llevaría a Roache y por lo menos cumpliría una parte del trato, pero cuando llegó al lugar no pudo evitar sentir un golpe de frustración. Allí no había nada, pensó en que se lo podía haber llevado Lujan o Beltrán, pero enseguida se dio cuenta de la realidad.
-¿Dónde lo has dejado Juanma? No te das cuenta del peligro que corremos todos, aquí solo se salvaran los más fuertes y nosotros estamos muy por debajo, porque ellos son más fuertes que nosotros-
Jorge entonces decidió que debía encontrar a los demás, al menos les sacaría información, y la única manera de encontrarlos estaba en recordar donde se dirigían, algo que le había omitido a Roache, los demás se dirigían a Cuatro vientos y el también lo haría.
*****
Cuando Beltrán regresó junto a los hombres que le quedaban y comprobó que los dos prisioneros habían desaparecido, no pudo evitar asesinar a uno de los guardas, sentía una gran rabia, muchas cosas pasaban por su cabeza en ese momento y una de ellas era la forma de matarles, volvería al lugar donde estaban ocultas la bomba y la vacuna y si seguían allí les daría caza, el era el más fuerte en esos momentos y lo iba a demostrar, el final estaba cerca y solo el más fuerte sobreviviría.

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