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jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 187: La ley del más fuerte, part 2



-¿Qué pretendes hacer tu solo? No podrás matar a nadie así, ellos están más armados que tu. Solo morirás- me gritaba Patricia una y otra vez. Yo sin embargo seguía caminando, quería acabar con Lujan.
-Puede que mis amigos tengan problemas, tengo que ayudarles- respondí parándome en seco. Ya no escuchábamos los disparos, eso me hizo temerme lo peor.
-Si quieres entrar no puedo impedírtelo, pero déjame sugerirte algo, una manera de entrar sin ser vistos- Patricia me agarró de los brazos y yo la miré fijamente.
-Tú dirás-
*****
Daniela se movía como pez en el aguo por las alcantarillas y los túneles de metro, se movía tan bien que en multitud de ocasiones Luci estuvo apunto de perderla de vista, solo la luz de la linterna le impedía perderla del todo. Daniela tenía que pararse a esperarla varias veces.
-Venga, estamos cerquita-
-Hace un rato que me lo dijiste… ¿Seguro que sabes por donde vamos?- preguntó Luci sin mucho entusiasmo.
Daniela asintió. –Si, estoy segura, cuando Wilson y los demás estaban vivos usábamos mucho estos túneles para desplazarnos cuando había demasiado peligro, cuando las cosas estaban más calmadas usábamos las terrazas de los edificios, pero te garantizo que se donde vamos-
Las dos chicas siguieron caminando durante veinte minutos más hasta que llegaron a un vagón abandonado, en el interior aun se veía luz de la linterna que Daniela se había dejado encendida cuando estuvo allí por ultima vez, aun así, ambas se fueron acercando con cautela. Luci fue la primera en asomarse y desenvainar la espada, pero en el interior del vagón no había nadie, solo la tenue luz de la linterna que ya estaba dando sus últimas señales de vida.
-Os lo teníais bien montado aquí. No es una suite, pero no esta mal- dijo Luci echándole un vistazo al interior del vagón.
Daniela recorrió parte del vagón y cuando volvió a aparecer, Luci vio que traía con ella una bolsa.
-¿Es ahí donde tienes todas las linternas?- preguntó Luci.
-Linternas, paquetes de pilas, una radio y un camping gas- respondió Daniela a medida que abría la mochila.
-Dudo que la radio nos sirva ya para nada, el camping gas aun podemos usarlo para comer caliente, eso nos vendrá bien. ¿Y la comida?-
Daniela se deslizó por debajo de los asientos y sacó una caja de cartón llena hasta arriba de latas de conserva de berberechos, anchoas y calamares. También había latas de melocotón y piña.
-No es un gran manjar… pero bueno, con esto podremos aguantar bastante tiempo-
-Bueno, mejor esto que morirse de hambre. Venga, cojamos todo y volvamos con los demás, deben estar preocupados-
Luci y Daniela bajaron del vagón y comenzaron a volver sobre sus pasos para reencontrarse con los demás. El viaje de ida hacia cuatro vientos les llevaría por lo menos un día por allí dentro, así que Luci había pensado en salir al día siguiente, después de que los demás hubiesen recuperado fuerzas, ella estaba tomando el mando y seria así hasta que Juanma volviera, si es que volvía. Luci se estaba jurando a sí misma que iba a protegerles a todos hasta el final, no dejaría que les pasara nada, pensó en la promesa que le hizo a Hanzo antes de morir, era una promesa de honor y la iba a cumplir a cualquier precio.
*****
Patricia y yo habíamos alcanzado el lugar donde ella vivía y donde nos conocimos, habíamos llegado a través de las alcantarillas y tras arrastrarnos por varios túneles, nos había llevado un par de horas. En esos momentos estaba atardeciendo ya y desde nuestro escondite veíamos a los soldados españoles que comenzaban a abandonar el lugar, había cadáveres por todas partes, pero ninguno era de mis compañeros, también me fijé en el garaje del complejo residencial, este estaba vacio y se filtraba mucha luz desde el exterior. Me desplacé por los túneles observando el interior y vi que donde estaba la puerta del garaje había un gran agujero y la puerta había desaparecido. Allí había restos de lo que parecía una explosión. ¿Qué había pasado exactamente durante nuestra ausencia? ¿Dónde estaban los demás?.
Volví junto a Patricia y le conté todo lo que había visto, luego comencé a explicarle lo que había planeado. –Cuando esos mal nacidos se marchen, saldremos nosotros y buscaremos a mi gente, si están todavía aquí estarán escondidos en algún sitio… si no están, deben habernos dejado una señal para que los encontremos-
-¿Esperaremos a que anochezca?- preguntó Patricia.
-Si, cuando se hayan acabado de marchar esos tipos. Ellos no dudaran en dispararnos si nos ven- respondí.
-Entonces esperaremos el momento oportuno- dijo Patricia sentándose en un rincón del zulo y abriendo una de las latas que tenía.
Yo no hacia más que vigilar a los hombres de Beltrán, quería averiguar todo lo que había pasado y que demonios hacían allí Lujan y sus hombres. Nuestras posibilidades de escapar se habían venido abajo desde el mismo momento que llegamos a Madrid. Cuando supe que en Madrid había una oportunidad de escapar sentí un rayo de esperanza, pero ahora… la esperanza había desaparecido por completo y me sentía más lejos de la esperanza que nunca, lo peor de todo es que había arrastrado a los demás conmigo. De nuevo los demás volvieron a mi mente, no había visto el cadáver de ninguno de ellos. Si los hubiesen matado habría visto sus cadáveres. Esa gente no son de los que se andan con delicadeza cuando asesinan, de hecho, de haber matado a mis compañeros los habrían apilado en algún lugar del patio central y les habrían prendido fuego o simplemente los habrían apilado, pero de ellos no había ni rastro. Esperé unos minutos esperando a sentir el olor a carne quemada, pero nada, nada en absoluto.
Beltrán y sus hombres se marcharon por fin al anochecer, los había estado observando durante bastante rato y seguía sin ver señales de muerte de mis compañeros. Volví  junto a Patricia, la cual se había quedado dormida, la fui despertando poco a poco y cuando abrió los ojos me miró.
-Ya es de noche y los hombres de Beltrán se han marchado, debemos darnos prisa, por que en el momento que Beltrán vuelva y no nos encuentre allí, sabrá que estamos aquí. Volverá a por nosotros hecho una furia-
-¿Sabes si ha encontrado lo que buscaba?- preguntó Patricia.
-Créeme que eso es lo que menos me importa ahora. Por mi puede meterse la cura y la bomba por donde le quepan- respondí.
Ambos salimos al exterior y seguidamente corrimos hasta el edificio donde deberían estar los demás, entramos en el interior, pero no vimos ni rastro de ellos. Allí no había nadie. Comenzamos a subir corriendo por las escaleras, apartamento por apartamento, pero allí no había nadie, ni siquiera había cuerpos. Llegamos al ultimo apartamento, al que estaba más cerca de la terraza, allí tampoco había nadie, recorrí todas las habitaciones y lo único que encontré fue el cuerpo sin vida de Hanzo, supe que era el porque también vi su cabeza separada del cuerpo. Me fijé en los mordiscos del cuerpo y me fue fácil imaginarme lo que había ocurrido. Había preferido morir antes que convertirse en otro de los No Muertos. En ese momento escuché la voz de Patricia, esta había ido a la terraza, ahora había vuelto hasta la puerta del apartamento.
-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?- pregunté.
-Ven a ver esto-
Seguí a Patricia hasta la terraza y me quedé estupefacto cuando vi la pintada que había en el suelo, en ella podía leerse “4V=”. No sabía que demonios significaba eso. Era obvio que se trataba de un mensaje con clave que alguno de mis compañeros había dejado, a decir verdad era la mejor manera de dejarme un mensaje que no descubrieran otros, pero yo desde luego no sabía que quería decir. Lo que menos necesitaba en esos momentos era estrujarme el cerebro. Rápidamente bajé al apartamento y cogí lápiz y papel para apuntar ese código, volví a subir y lo apunté completamente igual que lo veía, describiendo las dos rallas del final onduladas, tal cual estaban apuntadas en el suelo. Una vez apuntado el mensaje salimos de allí y nos alejamos de aquel lugar, no quería seguir allí cuando Beltrán volviera, tampoco cogí ni la bomba ni la cura, sabía que seguía en el sitio, pero de momento no las necesitaba, prefería no tener que cargar con algo tan peligroso como una bomba nuclear, de haber tenido cerca el mar la habría hecho desaparecer.
Con la llegada de la noche Patricia y yo nos escondimos en uno de los chalets cercanos al lugar donde habíamos acampado, allí por lo menos estaríamos tranquilos hasta el día siguiente. Beltrán había perdido hombres y había gastado mucha munición, no volvería hasta tener a sus hombres reorganizados, tampoco se arriesgaría a volver tan pronto, ya que el tiroteo había atraído a una gran cantidad de No Muertos al lugar y en esos momentos había muchísimos por las calles.
Los hechos que acabábamos de presenciar marcaban el inicio de lo que para mi era una batalla final, una batalla que solo ganaría el más fuerte.

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