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jueves, 7 de marzo de 2013

Capitulo 186: Toda la verdad, part 3



Madrid…Bunker…

El soldado estaba completamente colocado, sus ojos estaban abiertos de par en par y este hablaba sin parar, soltaba palabras inconexas y sin sentido. De vez en cuando me lanzaba miradas de furia. Había conseguido mi objetivo, cuando lo había retado ya iba algo puesto, pero ahora iba hasta las cejas.
El soldado le pegó una patada a los barrotes de otra celda al comprobar que se le había acabado el caballo. Este estaba totalmente fuera de si, era el momento de comenzar con la segunda parte del plan, esperaba que funcionase, me acerqué a los barrotes y me apoyé en ellos para ver mejor el pasillo de las celdas, donde el soldado se paseaba de arriba abajo.
-¡¡Eh capullo!!- le dije.
Eso hizo que aquel tipo se girara hacia donde yo estaba y me lanzara una mirada de rabia, seguidamente se acercó a los barrotes y los golpeó con la porra.
-¿Qué pasa? ¿Qué coño quieres?-
-No nada. Solo quería ver tu cara de yonki. Eres tremendamente feo, y además de feo, yonki. Te las has metido todas, ahora que no tienes vas a tener que soportar una abstinencia impresionante, iras con el mono a todas partes. Si yo fuera tú… desearía estar muerto. Mírate, este mundo no esta hecho para ti- estaba controlando la vena de su frente, este estaba apuntito de estallar de rabia. -¿No te da vergüenza? ¿Qué dirían tus padres si te vieran? Aunque claro, estan muertos. Si estuvieran vivos ni siquiera se dignarían a escupirte a la cara-
En ese momento el soldado comenzó a manosear el manojo de llaves buscando la de la celda. Mi plan había salido bien y los efectos de la droga en mi organismo ya habían casi desaparecido. Finalmente logró encontrar las llaves y abrir la celda, este cerró la puerta detrás de si y me amenazó con la porra.
-Te vas a arrepentir de esto cabrón-
Yo di unos pasos hacia atrás y me quedé plantado de pie esperando el ataque.
El soldado se lanzó al ataque y yo lo esquivé en el ultimo momento, rápidamente le asesté un puñetazo en el estomago y cuando este se inclinó hacia delante le asesté un rodillazo en la cara. Este se llevó las manos al rostro y aproveché ese momento para arrebatarle la porra. Cuando tenía la porra en las manos comencé a golpearle repetidas veces hasta que el soldado cayó al suelo de bruces, no sabía si vivía o estaba muerto, pero no importaba, lo que me importaba era otra cosa, le quité el manojo de llaves y la pistola, comprobé el cargador de esta y vi que estaba lleno. Como necesitaba más munición le di la vuelta y comencé a rebuscar entre los bolsillos del chaleco más cargadores, solo encontré dos.
Salí de la celda y la cerré con llave dejando al soldado en el interior. Tenía que volver cuanto antes a la urbanización, pero aun no podía irme, tenía que encontrar a Patricia. Recorrí el pasillo de celdas mirando en el interior de todas y cada una de ellas, fue entonces cuando encontré a Patricia en el interior de una de ellas, estaba sentada y tenía la cabeza inclinada sobre el pecho. Cuando comencé a abrirla, Patricia me miró. Su cara estaba hinchada a consecuencia de los golpes, nada más abrir, ella salió de la celda.
-¿Qué te han hecho esos salvajes?-
-Nada que no se pueda curar, ¿por donde salimos de aquí?-
-No se donde estamos, si estamos en alguna planta inferior o en la misma donde me interrogaron. Tampoco se cuantos soldados se habrán quedado aquí-
Recorrimos el pasillo de celdas, justo cuando pasamos por la celda donde yo había estado encerrado y unas manos surgieron del interior para agarrarnos, repentinamente apunté hacia el asaltante y vi que se trataba del soldado de la cocaína, este había revivido, no me molesté en matarlo y seguimos por el pasillo de celdas  hasta que llegamos a una puerta de metal, allí había una cámara de vigilancia, pero esta no parecía funcionar. Cuando atravesamos la puerta, nos vimos en un pasillo de color blanco, seguíamos sin saber donde estábamos exactamente, pero al menos ya no estábamos encerrados. Recorrimos el pasillo blanco donde vimos varias puertas y cámaras, las cámaras estaban apagadas y las puertas estaban cerradas. Lo que indicaba que aquella zona no la utilizaban mucho.
-¿Tienes algún arma para mi?- preguntó Patricia.
La miré y negué con la cabeza, justo en ese momento escuchamos un ruido y eso hizo que nos ocultáramos rápidamente en una esquina, solo yo me asomé y vi como un soldado avanzaba por el pasillo, seguramente era el que iba a cambiarle el turno. Cuando el soldado pasó por nuestro lado lo agarré y lo encañoné, trató de gritar y yo le metí el cañón de la pistola en la boca.
-Bueno, tu amigo de las celdas esta algo indispuesto, si no quieres estarlo tu también será mejor que nos digas como salir de aquí, también quiero que me digas cuantos soldados quedan en este lugar o si se han ido todos. Ahora te sacaré esto de la boca y me dirás lo que quiero saber, haz algo que no me guste y te mato ¿Entendido?-
El soldado alzó las manos y asintió con la cabeza, cuando le saqué el cañón de la boca comenzó a hablar. –Solo quedábamos cuatro, dos que están arriba, el de las celdas y yo. Los demás se han marchado hacia la urbanización de la que vinisteis-
-¿Cómo salimos de aquí?- le pregunté.
-Estamos en el segundo piso bajo tierra. Solo debéis subir por el ascensor y volver por donde os cogimos-
-Necesitamos un vehículo para llegar hasta la urbanización rápidamente. Supongo que tenéis ¿Dónde?- El soldado se quedó callado y yo volví a amenazarle. –Sera mejor que nos guíes-
-Si os ayudo me consideraran un traidor y no podre volver, me matarán. Deberéis llevarme con vosotros-
Patricia y yo nos quedamos mirando, lo que decía ese soldado podría ser perfectamente un farol y acabar con una trampa, no podía fiarme. Me quedé un rato pensativo y finalmente asentí con la cabeza. –Muy bien, te llevaremos con nosotros-
Los tres comenzamos a avanzar, yo llevaba al soldado apunta de pistola por si se le ocurría tratar de darnos esquinazo, pero no lo hizo, llegamos a un ascensor y nos metimos en el.
El ascensor comenzó a subir y cuando paró, al abrirse la puerta nos vimos de nuevo en un pasillo de color blanco, aunque este era el mismo por el que me habían llevado hasta la enfermería.
Guiados por el soldado llegamos hasta un parking lleno de vehículos militares. Por el camino habíamos tenido suerte y no nos habíamos cruzado con ningún soldado. Podríamos salir de allí rápidamente.
-¿Todos tienen las llaves puestas?- pregunté.
-Si y también están a tope de gasolina- respondió el soldado.
-Muy bien, vamos- dije eligiendo uno de los furgones de color verde.
Yo me subí por la puerta del conductor y Patricia por la del copiloto, el soldado iba a subir, pero yo se lo impedí. –Ábrenos la puerta del garaje-
El soldado aceptó a regañadientes y corrió hacia un extremo del garaje para pulsar el botón que hacía que la puerta del garaje se abriera. Justo en ese momento miré a Patricia.
-Agárrate fuerte-
-Pensaba que lo ibas a llevar con nosotros-
-No pienso fiarme de tipos como el… ya no-
Cuando la puerta estuvo totalmente abierta pisé el acelerador y comencé a conducir a toda velocidad hacia la salida. Cuando el soldado nos vio huir quiso salir corriendo detrás, pero al ver que no podría alcanzarnos se dio la vuelta y pulso el botón otra vez para que la puerta se cerrara.
Pisé el acelerador y pasamos por debajo de la puerta rozándola, el roce hizo que saltaran chispas. Rápidamente nos vimos en la calle, solo nos quedaba regresar lo más rápido posible. Seguramente nos encontraríamos con Beltrán, aunque estaba preparado para ello, tenía la pistola al lado y la usaría cuando tuviera a ese mal nacido delante.
Mientras recorríamos las calles noté la mirada de Patricia puesta en mí. Entonces me giré hacia ella. -¿Qué ocurre?-
-Lo dejaste tirado después de prometerle que lo llevarías contigo-
-Tuve que hacerlo, no podía arriesgarme a que me traicionara- respondí. –Alguien ya me hizo algo parecido. Si he aprendido algo en todo este tiempo es a no fiarme de nadie, así no tendré que lamentarme después-
-¿Qué ocurrió?- preguntó Patricia.
-Supongo que ya te lo contaré cuando pueda, ahora debemos darnos prisa, hace rato que Beltrán y los otros soldados se marcharon, deben haber llegado o estarán apunto de llegar a la urbanización-
*****
Urbanización el Pizarral…

Beltrán y sus hombres, doce en total, llevaban rato escuchando las explosiones y los disparos, los cuales les estaban delatando la posición de aquellos a los que buscaban, pero algo no iba bien, los disparos revelaban que estaban luchando contra alguien o contra algo. Eso a Beltrán no le importaba, ya que estaba decidido a pasar por encima de quien fuese para conseguir su objetivo.

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