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jueves, 7 de marzo de 2013

Capitulo 186: Toda la verdad, part 2



Me desperté en una especie de celda, el suelo de cemento estaba frio y húmedo. La cabeza me daba vueltas y me llevó un minuto poder sentarme y apoyarme en la pared, me fijé en la celda en la que estaba y me di cuenta que había un bebedero en un lado, lo cual me hacía pensar que me encontraba en una jaula.
Me quedé un rato quieto esperando a recuperarme mientras trataba de recordar lo que había pasado anteriormente a ser encerrado. Me notaba la boca pastosa, suponía que era debido al efecto de las drogas que me habían inyectado… las drogas. Me maldije a mi mismo en el momento que recordé algunas cosas, me habían inyectado el suero de la verdad y se lo había contado todo, el lugar donde estaban los demás, de donde veníamos, cuantos éramos y lo peor de todo era que también les había dicho que teníamos en nuestro poder la bomba y la ultima ampolla de la vacuna. Me di varias palmadas en la cabeza mientras me preguntaba por que demonios no me habían matado ya. ¿Para que otra cosa me necesitaban?.
Después de un rato comencé a escuchar un silbido que me recordaba al que hacia Daryl Hanna en Kill Bill. No tardó en aparecer un soldado frente a mi celda, se trataba de un chico joven, de unos veinti pocos años, tenía un tatuaje de una cruz en el brazo y en su cintura chocaban llaves entre si, junto al manojo de llaves llevaba una pistola, me fije un poco más en el y entonces lo recordé, era uno de los que nos había cogido a Patricia y a mi… Patricia, casi se me había olvidado, desde que nos separaron no sabía donde estaba ni lo que habían hecho con ella.
-¿Ya te has despertado? Muy bien, Beltrán te querrá entero cuando vuelva-
Me acerqué a los barrotes llevado por la curiosidad de saber donde estaba Patricia, así que se lo pregunté. -¿Dónde esta la chica que me acompañaba?- mi voz sonó todavía como cansada, los efectos seguían allí y la jaqueca empezaba a hacerse notable.
-Tu amiguita esta en otra celda, ahora duerme plácidamente-
-¿Qué le habéis hecho?- pregunté temiéndome lo peor.
-No nos la hemos follado por si es lo que te preguntas, ni de coña la metemos ahí, ese chumino debe ser peor que Chernóbil, pero se puso guerrera y tuvimos que enseñarle quien manda, quizás nos pasamos con las porras-
Me lancé contra los barrotes tratando de agarrar a aquel mal nacido, pero este lo evitó dando unos pasos atrás, luego sacó la porra que llevaba y dio un golpe a los barrotes. –Será mejor que no me encabrones o te juro que romperé esta porra en tu cráneo-
Después de amenazarme, el soldado desapareció de mi vista unos momentos y cuando volvió a aparecer lo hizo con una mesita y un taburete, este los plantó justamente delante de mi celda y se sentó para observarme con una sonrisa, una sonrisa que se me antojaba de superioridad.
-Así que de Valencia ¿eh? Yo soy de Madrid… Es una putada todo lo que ha pasado, el que los muertos caminen me refiero- decía  el soldado mientras rebuscaba algo en su bolsillo.
-No te sientas obligado a contarme tu vida… en serio, no es necesario que la compartas conmigo- le respondí yéndome a la sombra de mi celda para quedar fuera de su vista.
-Estas bajo vigilancia, me escucharas lo quieras o no… oh vaya, aquí esta- el soldado dejó una pequeña bolsita sobre la mesa.
Me quedé mirando la bolsa y me di cuenta de que se trataba de cocaína. En entonces el soldado me miró y sonrió satisfecho. –Este es el único vicio que me queda, aunque la estoy racionando, son mis ultimas rayas. ¿Quieres un poco? Me siento generoso y me gustaría invitarte-
A juzgar por la forma de hablar y el como se tocaba la nariz en esos momentos, estaba seguro que no hacia mucho que se había metido alguna, ahora iba a continuar con más.
-Por mi como si dejas un kilo sobre la mesa y hundes la cabeza en el, paso de mierda-
-No sabes lo que te pierdes colega. La conseguí hace un tiempo de una casa, estábamos de misión de reconocimiento cuando me lo encontré. Había más, pero ya nos las metimos toda, Beltrán es un crack-
-Te dije que no es necesario que compartas tus correrías conmigo, en serio, te lo puedes ahorrar- dije, pero el soldado no se callaba, seguía preparándose las rayas sobre la mesa, seguidamente se las fue metiendo una tras otra. Este echó la cabeza hacia atrás y lanzó un grito al más puro estilo cowboy.
-No te imaginas como entra-
-Felicidades- respondí con indiferencia, algo que por lo que noté pareció no hacerle mucha gracia.
-¿Me estas ignorando cabrón?- preguntó de repente.
-Bravo por ser tan perspicaz, veo que a pesar de meterte esa mierda sigues conservando una neurona al menos. Fíjate tu que con suerte, lograras un record… el de soldado más gilipollas vivo… aunque algo me dice que te quedan dos telediarios, los tíos como tu mueren enseguida-
El soldado comenzó a reír, cuando la risa se le pasó de golpe sacó algo de su bolsillo y me lo lanzó con intención de darme, cuando el objeto cayó al suelo vi que se trataba de una moneda de dos euros. Lo gracioso era que había lanzado la moneda justo al lado contrario al que me encontraba, lo cual me reveló que ese tipo estaba jodidamente colocado, sus ojos eran también un signo claro.
-A la próxima entro ahí y te corro a porrazos, me quedaré con las ganas de pegarte un tiro, pero por lo menos me daré un gustazo, al fin y al cabo para hablar no necesitas ni brazos ni piernas-
Justo en ese momento una bombilla se encendió en mi cabeza, ya sabía como iba a salir de allí, solo tenía que esperar el momento oportuno. –Muy bien pelusa, sigue con lo tuyo, date el gustazo y sigue con las rayitas, seguro que no tienes huevos a meterte otra-
-¿Qué no? ¿Qué sabrás tu?-
¡¡¡Premio!!! Ya lo había encandilado, tenía entendido que algunas personas bajo el efecto del caballo llegan a enfadarse con facilidad y que también es más fácil tomarles el pelo, en esos momentos había comprobado que también era posible llevarlos a cometer ciertas estupideces, justo en esos momentos lo estaba retando a que se hiciera más rayas.
Seguidamente después de lanzar mi desafío, el soldado se metió una raya y luego otra. Y cada vez que lo hacía me miraba con una sonrisa de victoria. El muy imbécil había entrado a trapo, la primera parte de mi idea había salido bien, pero aun no había acabado, solo acababa de empezar.
*****
Urbanización el Pizarral…

Jorge trató de impedir que los hombres de Lujan se abrieran paso hacia el edificio donde estaban los demás, pero rápidamente se vio inmovilizado por dos tipos, estos lo tiraron al suelo y lo desarmaron. Los demás hombres de Lujan comenzaron a entrar en el edificio. Ni siquiera llegó a un minuto cuando se escucharon los primeros disparos, Luci y Eva habían comenzado con su trabajo de defensa. Los hombres de Lujan comenzaron a replegarse en la entrada del edificio.
-¿Qué coño esta pasando?- preguntó Lujan.
-Alguien nos esta disparando desde las escaleras- respondió uno de sus hombres, eso hizo que Lujan comenzara a dar gritos fuera de si.
-¡¡¡No me importa si os disparan o si os orinan encima!!! Ahí arriba esta su gente- Lujan señaló a Jorge que seguía tirado e inmovilizado en el suelo. –Quiero que los cojáis a todos, vivos o muertos, me da igual. Todos adentro-
Los hombres de Lujan comenzaron a entrar y a tomar posiciones en el rellano, algunos fueron abatidos por una lluvia de balas que cayó sobre ellos como una lluvia torrencial. Sus cabezas estallaron y sus cuerpos acabaron como una masa sanguinolenta sobre el suelo de mármol.
Lujan tuvo tiempo de asomarse y disparar una de las granadas, eso hizo que la explosión hiciera caer sobre ellos escombros que provenían de las escaleras, incluso fugazmente logró ver a dos chicas, estas eran las que les estaban disparando.
-¿Qué hacemos? No podremos pasar por ahí sin que nos acierten-
-A mí como si os convierten en coladores, quiero a esas dos zorras…¡¡¡Y las quiero vivas!!! Quiero tomarme mi tiempo para matarlas lentamente-
El vistazo de Lujan había sido rápido, pero eso le había bastado para reconocer a una de ellas, si la memoria no le fallaba y estaba seguro de que no era así, un de ellas era la que se había quedado con Irina… y por lo tanto la misma zorra que la había matado, esa rubia. Cuando Lujan la vio sintió como la sangre le bullía por las venas y un incontrolable deseo de matarla se apoderaba de el.
Lujan salió del edificio y entonces se dio la vuelta para comenzar a disparar granadas contra la fachada, las sacaría de allí aunque tuviera que hacer caer el edificio.

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