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jueves, 28 de marzo de 2013

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 4



Día 15 de Julio de 2009
Día 397 del Apocalipsis.

Jorge fue recobrando la conciencia poco a poco, no recordaba mucho que era lo que había pasado, debajo de el notaba un escozor en varios puntos de la espalda, como si varios cristales estuvieran clavados en ella, se pasó la mano por la espalda a pesar de que le dolía todo y efectivamente tocó los trozos vidrio clavados en su espalda, luego se miró la mano y vio que estaba manchada de sangre.
-Joder…-
En ese momento cayó en la cuenta de que era de noche, aunque le era imposible ver la hora en su reloj por culpa de tener la visión todavía borrosa, se movió un poco y notó que estaba sobre una superficie blanda, como si fuesen bolsas de basura, las cuales identificó con el tacto, eso había amortiguado el golpe y le había salvado la vida, entonces un recuerdo en forma de flash vino a su mente y volvió a revivir lo que había pasado, recordó como estando apunto de cruzar la puerta un enloquecido Françoise se lanzó contra el y ambos atravesaron el ventanal. Justamente en ese momento se interrumpieron sus pensamientos cuando escuchó un jadeo en algún lugar a su lado, seguido de un movimiento sobre las bolsas de plástico que lo rodeaban, era incapaz de saber el sitio exacto, estaba muy desorientado. Jorge tenía que moverse rápido, sabía que significaba ese jadeo, de pronto sintió como una mano se cerraba en torno a su cuello y apretaba, la cara de Françoise apareció de repente y trató de morderle, Jorge se fijó y vio que el cuello del francés estaba doblado hacia un lado, lo que le impedía lograr clavar los dientes. Jorge lo golpeó repetidas veces y cuando se lo quitó de encima rodo sobre si mismo para alejarse del No Muerto, a tientas avanzó entre las bolsas hasta que llegó al limité y se cayó, chocando enseguida contra el suelo. Jorge alzó la vista aturdido y vio el tráiler que había ante el, justo después el maltrecho cuerpo de Françoise cayó en el asfalto y comenzó a arrastrarse hacia el. Jorge comenzó a recular mientras miraba a los lados para evitar ser sorprendido por más de aquellos seres, luego pudo fijarse bien en el estado de aquel ser, era imposible que se alzara, no solo tenía el cuello roto, si no que ambas piernas estaban dobladas en un ángulo imposible y un enorme trozo de cristal sobresalía de su espalda, no era fácil averiguar como había muerto.
El francés agarró a Jorge de la bota y clavó los dientes en esta, Jorge comenzó a darle continuas patadas, pero el No Muerto no sentía ningún dolor, finalmente logró ponerse sobre Jorge, solo los brazos de este impedían que clavase los dientes en su cuello, no lo iba a tener fácil, Jorge decidió jugársela y reunió las fuerzas que le quedaban, puso una de sus manos en la barbilla del ser, lo impulsó hacia arriba, flexionó una rodilla para crear un obstáculo más, alargó la mano hacia el trozo de cristal, lo agarró y tiró hacia arriba sacándolo, seguidamente lo blandió como un arma y separó la cabeza del cuerpo, seguidamente agarró la cabeza por el pelo y lo lanzó por los aires alejándola de el. Cuando el cuerpo se quedó inmóvil pudo respirar tranquilo antes de perder el conocimiento otra vez.

Jorge recobró el conocimiento justo cuando amanecía, su vista tardó un rato en acostumbrarse, sobre el todavía seguía el cuerpo decapitado de Françoise, el cual había comenzado a oler. Jorge miró a su alrededor y vio el tráiler con bolsas de basura hasta arriba que le había salvado la vida, también se dio cuenta de que estaba en un callejón bloqueado por ambas partes, eso no permitía la entrada de ningún infectado más allí, lo cual Jorge agradecía. Se quitó de encima el cuerpo y se fue poniendo en pie poco a poco, se sentía como si le hubiesen dado una paliza y el calor comenzaba a hacerlo sudar muchísimo, no estaba en condiciones nada favorables, nuevamente alzó la vista para ver el ventanal por el que había caído y vio que era un sexto piso, realmente había tenido mucha suerte, entonces escuchó el chasquido de unos dientes que chocaban entre si, era una mandíbula que se abría y cerraba, no había duda de que se trataba, Jorge se acercó tambaleante a la cabeza que horas antes había separado del cuerpo.
-Que hijos de perra que sois, pero juro que os las voy a hacer pagar todas juntas… y a tu jefe, a ese le sacaré las entrañas con mis propias manos-
Seguidamente alzó el pie y lo dejó caer sobre la cabeza, acabando definitivamente con aquel ser. Cuando levantó el pie se fue alejando hacia una puerta que había visto en el callejón en el que se encontraba, era una puerta de hierro plateada, Jorge agarró el pomo y lo giró poco a poco. La puerta resultó estar abierta, cuando Jorge la cruzó se encontró en lo que parecía el pasillo de una cocina, ya sabía donde estaba, en un restaurante. Allí dentro hacía mucho calor y las cucarachas campaban a sus anchas por los restos de comida podrida, Jorge tuvo que taparse la nariz con la camisa para no seguir respirando aquel aire enrarecido y corrupto. Lo primero que Jorge debía hacer era curarse las heridas y descansar, no se encontraba demasiado bien.
Jorge comenzó a pasear entre las mesas y sillas abandonadas, se acabó sentando en una de las sillas que había junto a un espejo, necesitaba comprobar la gravedad de sus heridas, cuando se miró en el espejo descubrió los cristales que tenía clavados, eran nueve en total, también se fijo que la camisa se le había acartonado y formado una gran mancha oscura a causa de la sangre que había emanado de los cortes, aunque de momento parecía que la hemorragia se había detenido, tenía que curarse cuanto antes.
*****
Patricia y yo nos habíamos ocultado en el interior de una vivienda después del encontronazo, ambos nos habíamos quedado dormidos al instante bajo la seguridad de nuestro camuflaje. Yo me desperté primero y después desperté a Patricia poco a poco, esta abrió los ojos y se me quedó mirando.
-Ya es de día- le dije.
-¿Qué hora?-
-Las 7:30 de la mañana, debemos seguir nuestro camino, llegaremos hoy a cuatro vientos, ya nos queda menos para escapar de esta pesadilla- le dije con voz tranquilizadora. –Venga vamos-
Patricia se puso en pie y rebuscó en su mochila sacando una botella de agua a la que le dio un largo trago, luego me miró. -¿Has dormido algo?-
-La verdad es que si, lo necesitaba- sonreí en ese momento. –Hacía tiempo que no dormía así de bien-
Poco después ambos salimos de la casa con el impermeable sobre nosotros, había muy pocos infectados en la calle, estos no reparaban en nosotros, aunque Beltrán nos había visto ya y probablemente nos estaría buscando para vengarse de mi por haberle disparado, temía que eso ocurriera, pero las ganas de llegar a Cuatro Vientos me podían más, pronto íbamos a escapar, y estábamos a unas dos horas como mucho de conseguirlo.
*****
-Por fin hemos llegado- exclamó Vanesa cuando llegaron a la parada de metro que señalaba que estaban en Cuatro Vientos. Todos estaban contentos, lo habían conseguido, Félix y Sole se besaron, Eva y Vicky se abrazaron y la pequeña fue cogida en brazos, incluso Abel que seguía bajo los efectos de la morfina esbozó una sonrisa.
-Lo hemos conseguido, ojala tengan una pierna para mi allá donde vayamos-
Todos comenzaron a subir las escaleras hasta el exterior, una vez fuera comenzaron a caminar bajo el sol en dirección a la pista, todos sonrieron cuando vieron a ambos lados del lugar avionetas de varios tamaños.
-Lo hemos logrado, lo hemos logrado- repetía Alicia con lagrimas en los ojos mientras mecía en sus brazos al bebé.
Sandra también lloraba, pero de tristeza, iba a escapar de aquella pesadilla, pero dejaba demasiado atrás, su perro no estaba allí tampoco.
Vanesa parecía flotar mientras observaba todas las avionetas que había por allí, todas estaban en perfecto estado, en ese momento apareció Gorka por su lado y este le sonrió.
-Lo hemos conseguido, es hora de poner nuestros bonitos culos rumbo a la libertad y la salvación-
Vanesa asintió con una sonrisa mientras veía alejarse a Gorka, el cual parecía un niño al que le habían regalado el juguete que más quería, entonces se giró hacia los demás, los cuales se habían quedado parados debajo de una especie de caseta de guardas. –Quedaron ahí a descansar mientras veo el estado en que se encuentran las avionetas y ver si cabemos todos ahí-
-Muy bien- dijo Luci mientras ella y David ayudaban a Abel a sentarse en un banco que había junto a la puerta.
-Lo hemos logrado, todo ha terminado- dijo David con una sonrisa.
Luci iba a responder justo cuando un disparo se escuchó.

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 3



Envueltos por la oscuridad de la noche, Patricia y yo comenzamos a caminar por fin hacia la horda de No Muertos que se encontraba ocupando la calle por delante de la catedral de la Almudena. Nada más llegar comenzamos a avanzar entre los cuerpos putrefactos que se tambaleaban a nuestro alrededor, yo tenía la mirada fija hacia delante y llevaba a Patricia de la mano, podía notar el miedo que tenía, aunque en ese momento no podía hacer nada para que dejara de tener miedo. Chocamos contra uno de los infectados y este cayó de espaldas, cuando chocó contra el asfalto dejó escapar un gemido, eso hizo que Patricia estuviera apunto de salir corriendo, pero yo la agarré fuerte de la mano.
-Tranquilízate- le susurré en voz baja. –No nos ven, no nos atacaran, pero si sales corriendo solo llamaras la atención, sigue caminando-
Mientras caminábamos ponía la mano sobre el fusil que colgaba por la correa de mi hombro, lo tenía listo para disparar por si pasaba algo, aunque si pasaba algo no me daría tiempo a abrir fuego. Para ser sinceros, yo también tenía miedo y el corazón me latía rápidamente. Lancé una mirada hacia las ventanas y balcones de la catedral y allí vi las siluetas que se paseaban vigilando la multitud de No Muertos, esperaba que mi plan sirviera de algo y pasáramos desapercibidos, entonces vi algo con lo que no contaba, no solo vi focos de luz, si no que dos de los guardias llevaban gafas de visión nocturna. Entonces sentí una punzada en el corazón cuando uno de los focos se encendió y nos alumbró instantáneamente precisamente a nosotros. Justamente en ese momento Patricia dejó ir un grito, se escuchó un disparo y un infectado que había delante de mi fue abatido de un tiro en la cabeza, la sangre me salpicó un poco y rápidamente me tiré al suelo seguido de Patricia, justo en ese momento más balas comenzaron a derribar a más No Muertos.
-Nos han visto, nos han visto- comenzó a repetir Patricia una y otra vez, algo que me quedó claro enseguida.

Ezequiel era un soldado normal a las ordenes de Beltrán, el y otro compañero estaban de vigilancia en uno de los balcones, los demás soldados estaban en pisos inferiores para mantener la vigilancia, enseguida vio algo que le llamó la atención entre los caminantes, dos siluetas extrañas caminaban entre ellos a un paso relativamente normal, como personas, a través de las gafas de visión nocturna veía que llevaban algo reluciente sobre ellos, aunque estaba algo manchado y veía algo sobre los hombros de la figura de detrás, algo que parecían tripas, entonces le pareció ver que esas dos siluetas conversaban, lo que le pareció extraño, se fijó mejor en el que iba primero, entonces bajo la capucha vio una cara que le resultaba familiar. Lo miró fijamente y entonces vio que era el mismo tipo al que Beltrán había interrogado con el pentotal, encendió entonces el foco y los alumbró, confirmando lo que había pensado en un principio.
-Es el objetivo- le dijo a su compañero.
-¿Qué? ¿Qué objetivo?- preguntó el otro soldado.
-El hijo de puta que sabe lo de la bomba-
El soldado se quedó parado y de repente, como movido por una mano invisible cargó el arma, apuntó y disparó, abatió a uno de los No Muertos cercanos a las dos siluetas, lo que hizo que el objetivo diera un respingo de sorpresa. Eso hizo que todos comenzaran a disparar.

Patricia y yo nos tiramos rápidamente al suelo mientras veíamos que los infectados de nuestro alrededor caían abatidos por la lluvia de balas, estos nos caían encima y nos ocultaban, pero no podíamos seguir ahí, teníamos que ocultarnos, mi plan para pasar a través de los muertos sin que estos nos vieran, pero había fracasado en cuanto a que los hombres de Beltrán no nos vieran. Ahora estaban acribillándonos. Rápidamente Patricia y yo comenzamos a arrastrarnos por el suelo mientras sentíamos los golpes de los cuerpos que se iban amontonando sobre nosotros, vi como el cuerpo putrefacto de una mujer a la que le habían desaparecido los labios caía delante de mi con la cabeza reventada por un tiro. De repente noté como un impacto en la mochila y supe que una bala  la había atravesado, justo después noté como el agua se salía de esta. Me levanté de golpe con el fusil en alto y devolví el fuego mientras empujaba a Patricia detrás de una furgoneta abandonada.
-Corre, no te quedes ahí- dije mientras disparaba tratando de acertar a los soldados que nos atacaban.
El fuego cruzado había excitado a los No Muertos que nos rodeaban, aunque al oler como ellos se mostraban totalmente confusos. Rápidamente me di la vuelta para acudir junto a Patricia detrás de la furgoneta, justo cuando iba a ocultarme una bala pasó rozándome la mejilla derecha.
-¿Estas bien?- preguntó Patricia viéndome el corte.
-Si, no es nada- respondí mirando al frente donde había una calle despejada por la que podíamos huir. Justo en ese momento la calle se llenó de luz, señal de que habían encendido todos los focos, eso hizo que los infectados se pusieran frenéticos.

-Acabad con ellos, que no escapen- decía Ezequiel mientras disparaba, en ese momento sintió como una mano lo agarraba del hombro y tiraba de el, entonces se encontró con Beltrán que acababa de volver de la misión.
-¡¡¡¿Qué cojones esta pasando aquí?!!!- le gritó Beltrán a Ezequiel en la cara.
-Es el objetivo, el tipo ese… y la tía Ucraniana, los que capturamos esa vez…-
-¿Y les estáis disparando? Solo el sabe…- Beltrán no acabó la frase, agarró a Ezequiel y lo levanto por encima del balcón, lanzándolo a la calle.
Ezequiel cayó sobre el asfalto de la calle con un fuerte golpe, emitiendo un quejido ahogado, aunque no tardó en gritar cuando vio como la multitud enfurecida de infectados se le echaba encima y comenzaba a devorarlo vivo.
De repente una bala pasó cerca de Beltrán, casi le dio, con todo el odio del mundo, Beltrán dirigió su mirada a la calle y vio a Martínez apuntándole directamente mientras abría fuego.

El ver a Beltrán allí me hizo reaccionar con rabia, tanta que sin pensarlo salí de mi escondite ignorando los gritos de Patricia. Apunté alto y disparé más veces, aunque no pude acertarle un solo disparo. Esperaba que me dispararan, pero no ocurrió, lo único que recibía eran los gritos de Beltrán desde algún escondite, este ordenaba que no me dispararan, que bajo ningún concepto me mataran, entonces comprendí el porque. Yo era el único que podía decirle donde estaba la bomba y la vacuna, me necesitaba vivo.
-¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡Vuelve!!!- me gritó Patricia.
Me di rápidamente la vuelta y vi a la chica que corría hacia mi empujando a los infectados que se habían puesto a mi alrededor, me agarró del brazo y comenzó a tirar de mi hacia la calle que habíamos visto antes de que yo saliera disparando a Beltrán.
Me dejé llevar por ella hasta que pudimos descansar, yo aproveché para calmarme un poco.
-Ya lo tenía, maldita sea, podría haber acabado con el-
-Ya no importa, lo que importa es que estamos vivos, debemos reunirnos con los tuyos- respondió Patricia, yo asentí y comenzamos a caminar alejándonos del lugar mientras me imaginaba la cara enrojecida de ira de Beltrán. Yo pensaba que ya tendría otra oportunidad, esperaba que no fuera muy tarde, porque tenía ganas de matarle.

Capitulo 189: Sangre, sudor y carne putrefacta, part 2



Jorge había cometido errores a lo largo de su vida, como todos, no era un ser perfecto, pero desde luego, el error más grande que había cometido era el de creer que podría volver a engañar a Roache, creer que el francés iba a confiar plenamente en el. Ahora estaba entre la espada y la pared sintiendo que su suerte había acabado, Roache había oído la conversación a través del collar y en esos momentos se dirigía hacia el aeródromo de cuatro vientos, cuando llegara provocaría una masacre y mataría a todos los que habían sido sus amigos hasta la fecha, los menos afortunados serían hechos prisioneros y los torturarían de forma cruel hasta que dijeran lo que Roache quería saber, el paradero de la bomba y la vacuna.
Jorge tomó en esos momentos la determinación de salir pitando de allí y poner en sobre aviso a los demás, al menos intentar evitar la catástrofe, pero nuevamente, Françoise se interpuso en su camino apuntándole con la pistola.
-¿Dónde crees que vas?-
-Dejame pasar- dijo Jorge mirándolo fijamente.
-Tu no iras a ninguna parte, arrodíllate en el suelo y pon las manos detrás de la espalda- le ordenó Françoise. Jorge trató de evitarle, pero el francés le golpeó en la rodilla y Jorge acabó cediendo. –No nos hemos conocido mucho, pero lo bastante para decidir que no me gustas-
-Si me vas a matar… que sea de un balazo, no de aburrimiento, tu verborrea me provoca nauseas-
-Te crees muy gracioso ¿Verdad? Lastima que ya no existan los circos para pedir trabajo allí como payaso-
-No creas, ya quise ser payaso y pedí trabajo, pero tu puta madre me eclipsó completamente, ella tenía una habilidad que yo no habría podido desarrollar nunca-
Françoise sonrió y se inclinó sobre Jorge poniéndole el oído para que Jorge pudiera decirle lo que estaba pensando, entonces Jorge sonrió y prosiguió. –Yo no se disparar pelotas de tenis por el coño-
Françoise se levantó de golpe y se quedó mirando a Jorge con una media sonrisa. –Debo admitir que me esperaba mucho más de ti, no me has hecho reír de verdad, mala suerte. ¿Ultimas palabras?- Françoise le quitó el seguro al arma.
Jorge no respondió, se levantó rápidamente ante el asombro de Françoise al que no le dio tiempo a disparar, Jorge golpeó al francés en la mano y la pistola salió volando fuera de su alcance, seguidamente comenzaron a intercambiar golpes, aunque era Jorge quien iba ganando terreno. Jorge agarró a Françoise por las solapas de su uniforme y lo lanzó por encima de uno de los mostradores de las cajas registradoras, seguidamente saltó el y cayó sobre el francés, al que siguió golpeando con fiereza y odio. De repente Françoise agarró uno de los cristales que había por el suelo y lo alzó para clavárselo a Jorge, aunque en el ultimo momento logró evitarlo, aunque no del todo, porque el cristal le provocó un corte en el brazo. Eso hizo que toda la rabia y rencor acumulados de Jorge estallaran totalmente, agarró la cabeza de Françoise y la estampó con todas sus fuerzas contra el suelo.
Françoise parecía que no respiraba, Jorge se levantó y comenzó a alejarse de allí, tenía que llegar a Cuatro Vientos cuanto antes y evitar el mayor daño posible, llegó hasta la puerta que había junto a los grandes cristales desde los que se podía ver un callejón. Cogió el pomo de la puerta y en ese momento sintió un fuerte golpe, lo último que vio antes del golpe fue una silueta, el golpe lo precipitó hacia la ventana y ambos atravesaron el cristal, varios trozos de vidrio se clavaron en su cuerpo, mientras caía veía el rostro enloquecido de Françoise, no sabía si estaba vivo o no, pero después de sentir el golpe nada importó.
*****
Patricia y yo decidimos parar cuando teníamos cerca la catedral de la Almudena, era momento de tratar de no ser vistos por los hombres de Beltrán que pudieran estar vigilando, el problema era que con los impermeables llamaríamos mucho la atención, aunque tampoco podíamos deshacernos de ellos, entonces cuando llegábamos al punto exacto vi la horda que se concentraba en la zona, seguramente atraídos por la vida humana del interior, había miles allí. Fue en esos momentos cuando pensé que nuestro plan podría ser más eficiente que nunca, hasta ese momento no nos habíamos topado con ninguna horda considerable, no más de cuarenta individuos, esos encuentros habían servido para que la joven ucraniana cogiera confianza.
-Muy bien, haremos algo que no te va a gustar- le dije a Patricia en nuestro escondite mientras miraba la horda que se extendía desde donde nosotros estábamos hasta las puertas de la Almudena, y seguramente un poco más allá.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó Patricia, aunque por su expresión más o menos se imaginaba por donde iban a ir los tiros.
-No quiero dar más rodeos. Debemos seguir rectos, caminaremos entre toda esa multitud y pasaremos desapercibidos, hay muchos, aunque haya vigilantes dudo mucho que se fijen en nosotros entre tantos-
-No se, tengo miedo de que nos cojan ellos… los infectados-
-No te preocupes, ya has visto que mientras olamos como ellos seremos como invisibles, la cantidad no es problema- le dije, después le cogí de las manos. –No dejaré que te pase nada-
Patricia sonrió al tiempo que la agarraba de las manos y comenzábamos a caminar en dirección a la enorme horda que se concentraba ante la catedral de la Almudena, esperaba no equivocarme en mis cálculos, ya que si fallaba, Patricia y yo no lo contaríamos. Entonces me paré y ambos nos metimos detrás de unos contenedores, Patricia me miró en ese momento muy confusa.
-¿Qué ocurre?-
Le señalé al cielo y entonces comencé a hablarle. –Cuando se haga de noche lo haremos, no queda mucho para el anochecer. Será más fácil para nosotros-
Patricia asintió y ambos nos quedamos quietos, esperando que la oscuridad de la noche nos envolviera.
*****
Beltrán había vuelto a reunir a sus hombres para un nuevo asalto más preparado, si los asalta caminos seguían allí se iban a arrepentir de forma inmediata, Beltrán no tendría piedad, los arrasaría.
Beltrán no había participado en ninguna guerra propiamente dicha, pero sabía como llevar a cabo una, las guerras no se decidían en batallas como la que acababan de librar, aunque para Beltrán la habían perdido al no saber que los asalta caminos estaban allí también. “Hemos perdido una batalla, pero no la guerra” se repetía Beltrán continuamente ya que no podía permitirse el perder de nuevo, sabía que la batalla final estaba cerca y que todo iba a dar un giro de 180 grados en su favor, esos asalta caminos no eran nadie.
Beltrán iba en uno de los vehículos blindados volviendo a la urbanización el Pizarral, una vez allí, si todavía seguían allí, rastrearía el lugar en busca de supervivientes y sus preciados tesoros. Llegaron a las puertas del lugar indicado y pararon los vehículos, no había infectados allí, todos estaban delante de la Almudena, y si no todos, la mayoría de ellos.
Los primeros en salir del vehículo fueron dos jóvenes soldados que formaban parte del equipo de reconocimiento, los simples peones de Beltrán que no le importaba si morían. Ambos soldados se adentraron en la urbanización y salieron casi al instante, se encontraron con Beltrán justo cuando se ponía el chaleco antibalas sobre su torso desnudo.
-Novedades- ordenó Beltrán.
-Parece vacio, no se aprecia ninguna señal de vida ahí dentro mi comandante- dijo uno de los soldados.
-Ni de No Muertos- añadió el otro. –Esta despejado… creo-
-Pero no estáis seguros- respondió Beltrán volviendo a ponerse la camisa, cuando terminó comenzó a formar a los hombres que estaban a su mando, aunque no eran muchos los consideraba de los más competentes. –Comenzaremos el asalto ahora mismo, quiero que revolváis a conciencia los tres bloques de viviendas, buscad hasta debajo de las piedras, buscad alguna señal que nos de alguna pista-
Los hombres de Beltrán comenzaron a desplegarse por toda la zona residencial en la que se encontraban. Beltrán esperaba conseguir información de la dirección que podrían haber tomado los que allí se habían instalado, ya que se había dado cuenta que Martínez había vuelto, de ser así, la bomba y la vacuna ya no seguían en el mismo lugar, este se las habría llevado con el.
*****
El grupo dirigido por Eva se había parado a descansar justo después de que Abel volviera en si y necesitara urgentemente otra dosis de morfina, de la cual no les quedaba mucha, solo para cuatro inyecciones más, cuando se les acabaran, Abel iba a rabiar de dolor, eso les pondría en serios aprietos de cara a pasar desapercibidos.
Luci decidió permanecer apartada de los demás, necesitaba asimilar que había matado a dos chicos, de ser adultos no le habría importado tanto, ni siquiera pensó en ello mientras los mataba a los dos, pero luego, el sentimiento de culpa le estalló en la cara.
Félix estaba con Sole cuando se dio cuenta de que algo no andaba bien con Luci, también Sole se percató de algo cuando la vio sentarse sola en la oscuridad del túnel, ambos permanecieron callados y hasta ellos llegó lo que parecían sollozos.
-¿Qué crees que le pasa?- preguntó Sole.
-Esta rayada por algo, iré a ver que le pasa. ¿Te parece bien?- dijo Félix mirando a Sole a los ojos.
-Me parece bien, no te preocupes-
Félix se puso en pie y avanzó hacia donde estaba Luci. -¿Te importa si te acompaño?-
-No… aunque me aparté para estar sola-
-¿Qué es lo que te pasa? Nunca antes, después de acabar con la vida de alguien te había visto así de derrumbada. Eres fuerte-
-Se lo que soy y dejo de ser. Se en que se ha convertido el mundo y que hay que hacer cosas como estas para sobrevivir, pero hoy he matado a dos chavales que aunque eran nuestros enemigos no dejaban de ser chavales que no debían tener la mayoría de edad todavía, estaban solos y asustados-
-Temes estar convirtiéndote en un monstruo- respondió Félix con tono sombrío. –Eso es lo que nos preocupa a todos, pero lo hacemos para sobrevivir, nos hemos visto obligados a cambiar de forma de ser, si de algo te sirve… no has hecho nada malo, has hecho lo correcto, aunque estos fueran adolescentes. No te rayes, pronto llegaremos a Cuatro Vientos y saldremos de aquí, lleguemos donde lleguemos, haremos borrón y cuenta nueva, entonces podremos olvidar todo esto-
-Solo se que nada de lo que venga después, por bueno que sea, traerá de vuelta a nuestro antiguo yo- respondió Luci apoyando la cabeza en sus brazos, los cuales estaban apoyados y cruzados sobre sus rodillas flexionadas. –Estamos todos muertos en realidad y ya nada será como antes-
Félix supo enseguida que Luci tenía razón, todo había cambiado y nunca serian los mismos que eran antes de que empezara todo. Apenas les quedaba humanidad, una humanidad que antes no les hubiera permitido arrebatar vidas como el nuevo mundo les estaba obligando a hacer.