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jueves, 28 de febrero de 2013

Capitulo 185: Al llegar el alba, part 3



La zona de bricolaje estaba alojada en la tercera planta del centro comercial. Habíamos tenido suerte de que no hubiera infectados en el interior, lo cual nos facilitó mucho las cosas. Para transportar lo que necesitábamos tuvimos que coger dos bolsas de deportes, las cuales nos servirían después para transportar las armas que recuperáramos.
Habíamos cogido dos sierras mecánicas y un par de hachas, las hachas eran más que nada para defendernos cuerpo a cuerpo durante el trayecto hacia el autobús. Justo antes de salir del centro comercial me di la vuelta hacia Patricia, necesitaba saber si estaba preparada para volver a salir. Ella asintió y segundos después salimos de allí para seguir por las calles.
Nada más tocar las calles comenzamos a correr por la calle esquivando a los pocos infectados que nos topábamos, incluso algunos recibían un corte en el cráneo con una de nuestras hachas. A mitad de camino, justo después de abatir a una infectada vi como Patricia se paraba de golpe y se apoyaba en una pared para recobrar el aliento, eso hizo que me parara en seco.
-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?- pregunté.
-No puedo más. Deberíamos coger algún coche, volveríamos más rápido y más seguros-
-No, hay mucho más que muertos vivientes por las calles. Son gente que harían que tipos como Axel parecieran angelitos. No podemos dejar que nos encuentren-
-Tú parece que los conoces bien-
-Más de lo que me gustaría- respondí al tiempo que miraba a mi alrededor, por lo que sabia, podrían estar incluso vigilándonos desde algún punto. Incluso me pareció ver a Lujan sonriéndome desde una ventana.
Recordaba la calle donde estábamos, ya habíamos pasado con Axel por allí durante la noche, el autobús no estaba lejos.
-Venga vamos- le dije mirándola.
Los dos continuamos corriendo hasta que vi el autobús tumbado en la calle. Una sensación de alivio me vino de golpe, eso me hizo acelerar el paso hasta que llegué al autobús. Me colé rápidamente en el interior y me llevé el primer susto, una mano surgió del suelo y me agarró del pantalón, casi se me para el corazón, cuando me tranquilicé aparté el pie de un tirón, luego me fijé en el No Muerto que se había quedado atrapado debajo del autobús entre este y el asfalto, era fácil suponer que había sido uno de los hombres de Lujan que habían abordado el autobús y que este había muerto aplastado por el autobús. No tuve más remedio que acabar definitivamente con el clavándole el hacha en la cabeza.
-Patricia… pásame la otra sierra, probablemente la necesite. Tu quédate fuera vigilando, cuando veas algo raro avísame- le dije.
Cuando Patricia me pasó la bolsa donde estaba guardada la sierra me sentí afortunado por la suerte que habíamos tenido de que la zona de bricolaje hubiese pasado casi desapercibida. Antes de alcanzarla pensé que los saqueadores la podrían haber arrasado, habíamos tenido una gran suerte de que no fuera así.
Nada más recibir la sierra comencé a palpar el lugar que tenía que ser a la fuerza el hueco que formaba el maletero por la parte inferior. Necesitaba comprobar el grosor para calcular el tiempo que me llevaría a abrirlo. Di un par de golpes y seguidamente miré a Patricia, a la cual sonreí, con suerte aquello me llevaría un minuto, dos como mucho. Puse en marcha la moto sierra y esta rugió con fuerza, no tardé en ponerme manos a la obra mientras el ruido de la sierra comenzaba a escucharse por toda la ciudad, debía darme prisa antes de que se formara un rebaño y acudiera hacia nuestra posición.
*****
Urbanización el Pizarral…
David, Cesar, Luci y Hanzo llegaron al piso donde estaban los infectados tratando de entrar en el apartamento donde estaban Alicia y el bebé. Había unas dos docenas de ellos allí, habían tenido suerte de que no hubiesen entrado muchos más, al menos de momento, en el exterior seguían habiendo más de aquellos seres. Estos habían surgido del interior del garaje tras la explosión, con lo cual se calculaba que hubiera entre cien y doscientos por toda la urbanización, quizás podrían acabar con ellos poco a poco nada más Alicia estuviera a salvo.
-Muy bien, Luci y Hanzo quedaros aquí por si llegan más, necesitaremos que nos cubráis, David y yo avanzaremos derribándolos, trataremos de hacer los menos disparos posibles- dijo Cesar.
Luci asintió y se quedó junto al japonés a la entrada del pasillo. Cada vez que miraba a su compañero se sorprendía recordando el como lo conoció, la primera vez que lo vio, esa vez lucharon a muerte y el casi la mató, tenía la oportunidad y no lo hizo, ahora estaban apunto de luchar codo con codo.
-¿Qué ocurre?- preguntó Hanzo.
-Me alegro que no me mataras aquella vez- respondió Luci.
-Yo tengo honor. Algo que los tíos para los que he trabajado ni tenían, ni tendrán-
Ambos esbozaron una sonrisa justo cuando David y Cesar comenzaron su carrera por el pasillo mientras golpeaban u disparaban a los infectados.
El pasillo se iba llenando de cadáveres mientras David y Cesar avanzaban. Sus armas llevaban silenciador, pero eso no evitaba que se hiciese ruido, un ruido que en esos momentos estaría atrayendo a los No Muertos del exterior.
 Hanzo y Luci no tardaron en verlos aparecer por las escaleras, rápidamente de lanzaron contra ellos y comenzaron a lanzar mandobles con sus katanas. Luci se movía con increíble agilidad, algo que impresionó a Hanzo, se quedó tan ensimismado con los movimientos de Luci que no se dio cuenta de las garras que se cerraban alrededor de su cuello. El infectado que lo agarró tiro de el con tanta fuerza que Hanzo cayó rodando por las escaleras derribando a otros que subían, trató de ponerse en pie, pero más brazos lo habían apresado evitando que pudiera ponerse de pie, entonces ocurrió algo que le heló la sangre, sintió como los dientes putrefactos del No Muerto se clavaban en su hombro y seguidamente se separaban llevándose detrás un trozo de ropa y un trozo de carne. Hanzo gritó y pataleó para ponerse de pie, cuando finalmente lo consiguió se vio rodeado de infectados. Comenzó a golpearles y a lanzarles mandobles con la katana. Luci apareció de repente a su lado y lo ayudó a moverse y comenzar a salir de ahí. Hanzo miró a su alrededor y vio varios cadáveres, no se había dado cuenta cuando lo tenían agarrado y le mordían, pero Luci había dejado de lado la katana y había estado disparando con su pistola. Esa chica le había salvado de morir devorado, pero aun así, ya llevaba la muerte dentro.

David y Cesar habían llegaron hasta la puerta después de derribar a la mayoría de infectados. Nada más llegar, David comenzó a llamar a la puerta frenéticamente, cuando esta se abrió apareció Alicia con el bebé en brazos.
-Me alegro de veros. ¿Cómo me habéis encontrado?-
-Digamos que los podridos no saben ocultar donde tienen a su presa…¡¡¡Vamos!!!- les gritó Cesar.
Los tres salieron corriendo por el pasillo pasando por encima de los cadáveres hasta que llegaron a la escalera donde se encontraban Luci y Hanzo. El japonés iba a cuestas ayudado por Luci, una herida asomaba en su hombro y en sus ojos se veía que le habían mordido. Aun así corrieron hasta que llegaron al apartamento junto a los demás, cruzaron la puerta y la cerraron rápidamente. Habían acabado con todos los que habían entrado, pero en el exterior había más.
Cesar daba vueltas de un lado a otro del apartamento mientras no dejaba de observar a Hanzo y Abel, los cuales tenían más bien un pie en el otro barrio. Aquello era un hecho, si morían se convertirían en muertos vivientes, por otro lado debían hacer algo para evitar que mas infectados entraran en el interior del edificio.
-Hay que cerrar las puertas principales- dijo Cesar por fin.
-¿Cómo?- preguntó David.
Cesar miró en ese momento a los muebles de la casa. –Los desmontaremos y los usaremos para apuntalar las puertas, nos bastara con unos cuantos tablones, al menos resistirán lo suficiente como para poder prepararnos bien-
Justo en ese momento escucharon el sonido de varios motores que venían del exterior, seguidamente escucharon varios disparos y gritos. Algo pasaba fuera, David y Cesar atraídos por el ruido se acercaron a las ventanas y miraron al exterior ocultados por las cortinas.
-¿Es Juanma?- preguntó Eva dirigiéndose a la ventana, pero antes de llegar se encontró con la mirada de David. –¿Qué pasa?-
-No es Juanma…-

Lujan se bajó del vehículo justo delante de la urbanización el Pizarral, sus hombres comenzaron a desplegarse por allí abatiendo a los infectados que quedaban en pie. Durante la noche habían escuchado una explosión que los llevó hasta allí, incluso vieron el cráter y los destrozos que había hecho la explosión allí donde estaba la puerta del garaje.
-Es aquí, no me cabe duda- dijo uno de esos hombres que lo acompañaba.
Lujan se dio la vuelta y comenzó a caminar cojeando. El día del incidente de Barajas había sido herido en el tiroteo que habían tenido con los soldados españoles, pero el había logrado abatir a uno de ellos, no sabía si lo había matado, pero estaba satisfecho con haberle disparado en la espalda y haberlo dejado para el arrastre, eso hizo que los soldados se retiraran. Lujan sacó un lanzagranadas del maletero de su vehículo y sonrió. –Estos que están aquí no son ni los soldados españoles ni los franceses. Solo pueden ser civiles o esos de Valencia. Sean quienes sean, los quiero muertos-

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