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jueves, 28 de febrero de 2013

Capitulo 185: Al llegar el aba, part 1



La munición de Axel se había acabado justo cuando infectados venidos de los dos lados de la calle comenzaron a rodearle. Miró para ver a Patricia y al líder de aquel grupo, pero ambos habían desaparecido. Axel comenzó en esos momentos a luchar desesperadamente contra los No Muertos, pero las bolsas de dinero le impedían moverse con libertad. Logró golpear a uno de los infectados y este cayó al suelo, otro lo agarró por detrás y lo hizo caer de un tirón sobre el capó de uno de los coches, aun así no soltó las bolsas de dinero, ni siquiera las soltó cuando se ahogaba entre gritos de dolor mientras los infectados le mordían y le abrían el estomago para sacarle las entrañas con los dedos rígidos y afilados como garfios.
Algunos comenzaron a arañarle la cara, otros metían los dedos en su boca, finalmente acabaron arrancándole la mandíbula inferior, Axel quiso gritar, pero la sangre no lo dejó, se estaba ahogando con ella, sintió los dientes de uno de ellos clavándose en su frente, justo antes de morir sintió como su parte inferior se separaba del resto del cuerpo.

Patricia y yo seguíamos huyendo entre los vehículos, acabábamos de dejar de escuchar los gritos de Axel. Detrás de nosotros venia un pequeño grupo, estos nos pisaban los talones.
Cuando llegamos a la barricada comenzamos a subir rápidamente y nos dejamos caer al otro lado, en esos momentos nos encontrábamos en un callejón lleno de basura, al otro lado los infectados metían los brazos a través de los maderos. Los dos nos alejamos para evitar que nos agarraran. Fuera de peligro, Patricia se apoyó en la pared.
-¿Qué haces? Tenemos que seguir- le dije mirándola fijamente, al mirarla me di cuenta de que estaba en estado de shock. No tuve más remedio que agarrarla y hacer que me mirara. –Tenemos que seguir, tenemos que volver con los demás. Venga-
En ese momento Patricia comenzó a forcejear y a darme manotazos como si yo fuera uno de aquellos seres o fuera a hacerle algo. Presa del estrés y la rabia no pude evitar asestarle un bofetón que la hizo volver en si, seguidamente la cogí de las muñecas y la obligué a mirarme de nuevo.
-Vámonos-
Seguidamente ambos comenzamos a correr por aquel callejón, bajo el agua torrencial y con la única luz que nos proporcionaban los relámpagos. Tendríamos suerte si desarmados como estábamos llegábamos al día siguiente.
*****
Urbanización el Pizarral…

Los No Muertos estaban dentro del edificio. David les veía pasar por los pasillos mientras el los miraba por la mirilla, todos estaban en silencio. Incluso Abel reprimía los gemidos de dolor para no ser descubiertos, algo que seguramente pasaría no dentro de mucho si no hacían algo.
Algunas de las miradas estaban puestas en Abel, sus heridas eran graves y la sangre no dejaba de salir, podía morir en cualquier momento, eso era algo que Cesar no perdía de vista y Félix tampoco.
-Quédate aquí- le dijo Félix a Sole mientras le ponía una toalla, después de decir eso se sintió idiota, al fin y al cabo nadie podía ir a ningún sitio.
Félix se fue acercando a Abel mientras le iba quitando el seguro a la pistola que acababa de coger de dentro de uno de los cajones, la había dejado allí hacía días, prácticamente cuando llegaron. La idea de Félix era acabar con Abel antes de que este muriese y volviera como uno más de los No Muertos.
Félix ya estaba cerca de Abel cuando sintió un tirón por un lado, luego lo agarraron por el cuello y lo empujaron contra uno de los sillones. Cuando Félix vio a su agresor se dio cuenta de que se trataba de Vanesa.
-¿Qué ibas a hacer?-
-Se muere… ya sabes lo que pasara cuando muera. Tendremos a uno de ellos aquí dentro- respondió Félix mientras trataba de quitarse la mano de Vanesa del cuello, pero la piloto ejercía mucha fuerza sobre el.
-Aun no esta muerto, tampoco sabemos si morirá. No dejare que lo hagas-
Todos se habían quedado mirando la escena. Todos permanecían en silencio, entonces Cesar se adelantó para separarles. Luego Cesar comenzó a contar a los que estaban allí, era algo que tenían que haber hecho nada más entrar, después de comprobar que debían estar todos se arrepintió de no haberlo hecho antes. Alicia no estaba allí, tampoco estaba el bebé.

A Alicia no le había dado tiempo a entrar en el apartamento donde estaban los demás. Los infectados habían entrado en el edificio justo cuando ella estaba por los pasillos. Acabó refugiándose en otro apartamento del tercer piso, solo le quedaba esperar que el bebé que llevaba en brazos no se pusiese a llorar en esos momentos. Ese hecho los condenaría a los dos, incluso llegó a pensar en dejar al bebé abandonado en algún lugar de los apartamentos y tratar de salvarse ella, pero rápidamente descartó esa idea y se odió a si misma por tenerla, quizás ella no había pedido cuidar del pequeño, era algo que le había tocado así por azar, por cumplir una promesa, pero ahora mismo ese bebé era su vida y ella su madre.
El apartamento donde se había refugiado estaba bastante alejado del de donde se habían refugiado los demás, había llevado al pequeño al cuarto de baño y lo había metido en la bañera vacía envuelto en las mantas, al menos si lloraba, los infectados no lo escucharían, o al menos, eso esperaba Alicia.
Alicia había cometido otro error, el de no llevar encima un arma de fuego con la que defenderse. Siempre había temido que esta se le disparase llevando al bebé en brazos. No quería enfrentarse a esa culpa, pero sin embargo había tenido pensamientos de dejar al bebé, se podía imaginar que todo era debido al estrés, en situaciones normales jamás habría pensado tales cosas.
Después de dejar al bebé en la bañera se fue al salón, debía hacer algo para defenderse en caso de que entraran. Aunque la entrada de aquellas criaturas era algo que no quería pensar. Podría vencer a uno, quizás a dos, pero no podría con más de tres a la vez y lo que Alicia tenía claro que si aquellos seres entraban, no lo harían uno o dos, si no más. Alicia deseaba que los demás acudieran pronto en su ayuda.
*****
Calles de Madrid…

Se me había metido en la cabeza que si queríamos atravesar la ciudad con garantías de salir con vida necesitábamos armas, y el único lugar donde podríamos conseguirlas era ni más ni menos que el autobús accidentado con el que habíamos llegado a Madrid. Allí dentro todavía había armas en el maletero, el problema sería alcanzarlas, tenía entendido que estaban en la parte que estaba pegada al asfalto. Quizás abriendo un agujero en el suelo del autobús podría llegar hasta ellas, lo único que necesitaba eran herramientas con los que llegar, lo que estaba claro era que no sería fácil.
Habíamos dejado atrás el callejón hacia rato y en esos momentos nos encontrábamos descansando en el interior de una parada de metro, necesitábamos recobrar el aliento antes de continuar. Necesitaba que Patricia se centrara también, por la expresión de su cara parecía totalmente ida. Me imaginaba que la situación para ella era totalmente nueva, había pasado tanto tiempo en su zulo que no había visto la realidad del mundo, la cual era muy distinta de lo que recordaba, al fin y al cabo ella no había salido de allí nunca hasta ese momento. Era normal que estuviese chocada por todo lo que había visto, seguramente tenía una idea de lo que era el mundo, pero tras salir del zulo su realidad se había convertido en una mucho más grotesca y terrorífica.
Me acerqué a ella y la miré a los ojos. –Escucha. Descansa un poco y luego saldremos para volver a la urbanización. Antes tendremos que hacer una parada, necesitaremos armas si queremos llegar ¿Me estas escuchando?-
La mirada de Patricia se clavó en mí en ese momento y trató de hablar, pero el temblor de sus labios se lo impedía. Entonces me fijé en su mejilla, la misma en la que le había dado el manotazo. –Siento haberte golpeado antes, pero necesitaba que te centraras. Si nos descuidamos morimos, este mundo ya no es el que era y tenemos que andarnos con pies de plomo-
-No me lo imaginaba así, sabía que las cosas estaban mal… pero no tanto, esto parece el infierno- dijo al fin Patricia. Parecía que estaba saliendo de su estado de shock.
-Bueno… ya veras como te acostumbras. Ahora lo importante es que descanses, trata de dormir- le dije mientras me sentaba a su lado.
-No se si podre dormir. ¿Qué harás tu?-
-Vigilar, no te preocupes e intenta dormir. Aquí dudo mucho que puedan encontrarnos, no nos han seguido. De todos modos me mantendré vigilando-
-¿Sabes?... no quería decir nada, pero hace rato escuché una explosión y creo que venía de la urbanización. La bomba que Tyson llevaba… creo que ha explotado-
Las palabras de Patricia no me cogieron por sorpresa, yo también había sentido algo así, la misma vibración en el suelo me hizo despertar.

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