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jueves, 21 de febrero de 2013

Capitulo 184: Dinero manchado de sangre, part 3




En medio de la tormenta las calles de Madrid se habían tornado mucho más siniestras. Los infectados parecían ajenos a nuestra presencia debido a la lluvia torrencial que disimulaba nuestro olor allí, tampoco es que hubiese demasiados, nosotros nos movíamos entre los vehículos y por debajo para evitar ser vistos. Patricia y yo íbamos en cabeza con Axel pegado a nosotros, este siempre estaba con el arma preparada y aunque no dijese una palabra, su expresión era claramente la de “juégamela y te mato”, obviamente no iba a jugársela, no al menos en esos momentos.
Pasamos por al lado del autobús que en su día habíamos usado en llegar hasta allí. Seguía en el mismo sitio accidentado. La sola idea de verlo allí y recordar que todavía había armas en su interior me dio varias ideas en caso de necesitarlas. Cuando pasábamos por su lado vi lo que parecía un torso arrastrándose desde el interior entre los hierros. Cuando lo vi mejor recordé esas ropas y ese rostro latino, era el mismo chaval del que desconfié en un primer momento, era Marcus.
El No Muerto que en su día había sido Marcus se estaba arrastrando hacia nosotros, nos había visto. Cuando me lo quedé mirando, Axel se dio cuenta y me miró con una sonrisa.
-¿Lo conoces?-
Yo asentí con la cabeza. Quizás ese chico y yo no fuéramos amigos, pero me dolía profundamente verlo en ese estado, los demás me contaron en uno de esos días que estábamos en el apartamento que Marcus se había quedado atrapado entre los hierros del autobús. En ese momento al verlo me vino a la mente la imagen de un Marcus ya muerto tratando desesperadamente de liberarse de aquella prisión, finalmente lo había logrado, aunque en el intento se había dejado la parte inferior de su cuerpo.
Axel se le fue acercando y le puso la bota encima de la cabeza, luego me miró.-¿Es una pena verdad? Estos seres…- Axel forcejeó con el cuando Marcus comenzó a bracear. –Estate quieto… joder-
-No le dispares o los atraerás a todos hacia nosotros, será como tocar la campana de le cena y servirnos en bandeja de plata- dije al tiempo que buscaba algo en el suelo con lo que poder destrozarle el cerebro.
-¿Tengo cara de que me importe? Esos seres no son más que montones de carroña. Son lentos, no nos cogerían nunca-
-No te cogen si son uno o dos… pero si cuando son miles o millones. Si ahora le disparas comprobaras lo que quiero decir- le dije mirándole fijamente. –Adelante, haz la prueba si tantas ganas tienes de morir-
Axel sonrió, le dio la vuelta a su fusil y le asestó a Marcus un certero golpe en la cabeza. El No Muerto dejo de moverse al instante, luego volvió a mirarme con una sonrisa irónica, pero sobretodo una sonrisa sádica. –Ya esta. ¿Feliz?-
Asentí con la cabeza nuevamente, ese hombre estaba completamente loco, si no le hubiese avisado en esos momentos habría hecho que se nos echara encima toda la ciudad.
Seguimos avanzando bajo la lluvia guiados por Patricia, nos estaba llevando al atasco donde había dejado atrás la furgoneta negra. Ni yo, ni ella estábamos seguros que el dinero siguiera allí, y aunque siguiese allí ya no serviría. ¿En que mundo alternativo estaba viviendo Axel que le hacía pensar que el dinero todavía tenía algún valor?
Cuando llegamos al atasco tuvimos que pasar por encima de una barricada, al otro lado había cientos de vehículos. La barricada estaba situada en una gran avenida, allí había todo tipo de vehículos, tanto civiles, como públicos, como del ejercito. Y entre ellos había algo que por supuesto no podía faltar… No Muertos.
-¿Es aquí?- pregunté mirando a la joven ucraniana.
Patricia asintió, aunque el lugar era particularmente diferente a la última vez que lo vio. Uno de los edificios se había derrumbado a consecuencia seguramente de una explosión desde el interior, había escombros por todas partes.
-¿Dónde esta mi dinero?- preguntó Axel cogiendo a Patricia del pelo. Al llegar allí parecía que había perdido los estribos de forma totalmente repentina. –Dímelo o te mato aquí mismo zorra-
-Oye, tranquilo. No la mates o nunca sabrás donde esta tu puto dinero, la necesitas.- le dije.
Entonces Axel clavó su mirada en mí y luego me apuntó con el arma. -¿Y a ti? ¿Te necesito a ti?-
En ese momento comencé a sentir miedo. Realmente no me necesitaba para nada, la única que le interesaba era Patricia, yo había llegado hasta ahí solo para alejarlo de los demás y que la bomba que el tal Tyson llevaba no pudiera estallar, pero para Axel yo no era útil. En ese momento Axel me golpeó en el estomago con la culata del fusil y luego me golpeó fuertemente en la cara. Caí rodando de la barricada y me golpeé en el asfalto totalmente anegado de agua. Antes de perder el conocimiento vi como Axel se llevaba a Patricia a rastras. Había logrado mi objetivo, estaba tan cegado en ello que ni siquiera me preocupé por mí. Ahora estaba tirado en medio del asfalto mientras la lluvia caía torrencialmente sobre mí y los cuerpos que se tambaleaban por las calles, los cuales, atraídos por el ruido de los golpes y los quejidos, habían comenzado a caminar hacia allí.
*****
Tyson seguía lloriqueando con las bombas adheridas a su cuerpo. Cada vez que Scott lo miraba con una mirada que expresaba un gran odio. Si hubiese podido matarlo allí mismo lo habría hecho, pero ya tenía más que suficiente con estar debajo de la lluvia vigilando a unos extraños, los cuales para el no eran nadie. Se preguntaba por que Axel no le había dado luz verde para cargárselos a todos, al fin y al cabo ninguno de aquellos le serbia para nada. Se los quedó mirando a todos y entonces se fijó en una de las chicas. Era una chica muy guapa que le iba a servir para pasárselo bien, se le fue acercando y se paró delante de ella ante la mirada atónita de los demás.
-Mírame pelirroja- dijo Scott cogiéndola de la barbilla ante la mirada del chico rubio que había a su lado. -¿Cómo te llamas?-
-Soledad- respondió la pelirroja.
Scott comenzó a pasar la mano por su cuerpo y introdujo sus manos por dentro de la ropa, rozando su piel de tacto sedoso a pesar de que estaba totalmente empapada. El chico rubio no le quitaba ojo de encima. Lo que hizo que Scott se enfureciera.
-¿Qué ocurre? ¿Hay algo que me quieras decir?-
-Déjala en paz- respondió el chico rubio al tiempo que la chica pelirroja comenzase a sollozar. –No le hagas nada-
-No le hare nada… ella me lo hará a mi- dijo Scott agarrándola del pelo.
Scott comenzó a arrastrar a Sole por el suelo para llevársela al interior de un edificio. Allí podría hacer con ella lo que se le antojara, antes de alejarse más miró a Tyson y le lanzó una amenazadora mirada. –Tu vigílalos, que ninguno se mueva, si se mueven mátalos, si lo haces bien, cuando acabe yo te permitiré que tu también te la tires… bueno, a menos que prefieras a uno de los tíos-
Tyson no respondió, eso hizo que Scott golpeara a Sole y esta se quedara tirada en el suelo sollozando. Scott se acercó a Tyson y lo agarró del cuello. –Que me respondas puto marica. Mira a esa zorra y di que te la quieres follar cuando haya acabado-
Tyson miró a Sole y luego habló con voz temblorosa. –Si… me la quiero follar-
Scott lanzó una carcajada y lo empujó. –Joder, así se habla, empezaba a pensar que eras bujarra. Cuando acabe con ella dejaré que te lo pases bien con ella, pero de momento vigílalos, si se mueven te los cargas- Scott volvió a coger a Sole y continuó arrastrándola al interior del edificio. Una vez allí la puso contra la pared y el se pegó a su espalda mientras comenzaba a frotarse contra ella. –Dios, no te imaginas el tiempo que llevo a dos velas, estoy harto de pajearme como los monos, por fin un coño prieto después de tanto tiempo- decía mientras trataba de bajarle los pantalones a Sole. Ella comenzaba a luchar, por unos momentos comenzó a imaginarse a Lazarevick detrás de ella, estaba empezando a revivir esos días.
-No por favor. No lo hagas- pidió Sole entre lágrimas, pero Scott no parecía que fuese a parar.
-No te preocupes, cuando haga que te corras me miraras con otros ojos- le dijo Scott al oído mientras se bajaba los pantalones. También logró quitárselos a Sole.
Scott estaba totalmente excitado, cuando estuvo apunto de penetrarla sintió como si alguien se le acercara por la espalda, se dio la vuelta para ver de que se trataba y disparar si era necesario, pero entonces dos grandes manos le arrebataron el arma y lo agarraron por la cara.
-¿Pero que coño?- le dio tiempo a preguntar a Scott cuando vio a un tipo grande con varios tatuajes agarrándole, pero no vio mucho más, aquel tipo le estampó la cabeza contra el cristal de la entrada repetidas veces y luego le hundió los ojos. Scott no llegó ni a gritar.

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