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jueves, 21 de febrero de 2013

Capitulo 184: Dinero manchado de sangre, part 4



El cuerpo de Scott yacía a los pies de Abel, el grandullón le había golpeado la cabeza contra el cristal que había en el rellano de la entrada al edificio. Aun así, aunque lo había matado, el cerebro no había sido dañado y en esos momentos, el cuerpo de Scott comenzó a moverse de nuevo al tiempo que un gemido gutural salía de la garganta. Poco a poco se comenzó a poner en pie. Sole ahogó un grito y Abel se puso delante de ella para protegerla del No Muerto. Cuando el cadáver de Scott se puso en pie, se dieron cuenta de que este no parecía verles, y así era, sus ojos estaban hundidos en sus cuencas y en su lugar había dos huecos sanguinolentos.
-No le golpeé lo bastante fuerte como para impedir que reviviera. Rápido, ve al piso de arriba, allí están Vanesa y Sandra. Quédate con ellas- le ordenó Abel.
Sole hizo lo que Abel le dijo y comenzó a subir por las escaleras mientras Abel terminaba el trabajo que había empezado, agarró a Scott por el cuello y clavó un cuchillo en la cabeza, el cuerpo de Scott cayó hacia delante. Abel se hizo a un lado y miró hacia el exterior. Solo quedaba uno de los de los tres tipos, seria fácil acabar con el, lo difícil era la bomba que este llevaba encima, si quería que la cosa saliera bien tendría que convencerlo de que se la quitara y luego educadamente lo invitaría a que se fuera.
Abel salió poco a poco del edificio y comenzó a caminar con los brazos en alto. La lluvia caía sobre el con fuerza, pero no le importaba, lo que de verdad le importaba era liberar a sus compañeros. Cuando ya estuvo al lado los demás se le quedaron mirando sin entender muy bien que estaba pasando. No entendían como Abel se estaba arriesgando tanto ni porque.
Tyson vio acercarse al tipo grande y se sintió abrumado ante su tamaño, instintivamente alzó la pistola y apuntó.
-No tienes porque hacer eso. Acabo de cargarme a tu compañero, se te nota en la cara que tú no quieres hacer esto. Quítatelo y márchate-
-No puedo- dijo el tipo con lágrimas en los ojos. –Si me la quito explotara-
-Entonces márchate y no vuelvas-
En ese momento el tipo apuntó con su pistola a la bomba. Eso hizo que la expresión de Abel cambiara por completo cuando vio como mientras apuntaba a la bomba se iba acercando a los demás, si la hacía explotar provocaría un desastre.
-Vamos hombre… ya no tienes a nadie que te obligue a nada. Déjalo ya- le repitió Abel.
-Tu no lo entiendes… tu no conoces a Axel. El me matara si no sigo sus órdenes. Cuando vuelva…-
-Nadie te asegura que vaya a volver. Por favor, así no estas solucionando nada, estas poniendo en peligro a todos los demás, míralos bien. Hay niños- dijo Abel señalando a la pequeña y al bebé.
Tyson miró a los rehenes y luego volvió a mirar a Abel. Parecía que iba a obedecer y tirar el arma, justo en ese momento se dio la vuelta y comenzó a correr bajo la lluvia.
Abel salió corriendo detrás, cuando estaba apunto de alcanzarlo vio que este se quedaba parado delante de la puerta de un garaje. Este comenzó a dar golpes frenéticamente como si pensara que los golpes fuesen a solucionarle algo. Abel por fin llegó a donde se encontraba aquel tipo.
Tyson se dio la vuelta y apuntó a la bomba. –No te acerques más. Prefiero morir ahora que morir después. Por lo menos esto sería más rápido, ese mundo de ahí fuera ya no es el que conocíamos, todo se fue a la mierda. Y he fallado, Axel me va a matar-
Abel se quiso acercar más, pero Tyson le quitó el seguro al arma. –Que no te acerques joder- la voz de Tyson  temblaba.
-Oye… podemos arreglar esto. Nosotros somos buena gente, si lo hablamos seguramente te admitan aquí, solo tienes que dejar que te ayude.- dijo Abel.
Entonces Tyson sonrió. –Solo en la muerte esta la salvación- en ese momento apretó el gatillo.

La explosión fue enorme, tanto que hizo vibrar toda la urbanización. Los cristales estuvieron apunto de reventar. Todos se pusieron en pie y vieron el humo que se elevaba desde el lugar donde estaban Abel y el otro tipo. La lluvia no había dejado de caer en ningún momento. Cesar se giró hacia los demás y les dijo que volvieran al interior del edificio mientras el iba a buscar a Abel.
El joven bombero comenzó a correr por debajo de la lluvia en dirección a la humareda seguido de cerca por David. Cuando llegaron vieron un cráter, mucho humo y en el lugar donde estaba la puerta del garaje había un agujero enorme. Había restos de carne carbonizada y manchas de sangre en los laterales de la entrada, pero no había ni rastro de Abel. Entonces escucharon un quejido detrás de unos setos. Ambos se dirigieron hacia allí y vieron a Abel.
Abel estaba lleno de cortes y hematomas a causa de la explosión, esta lo había lanzado por los aires y el había acabado chocando contra uno de los arboles.
-¡¡Eh grandullón!! Despierta, no me digas que un simple petardito va a matarte…- dijo David cogiendo a Abel de las mejillas. –Venga hombre-
-Llevémoslo al interior del edificio, le limpiaremos las heridas- dijo Cesar.
En ese momento escucharon un gruñido que venia de la negra boca en que se había convertido la puerta del garaje, no tardaron en comenzar a aparecer siluetas tambaleantes de entre la humareda. Pronto comenzaron a salir infectados que nada más verlos comenzaron a caminar hacia ellos.
-Joder…-
-Vamos corre- le espetó Cesar a David.
Ambos cargaron con Abel y comenzaron a correr en dirección al edificio mientras cientos de infectados comenzaban a salir del garaje. Su aspecto era espeluznante, la mayoría estaban llenos de ampollas provocadas por quemaduras.

Luci estaba en la entrada del edificio esperando a sus compañeros, esta palideció cuando los vio aparecer seguidos por una legión de No Muertos.
Cuando Cesar y David pasaron por su lado con Abel a cuestas, Luci cerró las puertas de cristal de la entrada al edificio.
-Estas no aguantaran…- dijo David.
-Lo se- respondió Luci.
Los infectados llegaban a las puertas al mismo tiempo que Luci y los demás comenzaban a subir por las escaleras. Los golpes no tardaron en comenzar a escucharse. Las puertas no aguantarían, cuando cedieran estarían atrapados.
Cruzaron las puertas del apartamento y tumbaron a Abel en el sofá mientras Félix y Gorka bloqueaban la puerta de la entrada con un par de muebles.
-Cuando entren estaremos jodidos. Saben que estamos aquí, nos van a masacrar- dijo Gorka.
-Podréis escapar si me dejáis aquí. Yo no podre seguiros, estoy demasiado estropeado- dijo Abel después de toser repetidas veces.
-No nos iremos sin ti- respondió Sandra mirando a Abel, el cual permanecía tumbado en el sofá limpiándose las heridas del brazo.
En ese preciso instante escucharon como los cristales de las puertas se rompían permitiendo la entrada a los infectados, los cuales entraban en tromba como un ejército imparable.
*****
Desperté a tiempo de ver como un No Muerto que se desplazaba arrastrándose estaba a punto de morderme, antes de que lo consiguiera logré golpearle y a duras penas situarme sobre su espalda para seguidamente golpearle repetidas veces la cabeza contra el asfalto. Cuando este dejó de moverse me puse en pie y vi más acercándose. No tenía ni idea de donde estaban Patricia y Axel, aunque recordaba que estábamos en medio de las calles y Axel me dejó inconsciente. Fue una suerte que no decidiera matarme, volví a subir por la barricada y volví a observar el atasco, Axel y Patricia debían estar en algún lugar de ese condenado atasco.

Axel sonrió complacido cuando vio la furgoneta, nada más verla apartó a Patricia de un empujón y se precipitó hacia el interior del vehículo. Nada más entrar se encontró con un cadáver rodeado de billetes de quinientos euros. Había sangre por todas partes, pero a Axel no pareció importarle lo más mínimo, simplemente comenzó a llenar las bolsas, cuando las tuvo cargadas salió de la furgoneta.
-Ya tienes lo que querías. Ahora márchate lejos de mi vista- dijo Patricia.
Entonces Axel no contestó, simplemente apuntó a Patricia con una sonrisa similar a la de un payaso siniestro. Iba a disparar cuando escuchó un ruido a sus espaldas, cuando Axel se dio la vuelta vio a varios infectados que salían de detrás de los vehículos allí abandonados. Se había precipitado mucho metiéndose allí sin mirar, ahora esa imprudencia podría pagarla cara.
Axel comenzó a disparar en esos momentos, justo cuando llegué hasta ellos. Este me miró con odio, pero siguió disparando contra los No Muertos que estaban acercándose a el. Yo cogí a Patricia del brazo y tiré de ella.
-Salgamos de aquí. Olvídate de el-
Los No Muertos que había visto en un primer momento habían conseguido cruzar la barricada y nos estaban rodeando. Estábamos desarmados y atrapados. Por primera vez sentí que no lo íbamos a conseguir.

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