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jueves, 21 de febrero de 2013

Capitulo 184: Dinero manchado de sangre, part 1



Día 13 de Julio de 2009
Día 395 del Apocalipsis.
Madrid… Urbanización el Pizarral.

Vanesa, Abel y Sandra la cual acababa de volver en si, no se habían enterado de nada. No se habían dado cuenta de la llegada de los tres tipos que estaban reteniendo a los demás. Vanesa seguía con lo suyo y Abel seguía con Sandra. Solo se enteraron cuando escucharon el grito de la pequeña. Rápidamente Abel se dio la vuelta y se asomó por la ventana, fue cuando vio lo que estaba pasando. Quiso hacer algo, pero rápidamente fue detenido por Vanesa, la cual también acababa de percatarse de la presencia de los tres desconocidos.
-¿Qué haces Vane?- preguntó Abel tratando de zafarse. –Hay que hacer algo-
-No, espera. Nadie les ha dicho que nosotros estamos aquí, es más, no lo saben… me atrevería a decir que se piensan que solo están ellos ahí, fíjate, tampoco esta Juanma con ellos- respondió Vanesa.
-Tienen a la niña- respondió Abel.
-Y tienen una bomba. Las tiene ese tipo de ahí. Por las caras que pone no lo hace por voluntad propia. Esta acojonado, seguramente uno de los otros dos tiene el mecanismo que la haría explotar. Si ahora nos acercamos por las buenas la podrían hacer explotar. El alcance de este parece grande… tenemos que pensar en como hacer las cosas antes de lanzarnos  a lo loco, observar y planear-
Abel asintió y ambos se ocultaron sin perder de vista a ninguno de aquellos tres tipos. Sobretodo se fijaron en el que parecía el jefe, era un tipo totalmente rapado, aunque desde donde Abel y Vanesa lo observaban también podría tratarse de calvicie. Aunque había algo que si que era inconfundible desde su posición, y eran sus ojos, unos ojos que expresaban una maldad absoluta. Era como si dentro de el no hubiera otra cosa que carne y huesos, un cuerpo carente de alma, era como un No Muerto con vida. Fue cuando Abel sintió que ya había visto a ese hombre en algún lado.

Patricia y yo nos estábamos deslizando a través de los túneles que había por debajo de la urbanización. Aquello parecía un laberinto de estrechas paredes y túneles por los que alguien podía quedarse atrapado hasta el fin de sus días. Patricia iba delante, ya que era ella quien se conocía esos túneles. Desde que se ocultó en el cubículo había estado estudiando aquellos túneles al milímetro. Por la forma de moverse se notaba que estaba acostumbrada a pasar por allí varias veces. Sin embargo yo, no estaba acostumbrado y empezaba a respirar con dificultad, me sentía atrapado en aquel lugar y no podía evitar pensar en que pasaría si me quedase allí atrapado y lo que tardaría en morir de inanición.
-Será mejor que te relajes. Si ahora te da un ataque de pánico no podré ayudarte. ¿Necesitas parar?-
-Necesito salir de aquí cuanto antes- respondí mientras respiraba de forma agitada.
Entonces Patricia se dio la vuelta todo lo que pudo y me enfocó con su linterna. –Tienes que relajarte, seguro que no es la primera vez que pasas por uno de estos sitios. Ya tuviste que arrastrarte por uno para llegar hasta mi zulo-
-Pero aquel no era tan estrecho como este. Avanzar era más fácil- respondí mientras trataba de recuperar la compostura. Empezaba a mostrar claros signos de claustrofobia, algo que nunca antes me había pasado.
-Tranquilo, pronto saldremos de aquí. Este túnel nos lleva al edificio que aun no habéis explorado. Una vez allí entraremos en mi apartamento y sacaremos dos bolsas de deporte que tengo cargadas con billetes falsos. Los tenía para darles el cambiazo en caso de que vinieran  a por mí. Ahora nos servirá para salvar a tus amigos. Lo que es la vida…- dijo Patricia mientras seguía arrastrándose.
-Lo tenias todo planeado- respondí tratando de sonar más relajado.
-Si, aunque la parte de irme a México se vio prácticamente alterada-
De repente noté como Patricia se paraba, entonces se giró hacia mí y me sonrió, entonces me indicó que ya habíamos llegado al final del camino. Ella fue la primera en deslizarse al tubo de ventilación, yo la seguí rápidamente y seguidamente me encontré en un tubo de ventilación donde pude sentarme por fin y respirar más tranquilo.
-¿Dónde estamos ahora?- pregunté mirando a Patricia. Esta no respondió, directamente le dio una patada a una rejilla y esta cayó al suelo produciendo un sonido metálico acompañado de un chapoteo que por un momento temí que hubiese alertado a los tres tipos, pero no fue así.
Seguidamente ambos nos deslizamos fuera del tubo de ventilación y nos vimos en medio de un cuarto de contadores, un lugar que nada más pisar me asaltó un olor mezcla de podredumbre y humedad. Había también un palmo de agua.
El olor allí era nauseabundo y la oscuridad era total, cuando alumbramos con las linternas escuchamos un gruñido como respuesta. Ambos enfocamos en dirección al gruñido, allí nos encontramos con lo que quedaba de un infectado, este estaba en tan mal estado que lo único que podía mover era la cabeza. El espectáculo que ofrecía aquel ser no podía ser más macabro. La piel parecía gelatina, o más bien goma derretida. Su estomago se movía debido a las alimañas que tendría viviendo en su interior. En ese momento vi como una cucaracha salía corriendo de entre sus ropas y subía correteando por cuerpo y se introducía por un agujero que había en su mejilla. Por la expresión de la cara de Patricia me reveló que hacía tiempo que no veía a uno de ellos tan de cerca. La visión de aquella cosa hizo que se apartara para vomitar.
-Eso es normal, no te preocupes. No estas acostumbrada… como no lo estoy yo al meterme en túneles de granito y moverme a través de ellos como un conejo o una lombriz- dije poniendo una mueca entre la broma y la comprensión.
-Sin embargo… tú pareces muy acostumbrado a estos bichos. No quiero ni imaginarme lo que habéis tenido que pasar desde que salisteis de Valencia. Supongo que ver uno no es nada comparado con…-
-¿Ver miles?- pregunté. –Nosotros hemos visto rebaños enteros. Eran incontables- respondí. Iba a contarle más cosas, pero rápidamente le lancé una mirada. –Bueno, si no pasa nada te lo contare después. Ahora debemos hacer algo para ayudar a mis amigos. Debemos hacer algo que acabé de una forma no problemática. Algo que no acabe con disparos y demás-
-Con Axel eso no será posible- respondió Patricia pasando por delante del infectado allí sentado. Patricia llegó hasta la puerta y ambos salimos al rellano de la escalera.
Una vez ahí apagamos las linternas, no queríamos que nos descubrieran, no por el momento.
Los dos comenzamos a subir los escalones. Cuando estuvimos en el primer piso volvimos a encender las linternas. No era buena idea caminar por allí a ciegas  cuando no habíamos explorado aquel edificio todavía. Realmente hubiese sido un suicidio, sabíamos que podía salir cualquiera de aquellos seres de cualquier sitio y arrancarnos la carne a mordiscos.
El apartamento de Patricia estaba en el último piso, ella me había tranquilizando diciéndome que pese a que Axel era un loco peligroso no mataría a ninguno de mis compañeros. Porque los necesitaba para que le dijeran su paradero y del dinero. El hecho de matar solo a uno haría que los demás se negaran a hablar. Supuse que eso debía tranquilizarme.
Llegamos hasta el ultimo piso y nos paramos ante una puerta, allí Patricia comenzó a buscar unas llaves. Justo en ese momento le indiqué a Patricia que la puerta estaba abierta, simplemente estaba juntada con el marco de esta. Me preparé el cuchillo siguiendo la norma de no hacer ruido, si algo había allí dentro tendría que abatirlo con mis propias manos. No sería la primera vez.
El interior del apartamento estaba totalmente a oscuras. El olor allí dentro era podredumbre, pero no escuchábamos ningún ruido que se identificase con uno de los No Muertos deambulando por el interior.
-Debe ser la que me alquiló el piso. La puerta no esta abierta por que si, esa zorra se colaba cuando le daba la gana y me robaba bragas de los cajones-
Tuve que contener una risa al imaginarme a una mujer robándole ropa interior a otra. Incluso en aquellos momentos me imaginaba la situación.
Con la linterna comencé a alumbrar en todas direcciones buscando el cuerpo que supuestamente había allí. Todas las puertas estaban abiertas y los cajones vacios, era como si a la hora de evacuar el lugar hubiesen querido marcharse llevándose las cosas de Patricia.
La ucraniana me adelantó y se acercó a un armario. Al abrirlo sacó dos bolsas de deporte que me lanzó a los pies. Yo me agaché y descorrí la cremallera para encontrarme con varios fajos de billetes de quinientos euros. Aunque solo había unos cuantos, lo demás eran papeles del mismo color y tamaño.
-¿Creías que esto les iba a engañar?-
-Si aunque no durante mucho tiempo. Me daría al menos ventaja- respondió Patricia. –Coge tu una, yo cogeré la otra-
Cuando iba a coger la bolsa escuché el ruido. Era como si viniese algo arrastrándose por el parquet. Me di la vuelta y vi a una mujer que salía arrastrándose del cuarto de baño. Iba a levantarme para acabar con la mujer, pero Patricia se adelantó y cogió una figura de cristal, justo después acabó rompiéndola contra la cabeza de aquella mujer.

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