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jueves, 14 de febrero de 2013

Capitulo 183: La joven del tunel, part 3



Día 15 de Junio de 2008
Primer día del Apocalipsis.

Las mochilas ya estaban cargadas con todo el dinero, innumerables fajos de billetes de quinientos euros cuyo color morado se reflejaba en los ojos de Axel y Tyson, este por primera vez desde que había empezado el atraco sonreía. Al poco rato apareció allí Scott, sus ropas estaban manchadas de sangre, eso hizo que Axel entrara en cólera y avanzara hacia el con el puño cerrado dispuesto a golpearle, pero finalmente se lo pensó mejor.
-¿Ya esta todo o no? Empiezo a estar cansado de tanta gilipollez.- dijo Scott mientras se limpiaba la sangre de la ropa. –Al menos sacó algo bueno de esto, he dado rienda suelta a mis instintos-
-Tus instintos me dan asco- respondió Patricia con desdén. Seguidamente después cogió las bolsas y le lanzó una mirada a Axel.
-Sal tu primero y asegúrate de que esta todo en orden. Haz una señal cuando podamos salir. No quiero sorpresas desagradables- repuso Axel con voz amenazante, como si no se fiara de su compañera.
Patricia no pudo evitar sonreír con ironía. Una ironía que Axel no pudo comprender.
Patricia salió del banco a toda velocidad, ese era el momento que había estado esperando, el momento justo para darles esquinazo a aquellos tres idiotas. Había hecho bien enrollándose con Axel, así le sacaría todo lo que quisiera, aunque lo que más le interesaba sacar de aquel tipo era confianza, una confianza que le permitiera salir la primera.
Patricia se metió en la furgoneta negra de un salto y puso el motor en marcha. Iba a pisar el acelerador para salir pitando de allí cuando vio varias columnas de humo elevarse por encima de los edificios. También escuchó disparos y sirenas que podrían ser de la policía. En ese momento sintió un fuerte golpe contra el cristal de la ventanilla. Ella pensó que se trataba de uno de sus compañeros, se giró pensando que había perdido la oportunidad de escapar, pero entonces vio que no era ninguno de ellos. Se trataba de un desconocido, pero ese desconocido tenía algo raro, su cara estaba ensangrentada. Este golpeaba el cristal una y otra vez mientras gruñía y lanzaba gritos salvajes, gritos que le estaban helando la sangre.
De pronto aparecieron varias personas en el mismo estado que el primero, y estas no tardaron en unirse a el, todos golpeaban repetidas veces. Patricia no pudo evitar comenzar a dar gritos de terror cuando vio el hueco en la mejilla de uno de ellos, era como si se la hubiesen arrancado de un mordisco.
Aquellas personas arremetían con todas sus fuerzas contra la furgoneta, fue cuando Patricia se dio cuenta de lo que eran. Eso que decían de que los muertos habían vuelto a la vida comenzaba a tomar un siniestro sentido para ella.
Uno de ellos dio un cabezazo y el cristal se agrieto, a lo que Patricia respondió con un grito desgarrador. Entonces un disparo retumbó en la calle y uno de aquellos seres cayó abatido después de salpicar el cristal con su sangre. Más disparos abatieron a los demás, fue entonces cuando Patricia vio a unos soldados aparecer por allí. Uno de ellos se acercó al cristal y a pleno pulmón le grito que se marchara. Patricia no necesitó más para salir pitando de allí, si antes lo tenía claro lo de huir, ahora era una obligación para garantizar su supervivencia. Mientras se alejaba a toda velocidad de allí miró por el retrovisor, lo ultimo que vio antes de abandonar la calle fue a una multitud de gente avanzar corriendo hacia los soldados y estos dispararles, algo que no sirvió de nada, aquellos seres que parecían salidos del mismísimo infierno los arrollaron como un alud. También vio a sus compañeros que trataban de salir del banco justo cuando la multitud llegaba. Esa fue la última vez que los vio. No podrían sobrevivir a algo a lo que unos militares no habían podido vencer.
Patricia fue recorriendo las calles, tenía que seguir con su plan principal, este era volver a su apartamento en la urbanización el Pizarral y ocultarse allí hasta que pasara todo. Ya no tenía que preocuparse por sus antiguos compañeros, los cuales ni de pura casualidad saldrían vivos de allí, no sintió pena por ellos. Quizás Axel despertó algún sentimiento, pero los otros dos… por ella podían pudrirse en el infierno más abrasador.
Mientras Patricia conducía no podía creerse lo que estaba viendo, la ciudad estaba convirtiéndose en una especie de Vietnam donde se estaban levantando barricadas que parecían infranqueables. Había policías y militares por todas partes, también personas que parecían que las habían llevado directas al paredón, le horrorizó ver como a un grupo de hombres y mujeres eran abatidos frente a una pared de color blanco que fue salpicada por la sangre de estos. Luego un grupo de hombres con lanzallamas dejaron caer lo que a Patricia le pareció una especie de fuego purificador sobre las victimas de aquella barbarie que estaba tomando las calles de Madrid.
Ella fue el último vehículo que cruzó antes de que los militares cerraran la barricada ante la llegada de la multitud que había dejado atrás. Los disparos no tardaron en escucharse por toda la calle. En ese momento un soldado se acercó a su ventanilla y llamó con el puño para que Patricia le abriera, por unos momentos se lo pensó, pero el gesto amenazador del soldado le hizo pensárselo mejor y abrir.
-Prueba de infección- dijo el soldado sacando un extraño aparato.
-¿Infección? Yo no estoy infectada con nada- gruñó Patricia. Aquello la estaba poniendo de los nervios, acababa de atracar un banco y lo último que necesitaba eran interrupciones.
-Escuche señorita. Es el protocolo de seguridad, si no lo hace por las buenas la obligaremos-
-¿Algún problema Garduño?- preguntó otro soldado acercándose al primer soldado. El segundo militar presentaba una etiqueta en el pecho que lo identificaba como un superior.
-Mi sargento… esta mujer se niega a pasar el control- respondió el soldado apartándose para que el militar de mayor graduación.
Patricia se quedó quieta cuando el militar se presentó. –Sargento primero David Mateo. La prueba de retina es obligatoria para poder pasar por aquí, el virus se transmite por el aire y debemos extremar todas las precauciones. Si da positivo su camino acaba aquí- el militar se asomó más al interior y miró hacia la parte trasera de la furgoneta. –¿Viaja sola?-
Patricia balbuceó. –Si…si. Yo sola-
-Salga del vehículo- le ordenó el sargento primero al tiempo que le abría la puerta.
Patricia salió del vehículo al tiempo que lanzaba una mirada al interior de la furgoneta y miraba a la parte trasera de la furgoneta, centrando toda su mirada en las dos bolsas de deporte llenas de billetes. Nadie más reparó en ellas.
El soldado de menor graduación comenzó a hacerle la comprobación mientras hacía anotaciones en una libretita. Patricia se estaba poniendo nerviosa por momentos. Las expresiones de los soldados eran extrañas. Escuchó un ruido y vio como uno de ellos abría la puerta trasera de la furgoneta y se metía en el interior y reparaba en las bolsas. Algo que hizo palidecer a Patricia, esos mal nacidos habían reparado en las bolsas, cuando el soldado comenzó a abrirlas el corazón de Patricia se aceleró.
Si descubrían el pastel estaría perdida. Ya no le importaba el dinero, solo quería salir corriendo de allí. Apartó de un empujón al soldado y comenzó a correr a través de los vehículos y las personas que había por allí paradas. Escuchó disparos a sus espaldas, lo que hizo que al igual que muchas personas se echaran al suelo cubriéndose la cabeza con las manos. Más soldados se unieron al primero tratando de dar caza a la fugitiva que acababa de desaparecer de su ángulo de visión.
El soldado Garduño lanzó un bufido de rabia y pateó la puerta de la furgoneta, la cual se cerró de golpe.
-Esta limpia- dijo en ese momento el sargento primero levantando el aparato con el que le habían hecho el scanner de retina. –No lleva el virus-
-¿Y por que huye como alma que lleva el diablo?- preguntó el soldado Garduño con una mueca de incomprensión.
-Mi sargento…-
Ambos, soldado y sargento se volvieron al soldado que había en el interior de la furgoneta. Aquel soldado estaba asombrado ante lo que había encontrado, en aquellas bolsas había un autentico botín.

Día 13 de Julio de 2009
Día 395 del Apocalipsis.
Madrid… urbanización el Pizarral.

-Así que dejaste todo el dinero allí en la furgoneta en medio del jaleo y empezaste a correr hasta que llegaste aquí- dije todavía asombrado por la historia que Patricia acababa de contarme.
-Luego de eso llegué hasta aquí y trate de meterme en mi apartamento… el de verdad. Esta en aquel edificio de allí, el que aun no habéis explorado, pero las cosas aquí no iban mejor. La muerte y la destrucción se extendieron por la ciudad como la pólvora. Aquí no fue diferente ¿Sabes? La gente se mataba por salir. Los garajes fueron un desastre terrible. Yo acabé refugiándome aquí por miedo. Cuando empezó esto creí que duraría poco, pero llevamos ya casi cuatrocientos días. Esto no tiene pinta de acabar-
-No… no la tiene. Yo también creía eso al principio… pero el paso del tiempo me ha demostrado que eso de que todo volverá a la normalidad no es más que una quimera- respondí con seriedad.
En ese mismo momento escuché el grito de Vicky. Algo estaba pasando ahí arriba.

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