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jueves, 7 de febrero de 2013

Capitulo 182: Inquietud, part 3



Ya en el jardín levanté una trampilla que había cerca de los garajes, me asomé al interior y vi un túnel de hormigón por el que cabía una persona si iba agachada. Enfoqué a ambos lados con la linterna y me metí dentro, seguidamente cerré la trampilla y comencé a arrastrarme por el interior de aquel lugar con la linterna por delante y también el arma. Cabía la posibilidad de que alguien podría haberse ocultado allí durante la pandemia y este hubiese muerto y reanimado allí. Las posibilidades eran tan remotas como posibles. Lo que estaba claro es que no había olores que delataran la presencia de cuerpos en descomposición, lo que si notaba era olor a quemado. Me fui arrastrando poco a poco mientras hasta mi iba llegando el sonido de los muertos que había en el garaje. Cuando llegué al final del túnel me topé con los tubos de ventilación que comunicaban con el garaje. Seguí arrastrándome y por fin pude visualizar el interior del garaje.
-Justo como pensaba- murmuré al ver más de tres docenas de No Muertos deambulando entre vehículos destrozados y quemados.
La mayoría de aquellos seres presentaban malformaciones en el cuerpo debido a las quemaduras que les había provocado el fuego que ahora mismo era inexistente allí abajo, probablemente se había apagado pronto al activar el sistema anti incendios, eso era obvio, ya que había también agua allí abajo. Aunque el sistema anti incendios había actuado pronto, este no llegó a tiempo de salvar los cuerpos de quemarse, lo cierto es que esas mal formaciones a causa del fuego les daba un aspecto todavía más inquietante.
Como ya había descubierto lo que quería, comencé a pensar en un plan para acabar con ellos y convertir aquel lugar en un sitio seguro de una vez por todas. Podría bajar con los demás y acabar con ellos fácilmente. Fue entonces cuando escuché un ruido en el tubo de ventilación. Era un sonido como si fuera tos. Alguien estaba tosiendo, no estaba solo. Al principio pensé que era alguien del grupo, pero si lo fuera, ya se había presentado ante mí.
-¿Quién anda ahí?- pregunté en voz baja para que los No Muertos no se alteraran, pero nadie me respondió. Volví a insistir. -¿Quién anda ahí?-
Como nadie respondía, comencé a recorrer el tubo a gatas todo lo rápido que podía, eso hizo que los No Muertos comenzaran a mirar en todas direcciones buscando al causante de los ruidos, pero menos mal que no eran muy listos.
Llegué a una especie de cubículo lleno de papeles y envoltorios de comida. Allí había un periódico de hacía tiempo, mas o menos de cuando empezó la pandemia. También había ropa usada hecha una pelota. Yo me quedé sorprendido, ese lugar me recordaba a una escena de la película de “Aliens”, precisamente la escena donde Sigourney Weaver se encuentra con la niña en la nave. Recordaba que la niña había estado sobreviviendo allí bastante tiempo fuera del alcance de los xenomorfos, ahora esa película me parecía un chiste comparada con lo que estábamos viviendo en la realidad.
De repente escuché un ruido a mí alrededor. Apunté con la linterna en todas direcciones pero no vi nada. Fue en ese momento cuando de repente sentí un fuerte golpe en la cabeza, caí de bruces y perdí el conocimiento, antes de quedarme totalmente inconsciente pude ver una silueta que se iba difuminando, luego me quedé totalmente sin sentido.

Vanesa seguía repasando el libro y anotando palabras. Aun no podía montarlas para formar el mensaje oculto que Silverio le había dejado. No paraba de repetirse una y otra vez el motivo del porque Silverio lo había hecho así. Nadie descubriría el secreto si caía en malas manos y eso era lo que Silverio pretendía con ese mensaje.
Vanesa había logrado dar con el tipo de acertijo que era, pero había muchas palabras marcadas, las había incluso repetidas. Eso servía también para despistar, aunque Vanesa no iba a caer en esa jugarreta. En ese momento la figura de Abel apareció por allí y la vio sumida en el libro.
-¿Qué es eso?- preguntó Abel.
Vanesa alzó la cabeza y vio allí a su compañero. Abel se estaba apoyando en el marco de la puerta mientras se cruzaba de brazos, luego miró hacia arriba e hizo un gesto señalando al techo.
-Sandra sigue dormida. La fiebre le ha bajado, pero Eva dice que hay que mantenerla vigilada. Temen que muera a causa de la fiebre y se reanime- dijo Abel, entonces el hombretón volvió a preguntar. -¿Qué es eso? ¿En que andas metida?-
-Es algo que me dio Silverio. Es un acertijo, aquí hay algo que quiere decirme- dijo Vanesa recostándose en la silla. –Pero no hay manera. Es el jodido acertijo más difícil que he tenido el placer de resolver-
-¿Pero lo has resuelto?-
-Aun no. Silverio se ha asegurado de que si caía en malas manos nadie lo descubriera. Supongo que lo hizo por si los franceses o los otros dos grupos lo encontraban. Me lo dio a mí porque sabía que yo descubriría esto. Tengo que mostrárselo a Juanma cuanto antes… por cierto. ¿Dónde esta?-
Abel hizo un respingo y señaló hacia el exterior. –La última vez que lo vi se dirigía hacia fuera. Aunque ahora no sabría decirte donde esta, aun así no deberíamos preocuparnos. El sabe muy bien como cuidarse solo-
-Si bueno. Supongo que no debería preocuparme por el. Es tal como dices, el sabe cuidarse solito-
-Bueno, voy a ver como esta Sandra. Quiero estar ahí cuando se despierte-
-Te gusta. ¿Verdad?- preguntó Vanesa con una sonrisa picaresca. –Anda ve. Yo me seguiré rompiendo la cabeza con este acertijo del demonio-

Abel salió de aquel salón y se dirigió hacia el piso donde estaba Sandra. La niña y Eva seguían allí haciéndole compañía. La pequeña seguía con el dibujo mientras que Eva permanecía al lado de Sandra. Cuando Abel entró por la puerta, Eva le dirigió una sonrisa.
-¿Cómo se encuentra?- quiso saber Abel sentándose en una de las sillas que habían preparado en la habitación para la vigilancia de Sandra.
 La que más veces pasaba por allí era Luci para comprobar que la cabeza de Sandra debía seguir pegada a su cuerpo. Siempre se marchaba con una sonrisa al comprobar que no había tenido que hacer nada de aquello.
-Se encuentra bien. La fiebre le ha bajado mucho, supongo que fue debido al calor y al estrés, pero ya esta mejor, pronto debería despertar-
Abel se sentó a su lado y allí se quedó junto a ella esperando que Sandra volviese a despertar.

Fui abriendo los ojos poco a poco mientras la cabeza me daba vueltas debido al golpe que alguien me había propinado por la espalda. Traté de incorporarme, pero me fue imposible. Estaba atado de pies y manos, también estaba amordazado. Cuando abrí por completo los ojos miré a mí alrededor y vi que seguía en el mismo sitio que me habían golpeado. El cubículo parecía servir de vivienda a alguien, ese alguien estaba de espaldas a mí. Vestía una gabardina marrón y llevaba un gorro de invierno. Sus movimientos eran demasiado precisos para ser un No Muerto. Se trataba de una persona viva. Poco a poco se fue dando la vuelta y vi que se trataba de una chica. Tenía una larga cabellera rubia, aunque esta tenía la cara y el pelo muy sucios debido a que seguramente llevaba mucho tiempo allí. Cuando me vio ni se inmutó, simplemente me mostró mi pistola y me apuntó con ella. Quise gritar y salir corriendo de allí, pero no podía, estaba completamente a merced de aquella chica, la cual me miraba como si yo fuese el ser más peligroso del mundo. Esta me puso la pistola en la cara y yo no tuve más remedio que comenzar a negar con la cabeza. No quería que me disparara, no quería morir allí de aquella manera.
-¿Quién eres?-
La pregunta de la chica me cogió por sorpresa, no me la esperaba para nada. Poco a poco me fue quitando la mordaza y enseguida se puso el dedo en los labios para indicarme que no hiciese el más mínimo ruido.
-Si gritas para que tus amigos te escuchen, callaras para siempre- me amenazó la chica. –Se que sois un grupo numeroso, os llevo vigilando desde que llegasteis aquí- la chica tenía un marcado acento, lo que me hizo pensar que era de algún país de Europa del este.
-Entonces debes saber que somos buena gente, para nada somos como esos tipos que van por ahí fuera. Hay chicas… y niños- respondí tratando de evitar que la chica me matase allí. -¿Cómo te llamas?- le terminé preocupando.
-¿Te importa?- preguntó la chica con una sonrisa burlona. –No te diré mi nombre-
-Yo me llamo…-
-Te llamas Juanma, eso ya lo se- respondió la chica adelantándose a mi respuesta. -Lo se todo sobre vosotros. Os he estado vigilando desde que llegasteis, eso ya te lo dije antes-
Tenía que ganarme la confianza de aquella chica como fuese. Tenía que demostrarle que nosotros no éramos peligrosos.

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