Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 7 de febrero de 2013

Capitulo 182: Inquietud, part 2



Sandra apenas dormía desde que había perdido a Yako. Su perro era el único nexo que le quedaba con su vida anterior, le hacía recordar que antes del apocalipsis tenía una vida que para ella era perfecta. Tenía un trabajo, tenía otros amigos, tenía una familia y por supuesto tenía a Yako, no era que no estuviese a gusto con sus compañeros, todo lo contrario, con ellos estaba feliz y en ellos había visto a nuevos amigos y nueva familia, pero la ausencia de Yako la había hecho encerrarse en si misma y el hecho de saber que cuando muriera de cualquier manera se reanimaría como uno más de aquellos malditos seres que dominaban el mundo no la ayudaba. Desde que perdió a Yako en la huida, los acontecimientos se sucedieron de forma frenética, llegó incluso a desear que no se marcharan, entonces ocurrió lo del helicóptero. Aquello la destrozó.
Sandra se encontraba tumbada en una de las habitaciones de un apartamento del bloque en el que se habían refugiado, este estaba en el último piso y acudía allí cuando necesitaba estar sola. Sandra miraba al techo de la habitación fijamente. El techo tenía varias grietas debido a que hacía tiempo que nadie cuidaba ya de las viviendas. En ese momento escuchó algo que le hizo ponerse rápidamente de pie y correr hacia la ventana. Lo que estaba escuchando eran claramente ladridos, y estos eran indudablemente de Yako. Se asomó por la ventana y miró a la calle que quedaba detrás de la valla y los setos. Buscó a Yako con la vista, pero no lo encontró, aun así seguía escuchando los ladridos de su mascota.
Sandra salió corriendo del apartamento para ir a mirar desde otra ventana. Si el animal estaba allí tenía que poder verlo. Aunque quizás se estaba volviendo loca, había pasado ya por demasiadas cosas, la mayoría terribles. Mientras corría por el pasillo se cruzó con Abel que caminaba hacia el apartamento que había escogido para el, solo llevaba una toalla, venía de darse una ducha fría, cuando vio a Sandra correr se apartó a un lado para que pudiera pasar.
-Hola…- murmuró Abel mientras la veía correr.

A Abel le gustaba Sandra. Sentía cosas por ella desde que se habían quedado atrapados en el colegio de Yeles y habían tenido que luchar por sus vidas para poder sobrevivir, desde ese momento pensó que para el era la mujer perfecta. Aunque esta fuera más joven que el. Al verla pasar corriendo no pudo evitar pensar que estaba ocurriendo algo. Quizás había visto caminantes dentro del complejo, pero rápidamente desechó esa teoría. De ser eso le habría dado la señal de alarma, sin embargo había pasado por su lado sin ni siquiera mirarle. Abel se dio la vuelta y se metió en su apartamento para vestirse, iba a salir tras ella para averiguar que demonios le ocurría.

Sandra llegó al exterior y comenzó a mirar a su alrededor. Ya no escuchaba los ladridos de Yako. Era como si se hubieran acabado de golpe, cuando hasta justo antes de llegar al exterior los seguía escuchando con toda claridad. Se llevó las manos a la boca y comenzó a gritar el nombre de su perro una y otra vez, esperando que este apareciera de repente ladrando, pero no aparecía, volvió a gritar otra vez y entonces una mano la agarró desde atrás y la obligó a callar. Ella se soltó y se dio la vuelta para mirar a aquel que la había hecho callar. Se encontró cara a cara con Cesar.
-¿Se puede saber que haces? ¿Quieres atraer a todos los cabrones de los alrededores?- preguntó Cesar.
Sandra se apartó de el de un empujón. –No te atrevas a tocarme. Déjame tranquila-
Los gritos de Sandra comenzaron a escucharse por todo el lugar, lo que hizo que los demás comenzaran a acudir también al lugar. Todos observaban a Sandra estupefactos por la extraña reacción que esta había tenido. Abel fue el ultimo en llegar.
-¿Qué hacías gritando como una loca?- preguntó Jorge.
-Salí buscando a Yako, estaba ladrando. ¿No lo habéis escuchado?- preguntó Sandra.
-No hemos escuchado nada Sandra. Seguro que te lo has imaginado- dijo Luci acercándose a ella y cogiéndola de los hombros. –Esas cosas pasan por culpa del estrés, echas de menos a tu perro. Es comprensible-
-No me vengas con estupideces. Se lo que escuché. Escuché a mi perro ladrar- dijo Sandra una y otra vez. –No estoy loca, joder-
-Nadie dice que estés loca. Nadie lo piensa- respondió Félix. –Tranquilízate ¿Vale?-
Sandra se quedó quieta y comenzó a calmarse al tiempo que se dejaba caer de rodillas sobre el suelo de cemento. Se llevó las manos a la cabeza y temió que estuviese volviéndose loca. Los ladridos del perro habían cesado cuando ella salió del edificio, quizás aquello se debía al estrés, de repente todo comenzó a darle vueltas y se acabó desmayando allí en medio. Justo cuando llegó Abel se la quedó mirando y la cogió en brazos, seguidamente comenzó a correr de nuevo hacia el edificio. Subió los escalones y entró en el apartamento. La tumbó en la cama y se dio la vuelta rápidamente hacia Daniela, la cual había entrado detrás de el.
-Tiene mucha fiebre. Necesito antibióticos y trapos húmedos, date prisa-
Daniela se dio la vuelta y comenzó a correr por el pasillo a hacer lo que Abel le había pedido. Mientras corría se cruzó con los demás que acudían hacia el lugar donde estaban Abel y Sandra.
Algunos habían comenzado a pensar en lo que tenían que hacer si la fiebre mataba a Sandra. No tardaría en reanimarse y atacarles, si eso pasaba debían acabar con ella. Ninguno de ellos quería, pero era algo que era obligado hacer.

Habíamos escuchado los gritos de Sandra, pero pasase lo que pasase, los demás se ocuparían de ello. Nosotros debíamos seguir con lo nuestro. Habíamos estado ya en varios apartamentos y habíamos acabado con otros dos No Muertos más. Un hombre y una mujer que nos esperaban en una habitación cerrada. Habíamos acabado con seis en total desde que nos habíamos adentrado en aquel edificio.
Habíamos encontrado varias prendas de abrigo, habíamos tenido suerte con ello. Aun así habíamos comenzado a coger también mantas, quizás no fueran ropas, pero podríamos usarlas para fabricarnos ropa de abrigo apropiada para los meses de frio que nos esperaban. Como aun faltaban meses para el invierno, teníamos tiempo de sobras para fabricar prendas para todos. Al fin y al cabo, la supervivencia se trataba de eso.
-¿Volvemos?- preguntó David. –Ya tenemos bastantes cosas que podrían venirnos bastante bien-
-Quiero comprobar todo el edificio y asegurarme que acabamos con todos los podridos que nos encontremos. Si vamos a quedarnos aquí debemos asegurarnos que no hay amenazas desde dentro- entonces apunté con mi dedo hacia abajo. –También quiero ver que hay en los garajes, puede que podamos conseguir vehículos también. Ante todo, quiero asegurarme de que no hay infectados allí abajo. Cuando llegamos me di cuenta de que las puertas de los garajes están soldadas desde fuera. Las puertas de acceso a los garajes desde los edificios también están soldadas, eso puede significar que allí abajo hay unos cuantos indeseables-
-Apenas tenemos munición. Si hay muchos no tendremos bastante para acabar con todos- dijo Gorka.
-Hay otros accesos, no podremos entrar, pero nos servirá para ver como es la situación allí abajo. Bajaré luego después de comer-
Los tres comenzamos a recorrer lo que nos quedaba de edificio y volvimos cargados a los apartamentos. Habíamos conseguido también algunas latas de conserva con albóndigas. Cuando llegamos nos enteramos de lo ocurrido con Sandra. Nada más enterarme fui a verla. Me interesaba saber como estaba, más aun sabiendo que había alucinado con los ladridos de su perro. Al fin y al cabo, yo también había estado alucinando. Aunque mis alucinaciones eran mucho más inquietantes, estas eran más bien conversaciones con los muertos. Aquellos que había matado yo o que consideraba que habían muerto por mi culpa. Hacía mucho que no tenía ese tipo de visiones, pero llegué a la conclusión de que era a causa del estrés y de que debía dejar de culparme por todo. Quizás el hecho de perder al perro, Sandra había empezado a sentir lo mismo que sentí yo en aquellos momentos.
Cuando llegué a la habitación donde estaba Sandra me encontré con Abel y Daniela. Vicky también estaba allí, sentada ante un escritorio, la pequeña estaba dibujando, cuando me acerqué vi que había dibujado un prado verde con una casa y un sol brillando en lo alto. También había dibujada una chica junto a un perro. Al verme acercarme, la pequeña me miró y sonrió.
-Es para que Sandra este contenta. Son ella y su perro-
Yo me arrodillé a su lado y le pasé la mano por su cabello. –Es muy bonito, le gustará mucho. Ya lo veras, dáselo cuando despierte-
Me levanté y me acerqué a Abel. –Cuida de ella. Yo tengo cosas que hacer.- entonces le puse la mano en el hombro. –Pero si muere… ya sabes lo que debes hacer también. Confío que lo harás-
Salí de la habitación y me dirigí de nuevo al exterior. No iba a esperarme a terminar de comer para hacer lo que había pensado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario