Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

jueves, 28 de febrero de 2013

Capitulo 185: Al llegar el alba, part 4



Calles de Madrid…

Logré abrir un agujero lo bastante grande como para meter medio cuerpo y poder visualizar las armas que habían acabado en el fondo. El ruido que había organizado había comenzado a atraer  a los infectados, los cuales veíamos ya al final de la avenida en la que nos encontrábamos. Patricia llevaba rato avisándome, pero yo estaba cegado con conseguir las armas. Me deslicé un poco más y agarré el fusil por la correa, luego comencé a sacar un arma detrás de otra, cuando ya tenía bastantes fuera me giré hacia Patricia.
-Coge un par. Una pistola y un fusil. ¡¡Vamos!!-
-Se están acercando- respondió Patricia. –Y no…-
-Espero que sepas usar esto. No es difícil- le dije al tiempo que le ponía en las manos una pistola. –Simplemente apunta con ella a la cabeza y respira hondo, trata de no perder los nervios. Deja que se acerquen si es necesario… será mucho más sencillo acertarles, solo tendrás que poner el cañón en su frente y apretar el gatillo-
-¿Estas loco?-
-Puede que un poco. ¡¡¡Vamos!!!-
Ambos salimos del autobús accidentado y comenzamos a correr por la calle. Aun estábamos lejos de la urbanización, pero necesitaríamos las armas y nuestro ingenio para llegar vivos. En algunas ocasiones tuve que disparar a unos infectados de cerca solo para demostrarle a Patricia que podíamos vencerlos sin demasiados problemas.
Las calles de Madrid se estaban convirtiendo en un hervidero de No Muertos a nuestras espaldas, los cuales estaban totalmente excitados con nuestra presencia. Doblamos una esquina tan rápido que Patricia chocó de bruces con un infectado, cuyo movimiento para tratar de morderle fue instantáneo. Patricia repentinamente puso la pistola debajo de la barbilla del No Muerto y apretó el gatillo.
-Bien hecho- le dije con una sonrisa que no tardó en desvanecerse cuando vi algo que me alarmó.
Había varias personas observándonos desde lo alto de un edificio semiderruido, los cuales tras vernos pasar comenzaron a lanzarse a la calle. No tenía ni idea de quienes eran exactamente, pero no eran amigos, eso desde luego.
Me sorprendió gratamente que estos no dispararan contra nosotros en ningún momento, eso era lo bueno, lo malo era que parecía ser que nos querían vivos. Mientras nos perseguían por la calle me pude fijar en sus ropas. Sus ropas pertenecían al ejercito Español, y sus gritos me lo acabaron de aclarar.
Patricia y yo llegamos a un callejón sin salida, tratamos de dar la vuelta y seguir corriendo, pero nos encontramos con algunos de los militares apuntándonos directamente a la cabeza mientras los demás mantenían a raya a los infectados que iban llegando por la calle.
-Dejad que nos vayamos- dije levantando el fusil que llevaba y que aun no había utilizado hacia ellos. –No buscamos problemas, solo tratamos de sobrevivir igual que vosotros-
Tenía que tratar de convencerles omitiendo por supuesto la existencia de los demás. Delatarles solo podía significar el final de todo, Patricia que estaba a mi lado dejó caer el arma y levantó los brazos en señal de rendición.
-Tira las armas tu también o te juro que lo lamentaras- me amenazó uno de los soldados mientras dos de ellos se adelantaban y comenzaban a abrir una alcantarilla, otro cogía las armas que Patricia había dejado caer.
No tenía más remedio que hacer lo que decían, me sentía frustrado y el hombre con más mala suerte del mundo, no acababa de salir de una cuando me había metido de lleno en otra todavía peor. Miré otra vez a Patricia y vi como la obligaban a tirarse al suelo, luego se acercaron a mí y acabé rindiéndome. En esos momentos sentí que todo había terminado para mí. Esos tíos me matarían, por lo menos esperaba que fuera rápido.
-Es hora de irnos- dijo uno de los soldados que se acercó al que me apuntaba.
-Ya has oído, creo que tenéis que acompañarnos- dijo el soldado antes de asestarme un golpe en la cara.

Lo siguiente que vi después del golpe, fue el suelo mugriento de las alcantarillas pasando debajo de mis pies como si fuera una cinta transportadora. A mis lados había dos soldados que me llevaban a cuestas. Nada más despertarme comencé a notar el olor nauseabundo de las cloacas y el sudor de nuestros nuevos “Amigos”. No sabía cuanto tiempo había estado inconsciente, pero se me antojaba que no mucho, mientras me transportaban escuchaba a esos soldados bromear y reír, incluso los escuché decirle obscenidades a Patricia, eso si que me ponía la piel de gallina, temía que le hicieran algo y a mi me obligaran a presenciarlo sin poder hacer nada, pero afortunadamente eso no ocurrió.
Finalmente llegamos a lo que parecía un agujero en la pared y comenzamos a recorrer un pasillo de color blanco, pasamos por lo que parecía que había sido un laboratorio, salimos a otro pasillo y llegamos a una bifurcación en forma de T, donde un militar que parecía de alto rango nos recibió, este se acercó a mi y me agarró del pelo para mirarme fijamente, cuando mi mirada se cruzó con la suya quise morir.
-No me jodas…- murmuré.
-Yo también me alegro de verle Martínez, el mundo es un pañuelo… llevad a la chica a la celda de aislamiento y a este a la enfermería. A la chica no quiero que la toquéis-
Ese hombre que tenía delante era Roger Beltrán, alias “Terminator”, aquel maldito loco al que echaron del ejército.
Nos separaron en aquel pasillo, traté de soltarme varias veces para intentar llegar hasta Patricia, pero los dos soldados que me llevaban a cuestas eran más fuertes, a ello le sumábamos que me sentía como mareado, quizás me habían inyectado algo mientras estaba inconsciente. Cuando llegamos a la enfermería me tumbaron sobre una camilla de mugrientas sabanas donde me amarraron muñecas y tobillos, un de ellos me rasgó la camisa con su cuchillo y luego comenzó a pasarlo por mi pecho y mi vientre, por la cara que ponía, parecía que estaba deseando destriparme como a un cerdo allí mismo, pero no ocurrió nada, simplemente se dieron la vuelta y se marcharon, dejándome solo, con la puerta cerrada y a oscuras, la única luz que se veía era la poca que se filtraba a través del cristal que tenía al lado.
Traté de liberarme varias veces forcejeando en la camilla, pero aquellos soldados me habían amarrado a conciencia, no iban a permitir que me escapara. Finalmente me rendí, me quedé allí quieto, mirando al techo mientras las lagrimas comenzaron a brotar de mis ojos, no podía evitar pensar que me habían vencido, en varias ocasiones se me pasó por la cabeza morderme la lengua tan fuerte que la sangre me hiciera ahogarme, pero la idea de morir y regresar me aterraba, no quería ser uno de esos seres, y el solo hecho de suicidarme me traería esas consecuencias. Nuevamente estaba perdido, mientras me lamentaba me sentí como si alguien me observara, miré a mi alrededor y a duras penas vi una silueta entre las sombras, cuando por fin reparé en ella, la silueta comenzó a moverse y avanzó hacia mi dejando ver su cadavérico rostro, fue entonces cuando vi al sargento Molano, pero su aspecto era muy diferente, le faltaban trozos de carne en la cara y en el cuello, tenía el mismo aspecto que la vez que acabe con el cuando era un No Muerto.
-Martínez… ¿Quién le ha visto y quien le ve?... nuevamente completamente jodido…- Molano se paseó por la sala hasta que cogió un taburete y se sentó a mi lado, luego deslizó su mano hasta mi hombro y me dio unas palmadas. –No se apure, esto pasara pronto… Beltrán no es de esos que se andan con tonterías…-
-No estas aquí- respondí cerrando los ojos y tratando de negar aquella presencia que no era la única vez que me atormentaba.
-Cállate por favor… tengo que hablar contigo y tu me vas a escuchar, a menos que puedas taparte los oídos- Molano miró los brazaletes que apresaban mis muñecas y sonrió. –Mira tu por donde… lo de taparte los oídos no te será posible… estoy aquí para repetirte lo de siempre… ¿Por qué coño diriges a un grupo sin estar capacitado para ello? Solo hacen que morir a tu alrededor, lo que me sorprende es que sigas vivo tu… eso es lo que más me chirria muchacho-
-Tu no estas aquí…-
-Claro que estoy aquí, siempre estaré ahí para recordarte lo lamentable que es tu existencia y lo lamentable que es tu forma de liderar, llegaste a Madrid persiguiendo una quimera, poniendo a los demás en peligro a lo largo de más de 300 kilómetros…¿Y todo para que? ¿Para morir? Porque eso es lo único que harán… morir-
-Calla…-
-¿Esperabas ser un héroe y escapar de aquí para ir a la tierra prometida? Desengáñate hijo, tú no eres Moisés. Solo eres un criador de cerdos que ha llevado a los cerdos al matadero-
La voz de Molano iba cambiando, se iba volviendo más gutural, casi inhumana. Se volvió a levantar y se fue paseando por la habitación mientras hablaba sin parar de la vida y la muerte, en ocasiones llegaba a desaparecer de mi campo de visión, cuando volvió a aparecer era como si hablaran dos personas a la vez.
-Al final… todos acabamos igual-
En ese momento que lo volví a mirar mi corazón casi se paró, ya no era Molano, se trataba de mi mismo, pero tenía el aspecto cadavérico de un No Muerto.
-Todos acabamos igual…-
Grité con todas mis fuerzas mientras cerraba los ojos, justo unos segundos después abrí los ojos al escuchar el chasquido de la puerta, mi otro yo había desaparecido y en su lugar se encontraban dos soldados, justo detrás de ellos entró Beltrán, el cual se puso a mi lado.
-Llegó la hora de que cantes como un pajarito-
-No te diré una mierda. Mátame si te da la gana, ya me da igual todo- respondí tratando de parecer desafiante, pero estaba realmente atemorizado. –No se que coño quieres que te diga-
-Todo… Quiero que me lo digas todo- dijo Beltrán mientras sacaba una jeringuilla. -¿Sabes lo que es esto? Es Pentotal Sódico… o en otras palabras… el suero de la verdad, con esto solo podrás decirme la verdad de todo lo que amablemente te preguntare, puede que pienses que te estoy tomando el pelo, pero cuando te inyecte esto serás el más sincero de la tierra… ¿Lo pillas?- Beltrán rió tras soltar ese ingenioso chiste y justamente luego comenzó a inyectármelo. –Con esto, hasta los mentirosos compulsivos que se creen sus propias mentiras largan toda la verdad. Es infalible…-
Pasaron un par de minutos y comencé a sentirme raro, era el hecho más que evidente de que el Pentotal estaba haciendo su efecto, Beltrán me observó y sonrió complacido.
-Muy bien Martínez… ahí va la primera pregunta-

Capitulo 185: Al llegar el alba, part 3



La zona de bricolaje estaba alojada en la tercera planta del centro comercial. Habíamos tenido suerte de que no hubiera infectados en el interior, lo cual nos facilitó mucho las cosas. Para transportar lo que necesitábamos tuvimos que coger dos bolsas de deportes, las cuales nos servirían después para transportar las armas que recuperáramos.
Habíamos cogido dos sierras mecánicas y un par de hachas, las hachas eran más que nada para defendernos cuerpo a cuerpo durante el trayecto hacia el autobús. Justo antes de salir del centro comercial me di la vuelta hacia Patricia, necesitaba saber si estaba preparada para volver a salir. Ella asintió y segundos después salimos de allí para seguir por las calles.
Nada más tocar las calles comenzamos a correr por la calle esquivando a los pocos infectados que nos topábamos, incluso algunos recibían un corte en el cráneo con una de nuestras hachas. A mitad de camino, justo después de abatir a una infectada vi como Patricia se paraba de golpe y se apoyaba en una pared para recobrar el aliento, eso hizo que me parara en seco.
-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?- pregunté.
-No puedo más. Deberíamos coger algún coche, volveríamos más rápido y más seguros-
-No, hay mucho más que muertos vivientes por las calles. Son gente que harían que tipos como Axel parecieran angelitos. No podemos dejar que nos encuentren-
-Tú parece que los conoces bien-
-Más de lo que me gustaría- respondí al tiempo que miraba a mi alrededor, por lo que sabia, podrían estar incluso vigilándonos desde algún punto. Incluso me pareció ver a Lujan sonriéndome desde una ventana.
Recordaba la calle donde estábamos, ya habíamos pasado con Axel por allí durante la noche, el autobús no estaba lejos.
-Venga vamos- le dije mirándola.
Los dos continuamos corriendo hasta que vi el autobús tumbado en la calle. Una sensación de alivio me vino de golpe, eso me hizo acelerar el paso hasta que llegué al autobús. Me colé rápidamente en el interior y me llevé el primer susto, una mano surgió del suelo y me agarró del pantalón, casi se me para el corazón, cuando me tranquilicé aparté el pie de un tirón, luego me fijé en el No Muerto que se había quedado atrapado debajo del autobús entre este y el asfalto, era fácil suponer que había sido uno de los hombres de Lujan que habían abordado el autobús y que este había muerto aplastado por el autobús. No tuve más remedio que acabar definitivamente con el clavándole el hacha en la cabeza.
-Patricia… pásame la otra sierra, probablemente la necesite. Tu quédate fuera vigilando, cuando veas algo raro avísame- le dije.
Cuando Patricia me pasó la bolsa donde estaba guardada la sierra me sentí afortunado por la suerte que habíamos tenido de que la zona de bricolaje hubiese pasado casi desapercibida. Antes de alcanzarla pensé que los saqueadores la podrían haber arrasado, habíamos tenido una gran suerte de que no fuera así.
Nada más recibir la sierra comencé a palpar el lugar que tenía que ser a la fuerza el hueco que formaba el maletero por la parte inferior. Necesitaba comprobar el grosor para calcular el tiempo que me llevaría a abrirlo. Di un par de golpes y seguidamente miré a Patricia, a la cual sonreí, con suerte aquello me llevaría un minuto, dos como mucho. Puse en marcha la moto sierra y esta rugió con fuerza, no tardé en ponerme manos a la obra mientras el ruido de la sierra comenzaba a escucharse por toda la ciudad, debía darme prisa antes de que se formara un rebaño y acudiera hacia nuestra posición.
*****
Urbanización el Pizarral…
David, Cesar, Luci y Hanzo llegaron al piso donde estaban los infectados tratando de entrar en el apartamento donde estaban Alicia y el bebé. Había unas dos docenas de ellos allí, habían tenido suerte de que no hubiesen entrado muchos más, al menos de momento, en el exterior seguían habiendo más de aquellos seres. Estos habían surgido del interior del garaje tras la explosión, con lo cual se calculaba que hubiera entre cien y doscientos por toda la urbanización, quizás podrían acabar con ellos poco a poco nada más Alicia estuviera a salvo.
-Muy bien, Luci y Hanzo quedaros aquí por si llegan más, necesitaremos que nos cubráis, David y yo avanzaremos derribándolos, trataremos de hacer los menos disparos posibles- dijo Cesar.
Luci asintió y se quedó junto al japonés a la entrada del pasillo. Cada vez que miraba a su compañero se sorprendía recordando el como lo conoció, la primera vez que lo vio, esa vez lucharon a muerte y el casi la mató, tenía la oportunidad y no lo hizo, ahora estaban apunto de luchar codo con codo.
-¿Qué ocurre?- preguntó Hanzo.
-Me alegro que no me mataras aquella vez- respondió Luci.
-Yo tengo honor. Algo que los tíos para los que he trabajado ni tenían, ni tendrán-
Ambos esbozaron una sonrisa justo cuando David y Cesar comenzaron su carrera por el pasillo mientras golpeaban u disparaban a los infectados.
El pasillo se iba llenando de cadáveres mientras David y Cesar avanzaban. Sus armas llevaban silenciador, pero eso no evitaba que se hiciese ruido, un ruido que en esos momentos estaría atrayendo a los No Muertos del exterior.
 Hanzo y Luci no tardaron en verlos aparecer por las escaleras, rápidamente de lanzaron contra ellos y comenzaron a lanzar mandobles con sus katanas. Luci se movía con increíble agilidad, algo que impresionó a Hanzo, se quedó tan ensimismado con los movimientos de Luci que no se dio cuenta de las garras que se cerraban alrededor de su cuello. El infectado que lo agarró tiro de el con tanta fuerza que Hanzo cayó rodando por las escaleras derribando a otros que subían, trató de ponerse en pie, pero más brazos lo habían apresado evitando que pudiera ponerse de pie, entonces ocurrió algo que le heló la sangre, sintió como los dientes putrefactos del No Muerto se clavaban en su hombro y seguidamente se separaban llevándose detrás un trozo de ropa y un trozo de carne. Hanzo gritó y pataleó para ponerse de pie, cuando finalmente lo consiguió se vio rodeado de infectados. Comenzó a golpearles y a lanzarles mandobles con la katana. Luci apareció de repente a su lado y lo ayudó a moverse y comenzar a salir de ahí. Hanzo miró a su alrededor y vio varios cadáveres, no se había dado cuenta cuando lo tenían agarrado y le mordían, pero Luci había dejado de lado la katana y había estado disparando con su pistola. Esa chica le había salvado de morir devorado, pero aun así, ya llevaba la muerte dentro.

David y Cesar habían llegaron hasta la puerta después de derribar a la mayoría de infectados. Nada más llegar, David comenzó a llamar a la puerta frenéticamente, cuando esta se abrió apareció Alicia con el bebé en brazos.
-Me alegro de veros. ¿Cómo me habéis encontrado?-
-Digamos que los podridos no saben ocultar donde tienen a su presa…¡¡¡Vamos!!!- les gritó Cesar.
Los tres salieron corriendo por el pasillo pasando por encima de los cadáveres hasta que llegaron a la escalera donde se encontraban Luci y Hanzo. El japonés iba a cuestas ayudado por Luci, una herida asomaba en su hombro y en sus ojos se veía que le habían mordido. Aun así corrieron hasta que llegaron al apartamento junto a los demás, cruzaron la puerta y la cerraron rápidamente. Habían acabado con todos los que habían entrado, pero en el exterior había más.
Cesar daba vueltas de un lado a otro del apartamento mientras no dejaba de observar a Hanzo y Abel, los cuales tenían más bien un pie en el otro barrio. Aquello era un hecho, si morían se convertirían en muertos vivientes, por otro lado debían hacer algo para evitar que mas infectados entraran en el interior del edificio.
-Hay que cerrar las puertas principales- dijo Cesar por fin.
-¿Cómo?- preguntó David.
Cesar miró en ese momento a los muebles de la casa. –Los desmontaremos y los usaremos para apuntalar las puertas, nos bastara con unos cuantos tablones, al menos resistirán lo suficiente como para poder prepararnos bien-
Justo en ese momento escucharon el sonido de varios motores que venían del exterior, seguidamente escucharon varios disparos y gritos. Algo pasaba fuera, David y Cesar atraídos por el ruido se acercaron a las ventanas y miraron al exterior ocultados por las cortinas.
-¿Es Juanma?- preguntó Eva dirigiéndose a la ventana, pero antes de llegar se encontró con la mirada de David. –¿Qué pasa?-
-No es Juanma…-

Lujan se bajó del vehículo justo delante de la urbanización el Pizarral, sus hombres comenzaron a desplegarse por allí abatiendo a los infectados que quedaban en pie. Durante la noche habían escuchado una explosión que los llevó hasta allí, incluso vieron el cráter y los destrozos que había hecho la explosión allí donde estaba la puerta del garaje.
-Es aquí, no me cabe duda- dijo uno de esos hombres que lo acompañaba.
Lujan se dio la vuelta y comenzó a caminar cojeando. El día del incidente de Barajas había sido herido en el tiroteo que habían tenido con los soldados españoles, pero el había logrado abatir a uno de ellos, no sabía si lo había matado, pero estaba satisfecho con haberle disparado en la espalda y haberlo dejado para el arrastre, eso hizo que los soldados se retiraran. Lujan sacó un lanzagranadas del maletero de su vehículo y sonrió. –Estos que están aquí no son ni los soldados españoles ni los franceses. Solo pueden ser civiles o esos de Valencia. Sean quienes sean, los quiero muertos-

Capitulo 185: Al llegar el alba, part 2



Desperté con las primeras luces del amanecer, hacía rato que había dejado de llover. Me levanté con cuidado de no despertar a Patricia, la cual había estado durmiendo toda la noche, quería dejar que durmiera una hora más después de comprobar que eran las ocho de la mañana todavía.
Después de dejar que Patricia se quedara durmiendo allí fui a buscar algo que poder al menos beber, alguna botella de agua de alguna maquina expendedora.
La estación de metro estaba totalmente vacía, no había ningún infectado por allí, por la noche no habíamos tenido problemas y eso me revelaba que no había peligros allí abajo.
Busqué la maquina a tientas en la oscuridad y por fin la vi junto a las vías, me acerqué a ella y comprobé que había aun botellas de agua y zumo en el interior, también había refrescos, pero la apuesta más segura era sin duda el agua.
Di unos pasos hacia atrás y con un impulso me lancé contra el cristal con la pierna por delante. El cristal se rompió al instante y pude sacar varias botellas de agua del interior, cuando llegué junto a Patricia vi que se estaba despertando, cuando me vio trató de sonreír, pero los recuerdos de la noche aun perduraban en su mente.
-Quería dejarte dormir una hora más, pero ya veo que eres tan madrugadora como yo- le dije, justo después le pasé la botella de agua para que  bebiera.
-¿Has dormido?- me preguntó después de dar un largo trago.
-Si bueno, me permití dar una cabezadita- le mentí- Pero nada importante, ya dormiré cuando volvamos al Pizarral-
-Eso será si volvemos- murmuró Patricia con un gesto de pesadumbre que me hizo mirarla con una sonrisa.
-No seas pesimista. Hay que tener esperanzas, incluso cuando no parezca que vaya a haber salvación. Vamos, tienes que ser positiva- dije dándole un trago a mi botella de agua.
-Oye… ¿Puedo hacerte una pregunta?-
Miré a Patricia y asentí varias veces, justo antes de preguntar me advirtió que era algo personal. Yo asentí nuevamente. -¿Sabes algo de tu familia? ¿Sabes si están vivos?-
La pregunta me cogió por sorpresa y no pude evitar tener un fuerte sentimiento de nostalgia que me hizo aflorar lágrimas. Finalmente respondí. –Imagino que habrán muerto… veras, yo vivía en un pueblo de Valencia que se llamaba Puzol-
-Pensé que vivías en la capital-
Negué con la cabeza. –Puzol no era ni demasiado grande ni demasiado pequeño, era un pueblo normal. Estuvimos allí refugiados en el instituto durante más de diez días. En ese tiempo no encontramos a ningún superviviente más de los que estábamos allí, algunos de los que estábamos allí ya ni siquiera viven. Y si no han muerto… quien sabe donde estarán, pienso que no volveré a verles nunca más-
-Yo tampoco se que habrá sido de mi familia. Quise llamarles cuando todo esto comenzó a pasar, pero el que cerraran las fronteras afectó a las líneas telefónicas… mis padres y mis hermanos…- Patricia rompió a llorar en esos momentos. –Los echaré de menos, sobretodo a mi hermano… solo tenía quince años-
-Yo también tenía dos hermanos- respondí –No quiero ni imaginarme como murieron, pero me consuelo pensando en que no tienen que vivir esto… no se si lo habrían soportado.- le di otro trago a mi botella de agua. –Ni siquiera se como lo estoy soportando yo, hay veces que pienso que me voy a volver loco-
-Supongo que es lo normal, yo también lo he pensado muchas veces, incluso he llegado a pensar que todo esto es fruto de la esquizofrenia que padezco, he llegado a pensar también que estoy en algún psiquiátrico-
-Bueno… yo también he llegado a pensar eso. Lo cual, aunque no lo creas, también es bueno que lo pienses tú también. Eso significa que ni tú ni yo estamos locos. Aunque con todo esto, casi que sería mejor estarlo ¿No?-
Ambos comenzamos a reír animadamente y luego me puse de pie, seguidamente la ayude a ella a levantarse también. Era el momento de volver a salir y recorrer la ciudad para regresar junto a los demás, debía alcanzar las armas y solo podríamos conseguirlas si parábamos antes por un lugar. Ese lugar era el centro comercial donde vi por ultima vez a Lujan.
*****
Urbanización el Pizarral…

Los muertos seguían vagando por el interior del edificio y por el exterior, no habría más de un centenar de ellos. Alicia miraba por la mirilla de vez en cuando para verlos pasar y saber cuantos había en el pasillo. Pudo ver a uno de ellos de espaldas a la puerta, el cuerpo de aquel ser estaba totalmente carbonizado, eso le concedía un aspecto terrorífico. Alicia no dejaba de pensar que necesitaba que los demás acudieran en su ayuda. Estaba tan cegada con sus pensamientos que se olvidó por completo del bebé. Solo lo recordó cuando el bebé comenzó a llorar, su corazón dio un vuelco cuando el No Muerto se dio la vuelta y se lanzó contra la puerta, entonces comenzó a golpearla. No tardarían en unírsele más infectados.

El llanto del bebé alertó a todos los demás que estaban en el apartamento. David fue el primero en llegar a la mirilla y comenzó a mirar a través de ella. Pudo ver como los infectados iban todos en una misma dirección, iban hacia el origen de los llantos, el mismo lugar donde debía estar Alicia. Rápidamente se volvió hacia los demás y corrió hacia las bolsas llenas de armas que descansaban sobre unos sillones. Cesar también se acercó a la bolsa y comenzó a sacar unos fusiles.
-No dejare que hagas esto solo. Esto nos concierne a todos-
-Sabía que me ayudarías-
Luci y Hanzo también se pusieron a sacar armas de fuego. Luci sacó el fusil que más se le ajustaba y se lo colgó a la espalda.
-Hagámoslo de una condenada vez- dijo Luci retirándose hacia la puerta y preparándose para salir, no tardaron en seguirle Hanzo, David y Cesar.
Gorka, Jorge y Félix también pretendieron salir, pero David se lo impidió. –Vosotros quedaros aquí. Os necesitamos aquí para que mantengáis una defensa férrea en caso de ser necesario-
-Me gustaría acompañaros…- dijo Abel tosiendo. -…Pero creo que no será posible… estas heridas me escuecen un montón-
-Mejor ahorra fuerzas para salir pitando de aquí- dijo David mientras miraba por la mirilla y comprobaba que el pasillo se había quedado vacio a ambos lados. Entonces se volvió hacia los demás. –Muy bien, vamos-
David abrió la puerta y salió rápidamente seguido por Cesar, Luci y Hanzo. Rápidamente se volvió hacia la puerta y mandó que la cerraran.

Los cuatro comenzaron a andar por el pasillo con las armas en alto. Solo Hanzo llevaba la Katana en alto. Cuando llegaron a las escaleras comenzaron a escuchar golpes en la puerta, aquellos seres habían encontrado el apartamento donde se había escondido Alicia. David trataba de averiguar cuando se había separado de los demás, pero lo que más quería averiguar era como habían podido cometer el error de dejarla atrás, David tenía claro que lo primero que haría cuando salvara a Alicia sería disculparse.
*****
Calles de Madrid…

Habíamos llegado al centro comercial después de salir de los túneles de metro y atravesar varias manzanas de la ciudad. Había No Muertos, pero los habíamos esquivado gracias a que íbamos ocultándonos por detrás de los coches accidentados. Solo tuvimos un susto cuando un infectado salió del interior de una tienda, pero entre Patricia y yo acabamos con el rápidamente. Estuve apunto de sugerirle lo de ponernos trozos del infectado por encima para el olor, pero recordé lo que dijo Tristán de las enfermedades, así que opté por descartarlo por completo.
El centro comercial seguía tal y como estaba la ultima vez que estuve en el. Incluso vi el Ume, nada más verlo pensé que podríamos arrancarlo, pero nada, era imposible.
-¿Sirve?- preguntó Patricia refiriéndose al Ume.
-No… para nada, no sirve para nada- miré a Patricia. –Mira en el maletero del Ume, quizás quede algún arma, eso sería lo mejor que podría pasarnos, nos ahorraríamos el tener que volver hasta el autobús-
Patricia abrió el maletero, pero allí no había nada. Estaba totalmente vacio. Entonces me lo dijo. –Aquí no hay nada-
Salí del interior del Ume y me acerqué al maletero también, al ver que no había nada lo cerré de golpe. –Mierda, pensé que podría quedar al menos una 9mm, salimos tan deprisa que podríamos habernos dejado alguna, tendremos que seguir con el plan previsto-
-¿Qué necesitas?- preguntó Patricia.
-Una radial o una sierra mecánica, algo cortante y que vaya a batería con lo que abrir un agujero en el suelo del autobús para acceder al maletero-
-Espera… ¿Eso no hará mucho ruido? Eso podría hacer que todos los muertos vinieran hacia nosotros-
-Si, pero con suerte acabaríamos antes de que llegaran. Cogeremos al menos tres, normalmente siempre llevan algo de batería. Es lo único que se me ha ocurrido. Algo es algo… ¿Tienes idea de donde esta el bricolaje en este centro comercial?- le pregunté finalmente.
-Debería estar en las plantas superiores. En las plantas, dos, tres o cuatro… creo-
-Muy bien, vamos- dije encaminándome hacia las escaleras.