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jueves, 31 de enero de 2013

Capitulo 181: Camino hacia el Armaggedon, part 2



Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis.
Madrid… Urbanización el Pizarral.

Cuando llegamos a la urbanización vimos que se trataba de un complejo de varios edificios rodeados por una valla. Había varios complejos en aquella calle, pero nosotros nos metimos en el primero que vimos y pudimos. Estábamos tan exhaustos que no era momento de ponernos a elegir. Habíamos entrado con cautela, siempre con las armas en alto, pero los jardines de aquel lugar parecían estar vacios, para sentirnos más seguros cerramos las puertas nada más entrar.

Hace 8 días.

Ante nosotros teníamos la urbanización el Pizarral, cruzamos la primera puerta que vimos y rápidamente cerramos las puertas para impedir que se pudiese colar algún indeseable. Eran las doce del medio día cuando llegamos allí, habían pasado dos días desde lo de Barajas y esos dos días los habíamos empleado huyendo y descansando. Todo estaba perdido para mí y aun no había dicho nada de lo que Vanesa me había contado. Los demás no estaban con ánimos de emprender un nuevo viaje lleno de peligros. Ahora ante nosotros se extendía el lugar que de momento iba a ser nuestro refugio. Me giré hacia Luci en ese momento. –Quédate con ellas- luego miré a los demás chicos. –Cesar, David, Gorka, Abel y Félix, conmigo. Asegurémonos que el sitio es seguro-
Todos comenzaron a preparar las armas mientras Jorge y Hanzo se me acercaron.
-¿Y nosotros? También podemos ayudar- dijo Jorge
-Ayúdanos marchándote- le respondí tajante, todavía no confiaba en el y su sola presencia me provocaba odio.
-¿Hasta cuando vas a seguir así? Ya te he contado toda la verdad y los motivos que me llevaron a hacer lo que hice-
-Si, querías hacerte pasar por uno de ellos para sacar a los nuestros desde dentro… pero de nada te sirvió porque en aquel intento de fuga murió Zapico y casi mueren Félix y Sole aquí presentes-
-Paco me entendió y perdonó-
En ese momento me lancé contra el de nuevo y lo estampe contra el tronco de uno de los arboles de la entrada, entonces acerqué mi cara a la suya. –Paco ya no dirá nada porque esta muerto, Toni no dirá nada porque esta muerto. Lo que a mi respecta, tu también estas muerto, moriste el mismo día que nos traicionaste-
-Eres un puto cabezota, siempre lo has sido, te obstinas demasiado y solo sigues tus instintos. Estas perdiendo el norte- replicó Jorge. –He hecho cosas malas y horribles, he permitido que ese cabrón de Roache matara a un bebé de pocos meses. Los llantos de esa criatura me persiguen en sueños, pero tú tampoco eres ningún santo, porque también has hecho cosas horribles para llegar hasta aquí. Ambos lo hemos hecho porque era lo mejor para los nuestros, incluso hemos dejado atrás a compañeros-
En ese momento saqué la pistola y se la planté a Jorge en la cara, justo en ese momento la hoja de una espada pasó cerca de mi garganta, seguidamente todos apuntaron al japonés que amenazaba con cortarme el cuello.
-Suéltale ya. Si quieres nos marcharemos, pero no permitiré que le mates solo porque no te fíes de el. Te ha dicho toda la verdad, si queréis daros de hostias me parece bien, pero no pienso permitir que lo mates-
-Muy bien- dije al tiempo que soltaba a Jorge y me guardaba el arma, luego miré a los demás. –Bajad las armas- mi mirada volvió a Jorge. –Muy bien, cuando esto lo hayamos comprobado del todo y nos hayamos instalado, tú y yo tendremos una charla de hombre a hombre-
-Me parece bien- respondió Jorge.
Todos los hombres nos pusimos en marcha hacia uno de los edificios, este tenía unas nueve plantas y era bastante largo, allí debían haber como unas treinta viviendas. Para llegar hasta ese edificio tuvimos que atravesar un jardín, una piscina donde flotaban un par de cadáveres y una pista de tenis. No había presencia de infectados, al menos de momento. Éramos un grupo de siete personas, lo importante era no llamar demasiado la atención allí dentro.
Abel fue el primero en llegar al umbral de la puerta de entrada al bloque y asomar la cabeza, luego nos miró indicándonos que estaba despejado. El olor allí era a muerto, nos hubiese extrañado que hubiese otro olor en el aire que no fuera ese, en otras ocasiones el olor habría resultado nauseabundo, pero al tenerlo por todas partes nos habíamos acostumbrado ya.
-Muy bien.- comencé a dar indicaciones. –Revisaremos casa por casa, ahora no me importa lo que podamos conseguir, solo quiero que se vea si hay o no hay infectados en el interior, si vemos uno o más los eliminamos. Cuando veamos que no hay peligro ya sacaremos lo que nos sirva, de momento es encontrar y eliminar-
Todos nos fuimos colando en el interior del bloque para hacerlo seguro al menos de momento.

Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis.
Madrid… Urbanización el Pizarral.

Decidí que era hora de bajar del edificio y volver al apartamento que habíamos escogido como refugio. En la bolsa llevaba varias cosas, incluido un oso de peluche que había encontrado en una de las habitaciones de un apartamento. No sabía la historia que había detrás de ese oso, y la verdad es que no quería saberla, lo único que se deducía de eso era que había pertenecido a un niño o niña y que ahora estaría probablemente muerto. Cuando por fin llegué al apartamento escuché fuertes ruidos. Me lancé al interior de aquella vivienda y vi a los demás delante de la puerta del baño. Abel estaba allí dando puñetazos y patadas, yo me acerqué corriendo.
-¿Qué ocurre?- pregunté.
-Almudena se ha encerrado dentro, estaba llorando y de repente dejó de llorar. La llamamos pero no contesta- respondió Abel al tiempo que se lanzaba de nuevo contra la puerta. Esta no se movía, seguramente la había bloqueado desde el otro lado.
Miré rápidamente a Eva que estaba abrazando a Vicky. –Llévatela de aquí-
Eva me hizo caso y se llevó a Vicky a una de las habitaciones y Abel y yo comenzamos a dar más golpes en la puerta, pese a mis golpes y especialmente a los del grandullón, la puerta no cedía.
-Esto no se mueve. ¿Qué hacemos?- preguntó Abel.
Miré a mí alrededor, pero los demás chicos no estaban, habían salido y no sabía a donde. Tuve que pensar rápido, desde que encontramos aquel apartamento lo habíamos revisado a fondo, era una vivienda grande, con dos baños, el más grande era donde Almudena se había encerrado, entonces recordé que desde la cocina podríamos acceder. Corrimos los dos hacia la cocina y me asomé por la ventana.
-Ayúdame, entraremos por aquí- le dije mientras salía al exterior y me agarraba a una especie de valla. Mientras yo trepaba por allí, Abel me sujetaba con sus fuertes brazos para evitar que cayera. Por fin alcancé la ventana del baño y me asomé al interior. Lo que vi allí dentro me dejo helado, rápidamente llamé a Abel que comenzó a trepar también.
Almudena yacía apoyada en el jacuzzi con la cabeza sobre el pecho, de sus muñecas y brazos manaba sangre a borbotones, a su lado había un cuchillo, el mismo con el que se había cortado las venas. Nada más me lancé al interior me lancé sobre ella y traté de contener la hemorragia. Cuando Abel entró, rápidamente apartó el mueble que bloqueaba la puerta y la abrió de una patada. Todos los demás que aguardaban en el salón se quedaron mirando la escena.
-No os quedéis ahí parados. Ayudadme- les pedí.
Había mucha sangre en el suelo y en la ropa de Almudena, no comprendía por que había hecho eso, no quería entenderlo, traté de reanimarla, le hice el boca a boca, pero no lograba nada, necesitaba sangre. Recordé que en los análisis de sangre que Lidia nos hizo en su día en el parque de bomberos, mi sangre era compatible con la de Almudena.
-Hay que hacerle inmediatamente una transfusión, mi sangre es compatible con ella- dije al tiempo que la cogía en brazos y salía del baño ignorando la nota que esta había dejado sobre el lavamanos.
La tumbé en una cama y mientras le presionaba las muñecas para que dejara de sangrar me rasgué la camiseta para cerrarle las heridas. Tenía que ganar tiempo.
Vanesa me miró cuando le tomaba el pulso. –Juanma, no hay nada que hacer, esta…-
-No lo digas- le espeté mientras buscaba algo con lo que hacer que pasara la sangre, entonces Abel me detuvo.
-Hace días que apenas comes, estas débil y hacer esto no es bueno. Ella esta…-
-¡¡No!!- grité mientras volvía a hacerle la respiración boca a boca. Me levanté y puse las manos sobre su pecho dispuesto a bombear, fue en ese momento cuando Almudena abrió los ojos y alzó un brazo y me agarró del hombro. Sonreí al ver que la había reanimado, pero la sonrisa me duro poco, Almudena abrió la boca y emitió un grito casi animal al tiempo que me arañaba el hombro. Almudena se me lanzó encima y los dos caímos por un lado de la cama donde comenzamos a forcejear, estuvo apunto de morderme varias veces, pero yo la mantenía alejada de mi poniéndole las manos en el cuello y debajo de la barbilla mientras empujaba hacia arriba.
Abel salió de su estado de trance en ese momento y se quitó el cinturón, puso este alrededor del cuello de Almudena y tiró hacia arriba alejándola de mi. Ahora era Abel quien forcejeaba con ella mientras ella estaba cegada con acabar conmigo.
-Acaba con ella, vamos- dijo Abel.
Saqué mi cuchillo y miré a Almudena con lagrimas en los ojos, luego me lancé contra ella y se lo clavé a través de la garganta hasta que la punta del cuchillo salió por la cabeza, después de eso ya no se volvió a levantar.

2 comentarios:

  1. Hola Juanmanuel !!! Tengo una duda sobre este capítulo. Cuando encuentran a Almudena muerta, y Juanma le hace el boca a boca... no se contagiaría al entrar en contacto con la saliva de su novia, por estar infectada? Y cuando ella se despierta ya pútrida, y le araña con su suave y delicada mano, no le transmite el virus por el arañazo? Saludos amigo !!!

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  2. Eso ocurre en un momento que el virus ha mutado y ya tienen todos la infeccion, ahi la saliva no hace nada como tampoco lo hace el arañazo.
    Un saludo

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