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jueves, 31 de enero de 2013

Capitulo 181: Camino hacia el Armaggedon, part 4



Día 10 de Julio de 2009
Día 392 del Apocalipsis.
Madrid… urbanización el Pizarral…

Habían pasado tres días desde la muerte de Almudena y desde que había descubierto la vacuna en manos de Vicky. Yo pasaba la mayor parte del tiempo a solas, el solo hecho de enfrentarme a mis compañeros me aterraba. No sabía muy bien como explicarles lo de la vacuna y la sugerencia de Vanesa de ir a Portugal para tratar de ser vistos por el barco que decía Silverio. Ella tampoco les había dicho nada. En esos momentos me encontraba solo en un pequeño bar que pertenecía a la urbanización, estaba sentado delante de la barra del bar donde de vez en cuando me serbia una copa de vodka. Había encontrado una botella en una despensa de uno de los apartamentos y había decidido que quería cogerme una buena borrachera ese día para olvidarme de todo por unos momentos. Mientras bebía jugueteaba con la ampolla, la miraba y la volvía a mirar.
La solución a la infección estaba en la palma de mi mano, aquello por lo que según Vanesa los tipos como Roache se estaban matando entre ellos. El francés vino en ese momento a mi mente como un flash. Lo cierto era que no sabíamos nada ni de el ni de los otros desde que habíamos huido del aeropuerto, quizás estaban todos muertos o en cambio seguían en la ciudad empeñados en conseguir su objetivo. Teníamos la certeza que salvo nosotros y los supervivientes de los grupos, no había nadie más en la ciudad, así que cuando en aquel silencio sepulcral de la ciudad escuchábamos un disparo, sabíamos que tenía que haber sido uno de ellos. Me llené un vaso más y cuando me dispuse a bebérmelo escuché la voz de Jorge a mis espaldas.
-No sabía que bebías-
-No bebo, pero un día es un día. Necesito pillarme un buen pedo y olvidar un poco, mañana tras la resaca, pensaré con más claridad- respondí.
Jorge se fue acercando y se sentó a mi lado. -¿Te importa si te acompaño? Hace mucho que no me cojo un buen pedo. El ultimo fue en la cantina del cuartel tras la jura de bandera ¿Te acuerdas?-
Esbocé una sonrisa y asentí con la cabeza. –Si, me acuerdo perfectamente. ¿Por qué vas en ese plan? Se supone que no nos hablamos-
-Tus cambios de humor son acojonantes tío…- respondió Jorge después de darle un trago al vaso que había sacado de debajo de la barra y después de limpiarlo a conciencia. –Ya me he disculpado y te lo he contado varias veces- En ese momento señaló la ampolla que tenía en las manos. –Pensé que se habían perdido todas. ¿De donde la has sacado?-
-La tenía mi hija- respondí al tiempo que me la guardaba en el bolsillo. –Te agradecería que no dijeras nada de esto-
-No eres del tipo de personas que solo piensan en si mismo. Déjame adivinar, te lo guardas por que si los demás se enteran, todos pugnaran por ella y pasas de que haya malos royos… eso o es que tienes planes para esa vacuna-
-Vanesa me explicó que no es del todo perfecta y que solo funciona una vez. Aunque creo que tú eso ya lo sabes- dije al tiempo que señalaba las marcas de dientes de su brazo.
-Si, lo se. Ya lo creo que lo se. Entonces la segunda opción que tienes es la de ir hasta Portugal…¿Tienes idea de los kilómetros que hay hasta allí? ¿Quieres arriesgar la vida de esa manera? No llegaríamos nunca y lo sabes-
-Lo se perfectamente, pero quedarnos aquí significa morir- respondí mirándole.
-Y salir ahí fuera también. Seguramente hay más tipos como Lujan por las carreteras que nos llevan hasta Portugal, por no hablar de que nosotros no tenemos vehículos. Como ya dije es una puta locura- dijo Jorge.
Justo en ese momento vimos una figura reflejada en el espejo que teníamos delante de nosotros. Jorge y yo nos quedamos parados, no era uno de los nuestros ni un No Muerto. Rápidamente nos dimos la vuelta y nos encontramos a un chico que no habíamos visto nunca antes, pero Jorge si pareció reconocerle. Aquel chico cargaba con una mochila y al vernos palideció.
-¿Quién coño eres?- pregunté sacando el arma.
El chico no contestó, se dio media vuelta y comenzó a correr como alma que llevaba el diablo.
-Es uno de los hombres de Roache- me dijo Jorge.
Yo no me lo pensé dos veces y Salí corriendo de allí a toda velocidad. Logré alcanzarle cuando pasaba por la piscina, fue cuando me lancé contra el y ambos caímos al agua. Una vez allí le golpeé y lo fui sacando del agua, le quité la mochila y me quedé pálido cuando vi lo que llevaba, Jorge también palideció.
-No me jodas-
-Esto es…- repliqué.
Entre los dos le quitamos la mochila y Jorge se la cargó a la espalda.
-Rápido, avisa a los demás, puede que este cabrón no este solo y sus amigos estén apunto de asaltarnos- le espeté a Jorge.
Jorge salió corriendo y yo me quedé con aquel chico francés al que no conocía de nada. -¿Quién coño eres tu? Dímelo ahora mismo o te arrepentirás-
-No… no entiendo-
Obligué al chico francés a ponerse en pie y noté como temblaba. Estaba totalmente asustado. Lo llevé a rastras hasta una caseta de la luz y lo empujé al interior, seguidamente entré yo detrás.
-¿Con quien estas?- le pregunté.
-Solo… solo- respondió el francés poniendo las manos por delante para protegerse, pero yo no se lo iba a poner nada fácil, no iba a fiarme de el. Ya había tenido suficiente con Philip.
Me quedé un rato esperando y me di cuenta que no ocurría nada. Si los demás franceses estuviesen allí ya nos habrían atacado, esos tipos no se andaban con tonterías. Miré nuevamente al chico francés y saqué mi pistola, le puse el silenciador y luego le apunté a la cabeza. El chico francés abrió los ojos de par en par, suplicó, pero yo no iba a arriesgarme más. Apreté el gatillo y le disparé en la cabeza.
Cuando  salí de aquel cuartucho me encontré con los demás. Todos miraban el cuerpo del chico francés al que acababa de matar.
-Es hora de tomar una decisión al respecto- les dije a todos.
Unos minutos más tarde nos reunimos en el salón del apartamento que habíamos cogido como refugio. Todos estaban expectantes esperando que yo comenzara a hablar. Lo primero que hice fue mostrarles la bomba que le habíamos quitado a aquel chico, era ni más ni menos que la bomba nuclear de la que Jorge me había hablado, la misma que Jorge y otros sacaron del punto seguro de Alicante.
-Muy bien, las cosas están así. Ese chico por lo visto llegó solo, puede que huyera de los demás por algún motivo. Pero eso ahora es lo menos importante, lo que de verdad importa es lo que codician esos tipos este artefacto. –Saqué en esos momentos el libro de Silverio. –Aquí en este libro están las coordenadas del lugar donde esta el barco en el que debíamos aterrizar con Silverio. El caso es que esta cerca de las costas de Portugal, podríamos alcanzar el lugar si nos ponemos en marcha… debéis saber que yo no votaría por hacer esto. Por mi nos quedaríamos aquí y que sea lo que dios quiera, pero debo preguntaros. ¿Queréis quedaros aquí o empezar un nuevo viaje hasta Portugal? Debe quedaros claro que llegar allí no nos da garantías de nada, es posible que ni siquiera lleguemos. Yo voto por quedarme y buscar formas alternativas de llegar a algún punto donde podamos vivir tranquilos, eso o encontrar civilización en la que podamos vivir y empezar de cero. Es de vital importancia que les llevemos esto- en ese momento saqué la ampolla de la vacuna y se la mostré a todos.
-¿Qué es eso?- preguntó Cesar.
-Es la vacuna- respondí tajante. –Pero antes de que empecéis a pensar quien se la inyecta… debo deciros que es la única que tenemos y que esta no es perfecta-
-¿Qué quieres decir con que no es perfecta?- preguntó Sandra.
-Quiere decir que aunque funciona no te vuelve inmune- dijo Luci mostrando la herida de la mano, la que no todos habían visto. –Un No Muerto me mordió y estuve apunto de morir, pero me inyectaron una de esas y eliminaron el virus de mi organismo. Ahora que todos tenéis una cepa del virus podríais inyectaros esto y estaríais curados, pero si os mordiesen estaríais jodidos- explicó Luci.
El silencio fue sepulcral en la sala, pero yo me apresuré a calmar el ambiente. –Si encontramos algún lugar donde la civilización siga su curso les entregaremos esto para que hagan más y mejores variantes de la vacuna, así todos podremos optar a ella. Yo la llevaré en todo momento, si alguien no esta de acuerdo que lo diga, estoy abierto a sugerencias- nadie dijo nada, así que continúe hablando. –Bien, yo opto por quedarnos aquí mientras podamos, aun tenemos recursos aquí, mientras pensaremos en que hacer y montaremos expediciones para buscar una forma de escapar. No olvidemos que tenemos una piloto experta con nosotros. Debe haber algo que podamos hacer-
Dicho todo aquello di por finalizada la reunión. Me sentía bien por que parecía que todos estaban de acuerdo. Estaba decidido a que todo saliera bien y a sacar a los demás con vida de una vez por todas.

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