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jueves, 31 de enero de 2013

Capitulo 181: Camino hacia el Armaggedon, part 4



Día 10 de Julio de 2009
Día 392 del Apocalipsis.
Madrid… urbanización el Pizarral…

Habían pasado tres días desde la muerte de Almudena y desde que había descubierto la vacuna en manos de Vicky. Yo pasaba la mayor parte del tiempo a solas, el solo hecho de enfrentarme a mis compañeros me aterraba. No sabía muy bien como explicarles lo de la vacuna y la sugerencia de Vanesa de ir a Portugal para tratar de ser vistos por el barco que decía Silverio. Ella tampoco les había dicho nada. En esos momentos me encontraba solo en un pequeño bar que pertenecía a la urbanización, estaba sentado delante de la barra del bar donde de vez en cuando me serbia una copa de vodka. Había encontrado una botella en una despensa de uno de los apartamentos y había decidido que quería cogerme una buena borrachera ese día para olvidarme de todo por unos momentos. Mientras bebía jugueteaba con la ampolla, la miraba y la volvía a mirar.
La solución a la infección estaba en la palma de mi mano, aquello por lo que según Vanesa los tipos como Roache se estaban matando entre ellos. El francés vino en ese momento a mi mente como un flash. Lo cierto era que no sabíamos nada ni de el ni de los otros desde que habíamos huido del aeropuerto, quizás estaban todos muertos o en cambio seguían en la ciudad empeñados en conseguir su objetivo. Teníamos la certeza que salvo nosotros y los supervivientes de los grupos, no había nadie más en la ciudad, así que cuando en aquel silencio sepulcral de la ciudad escuchábamos un disparo, sabíamos que tenía que haber sido uno de ellos. Me llené un vaso más y cuando me dispuse a bebérmelo escuché la voz de Jorge a mis espaldas.
-No sabía que bebías-
-No bebo, pero un día es un día. Necesito pillarme un buen pedo y olvidar un poco, mañana tras la resaca, pensaré con más claridad- respondí.
Jorge se fue acercando y se sentó a mi lado. -¿Te importa si te acompaño? Hace mucho que no me cojo un buen pedo. El ultimo fue en la cantina del cuartel tras la jura de bandera ¿Te acuerdas?-
Esbocé una sonrisa y asentí con la cabeza. –Si, me acuerdo perfectamente. ¿Por qué vas en ese plan? Se supone que no nos hablamos-
-Tus cambios de humor son acojonantes tío…- respondió Jorge después de darle un trago al vaso que había sacado de debajo de la barra y después de limpiarlo a conciencia. –Ya me he disculpado y te lo he contado varias veces- En ese momento señaló la ampolla que tenía en las manos. –Pensé que se habían perdido todas. ¿De donde la has sacado?-
-La tenía mi hija- respondí al tiempo que me la guardaba en el bolsillo. –Te agradecería que no dijeras nada de esto-
-No eres del tipo de personas que solo piensan en si mismo. Déjame adivinar, te lo guardas por que si los demás se enteran, todos pugnaran por ella y pasas de que haya malos royos… eso o es que tienes planes para esa vacuna-
-Vanesa me explicó que no es del todo perfecta y que solo funciona una vez. Aunque creo que tú eso ya lo sabes- dije al tiempo que señalaba las marcas de dientes de su brazo.
-Si, lo se. Ya lo creo que lo se. Entonces la segunda opción que tienes es la de ir hasta Portugal…¿Tienes idea de los kilómetros que hay hasta allí? ¿Quieres arriesgar la vida de esa manera? No llegaríamos nunca y lo sabes-
-Lo se perfectamente, pero quedarnos aquí significa morir- respondí mirándole.
-Y salir ahí fuera también. Seguramente hay más tipos como Lujan por las carreteras que nos llevan hasta Portugal, por no hablar de que nosotros no tenemos vehículos. Como ya dije es una puta locura- dijo Jorge.
Justo en ese momento vimos una figura reflejada en el espejo que teníamos delante de nosotros. Jorge y yo nos quedamos parados, no era uno de los nuestros ni un No Muerto. Rápidamente nos dimos la vuelta y nos encontramos a un chico que no habíamos visto nunca antes, pero Jorge si pareció reconocerle. Aquel chico cargaba con una mochila y al vernos palideció.
-¿Quién coño eres?- pregunté sacando el arma.
El chico no contestó, se dio media vuelta y comenzó a correr como alma que llevaba el diablo.
-Es uno de los hombres de Roache- me dijo Jorge.
Yo no me lo pensé dos veces y Salí corriendo de allí a toda velocidad. Logré alcanzarle cuando pasaba por la piscina, fue cuando me lancé contra el y ambos caímos al agua. Una vez allí le golpeé y lo fui sacando del agua, le quité la mochila y me quedé pálido cuando vi lo que llevaba, Jorge también palideció.
-No me jodas-
-Esto es…- repliqué.
Entre los dos le quitamos la mochila y Jorge se la cargó a la espalda.
-Rápido, avisa a los demás, puede que este cabrón no este solo y sus amigos estén apunto de asaltarnos- le espeté a Jorge.
Jorge salió corriendo y yo me quedé con aquel chico francés al que no conocía de nada. -¿Quién coño eres tu? Dímelo ahora mismo o te arrepentirás-
-No… no entiendo-
Obligué al chico francés a ponerse en pie y noté como temblaba. Estaba totalmente asustado. Lo llevé a rastras hasta una caseta de la luz y lo empujé al interior, seguidamente entré yo detrás.
-¿Con quien estas?- le pregunté.
-Solo… solo- respondió el francés poniendo las manos por delante para protegerse, pero yo no se lo iba a poner nada fácil, no iba a fiarme de el. Ya había tenido suficiente con Philip.
Me quedé un rato esperando y me di cuenta que no ocurría nada. Si los demás franceses estuviesen allí ya nos habrían atacado, esos tipos no se andaban con tonterías. Miré nuevamente al chico francés y saqué mi pistola, le puse el silenciador y luego le apunté a la cabeza. El chico francés abrió los ojos de par en par, suplicó, pero yo no iba a arriesgarme más. Apreté el gatillo y le disparé en la cabeza.
Cuando  salí de aquel cuartucho me encontré con los demás. Todos miraban el cuerpo del chico francés al que acababa de matar.
-Es hora de tomar una decisión al respecto- les dije a todos.
Unos minutos más tarde nos reunimos en el salón del apartamento que habíamos cogido como refugio. Todos estaban expectantes esperando que yo comenzara a hablar. Lo primero que hice fue mostrarles la bomba que le habíamos quitado a aquel chico, era ni más ni menos que la bomba nuclear de la que Jorge me había hablado, la misma que Jorge y otros sacaron del punto seguro de Alicante.
-Muy bien, las cosas están así. Ese chico por lo visto llegó solo, puede que huyera de los demás por algún motivo. Pero eso ahora es lo menos importante, lo que de verdad importa es lo que codician esos tipos este artefacto. –Saqué en esos momentos el libro de Silverio. –Aquí en este libro están las coordenadas del lugar donde esta el barco en el que debíamos aterrizar con Silverio. El caso es que esta cerca de las costas de Portugal, podríamos alcanzar el lugar si nos ponemos en marcha… debéis saber que yo no votaría por hacer esto. Por mi nos quedaríamos aquí y que sea lo que dios quiera, pero debo preguntaros. ¿Queréis quedaros aquí o empezar un nuevo viaje hasta Portugal? Debe quedaros claro que llegar allí no nos da garantías de nada, es posible que ni siquiera lleguemos. Yo voto por quedarme y buscar formas alternativas de llegar a algún punto donde podamos vivir tranquilos, eso o encontrar civilización en la que podamos vivir y empezar de cero. Es de vital importancia que les llevemos esto- en ese momento saqué la ampolla de la vacuna y se la mostré a todos.
-¿Qué es eso?- preguntó Cesar.
-Es la vacuna- respondí tajante. –Pero antes de que empecéis a pensar quien se la inyecta… debo deciros que es la única que tenemos y que esta no es perfecta-
-¿Qué quieres decir con que no es perfecta?- preguntó Sandra.
-Quiere decir que aunque funciona no te vuelve inmune- dijo Luci mostrando la herida de la mano, la que no todos habían visto. –Un No Muerto me mordió y estuve apunto de morir, pero me inyectaron una de esas y eliminaron el virus de mi organismo. Ahora que todos tenéis una cepa del virus podríais inyectaros esto y estaríais curados, pero si os mordiesen estaríais jodidos- explicó Luci.
El silencio fue sepulcral en la sala, pero yo me apresuré a calmar el ambiente. –Si encontramos algún lugar donde la civilización siga su curso les entregaremos esto para que hagan más y mejores variantes de la vacuna, así todos podremos optar a ella. Yo la llevaré en todo momento, si alguien no esta de acuerdo que lo diga, estoy abierto a sugerencias- nadie dijo nada, así que continúe hablando. –Bien, yo opto por quedarnos aquí mientras podamos, aun tenemos recursos aquí, mientras pensaremos en que hacer y montaremos expediciones para buscar una forma de escapar. No olvidemos que tenemos una piloto experta con nosotros. Debe haber algo que podamos hacer-
Dicho todo aquello di por finalizada la reunión. Me sentía bien por que parecía que todos estaban de acuerdo. Estaba decidido a que todo saliera bien y a sacar a los demás con vida de una vez por todas.

Capitulo 181: Camino hacia el Armaggedon, part 3



Abel y yo habíamos cubierto el cuerpo de Almudena con unas sabanas y luego la sacamos fuera para enterrarla. Nada más salir nos encontramos con los demás que venían de alguna parte de la urbanización. Estos se nos quedaron mirando sorprendidos por el bulto que llevábamos.
-¿Qué coño ha pasado?- preguntó Gorka acercándose a nosotros.
-Almudena se ha suicidado. ¿Dónde estabais vosotros?- pregunté sin dejar de caminar con el cuerpo de Almudena a cuestas.
-Estábamos inspeccionando el lugar para comprobar que no hay más infectados. La urbanización esta vacía de ellos. Estamos nosotros solos aquí-
Caminamos hacia uno de los jardines y allí dejamos el cuerpo, no tardamos en ir a buscar unas palas para poder enterrarla. No podía creerme que Almudena nos hubiese dejado, nuevamente comencé a culparme de lo ocurrido. Tenía que haber prestado más atención a los demás y saber en que pensaban.

Hace 7 días.

Habíamos asegurado el edificio y nos habíamos instalado en una de las viviendas. Habíamos pasado la noche bien, aunque notaba como los ánimos del grupo estaban por los suelos. Jorge y yo habíamos arreglado nuestras diferencias y había acabado permitiendo que se quedaran. Aunque aun no me fiaba de el por completo, aun había cosas que me chirriaban respecto a sus actos, pero al fin y al cabo había sido mi amigo y debía darle el beneficio de la duda. Pasé por delante del baño pequeño para ir al salón y me encontré a Almudena llorando sentada en el inodoro.
-¿Qué te ocurre?- pregunté entrando y plantándome delante de ella.
Almudena me miró en ese momento con los ojos llorosos, lo que me hizo ponerme en cuclillas para estar a su altura y que pudiera contarme que le ocurría.
-Ya no hay esperanza, vamos a morir todos. Pensé que lograríamos escapar en el helicóptero, pero no ha sido así. Y ahora que se que cuando muera me convertiré en uno de esos seres… no puedo asimilarlo, no puedo-
Yo no sabía que decirle, no tenía palabras que pudieran servirle en esos momentos. Simplemente me acerqué a ella y la abracé lo más fuerte que pude. Ella me rodeó con sus brazos y sentí sus labios en mi cuello, yo me fui apartando y la miré a los ojos, ella trató de acercarse a mí para besarme, pero yo me retiré rápidamente.
-Lo… lo siento. Esto no puedo hacerlo-
-No quiero morir sin sentirme amada- respondió Almudena posando sus manos en mis mejillas.
-No vas a morir. No permitiré que eso te ocurra. Sobreviviremos y encontraremos un lugar donde encontraras a alguien con quien vivir feliz y que te amará ante todo. ¿Lo entiendes?-
-Me siento muy sola aquí- respondió Almudena sin dejar de mirarme a los ojos. –Presiento que nuestra vida se esta acortando y que todos moriremos. Vamos de camino hacia el Armagedón, ya lo dijo el padre Lucas en una ocasión. El sabía que no había esperanzas para la humanidad, ni para los justos ni para los pecadores-
El padre Lucas era un buen hombre del que siempre había lamentado su muerte. Aquel hombre me enseñó a tener confianza en mi mismo y sabía escuchar. Cuando me enteré que había muerto no pude evitar sentirme mal. Las palabras de Almudena se iban volviendo cada vez más derrotistas.
-Ya no queda nada por lo que luchar. Yo nunca sabré lo que es llevar un bebé dentro de mí y quizás nunca vuelva a encontrar el amor. El mundo ha terminado Juanma, seguir luchando por sobrevivir es una estupidez. Ojala nunca hubiese salido de Tenerife, ojala hubiese muerto allí como todos los que la habitaban. Escúchame, ya no queda nada por lo que luchar. Todos, absolutamente todos vamos a morir. Ahora si no te importa, mejor déjame sola, no quiero que mi paranoia cambie tu forma de pensar-
Me retiré y salí del baño mientras le daba vueltas a todo ello, ella tenía razón. El Armagedón nos había alcanzado de forma brutal y contundente.

Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis.
Madrid…Urbanización el Pizarral.

Después de enterrar a Almudena volví al apartamento y me senté en uno de los sillones. Cogí la carta que había escrito Almudena antes de suicidarse y comencé a leerla para mi mismo.

“No os enfadéis conmigo por lo que acabo de hacer, prefiero que sea así antes que ser atrapada por esos seres. El mundo que conocíamos ha terminado para siempre y nada de lo que hagamos servirá de nada, no hay a donde ir, no hay esperanzas de ningún tipo. Por eso elijo irme ahora sin decir nada, cada uno es libre de elegir su propio destino y yo he elegido irme ya. Espero que me podáis perdonar, siento tener que hacerlo así, pero es la única salida de este mundo de mierda en el que me esta tocando vivir, llevo días pensándolo y esto es lo mejor. Aun así debéis saber que nunca me he arrepentido de conoceros, porque habéis sido mi familia desde que ocurrió este desastre. Os quiero mucho”

Arrugué la carta con las manos y me limpié las lágrimas de los ojos. ¿En que se había convertido mi vida? Esta no era perfecta, pero tampoco era un desastre. En todo momento conseguí lo que me propuse, había tenido relaciones tanto largas como cortas. Cuyas partes femeninas estarían con toda seguridad muertas. Había un alto índice de probabilidad que no hubiesen sobrevivido a lo que Almudena había llamado el Armagedón. Echaba de menos esa vida donde yo era un joven normal, un joven con preocupaciones normales y que pensaba en llegar a tener una vida normal, pero todo se había truncado de forma grotesca y ahora me encontraba sumido en ese mundo, aceptando un liderazgo que yo no había pedido, un liderazgo que me había llevado incluso a matar a otros seres humanos por sobrevivir, ni estando en el ejercito me imaginaba matando a nadie. Me imaginaba a mi mismo siendo padre de algunos niños, dos o tres. Al menos si era padre, aunque no era de mi sangre, tampoco la había adoptado legalmente, pero a los ojos de ambos éramos un padre y una hija.
Justamente en ese momento entró Vicky en el salón y se quedó mirándome con una expresión triste, la cual revelaba que se había enterado de la muerte de Almudena. La pequeña camino hacia mi y se sentó en mis rodillas, luego se abrazó a mi y apoyó su cabeza en mi hombro, fue entonces cuando le di el osito que había encontrado.
-No me gusta que llores papa- me dijo con delicadeza.
-Se me pasara- le respondí mientras le acariciaba el cabello.
En ese momento vi como la pequeña jugaba con lo que parecía una ampolla, yo me quedé sorprendido con aquello y le pregunté. -¿Qué es eso?-
La pequeña me lo tendió en la mano y yo me quedé mirando el líquido de su interior. Parecía agua, pero dudaba mucho de que lo fuera, entonces a mi mente vino una idea de lo que podía ser. Me puse en pie y fui a buscar a Vanesa. La encontré sentada en la cocina mientras se tomaba un café que parecía muy aguado.
-¿Quieres?- preguntó al verme.
-No… el café no es lo mío- le tendí la ampolla para que la viera.-¿Tienes idea de que es esto?-
Vanesa se quedó mirando la ampolla y sus ojos se abrieron de par en par. Luego me miró a mí. -¿De donde lo has sacado?-
-Esto lo llevaba Vicky en las manos. ¿Es lo que yo creo que es?- pregunté.
Vanesa se levantó de golpe y cerró la puerta de la cocina para que nadie nos escuchara hablar. Luego me miró a mí y comenzó a hablar rápidamente.
-Pensé que Abigail la científica se las había llevado todas en el helicóptero. En teoría fueron todas destruidas, pero aquí hay una ampolla de la cura en perfecto estado-
-¿Por qué estamos hablando en secreto?- pregunté. –Si esto es la cura todos tienen derecho a saberlo. No puedo ocultarles esto. Es demasiado importante-
-Escúchame bien. Debemos guardar de momento el secreto, esta vacuna no es del todo eficaz. Puedes inyectártela y eliminar el virus de tu organismo, pero Abi nos contó que no te libraría de una segunda infección. Si los demás se enteran de que la tenemos, alguno dejándose llevar por el miedo podría inyectársela. Si la usamos no podríamos llevársela a otras personas para que fabriquen más. Esto es algo importante, si se enteran de que hay una cura que no ha sido destruida podría estallar una guerra entre nosotros. Entiendo que sientas que debes contarlo, pero por favor, piénsalo y mantenlo en secreto. Tenemos oportunidades al alcance de nuestras manos. Debemos agarrarlas con fuerza para no dejarlas escapar-
-¿Me estas diciendo esto para ir hasta Portugal?- pregunté. –Ya te dije lo que pensaba de esa idea, me parece una absoluta estupidez. Creo que deberíamos quedarnos aquí hasta pensar algo mejor. Yo he visto ya demasiado y no se si quiero luchar más-

Capitulo 181: Camino hacia el Armaggedon, part 2



Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis.
Madrid… Urbanización el Pizarral.

Cuando llegamos a la urbanización vimos que se trataba de un complejo de varios edificios rodeados por una valla. Había varios complejos en aquella calle, pero nosotros nos metimos en el primero que vimos y pudimos. Estábamos tan exhaustos que no era momento de ponernos a elegir. Habíamos entrado con cautela, siempre con las armas en alto, pero los jardines de aquel lugar parecían estar vacios, para sentirnos más seguros cerramos las puertas nada más entrar.

Hace 8 días.

Ante nosotros teníamos la urbanización el Pizarral, cruzamos la primera puerta que vimos y rápidamente cerramos las puertas para impedir que se pudiese colar algún indeseable. Eran las doce del medio día cuando llegamos allí, habían pasado dos días desde lo de Barajas y esos dos días los habíamos empleado huyendo y descansando. Todo estaba perdido para mí y aun no había dicho nada de lo que Vanesa me había contado. Los demás no estaban con ánimos de emprender un nuevo viaje lleno de peligros. Ahora ante nosotros se extendía el lugar que de momento iba a ser nuestro refugio. Me giré hacia Luci en ese momento. –Quédate con ellas- luego miré a los demás chicos. –Cesar, David, Gorka, Abel y Félix, conmigo. Asegurémonos que el sitio es seguro-
Todos comenzaron a preparar las armas mientras Jorge y Hanzo se me acercaron.
-¿Y nosotros? También podemos ayudar- dijo Jorge
-Ayúdanos marchándote- le respondí tajante, todavía no confiaba en el y su sola presencia me provocaba odio.
-¿Hasta cuando vas a seguir así? Ya te he contado toda la verdad y los motivos que me llevaron a hacer lo que hice-
-Si, querías hacerte pasar por uno de ellos para sacar a los nuestros desde dentro… pero de nada te sirvió porque en aquel intento de fuga murió Zapico y casi mueren Félix y Sole aquí presentes-
-Paco me entendió y perdonó-
En ese momento me lancé contra el de nuevo y lo estampe contra el tronco de uno de los arboles de la entrada, entonces acerqué mi cara a la suya. –Paco ya no dirá nada porque esta muerto, Toni no dirá nada porque esta muerto. Lo que a mi respecta, tu también estas muerto, moriste el mismo día que nos traicionaste-
-Eres un puto cabezota, siempre lo has sido, te obstinas demasiado y solo sigues tus instintos. Estas perdiendo el norte- replicó Jorge. –He hecho cosas malas y horribles, he permitido que ese cabrón de Roache matara a un bebé de pocos meses. Los llantos de esa criatura me persiguen en sueños, pero tú tampoco eres ningún santo, porque también has hecho cosas horribles para llegar hasta aquí. Ambos lo hemos hecho porque era lo mejor para los nuestros, incluso hemos dejado atrás a compañeros-
En ese momento saqué la pistola y se la planté a Jorge en la cara, justo en ese momento la hoja de una espada pasó cerca de mi garganta, seguidamente todos apuntaron al japonés que amenazaba con cortarme el cuello.
-Suéltale ya. Si quieres nos marcharemos, pero no permitiré que le mates solo porque no te fíes de el. Te ha dicho toda la verdad, si queréis daros de hostias me parece bien, pero no pienso permitir que lo mates-
-Muy bien- dije al tiempo que soltaba a Jorge y me guardaba el arma, luego miré a los demás. –Bajad las armas- mi mirada volvió a Jorge. –Muy bien, cuando esto lo hayamos comprobado del todo y nos hayamos instalado, tú y yo tendremos una charla de hombre a hombre-
-Me parece bien- respondió Jorge.
Todos los hombres nos pusimos en marcha hacia uno de los edificios, este tenía unas nueve plantas y era bastante largo, allí debían haber como unas treinta viviendas. Para llegar hasta ese edificio tuvimos que atravesar un jardín, una piscina donde flotaban un par de cadáveres y una pista de tenis. No había presencia de infectados, al menos de momento. Éramos un grupo de siete personas, lo importante era no llamar demasiado la atención allí dentro.
Abel fue el primero en llegar al umbral de la puerta de entrada al bloque y asomar la cabeza, luego nos miró indicándonos que estaba despejado. El olor allí era a muerto, nos hubiese extrañado que hubiese otro olor en el aire que no fuera ese, en otras ocasiones el olor habría resultado nauseabundo, pero al tenerlo por todas partes nos habíamos acostumbrado ya.
-Muy bien.- comencé a dar indicaciones. –Revisaremos casa por casa, ahora no me importa lo que podamos conseguir, solo quiero que se vea si hay o no hay infectados en el interior, si vemos uno o más los eliminamos. Cuando veamos que no hay peligro ya sacaremos lo que nos sirva, de momento es encontrar y eliminar-
Todos nos fuimos colando en el interior del bloque para hacerlo seguro al menos de momento.

Día 7 de Julio de 2009
Día 389 del Apocalipsis.
Madrid… Urbanización el Pizarral.

Decidí que era hora de bajar del edificio y volver al apartamento que habíamos escogido como refugio. En la bolsa llevaba varias cosas, incluido un oso de peluche que había encontrado en una de las habitaciones de un apartamento. No sabía la historia que había detrás de ese oso, y la verdad es que no quería saberla, lo único que se deducía de eso era que había pertenecido a un niño o niña y que ahora estaría probablemente muerto. Cuando por fin llegué al apartamento escuché fuertes ruidos. Me lancé al interior de aquella vivienda y vi a los demás delante de la puerta del baño. Abel estaba allí dando puñetazos y patadas, yo me acerqué corriendo.
-¿Qué ocurre?- pregunté.
-Almudena se ha encerrado dentro, estaba llorando y de repente dejó de llorar. La llamamos pero no contesta- respondió Abel al tiempo que se lanzaba de nuevo contra la puerta. Esta no se movía, seguramente la había bloqueado desde el otro lado.
Miré rápidamente a Eva que estaba abrazando a Vicky. –Llévatela de aquí-
Eva me hizo caso y se llevó a Vicky a una de las habitaciones y Abel y yo comenzamos a dar más golpes en la puerta, pese a mis golpes y especialmente a los del grandullón, la puerta no cedía.
-Esto no se mueve. ¿Qué hacemos?- preguntó Abel.
Miré a mí alrededor, pero los demás chicos no estaban, habían salido y no sabía a donde. Tuve que pensar rápido, desde que encontramos aquel apartamento lo habíamos revisado a fondo, era una vivienda grande, con dos baños, el más grande era donde Almudena se había encerrado, entonces recordé que desde la cocina podríamos acceder. Corrimos los dos hacia la cocina y me asomé por la ventana.
-Ayúdame, entraremos por aquí- le dije mientras salía al exterior y me agarraba a una especie de valla. Mientras yo trepaba por allí, Abel me sujetaba con sus fuertes brazos para evitar que cayera. Por fin alcancé la ventana del baño y me asomé al interior. Lo que vi allí dentro me dejo helado, rápidamente llamé a Abel que comenzó a trepar también.
Almudena yacía apoyada en el jacuzzi con la cabeza sobre el pecho, de sus muñecas y brazos manaba sangre a borbotones, a su lado había un cuchillo, el mismo con el que se había cortado las venas. Nada más me lancé al interior me lancé sobre ella y traté de contener la hemorragia. Cuando Abel entró, rápidamente apartó el mueble que bloqueaba la puerta y la abrió de una patada. Todos los demás que aguardaban en el salón se quedaron mirando la escena.
-No os quedéis ahí parados. Ayudadme- les pedí.
Había mucha sangre en el suelo y en la ropa de Almudena, no comprendía por que había hecho eso, no quería entenderlo, traté de reanimarla, le hice el boca a boca, pero no lograba nada, necesitaba sangre. Recordé que en los análisis de sangre que Lidia nos hizo en su día en el parque de bomberos, mi sangre era compatible con la de Almudena.
-Hay que hacerle inmediatamente una transfusión, mi sangre es compatible con ella- dije al tiempo que la cogía en brazos y salía del baño ignorando la nota que esta había dejado sobre el lavamanos.
La tumbé en una cama y mientras le presionaba las muñecas para que dejara de sangrar me rasgué la camiseta para cerrarle las heridas. Tenía que ganar tiempo.
Vanesa me miró cuando le tomaba el pulso. –Juanma, no hay nada que hacer, esta…-
-No lo digas- le espeté mientras buscaba algo con lo que hacer que pasara la sangre, entonces Abel me detuvo.
-Hace días que apenas comes, estas débil y hacer esto no es bueno. Ella esta…-
-¡¡No!!- grité mientras volvía a hacerle la respiración boca a boca. Me levanté y puse las manos sobre su pecho dispuesto a bombear, fue en ese momento cuando Almudena abrió los ojos y alzó un brazo y me agarró del hombro. Sonreí al ver que la había reanimado, pero la sonrisa me duro poco, Almudena abrió la boca y emitió un grito casi animal al tiempo que me arañaba el hombro. Almudena se me lanzó encima y los dos caímos por un lado de la cama donde comenzamos a forcejear, estuvo apunto de morderme varias veces, pero yo la mantenía alejada de mi poniéndole las manos en el cuello y debajo de la barbilla mientras empujaba hacia arriba.
Abel salió de su estado de trance en ese momento y se quitó el cinturón, puso este alrededor del cuello de Almudena y tiró hacia arriba alejándola de mi. Ahora era Abel quien forcejeaba con ella mientras ella estaba cegada con acabar conmigo.
-Acaba con ella, vamos- dijo Abel.
Saqué mi cuchillo y miré a Almudena con lagrimas en los ojos, luego me lancé contra ella y se lo clavé a través de la garganta hasta que la punta del cuchillo salió por la cabeza, después de eso ya no se volvió a levantar.