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jueves, 27 de diciembre de 2012

Capitulo 180: Todo está perdido, part 4




Luci, Hanzo y Jorge habían llegado a un callejón sin salida, el pasillo no tardó en llenarse de gemidos de los infectados que se les estaban acercando. Sin embargo no había ni rastro de los soldados de Roache que los perseguían. Al final del pasillo había un ascensor que permanecía cerrado. Luci se lanzó contra la puerta y trató de abrirla, había llegado el momento de salir de allí. Ya apenas se escuchaban disparos, eso solo podía significar que una vez más los muertos habían ganado la batalla y los vivos nuevamente habían sucumbido.
-Tenemos que salir de aquí antes de que los infectados nos alcancen- decía Luci mientras le propinaba patadas a la puerta de metal del ascensor.
-Así no lograras gran cosa- Hanzo la hizo a un lado y comenzó a trastear con el panel de control que había al lado del ascensor.-Hay que ser más preciso-
-Pues será mejor que te des prisa con eso mr. Precisión- bromeó Jorge al tiempo que se daba la vuelta para recibir a los No Muertos que ya estaban frente a ellos al final del pasillo.
Hanzo seguía manipulando el cableado, no había luz, pero aun podría abrir las puertas si se lo proponía, solo necesitaba tiempo, y eso era algo que no les sobraba, más bien era algo que se les estaba acabando.
El grupo de No Muertos comenzó a avanzar por el pasillo hacia ellos, justo en ese momento una ráfaga de balas los tumbó a todos ante la mirada atónita de Jorge, Hanzo y Luci.

Eva y yo habíamos llegado a la entrada del aeropuerto. Allí no había nadie salvo cadáveres despedazados que aun se movían y cadáveres a los que habían abatido de un tiro en la cabeza, era fácil diferenciar los infectados de los soldados recientemente asesinados. Estos vestían diferentes indumentarias, unos llevaban el uniforme del ejercito español y los otros los del ejercito francés. Aquello había sido una batalla sin tregua, pero allí no se veía a nadie de ninguno de los dos bandos y los infectados estaban muy desperdigados, no reparaban en nuestra presencia. De repente a nuestras espaldas escuchamos un ruido, Eva y yo nos giramos rápidamente dispuestos a disparar, entonces nos encontramos cara a cara con los demás, los que pensaba que había perdido.
-¿Cómo llegasteis hasta aquí?- pregunté sorprendido mirando a Abel.
-Llegamos a través de los túneles de metro. ¿Dónde esta el puto helicóptero?- preguntó Abel.
-Debe estar en alguna parte de la pista de aterrizaje. Ahí hay muchos hangares, si Silverio no quería que los descubrieran, es obvio que estén ocultos en alguno de ellos. Venga vamos- comencé a decir.
Todos comenzamos a caminar en dirección a la pista de aterrizaje y fue cuando me fijé en la tristeza de Sandra y la falta de su perro. Eso me hacía pensar que lo había perdido en algún momento, pero no le pregunte nada. Cuando estábamos apunto de salir me fije en los cristales que daban a la pista de aterrizaje, estaban rotos y en el exterior se veían siluetas tambaleantes que caminaban sin rumbo. Comencé a dar ordenes y todos comenzamos a correr hacia fuera, cuando estábamos apunto de salir, una lluvia de balas nos cortó el camino y nos obligó a ocultarnos.
-¿Qué esta pasando ahora?- preguntó David sorprendido.
-Nos disparan desde allí arriba- dije señalando en la dirección que había visto impactar las balas. Teníamos a alguien apuntándonos.-Escuchad, vosotros seguid, yo me ocupo de ellos. Así que venga- les apremié.
-¿Qué harás tu?- preguntó Eva agarrándome del brazo.
-Alguien tiene que quedarse para cubriros. Tranquila, no voy a morir aquí, pero prefiero que os adelantéis, os alcanzaré más tarde. Siempre lo hago- en ese momento miré a Abel y ambos asentimos con la cabeza, seguidamente este agarró a Eva y la elevó en el aire para llevársela mientras yo les cubría disparando al francotirador. Era muy posible que no saliera vivo de allí. Lo que le había dicho a Eva en ese momento fue la mayor mentira que salió de mi boca.

Tras los cuerpos caídos de los infectados apareció Daniela empuñando uno de los fusiles. Esta había disparado a bocajarro, los demás habían tenido suerte de que ninguna de las balas les acertara de lleno. Jorge se acercó rápidamente a ella y acabo fundiéndose en un beso, luego la miró mientras le acariciaba la mejilla.
-Me has dado un susto de muerte Baby. No vuelvas a hacer eso nunca. Te quiero y tal, pero lo del rescate en caballo blanco déjamelo a mí-
-¿Qué coño haces aquí?- preguntó Luci acercándose a ellos.
-La pista de aterrizaje esta llena de caminantes y Silverio esta preparado para despegar. Tenemos que irnos ya- contestó Daniela volviendo por el pasillo que había venido.
-¿Y los tipos amigables?- preguntó Jorge refiriéndose a los hombres de Roache y a los de Beltrán.
-No lo se. Andan también desperdigados por ahí. No tengo ni idea de donde carajos están, pero ya no queda tiempo para nada, es ahora o nunca-
Los cuatro comenzaron a correr. No tardaron en escuchar disparos que venían del hall principal, el disparo simultaneo de dos armas revelaba que era un fuego cruzado entre dos personas, pero no podían darle importancia, perfectamente podrían ser ambos bandos enfrentándose de nuevo. No podían pararse a averiguarlo.
Los cuatro llegaron hasta la terminal y fue entonces cuando se encontraron con el grupo de Abel, todos corrían hacia la pista de aterrizaje. Nadie dijo nada, simplemente ambos grupos se juntaron y todos juntos siguieron corriendo hasta que cruzaron los cristales rotos. Una vez fuera en la pista de aterrizaje comenzaron a disparar contra los No Muertos que trataban de cogerles cuando pasaban por su lado.
-Es aquel hangar de allí- gritó Luci señalando el hangar donde estaba el helicóptero.

-Venga, ya se acabó el tiempo. Nos vamos ahora mismo- dijo Silverio justo después de comenzar a hacer girar las aspas del helicóptero mientras Bianca abría el techo del hangar para que el helicóptero pudiera despegar.
Los científicos no se lo pensaron dos veces y comenzaron a subir uno detrás de otro para tomar asiento en el interior del super puma. Abigail se apresuró a coger las ampollas de la vacuna, se dio tanta prisa que una de ellas cayó al suelo y rodó hasta los pies de Vicky.
Alicia permanecía junto a la pequeña en un rincón del hangar mientras las aspas creaban un viento atroz allí dentro. Vio como Bianca le gritaba algo desde la puerta corrediza del helicóptero, no entendía lo que decía, pero se imaginaba que le estaba diciendo que se acercara para marcharse, pero Alicia no podía hacer eso, tenía que esperar a los demás. Repentinamente Silverio hizo un gesto con la mano y comenzó a ponerse los cascos, fue entonces cuando la puerta del helicóptero se abrió de nuevo y Vanesa salió de un salto. Esta corrió hacia ella y comenzó a gritarle.
-Tenemos que salir de aquí. No nos queda tiempo-
-No pienso irme de aquí sin los demás- dijo Alicia levantando la voz. –No podría vivir conmigo misma si  me voy sin ellos-
-Alicia, quedarse no es una opción… ya no. La pista de aterrizaje esta llena de infectados, acabaran entrando aquí. Tenemos que irnos ahora mismo- dijo Vanesa tirando de Alicia y de Vicky, pero la pequeña se soltó rápidamente.
-No me voy sin mi papa-
Vanesa miró a ambos lados y con un gesto comenzó a pedirle a Silverio que esperara, pero este lejos de escucharla comenzó a levantar el vuelo. La decisión estaba tomada, no podía quedarse allí más tiempo. El helicóptero estaba ocupado ya por el, por Bianca y por los tres científicos.
Silverio se sentía culpable por dejar tirados a las personas que habían confiado en el, pero ya no le quedaban más opciones, se lamentaría toda la vida por ello, pero tenía que largarse de allí, quizás podría volver a por ellos en otro momento. Lo intentaría al menos.
-¡¡¡Silverio!!!- gritó Vanesa haciendo aspavientos con las manos. –No nos dejes…¡¡¡¡Silverio!!!!-

Desde mi posición escuché como el francotirador se quedaba sin munición. Ocasión que aproveché para apuntar hacia el y disparar. Logré acertarle en la cabeza, este se derrumbó y seguidamente salí corriendo. No tenía nada personal contra aquel chico, pero el estaba intentando matarme y yo me había defendido. Con el tiro en la cabeza había conseguido dos cosas y a decir verdad, de algún modo le había hecho un favor, ni había sufrido ni se reanimaría. No había ya tiempo para pensar en eso, lo importante era salir de allí de una condenada vez. Atravesé los cristales rotos y comencé a correr por la pista. El sol de la tarde calentaba con fuerza y me cegaba, pero a unos metros de mi veía las siluetas de los demás corriendo hacia un hangar, aceleré el paso y los alcancé. Justo en ese momento vimos como el helicóptero surgía del hangar y comenzaba a elevarse en el cielo.
-¡¡¡Eh!!! Estamos aquí, ¡¡¡Estamos aquí!!!- comencé a gritar mientras movía los brazos frenéticamente.
Mientras hacía eso vi como la mayor cantidad de infectados se centraba en nosotros y comenzaban a caminar hacia nosotros. Entonces como si de un milagro se tratara, el helicóptero comenzó a descender, nos había visto y volvía a por nosotros. Lo habíamos conseguido.
Fue en ese preciso momento cuando un cohete cruzó el cielo e impactó contra el helicóptero, este comenzó a dar vueltas mientras era envuelto por las llamas, finalmente pasó sobre nosotros y acabó estrellándose contra la pista de aterrizaje. La honda expansiva nos hizo caer. Cuando me puse en pie no pude evitar gritar de frustración. Tampoco pude contener las lágrimas al pensar que mi pequeña iba ahí.
Todos estábamos hundidos por lo que acabábamos de presenciar. Todo estaba perdido y nosotros también. Los No Muertos comenzaron a rodearnos. Con una mueca de disgusto miré a los demás y comencé a gritar.
-¡¡¡Corred!!! Todo lo que podáis ¡¡¡Corred!!!-
Todos comenzamos a huir mientras por el rabillo del ojo vi aparecer los vehículos de los hombres de Lujan. Estaban apunto de darnos alcance. Me maldije a mi mismo por haber fallado de esa manera cuando ya casi lo habíamos conseguido. Todo estaba perdido y yo era el responsable.

CONTINUARA
FIN DE LA NOVENA PARTE DE ZOMBIES.

Capitulo 180: Todo está perdido, part 3



Seguía conduciendo a gran velocidad por las calles de Madrid con dos vehículos detrás de nosotros. Eran Lujan y varios de sus hombres, hacía más de quince minutos que habíamos perdido al resto de nuestro grupo en el accidente del autobús y no teníamos ni la menor idea de cual era su estado, sin embargo no podíamos volver a por ellos, no en esos momentos, antes teníamos que quitarnos de encima a nuestros perseguidores. Mientras conducía iba elaborando un plan para llegar hasta el aeropuerto. Eva estaba a mi lado consultando un mapa de Madrid, ella me iba dando indicaciones de como llegar al aeropuerto.
-Gira por aquí- me indicó Eva señalando hacia la derecha.
Con una rápida maniobra giré hacia la derecha y el vehículo que nos seguía, apunto estuvo de arrollarnos, pero su conductor supo lo que le esperaba en el impacto e hizo una maniobra totalmente increíble. Pasó de largo y acabó atravesando el escaparate de un comercio, luego acabó hundiendo su capó contra una de las paredes del interior de aquella tienda. Ahora solo teníamos a un vehículo detrás de nosotros, era el de Lujan. Las maniobras de aquel conductor estaban mucho más avanzadas que las del que acababa de estrellarse, deshacerse de el no sería nada fácil.
Ambos conductores nos precipitamos por una calle atestada de vehículos abandonados. Era imposible no rozar o golpear uno de ellos, mientras conducía me iba quedando con la zona para volver a cruzarla después, justo en ese momento miré a Eva que seguía fuertemente agarrada al asiento y al salpicadero.
-Sera mejor que no te sueltes-
-¿Qué vas a hacer?- preguntó Eva en ese momento.
No contesté, con otro volantazo giré hacia otra calle y comencé a recorrerla, miré el retrovisor y el vehículo de Lujan seguía detrás de nosotros. Doblé otra esquina y pise el acelerador todavía más. De haber existido todavía ley nos habrían multado por exceso de velocidad, pero en esos momentos podíamos permitirnos pasarnos por el forro todas las leyes viales.
Embestí varios vehículos que acabaron girando sobre si mismos. Sin embargo estos no detenían a nuestros perseguidores. Lo peor de todo era que la carrocería de nuestro Ume se estaba viendo seriamente dañada. No tardaríamos en tener que dejar atrás el vehículo y correr.
Volvimos a pasar por delante del comercio donde se había estrellado el vehículo. Los No Muertos ya habían llegado hasta los desdichados que se habían quedado allí atrapados y los estaban sacando a tirones del interior del destrozado vehículo, otros simplemente se metían en el interior en su afán de carne fresca y fácil, por así decirlo se los habíamos ofrecido en bandeja de plata. Al ver eso se me ocurrió una idea, durante la conducción temeraria que había llevado a cabo por las calles, había visto lo que quedaba del centro comercial corte ingles, así que decidí ponerme en marcha hacia el a una velocidad endiablada. Seguía teniendo a mis espaldas al vehículo de Lujan, por fin llegué a ver la entrada al centro comercial, en ese momento le lancé una mirada a Eva y le ordené que se agachara. Eva obedeció y yo me lancé contra las puertas del centro comercial a toda velocidad.
El Ume penetró a toda velocidad en el interior del centro comercial, varios estantes de cosméticos comenzaron a saltar en todas direcciones después de que mi vehículo los golpeara. Volví a mirar el retrovisor y vi al vehículo de Lujan persiguiéndonos… justo como quería.
-Vamos cabrón. Sígueme-
El interior de aquel lugar era espacioso. Tenía que conseguir perderles de vista aunque solo fuera unos segundos, lo bastante como para que Eva y yo pudiésemos escapar del vehículo y darles esquinazo de una vez por todas. Teníamos el tiempo en nuestra contra. Nos esperaban en el aeropuerto y no había tiempo que perder. Llegamos hasta un montón de escombros y el ume dio un salto. Al aterrizar sobre el suelo y ver que el otro vehículo no saltaba detrás vi la oportunidad que buscaba, pisé el freno con fuerza y el vehículo hizo chirriar los neumáticos sobre el piso mugriento de la tienda y se detuvo de lado junto a un pilar. Salí de un salto y me acerqué a la puerta del copiloto y la abrí de un tirón, justamente en esos momentos Eva me miró y yo la agarré de la mano tirando de ella.
-Corre ¡¡Vamos!!-
Eva salió de un salto y los dos comenzamos a correr por la planta baja del centro comercial sin tener ni idea de donde estaban Lujan y los que nos seguían, aunque en esos momentos no me importaba, solo quería salir de allí y correr hacia el aeropuerto.
No tardamos en escuchar voces a nuestras espaldas, también ellos habían dejado atrás su vehículo, en una de las veces que miraba hacia atrás pude ver a Lujan, nuestras miradas se cruzaron en ese momento y alzó su arma para dispararme, pero yo fui más rápido y tanto Eva como yo nos lanzamos al suelo detrás de una montaña de escombros al tiempo que abría fuego. Seguidamente, entre el sonido de las balas me llegó la voz de Lujan en tono burlón.
-Es inútil que lo intentes Juanma. Nadie, ni tu ni tus amigos lograreis salir de aquí con vida. Este mundo no esta hecho para vosotros, vuestro destino estaba marcado desde el momento que el apocalipsis llegó. No estáis destinados a nada que no sea la muerte- Lujan trató de dispararme en medio de la oscuridad de aquel lugar cuando nos vio a Eva y a mi arrastrarnos entre las sombras. –Aunque lo consiguierais… ¿Qué crees que os espera más allá de aquí? Eso de la tierra prometida no es más que un cuento chino, una fantasía que solo se creen los idiotas. No encontrareis nada diferente a todo esto-
-¿No es lo mismo que buscas tu? Es exactamente lo mismo- respondí desde mi escondite.
-No. Yo lo que busco es algo completamente diferente. Yo no ansío un mundo sin muertos o un paraíso donde pasar el fin de mis días. Al fin y al cabo este es nuestro mundo y ya no lo podemos cambiar, solo sobreponernos y no dejarnos pisotear por otros ni por los muertos.- decía Lujan mientras avanzaba en la oscuridad en nuestra búsqueda al mismo tiempo que el hedor y los gemidos de los infectados comenzaban a llegar hasta nosotros de forma alarmante. Los teníamos peligrosamente cerca y ya podíamos ver las siluetas tambaleantes bajar de los pisos superiores y entrar por las entradas del edificio, pronto no podríamos escapar.

-Guillermo, creo que deberíamos irnos- dijo uno de los tres acompañantes de Lujan. –Esos bichos se están acercando, pasa de ellos, no saldrán vivos de aquí. Hagamos lo que tenemos que hacer y pasemos de ellos como de la mierda-
Lujan vio en ese momento las siluetas y vio que se estaba concentrando un gran numero de infectados y que estos no tardarían en alcanzarles. Puso una mueca de amargura y volvió a hablar.
-Quería matarte yo mismo, pero esta vez me toca aguantarme. Que lo hagan esos bichos, me da igual- Lujan escupió al suelo y miró a sus hombres. –Larguémonos de aquí-
Lujan y sus hombres se marcharon, pero antes de hacerlo se aseguraron de que no pudiésemos volver a usar el Ume. Lo tirotearon y pincharon las ruedas. Las cosas se nos habían complicado una vez más, al menos aun contábamos con las armas que había dentro del maletero del Ume y que Lujan y sus hombres no se habían molestado en buscar. Cuando tuvimos constancia de que Lujan y los suyos se habían marchado miré a Eva.
-Sígueme y no te apartes de mí. ¿Entendido?-
Eva y yo salimos corriendo hacia nuestro Ume otra vez, en nuestra carrera esquivábamos a los No Muertos o los eliminábamos rápidamente. Aun así, cada vez había más y más. No dejaban de llegar.
Llegamos al Ume y yo me apresuré a abrir el maletero donde nos esperaban las bolsas de deporte cargadas de armas y munición. Cogí una y se la pasé a Eva. Esta la cogió con una mueca de disgusto debido al peso, pero no era momento de andarse con rodeos. Yo cogí la otra y rápidamente, ambos emprendimos la huida de nuevo mientras disparábamos a los infectados que ya estaban rodeándonos.
En una ocasión Eva tropezó y yo tuve que volver atrás a recogerla, tuve que abatir a una No Muerta que estuvo apunto de morderla.
Salimos corriendo al exterior, consulté el mapa de Madrid que había cogido del Ume en el último momento y comenzamos a correr recto hacia el aeropuerto. No estaba muy lejos, si no había contra tiempos de ningún tipo, estaríamos allí en menos de diez minutos. Parecía que lo íbamos a conseguir, no todo estaba perdido, aun podíamos tener una posibilidad, me negaba a rendirme, no ahora que estábamos tan cerca y teníamos un helicóptero a nuestra disposición. Habíamos estado corriendo unos largos minutos y cuando ya veíamos lo que era la entrada al aeropuerto comencé a escuchar los disparos y supe que algo no iba del todo bien allí dentro.

Capitulo 180: Todo está perdido, part 2



Después de que la recién llegada le apuntara con el arma. Silverio no había tenido más remedio que hacer lo que salir del helicóptero y apartarse, mientras no dejaban de escucharse disparos y explosiones en el interior de la terminal. Allí había una autentica batalla entre bandos y infectados. Justo en ese momento la puerta del hangar se abrió y apareció Vanesa. Esta corrió hacia Silverio y comenzó a hablar con el.
-Tenemos que esperar a los otros. No pueden tardar en llegar, Luci dice…-
-Toma esto- dijo Silverio pasándole un librito que parecía un diario.
-¿Qué es?- preguntó Vanesa extrañada mientras cogía lo que Silverio le daba. Vanesa quiso abrirlo, pero Silverio no se lo permitió. Seguidamente Silverio salió del hangar y se alejó corriendo.
Vanesa no entendía el porque de dicha acción. ¿Qué se proponía Silverio?

Luci había entrado en la terminal con el kuad. Nada más entrar vio a la multitud de infectados que estaban asediando a los soldados del ejercito español, al menos así los identificaba por la indumentaria que llevaban puesta. Desde su posición los veía caer como moscas. Vio como dos de los soldados eran acorralados por varios No Muertos y estos se lanzaban sobre los soldados que acababan desgañitándose entre gritos de dolor. Los infectados no les daban ninguna tregua. Entonces Luci sintió como alguien disparaba contra ella. Rápidamente arrancó el Kuad y este salió a toda velocidad esquivando a los infectados que se cruzaban en su camino. Disparó a bocajarro a varios de aquellos seres mientras evitaba los disparos de alguno de los soldados que al verla la habían tomado como una enemiga a la que debían abatir cuanto antes.
En multitud de ocasiones, Luci no sabía muy bien de donde venían los disparos, había tanto jaleo montado que costaba mucho saber si eran de sus perseguidores o de sus compañeros que estaban allí manteniendo a raya tanto a los infectados como a aquellos tipos. Fue justo en ese momento cuando sintió un tirón que la hizo caer del kuad.
Luci dio con su espalda en el suelo y sintió como los huesos de su cuerpo crujían como si se fuesen rompiendo a consecuencia del impacto, pero no le dio tiempo a gritar de dolor. Un infectado se lanzó sobre ella y trató de morderle, pero con un rápido movimiento logró evitar que los podridos dientes de aquel ser le arrancaran un pedazo de carne del cuello. Comenzó a forcejear con el No Muerto mientras contemplaba con horror como más de aquellos seres se iban acercando a ella para unirse al primero. Mientras luchaba por sobrevivir escuchó como el kuad que había seguido su camino, acababa chocando contra un pilar.
Seguía con su lucha a muerte con aquel ser maldito mientras en su mente se repetía una y otra vez “Que no te muerda o estarás jodida de verdad”. Fue en ese momento cuando alguien agarró al No Muerto por detrás y lo levantó en el aire, pronto vio quien la había salvado, era Silverio.
-Venga, vamos- dijo este tendiéndole la mano.
-¿Qué cojones estas haciendo aquí?- preguntó Luci al verlo.
-Vine a buscaros. Nos tenemos que largar de aquí, no resistiremos mucho más- dijo Silverio tirando de ella.
-No podemos largarnos así como así. Juanma y los demás estarán al caer. Dejarlos tirados es condenarles a muerte- dijo Luci soltándose de el.
Una nueva lluvia de balas estuvo apunto de alcanzarles, lograron evitarlo escondiéndose detrás de unas macetas que había por allí. Era cierto que el tiempo se les agotaba, pero no podían marcharse dejando allí a los demás. En ese momento vio a Hanzo pasar corriendo seguido por Jorge, estos al verlos se acercaron corriendo para agazaparse a su lado.
-Los nenes de Beltrán se están ganando hoy el pan. No están dejando títere con cabeza. Por lo menos los podridos los están retrasando… Por cierto- Jorge miró a Silverio.-¿Qué cojones estas haciendo tu aquí? ¿No se supone que deberías estar guarecido junto a tu pájaro?-
-Prefiero el jaleo…- dijo Silverio a medida que se levantaba y disparaba contra un No Muerto que los había descubierto y en esos momentos avanzaba hacia ellos con los brazos extendidos hacia delante. Rápidamente volvió a la cobertura.-Estoy aquí por que vine a por vosotros. Nos vamos, no hay más que discutir-
-¿Y que pasara con los demás?- preguntó Luci agarrando al piloto brasileño del brazo.
-Le he dejado un libro con las coordenadas del lugar donde nos espera el barco que nos sacara de aquí. Ese jodido trasto no se moverá de allí. Vanesa sabe donde están esas coordenadas, podrán encontrarnos rápidamente…-
Más disparos interrumpieron la conversación. Disparos que Jorge no tardó en devolver.
Silverio volvió a mirar a Luci.-Te entiendo perfectamente lo que sientes, pero entiéndeme. No podemos seguir aquí, gane el bando que gane nosotros perderemos, no podemos seguir manteniéndoles a raya…-
De repente un segundo grupo de soldados apareció disparando a los No Muertos. Los infectados caían con rapidez. Jorge se asomó y entonces palideció al ver a los recién llegados, como si ya no tuvieran suficientes problemas, ahora estos se habían triplicado.
-Es Roache. Ese puto francés esta aquí acompañado de sus perros. No nos bastaba con los podridos ni con los de Beltrán… ahora estos también… tenemos que…- decía Jorge.
-Yo no me voy, marcharos vosotros si queréis, pero yo me quedo. No podría vivir conmigo misma si me marcho dejando a los demás aquí- Luci miró a Jorge y Silverio.-Marcharos y llevaros a los niños al menos-
Jorge se acercó a Luci para tratar de convencerla.-No vivirás mucho si te quedas aquí. Todo esta perdido. ¿No te das cuenta?-
-Prefiero eso a traicionar a los que son mi familia- Luci salió de su cobertura y disparó contra uno de los soldados españoles que llevaba rato disparando contra ella. En un último disparo había delatado su posición.
Jorge se quedó un rato pensativo y su mirada cambió hacia Silverio. –Márchate. Llévate a Daniela contigo junto a Alicia y los críos. Y que Vanesa se aleje de aquí todo lo rápido que pueda. Que busque refugio en algún lugar, si sobrevivimos lo suficiente nos encontraremos con ella más adelante. Silverio, ninguno de los dos puede caer aquí. Venga…¡¡¡Largo!!!-
Silverio se fue incorporando y se quedó mirando a Luci y Jorge. –Estáis chalados. ¿Lo sabíais ¿No?-
-Es la historia de nuestra vida- respondió Jorge lacónico. –No te quedes aquí. Márchate-
Silverio comenzó a correr tal y como le habían dicho, tan solo Hanzo se quedó a su lado. Jorge y el intercambiaron una mirada y no pudieron evitar sonreírse mutuamente.
-Bueno… supongo que vamos a tener que darles tiempo- Jorge miró a Luci. –Como los viejos tiempos ¿Eh?-
-Como los viejos tiempos- respondió Luci con una sonrisa.
-Puede que no salgamos de esta. Como he hecho cosas bastante malas no creo que nos veamos allí arriba, así que mejor nos despedimos ya.-dijo Jorge.
-Me da igual si es allí abajo o allí arriba. Lo que no quiero es ser como esos cabrones- dijo Luci refiriéndose a los No Muertos.
-Puede que nos queden minutos de vida. No soy pesimista, tan solo soy realista, pero antes de salir ahí y comenzar a repartir… solo puedo deciros que si estos son nuestros últimos minutos de vida, que por lo menos sean memorables-
Justo después los tres salieron para sumarse a la batalla a tres bandas que se estaba librando.

Roache y sus hombres habían entrado en la terminal a base de tiros. No habían tenido demasiados problemas, tan solo un par de bajas, algo que le venía bien a Roache. Al fin y al cabo, sus soldados eran poco más que peones sacrificables, necesarios para alcanzar su objetivo. Había No Muertos por todas partes y también otros soldados, la batalla no sería fácil. Fue en ese momento cuando vio tres siluetas salir corriendo y disparando. Reconocer a dos de ellos le bastó para bramar de rabia y mandar a sus hombres tras ellos. Se trataba de Jorge y del japonés, los mismos que ya se la habían jugado varias veces antes, los quería muertos a toda costa.
Varios hombres de Roache salieron tras los tres a los que había señalado Roache a medida que ordenaba darles caza como si se tratara de un animal salvaje.
Los tres huidizos se habían comenzado a ocultar por los pasillos de la terminal mientras los hombres de Roache que los habían comenzado a perseguir les pisaban los talones, las órdenes de Roache eran claras, darles caza y eliminarles de forma rápida, cuantos menos enemigos hubiese mejor.

Luci no veía a sus perseguidores a través del humo de las explosiones y de las fugas. Solo podía correr y correr siguiendo a sus dos compañeros. Era más bien una batalla que ellos tres solos no podían ganar. Tenían demasiados enemigos, solo podían frenarles, aunque tampoco podrían frenarles eternamente.
Jorge esperaba la señal de  que los demás ya estarían a salvo, esa señal no era otra que escuchar al helicóptero elevarse. Cuando eso ocurriese tendrían que apañárselas para escapar de allí, eso si no morían antes.