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jueves, 1 de noviembre de 2012

Capitulo 172: Mala sangre, part 4



Yeles…

Andrea y David seguían caminando por el saliente. Habían abandonado el peligro de aula, pero el patio seguía llenándose de infectados. Andrea no hacia más que mirar hacia abajo. Muchas veces David tenía que hacerle gestos para que dejara de mirar, ya no solo por la altura, si no por la abrumadora y terrorífica visión que provocaban la gran cantidad de infectados que había allí abajo alzando los brazos en dirección a ellos. No había forma de bajar, ni siquiera por las tuberías, en el momento que bajaran abajo estarían muertos. Llegaron hasta una nueva ventana y vieron que esta estaba abierta. Miraron y cuando vieron que no había peligro, la cruzaron. El lugar en el que se encontraban era el laboratorio de la escuela.
-Parece que no hay peligro- dijo Andrea alzando el arma.- Me recuerda al que había en mi colegio, mira eso de ahí.- Andrea señaló el esqueleto que reposaba en un rincón.-Al nuestro lo llamábamos Manolito por parecerse al profesor de naturales. El tío era un cabrón que estaba muy delgado-
-¿Era un cabrón por estar delgado?- preguntó David mientras apuntaba hacia varios lados del laboratorio por si aparecía algo que pudiera suponer una amenaza.
-Nos tenía manía a todos. Se que es lo que dicen muchos alumnos, pero la manía de este era real. Este nos puso exámenes sorpresa cada dos por tres, a veces se cachondeaba de los suspendidos-
-Todo un hijo de puta ¿eh?-
-De los más grandes- respondió Andrea.
De repente la puerta se abrió y aparecieron Gorka y Cesar. El encuentro fue tan imprevisto que casi se dispararon los unos a los otros. Cuando los vieron, David no pudo evitar sonreír de alivio.
-Me alegro de veros tíos. ¿Dónde están los demás?- preguntó David -¿Y donde están los tipos esos? Hace rato que no se escuchan disparos.-
-Esos tipos deben estar ya muertos. De los demás los únicos que están desaparecidos son Abel, Sandra, Juanma y Eva. Los demás les mandamos que se marcharan en el autobús, estarán más seguros lejos de aquí- respondió Gorka.
-Vimos alejarse el autobús, creímos que no nos estaban dejando tirados- dijo Andrea.
Mientras hablaban escucharon un ruido, cuando se asomaron al pasillo para saber cual era la procedencia de este, vieron como una multitud de No Muertos irrumpía en aquel gran pasillo. No parecía que los hubieran visto, pero cuando los vieran tendrían problemas. Los cuatro decidieron encerrarse en el laboratorio a la espera de que el peligro pasase, ya no parecía que hubiera más peligros aparte de los infectados.

El tobillo de Sandra apenas dolía ya y esta se había quedado dormida. Abel seguía vigilando, el enorme hombretón la observaba de vez en cuando. Sandra estaba hablando en sueños de vez en cuando, muchas veces mencionaba los nombres de Paco y Toni. No conocía a ninguno de los dos, pero por lo que había oído hablar, los dos habían estado junto a ella antes de morir. Se podía imaginar que quizás tuviera un trauma con aquello y que de alguna manera se culpaba por ello. Sandra se removió un poco y Abel se sentó a su lado, pasó un brazo por encima de ella y esta se acurrucó junto a el.
-No dejare que te pase nada- susurró Abel.-Hare todo lo que este en mis manos para que salgas viva de aquí- Abel le apartó el pelo de la frente y se empapó los dedos con sudor. Hacia mucha calor aquella noche.
*****
Félix detuvo el autobús a las afueras de Yeles. Nada más hacerlo se levantó del asiento y corrió para ver el estado de sus compañeros. Yako, el perro de Sandra estaba como loco, tenía el pelo del lomo erizado y no dejaba de ladrar.
-¿Estáis todos bien?- preguntó mirando a todos sus compañeros hasta que posó su mirada en Sole, la cual se abrazó a el enseguida.-¿Estas bien?-
Sole asintió con la cabeza y entonces Félix se fijó en el cuerpo de Cristina, el cual habían cubierto con una manta. Héctor estaba tumbado en el suelo mientras Almudena trataba de parar la hemorragia. Félix se arrodilló a su lado y vio la herida.
-La bala lo atravesó, pero no puedo parar la maldita hemorragia. Si Lidia o Tristán estuvieran vivos…- replicó Almudena.
Félix miró a Héctor, este estaba pálido y estaba sudando a mares, aunque este estaba temblando.-Intenta aguantar tío. Saldrás de esta, ya veras, no puedes morirte ahora que estamos a punto de conseguir escapar de aquí-
-No mientas, por vuestras caras se nota que estoy bastante mal y no hay nadie para operarme. No saldré de esta- dijo Héctor mientras tosía sangre.
Félix miró a Almudena en ese momento clavándole la mirada.-Tienes que hacer algo, tu habían hecho algo de esto antes. Tienes que…-
-Pero yo no soy medico. Soy… era forense, todo lo que haya hecho a sido con muertos. Es imposible que yo pueda hacer algo, podría matarle-
-La bolsa de Tristán esta ahí. Cógela y opera, opéralo, tienes que hacerlo- comenzó a decir Félix mientras la zarandeaba de los brazos. Cuando comenzó a apretar, esta se retiró rápidamente.
-No puedo hacerlo. No quiero que un error mio le cueste la vida, no podría vivir conmigo misma. No puedo hacerlo, no puedo…- replicó Almudena pese a las exigencias de Félix. Este estaba fuera de si.
Héctor estaba cada vez más ido. Se les estaba yendo poco a poco y ninguno de ellos podía hacer nada por evitarlo.
En ese momento Yako comenzó a ladrar con más fuerza y a gruñir hacia las puertas del autobús. Todos miraron hacia allí y vieron la silueta de un hombre apoyado en el cristal. Se trataba de un No Muerto que los miraba con atención a través del cristal. Este comenzó a dar golpes, pronto más golpes se unieron al primero. Félix se levantó rápidamente a la ventana y vio como una horda los había rodeado, todos estaban dando golpes sin parar, reclamando la carne humana de allí dentro.
-Joder… tenemos que salir de aquí- dijo Gálvez cuando los vio rodear el vehículo.
-¿Cómo nos han encontrado?- preguntó Alicia mientras sostenía al bebé en brazos.
-Nos deben haber seguido desde el pueblo o los ladridos del perro los han atraído. No podemos quedarnos aquí por que acabaran entrando, debemos movernos- dijo Gálvez mirando fijamente a Félix.
Félix sabía que si se movían, nadie podía intervenir a Héctor, el cual se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Tenía ciertas dudas de si se tenía que mover o no, pero si no lo hacia, esos seres entrarían y acabarían con todos. Le lanzó una mirada a Héctor y pronunció una única palabra.-Lo siento-
Félix se dio media vuelta y corrió hacia el asiento del conductor, se sentó al volante y puso en marcha el motor, segundos después pisaba el acelerador para alejarse de la multitud de infectados. Atropelló a algunos de los que se pusieron por delante y el autobús dio algunos saltos mientras se alejaba de allí todo lo rápido que Félix podía conducir. Estaba poniendo en peligro la vida de Héctor, pero también estaba salvando la vida de los demás. No se lo perdonaría si Héctor moría. ¿Pero que otra cosa podía hacer?
******
Madrid…

Por fin habían llegado al aeropuerto. Habían llegado antes de lo previsto gracias a que habían estado corriendo por los túneles de metro y no habían parado hasta que llegaron. Salieron rápidamente de los túneles de metro y se adentraron en la terminal, la recorrieron rápidamente hasta que llegaron al hangar donde fueron recibidos por Hanzo, este al ver a Luci se quedó estupefacto. Todos se quedaron conmocionados con la aparición de dos nuevas supervivientes, aunque Silverio se sorprendió más al ver que una de ellas era Vanesa.
-Rápido, tenemos que inyectarle el antivirus, la han mordido hace menos de una hora. Venga vamos- dijo Jorge.
Abigail se quedó parada como esperando algo, pero Jorge dio varias palmadas para que no se quedaran quietas y se movieran. Durante el trayecto le había tocado la frente varias veces a Luci y había notado como esta bullía a causa de la fiebre que iba en aumento, una fiebre que acabaría por matarla.
-Venga vamos, no hay tiempo que perder- dijo al tiempo que tumbaba a Luci en el mismo sitio donde lo tumbaron a el.
Abigail se acercó al maletín y sacó una de las ampollas dispuesta a inyectársela a Luci, pero entonces un disparo sonó en el hangar, y cuando todos miraron al lugar de procedencia de este, vieron a cinco personas allí de pie en la entrada, todos parecían ser jóvenes y todos estaban armados.
-¿Pero que coño?- preguntó Jorge al verlos.
Abigail se quedó parada, cuando Jorge se dio la vuelta para decirle que no perdiera el tiempo mirando a los intrusos, pero otro disparo se escuchó allí.
-Que ninguno de ustedes pendejos se mueva. Ahora aquí mandamos nosotros pinches- dijo uno de aquellos chicos adelantándose y saliendo de las sombras.
Sin duda eran los latinos que trabajaban para Roache, los mismos que los habían atacado en el edificio, los mismos a los que creían que habían despistado, pero no los habían despistado, todo lo contrario, los habían conducido hasta el secreto que tanto se esforzaban en ocultar, era cuestión de tiempo que avisaran a Roache y este se presentara allí con todos sus hombres, y por si fuera poco, el tiempo de Luci se agotaba por momentos.

Capitulo 172: Mala sangre, part 3



Madrid…

Jorge, Luci y Vanesa seguían corriendo con una horda de varios No Muertos pisándoles los talones. Los hombres de Roache ya no parecía que les estuviesen siguiendo, pero sin embargo había algo mucho más peligroso persiguiéndoles. Estaban siguiendo las indicaciones de Jorge, tenían que llegar cuanto antes a la boca de metro. Una vez allí se librarían de la horda de infectados. De vez en cuando Jorge se daba la vuelta para disparar a los No Muertos, derribaba a un par de los que iban primeros y seguía corriendo, lo que buscaba era retrasar el avance, aunque conseguía retrasarles muy poco. Algunos de ellos habían acelerado el paso obsesionados con darles caza.
Cuando por fin llegaron a la boca de metro, Jorge comenzó a bajar los escalones de dos en dos hasta que llegó a la verja, se lanzó contra ella y metió la mano a través de los barrotes para abrirla, logró quitar el seguro y seguidamente la abrió.
-Venga vamos. Por aquí-
Luci y Vanesa pasaron rápidamente y seguidamente entró Jorge. Este cerró la verja rápidamente justo cuando los infectados llegaban abajo. No le dio tiempo a retirarse y los infectados que metieron los brazos lo agarraron, tiraron de el y Jorge acabó chocando contra la verja. Este comenzó a gritar de puro terror mientras veía como aquellos seres abrían y cerraban sus oscuras bocas, haciendo chocar sus podridos dientes y produciendo un ruido repugnante mientras evitaba que su saliva le tocara ojos o boca. Uno de ellos lo agarró del pelo y tiró de el con tanta fuerza que Jorge se dio un golpe en la cabeza.
Luci estaba viendo lo que ocurría, había muchos brazos agarrándolo y tirando de el, miró a Vanesa y estuvieron apunto de dejar abandonado a Jorge, pero no lo hizo. Luci apretó los dientes y se lanzó contra la verja con la katana por delante. Logró cortar varios brazos, pero había muchos infectados allí tirando de el, otros estaban abriendo poco a poco la verja, si lo lograban, estarían muertos por estar tan cerca.
-Marcharos ya. Si queréis salir de aquí solo tenéis que llegar al aeropuerto, hablar con Silverio e ir a por los demás. Es una oportunidad de oro, ya estáis muy cerca de conseguirlo- decía Jorge mientras trataba de evitar ser mordido.
Luci lo agarró con fuerza y comenzó a tirar de el.-No pienso dejarte tirado aquí. No ahora- Luci lo agarró con más fuerza y tiró de el, no logró nada, los engendros seguían tirando de el. Luci pasó las manos sobre Jorge y acabó agarrándolo del pecho, entonces sintió dolor en una de las manos al tiempo que tiraba fuertemente de el. Por fin logró alejarlo de los brazos de los infectados y ambos cayeron al suelo de espaldas mientras los infectados trataban de abrir.
-Tenemos que salir de aquí ahora mismo- dijo Jorge mirando a Luci.-Logró poner el seguro, debemos salir de aquí antes de que…- la frase de Jorge se congelo cuando vio la mano de Luci sangrando. Entonces miró su expresión, esta tenía la mirada clavada en la herida. Era evidente que la habían mordido justo cuando tiró de el. Con un movimiento rápido esta sacó el arma y se apuntó directamente a la cabeza.
*****
Hanzo y los demás habían logrado deshacerse de los infectados que se habían quedado en las vallas, no eran muchos y no habían tenido mucho trabajo para acabar con ellos. Cuando lo hicieron volvieron al interior del hangar. El científico más joven, Nick, estaba viendo como Silverio preparaba el helicóptero para la futura huida de allí. El grupo llegaría quizás pronto. No sabía seguro cuando sería, pero no quería ir con retrasos, lo que quería era salir de allí cuanto antes, en el momento que llegaran quería salir volando de allí y con suerte llegar a un sitio donde pudiera vivir tranquilo y feliz, lejos de tanta muerte y destrucción.
-¿Cuántos son los que tienen que llegar? ¿Cuándo lo harán?- preguntó Nick.
-Pues deberían llegar alrededor de veinte personas. El cuando no lo se con exactitud, hay demasiada distancia entre Valencia y Madrid. Y las carreteras están llenas de atascos y caminantes. Deberán dar muchos rodeos para llegar hasta aquí-
-Espero que sean buena gente y no sean como Beltrán y Reverte. No quiero que nos jodan otra vez, es decir, no quiero salir de la sartén para caerme en las brasas-
-Son buenas personas. Una amiga esta con ellos, me fio de su palabra- respondió Silverio con una sonrisa.-También hablé con el líder del grupo y me inspiró mucha confianza, son personas que no se han rendido a pesar de que el mundo se ha ido al infierno-
-Cuando estábamos en el laboratorio trabajando en las vacunas… lo hacíamos con la intención e ilusión de ver renacer nuestro mundo. Eso fue al principio de cuando nos llevaron allí, teníamos más libertades, pero cuando el mundo se fue a la mierda y los militares tomaron el control del bunker… desde ese día no creímos que pudiéramos ver un mundo como el anterior… bueno, un mundo mejor-
-Bueno, con esas vacunas…-Silverio señaló el maletín.-Ya habéis hecho un bien para la humanidad-
-Esas vacunas son un adelanto científico importante en el campo de la virología, pero aun así, aun no hemos probado sus efectos en personas. Y con el doctor que murió no llegamos a tiempo, llevaba demasiado tiempo infectado, pasadas ocho horas da igual que se inyecte el antivirus, no hay nada que hacer-
-Pero si se le inyecta al infectado este se salvara- respondió Silverio.
-Se salvara, si, pero este virus es un cabrón de mucho cuidado. Imagínate que te infectas, llegamos a tiempo y te inyectamos el antivirus. Te salvarías en ese momento, pero el antivirus no te haría inmune. Es más, si te volvieran a morder, el virus actuaria en ese momento con mucha más virulencia y brutalidad. Los efectos podrían ser desastrosos-
-Pero se podría volver a inyectar el antivirus-
Nick negó con la cabeza.-Ya no haría efecto. Con este virus no hay segundas oportunidades. La segunda infección no tiene cura. Es lo que tiene crear un antivirus en condiciones lamentables. Nos tenían constantemente vigilados y siempre había alguien que nos metía prisas-
-Lo mismo me ocurría a mi cuando estábamos en el bunker. Estaba hartándome de tanta mamonada por parte de los jefazos de allí. Estoy deseando salir de aquí, seria capaz de restregárselo por los morros-
-Eso quisiera yo también, joderles pero bien. Me encantara que vean como el helicóptero se aleja del lugar. Y con el, las ultimas ampollas de su preciada cura-
-Eso espero. Espero que podamos irnos pronto de aquí. Me gustaría volver a Rio de Janeiro y ver si quedan supervivientes, mi familia es toda de allí- dijo Silverio con una sonrisa nostálgica.
-Pues si tú te vas a Brasil, yo volveré a Detroit, allí pasé la mayor parte de mi infancia hasta que mis padres quisieron marcharse de allí. Mis padres no querían que acabara atracando tiendas ni acabara enganchado al crack como muchos de mis amigos que ya comenzaban a dar sus primeros pasos en la droga. Es casi irónico que yo me metiera en otro tipo de drogas como medicinas y vacunas contra virus mortales. Supongo que quería cambiar el mundo a mi manera-
-El mundo ha cambiado, pero para mal, y vamos de mal en peor. ¿Cuántos humanos crees que quedamos para hacer que este mundo vuelva a ser el que era? Nunca será lo mismo que antes, debemos aceptarlo, será mucho más fácil hacernos a la idea de que esto es el fin de la humanidad, y cada día que pasa es más difícil sobrevivir. No se si largándonos de aquí sobreviviremos, pero al menos lo intentaremos- respondió Silverio mientras cerraba la tapa del motor.-Esto ya esta, nos iremos nada más lleguen… Esperemos que no tarden demasiado-
*****
Jorge se lanzó rápidamente sobre Luci para evitar que esta se volara la cabeza. En el último momento logró desviar la pistola de su cabeza. Ambos se pusieron a forcejear en el suelo hasta que Jorge logró inmovilizar.
-¿Qué pretendes hacer?-
-Me han mordido. Estoy jodida, parece mentira que no lo sepas, estoy muerta.¡¡¡Estoy muerta!!!-
-No seas estúpida. Aun hay una oportunidad de salvarte. En el aeropuerto hay vacunas para esto, aun puedes salvarte. No voy a dejar que mueras. ¿Entiendes? Te han mordido por mi culpa. Es mi obligación salvarte-
Jorge le cogió la mano herida y la observo con detenimiento.-Acaban de morderte, si nos damos prisa estaremos allí en una hora como mucho, si no pasan ocho horas de exposición al virus. Te vas a salvar, te lo prometo-
Vanesa se acercó a ellos y se agachó al lado de Luci, la ayudó a levantarse y los tres se pusieron en marcha hacia el aeropuerto. Tenían que llegar cuanto antes para evitar que Luci se convirtiera en uno de esos seres. Jorge estaba decidido a que eso no sucediera. No iba a permitir que Luci muriera, no habiendo una cura tan al alcance de su mano.

Capitulo 172: Mala sangre, part 2



Madrid…

Luci estaba estupefacta al escuchar las voces de la terraza, seguidamente miró a Jorge, quiso avanzar hacia el para golpearle, pero este comenzó a tratar de disuadirla. –Eh eh, tranqui… que yo con esto no tengo nada que ver-
-¿Se supone que te tengo que creer?- dijo Luci levantando el puño para darle un puñetazo -Resulta muy extraño que aparezcas tu y luego misteriosamente aparezcan otros, además, tu cara revela muchas cosas. Los conoces-
-Claro que los conozco. Son hombres de Roache, si nos cogen estamos muertos- dijo Jorge.-Seguramente vieron la luz al igual que yo, debe ser una avanzadilla, el pez gordo dudo que mueva el culo de allí donde este. Tienes que soltarme, por favor-
Luci miró a Jorge y sacó su cuchillo, seguidamente cortó las cuerdas que ataban a Jorge a la silla, luego le lanzó una mirada de advertencia.-Te voy a dar el beneficio de la duda, pero juégamela y te haré que te tragues tus propios testículos. ¿Tienes algún plan?-
-Esos tipos son como los yamakasi, son bandas que se han aliado para Roache, se mueven por la ciudad con autentica maestría y no podremos salir de aquí sin abrir fuego o en silencio. Debemos plantarles cara- decía Jorge mientras recogía sus armas.
-Pero si abrimos fuego atraeremos a los podridos de la calle hacia el portal. Eso será un problema- dijo Vanesa preparando sus armas.
-Por eso saldremos por la terraza- respondió Jorge.-Tendremos que pasarles por encima a esos capullos, pero tendríamos que hacerlo antes o después. Supongo que es mejor que nos los quitemos de encima ahora. Además, no nos conviene que estos sepan donde nos dirigimos-
-¿Y hacia donde nos dirigimos ahora?- preguntó Luci.
-Hasta el aeropuerto de Barajas. Allí os llevo. Es la única manera de demostraros que estoy de vuestra parte- Jorge se encaminó hacia la puerta de la casa y comenzó a abrirla poco a poco, no tardó en escuchar que las voces ya habían entrado en el interior del edificio.
Luci se puso al lado de Jorge y Vanesa permaneció en la retaguardia. Luci escuchó hasta cuatro voces diferentes, entonces contó hasta cuatro, pero Jorge advirtió que había más, eran cuatro los que se habían adentrado en el edificio, pero debía haber más en la terraza vigilando y cubriendo a sus compañeros, mucho se temía que estos eran franceses. Con un gesto, Jorge pidió a Luci que lo siguiera pegada a la pared, entonces Jorge comenzó a preparar una flecha en el arco, estaba dispuesto a dispararla en el momento que uno de aquellos tipos asomara por allí la cara.
Jorge alzó el arco y tensó la cuerda. Cuando se asomó el primero, Jorge dejó ir la flecha y esta salió volando hasta clavarse en el cuello de aquel chico. Era un muchacho joven de no más de dieciocho años, pero aun así era peligroso. El chico cayó de bruces y los demás no tardaron en comenzar a dar voces.
-Nos han descubierto ¿Y ahora?- preguntó Luci.
-Ahora esto les impedirá seguir bajando- respondió Jorge.-Puede que pidan refuerzos, pero de eso no nos tenemos que preocupar, cuando lleguen estaremos ya correteando hacia el aeropuerto de Barajas…-La frase de Jorge se cortó cuando vio una granada de humo caer rodando por los escalones.-Joder, adentró otra vez-
Jorge, Luci y Vanesa se metieron de nuevo dentro de la casa. Fuera comenzaron a escuchar como comenzaban a gritar y a golpear la puerta.
-Joder, creía que se iban a acobardar…- dijo Jorge.
-Pues ya ves que no. Por lo menos ha quedado claro que no sois amigos- dijo Luci mirando a Jorge.
-¡¡¡Eh mirad!!!, podemos salir por aquí- dijo Vanesa desde la ventana de la cocina.-Hay una escalera de incendios-
Jorge se acercó corriendo y se asomó por la ventana, miró hacia arriba y hacia abajo. La parte de arriba estaba inaccesible, se imaginó que podrían haber sido Marcus y sus chicos en un intento de impedir el paso de No Muertos o demás grupos por allí. Solo les quedaba huir hacia abajo. –Venga vamos, no hay tiempo que perder, no tardaran en echar la puerta abajo- Jorge fue el primero en salir seguido por Vanesa, justo cuando Luci iba a salir, los hombres de Roache tiraron la puerta abajo. Estos entraron rápidamente y Luci comenzó a disparar hacia la puerta, estos tomaron cobertura y devolvieron el fuego. Luci logró esquivar los tiros al tiempo que comenzaba a bajar siguiendo a Jorge y Vanesa. Se dirigían a la calle mientras los disparos iban resonando por todo el edificio y la calle.
Cuando llegaron abajo se vieron en un oscuro callejón. Los hombres de Roache salieron a la escalera y tanto Luci como Jorge comenzaron a dispararles mientras Vanesa se apoyaba en un contenedor mientras observaba como las sombras de las siluetas tambaleantes comenzaban a moverse hacia donde ellos estaban. Como se imaginaban, los disparos estaban atrayendo a los infectados que había por la calle.
-Tenemos que salir de aquí. Vamos, nos tenemos que meter en la boca de metro más cercana, una vez dentro deberéis seguirme- dijo Jorge mientras miraba a Luci.
Esta asintió al tiempo que vio aparecer a los primeros infectados por la esquina, seguidamente volvió a disparar a los hombres de Roache.- Venga, vamos-
*****
Yeles…

Habíamos seguido a Lujan y a la chica que llevaba a Vicky hasta el ayuntamiento. Ambos desaparecieron en el interior y los perdimos de vista. Lo único que sabíamos seguro era que estaban allí dentro y al igual que nosotros no sabían como moverse por el interior. Ambos nos acercamos a las puertas y nos dimos cuenta de que estas estaban cerradas, Lujan y su compañera no habían entrado por esa puerta, pero sin embargo habían entrado en aquel lugar. Lo que no sabía era por donde. Entonces me di cuenta de que las ventanas que estaban a casi dos metros de altura del suelo estaban abiertas, otra cosa de la que me di cuenta fue de la mancha de sangre que había allí, al tocarla noté que estaba caliente todavía, era sangre reciente. Habían entrado por la ventana.
-Por aquí. ¡¡¡Vamos!!!- le dije a Eva.
-Espera, ahí dentro están esos dos, podrían tendernos una trampa- replicó Eva cogiéndome del brazo.
-Ahí dentro esta mi hija con dos mal nacidos. Es probable que nos tiendan una trampa, pero me da igual. Por que nada de eso me impedirá sacar a mi hija con vida de aquí. Si no quieres seguirme no lo hagas, vuelve con los demás y alejaros de aquí rápidamente. Al fin y al cabo yo os he metido en esto. Es únicamente cosa mía- respondí.
Eva me miró a los ojos y me agarró de la mano.-No pienso dejarte solo en esto, ponte como quieras que no me vas a convencer de lo contrario. Te acompañaré a buscar a la pequeña, para mi es también como una hija-
Asentí con la cabeza y sonreí.-Muchas gracias- Acto seguido los dos nos metimos por la ventana. Nos encontramos con que el ayuntamiento estaba a oscuras para variar. Había una gran puerta bloqueada con varios muebles, al otro lado se escuchaban golpes y gemidos, eso nos indicaba que al otro lado había infectados. No sabíamos cuantos podría haber, pero no quería averiguarlo tampoco. De repente escuchamos lo que parecía un grito seguido de dos disparos. El grito pertenecía indudablemente a Vicky, nada más oírlo comenzamos a correr en la dirección que lo habíamos escuchado. Nos adentramos en un largo pasillo con puertas a ambos lados, allí en el suelo había un infectado que tenía dos agujeros de bala en la cabeza, a su lado había dos casquillos de bala. Habían pasado por allí no hacia mucho, así que no podían estar muy lejos.
-¡¡¡Vicky!!!- grité sin importarme que o quien me escuchara. Me daba completamente igual. Lo único que quería era recuperar a mi hija. Volví a gritar otra vez su nombre.-¡¡¡Vicky!!!-
Entonces escuché el grito de la pequeña, venia del final del pasillo. Ambos lo recorrimos y llegamos a unas escaleras, las comenzamos a subir y cuando subimos nos encontramos con otro pasillo. Cuando nos disponíamos a recorrerlo nos encontramos con dos negros cañones apuntándonos a la nuca.
-Daros la vuelta lentamente. ¡¡Vamos!!-
Eva y yo nos dimos la vuelta y nos encontramos a la chica apuntándonos a los dos con una pistola en cada mano. Esta nos miraba con una sonrisa a la vez que nos miraba de arriba  a abajo.
-¿Qué es esa niña para vosotros? No tenéis parecido familiar, ninguno de los dos. Tu no eres su verdadero padre, ¿Verdad?-
-¿Qué más da eso? Para mi es mi hija. ¿Qué habéis hecho con ella?- pregunté llevándome la mano al arma, estaba dispuesto a disparar a esa chica si era necesario. Rápidamente saqué el arma y le apunté directamente.-Vas a decirme ahora mismo donde están Lujan y mi hija, o alguien no saldrá vivo de aquí-
-No te diré una mierda. Por que te dispararé antes de que tú puedas…-
La frase de la chica se cortó cuando Eva también la encañonó con el arma que llevaba escondida.-Muy bien zorra, ahora somos dos contra uno. ¿Cómo quieres que acabe esto?-