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viernes, 25 de mayo de 2012

Capitulo 153: Reconocimiento, part 4


Gorka trataba de dejar atrás a sus perseguidores, los cuales le estaban pisando los talones. Estaba tratando de volver sobre sus pasos, pero el disparo había excitado muchísimo a los muertos. Estos salían de casa rincón, en ciertos momentos había quedado acorralado, pero se había librado por los pelos golpeando a los infectados y disparando. Los disparos eran como la campana de la cena. Cuando llegó a la sala de ordenadores se encaramó hacia la entrada de los tubos de ventilación mientras la sala se llenaba de No Muertos. Entraron tantos que acabaron tirando abajo la escalera que habían improvisado. Desde arriba veía las caras desencajadas de los muertos mientras alzaban los brazos a la vez que abrían y cerraban las bocas mostrando las amarillentas dentaduras.
-Joderos cabrones- dijo Gorka antes de tumbarse de espaldas en el interior del tubo de ventilación.
Después de descansar un rato recorrió el tubo hasta que llego a la entrada del torreón. Un rato después se volvió a encontrar con Alicia y Aida. Su compañera lo miraba expectante.
-Has tenido juerga ahí abajo ¿no?-
-Sinceramente la cagué. No tenía que haber disparado al primero que apareció- dijo Gorka omitiendo que el primer No Muerto al que había visto era una niña.-Podría haberlo apartado de un golpe-
Alicia le seguía mirando, con un gesto esta señaló a Aida y entonces Gorka comprendió que pasaba.
-No me han mordido. Estoy bien- dijo Gorka mirando a la joven que permanecía junto a Alicia.
Pasado el rato la joven Aida dormía y Gorka comenzó a hablar con Alicia. Necesitaba contarle que los muertos estaban ya entrando en descomposición y que no tardarían mucho en tratar de escapar de allí. Tenía que concienciarla de que tenían que salir de allí cuanto antes.
-Esto que conseguí era lo último que quedaba. Nos dará para comer hasta mañana por la noche. Así que nos iremos pronto, lo jodido es que hay muchos podridos y en estos pasillos una huida complica las cosas, aunque con lo idiotas que son trataran de entrar en masa y eso los perjudicara-
-Bueno, sabes que puedes contar conmigo-dijo Alicia.
-Contigo si- entonces Gorka miró a la joven que estaba dormida sobre un colchón.-Pero ella no se si será capaz de volver ahí abajo. Podría entorpecer nuestra huida-
-¿Serias capaz de dejarla atrás?- preguntó Alicia.
Gorka suspiró y miró fijamente a Alicia. Entonces ella supo que era una posibilidad que Gorka estaba planteándose. Ciertamente Gorka tenía razón, ellos habían ido allí con una idea y se habían encontrado algo que no esperaban. Todos los habitantes del internado estaban muertos y la única superviviente era una chica que estaba asustadísima. Con ese miedo que la joven tenía los podía poner en serios apuros. Además, la chica le huía a Gorka.
-Debemos plantearnos eso. Estamos en una situación muy jodida, apenas podemos preocuparnos por nosotros mismos y garantizar nuestra seguridad. Así es casi imposible garantizar la de la chica-
-Si la dejamos atrás nos arrepentiremos toda la vida- respondió Alicia.
-Eso si nos queda vida para arrepentirnos. Tenemos que pensar en nosotros y en los nuestros- dijo Gorka.
-Yo no se si podría hacerlo-
-Llegado el momento tendrás que elegir. Yo por mi parte si tengo que elegir entre salvaros a una de las dos, no la elegiré a ella. Es duro, pero tenemos que ser realistas-
Gorka tenía las cosas muy claras, sabía que lo que estaba pensando era mezquino y cruel, pero la situación era terriblemente complicada y el no podría salir de allí con dos chicas a las que tendría que proteger mientras se protegía a si mismo, y si encima Aida le tenía miedo, las cosas eran muy difíciles. Lo que quedaba de día hasta el anochecer lo pasaría ahí con las dos chicas. Al día siguiente inspeccionaría los pasillos del internado para ver como estaba la situación. Después vería lo que haría.
******
Hanzo había regresado al parking junto al muchacho al que acababan de encontrar en aquel edificio de oficinas. En todo momento el chico lo miraba con cara de odio y mirada penetrante. Hanzo entendía perfectamente aquello, el había matado a su amigo, había sido un accidente, pero lo había matado y Hanzo que era un hombre de honor sabía que merecía un castigo.
Hanzo dejó al muchacho de pie mientras el se descolgaba la katana del hombro, luego se la cedió al chico y el se arrodilló en el suelo del parking. El chico latino cogió la katana y luego miró a Hanzo con sorpresa por su reacción.
-¿De que va esto?-
-He cometido un gran error y de donde yo soy estos errores se pagan con la vida. Yo le corté la cabeza a tu amigo. Haz tú lo mismo conmigo. Será una forma de hacerte sentir mejor. Es la única forma que se me ocurre-

Marcus miró al japonés que se había arrodillado delante de el, entonces desenvaino la katana y se vio reflejado en la hoja, esta estaba manchada todavía con la sangre de Wilson. Solo de mirarla sentía ganas de matar a aquel japonés. Este lo miraba esperando el desenlace.
-Hazlo-pidió el japonés.
Marcus alzó la espada con decisión, cuando iba a cortarle la cabeza escuchó una voz a sus espaldas a la vez que escuchaba el Clic de un arma de fuego.
-Deja eso en el suelo-
Marcus dejó caer la katana y levantó los brazos. Cuando se dio la vuelta se encontró con el chaval rubio que acompañaba al japonés apuntándole con el arma.

Jorge estaba apuntando al muchacho a la cabeza con la glock. No dudaría en disparar si aquel chico intentaba algo.-Pon las manos detrás de la cabeza, da unos pasos hacia delante y arrodíllate-
El chico hizo lo que Jorge le ordenó y entonces Hanzo se puso de pie. Jorge miró a su compañero y le preguntó.
-¿Qué cojones estabas haciendo?-
-Iba a pagar mi error por matar a su amigo- contestó Hanzo.
-Menuda estupidez. En estos días cosas como esas son casi normales- respondió Jorge a la vez que avanzaba hacia el chico mientras se sacaba una cuerda con la que amarrarle las manos.
Jorge se puso detrás del chico y le obligó a tumbarse boca abajo en el suelo mientras el le ataba las manos con la cuerda, mientras lo hacia, el chico comenzó a decirle de todo.
-Te vas a chingar a tu puta madre cabrón-
-Lo primero, no te voy a dar por culo y lo segundo, espero que te estés quietecito mientras te hago unas preguntas- dijo Jorge mientras hacía el nudo.
Jorge apoyó contra uno de los pilares al chico. Este lo miraba todavía con recelo, era obvio que no iba a hablar así como así. Por lo tanto, Jorge tendría que usar ciertas artimañas.
-¿Cómo te llamas?-
-Bugs Bunny- respondió el chico.
Jorge soltó una carcajada ante la ocurrencia del joven. Era evidente que el chico no les tenía miedo. Ningún miedo.
-Ahora dime tu nombre- le repitió Jorge pensando en volver a apuntarle con el arma, pero sabía que así no conseguiría nada. Más bien debía ganarse la confianza del chico.
El chico siguió sin contestar. Jorge lo intentó varias veces y el chico no decía nada. Mientras las horas pasaban e iba cayendo la noche. Jorge no podía evitar sentirse frustrado ante las negativas a hablar del chico. Tenía que hacer algo, necesitaba saber quienes eran esos tipos comandados por Beltran, porque ni eran hombres de Lujan ni lo eran de Roache. Significaba eso que además de los grupos de Lujan y Roache había otro grupo armado.

Marcus no diría una sola palabra. Antes que decirles nada a esos desgraciados se tragaría la lengua. No confiaba en ellos y trataría de escapar a la menos oportunidad. Estaba preocupado por Daniela. Ellos siempre volvían y al ver que estos no aparecían, ella se preocuparía. Marcus miró por las ventanillas del lugar y vio como el día se iba oscureciendo.

Capitulo 153: Reconocimiento, part 3


En el último momento, Hanzo y Jorge habían dejado pasar la idea de meterse en las alcantarillas. Habían visto algo que les había llamado la atención y se habían metido en un edificio de oficinas. No hacía mucho rato habían visto movimiento en una de las ventanas, fuese quien fuese y teniendo en cuenta el tiempo que llevaban muertos en la ciudad, aquel movimiento era demasiado rápido para ser el de un infectado. Se trataba de alguien vivo, alguien que los había visto.
Hanzo y Jorge entraron rápidamente en el edificio y corrieron subiendo las escaleras para llegar hasta el segundo piso donde habían visto aquella silueta. Se encontraban en un conjunto de mesas con ordenadores y Hanzo estaba inspeccionando el lugar mientras mantenía su katana en alto, dispuesto a atacar a cualquiera que se cruzara en su camino.
-Ten mucho cuidado- le advirtió Jorge.
Hanzo no contestó. Tenía la mirada fija en una puerta que era seguramente la de mantenimiento. Cuanto mas cerca estaba mas podía escuchar el ruido que había al otro lado, lanzó una ultima mirada a Jorge, el cual estaba de espaldas a el. Cuando cogió el mango de la puerta no dudo en abrirla, entonces una silueta se abalanzó sobre el. Entonces Hanzo lanzó un mandoble de su espada.

Wilson y Marcus habían abandonado la seguridad de los túneles de metro y seguidamente se habían adentrado en un edificio de oficinas. Mientras caminaban por allí como de costumbre para acceder a otros edificios se dieron cuenta de que dos personas caminaban por la calle. Mientras Wilson los observaba desde la ventana, ellos lo miraron y el echó a correr presa del miedo, había perdido de vista a Marcus. Lo único que se le ocurrió fue meterse dentro del cuarto de la limpieza, allí espero mientras rezaba. Pasó un rato y de repente la puerta se abrió de golpe. El se lanzó contra fuese quien fuese y lo ultimo que vio fue la expresión de estupor de un tipo asiático que ya no podía detener la hoja de la espada que iba directa hacia su cuello.

Hanzo no pudo parar a tiempo. La hoja de la katana cercenó el cuello de la silueta que se había lanzado sobre el. La cabeza salió volando mientras que el resto del cuerpo caía de bruces al suelo. Cuando Hanzo se fijo en la cabeza temiendo lo peor, sus temores se confirmaron. Acababa de matar a una persona, se trataba de un joven de origen sudamericano. Tras el ruido, Jorge acudió corriendo y vio la cabeza en el suelo.
-¿Pero que coño a pasado?-preguntó Jorge.
En ese momento vieron a un segundo chico que venia desde un pasillo. Este chico era de origen sudamericano también. Llevaba puesta una gorra de algún equipo de baloncesto americano y llevaba equipajes roidos. En sus manos llevaba una palanca.
Sus miradas se cruzaron y entonces aquel chico miró el cuerpo caído y sin cabeza de su compañero, entonces sintió como un arranque de rabia y se lanzó contra Jorge.

Marcus se lanzó contra el chico rubio que empuñaba un rifle. Sabía que tenía las de perder si aquel tipo le disparaba, pero no le importaba, el hecho de haber visto a su mejor amigo allí tirado y sin cabeza lo había llenado de rabia. El solo pensaba en abrirle la cabeza a ese maldito desgraciado. El chico se defendió con el rifle cubriéndose, entonces vio como el asiático entraba en acción y  lo derribaba. El joven latino cayó al suelo y entonces el japonés le puso el pie sobre el cuello mientras apuntaba a su cabeza con la espada.

-No lo mates Hanzo-dijo Jorge mirando a su compañero que tenía la punta de la katana apuntando a su frente.
-Casi te mata- respondió Hanzo.
Hanzo miró al otro joven caído y luego miró a Jorge. Luego retiró la espada de la frente y Jorge se dirigió al joven.-Escucha, se que estas dolido por la muerte de tu compañero, pero a sido un accidente. Se que nada de lo que te diga cambiara nada, pero no lograras nada así. Tenemos que hablar-
-No tenemos nada que hablar- respondió el chico desde el suelo.-Habéis matado a mi amigo. Os manda ese francés ¿verdad?-
Hanzo y Jorge cruzaron una mirada. Estaba claro que con francés se refería a Roache. Cuando Jorge iba a hablar escuchó un ruido. Venia de los pisos superiores, poco después escuchó varios pasos. El sonido de estos pasos era similar al de las botas de los militares. Algo que hizo que el corazón de Jorge se acelerara. Alguien fuese quien fuese, estaba bajando pisos hacia ellos.
-Rápido Hanzo coge al chaval y salgamos de aquí- dijo Jorge.
Hanzo ayudó al chaval a ponerse en pie y los tres comenzaron a correr. Alguien les estaba pisando los talones. Jorge no sabía de quien se podía tratar, aunque tenía la idea de que se podía tratar de hombres de Roache. Ellos eran los únicos que llevaban armamento militar.
Los tres comenzaron a bajar escalones mientras escuchaban voces mas arriba. Las cuales se estaban coordinando para darles caza, estas hablaban perfecto español, sin acentos de ningún tipo. Eso desconcertaba a Jorge. Entonces este sintió deseos de averiguar que narices pasaba allí.
-Seguid adelante y esperadme en el Parking donde están los caballos- dijo Jorge.
-¿Qué harás tu?- preguntó Hanzo dándose la vuelta rápidamente.
-No te preocupes por mí y corre- dijo Jorge
Hanzo y el chico desaparecieron por las escaleras y Jorge se apresuró a esconderse, necesitaba ver de quien se trataba. Necesitaba saber, entonces vio un andamio que en algún tiempo usaban para limpiar los cristales desde fuera, rápidamente, Jorge corrió hacia la ventana y saltó. Luego se oculto detrás de la pared, quedando fuera de la vista de quien fuese el que iba detrás de ellos. No tardó en ver al menos una docena de tipos vestidos con trajes militares de color negro. Estaban perfectamente armados y organizados. Tenían sus rostros cubiertos con mascaras de gas. Al observarlos tenía clarísimo que ni eran hombres de Roache ni latinos que este había reclutado. Entonces…¿Quiénes eran?.
El grupo se quedó quieto y uno de ellos se quitó el casco. Cuando Jorge le vio la cara vio que se trataba de un hombre, alguien que ya había visto antes. Se trataba de un sargento que había pasado por el cuartel hacia tiempo, nunca olvidaría esa cara, ni esos ojos azules penetrantes. Aquel mismo tipo era el que había estado apunto de darle una paliza en la cantina del cuartel. El tío iba borracho perdido ese día y solo porque el se había tropezado con aquel tipo y a este se le había caído la cerveza que llevaba. Fue gracias a Molano que Jorge no acabara con la cara hecha un cristo. Al verlo recordó el nombre de este, Roger Beltran, al que por su tamaño y sus músculos los reclutas apodaban “Terminator”. Un perfecto imbécil al que le gustaba demasiado la bebida y los polvos blancos que requisaba a algunos reclutas. Lo último que recordaba de el era que lo habían echado del ejército. Jorge no entendía nada de nada.
¿Qué hacía ahí ese tipo? Estaba allí dirigiendo un grupo y en una de las mangas de la camisa negra que llevaba podía verse la bandera de España. Jorge sabía que no era buena idea que aquel tipo lo viera. Mientras los vigilaba con cautela pudo escuchar como comenzaba a dar órdenes.
-El cuerpo del descabezado aun estaba caliente. Fuese quien fuese quien se lo cargó sigue por aquí. Las órdenes son claras, necesitan ratas para experimentar. Esa escoria de ahí arriba no nos sirve para nada. Las demás ratas aun tienen que estar por aquí. Si los veis no disparéis a matar, basta con que les destrocéis las rodillas-
Jorge hizo una mueca y para si pensó.-No, tú no cambies. Cerdo racista de mierda-
En ese momento escuchó un ruido, era el ruido de un motor, pero este no venia de la calle, si no venia de más arriba. Jorge alzó la vista y entonces vio algo que lo dejó estupefacto, una sombra lo cubrió del todo. Sobre el había un helicóptero, un jodido superpuma del ejercito.
-¡¡¡Hostia puta!!!- exclamó Jorge en voz muy alta.
Entonces cayó en la cuenta de que lo habían descubierto. Al otro lado del cristal vio a varios de los hombres de Beltran mirándolo. Rápidamente agarró los cables y soltó para que el andamio descendiera rápidamente ante la mirada estupefacta de aquellos tipos, y por supuesto de la de Beltran.
Jorge saltó del andamio antes de que este chocara contra el suelo. Seguidamente cayó al suelo y rodó sobre si mismo, se levantó cojeando y busco cobertura detrás de un autobús abandonado mientras aquellos tipos disparaban.
-No disparéis, lo quiero vivo- le escuchó decir a Beltran que con toda seguridad lo había reconocido.
Jorge maldijo por lo bajo y se asomó por la esquina del autobús, entonces una bala impactó unos centímetros por encima de su cabeza obligándolo a ocultarse de nuevo. Después volvió a escuchar la voz de Beltran.-No esperaba verte otra vez, te daremos caza chaval-
Jorge había metido la pata hasta el fondo. Había querido saber mucho y había acabado sabiendo demasiado y había vuelto a cruzar caminos con alguien al que consideraba un indeseable. Las cosas no podían ir peor.

Capitulo 153: Reconocimiento, part 2


Gorka había mentido. En un principio había dicho que iba a por víveres, pero cuando ya había llenado la mochila, había decidido buscar una salida de allí. Los muertos se habían vuelto más torpes, aunque seguían siendo más rápidos. Encerrados en aquel lugar corrían más peligro que en el exterior. Los muertos se movían como los rebaños, algunos comenzaban a caminar y otros simplemente los seguían. No había visto ninguno por los pasillos, al menos alguno que se moviera. Gorka decidió que debía tratar de llegar hasta la puerta principal del internado, justamente delante estaba parado el Ume. Si las cosas salían bien podría abrir las puertas y atraer a los muertos hacia el exterior, aunque aquello tenía ciertos riesgos, podría morir sin que al menos su muerte sirviera de algo a las dos chicas. El solo se arriesgaría a morir si con ello ayudaba a las chicas.
Gorka recorrió uno de los pasillos y se encontró con el cadáver de Narciso, este se había comenzado a descomponer y el olor empezaba a notarse, había muchísimas moscas y los gusanos ya habían comenzado a hacer su trabajo. Gorka sintió una fuerte punzada cuando vio así a su compañero. Para el había sido como un padre desde que lo conoció, del grupo de Cesar quizás fueran los mas unidos, tenían un respeto mutuo, últimamente habían tenido algún que otro roce, pero seguían siendo buenos amigos.
-Siento que hayas acabado así viejo-
Gorka hubiese querido tener una sabana a mano para poder cubrir su cuerpo. Aunque en esos momentos no podía pararse.
Estaba resultando ser un día caluroso y los rayos del sol se filtraban a través de las ventanas. En ese momento escuchó un ruido a su espalda, era el de una puerta que se estaba abriendo lentamente. Justo después escuchó un gemido, era un gemido débil, cuando vio a quien pertenecía, sintió como si se le encogieran los testículos, a unos metros de el había surgido la figura de una niña de unos cinco años, tenía la ropa manchada de sangre. Su cabellera era oscura y le cubría el rostro, pero aunque no podía verle las pupilas blancas y sin vida, esa pequeña estaba indudablemente muerta.
-Joder…, tenía que ser precisamente una niña pequeña-
La pequeña seguramente lo había visto cuando este había pasado por delante de la puerta. Tenía que haber sido más precavido, la pequeña comenzó a avanzar lentamente mientras arrastraba un pie, el mismo donde presentaba la mordedura que muy probablemente la había condenado. La pequeña alzó mas la cabeza y entonces si, Gorka pudo ver su mirada carente de vida. La pequeña No Muerta movió la boca dejando ver su dentadura, sus dientes estaban manchados de sangre. Gorka alzó el arma y le apuntó. Seguidamente le disparó a bocajarro. El disparo retumbó por todo el internado.
-¡¡¡Joder!!!- exclamó Gorka dándose cuenta de que se había precipitado al disparar, podría haberlo dejado correr porque la pequeña no era una amenaza y podría haberse alejado de allí, o simplemente haberle puesto el silenciador al arma antes de disparar, ahora se daba cuenta de su error.
No tardó en escuchar gemidos y pies que iban a la carrera hacia su posición. Vio al primero surgir por las puertas dobles del final del pasillo hacia las que se dirigía, justo después la puerta se quedó abierta mientras iban entrando mas y mas No Muertos a la carrera. Gorka se dio rápidamente la vuelta y comenzó a correr mientras los infectados que anteriormente habían sido niños y adolescentes le pisaban los talones mientras gritaban y agitaban los brazos. Con la huida, Gorka se había desorientado por completo, no sabía hacia donde ir, había veces que doblaba una esquina y tenía que derribar a algún infectado. El disparo había sido un error que estaba pagando caro.
*****
Tras lo ocurrido con Álvaro, en la prisión habían llegado a la acuerdo de dormir todos juntos. Habían cogido varios colchones y habían llevado estos a la sala de guardas. Querían estar todos juntos por si pasaba algo. Almudena era la encargada de quedarse con el bebe y desde que Alicia se fue no le quitaba ojo de encima. Los que se encargaban de la vigilancia eran Gálvez y Dennis, en ocasiones estos estaban respaldados por Cristina. La cual había mejorado mucho en lo que se refería a disparar, aunque no podía decirse que fuera una tiradora experta se defendía muy bien. Nuria por otro lado había estado estudiando los libros de medicina que le había recomendado Lidia en una ocasión, lo había hecho por si Lidia no volvía. Aunque no quería que eso pasase, empezaba a dar por muerta a Lidia.
La mayoría querían moverse para ir al internado, pero antes querían esperar a que Gorka y Alicia volvieran. Ellos tenían que confirmar que ir allí era seguro. Sole apenas hablaba con nadie, se quedaba durante horas a solas en algún lugar de la cárcel. Ella temía que Félix no volviese, por lo que los demás sabían, ella había perdido a su marido y había encontrado de nuevo el amor con Félix, este ahora ni siquiera estaba ahí, de vez en cuando la escuchaban llorar por las noches.

Gálvez y Dennis habían tomado posición en las torretas. Desde la que se encontraban podían mantener vigilada toda la prisión. Nadie podría acercarse sin ser visto por ellos. Cada mañana se subían allí y se pasaban el día vigilando hasta el anochecer, que eran relevados por Nuria y Sole. Mientras hablaban apareció Cristina por la escalera de mano.
-Aquí os traigo agua fresca- dijo Cristina a la vez que les daba una botella de plástico llena de agua a cada uno.
Los dos agradecieron el gesto de su compañera y comenzaron a beber con ansia. El primer día de Junio había comenzado muy caluroso y el calor aumentaría a lo largo del día.
-Este calor hará que los infectados se pongan como locos- dijo Gálvez mirando hacia la ciudad de Alcoy que se podía ver en el horizonte.
-Allí deben haber millones. Como se pongan a venir hacia aquí estaremos jodidos. No se si podríamos frenarlos- sentenció Cristina mientras se secaba el sudor de la frente.
Los tres observaban toda la prisión desde las alturas. Vieron a Almudena acunando al pequeño Cristian, a unos metros de ella estaba Sole sola. Tenía la mirada como perdida en el muro.
-Esa chica tiene serios problemas- dijo Gálvez sin dejar de mirarla.
-Perdió a su marido y después se lio con ese tal Félix. Ahora este también se ha ido y no han vuelto. Es normal que emocionalmente este destrozada, deberíamos estar encima de ella por si hace alguna locura- contestó Dennis.
-Iré y hablare con ella- dijo Cristina.
Cristina bajó por la escalera de mano y cuando estuvo abajo se acercó a Sole, la que al verla le hizo un gesto con la cabeza. Cristina sacó su botella de agua y se la cedió.
-Bebe un poco, hoy el calor es un cabronazo-
Sole aceptó la botella y le dio un largo trago. Mientras bebía, Cristina se dio cuenta de que estaba llorando, entonces se sentó a su lado.
-Le echas de menos, ¿Verdad?-
Sole miró a Cristina y seguidamente asintió. Sabía muy bien a quien se refería Cristina. Esa persona a la que se refería era Félix.
-Hace unos días que se fueron y temo no volver a verle-
-Lo volverás a ver, el es valiente y te tiene a ti aquí. Hará lo que sea por volver junto a ti. Vi cuando os despedisteis, el te quiere- dijo Cristina.-Yo no he sido nunca de novio formal, pero se ver en los ojos de la gente cuando hay verdadero amor, y en los suyos no solo se veía, estos brillaban-
Sole dejo de beber y sonrió mirando a su compañera.-Yo le quiero, pero no se si estoy haciendo bien, no hace mucho que murió mi marido, a veces no puedo evitar pensar en el, y me siento culpable-
-Pero eso el también lo sabe, pero eso no cambia lo que siente por ti- respondió Cristina.-Se del tema, cuando me desnudaba delante de muchísimos tíos…-
Sole la miró y no pudo evitar sonreír ante la revelación de la chica.
-Si, ¿no te lo había dicho?- continuo diciendo Cristina- Fui streeper antes de que el mundo se fuese a la mierda, y no se me daba nada mal. Era la sensación del club. Hubo un tío, un viejo de unos setenta años que venia a verme currar cada noche. Pagaba grandes cantidades por tener un privado conmigo…- Cristina se quedó mirando nuevamente a Sole.-Nunca me acosté con el si es lo que te estas preguntando, pero el viejo me dijo que se había enamorado de mi y que quería que me casara con el. Debo decir que estaba forrado y que no tenía ni mujer ni hijos, era uno de estos que se quedan solos… diría que era un veterano de guerra. En un principio creí que chocheaba, pero entonces vi su mirada, era la mirada de un hombre que se ha enamorado-
-¿Aceptaste casarte con el?- preguntó Sole.
-Ni loca, hubiese sido casarme por interés y yo, aunque como ya te dije, nunca he sido de pareja formal. No podía hacerle eso a ese pobre hombre-
-¿Entonces?- preguntó Sole- Solo con la mirada no se puede…-
-El hombre murió un mes antes de que el mundo se fuese al infierno. ¿A que no sabes a quien le dejo la herencia?-
Sole miró nuevamente a Cristina, tenía los ojos como platos.-Te la dejó a ti-
-Exacto, junto a una carta donde expresaba todo lo que sentía por mí. Ahí supe que me quería de verdad, que aunque negué casarme con el, el seguía queriéndome. Hizo muchas cosas por mí-
Sole sonrió con todo lo que le estaba contando Cristina, desde que Félix se había ido era la primera vez que estaba sonriendo.
-Por eso te digo que Félix volverá. En sus ojos se ve el verdadero amor- respondió Cristina.
Ambas se quedaron allí hablando y riendo mientras bebían agua bajo la atenta mirada de Gálvez y Dennis. Tenían que confiar en que sus seres queridos estaban vivos. Tenían que estarlo, ellos eran fuertes.