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jueves, 13 de diciembre de 2012

Capitulo 178: Represalias, part 4



Madrid…

Roache había reunido a todos los hombres que tenía a su disposición, eran muy pocos, pero para lo que tenían que hacer iban sobrados. Iban a atacar el Aeropuerto, aunque más bien iban a asaltarlo y llevarse el helicóptero por la fuerza, seguramente tendrían que mantener vivo al piloto. Roache sabía que clase de helicóptero era el que buscaban. Un super puma, ese aparato no era lo bastante grande para todos ellos, así que en el momento que lo alcanzaran ya solo le importaba salir el de allí. Al fin y al cabo, en el nuevo mundo que ansiaba Roache, no había sitio para sus hombres. La realidad era así de triste, pero realidad al fin y al cabo. Si Alfonse  Roache había aprendido algo a lo largo de su vida era que el cariño, la amistad y la compasión desaparecían a la hora de la verdad, para el la hora de la verdad había llegado hace tiempo y esos sentimientos no solo habían perdido validez, habían dejado de existir por completo. Quizás lo más parecido que tuvo al amor fue su madre, pero ella ya no estaba. Para Roache nada quedaba en el mundo que le hiciese amar. Solo le interesaban dos cosas, esa cura que ya tenía en su poder y la huida de allí. Lo demás no importaba nada.
-Señor, estamos casi listos- dijo uno de sus hombres interrumpiendo sus pensamientos.
-Muy bien. Nos pondremos en marcha enseguida, asaltaremos el lugar desde los túneles de metro. Será tan repentino que no se lo verán venir- respondió Roache.
-Señor, con todos mis respetos, sea como sea como ataquemos atraeremos a todo Madrid hacia nosotros. Nada podrá detener a los No Muertos cuando descubran nuestra posición, por no hablar de que ese otro grupo podría descubrirnos. Podría originarse una guerra de la que nadie saldría ganando-
Roache miró al soldado y caminó pasando por delante de el. Finalmente se sentó en un sillón.
-Llevas conmigo desde que esto empezó Françoise. Tengo en ti a un gran soldado y hombre de confianza, mucho más de lo que fue Lazarevick en su momento. Tu entereza es lo que me gusta, tu lealtad es envidiable- declaró Roache con serenidad.-Supongo que a ti te puedo contar cualquier cosa, los demás piensan que es un ataque normal, pero el objetivo real de esta maniobra es ni más ni menos que hacernos con el helicóptero, pero no todos tienen pasaporte en el. Los demás conocen la existencia del aparato, pero no llegaran a tomarlo, cuando lo tenga en mi poder me marchare dejando atrás todo esto-
-¿Pretende dejarnos tirados coronel?- Françoise dio un golpe sobre la mesa. Había comenzado a enfurecerse con la revelación de Roache.-No puede hacer eso-
-No me has dejado terminar. Tenemos siete ampollas del antivirus. Y puedo llevarme a uno más conmigo. Ese hombre podrías ser tú. ¿Qué me dices? Con ese helicóptero podremos aterrizar en cualquier lugar alejado de estos seres y vivir tranquilos para siempre, hasta el fin de nuestros días-
-¿Y los demás?- preguntó Françoise-Son hombres leales que le han seguido hasta aquí y han hecho todo lo que les ordenó. No lo veo justo para ellos, incluso los chicos latinos han obedecido sin rechistar… no lo veo justo-
-Bueno, si tú decides quedarte no puedo hacer mucho más para convencerte. Aquí cada uno carga con lo suyo… pero si llegado el momento decides que quieres venir conmigo, tendrás vía libre. Lo que si te pido es que no digas nada a nadie más. Te lo conté porque eres mi hombre de confianza, además, debes saber que esta incursión nos dejara muy tocados. Vamos a tener muchas bajas, el único que no puede caer soy yo-
Realmente Roache no se lo contaba por que Françoise fuera su hombre de confianza, aunque lo fuese realmente. Se lo contaba porque Françoise era el hombre que mejor había sabido guardar sus espaldas y sabía como retorcerle el brazo si era necesario. También era su seguro de vida contra posibles rebeliones que vendrían en el momento que dejara tirados al resto, aunque Roache esperaba que la mayoría de sus hombres acabaran cayendo bajo el fuego enemigo y los infectados. Aquello se estaba tornando como una partida de ajedrez, donde aquel que se anticipa al contrario tiene más papeletas para ganar, y eso era lo que Roache estaba haciendo, anticiparse a unos y a otros. Si alguien tenía que salir victorioso allí, era el.
Françoise abandonó la sala y Roache se puso en pie, tenía que prepararse, tenía que ponerse el chaleco antibalas por si acaso. Las próximas horas iban a ser cruciales para todos.
*****
Reverte estaba harto de esperar. Desde que había descubierto donde estaba el helicóptero y por supuesto la cura, tenía ganas de ir a por ellos con todos los efectivos que le quedaban. Ahora quería más que nunca la cura, ahora que había descubierto el nuevo brote, quizás esos políticos a los que había dado muerte semanas antes no estaban mintiendo. Porque algunos soldados habían decidido quitarse la vida sin avisar ingiriendo un fármaco y horas después habían revivido sin ser mordidos en ningún momento. Eso los dejo estupefactos, tanto a el como a Beltrán y al resto de soldados que no habían optado por quitarse la vida. Algo raro había pasado porque eso antes no sucedía, razón de más para querer recuperar la vacuna cuanto antes, si tenían el virus, necesitaban cuanto antes sacarlo de sus cuerpos. No conocían como actuaba el virus así que preferían prevenir.
En ese momento alguien llamó a la puerta del despacho de Reverte. Cuando la puerta se abrió entró Beltrán. Este se sentó delante de el y por su expresión, Reverte notó que estaba pasando algo.
-¿Qué ocurre?-
-El francés se esta movilizando. Creemos que han descubierto donde esta el helicóptero. Justo empezó a moverse después de que viéramos el aparato. Creo que van a por ellos-
-Eso no podemos consentirlo, va siendo hora que tomemos lo que es nuestro. Ve preparando a los soldados. Nos vamos-
Beltrán se puso en pie con una sonrisa y miró a Reverte.-Por fin empieza la acción-
*****
Autovia-42 llegando a Madrid.

Habíamos parado a rellenar los depósitos de los vehículos. Seguíamos en la autovía, pero desde donde estábamos podíamos ver los edificios de la ciudad de Madrid. Algunos habían alcanzado una tonalidad oscura a causa de los incendios que habían acabado apagándose a causa de las lluvias. A nuestros pies sobre el asfalto veíamos cenizas, sobre las cenizas había multitud de huellas, probablemente de No Muertos que habían pasado por allí. Mientras los demás llenaban los depósitos yo me fui derecho a sacar al chico latino del Ume. Cuando abrí las puertas del vehículo me encontré con la mirada aterrorizada del muchacho, yo entré y lo saqué a rastras. Una vez lo tuve delante lo miré fijamente.
-¿Vas a crearme problemas?- pregunté esperando que me contestara sinceramente.
El chico miró a todos los presentes y luego volvió a mirarme a mi cuando le puse la mano en la cabeza.-Te repito la pregunta. ¿Me vas a causar problemas? Si o no-
El chico negó con la cabeza y comencé a hablarle.-Te voy a quitar las esposas. Intenta algo raro y no dudare en matarte. Te imaginaras ya que en este mundo las cosas han cambiado  y que fiarse de alguien por las buenas no suele acabar muy bien. Por lo tanto empiezo a estar muy quemado con todo esto. Paso de comerme más marrones por confiar en la persona equivocada, te recomiendo que si quieres seguir vivo nos cuentes todo sobre ti-
El chico comenzó a contarnos toda su historia. Nos contó lo que había vivido antes de refugiarse en el Bernabeu y lo que vino después. Nos contó cosas sobre un francés que enseguida pudimos deducir que el francés no era otro que Roache. También mencionó a una chica llamada Daniela, a un japonés y a un chico español al que se refirió como Jorge, fue entonces cuando Luci se metió en la conversación al escuchar los nombres de Daniela y Jorge, el japonés del que no dijo nombre tenía que tratarse de Hanzo.
-Ellos son los que nos esperan en el aeropuerto. No hay duda, ha mencionado a Jorge- dijo Luci.
-Muy bien. Avisado quedas- dije poniéndome en pie a medida que usaba un cuchillo para sacar al menos una de las manos de las esposas. Cuando le liberé una mano, las esposas quedaron colgando solo de una.
Con el depósito lleno ya podíamos seguir nuestro camino hacia Madrid. Después de tanto tiempo lo habíamos conseguido. Ahora solo nos quedaba alcanzar el aeropuerto, lo haríamos bordeando la ciudad. Sería la forma más rápida y segura de llegar.
Eva y yo subimos al Ume y justo cuando arrancaba me encontré con la pregunta de Eva.
-¿Realmente mataras al tal Jorge cuando le veas? Luci dice que no os traicionó realmente, que todo lo hacía por salvar a los que estaban presos en el campamento francés. Creo que…-
En ese momento miré a Eva.-El abrió fuego contra ti y contra mi cuando estuvimos en el campamento. Esta claro que hay algo en todo esto. Solo se me ocurre hablarlo con el cuando le tenga delante-
Seguidamente pisé el acelerador y nos encaminamos hacia Madrid. Todo estaba apunto de terminar, al menos era lo que esperábamos.

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