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jueves, 27 de diciembre de 2012

Capitulo 180: Todo está perdido, part 3



Seguía conduciendo a gran velocidad por las calles de Madrid con dos vehículos detrás de nosotros. Eran Lujan y varios de sus hombres, hacía más de quince minutos que habíamos perdido al resto de nuestro grupo en el accidente del autobús y no teníamos ni la menor idea de cual era su estado, sin embargo no podíamos volver a por ellos, no en esos momentos, antes teníamos que quitarnos de encima a nuestros perseguidores. Mientras conducía iba elaborando un plan para llegar hasta el aeropuerto. Eva estaba a mi lado consultando un mapa de Madrid, ella me iba dando indicaciones de como llegar al aeropuerto.
-Gira por aquí- me indicó Eva señalando hacia la derecha.
Con una rápida maniobra giré hacia la derecha y el vehículo que nos seguía, apunto estuvo de arrollarnos, pero su conductor supo lo que le esperaba en el impacto e hizo una maniobra totalmente increíble. Pasó de largo y acabó atravesando el escaparate de un comercio, luego acabó hundiendo su capó contra una de las paredes del interior de aquella tienda. Ahora solo teníamos a un vehículo detrás de nosotros, era el de Lujan. Las maniobras de aquel conductor estaban mucho más avanzadas que las del que acababa de estrellarse, deshacerse de el no sería nada fácil.
Ambos conductores nos precipitamos por una calle atestada de vehículos abandonados. Era imposible no rozar o golpear uno de ellos, mientras conducía me iba quedando con la zona para volver a cruzarla después, justo en ese momento miré a Eva que seguía fuertemente agarrada al asiento y al salpicadero.
-Sera mejor que no te sueltes-
-¿Qué vas a hacer?- preguntó Eva en ese momento.
No contesté, con otro volantazo giré hacia otra calle y comencé a recorrerla, miré el retrovisor y el vehículo de Lujan seguía detrás de nosotros. Doblé otra esquina y pise el acelerador todavía más. De haber existido todavía ley nos habrían multado por exceso de velocidad, pero en esos momentos podíamos permitirnos pasarnos por el forro todas las leyes viales.
Embestí varios vehículos que acabaron girando sobre si mismos. Sin embargo estos no detenían a nuestros perseguidores. Lo peor de todo era que la carrocería de nuestro Ume se estaba viendo seriamente dañada. No tardaríamos en tener que dejar atrás el vehículo y correr.
Volvimos a pasar por delante del comercio donde se había estrellado el vehículo. Los No Muertos ya habían llegado hasta los desdichados que se habían quedado allí atrapados y los estaban sacando a tirones del interior del destrozado vehículo, otros simplemente se metían en el interior en su afán de carne fresca y fácil, por así decirlo se los habíamos ofrecido en bandeja de plata. Al ver eso se me ocurrió una idea, durante la conducción temeraria que había llevado a cabo por las calles, había visto lo que quedaba del centro comercial corte ingles, así que decidí ponerme en marcha hacia el a una velocidad endiablada. Seguía teniendo a mis espaldas al vehículo de Lujan, por fin llegué a ver la entrada al centro comercial, en ese momento le lancé una mirada a Eva y le ordené que se agachara. Eva obedeció y yo me lancé contra las puertas del centro comercial a toda velocidad.
El Ume penetró a toda velocidad en el interior del centro comercial, varios estantes de cosméticos comenzaron a saltar en todas direcciones después de que mi vehículo los golpeara. Volví a mirar el retrovisor y vi al vehículo de Lujan persiguiéndonos… justo como quería.
-Vamos cabrón. Sígueme-
El interior de aquel lugar era espacioso. Tenía que conseguir perderles de vista aunque solo fuera unos segundos, lo bastante como para que Eva y yo pudiésemos escapar del vehículo y darles esquinazo de una vez por todas. Teníamos el tiempo en nuestra contra. Nos esperaban en el aeropuerto y no había tiempo que perder. Llegamos hasta un montón de escombros y el ume dio un salto. Al aterrizar sobre el suelo y ver que el otro vehículo no saltaba detrás vi la oportunidad que buscaba, pisé el freno con fuerza y el vehículo hizo chirriar los neumáticos sobre el piso mugriento de la tienda y se detuvo de lado junto a un pilar. Salí de un salto y me acerqué a la puerta del copiloto y la abrí de un tirón, justamente en esos momentos Eva me miró y yo la agarré de la mano tirando de ella.
-Corre ¡¡Vamos!!-
Eva salió de un salto y los dos comenzamos a correr por la planta baja del centro comercial sin tener ni idea de donde estaban Lujan y los que nos seguían, aunque en esos momentos no me importaba, solo quería salir de allí y correr hacia el aeropuerto.
No tardamos en escuchar voces a nuestras espaldas, también ellos habían dejado atrás su vehículo, en una de las veces que miraba hacia atrás pude ver a Lujan, nuestras miradas se cruzaron en ese momento y alzó su arma para dispararme, pero yo fui más rápido y tanto Eva como yo nos lanzamos al suelo detrás de una montaña de escombros al tiempo que abría fuego. Seguidamente, entre el sonido de las balas me llegó la voz de Lujan en tono burlón.
-Es inútil que lo intentes Juanma. Nadie, ni tu ni tus amigos lograreis salir de aquí con vida. Este mundo no esta hecho para vosotros, vuestro destino estaba marcado desde el momento que el apocalipsis llegó. No estáis destinados a nada que no sea la muerte- Lujan trató de dispararme en medio de la oscuridad de aquel lugar cuando nos vio a Eva y a mi arrastrarnos entre las sombras. –Aunque lo consiguierais… ¿Qué crees que os espera más allá de aquí? Eso de la tierra prometida no es más que un cuento chino, una fantasía que solo se creen los idiotas. No encontrareis nada diferente a todo esto-
-¿No es lo mismo que buscas tu? Es exactamente lo mismo- respondí desde mi escondite.
-No. Yo lo que busco es algo completamente diferente. Yo no ansío un mundo sin muertos o un paraíso donde pasar el fin de mis días. Al fin y al cabo este es nuestro mundo y ya no lo podemos cambiar, solo sobreponernos y no dejarnos pisotear por otros ni por los muertos.- decía Lujan mientras avanzaba en la oscuridad en nuestra búsqueda al mismo tiempo que el hedor y los gemidos de los infectados comenzaban a llegar hasta nosotros de forma alarmante. Los teníamos peligrosamente cerca y ya podíamos ver las siluetas tambaleantes bajar de los pisos superiores y entrar por las entradas del edificio, pronto no podríamos escapar.

-Guillermo, creo que deberíamos irnos- dijo uno de los tres acompañantes de Lujan. –Esos bichos se están acercando, pasa de ellos, no saldrán vivos de aquí. Hagamos lo que tenemos que hacer y pasemos de ellos como de la mierda-
Lujan vio en ese momento las siluetas y vio que se estaba concentrando un gran numero de infectados y que estos no tardarían en alcanzarles. Puso una mueca de amargura y volvió a hablar.
-Quería matarte yo mismo, pero esta vez me toca aguantarme. Que lo hagan esos bichos, me da igual- Lujan escupió al suelo y miró a sus hombres. –Larguémonos de aquí-
Lujan y sus hombres se marcharon, pero antes de hacerlo se aseguraron de que no pudiésemos volver a usar el Ume. Lo tirotearon y pincharon las ruedas. Las cosas se nos habían complicado una vez más, al menos aun contábamos con las armas que había dentro del maletero del Ume y que Lujan y sus hombres no se habían molestado en buscar. Cuando tuvimos constancia de que Lujan y los suyos se habían marchado miré a Eva.
-Sígueme y no te apartes de mí. ¿Entendido?-
Eva y yo salimos corriendo hacia nuestro Ume otra vez, en nuestra carrera esquivábamos a los No Muertos o los eliminábamos rápidamente. Aun así, cada vez había más y más. No dejaban de llegar.
Llegamos al Ume y yo me apresuré a abrir el maletero donde nos esperaban las bolsas de deporte cargadas de armas y munición. Cogí una y se la pasé a Eva. Esta la cogió con una mueca de disgusto debido al peso, pero no era momento de andarse con rodeos. Yo cogí la otra y rápidamente, ambos emprendimos la huida de nuevo mientras disparábamos a los infectados que ya estaban rodeándonos.
En una ocasión Eva tropezó y yo tuve que volver atrás a recogerla, tuve que abatir a una No Muerta que estuvo apunto de morderla.
Salimos corriendo al exterior, consulté el mapa de Madrid que había cogido del Ume en el último momento y comenzamos a correr recto hacia el aeropuerto. No estaba muy lejos, si no había contra tiempos de ningún tipo, estaríamos allí en menos de diez minutos. Parecía que lo íbamos a conseguir, no todo estaba perdido, aun podíamos tener una posibilidad, me negaba a rendirme, no ahora que estábamos tan cerca y teníamos un helicóptero a nuestra disposición. Habíamos estado corriendo unos largos minutos y cuando ya veíamos lo que era la entrada al aeropuerto comencé a escuchar los disparos y supe que algo no iba del todo bien allí dentro.

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