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jueves, 27 de diciembre de 2012

Capitulo 180: Todo está perdido, part 2



Después de que la recién llegada le apuntara con el arma. Silverio no había tenido más remedio que hacer lo que salir del helicóptero y apartarse, mientras no dejaban de escucharse disparos y explosiones en el interior de la terminal. Allí había una autentica batalla entre bandos y infectados. Justo en ese momento la puerta del hangar se abrió y apareció Vanesa. Esta corrió hacia Silverio y comenzó a hablar con el.
-Tenemos que esperar a los otros. No pueden tardar en llegar, Luci dice…-
-Toma esto- dijo Silverio pasándole un librito que parecía un diario.
-¿Qué es?- preguntó Vanesa extrañada mientras cogía lo que Silverio le daba. Vanesa quiso abrirlo, pero Silverio no se lo permitió. Seguidamente Silverio salió del hangar y se alejó corriendo.
Vanesa no entendía el porque de dicha acción. ¿Qué se proponía Silverio?

Luci había entrado en la terminal con el kuad. Nada más entrar vio a la multitud de infectados que estaban asediando a los soldados del ejercito español, al menos así los identificaba por la indumentaria que llevaban puesta. Desde su posición los veía caer como moscas. Vio como dos de los soldados eran acorralados por varios No Muertos y estos se lanzaban sobre los soldados que acababan desgañitándose entre gritos de dolor. Los infectados no les daban ninguna tregua. Entonces Luci sintió como alguien disparaba contra ella. Rápidamente arrancó el Kuad y este salió a toda velocidad esquivando a los infectados que se cruzaban en su camino. Disparó a bocajarro a varios de aquellos seres mientras evitaba los disparos de alguno de los soldados que al verla la habían tomado como una enemiga a la que debían abatir cuanto antes.
En multitud de ocasiones, Luci no sabía muy bien de donde venían los disparos, había tanto jaleo montado que costaba mucho saber si eran de sus perseguidores o de sus compañeros que estaban allí manteniendo a raya tanto a los infectados como a aquellos tipos. Fue justo en ese momento cuando sintió un tirón que la hizo caer del kuad.
Luci dio con su espalda en el suelo y sintió como los huesos de su cuerpo crujían como si se fuesen rompiendo a consecuencia del impacto, pero no le dio tiempo a gritar de dolor. Un infectado se lanzó sobre ella y trató de morderle, pero con un rápido movimiento logró evitar que los podridos dientes de aquel ser le arrancaran un pedazo de carne del cuello. Comenzó a forcejear con el No Muerto mientras contemplaba con horror como más de aquellos seres se iban acercando a ella para unirse al primero. Mientras luchaba por sobrevivir escuchó como el kuad que había seguido su camino, acababa chocando contra un pilar.
Seguía con su lucha a muerte con aquel ser maldito mientras en su mente se repetía una y otra vez “Que no te muerda o estarás jodida de verdad”. Fue en ese momento cuando alguien agarró al No Muerto por detrás y lo levantó en el aire, pronto vio quien la había salvado, era Silverio.
-Venga, vamos- dijo este tendiéndole la mano.
-¿Qué cojones estas haciendo aquí?- preguntó Luci al verlo.
-Vine a buscaros. Nos tenemos que largar de aquí, no resistiremos mucho más- dijo Silverio tirando de ella.
-No podemos largarnos así como así. Juanma y los demás estarán al caer. Dejarlos tirados es condenarles a muerte- dijo Luci soltándose de el.
Una nueva lluvia de balas estuvo apunto de alcanzarles, lograron evitarlo escondiéndose detrás de unas macetas que había por allí. Era cierto que el tiempo se les agotaba, pero no podían marcharse dejando allí a los demás. En ese momento vio a Hanzo pasar corriendo seguido por Jorge, estos al verlos se acercaron corriendo para agazaparse a su lado.
-Los nenes de Beltrán se están ganando hoy el pan. No están dejando títere con cabeza. Por lo menos los podridos los están retrasando… Por cierto- Jorge miró a Silverio.-¿Qué cojones estas haciendo tu aquí? ¿No se supone que deberías estar guarecido junto a tu pájaro?-
-Prefiero el jaleo…- dijo Silverio a medida que se levantaba y disparaba contra un No Muerto que los había descubierto y en esos momentos avanzaba hacia ellos con los brazos extendidos hacia delante. Rápidamente volvió a la cobertura.-Estoy aquí por que vine a por vosotros. Nos vamos, no hay más que discutir-
-¿Y que pasara con los demás?- preguntó Luci agarrando al piloto brasileño del brazo.
-Le he dejado un libro con las coordenadas del lugar donde nos espera el barco que nos sacara de aquí. Ese jodido trasto no se moverá de allí. Vanesa sabe donde están esas coordenadas, podrán encontrarnos rápidamente…-
Más disparos interrumpieron la conversación. Disparos que Jorge no tardó en devolver.
Silverio volvió a mirar a Luci.-Te entiendo perfectamente lo que sientes, pero entiéndeme. No podemos seguir aquí, gane el bando que gane nosotros perderemos, no podemos seguir manteniéndoles a raya…-
De repente un segundo grupo de soldados apareció disparando a los No Muertos. Los infectados caían con rapidez. Jorge se asomó y entonces palideció al ver a los recién llegados, como si ya no tuvieran suficientes problemas, ahora estos se habían triplicado.
-Es Roache. Ese puto francés esta aquí acompañado de sus perros. No nos bastaba con los podridos ni con los de Beltrán… ahora estos también… tenemos que…- decía Jorge.
-Yo no me voy, marcharos vosotros si queréis, pero yo me quedo. No podría vivir conmigo misma si me marcho dejando a los demás aquí- Luci miró a Jorge y Silverio.-Marcharos y llevaros a los niños al menos-
Jorge se acercó a Luci para tratar de convencerla.-No vivirás mucho si te quedas aquí. Todo esta perdido. ¿No te das cuenta?-
-Prefiero eso a traicionar a los que son mi familia- Luci salió de su cobertura y disparó contra uno de los soldados españoles que llevaba rato disparando contra ella. En un último disparo había delatado su posición.
Jorge se quedó un rato pensativo y su mirada cambió hacia Silverio. –Márchate. Llévate a Daniela contigo junto a Alicia y los críos. Y que Vanesa se aleje de aquí todo lo rápido que pueda. Que busque refugio en algún lugar, si sobrevivimos lo suficiente nos encontraremos con ella más adelante. Silverio, ninguno de los dos puede caer aquí. Venga…¡¡¡Largo!!!-
Silverio se fue incorporando y se quedó mirando a Luci y Jorge. –Estáis chalados. ¿Lo sabíais ¿No?-
-Es la historia de nuestra vida- respondió Jorge lacónico. –No te quedes aquí. Márchate-
Silverio comenzó a correr tal y como le habían dicho, tan solo Hanzo se quedó a su lado. Jorge y el intercambiaron una mirada y no pudieron evitar sonreírse mutuamente.
-Bueno… supongo que vamos a tener que darles tiempo- Jorge miró a Luci. –Como los viejos tiempos ¿Eh?-
-Como los viejos tiempos- respondió Luci con una sonrisa.
-Puede que no salgamos de esta. Como he hecho cosas bastante malas no creo que nos veamos allí arriba, así que mejor nos despedimos ya.-dijo Jorge.
-Me da igual si es allí abajo o allí arriba. Lo que no quiero es ser como esos cabrones- dijo Luci refiriéndose a los No Muertos.
-Puede que nos queden minutos de vida. No soy pesimista, tan solo soy realista, pero antes de salir ahí y comenzar a repartir… solo puedo deciros que si estos son nuestros últimos minutos de vida, que por lo menos sean memorables-
Justo después los tres salieron para sumarse a la batalla a tres bandas que se estaba librando.

Roache y sus hombres habían entrado en la terminal a base de tiros. No habían tenido demasiados problemas, tan solo un par de bajas, algo que le venía bien a Roache. Al fin y al cabo, sus soldados eran poco más que peones sacrificables, necesarios para alcanzar su objetivo. Había No Muertos por todas partes y también otros soldados, la batalla no sería fácil. Fue en ese momento cuando vio tres siluetas salir corriendo y disparando. Reconocer a dos de ellos le bastó para bramar de rabia y mandar a sus hombres tras ellos. Se trataba de Jorge y del japonés, los mismos que ya se la habían jugado varias veces antes, los quería muertos a toda costa.
Varios hombres de Roache salieron tras los tres a los que había señalado Roache a medida que ordenaba darles caza como si se tratara de un animal salvaje.
Los tres huidizos se habían comenzado a ocultar por los pasillos de la terminal mientras los hombres de Roache que los habían comenzado a perseguir les pisaban los talones, las órdenes de Roache eran claras, darles caza y eliminarles de forma rápida, cuantos menos enemigos hubiese mejor.

Luci no veía a sus perseguidores a través del humo de las explosiones y de las fugas. Solo podía correr y correr siguiendo a sus dos compañeros. Era más bien una batalla que ellos tres solos no podían ganar. Tenían demasiados enemigos, solo podían frenarles, aunque tampoco podrían frenarles eternamente.
Jorge esperaba la señal de  que los demás ya estarían a salvo, esa señal no era otra que escuchar al helicóptero elevarse. Cuando eso ocurriese tendrían que apañárselas para escapar de allí, eso si no morían antes.

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